¡Sean bienvenidos!

Simbología

- zzzzzzzzz - || Diálogo de los personajes

Cursiva || Pensamiento de los personajes

[Flashback] || Eventos pasados en la historia

[Flashforward] ||Eventos futuros en la historia

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Disclaimer:

Los personajes no me pertenecen, son de la mente de Rumiko Takahashi

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Nota:

Tomé libertades en temas históricos, geográficos y sociales para el desarrollo del relato.

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Capítulo 18. Quizás duela ver llegar el fin.

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Madrugada | 01 de junio | Hong Kong, China

Tatsuo descendió de un taxi en una solitaria intersección para iniciar con su búsqueda, siendo un primer inconveniente debido a que la ubicación del domicilio solo era accesible a pie. Este se hallaba en un sector urbano localizado en la ladera de una de las montañas que custodiaban la ciudad, muy cerca del Pico Victoria. El chofer le hizo hincapié en tener mucho cuidado cuando se enteró del destino al que se dirigía ya que corrían escalofriantes rumores sobre aquella vivienda, que llevaba años abandonada y en un estado deplorable.

Linterna en mano, avanzó cauteloso por una vereda pavimentada de aproximadamente dos metros de ancho, con la Luna como única acompañante. Una barandilla metálica protegía la ruta para evitar que algún descuidado cayera por la pendiente. Por todo el trayecto se podía admirar en la lejanía el esplendor de la metrópoli asiática, aunque la luminosidad de la citadina vida nocturna contrastaba con la escabrosa oscuridad del sendero y la exuberante vegetación que envolvía el lugar.

Transcurridos unos minutos de marcha divisó la vieja casona que buscaba. La propiedad estaba protegida por una oxidada y enorme verja; sin embargo, no necesitó de llaves para entrar ya que el candado que la salvaguardaba había sido destruido. Una extraña calma dominaba el lugar, el brillo lunar iluminaba parcialmente aquel paraje y el viento producía desconcertantes sonidos en los alrededores.

Pasó con cuidado por el portón y se apersonó frente a una vivienda de considerables dimensiones. La casa tenía tres niveles perfectamente diferenciados. El primero consistía en un trío de arcos de medio punto de aproximadamente dos metros de alto, que servían de soporte para una sección del domicilio. De lado izquierdo de estos se encontraban unas escaleras que daban acceso al nivel por donde estaba la entrada principal.

En la segunda planta se ubicaba la puerta principal, varias habitaciones y un espacio al aire libre que las rodeaba. Esta zona estaba delimitada por un conjunto de sencillos balaustres, pequeños pilares de piedra, que sostenían una desgastada una valla de concreto, cuya función era prevenir caídas y servir de apoyo para admirar el fascinante paisaje boscoso. La mayoría de las ventanas en este estrato eran medianas, excepto por una de grandes dimensiones que se hallaba justo a la mitad de la terraza.

El último nivel tenía habitaciones sencillas con simples ventanales, coronadas por un techo abuhardillado repleto de tejas que en algún momento fueron de color rojo. La forma del techado suponía que había un desván porque el tipo de tejado consistía en cuatro caras inclinadas que se unían por una completamente horizontal.

El guardián contempló aquella morada de estilo occidental con cierto temor y repulsión. Los cristales brillaban por su ausencia, la fachada se hallaba bastante desgastada y con bastantes grafitis. Uno de ellos llamó poderosamente su atención ya que estaba escrito en inglés y con letras rojas decía: "Go Back! (¡Regresa!)". Era una clara advertencia para los curiosos y un sensato consejo para los precavidos.

¿Cómo diablos fui a meterme en esto? Todo sea por la misión. Pero estoy seguro que hay algo humano detrás de todo esto y voy a descubrirlo. Pero si no es así, no sé cómo saldré sano y salvo de aquí. Lo bueno es que vine sólo, no soportaría poner en peligro a Hikaru.

En cuanto introdujo la llave en la cerradura escuchó una tétrica carcajada que le heló la sangre. Sin embargo, se armó de mucho valor, abrió con sumo cuidado la puerta y se adentró cautelosamente. El lugar lucía casi vacío, bastante sucio, y con mal olor debido a todos los años de abandono. Aunado a eso, un intenso frío se dejó sentir y raros sonidos se escucharon manera intermitente recién accedió al domicilio.

Apenas podía ver con la linterna que llevaba, pero no se detuvo en su afán de encontrar el objeto que necesitaba. Casi no queda nada en esta casa y tal vez ese espejo ni siquiera esté aquí. Pero no tengo más remedio que intentarlo.

Razonó que el artículo podría estar en algunas de las habitaciones de la segunda planta o incluso en el desván, así que se aprestó a subir por las maltrechas escaleras de madera que llevaban al piso superior. Ascendió lentamente para evitar una caída puesto que si se accidentaba, nadie lo encontraría en horas o días.

Alumbraba al frente mientras el crujir de la corroída madera a cada pisada le inquietaba. A mitad del camino percibió un sonido proveniente de los primeros escalones, así que se detuvo y volvió la vista hacia la parte inferior de la escalera. Observó muy sorprendido a una mujer arrastrándose lentamente por los peldaños. Fue incapaz de ver su rostro, pero los contorsionados movimientos que realizó le indicaron que no era de este mundo. Apresuró el paso hasta llegar a la segunda planta y se encerró en la primera habitación que encontró abierta. Oyó como el extraño ser ahora arañaba la puerta del cuarto en un afanoso intento por entrar.

