Epílogo

La Teoría del Caos.


—No sé lo que me pasa. Es sólo que parece que no me puedo decidir. —Hinata se mordió el labio inferior, la imagen perfecta de una mujer indecisa excepto por el brillo tenue y débilmente diabólico de sus ojos—. Tenías razón, Deidara. Debería haberte hecho caso. El sofá queda mejor bajo la ventana.

Deidara intercambió una mirada de sufrimiento con su hermano mayor.

—Movámoslo de regreso a la ventana, Menma.

Naruto observó muy divertido desde la puerta como sus hermanos volvían a cargar el pesado sofá hasta colocarlo de nuevo bajo la ventana delantera de la casa de Mito. Le encantaba ver como Hinata torturaba a sus hermanos. A Deidara lo hacía ir de aquí para allá y cuando Menma hacía una visita, le entraba una insaciable necesidad de reacomodar todo el nuevo mobiliario que habían comprado para la casa.

Ella sentía más rencor hacia Menma, así que, aunque lo tenía cerca con menos frecuencia, era el que se llevaba la peor parte: lo había engañado para que acudiera a una supuesta demostración de Chip de un proyecto de la escuela con lo que lo había forzado a firmar una tonelada de autógrafos para cada niño que vio.

Como a ella le seguía gustando ahorrar dinero, le había hecho pagar el seguro médico de Chip y de los demás niños que tuviera con Naruto, y para los que tuvieran Deidara y Shiho y para ella misma, siempre y cuando no tuviera que quitarse la ropa. Menma tuvo el morro de discutir con ella sobre eso último.

No importaba lo que Hinata quisiera de sus hermanos, Naruto se hacía el tonto, como si no supiera de qué iba la cosa. Los volvía locos, pero nunca se quejaron porque todavía se sentían demasiado culpables del mal rato que la habían hecho pasar. Como penitencia, hacían lo que les pedía y ella los recompensaba pidiéndoles más.

Justamente esa mañana Naruto le había preguntado exactamente cuánto tiempo más pensaba alargar todo eso y ella había contestado que creía que podría hacerlo como mínimo otros seis meses, pero él lo dudaba. Ella no tenía verdadero instinto asesino y sus hermanos podían ser unos encantadores bastardos cuando se dedicaban en cuerpo y alma. Ya llevaba demasiado tiempo haciéndolo, ahora era más por diversión que por venganza.

Menma colocó el sofá y le echó a Naruto una mirada irritada.

—A ver, explícamelo una vez más, Hina. ¿Por qué ese imbécil perezoso con el que te casaste no puede mover los muebles?

Hinata se agachó para acariciar a Kurama, su gato persa.

—Bueno, Menma, ya sabes que Naruto es flojo, y no quiero discutir con él. Menma masculló algo por lo bajo que sonó como:

—Flojo, y un carajo.

Hinata fingió no oírlo, mientras, Naruto trato de apoyar a su amada esposa intentando parecer alguien que flojeaba.

Apoyándose con pereza en la puerta, se dio cuenta de que, después de un año de matrimonio, no se había cansado de mirarla.

Para la comida al aire libre que tenían hoy, llevaba pantalones cortos a juego con una camisa de premamá de seda del mismo color azul que los jacintos que habían plantado esa primavera delante de la casa. Un par de diminutos pendientes de diamantes brillaban bajo la tenue luz entre sus rizos negros, que ahora llevaba más cortos, pero con el mismo corte despeinado que a él le gustaba. Le había comprado unos pendientes más grandes, pero ella le había hecho cambiarlos diciéndole que los prefería más pequeños.

Pero lo que más le gustaba de todo lo que llevaba hoy, y la mayoría de los días, si íbamos a eso, eran sus zapatos. Unas sandalias plateadas con un diminuto tacón. Le encantaban esas sandalias. Le gustaban todos los zapatos que le había comprado.

