Los cojines eran bastantes suaves, y el calor de las antorchas llenaba la habitación lo suficiente como para evitar que el frio de las piedras se deslizara en los delgados dedos de Merlín, pero eso no significaba que estuviera cómodo.

Honestamente, sabía que Cora (y Cedric, aparentemente) tenían buenas intenciones; incluso si eso significaba que los había noqueado con un poco de chocolate belga con pociones. Sabía que todos, incluido él mismo, habían sido miserables por el enorme abismo que se había formado entre Arthur y él, pero Merlín realmente deseaba que no hubiera interferido.

Por un lado, sabía que había una amenaza muy seria en Hogwarts —una amenaza actualmente no identificada, inteligente y asesina que podría ser cualquiera que Merlín viera, pasando anónimamente por los pasillos. Una amenaza que parecía tener la intención, por cualquier razón, de llevar a Harry al Torneo de los Tres Magos, una competencia que había cobrado la vida de muchos magos y brujas mucho más viejos y experimentados que Harry, en un extraño esfuerzo por matarlo. Lógicamente, tendría que tratar de deshacerse de los otros concursantes, y ahora todos sabían que la mejor manera de llegar a Merlín era a través de Arthur. Pero si, de alguna manera, descubrían que Arthur era un rey reencarnado…

Merlín no podía dejar que Arthur se pusiera en el camino del peligro por su culpa, y eso podría interesarle más a la amenaza que matar a Harry Potter.

Por otra mano, otra parte de su cerebro gritó que este razonamiento era completamente estúpido, idiotas y ridículo. De cualquier manera, esta amenaza probablemente usaría a Arthur contra él, sería un salto bastante grande e imposible concluir que Arthur era en realidad el Rey Arthur, y Arthur había estado en mayor peligro durante toda su vida en Camelot de lo que estaba ahora. Eso, y Arthur era realmente el mejor duelista que Hogwarts había visto en aproximadamente cincuenta años—mejor que Albus Dumbledore había sido a esta edad. Podía defenderse.

Sé que puede defenderse, Merlín argumentó en su cabeza. Pero si me distancio de él—toda la escuela había visto cómo se forma esta brecha entre nosotros—entonces existe la posibilidad de que no sea usado en mi contra, y luego puedo resolver todo esto.

Luego, otra voz apareció en su cabeza, una que sonaba extrañamente a Gaius. Siempre han sido las dos caras de la misma moneda, y nada bueno ha salido de que guardes secretos, Merlín. Siempre han trabajado mejor como equipo.

Merlín reflexionó sobre esto, pero no importaba cómo intentara argumentar en contra, sabía que al final, el Gaius en su cabeza tenía razón. Merlín recordó los siglos que había estado sentado en su porche delantero en su pequeña casa al borde del lago Avalon, mirando hacia el agua, con una taza de té en sus manos, lamentando la forma en que Arthur descubrió que tenía magia. Había estado muriendo, lo cual fue culpa de Merlín, y durante casi dos días completos había odiado a Merlín hasta los huesos.

Cuando Arthur aceptó quién era Merlín —todo de él—había estado muriendo en sus brazos, con la piel fría y grisácea, rogándole a Merlín que lo sostuviera.

Y era algo que había perseguido a Merlín desde entonces, el arrepentimiento lo corroía, que había conocido a Arthur durante diez años y que solo había sabido quién era durante dos días, y solo aceptó eso durante una hora como máximo.

Ahora, mirando a través de la extensión tipo cámara de Camelote, los mechones dorados del cabello de Arthur brillaba a la luz parpadeante de la antorcha, y Merlín sabía que este momento, junto aquí, era su oportunidad de liberarse del arrepentimiento que había tenido por casi n milenio. No muchas personas tenían la oportunidad de volverse a encontrar con sus seres queridos después de su muerte.

Era muy posible que Arthur pensara que Merlín estaba absolutamente loco, que nunca recuperaría sus recuerdos, que Merlín tendría que construir otros nuevos mientras mantenía los die años de Camelot—los mejores años de su vida—ocultos en su pecho, preservados como mosquitos en ámbar, por el resto de sus vidas.

Pero al menos, pensó Merlín, podrían estar juntos.

Arthur hizo un pequeño sonido al otro lado de la habitación desde donde estaba acostado sobre su pecho, con la cabeza apoyada sobre sus brazos, y Merlín supo por años de despertar a un rey irritable que lentamente estaba recuperando su conciencia, y a menos que Merlín interviniera, tardaría unos diez minutos en despertar.

Merlín ciertamente quería tener todo el tiempo para pensar, y se mantuvo en silencio.

