No, el Coronavirus no me mato por fortuna, por eso y pese a que prometi actualizar con mas frecuencia (por favor no vuelvan a confiar en mi), aqui les traigo este capitulo luego de año y medio de espera... les pido disculpas a quienes aun lean esta historia, pero espero les agrade esta nueva actualizacion y tambien que se animen a comentar, un saludo ;)


Los últimos veinte minutos habían sido increíblemente difíciles, ya que si bien Elicia aún estaba tratando de procesar lo que el Führer quería de ella, Edward trataba de hacerlo entrar en razón.

Roy (serio y sin mirarlo): No entiendo de qué hablas Edward Elric

Edward (enojado): No te hagas el tonto ahora Mustang, ¿en serio crees que voy a permitir que conviertas a Elicia en un perro del ejército como hiciste conmigo?

Roy: -lo mira de reojo- Si no te parece, les recuerdo que aún queda otra opción

Edward: -hace una pausa- Piensa bien lo que le estás pidiendo, Elicia aún no ha terminado sus estudios, esto no es lo que mi hermano y yo queríamos para ella

Roy: -se pone de pie- Soy consciente de ello, pero ya has hablado demasiado, quiero saber qué piensa de esto tu alumna –se para delante de ella-, ¿y bien? ¿Qué es lo que decides?

Elicia se sobresaltó al ver a Roy tan de pronto y hablándole de esa forma, pero sabía que debía responderle algo, y más valía que fuera lo que él esperaba.

Elicia (nerviosa): Yo… Es que… mis maestros y yo…

Roy: No te estoy preguntando por ellos, quiero saber cuál es tu decisión, después de todo hablamos de tu futuro, así que te recomiendo pensarlo bien, de cualquier forma, espero que me respondas cuanto antes, de lo contrario deberá ser la corte quien decida por ti

Edward se había compuesto y ahora se encontraba apoyado contra la pared, cruzado de brazos mientras miraba lo que ocurría delante de él, tentándose a volver a intervenir, pero finalmente dejando que fuera su alumna quien tuviera la última palabra en este caso.

En el refugio, Gracia seguía sin creer lo que había ocurrido, cayendo en una especie de trance debido a la impresión de la idea de que su única hija hubiera sido arrestada y ahora estuviera en la cárcel. Unos minutos más tarde, Alphonse se reencontró con ella tras costarle encontrarla en aquel enorme campo de refugiados, pero su alivio se esfumó al ver su expresión.

Alphonse: Gracia… por favor dime qué ocurre, ¿Elicia está bien?

Gracia: Alphonse –empieza a llorar-, Elicia… mi niña… ella está… -lo abraza y llora más-

Alphonse: -hace una pausa- Lo sé, mi hermano está con ella. Lo lamento tanto Gracia

Soldado: -se aclara la garganta- Ehm, disculpen…

Ambos vieron al soldado que le había dado a Gracia la información que tan desesperadamente buscaba sobre su hija, quien aparentemente se había compadecido de la mujer al verla en esa situación tan mala, y sin decir más, les ofreció su ayuda.

Soldado: Escuchen, me estoy metiendo en un enorme lío al ayudarlos, pero si me esperan unos minutos, puedo conseguirles transporte para que vayan a la cárcel de Central, desde ahí deberán arreglárselas para entrar, pero podrán reencontrarse con la chica si tanto lo desean

Gracia (sorprendida): ¿De verdad puede hacer eso?

Soldado: Claro, pero como le dije antes, por favor que nadie sepa de esto, mi carrera y mi trabajo estarían en juego de ser así

Alphonse: Como diga, se lo agradecemos

Aquel hombre entonces hizo un saludo militar, tanto por respeto como por mera costumbre, y fue a ver qué podía hacer para ayudar tanto al maestro como a la madre de Elicia, sobre todo a esta última, quien había sido una de las personas cercanas a la chica que había sufrido más con la situación.