—Menma, ese sillón…, odio preguntártelo…, pero como siempre estás tan dispuesto a ayudarme. ¿Te importaría acercarlo más a la chimenea?

—Por supuesto. —Naruto casi podía oír los dientes de Menma rechinando mientras cargaba con el sillón de un lado a otro de la habitación.

—Perfecto —Hinata le lanzó una mirada de agradecimiento.

Menma pareció esperanzado.

—¿En serio?

—No, tienes razón. No queda perfecto. ¿Quedará mejor el sofá?

En ese momento, la puerta trasera se abrió ruidosamente y Shion se dirigió disparada hacia el cuarto de baño. Menma miró el reloj y suspiró.

—Puntual como un reloj.

—Tres mujeres embarazadas y un solo cuarto de baño. —Deidara negó con la cabeza—. No es nada agradable de ver. Espero que pronto tengas terminada la ampliación de la casa, Naruto.

—Debería estar lista antes del invierno.

Al contrario que todos los demás, sus padres se habían enamorado de Hinata en el momento en que la conocieron y su madre les había traspasado la escritura de la casa de Mito como regalo de boda.

Aunque tenían dinero para comprarse otra casa mucho más lujosa, a los dos les encantaba vivir en lo alto de Heartache Mountain y ni siquiera consideraron la posibilidad de mudarse.

Sin embargo, necesitaban más habitaciones, así que habían acometido una ampliación de dos plantas en la parte de atrás, proyectada de tal manera que mantenía la arquitectura rústica de la casa pero les daba el espacio adicional que necesitaban.

A pesar de todo el lío de las obras, Hinata había querido celebrar una comida familiar al aire libre para celebrar la adopción legal de Chip por Naruto. Era un gran momento para todos excepto para Chip y Naruto. Ellos se habían adoptado el uno al otro un año antes, la noche que Hinata pasó en la cárcel.

—Al menos esta vez sólo le toca vomitar a una de nuestras esposas —dijo Deidara—. Acuérdate de cuando estuvimos todos aquí en Nochebuena y Hinata y Shiho se peleaban por el baño.

Menma se estremeció.

—Creo que probablemente sea algo que ninguno de nosotros pueda olvidar.

Para evitar las obras, habían montado la mesa para la comida cerca del huerto de Hinata, donde comenzaban a florecer los rosales que habían plantado. En ese momento Shiho llamó a través de la ventanilla.

—Hinata, ven aquí. Tienes que ver la nueva travesura de Miroku.

—Ahora voy. —Palmeó la espalda de Menma—. Podemos terminar luego.

El gato siguió a Hinata que caminó hacia la puerta con andares de pato. Hinata estabilizó su peso sobre los tacones echando su prominente barriga hacia delante. Naruto sintió una oleada de primitivo orgullo masculino sabiendo que todo eso era por su culpa. Un mes más y nacería el bebé. Ninguno de ellos podía esperar.

En el momento en que Hinata desapareció, Menma y Deidara se dejaron caer en el sofá de cuatro plazas. Naruto sintió lástima por ellos y les llevó a cada uno una cerveza. Luego se sentó en el sillón que sospechaba que tendría que cargar a su posición inicial en cuanto sus hermanos se fueran y levantó la botella.

—Por los tres hombres más afortunados de la tierra.

Sus hermanos sonrieron, y, por un rato, solamente permanecieron allí sentados bebiendo sus cervezas y pensado en lo realmente afortunados que eran.

Menma había terminado su primer año de medicina en la UNC y Shion y él disfrutaban viviendo en Chapel Hill.

Habían contratado unos arquitectos para convertir el mausoleo en una casa moderna y espaciosa. Sería su casa permanente cuando Menma terminara la carrera y regresara a Salvation para trabajar en la consulta con su padre.