Finalmente, Arthur se agitó y gimió con suavidad, deslizando las yemas de los dedos por la superficie rugosa de las piedras mientras instintivamente agarraba el suelo debajo de él. Merlín reconoció el movimiento de Camelot, cuando Arthur apretaba las sábanas en un esfuerzo por acostarse en su cama y formar.

— ¿Qué demonios? –murmuró antes de arrastrarse, con un poco de gemidos y quejas, a una posición sentada. Se fritó los ojos, agarró una almohada que Merlín hacía colocado cerca de él, y finalmente pareció darse cuenta de que no estaba solo en la habitación.

—Uh… –el Único y Futuro Rey soltó con bastante elocuencia, y los labios de Merlín se torcieron en una sonrisa burlona.

—Bienvenido a la cámara de tortura de Cora Evangeline Dallas –anunció Merlín. Arthur levantó una ceja y se arrastró hacia atrás hasta que golpeó la piedra, se acomodó frente a Merlín, con las rodillas levantadas y los antebrazos descansando sobre ellos, parpadeando para apartar el sueño.

— ¿Su segundo nombre es Evangeline? –preguntó Arthur.

Merlín se encogió de hombros.

—Creo que sí, lo vi garabateado en uno de sus pergaminos de ensayo, pero podría estar equivocado –Arthur emitió un murmullo sin compromiso, y la habitación cayó en silencio incómodo. Cualquier tipo de normalidad se había asentado en la habitación mientras Arthur se despertaba se había evaporado, y Merlín suspiró profundamente. Arthur no dijo nada, pero Merlín pudo ver sus ojos vagar por las paredes, buscando una puerta o salida.

—No hay salida, me temo –dijo Merlín. —Bueno, hay una, pero estoy bastante seguro de que el incidente con el armario de las escobas de antes lo explica bastante. Esto es un poco más grande y más cómodo que un armario.

Arthur le dio una mirada larga y no dijo nada.

Merlín se mordió el labio y miró a Arthur, que miraba obstinadamente a un punto a la derecha de Merlín, sin siquiera mirar en su dirección.

—Faltan cinco días para que comience el período –dijo Arthur luego de unos minutos de silencio. —Supongo que la habitación no nos dejara salir si comenzamos a morir de hambre.

—Probablemente no –supuso Merlín. La nota de Cora no había sido exactamente clara sobre lo que harían por la comida aparte de una pequeña colección de chocolate triturado y ligeramente derretido dentro de uno de los bolsillos de la chaqueta de Merlín. Luego, la habitación cayó en silencio, y Merlín sabía que Arthur podía seguir así—no solo por cómo había permanecido obstinadamente silencioso durante cuatro horas en ese horrible armario de escobas, sino porque conocía a Arthur, y sabía que una vez que pone algo en su mente, nunca, nunca, cedería ni se rendiría.

Y ese era el problema, ¿No? Merlín conocía a Arthur, pero él no lo conocía. ¿Sería posible que Arthur lo recordara? La magia era impredecible, e incluso después de cientos de años, Merlín todavía no podía decir que sabía el alcance de lo que era capaz o lo inteligente que era.

Lo que sí sabía, era que la magia nunca le había fallado, como él nunca le había fallado a ella, porque ambos eran lo mismo.

—Arthur… –Merlín dijo en voz baja, la palabra solo se hizo audible por el leve eco alrededor de la cámara que hizo. Tomó unos segundos de vacilación antes de que Arthur retirara los ojos de su lugar en l pared para mirar Merlín. La expresión de su rostro hizo que el pulso de Merlín se disparara por unos segundos—era una imagen reflejada de como Arthur lo había mirado en su sueño: desilusión, ira y frustración, todo en uno. —Te mentí la noche después de la segunda prueba. No debería haberlo hecho, pero lo hice porque estaba aterrorizado de lo que sucedería si te dijera la verdad. Eso nunca me ha funcionado bien en el pasado –comenzó Merlín con suavidad.

— ¿Sí? ¿Y qué tan bien te ha funcionado la mentira? –Arthur preguntó, sin saberlo, golpeando a Merlín profundamente en el corazón, y Merlín se estremeció físicamente por el golpe verbal.

—Históricamente, mucho peor –respondió. El cuarto quedó en silencio mientras que Arthur esperaba, y Merlín pensó en lo quería decir. En este momento tuvo la oportunidad de corregir el error más grande en su vida, uno que lo había estado persiguiendo durante siglos, y que siempre había prometido que arreglaría tan pronto como pudiera. Mira lo bien que lo había hecho.

Había estado tan distraído aquí—el destino del equilibrio del mundo a punto de caerse hasta el punto de que sería casi insalvable, un equilibrio que también había alejado a Merlín de su propio destino. Había estado fuera de control desde su llegada, su percepción cambió junto con el acto de balanceo de la realidad, y había olvidado cuál era su verdadero destino. El destino de Merlín era Arthur Pendragon, y el mundo podría esperar su turno.