El ruido cesó unos segundos después, que parecieron una eternidad para el muchacho. Un poco más calmado por el silencio, iluminó el cuarto para investigar detenidamente el lugar. Allí notó lo que parecían ser restos de una cuna, con varios juguetes desgastados y rotos, desperdigados por el suelo. Maldición, seguro que aquí tampoco está. Necesito salir para buscar en otra habitación y en el desván, pero antes debo estar listo por si esa cosa vuelve a aparecer. Repentinamente una voz se dejó escuchar.

– No deberías estar aquí. – exclamó en tono gutural y desgarrador.

– ¿Quién está ahí? ¡Sal de dónde estés y da la cara! – gritó decidido a abrir la puerta para enfrentársele.

– No puedo… ¡porque yo no tengo rostro! – la macabra risa se escuchó de nueva cuenta, ahora en la recámara.

El guardián miró hacia arriba, donde pudo visualizar a una mujer muy vieja y decrépita pegada en el techo, observándolo. Su rostro estaba cubierto por un canoso y sucio cabello, y vestía una desgastada bata de hospital. El joven, atemorizado por la dantesca escena, se petrificó por completo. En tanto, la criatura comenzó a deslizarse con lentitud por el techado.

El espectral ente se abalanzó contra él, aprovechando la parálisis temporal. Pero Tatsuo se repuso, la esquivó y con celeridad huyó despavorido de la habitación. Ya en el pasillo abrió la puerta superior que llevaba al desván y de un enorme salto logró entrar para protegerse. El corazón le latía con frenesí y temblaba involuntariamente cuando escuchó de nueva cuenta aquella horrible carcajada, aunque ahora provenía desde abajo. Se sentó en el suelo y trató de tranquilizarse para pensar con claridad. Debía salir de aquel sitio lo antes posible, pues temía por su integridad; empero, marcharse con las manos vacías le resultaba impensable. Tranquilízate, no es la primera vez que pasas por algo así, piensa, piensa. ¡Ya sé!

De la mochila sacó un frasco lleno con sal. De acuerdo a varias enseñanzas de su mentor, este elemento podría detener, de manera parcial, a ciertos seres del más allá. La esparció por todo el desván abarcando el mayor espacio posible, con el fin de impedir que la criatura entrara. Apenas terminó, reinició la búsqueda en el lugar. A menudo ese tipo de espacios era utilizado para el almacenamiento de cosas sin utilidad o valor, por lo que parecía ser un buen sitio para buscar.

En aquel oscuro ático se hallaban algunas cajas regadas, pero la gran mayoría estaban abiertas y completamente vacías. De todas maneras, las revisó una por una y, además, examinó todos los recovecos visibles. Para su desgracia, escuchó que arañaban el acceso que estaba en el suelo, su única salida. Si esa cosa es lo que creo, solo tendré una oportunidad para detenerla. Pero antes debo encontrar ese maldito espejo.

De pronto, divisó bajo un pedazo de madera un pequeño destello producido al alumbrarlo con la linterna. Levantó la tabla y encontró un viejo espejo de mano, con visibles fisuras y en la cara posterior el emblema familiar de Xu Fu, el distintivo con el que se aseguraria que era el correcto. Lo depositó dentro de la mochila en tanto analizaba como salir con vida de ahí. Ahora sólo tengo que encargarme de esa cosa, porque no podré irme si está rondando allá abajo.

En un par de minutos ideó un arriesgado plan. Tatsuo, como buen guardián, se había preparado para los posibles riesgos que tendría la búsqueda. La explicación del hombre que poseía el pergamino le hizo tomar todas las precauciones para enfrentarse contra amenazas sobrenaturales. Aunque pocas, ya había tenido ese tipo de misiones con anterioridad, por lo cual conocía cómo afrontarlas.

Abrió con cuidado la entrada inferior y descendió hacia el pasillo con lentitud. Escuchó un extraño sonido a sus espaldas y al alumbrarlo observó que la horrible mujer estaba a unos centímetros de él. Fue arrojado con extrema violencia por ella y antes de que pudiera levantarse, esta lo aprisionó del cuello contra una pared. Aunque luchaba no conseguía liberarse del agarre y en tanto podía oler el asqueroso olor putrefacto que emanaba la criatura. Con la poca luz que arrojaba la linterna, que yacía en el suelo, pudo percatarse que detrás de los cabellos que le cubrían el rostro se distinguía una enorme boca con deformes y filosos dientes.

Cerró los ojos esperando el final, sin embargo, la imagen de Hikaru le dio la vitalidad y el coraje necesarios para aplicar su plan. Dejó de luchar y en un santiamén, sacó de uno de los bolsillos del pantalón un pequeño y poderoso sello. Lo colocó con rapidez sobre la frente de la vieja; esta emitió un fuerte chillido e intentó quitarse la marca impuesta, oportunidad que el chico aprovechó para liberarse.

El joven Hayashi reunió sus cosas, levantó la linterna y se preparó para marcharse mientras la criatura lo maldecía en todas las formas posibles. Deseaba acabar con la vida del muchacho, pero el talismán que este le impuso causó que no pudiera moverse libremente.

El guardián huyo con rapidez de la casa dejando atrás a un temible espectro controlado y enclaustrado en la vieja edificación. Tendría algunos días antes de que el efecto del sello desapareciera, tiempo suficiente para entregar el espejo y recuperar el mapa. De camino a la ciudad, agradecía las enseñanzas de Kenzo en esos sobrenaturales menesteres. Era poco común enfrentar tales amenazas, y cuando eso sucedía, casi siempre existía alguna persona detrás de todo. Aunque en esta ocasión parecía no haber presencia humana que manipulara aquella malévola entidad.