Y Deidara finalmente parecía haber encontrado la paz en su papel como reverendo, aunque se quejaba sobre la larga serie de secretarias que había ido contratando en un inútil esfuerzo por reemplazar a Shiho, que se había negado a dejar su trabajo en la guardería para volver a trabajar con él. Y Hinata…

Chip entró corriendo, seguido de Kyūbi, uno de sus labradores negro. Kyūbi se dirigió hacia Naruto, mientras Chip corría hacia Menma.

— Miroku es una lata.

—¿Qué hizo ahora, colega? —Menma le dio un abrazo rápido al hijo de Naruto. Desde el fondo de la casa, comenzó a sonar la rueda de la jaula del hámster.

—Se cargó mi fuerte justo después de que terminara de hacerlo.

—No tienes porqué aguantar eso —dijo Menma—. No le digas que lo vas a hacer o constrúyelo donde ella no pueda acercarse.

Chip lo miró con reproche.

—Me estaba ayudando, no tenía intención de tirarlo. Menma puso los ojos en blanco.

—Un día de estos tu tío Menma y tú van a tener que mantener una larga conversación sobre cómo tratar con las mujeres.

Chip se acercó a Naruto, se subió poco a poco a su regazo, y se reacomodó dentro. A los seis, había comenzado a espigarse hacia arriba, y, antes de que pasara mucho tiempo, sus pies llegarían al suelo, pero por ahora, aún le gustaba estar entre los brazos de Naruto. El labrador preferido de Chip se dejó caer sobre el pie de Naruto.

—¿Sabes que he estado pensando, papá? Naruto depositó un beso en su coronilla.

—¿Qué, hijo?

Chip suspiró con resignación.

—Creo que cuando Miroku y yo crezcamos, lo más probable es que nos casemos, como hicisteis mamá y tú.

Los hombres no se rieron. Todos habían llegado a tener un profundo respeto por la misteriosa unión que se había formado entre los dos niños, aunque ninguno de ellos la entendía.

—Algunas veces un hombre ha de hacer lo que tiene que hacer —comentó Menma. Chip asintió con la cabeza.

—Eso es lo que me temía. Entonces se rieron todos.

Un enorme aullido de Miroku llegó desde el patio. Kyūbi levantó la cabeza del pie de Naruto y Chip suspiró.

—Mejor me voy. Hace lo que quiere con los abuelos.

Los hombres esperaron hasta que Chip y su perro desaparecieron, luego se sonrieron los unos a los otros. Menma negó con la cabeza.

—Ese niño es espeluznante. Tiene seis años que parecen treinta. Deidara sonrió.

—Sólo espero que los tres próximos sean la mitad de maravillosos que esos dos.

Naruto miró rápidamente por la ventana de atrás. Isobu, una mezcla de pastor escocés que había recogido hacía algunos meses, paseaba pacientemente con Miroku subida a su grupa. Chip llegó hasta sus padres. Su padre lo cogió en brazos, mientras su madre levantaba la mano y le acariciaba el pelo.

Estaba muy contento de que sus padres hubieran vuelto de Sudamérica, no sólo por ellos, sino por Chip. La familia Namikaze había acogido a su hijo en su corazón, lo mismo que a Hinata. Ahora Chip tenía un montón de amigos e iba muy adelantado en la guardería. Naruto estaba muy orgulloso de él.

Shion, con buena cara, aunque un poco verde, atravesó la sala de estar. Matatabi, el gato más viejo de Naruto había salido de su refugio y caminaba detrás de ella. Shion se acercaba al final de su segundo mes de embarazo y estaba delirante de felicidad cuando no estaba vomitando.

Menma hizo ademán de levantarse, pero ella le hizo un gesto con la mano para que no lo hiciera.

—Estoy bien. Sigue hablando con tus hermanos. Intercambiaron sonrisas, y Menma palmeó su trasero.

Naruto pensó cuanto le gustaba hacer eso. No palmear el trasero de Shion, claro está, sino el de Hinata. Poder palmear el trasero de una mujer cuando uno quería era de los mayores placeres de estar casado, aunque nadie lo reconocía.