Merlín respiró hondo para recuperarse.

—Mentí por varias razones. Me tomó un tiempo darme cuenta de que no son razones, son excusas, por no decirte la verdad. Principalmente porque tenía miedo, tanto de lo que pensarías como de cómo reaccionarias. También porque hay muchas cosas sobre mí que no sabes, y no puedo convencerme de estar contigo si no lo sabes.

—Entonces dime –respondió Arthur de inmediato.

—No es tan simple –resopló Merlín con desprecio. —Uno pensaría que estaba loco si te lo dijera.

—No lo sabrás hasta que me lo digas –dijo Arthur con una ceja levantada. Merlín respiró hondo y se concentró en la forma en que sus pulmones inhalaban y exhalaban.

—Bueno, lo primero que debes saber sobre mí, supongo, es que realmente me conoces –dijo Merlín. Arthur levantó las cejas de una manera claramente no impresionada que le recordó a Merlín asombrosamente a Gaius, y se dio cuenta de lo que había dicho. —No, quiero decir… me conocías antes de venir a Hogwarts.

Ante esto, Arthur frunció el ceño.

— ¿Quieres decir que te conocí en alguna parte antes? ¿Fue en la Copa Mundial?

—No –gimió Merlín. —Yo… Esto es muy difícil de decir. Me conoces desde hace mucho tiempo, y no puedes recordarlo, y es doloroso estás cerca de ti, y contigo, porque si bien eres la misma persona que has sido siempre, no eres completamente la persona que amo.

Esto sorprendió a Arthur en silencio, y su boca se abrió y cerró varias veces con frases entrecortadas, haciéndolo pareces un poco como un pez.

— ¿Me amas? –Arthur logró tartamudear. —Me doy cuenta de que probablemente eso no sea lo que debería haber sacado de eso, pero eso es todo en lo que realmente puedo concentrarme ahora –Merlín soltó una pequeña carcajada.

—Esa es la razón por la que estaba tan aterrado de decirte la verdad. Fuiste el que fue tomado para mí, no Cedric, no Cora, porque no estoy enamorado de ellos. Y no quería decirte eso, porque no estás enamorado de mí, porque no me recuerdas, y eso duele más de lo que puedo ponerlo en palabras –contestó Merlín con prisa.

—Morgan… –susurró Arthur, y la daga en el corazón de Merlín se hundió un poco más. Ni siquiera recuerda mi nombre.

Merlín se puso de pie, el dolor y la determinación se agitaron igualmente a través de su torrente sanguíneo mientras comenzaba a caminar, mordiendo el interior de su boca pensando en cómo iba terminar el resto de esta conversación.

—Vale… ¿Qué quieres decir cuando dices que no te recuerdo? –preguntó Arthur, también poniéndose de pie, apoyándose ligeramente en la pared mientras se sacudía el resto de la poción que todavía estaba en su sistema.

Merlín hizo una pausa en su paseo y miró a Arthur.

— ¿Te acuerdas de la noche del Baile de Navidad cuando ambos tuvimos demasiado whisky de fuego y estaba hablando poéticamente sobre tu trasero?

Arthur se rio.

— ¿Cómo podría olvidarlo?

— ¿Recuerdas cuando me dijiste que sentías que me conocías más que unos meses? ¿Se sentía como si me hubieras conocido por años y no pudiste explicar por qué te sentías así? –Merlín preguntó, y Arthur frunció el ceño.

—Sí –respondió.

— ¿Todavía te sientes así? –preguntó Merlín, deteniendo su ritmo para mirar a Arthur.

—Yo… más o menos –respondió Arthur, arrugando la frente en confusión y frustración.

—Me has conocido por diez años, Arthur. Diez años que has olvidado, y he estado enamorado de ti la mayor parte de mi vida, y apenas puedo recordar un momento en que no te amara, y tú ni siquiera me recuerdas. ¿Entiendes lo difícil que es eso? ¿Estar cerca de la persona por la que darías tu vida solo para te mire en blanco, para saber que si intentaras explicárselo pensarían que estás loco? –Merlín gritó, sin darse cuenta de que su voz resonaba por toda la cámara.

Arthur se quedó clavado allí, abriendo y cerrando la boca, tratando de procesar las palabras que decía Merlín, pero parecía que no lo estaba logrando. Merlín suspiró y resistió la urgencia de golpearse la cabeza contra la pared de ladrillo repetidas veces.