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Mañana | 01 de junio | Wakayama, Japón

La noche por fin había terminado y con ello el sufrimiento del nuevo guardián ya que pasó mucho tiempo sometido por la fiebre. El médico de la familia acudió al urgente llamado que le hicieron para atender su precario estado; después de la valoración le administró los fármacos necesarios para paliar los terribles malestares que le aquejaban. Tras la partida del doctor, la joven Konoye permaneció atenta a cualquier necesidad que pudiera tener el paciente.

El hijo de Genma descansó hasta casi media mañana y cuando despertó se sorprendió al ver a su compañera dentro de la habitación con una bandeja repleta de alimentos y líquidos para el desayuno.

– Buenos días, ¿cómo te sientes? – expresó en tanto ponía la charola en el escritorio de la habitación.

– Más o menos, pero me duele todo. – intentaba levantarse con dificultad.

– El doctor dijo que te recuperarías pronto. Anoche sí que me asustaste.

– ¿Qué me pasó? No recuerdo nada. – tocaba su cabeza pues aún tenía vestigios de lo sufrido horas antes.

– Tuviste mucha fiebre. Lo bueno es que me di cuenta a tiempo, llamé al doctor y vino para revisarte – le acercó la bandeja con la comida –. Dijo que tenías un fuerte resfriado, pero que con las medicinas te mejorarías pronto.

– Vaya, debió ser por culpa de la práctica de ayer. – hizo una mueca ya que percibió un mal sabor de boca producto de la fiebre.

– No deberías haber entrenado bajo la lluvia – le colocó la bandeja sobre las piernas – Primero toma tus medicamentos y luego comemos, ¿de acuerdo?

– Claro. – aceptó resignado pues sentía remordimiento de haberla preocupado toda la noche.

Desayunó en la compañía de la joven de ojos verdes y cómo ya se sentía en mejores condiciones, le mencionó los resultados de la práctica que tuvo el día anterior. Se mostraba orgulloso del avance, pero también se lamentaba de no poder proseguir con el entrenamiento porque debía cuidarse para evitar una recaída.

Además, la chica estaba resuelta a impedir que cometiera la imprudencia de salir convaleciente a entrenar. El artista marcial asimilaba las consecuencias de su temerario entrenamiento cuando ella le mencionó un detalle importante de la noche anterior.

– Oye, anoche dijiste varias cosas mientras tenías fiebre. ¿Lo recuerdas? – cuestionó mientras recogía los restos del desayuno.

– La verdad, no. ¿Dije algo malo? – expresó preocupado por haber dicho incoherencias.

– No. Bueno, no lo sé. Mejor olvídalo, ¿quieres? – rio un tanto nerviosa.

– ¿Qué fue lo que dije? – mencionó algo curioso.

– Repetías el nombre de Akane, muy angustiado. – confesó después de una larga pausa.

Se quedó pasmado cuando la escuchó decir el nombre de su antigua prometida. La joven Tendo aún formaba parte importante de sus pensamientos, pero era un secreto muy bien guardado. Cómo su colega fue testigo de lo que anhelaba el subconsciente, ya no tenía caso negarlo.

– Tal vez fue por la fiebre, aunque no lo recuerdo bien. – desvió la mirada mientras hablaba.

– Sé que no es mí asunto, pero ¿estás preocupado por ella?

– Puede ser. Es que Genjuro una vez me buscó cuando vivía en el dojo y como acabo de pelear con él, creo que por eso estoy algo inquieto. – atinó a decir, con una risilla nerviosa.

– Eso tiene sentido – hizo una larga pausa –. Yo... tengo que decirte algo.

A grandes rasgos le explicó la misión secundaria que Kusonoki le encomendó en fecha reciente. Visitó Nerima de manera breve con el fin de corroborar que las cosas en la ciudad estuvieran en orden. También verificó que Jaan o alguno de sus secuaces no hubieran alterado la tranquilidad y la seguridad de los seres queridos del chico de la trenza.

– ¿Y por qué hasta ahora me lo dices? – refunfuñó molesto por haber sido excluido de tal información.

– Debía ser algo secreto, pues no querían que te preocuparas. Pero por lo que te escuché decir ayer sentí que debías saberlo. – lo miró con ojos tiernos, intentando disminuir la irritación del chico.

Callado y muy enfadado apretó la sábana de la cama en tanto su compañera lo observaba inquieta por la reacción. Sentía que debían haberle informado algo tan importante y no imaginaba lo que podría haber sucedido si en realidad sus amigos hubieran estado en peligro. Ella, comprendiendo su molestia, decidió explicarle lo que descubrió en el viaje a esa ciudad.

– Hablé con varios de tus amigos, incluso fui a la casa donde vivías. – le mostró la hoja que le entregó Soun con información sobre el dojo.

– Entiendo por qué no me lo dijeron, aunque me molesta eso – escuchar que la normalidad imperaba en su antiguo barrio le tranquilizó –. ¿Y cómo estaban?

– Todos están bien, no te preocupes.

– ¿Mi padre estaba allí?

– No, creo que el sigue viviendo con tu mamá.

– Vaya, pensé que el viejo volvería al dojo a la primera oportunidad. – se cruzó de brazos.

– Ranma, sé que esas personas significan mucho para ti. En mi opinión, si tanto te preocupan creo que deberías llamarlos. – se puso de pie cargando la bandeja.