En la sala de interrogatorios, Edward solo miraba a la nada con expresión sombría y una mano sobre su rostro, como no queriendo estar en ese lugar, menos considerando lo que ocurría. Cuando Elicia había comenzado sus estudios de alquimia, los tres habían decidido que un día ella podría convertirse en alquimista estatal, usando sus conocimientos del modo que ella quisiera para poder ser de utilidad al país. Si bien lo que Roy le había ofrecido no era algo completamente diferente, era obvio que no era una recompensa sino un castigo que no era mucho menos severo que la cárcel, y por mucho que el Führer tratara de hacerlo ver como algo positivo, eso no hacía que el mayor de los Elric no sintiera náuseas al pensar en la vida que le deparaba a Elicia ahora.

Luego de una breve discusión, Riza abrió un maletín que llevaba con ella, de donde sacó una única hoja de papel y un bolígrafo, los cuales le entregó a Roy.

Roy (muy serio): Una vez que firmes este documento, quedarás automáticamente dentro de las filas del ejército como uno de nuestros alquimistas. Te sugiero que lo leas primero, puedes tomarte unos minutos si gustas

No bien Edward escuchó eso, salió repentinamente de su letargo, para enfrentar otra vez a Roy.

Edward: Un segundo Mustang, Elicia es una menor, ¿no debería estar presente su madre antes de que firme?

Roy (sin mirarlo): En circunstancias normales sí, pero debido a la gravedad del crimen se decidió juzgar a Elicia Hughes como una adulta, por ende no hace falta la presencia de un tutor legal. Y si no tienes nada más que decir deberé pedirte que abandones esta habitación, entorpeces el proceso

Edward: No pienso dejarte solo con mi alumna otra vez, así que olvídalo –regresa a su lugar-

Riza (calmada): Edward, creo que lo mejor es que obedezcas al Führer, ya has tenido muchos problemas y podría ser peor de esta forma

Edward: Pero…

Elicia: -baja la hoja- De acuerdo, acepto

Edward: -la mira- ¿Qué?

Elicia: -suspira- Deme el bolígrafo, voy a firmar

Roy: -sonríe un poco- Me alegra que hayas recapacitado –se lo entrega-

Una vez que Elicia colocó su firma en aquel papel y se lo iba a regresar a Roy, Edward intervino y se lo quitó de las manos, no haciendo caso a las protestas de la teniente mientras lo leía en voz alta.

Edward: …bajo lo anterior, este documento certifica a Elicia Hughes con el rango de Alquimista Estatal bajo la condición de castigo penal, de no obedecerse la anterior cláusula, se procederá a retomar los cargos anteriores, que derivará en el inmediato cumplimiento de la sentencia de cadena perpetua… -mira a Roy- ¿Qué demonios significa esto Mustang?

Roy (calmado y serio): Es el acuerdo al cual llegamos con Elicia, seguramente no creías que la honraríamos como a todos nuestros demás alquimistas, en su caso ella está sirviendo una pena de libertad bajo palabra, por ende su título no involucra los mismos privilegios que tú u otros alquimistas poseen, sino más bien muchos deberes, si no cumple el trato al pie de la letra entonces deberá cumplir su sentencia en prisión, me parece que es lo justo

Edward (enojado): -arruga el papel- Eres un…

Aunque Edward sentía deseos de romperle la cara al Führer, la voz de su alumna lo hizo desistir de su idea.

Elicia: Edward, tranquilo, realmente no me molesta, de hecho me parece una buena idea, de esa forma podré usar mi alquimia para ayudar a la gente a la que tanto herí

Edward: -la mira y se le acerca- Este papel dice que el ejército ahora tiene derecho de usarte para lo que ellos quieran, incluso pueden obligarte a pelear en una futura guerra y no tienes posibilidad de rehusarte, tampoco puedes volver a usar tu alquimia en ningún momento si ellos no te han autorizado primero, ni siquiera tienes derecho a proteger tu propia vida si algo se sale de control, ¿de verdad eso es lo que quieres?

Elicia: -hace una pausa y mira a otro lado- No se trata de lo que tú o yo queramos, desde ahora, todo lo que importa es pagar mi deuda con este país. De algún modo siento que así podré honrar la memoria de mi padre de un modo en que pueda hacerlo sentir orgulloso, y creo que tú y Alphonse también lo estarán eventualmente, solo confía en mí

El mayor de los Elric quiso seguir hablando, pero se tuvo que morder la lengua, finalmente su alumna había tomado una decisión como adulta, y él no podía hacer más que respetarla.