—Así no es exactamente como imaginaba que sería la conversación sobre esto –murmuró Merlín. —Probablemente debería haberte dado la noticia lentamente. Esa hubiera sido buena idea. Y ahora probablemente pienses que definitivamente estoy loco, y estás atrapado dentro de este lugar con un lunático, porque una de mis supuestas mejores amigas nos drogó y encerró aquí, y aunque entiendo que ella está tratando de mejorar las cosas, ¡Estoy bastante seguro de que la frase 'el camino al Infierno está hecho con buenas intenciones' todavía se aplica en el siglo XX! –Merlín despotricó. Entonces se tomó un momento para hacer una pausa, recobrar la compostura y pasar una mano por su rostro en frustración.

Miró a Arthur, que todavía estaba congelado en el lugar con el ceño fruncido que se profundizaba cada segundo con la boca abierta, y Merlín retrocedió hacia la pared, deslizándose hacia el piso.

—Voy a dejar que lo procedes y llegues a un tipo de conclusión por tu cuenta antes de continuar –dijo Merlín en voz baja, Arthur asintió vagamente, pero no se movió de donde estaba parado.

Merlín se tronó el cuello, haciendo una mueca por la rigidez de sus músculos y la neblina no se había sacudido de su cerebro. Había pasado un tiempo desde que había sido noqueado o drogado—no mucha gente podía decir eso—y su tiempo de recuperación se había ralentizado considerablemente. ¿Cuántas veces le había pasado algo así en Camelot? Espíritus, la cantidad de veces que se había metido en líos con pociones extrañas probablemente superaba en número a sus falanges contables.

Estar en Hogwarts parecía estar sacando muchos recuerdos de lo que Merlín se había olvidado. Bueno, no olvidado per se, no creía poder olvidar nada de su tiempo en Camelot, las circunstancias simplemente estaban desempolvando las telarañas del fondo de su mente y sacando ciertas cosas a la luz.

Tomó una nota mental para vengarse de Cora de alguna manera por literalmente drogarlos. Ella tenía buenas intenciones, y sin su interferencia, los dos probablemente no estarían teniendo esta conversación tan necesaria, junto con Merlín recuperando su perspectiva, pero era algo bastante malo. Sin embargo, no quería ser demasiado duro con ella, no era su culpa que hubiera tenido alguna mierda desagradable con ser noqueado, teniendo en cuenta que la mayoría de las personas no hubieran podido decir que algo así les había sucedido antes.

Arthur se movió un poco, atrayendo la atención de Merlín, antes de volver a su almohada y sentarse nuevamente frente a Merlín, mordiéndose el labio inferior. Era un hábito inconsciente de Arthur que le hacía saber a Merlín que estaba considerando seriamente algo—lo cual era probablemente algo bueno.

—Entonces… –Arthur comenzó después de unos momentos de silencio. —Aparentemente nos conocemos desde hace diez años, me fui y te olvide de alguna manera, ¿Y esto explica por completos tus acciones de mierda últimamente?

Merlín rio amargamente.

—No del todo, Arthur. La otra mitad de esta ecuación es que nosotros—es decir, yo mismo y la mayoría de los profesores aquí—creemos que el nombre de Harry fue puesto en el Cáliz de Fuego por alguien que quiere matarlo, probablemente trabajando para Voldemort, considerando que ha sido sorpresivamente activo para un tipo muerto, y tiene sentido que quieran deshacerse de los otros campeones por cualquier medio que así pueden llegar a Harry. Fue bastante claro por la segunda prueba que la mejor manera de llegar a mí es a través de ti—por lo que alejarme de ti fue un movimiento lógico y bueno de mi parte. Al menos eso es con lo que he tratado de convencerme en las últimas semanas para poder dormir por la noche.

Ante estas noticias, los ojos de Arthur se abrieron.

— ¿Alguien está tratando de matar a Harry?

— ¿No es eso algo común? –Merlín respondió. —Por lo que escuché, el año pasado fue Sirius Black, y los dos anteriores fue el propio Voldemort. Moody sugirió que todo este fiasco era una estratagema para matar a Harry, considerando cuantas personas murieron en este torneo, y aunque algunas personas lo han descartado como su paranoia, Dumbledore y McGonagall parecen estar tomándolo en serio.

— ¿Y te preocupa que alguien intente deshacerse de los otros campeones? ¿Para qué? –preguntó Arthur. Merlín se encogió de hombros.

—Tendrían que hacerlo parecer un accidente, no un asesinato, porque eso causaría alboroto. La ultima tarea es un laberinto—Harry y yo estamos empatados por puntos, y con cuatro de nosotros en el laberinto, todos tenemos las posibilidades de llegar primero a la copa. Si algo, o alguien, en ese laberinto va a tratar de matar a Harry, tendrán que deshacerse de nosotros tres para asegurarse de que sea Harry al final –explicó Merlín. Recordó las largas noches que había pasado acostado en la cama, con las ramas extendidas ante él, desde que Moody había implicado por primera vez que se trataba de un intento de asesinato, en cuanto a cómo podría llevarse a cabo. No fue hasta que se reveló la tercera prueba que todo parecía comenzar a tener sentido, y Merlín había desarrollado bastante cerebro para el pensamiento crítico en los últimos siglos.