– Kenzo dijo que lo mejor era que no tuviera contacto con nadie, por lo de Genjuro. Además, no sé si quieran saber de mí.

– Lo sé, pero no pierdes nada con intentarlo. Si les llamas podrías estar más tranquilo. Además, yo podría hacer la llamada en tu nombre, si quieres. – le guiñó el ojo de forma simpática.

– No sé si sea buena idea.

– Mejor intenta descansar para que puedas recuperarte y si te animas a hacerlo yo te ayudo ¿está bien? – avanzó hacia la salida de la recámara.

– De acuerdo. Y gracias por el desayuno.

Apenas quedó a solas se levantó para darse una ducha. Mientras buscaba la ropa que usaría reflexionaba sobre aquella propuesta. Era un hecho que extrañaba la vida que llevó en Nerima y deseaba saber que todo estaba bien de primera mano, ya que temía que Genjuro amenazara a cualquiera de las personas que apreciaba como revancha por sus recientes enfrentamientos. No obstante, recibir el trato indiferente por parte de la familia Tendo le sosegaba, pero más le asustaba ser tratado con desdén de nuevo por su ex prometida.

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Mañana | 01 de junio | Hong Kong, China

El empresario hongkonés recibió a Tatsuo dentro de uno de los céntricos departamentos que poseía ya que este le avisó que iría a su encuentro minutos antes desde su hotel. El joven prefirió descansar después de la terrible experiencia de la noche anterior. Dentro del apartamento y sobre una mesa de cristal yacía el antiguo pergamino que buscaban los guardianes.

– Y bien muchacho, ¿traes lo que te pedí? – preguntó con curiosidad, pues aún no creía lo hubiese conseguido.

– Aquí está. – sacó el espejo del bolso y se lo entregó en las manos.

– ¡Por fin, después de tantos años! – contempló el artículo con detalle – El mapa es tuyo, como acordamos.

El guardián tomó el pergamino, se aseguró que no fuera una falsificación y lo guardó cuidadosamente en su mochila.

– ¿Puedo preguntarle algo?

– Lo que quieras, muchacho.

– ¿Por qué le interesa tanto ese espejo y esa casa? Por lo que vi no parecen valer mucho. – expresó sin mencionar el encuentro que tuvo con el espectro.

– Parece que sí, pero no lo es. La casa perteneció a mis abuelos y cuando ellos murieron me la dejaron como herencia. Pero una tía resentida se adueñó del lugar y vivió hasta sus últimos días allí. Cuando murió intenté recuperarla, pero siempre fracasé porque seguía aterrando a cualquiera que osara poner un pie dentro.

– Entonces era esa cosa que vi allí dentro. – confesó sorprendido.

– Así es. Un viejo monje me dijo que tenía dos opciones: derribar el lugar o bien, encontrar su ancla a este mundo. Es decir, un objeto que tuviera parte de su esencia. Si lo destruía ella podría partir al más allá y descansar en paz.

– Es ese espejo, ¿verdad?

– Así es. Ahora que la casa esté libre de la presencia, podré remodelarla y embellecerla tal como les hubiera gustado a mis abuelos.

– Espero que quede bien – se puso de pie para abandonar el lugar –. Me voy, tengo un vuelo que tomar.

– Antes de que te vayas, voy a darte un consejo. Cuida tus espaldas porque alguien ha estado siguiendo tus pasos desde que llegaste. Es posible que vengan de parte del otro hombre que vino a buscar el mapa antes que tú.

– Genjuro... – murmuró molesto.

– Vete con cuidado. De todas maneras, voy a decirle a mis hombres que traten de distraerlo mientras sales de Hong Kong. Tómalo como un bono extra por lo que hiciste.

– Tendré cuidado. Y gracias por cuidar del mapa.

Tatsuo abandonó el departamento en estado de alerta pues ahora llevaba una carga valiosa. De sólo recordar lo que Jaan le había hecho sufrir al heredero Saotome en un par de ocasiones le hacía tomarse las cosas en serio.

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Tarde | 01 de junio | Wakayama, Japón

El joven de ojos azules comenzó a sufrir un incómodo dolor de garganta a medida que transcurría el día, como un efecto secundario de la enfermedad. La fiebre ya no se presentó, pero tenía una sensación de pesadez en la cabeza y mucha debilidad producto de las desgastantes horas que pasó en cama.

Fastidiado de la reclusión, abandonó la recámara para descansar en la sala común mientras veía televisión, con la intención de matar el aburrimiento. La obligada inactividad, el saber de la misión a Nerima y las palabras que dijo la noche anterior cuando deliraba le hacían suponer que comunicarse al dojo no parecía tan mala idea.

Ha pasado bastante tiempo desde que dejé la casa de los Tendo. No pensé que fuera a extrañarlos tanto. Podría llamar, pero ¿qué les diré? Hola, soy Ranma, como están todos por allá. Eso suena muy estúpido. Sólo quisiera decirles que estoy bien… ¿Y si me contesta ella? Tal vez ya no esté tan molesta como la última vez.

Analizaba la factibilidad de comunicarse a Nerima cuando la chica de ojos verdes llegó para hacerle compañía. Había estado al pendiente de su salud todo el día porque el resto de grupo todavía estaba ausente. Además, temía que el nuevo guardián escapara para entrenar o peor aún, que tuviera una recaída. Se sentó a lado suyo mientras este cambiaba de canal en forma repetitiva tratando de encontrar algo interesante que ver.