Edward: -suspira pesadamente- Confío en ti, es la gente que ahora tiene poder sobre ti la que no me da buena espina –mira a Roy de reojo-

Afuera de la cárcel, un carruaje sencillo y lo bastante discreto como para no llamar la atención se detuvo justo en la entrada, dejando salir a Alphonse, quien luego ayudó a Gracia a bajar también. Quien lo manejaba no era otro que el mismo soldado que los había ayudado antes.

Soldado: Las horas de visita empezarán en un rato, recuerden nuestro acuerdo, ¿está claro?

Alphonse: Lo haremos, muchísimas gracias

Soldado: Sí, sí, ustedes no me han visto, ¿entendido? –toma las riendas- Camina

Cuando el caballo comenzó a moverse de nuevo y el carruaje se fue, ambos entraron con calma al enorme recinto, pese a que Gracia estaba muy asustada, pensando en cómo se encontraría su hija para ese momento, cosa que su acompañante vio en su rostro.

Alphonse: No te preocupes Gracia, Elicia debe estar bien, mi hermano está con ella así que él la protegerá

Gracia (nerviosa): Lo sé, pero es que desde que nos subimos al carruaje me he sentido extraña, tengo un mal presentimiento

Alphonse: Todo saldrá bien, ahora entremos, Elicia debe querer verte

Ambos subieron por las escaleras camino a la entrada, ya más tranquilos al tenerse mutuamente como apoyo, a la vez que no advirtieron la presencia de una extraña figura oscura que los miraba desde lejos, para regresar a su escondite una vez que ambos estuvieron dentro del edificio.

Mujer: No me imaginé que algo como esto pasaría, pero parece que Edward y Alphonse lo están manejando bien –arregla su capucha y se va de ahí-

Casualmente, Roy, Riza, Edward y Elicia se dirigían a la entrada también, puesto que la chica había sido puesta en libertad debido al trato que ahora mantenía con el ejército. El mayor de los hermanos Elric, quien fue liberado con la condición de continuar guiando a su alumna en este nuevo camino, caminaba muy cerca de esta última, pues la quería lo más lejos posible de Mustang, en quien ahora no estaba seguro de si podría volver a confiar. Cuando los seis se encontraron, la primera reacción de Gracia fue correr hacia donde se encontraba su hija.

Gracia: ¡Elicia!

Elicia: ¡Mamá!

Ambas se abrazaron, aliviadas de poder volverse a encontrar por fin, parecía ser el final de una terrible pesadilla que las había mantenido en la oscuridad por mucho tiempo, pero ahora todo parecía mejor.

Elicia: -se aleja un poco- Pero mamá, ¿cómo supiste que estaba aquí?

Gracia: Eso no importa, dime, ¿estás bien? ¿Te han tratado bien aquí? ¿Por qué estás afuera?

Alphonse: Hermano… -va con él- Estaba preocupado, ¿qué pasó?

Edward: Que sea Elicia quien te lo cuente, aunque me preocupa más saber cómo lo tomará Gracia

Alphonse: ¿A qué te refieres?

Roy y Riza se acercaron a ambas, dejando solo a los hermanos Elric. Elicia al ver su expresión volvió a sentir un escalofrío, mientras que a Gracia le tomó un momento reconocerlo, pese a que sintió lo mismo que su hija.

Gracia: Usted es…

Roy: -se quita la gorra- El Führer Roy Mustang, pero me parece que ya nos conocemos

Gracia (sorprendida): ¿Roy? Cielos, no te reconocí, perdóname, no sé cómo pude olvidar al mejor amigo de mi esposo, es que ha pasado tiempo

Roy: -sonríe un poco- Eso es cierto, pero de cualquier modo, me presento ante usted porque debo entregarle algo importante a su hija. Teniente, háganos el favor

Riza: Si señor –les muestra una pequeña caja-

Las dos no entendían bien qué pasaba, pero apenas la teniente Hawkeye abrió la caja que tenía en sus manos, apareció delante de ellas un hermoso reloj de plata, exactamente igual al de Edward, pero más brillante y completamente nuevo.