—Sabes que puedo defenderme, ¿Verdad? –Arthur entonces dijo. —Quiero decir, no por presumir, pero soy el mejor duelista que Hogwarts ha visto en mucho tiempo.

—Lo sé –respondió Merlín con una sonrisa. —Eso es lo que la otra mitad de mi cerebro me ha estado diciendo.

Arthur estuvo callado por unos momentos, mordiéndose el labio.

—Si estás tan seguro de que alguien v a intentar asesinar a Harry en la prueba final, ¿Por qué no has ido con el Profesor Dumbledore?

—Porque todavía no veo cómo lo van a lograr –dijo Merlín. —Quiero decir, la primera prueba fue lo suficientemente peligrosa, un dragón vivo, pero habría sido difícil para cualquiera hacer que ser asesinado por un dragón pareciera un accidente. Hubiera sido mucho más fácil lograrlo en la segunda prueba, donde todo estaba bajo el agua y nadie tenía los ojos puestos en Harry, pero lo logró e incluso llegó al primer lugar. Por lo tanto, debe ser la tercera prueba, pero el campo de Quidditch puede adaptarse para albergar a toda la población estudiantil junto con los profesores y varios más, está completamente supervisado y todos están en condiciones de ver cómo se desarrolla todo. No entiendo cómo alguien puede lograrlo.

—Sabes, la explicación simple es que todo podría ser la paranoia de Moody –replicó Arthur con una ceja levantada.

—Eso no explica el nombre de Harry puesto en el Cáliz sin que nadie sepa quién lo hizo, o por qué Barty Crouch fue repentinamente encontrado balbuceando como si hubiera sido puesto bajo la Maldición Imperius, o por qué la Marca Oscura fue lanzada al cielo por primera vez en trece años –respondió Merlín con un suspiro. —Definitivamente algo está sucediendo, pero ni siquiera yo puedo descifrarlo.

¿Ni siquiera tú? Cierto—se supone que debo conocerte fuera de Hogwarts –dijo Arthur, regresando la conversación abruptamente a un ritmo tan rápido que casi le dio un latigazo a Merlín cuando acababa de comenzar a disfrutar el estancamiento.

—No me ofenderé si crees que estoy loco –respondió Merlín encogiéndose de hombros. Solo tendría el corazón roto.

—No digo que sea imposible que no me hayan puesto un hechizo de memoria –dijo Arthur. —Es posible que si alguien es bueno en eso, puede eliminar solo una cosa de la memoria de alguien mientras mantiene todo intacto, aunque puede dejar agujeros, como recuerdos de una conversación unilateral sin nadie allí, sillas vacías, etc.

—Pero no tengo nada de eso—una infancia perfectamente normal antes de venir a Hogwarts, si nacer con el nombre de un rey y ser adoptado en una familia relativamente aburrida puede considerarse normal. No tengo agujeros, ni espacios vacíos, ni recuerdos de fantasmas, y si te conocí durante diez años, eso significa que habría sido toda mi infancia hasta Hogwarts –argumentó Arthur. La inclinación de su labio decía que quería creer lo que Merlín estaba diciendo, y algo dentro de él decía que se sentía bien, pero su mente simplemente no podía crear las conexiones con sus recuerdos e instintos.

Merlín suspiro.

—Aquí es donde se pone realmente loco.

— ¿Más loco que aparentemente tenerte borrado de diez años de mi memoria? –preguntó Arthur, con tono incrédulo. —Realmente me gustas Morgan, has logrado convertirte en uno de los mejores amigos que he tenido en meses, eres un duelista increíble y una asombrosa persona, y definitivamente no diría que no a salir contigo, pero tienes razón cuando dices que esto suena un poco descabellado.

—Lo sé –Merlín exhaló dolorosamente. —Lo sé.

—Y, por la barba de Merlín –maldijo Arthur. — ¡Pensé que era solo porque tenías demasiado miedo de admitir que te gustaba! –Merlín no estaba muy seguro si debía centrarse en el hecho de que Arthur pensaba que era demasiado cobarde para decir que tenía un crush con él o el hecho que su barba ahora inexistente se había convertido en una maldición popular que había escuchado demasiadas veces. Junto con insinuaciones sobre sus pantalones, y sorprendentemente, sus bolas.