– ¿Cómo sigue el enfermo?

– Ya mejor, aunque me siento algo cansado. – bostezó con fuerza.

– ¿Tomaste las medicinas que te tocaban?

– Si, justo como dice la receta.

– Muy bien. Así pronto te recuperarás – observó que su compañero tenía la mirada perdida y seguía cambiando de canal, como si fuera un autómata –. ¿Te pasa algo?

– No me pasa nada, ¿por qué lo dices?

– Te veo distraído. ¿O es que te sientes mal? – expresó inquieta la chica.

El artista marcial apagó el televisor abruptamente, dejó el control sobre el tatami y observó el techo por unos segundos antes de proseguir la conversación.

– Es que he pensado mucho en lo que me dijiste por la mañana.

– ¿Sobre qué? – lo miró con una pícara sonrisa.

– Pues, tú sabes… sobre la llamada. – mencionó chocando sus índices y bajando la mirada, señales de timidez.

– ¿Entonces quieres hacerlo? – cuestionó para reafirmar lo que Saotome quería hacer.

– Creo que sí, sólo si me ayudas.

– ¡Perfecto! Espera un minuto, ahora vuelvo. – abandonó el lugar rápidamente.

La joven Konoye, bastante emocionada, volvió un par de minutos después con un teléfono inalámbrico y la hoja con la información que le proporcionó el dueño del dojo.

– Cuando estuve en Nerima platiqué con el señor Soun y con una de sus hijas, Kasumi creo que se llama. Fueron muy amables y me dieron el número por si quería ir entrenar alguna vez. – mencionó mientras realizaba la marcación en el teléfono.

– ¿Sólo hablaste con ellos? – preguntó Saotome intentando saber si había hablado con su antigua prometida.

– También hable con una chica llamada Ukyo, que por cierto cocina delicioso. – tapó la boca del chico –. Silencio, está sonando.

Ella activó el altavoz del auricular para que él escuchara la conversación. Cada vez que oía el tono, las pulsaciones del muchacho se aceleraban y las manos comenzaban a sudarle profusamente. Asimismo, sentía un coctel de diversas emociones dentro de su ser: miedo, alegría, emoción y tensión, por nombrar algunas.

– Hola. – respondieron al otro lado de la línea.

– Hola, ¿hablo a la casa de la familia Tendo?

Nadie respondió por varios segundos, por lo que el chico supuso que el número que marcó su colega estaba equivocado.

– Hola, quisiera hablar con el señor Soun Tendo. – mencionó la chica Konoye para romper el silencio.

– No conozco que viva alguien aquí con ese nombre. – respondió dubitativo el interlocutor.

– Tal vez no es el número correcto. – la chica le susurró a Saotome mientras tapaba la bocina con la mano.

– Sí, este es el número – afirmó convincente después de revisarlo –. Pregunta por Kasumi o Nabiki. – dijo en voz baja, omitiendo a propósito el nombre de su antigua prometida.

– ¿Y no estará la señorita Kasumi o Nabiki de casualidad?

– Permítame un momento.

Un mutismo se hizo presente de nueva cuenta por algunos instantes, cosa que desesperó a los jóvenes guardianes. Saotome comenzaba a creer que había sido una mala idea hacer esa llamada pues sólo le estaba provocando tensión. De pronto, se escuchó una femenina voz de fondo del otro lado de la línea, que el chico reconoció de inmediato. Es Akane, pensó nervioso y emocionado a la vez.

– ¿Quién es, Shinnosuke? – se escuchó decir a la menor de las Tendo.

– No lo sé, no me ha dicho su nombre. – le respondió el joven guardabosque, mientras tenía la bocina alejada de su boca.

Todos los momentos que compartió el hijo de Genma con su antigua prometida le pasaron por la mente en milésimas de segundo. Sus expresiones faciales se paralizaron, los ojos se le nublaron y una opresión le nació en el pecho. De forma brusca bajó la mirada y guardó las manos en los bolsillos, pues quería contener el desbocado impulso de golpear algo que le provocó escuchar aquel nombre.

– Ya déjalo, por favor. – pidió de manera imperativa y a la vez suplicante.

– ¿Qué? – dijo la chica, sin entender lo que le pasaba.

Abandonó la habitación de forma rápida y cabizbaja apenas terminó de hacer aquella petición a su compañera, que intentó ir tras él, pero escuchó que Akane le instaba a responder ya que ahora ella estaba al teléfono. Se encontraba entre la espada y la pared pues quería hablar con la chica, sin embargo, también deseaba seguirlo para descubrir el motivo del inesperado cambio de ánimo.

Esperó unos segundos para ver si volvía mientras la voz de la menor de las Tendo seguía pidiendo respuestas. Desesperada, prefirió terminar la llamada sin responder a la ex prometida del guardián. Se dirigió con celeridad a la habitación del chico, pero no pudo entrar ya que estaba cerrada con llave.

– Ranma, ¿qué te pasó? ¿Estás bien? – expresó después de tocar varias veces.

– Sí, sólo quiero descansar y estar sólo, por favor. – dijo con voz bastante acongojada.

– Ok, si necesitas algo háblame, ¿quieres?

No le respondió, así que ella entendió que algo le molestaba por lo que dejó de insistir y se retiró bastante inquieta. En tanto, el artista marcial contemplaba con tristeza la desgastada bufanda amarilla, sosteniéndola en sus manos. De pronto, la apretó contra su pecho fuertemente mientras varias preguntas le taladraban la cabeza de manera incesante. ¿Por qué así... por qué él... por qué a mí?