—Hablé ayer con Tsume Inuzuka —dijo Deidara.

Naruto y Menma intercambiaron miradas sombrías. El día en que Kiba Inuzuka había puesto en peligro las vidas de sus hijos era algo que nunca olvidarían. Ni tampoco Deidara y Shiho. Todavía se culpaban a sí mismos por haber dejado solos a los niños en el coche, aunque nadie más lo hacía.

A Kiba le había llevado seis meses recuperarse de sus lesiones, pero el accidente había resultado ser una irónica bendición para el chico. Se había mantenido sobrio y limpio durante todo el año y Tsume y él habían conseguido de esa manera el asesoramiento que tan desesperadamente necesitaban.

Naruto sospechaba que su relación siempre sería difícil, pero, según Deidara, finalmente se comunicaban. Kiba había dejado de culpar a Hinata por sus problemas, lo cual era bueno, porque si Naruto hubiera pensado que el chico todavía la amenazaba, lo habría echado del pueblo, con asesoramiento o sin él.

— Tsume me dijo que Kiba planeaba empezar la universidad en agosto. Al final terminó secundaria con unas calificaciones decentes.

Menma negó con la cabeza.

—Aún no me puedo creer que Hinata lo visitara tanto en el hospital. Esa mujer tiene más corazón que sentido común. Sabes lo que dijo la gente sobre eso, ¿no? Que si Hinata no lo hubiera visitado, entonces no…

Naruto gimió.

—No lo digas.

—Eso me recuerda algo. —Deidara miró a Shiho por la ventana, que tenía la mano de Miroku contra su barriga para que pudiera sentir el movimiento del bebé. Sonrió, luego centró su atención en la conversación que mantenían—. Voy a necesitar que me eches una mano con Hinata. A Brenda Meers le lleva demasiado recobrarse de la neumonía y me gustaría que Hinata la visitara.

—Ya estamos otra vez. —Menma estiró las piernas y pareció divertido.

Naruto pensaba que Deidara y él habían llegado a un entendimiento sobre eso y miró a su hermano con exasperación.

—Dei, ya te dije la última vez que no puedo inmiscuirme. Tú eres el pastor de Hinata y tendrás que hablar tú con ella.

Los hombres tomaron su cerveza y pensaron en lo difícil que iba a ser.

—¿Cuánto tiempo crees que va a seguir negándose? —preguntó Menma finalmente.

—Calculo que unos cuarenta años —contestó Naruto. Deidara levantó la mano.

—Yo no soy el malo. No sé si alivia a la gente o no, pero lo cierto es que una buena cantidad de personas parecen mejorar después de que ella se sienta con ellas un rato.

Los animales heridos también mejoraban. Naruto siempre la engatusaba para que se acercara a los que trataba. No sabía cómo ocurría. Sólo sabía que parecían curar más rápido después de que ella los tocara.

—Una sanadora que no lo quiere ser. —Como Menma no tenía que tratar con Hinata continuaba divirtiéndose con todo eso—. Nadie del pueblo dice nada malo de ella desde el milagro de Sumire. Y cuando Kiba se recuperó de esa lesión en la columna cuando los médicos esperaban que se quedara parapléjico…

—La gente la quiere —comentó Deidara—. No deja de ser irónico. Sasuke juraba que podía curar, pero no podía. Hinata insiste en que no puede, pero lo hace.

—Eso no lo sabemos —señaló Naruto—. Podría ser una coincidencia. Haz lo que has hecho otras veces, Dei. Dile a Hinata que Brenda está enferma y que si la va a ver podría animarla. Mientras no digas nada de que la puede curar, sabes que no te dirá que no.

—¿No sospecha nada sobre todas esas "visitas" que le pido que haga?