— ¡Maldición, Arthur, lo sé! –Merlín gritó. — ¡Me conoces lo suficientemente bien como para saber que no se me ocurriría una mierda extraña como esta! ¡Reconozco completamente que esto suena absolutamente loco, incluso en un mundo donde la magia se usa a diario!

—Es por eso que estoy teniendo un momento tan difícil con esto –respondió Arthur, bajando el volumen. —Porque lógicamente sé que lo que estás diciendo no ha sucedido, pero quiero creerte, y en cierto nivel sí –esto le dio una pausa a Merlín.

— ¿Lo haces? –preguntó, y Arthur sonrió, solo un movimiento en sus labios.

—Sí –respondió. —No creo que estés loco, y considerando cómo han pasado estás últimas semanas, pensé que había más que no querer admitir que estabas enamorado de mi a pesar de, usando tus palabras, 'hablando poéticamente de mi trasero'. Todo esto tendría mucho sentido si tuviera algún sentido.

Merlín se detuvo por unos momentos. En cierto nivel, Arthur confiaba en él lo suficientemente como para creerle, a pesar del hecho de que cualquier persona que escuchara esto probablemente estaría golpeando las paredes rogando que los dejaran salir en este momento. Recordó la mirada de reconocimiento que había despertado en los ojos de Arthur por un segundo la primera vez que se tocaron. Merlín al menos tenía algo con lo que trabajar.

Merlín, toda su vida, siempre había confiado en la magia. Incluso cuando no había confiado en sí mismo, las pocas veces que no había confiado en Arthur, incluso cundo no tenía nada y estaba dando vueltas y confundido en un vacío que no tenía arriba ni abajo y no sabía qué hacer, siempre podía confiar en la magia que lo rodeaba, y dentro de él.

Había una cosa que había olvidado, que había dado por sentado.

Él era magia.

Merlín era la Magia Encarnada, la amalgamación de un mundo tan desbocado que solo pudo recuperarse en un último esfuerzo al tomar toda esa energía mágica perdida y colocarla en el corazón ardiente y relampagueante de una sola persona.

Merlín era la Magia Encarnada, él era Emrys, y si quería que la magia hiciera algo por él, todo lo que tenía que hacer era hacer que pasara.

Merlín se puso de pie, sintiendo la magia corriendo dentro de él, zarcillos de energía tejiéndose inquietantemente debajo de su piel, una tormenta en su caja torácica, impregnado cada molécula que flotaba en el aire ente él y Arthur. Sintió la sensación reveladora del brillo dorado en sus ojos, y Arthur se puso de pie, luciendo aprensivo y ligeramente asombrado.

— ¿Morgan…? –Arthur preguntó en voz baja.

— ¿Confías en mí? –preguntó Merlín, dando un paso hacia Arthur.

—Yo… –Arthur logró decir, pero no pudo más que eso.

— ¿Puedes confiar en mí por unos segundos, Arthur? ¿Lo suficiente para probarme? –preguntó Merlín, caminando hasta que estuvo a un pie de distancia de Arthur, lo suficiente cerca de la magia que lo rodeaba como un torbellino haciendo que el cabello de Arthur se levantara y flotara con la brisa que generaba, para tocar su piel con toques gentiles e incandescentes, y algo se ilumino en la mirada de Arthur. No reconocimiento, sino algo cercano.

—…Sí –admitió Arthur, y Merlín le sonrió suavemente, y dio otro paso adelante hasta que apenas hubo espacio entre ellos para que su magia se moviera.

—Te voy a besar. ¿Eso está bien? –preguntó Merlín, y los ojos de Arthur se dirigieron a sus labios, y luego a sus ojos brillantes. Arthur respiró hondo y asintió.

Entonces Merlín tomó gentilmente la cara de Arthur entre sus manos, viendo sus ojos azules cerrarse, jaló el torbellino a su alrededor dentro de sí mismo y lo exhaló a través de los labios de Arthur. El toque de sus labios el uno con el otro se sintió como si algo en el universo se asentara en su lugar, como su toda la realidad hubiera estado ligeramente desalineada hasta ese momento, y Merlín finalmente supo lo que se sentía volver a casa. Las novelas románticas no eran anda en este momento que se había estado acumulando durante siglos mientras un péndulo en algún lugar del sexto sentido de Merlín cayó desde donde estaba colocado, y Arthur agarró sus bíceps para devolver el beso.

Merlín no estaba seguro de qué era más importante para él para concentrarse—el beso con el que había soñado durante cientos de años, o a la Magia Antigua que estaba vertiendo en Arthur mientras fluía sin forma por su garganta, a través de su piel, hacia su ser al brillante centro mientras Merlín enviaba solo una cosa con magia—la voluntad de recordar.