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Tarde | 1 de junio | Nerima, Japón

La lluvia se hizo presente desde las primeras horas de la mañana aquel día de junio, algo atípico para la temporada. Era una fina capa que caía de forma intermitente en toda la ciudad. Esto hacía indispensable para cualquier persona el uso de sombrilla o impermeable en el exterior.

Bajo aquellas incómodas condiciones climatológicas, Shinnosuke y Akane volvían con el remedio listo para el abuelo del guardabosque. Horas antes el viejo amigo del anciano llamó al dojo para avisarles que acababa de volver a casa. Los jóvenes acudieron de nueva cuenta a su domicilio con todos los ingredientes necesarios para la elaboración. El proceso fue rápido ya que el individuo tenía una vasta experiencia en esos menesteres, por lo que tardaron menos lo esperado. Ya con medicamento en mano, estaba presto para regresar a Ryugenzawa, una vez que el clima se lo permitiese.

A causa de la precipitación, en varias calles de la localidad se formaron grandes acumulaciones de agua. Los encharcamientos resultaban bastante molestos para los conductores y peligrosos para los transeúntes, porque nunca faltaba el imprudente que pasara a gran velocidad en su vehículo sobre estos, mojando a cualquiera que estuviera muy cerca, ya sea en la calle o la banqueta. Por ende, debía tenerse sumo cuidado al caminar por el barrio en esa situación.

La pareja marchaba sobre una acera detrás de uno de los muros de la escuela Furinkan. La joven Tendo portaba un sencillo paraguas rojo en tanto su compañero, además del bolso con el elixir, usaba una sombrilla en tonos marrón.

– Con esto tu abuelo podrá recuperarse. – sonreía mientras avanzaban.

– Estoy seguro que sí. Y no lo había logrado sin. – devolvió la sonrisa.

– Yo no hice mucho, sólo te acompañé.

– Ya sabes lo olvidadizo que soy, me hubiera perdido de no ser por ti.

A la vista de cualquiera, se notaba que el chico no sabía la manera correcta de acompañar a una dama por la calle. Él caminaba pegado a la barda en tanto ella lo hacía junto a la calle. Incluso su antiguo prometido, torpe y tosco con las mujeres, conocía cómo cuidarla ya que regularmente se trasladaba sobre cualquier muro o reja cercana para tener una mejor visión de posibles amenazas que pudieran lastimarla.

Shinnosuke no actuaba de mala fe; simplemente tenía poca experiencia en la ciudad y, asimismo, desconocía de las elementales reglas básicas de un caballero.

La pareja estaba tan concentrada en la conversación que no se percató de un coche que se acercaba a gran velocidad por la calle. El joven alcanzó a escucharlo cuando ya estaba bastante cerca así que determinó que pasaría muy próximo a la banqueta y que invariablemente mojaría a su acompañante. Con felinos reflejos la tomó de la cintura y la aprisionó contra el pecho; bajó la sombrilla para portaba para protegerla del líquido que salió propulsado por el paso del vehículo en tanto se refugió de la lluvia debajo del paraguas de ella.

Akane se sorprendió por el inesperado movimiento pues a causa de este, sus rostros quedaron a escasos centímetros. La pertinaz llovizna, el contacto físico, el atractivo de su acompañante y el complicado estado emocional le hicieron que se perdiera unos instantes en esos hermosos y expresivos ojos. En cambio, el joven guardabosque la contempló con un fulgor en la mirada provocado por tener tan cerca el precioso semblante que lo tenía prendado desde que se reencontraron.

Con premura colocó sus labios sobre los de la chica en una sutil y sincera caricia que le nacía desde lo más profundo del alma. Cerró los ojos y mantuvo el aliento mientras la sujetaba con firmeza de la cadera y se fundía en aquel beso robado. En cambio, ella se quedó inmóvil ante tal osadía, de la misma manera cuando Ranma la besó controlado por su miedo a los gatos. En su mente no daba crédito a ese atrevimiento, aunque por algunos breves instantes disfrutó del dulce gesto.

A pesar de que todo transcurrió en media decena de segundos, para ellos fue una eternidad. Una vez que recuperó la cordura, el joven se apartó visiblemente consternado. Ella lo observaba con sorpresa e incredulidad, pero sin decir o expresar algo.

– Lo siento mucho. No sé qué me pasó – confesó visiblemente ruborizado.

Akane no respondió porque estaba sumamente consternada y también confundida. Podría haberlo golpeado, gritado, reclamado o incluso abandonado por cometer tal imprudencia, pero desistió ya que lo que más le importaba era descubrir lo que realmente opinaba su lastimado corazón.

– Vamos a casa. – mencionó de modo indiferente mientras acomodaba la sombrilla.

Durante lo que quedaba del trayecto evitaron hablar sobre el tema. Comprendía que cometió un terrible error por dejarse llevar en aquel momento, aunque no se arrepentía pues amaba sincera e infinitamente a esa jovencita que le marcó desde la niñez. Sin la presencia de Ranma estaba seguro que podría ganar el cariño de la mujer de sus sueños. Por ese motivo razonó que valía la pena arriesgarse contra todo pronóstico.

Por otra parte, ella caminaba con paso firme sosteniendo el paraguas, pero haciendo un enorme esfuerzo por no desahogar los sentimientos que le causó aquella caricia. Sólo quería llegar a casa y refugiarse en la soledad de la habitación para aclarar sus ideas. Por extraño que pareciera, además de la confusión, un dejo de culpa la comenzó a incomodar.