Roy: Elicia Hughes, por favor recibe este reloj como prueba de que desde este momento, te reconocemos como nueva Alquimista Estatal de la nación de Amestris, ya estás al tanto de la razón de este título, por lo cual desde ahora tus habilidades y conocimientos estarán al servicio de este país

La teniente sacó otro papel del mismo maletín de antes, el cual tenía grabado el mismo símbolo que el reloj de plata.

Roy: Con este certificado, tu título es ahora oficial, cuídalos mucho

Elicia: -toma ambos- Lo comprendo, muchas gracias

Roy: Tu forma de darnos las gracias será siéndole fiel al ejército y apegándote a lo estipulado en el contrato, no lo olvides

Gracia: -la mira- Elicia…

Roy: Señora Gracia, comprendo que esto debe ser confuso para usted, regresemos al cuartel de Central y allí le explicaremos todo en profundidad

Elicia asintió algo nerviosa, y los cuatro fueron camino al auto que estaba estacionado afuera de la entrada, los hermanos también los siguieron, ya que Edward no pensaba quedarse fuera, y sin más ambos entraron al vehículo, salvo que Alphonse se disculpó por la intromisión mientras que Edward no dijo una palabra. Roy les envió una mirada un poco severa, pero no se opuso a ello y sin más ordenó que el auto arrancara.

Durante el camino, Elicia no dejaba de observar su reloj, puesto que este tendría desde ahora un enorme significado en su vida. Al mismo tiempo, Edward la observaba a ella, pues ahora más que nunca temía por su seguridad, a la vez que se arrepentía por haber dejado su propio título, ya que de continuar siendo parte del ejército, podría quizá acompañar a su alumna cuando ella lo necesitara, pero finalmente no había nada que hacer más que resignarse.

Desde la ventana sin embargo, Edward también pudo mirar con más tranquilidad el panorama actual en el cual se encontraba la ciudad, las calles estaban casi desiertas, pero más que eso, pudo ver los hospitales de campaña colocados en varios lugares públicos, los edificios destrozados y los negocios cerrados, algunos de manera permanente. La presencia militar era notable, pero ya sin el homúnculo vivo, ahora todos los esfuerzos de los soldados estaban concentrados en ayudar a reparar los daños causados por éste, por lo que ninguno se encontraba portando armas por el momento.

Roy: Edward

Edward (sin mirarlo) ¿Qué?

Roy (con firmeza): También hay algo que necesito entregarte a ti, así que te pediré que al menos me mires a la cara cuando te estoy hablando

Edward lo miró, sin muchos deseos de hacerlo. El Führer entonces metió la mano dentro de su chaqueta, como buscando algo en particular, y al encontrarlo, lo sacó y se lo entregó a Edward, cambiando por completo su semblante por un segundo cuando éste vio que se trataba de su reloj de bolsillo, mismo que éste había entregado voluntariamente.

Edward: -levanta una ceja- ¿Puedo saber por qué me lo regresas?

Roy: Elicia será ahora una Alquimista Estatal, pero fuera de ello continuará siendo tu alumna, necesito que la guíes y la sigas instruyendo para que obtenga más conocimientos, los cuales deberá usar en el cumplimiento de su deber, junto con ello, tendrás la tarea de informarme de sus progresos en el campo teórico

Edward: -hace una pausa- De acuerdo

Roy: Espera, hay otra cosa también, y antes de que te niegues, te recuerdo que de hacerlo perderás otra vez tu título y con ello todo contacto con Elicia cuando se encuentre en servicio, ¿está claro?

Edward (irritado): Déjate de rodeos y dime qué quieres

Roy: Tu otro deber desde ahora será también reportarme si es que en algún momento ella no usa sus habilidades como acordamos, es decir para beneficio propio

Edward: ¿Me estás pidiendo que delate a mi propia alumna?

Roy: Si quieres ponerlo así, te recuerdo que su caso es distinto al tuyo, Elicia ostenta ahora su título como un castigo, por lo que no tiene la misma libertad de usar su alquimia y sus obligaciones son por mucho más que sus derechos, será de este modo hasta nuevo aviso

Gracia no pudo evitar abrazar protectoramente a su hija cuando el Führer dijo eso, y recién allí Edward recordó que ambas estaban allí con ellos, por lo que comenzó a sudar frío. La mano de Alphonse sobre su hombro lo tranquilizó un poco, pero no fue capaz de aceptar directamente la orden, tan solo asintió con la cabeza sin mirar a Roy, mientras apretaba su reloj con una mano, maldiciendo en silencio.