La voluntad de desbloquear los recuerdos que Merlín estaba seguro estaban escondidos en alguna parte, para abrir y revelar al Único y Futuro Rey y fusionarlo con el Gryffindor idiota que había amado tanto como a su viejo amigo. Envió la magia a través de cada grieta que pudo encontrar, confiando en sus instintos y la magia que era tan parte de él como el mundo que los rodeaba.

Merlín quería extraer la magia de las estrellas, del vacío del espacio y dirigirla a la persona que tenía en sus brazos si podía recordar, tomar su destino por las riendas y levantarse como siempre se suponía lo hacía.

Él fue una vez el rey, y ahora era el momento de ser el futuro rey.

La magia se disipó como polvo en el viento, y eventualmente todo lo que Merlín pudo sentir fue el cuerpo de Arthur contra el suyo, su suave cabello dorado que hacia cosquillas en los dedos de Merlín, y la presión de sus labios juntos, se separó ligeramente, lo suficiente para ser casi insoportablemente íntimo. Merlín entonces se apartó, los dedos de Arthur apretaron sus bíceps, y observó de cerca la cara de Arthur. Tenía los ojos cerrados, respiraba con dificultad y, aparentemente, nada había cambiado, pero Merlín podía sentir la Magia Antigua girando bajo su piel como la leche en el té.

Pasaron unos segundos de silencio, y Merlín intentó no dudar de sí mismo.

—Merlín… –maldijo, y Merlín dejó escapar una risa forzada.

—Así de malo, ¿Huh? –respondió, con el corazón comenzando a hundirse en su pecho. Joder, ¿Qué había hecho mal? ¿Arthur no era receptivo a la Magia Antigua? ¿Tendría que recordar de alguna otra manera—? ¿Tenía que llevarlo de regreso al Lago Avalon? Su mente daba vueltas, las ramificaciones se extendían ante él, preguntándose qué demonios tendría que hacer cuando—

—No, ese es tu nombre –dijo Arthur en voz baja, casi tan inaudible que Merlín no pudo oírlo, y sus ojos se levantaron de donde habían estado en el suelo.

— ¿Qué? –preguntó Merlín, sintiendo que le habían sacado el aire.

—Yo… d –murmuró Arthur, y entonces abrió los ojos. El oro giraba en el lugar del azul aguamarina. —No sé cómo, pero sé que te llamas Merlín, no Morgan.

El oro se desvaneció de sus ojos, el azul regresó y Arthur frunció el ceño confundido. Abrió la boca para hablar, pero el oro volvió, y los ojos de Arthur se abrieron ampliamente y sin ver, y agarró a Merlín con tanta fuerza que pensó que encontraría marcas en la forma de las manos de Arthur en sus bíceps al día siguiente.

—Tú… me sostuviste en tus brazos –murmuró Arthur, moviendo los ojos como si estuviera viendo una escena que se desarrollaba ante él. —Hubo un ardor frío en mi pecho cuando me robó la vida y me sostuviste en tus brazos mientras moría.

La boca de Merlín se secó ante las palabras de Arthur.

— ¿Recuerdas por qué sucedip eso? –preguntó Merlín.

—…Hubo una pelea dijo Arthur, su visión comenzando a enfocarse en Merlín y no en lo que recordaba. —Una gran batalla, no estabas allí y luego estabas pero… me apuñaló.

— ¿Quién lo hizo? –preguntó Merlín, tratando de refrescar la memoria de Arthur.

—M… Mordred –respondió Arthur, frunciendo el ceño. —Él me traicionó. Fue hacia Morgana. Recuerdo que me llamaste al algo, viéndote hacer magia por primera vez, dándome cuenta de que lo has estado usando todos esos años para salvarme, para salvar a Camelot. Usándolo para matar gente… usándolo para ocultar nuestras huellas, para llamar a un dragón…

Las piernas de Arthur se rindieron, y Merlín lo atrapó e hizo que se deslizara al suelo hasta que Arthur yació en su regazo, la posición exacta en la que habían estado cuando murió en los brazos de Merlín, y el pensamiento hizo que la bilis se elevara en su garganta.

Pero Arthur no se estaba muriendo. Estaba recordando.

— ¿Cuántas veces me salvaste la vida, Merlín? –preguntó Arthur, y Merlín soltó una carcajada.

—Creo que logré perder la cuenta en el primer año de conocerte –respondió Merlín. —Quiero decir, no hice todo el trabajo, pero hice bastante. Realmente deberías estar agradeciéndome.

Arthur se echó a reír, sus ojos todavía brillaban en dorado.

—Bésame otra vez –pidió Arthur, y las cejas de Merlín se levantaron. —Me escuchaste Merlín, no me hagas pedirlo de nuevo.