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Ocaso | 01 de junio | Wakayama, Japón

Kenzo y Masumi entraron a la mansión después de un viaje de corta duración que realizaron con la finalidad de investigar un posible rastro sobre Deimos. El maestro se notaba algo inquieto pues suponía que era inevitable un enfrentamiento con este y porque percibía en él una conducta un tanto maquiavélica. Habían descubierto recientemente que el individuo también los investigaba y, además que les acechaba desde las sombras, muy diferente a la actitud de Genjuro. Por su parte, la joven Tōdō mantuvo cierta intranquilidad debido al estado de Ranma; sabía que lo que experimentó en la última misión podría afectarle de múltiples maneras.

Apenas ingresaron en el domicilio, la pequeña guardiana los recibió de forma efusiva y les hizo varios cuestionamientos sobre la travesía. El maestro le dio una escueta explicación ya que revelaría más detalles en la reunión diaria que realizaban por las mañanas. Ella aceptó sin reproches y en cambio le solicitó de modo insistente a su compañera la oportunidad de hablar a solas. Son cosas de chicas dijo en voz alta para evitar levantar sospechas en el hombre.

Ambas se encerraron en la habitación de Hikaru. Una vez dentro, la chica de ojos verdes se puso de espaldas a la puerta con los brazos por detrás y la mirada hacia el suelo, buscando una manera de explicar lo sucedido. Su colega tomó asiento para escucharla con atención.

– ¿Qué te sucede? – preguntó contrariada la mayor de los guardianes.

– ¡Ay Masumi! – un breve silencio transcurrió –, creo que hice algo muy malo.

– ¿De qué hablas?

– Pues de Ranma, ¿de quién más?

– ¿Qué pasa con él?

– Verás, anoche él se puso muy enfermo. Le dio bastante fiebre y tuve que hablarle al doctor para que lo revisara.

– ¿No le pasó nada malo? ¿Está en el hospital? – expresó algo desesperada la chica de ojos azules.

– No te preocupes de eso, esta mañana ya se sintió mejor. Sólo fue un fuerte resfriado, pero el doctor dijo que si tomaba las medicinas pronto mejoraría.

– Menos mal. Pensé que estaba más delicado de salud. Entonces ¿por qué te pones así?

– Verás, es que yo… tuve que decirle la verdad. – finalizó la oración con voz baja.

– ¿Cuál verdad? ¡Ya déjate de rodeos, por favor! – aumentó el tono un poco molesta.

– Le dije que fui a Nerima porque el maestro me lo pidió.

– ¿Por qué hiciste eso? Era un secreto. – la reprendió mientras se cruzaba de brazos.

– ¡Es que estaba muy preocupado por ellos! – juntó las palmas y bajó la mirada en señal de disculpas.

– Le dirás al maestro lo que hiciste para que hable con él. Estoy segura que Ranma entenderá por qué no se lo dijo – se levantó para ir a su recámara –. Me disculpas, pero tengo que desempacar.

– Es que aún hay algo más. – su compañera la detuvo. – Verás, nosotros llamamos al dojo donde vivía.

– Creo que Kenzo fue claro al decir que no debíamos hacer ese tipo de llamadas en estos momentos. – movió su cabeza de un lado a otro, en señal de desaprobación.

– Lo sé, pero es que quería ayudarlo. ¡Si lo hubieras visto anoche, deliraba de la fiebre, decía incoherencias y repetía el nombre de la chica con la que estaba comprometido! – declaró muy emotiva, intentando que su compañera comprendiera un poco sus motivaciones.

– ¿Y qué más? – tenía sospechas que aún faltaba algo por escuchar.

– Todo estaba bien, marqué el número, me contestaron y de pronto algo salió mal.

– ¿Pues qué fue lo que pasó, con exactitud?

– Verás, un chico nos contestó la llamada. Parecía que no vivía, pero de pronto se oyó la voz de Akane. Cuando Ranma la escuchó se puso muy serio, me pidió que colgara y se fue a encerrar en la habitación. Colgué inmediatamente y fui por él, pero me dijo que quería estar solo.

– Algo le habrá molestado. O tal vez se arrepintió, ¿no crees?

– Yo creo que es otra cosa porque se fue muy triste, como si se hubiera muerto alguien. Tal vez fue por saber quién nos contestó, porque ahora que recuerdo cuando escuchó cómo llamaba Akane a ese chico me pidió que colgara.

– ¿Y entonces no habló con ella?

– No, él sólo estaba escuchando… Sabes, he estado pensado y creo que quién contesto es su novio o algo así, porque Ranma lo reconoció por su nombre y fue cuando se puso mal.

Debido a la investigación que hizo sobre el artista marcial, Masumi conocía el compromiso que tenía este con la joven de cabello azul. Por esa razón siempre se preguntó el verdadero motivo por el cual abandonó la comodidad del dojo, pero parecía que hablar de ese tema le incomodaba bastante a su colega.

Escuchar toda la historia contada por Hikaru le hizo comprender que quizás había tenido un problema de índole sentimental ya que durante la estancia en la mansión nunca se comunicó al dojo ni mencionó su compromiso. Y en ese día, primero intentó comunicarse con ellos y después se arrepintió sin dar mayores explicaciones, confirmando sus sospechas.

– Seguro que ya se le pasará. Y no creo que debas incomodarlo con preguntas personales ¿de acuerdo?