—Está tan absorta en Chip, en la ampliación de la casa, el nuevo bebé, sus clases y planeando lo que va a hacer con el dinero de la venta de los diamantes de Sasuke que creo que no tiene tiempo de sospechar nada. —También estaba absorta en él, pero Naruto no lo mencionó porque no quería jactarse delante de sus hermanos. Aunque Menma y Deidara tenían también bastante de lo que jactarse.

A Hinata le gustaba mucho acudir a los cursos de finanzas de la universidad local, aunque fingía que los hacía sólo porque él no sabía a qué destinar el dinero. Si lo dejaba a su aire, había dicho, acabarían todos en la pobreza.

Para hacerla pasar un mal rato, le había contestado que nunca tendrían ese problema si ella se hubiera quedado la fortuna de Sasuke en vez de haber donado a Cáritas lo que quedó después de pagar las deudas, pero no le hizo ni caso.

Deidara y ella estaban trabajando juntos para crear una fundación a nivel estatal que prestara ayuda a madres que tenían hijos a su cargo, mientras aprendían o empezaban a buscar trabajo. Hinata había encontrado el trabajo perfecto para ella.

También había ayudado a la comunidad formando un equipo para que llevara el Orgullo de Konoha sin ánimo de lucro. El autocine se había convertido en el lugar más popular del pueblo los fines de semana del verano.

—Es difícil de creer… hace sólo un año, todos los habitantes de Salvation la odiaban. Ahora es la heroína local. —Menma hablaba con demasiado orgullo para haber sido uno de sus más duros perseguidores.

Hinata tenía a Snoozer en sus brazos cuando asomó la cabeza por la ventana.

—Todo el mundo tiene hambre, Naruto. ¿Por qué no te pones con la parrilla?

Los hombres salieron al patio trasero donde sus padres estaban sentados sobre una vieja manta con Miroku entre ellos y los perros husmeando cerca. Deidara se acercó a Shiho, y ella se abrazó a él. Menma puso su brazo alrededor de Shion, luego colocó oportunamente la mano sobre su inquieto estómago.

Naruto simplemente se quedó allí, mirando a todas esas personas que tanto amaba. Hinata colocó un montón de platos de cartón sobre la mesa y lo miró. Él le sonrió, y ella le devolvió la sonrisa, leyéndose perfectamente el pensamiento el uno al otro.

Te Amo, Naruto.

Te Amo, Hina.

Chip se adelantó. Naruto sabía lo que quería y lo tomó entre sus brazos.

Un momento más tarde, Chip estaba sobre sus hombros, sujetándose con las manos a la frente de su padre y las piernas colgando sobre su pecho.

A Hinata se le saltaron las lágrimas.

A veces le pasaba en algunas reuniones familiares, cuando su felicidad era demasiado para ella. Todos lo sabían. Les gustaba gastarle bromas sobre eso. Se meterían con ella hoy. Pronto…, quizá después del almuerzo.

Pero ahora, Menma necesitó aclararse la voz. Shion inspiró por la nariz. Deidara tosió.

Shiho se enjugó las lágrimas. Su madre le dio un pañuelo a su padre.

A Naruto se le hinchó el corazón. La vida era buena en Heartache Mountain. Echó hacia atrás la cabeza y se rió.


¡Hola! Terminamos una adaptación más, gracias por darle una oportunidad, disculpen la tardanza con esta adaptación.

Personalmente cuando leí "Nadie como tú" (la Teoría del Todo), tenía mucha curiosidad por Gabe, cuando leí su historia por primera vez tuve varios sentimientos encontrados, pero me gusto, al igual que la historia de Deidara.

Espero que les haya gustado o entretenido en este tiempo de cuarentena.

Gracias.

Información:

Titulo: Volver a Soñar (Dream a little dream) (Libro 4°)

Autora: Susan Elizabeth Phillips

Saga: Chicago Stars

Personajes: Rachel Stone = Hinata Hyuga / Gabe Bonner = Naruto Namikaze

Nos leemos en la próxima adaptación.