Con otra risa, Merlín se inclinó y presionó sus labios contra los de Arthur, envolvió sus brazos alrededor de él y cayó en la sensación, sin querer solarlo nunca, quedándose en ese momento para siempre. Arthur logró ponerse de rodillas, sin separarse de Merlín ni siquiera un milímetro, y acunó la mandíbula de Merlín, mientras Merlín apretaba los brazos alrededor de la cintura de Arthur.

Arthur finalmente se apartó con el labio inferior de Merlín entre los dientes, sus propios labios rojos he hinchados, y ligeramente sin aliento.

—Sé lo que Guinevere habría dicho a esto –murmuró Merlín en el espacio entre ellos, y Merlín levantó una ceja.

— ¿Qué? –preguntó.

Al fin –respondió Arthur, y Merlín dejó escapar una risa clara y brillante. —Estoy bastante seguro de que ella sabía que estábamos enamorados antes de que lo supiéramos.

— ¿Lo sabíamos siquiera? –preguntó Merlín, ignorando los estúpidos latidos que hizo su corazón ante la confesión de Arthur. —Quiero decir, no me di cuenta hasta unos años después de que tú…

— ¿Morí? –Arthur proveyó amablemente. —Creo que morir también lo hizo por mí. Me di cuenta yaciendo en la orilla, supe que en ese momento no quería estar con nadie más que tú.

—Me preguntó cómo se sintió Gwen al respecto –murmuró Merlín.

—Es posible estar enamorado de más de una persona, Merlín –replicó Arthur, rodando los ojos, diciendo su nombre de una manera que Merlín no había escuchado en siglos que hacía que su corazón se sintiera de cinco veces más pequeño, como su estuviera listo para implosionar.

— ¿Y qué? ¿Pasaste tu última vida con ella y esta conmigo? –preguntó Merlín, prácticamente arrastrando a Arthur a su regazo. El Gryffindor sonrió y apoyó su frente contra la de Merlín.

—Algo así –susurró Arthur contra sus labios, y por unos momentos Merlín olvidó que estaba sentado en un incómodo piso de piedra y había llegado a allí al ser drogado por uno de sus mejores amigos, y se perdió en el sentimiento de finalmente estar con Arthur.

Entonces Arthur retrocedió repentinamente con algo parecido al horror en su rostro cuando de sus ojos se desvanecieron de dorado al azul.

—Yo… Merlín, por favor dime que también has pasado por todo el asunto del renacimiento –dijo, y Merlín frunció los labios y miró inocentemente al suelo.

Merlín –dijo Arthur con severidad.

—Uh, aprendí desde el principio que ser la Magia Encarnada significa que en realidad, como que… no puedo morir –murmuró Merlín. —No todavía, de todos modos.

— ¿Así que has estado deambulando por casi un milenio? –preguntó Arthur incrédulo.

—Algo así –respondió Merlín, no del todo seguro de por qué se sentía culpable por ese hecho, y se negó a levantar la vista del suelo, hacia donde Arthur probablemente tenía ese ceño de desaprobación en toda su cara.

—Merlín, si me dices que has pasado todo este tiempo enfurruñado junto al algo y no en el mundo viviendo una vida increíble— –Arthur se interrumpió cuando Merlín sintió que su rostro se ponía rojo, traicionándolo. —Eres un idiota.

eres un idiota –respondió Merlín patéticamente.

—No, tu eres un alcornoque, aunque todavía no tengo idea de qué demonios significa eso –respondió Arthur, y Merlín finalmente lo miró y sonrió ampliamente.

Alcornoque –contestó, y si los ojos de Arthur se giraban más fuerte, se habría salido de su cabeza y caído al suelo.

— ¿Recuérdame por qué otra vez? –preguntó Arthur con la cara levantada hacia el techo, y Merlín se echó a reír. Acercó al Gryffindor, lo abrazó con fuera y enterró la cara en el cuello de Arthur. Habían pasado siglos desde que había sido capaz de hacer esto —en realidad, solo había hecho esto muy pocas veces en Camelot, y sintió que su corazón iba a explotar en un horrible y feo desastre. Arthur lo apretó con fuerza y Merlín intentó controlar el temblor en sus manos.

—Dios, Merlín, ¿Cuánto tiempo has estado esperando? –susurró Arthur, y Merlín cerró los ojos contra la traidora quemazón de las lágrimas.

—Demasiado tiempo –respondió Merlín. Pero valió la pena. Dios, valió la pena.


Notas del traductor:

¿Pueden creer que han pasado 6 meses desde la última actualización? Yo no.

My life is a mess right now.

Sinceramente espero que puedan disculparme por la demora, gracias por leer, por sus comentarios, favoritos. Son los mejores.