Cuando el auto se detuvo tras regresar al cuartel, Riza abrió la puerta del Führer para que éste se bajara. Todos caminaron en silencio hasta su oficina, bajo la mirada de varios soldados en uniforme, sobrevivientes de la masacre ocurrida durante los últimos días.

Si bien Gracia era esposa de un antiguo miembro del ejército, habían sido muy pocas las veces que estuvo en el cuartel, limitándose éstas a cuando Maes estaba vivo, ya que tras su muerte, su único vínculo con la milicia era ser beneficiaria de una pensión de viudez, gracias a la cual, junto con algunos trabajos esporádicos, tanto ella como su hija podían vivir cómodamente, por eso entrar a aquel lugar le trajo pocos pero gratos recuerdos de cuando su esposo aún vivía.

Una vez en la puerta de la oficina, Riza se adelantó para abrirla y dejar pasar al Führer, pero debió impedirle el paso y sacar su arma cuando se dio cuenta de que algo no estaba bien ahí dentro.

Edward: ¿Qué ocurre teniente?

Riza: -se coloca delante de todos- Por favor quédense aquí –entra-

Nadie entendía qué era lo que ocurría, pero la teniente se apresuró en encender la luz antes de hacer cualquier otra cosa, sabiendo que había alguien ahí dentro, pero no pudiendo ver a nadie todavía.

Gracia (asustada): No me digan que el homúnculo regresó

Roy (sudando frío): Eso es imposible, esa cosa está muerta –mira a Edward-, ¿verdad?

Edward: Claro que lo está, yo mismo lo vi todo

La teniente entró en la oficina con cuidado, con su arma en alto en todo momento en caso de necesitarla, pero seguía sin ver nada fuera de lo común. Fue un movimiento leve que vio en un rincón lo que la hizo reaccionar y apuntar el cañón del arma a quien fuera que lo hubiera hecho. Se acercó a un armario que estaba de pie en una esquina, el cual mostraba indicios de aquella pelea entre el Führer y el homúnculo, pero que definitivamente no estaba abierto antes. Riza lo abrió con cuidado, y cuando ya estaba por creer que quizá se había equivocado, una extraña persona, cubierta por una túnica, salió de él de pronto, pero ella la detuvo antes de que escapara.

Riza: -la apunta- ¡Alto! ¡Quédese donde está!

Roy hizo lo mismo, sacando su propia arma y protegiendo a Elicia y todos los demás dando un paso al frente, para así cerrarle el paso a quien fuera que se hubiera metido sin autorización al cuartel.

Roy: ¿Quién es usted? Le informo que esta es propiedad militar, así que le recomiendo no oponer resistencia

Elicia abrió los ojos por la sorpresa, ya que si bien no podía ver su rostro, sí reconocía a aquella extraña persona.

Elicia: ¡Es usted!

Roy: -la mira de reojo- ¿Eh?

Elicia: Por favor no disparen, ella no es peligrosa

Riza: ¿"Ella"?

Elicia: -se le acerca un poco- Esta mujer fue quien me ayudó a realizar la transmutación al darme uno de los ingredientes que necesitaba, recuerdo que me entregó un misterioso saco que me dijo podría servirme

Alphonse (sorprendido): ¿El saco que contenía las piedras rojas?

Mujer: El mismo, pude ver que finalmente le fue de utilidad a la jovencita

Edward: No ha contestado la pregunta, díganos quién es usted y qué es lo que quiere con nuestra alumna

Aquella misteriosa dama solo dejó salir una pequeña risa mientras se paraba derecha y dejaba ver su rostro.

Mujer: No veo por qué deberían temerme, después de todo, soy solo una simple ama de casa

Edward y Alphonse casi se paralizaron al escuchar eso, y más aún cuando aquella mujer se presentó ante ellos con el rostro descubierto.

Edward/Alphonse: ¡¿Ma-Maestra?!

CONTINUARÁ….