– Sí. Y por eso le hice un postre para ofrecerle disculpas, pero cuando fui a su habitación no estaba. Lo busqué por toda la casa y no lo encontré. ¿Y si se fue de aquí? ¿O si le pasó algo malo? Aún está enfermo y anda por ahí, quién sabe dónde. – confesaba estos temores con ojos llorosos.

– Tranquilízate, por favor. Te ayudaré a buscarlo, no debe estar muy lejos.

– Cuando lo encontremos, ¿podrías hablar con él y decirle que lo siento? – mencionó como una súplica de una hermana menor a una mayor – Quizás todavía esté muy enojado conmigo por lo que le hice hacer.

– Eso deberías decírselo tú... y aunque yo se lo dijera, ¿qué te hace pensar que va a escucharme? Es muy terco.

– Estoy segura te escuchará, tú eres la persona a quién le tiene más confianza. ¿Si me ayudarías con eso? ¡Di que sí, por favor!

– No prometo nada, pero lo intentaré. – abrió la puerta para dejar la recámara.

La joven Konoye siguió buscándolo de nuevo en la gran casa donde vivían. Mientras tanto, Masumi salió hacia el primer lugar que se le vino a la mente dónde podría estar su colega.

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Desde el pináculo de la pagoda próxima a la mansión, Saotome observaba apacible y sereno la brillante gama de colores en tonos naranja provocada por el ocaso. El viento mecía sus azabaches cabellos mientras oía el trinar de las aves que surcaban por el pintoresco paisaje boscoso. De vez en cuando el matiz del cielo se interrumpía por el blanco de intrépidas nubes que aparecían por el firmamento. La vista resultaba bastante confortable y espectacular en aquel sitio.

Sin embargo, para él aquello resultaba indiferente. Sus azulados ojos, antes expresivos y vivaces, ahora estaban nublados por la melancolía. Y aunque observaba la preciosa postal estaba completamente obnubilado por un pasado sepultado, un turbio presente y un futuro aniquilado. Aunado al malestar general debido a la convalecencia, la desazón y la inquietud de su frágil estado emocional le subyugaban el espíritu.

No puedo creer que se haya olvidado de mí tan rápido y mucho menos que volviera con ese. Pensé que no sentía nada por él, pero ya veo que sólo fueron mentiras. Supongo que es mejor que yo… siempre lo fue. Tanto tiempo juntos para que en un abrir y cerrar de ojos todo se le olvidara. ¿Por qué, Akane?

Anhelaba con todas las fuerzas descubrir la forma de superar el dolor que carcomía la poca felicidad que recientemente había encontrado con el grupo. Percibía en la soledad a una compañera ideal en sus andanzas, ya que no tendría que darle explicaciones ni esta le exigiría compromisos; sería la única que comprendería la pena que le embargaba y con la que se sentiría en paz de ahora en delante. Esos pensamientos tan radicales venían de un hombre que tenía el corazón totalmente destrozado.

– Sabía que estarías aquí. ¿Estás bien? – escuchó decir a la joven de cabello castaño detrás de él.

Saotome no le respondió y prefirió seguir en su desoladora epifanía, pues quería evitar decir algo de lo que pudiera arrepentirse. Se encontraba en un estado de alta vulnerabilidad que temía exponer su auténtico sentir.

– ¿Aún estás molesto? Hikaru está muy preocupada por ti y quiere que sepas que no fue su intención que te pusieras así. – él aún le daba la espalda.

– No lo estoy – expresó de forma seca –. ¿Y sabes qué?, quisiera estar sólo.

– El peor remedio para lo que sientes es la soledad. – acertó a decir ella, ya que notaba en aquellas palabras mucho sufrimiento.

– Tú no sabes lo que me pasa. – masculló algo irritado mientras apretaba el puño derecho.

– Tal vez sí – respiró hondo antes de proseguir –. Es por ella, ¿verdad? ¿La extrañas?

La pregunta derribó las barreras que él se había auto impuesto para no expresar lo que realmente sentía por su ex prometida. Muchas veces negó con insistencia los sentimientos que le provocaba la chica de cabello azul, a excepción de la batalla en Jusenkyo y la confesión que le hizo semanas atrás. Esta vez los motivos para eludir lo que el corazón le dictaba se acaban de esfumar. Al contrario, la rabia por saberse despreciado lo empujaba a declarar sus más profundos secretos sobre el disuelto compromiso.

– Qué más da si la extraño o no. – murmuró mientras su mirada se perdía en el horizonte.

– Sé que pudo ser difícil lo que pasó entre ustedes, pero lo superarás.

– Es fácil decirlo. – la miró de reojo, todavía dándole la espalda.

– El tiempo todo lo cura.

– Si tú lo dices. – enfatizó con cierta ironía.

Ella le tocó el hombro con la intención de que hacerlo voltear. Saotome accedió de mala gana y cuando lo hizo, la chica pudo advertir la mirada perdida y el rostro desencajado de su compañero.

– Yo quiero ayudarte.

– Yo… no creo que puedas hacer eso. Además, esto es asunto mío. – evitaba mirarla directamente.

– Sé que no me incumbe, pero…

– Así es, no deberías meterte en lo que no te importa. – la interrumpió de forma bastante grosera.

Una estrepitosa bofetada le fue dada en la mejilla izquierda por parte de la chica, despertándolo del pesaroso trance en el que se encontraba. Se tocó la sección del rostro en donde había sido agredido y observó a la joven Tōdō directo a los ojos. La percibió un tanto acongojada, pero no le importó en demasía ya que aquel golpe le puso bastante furibundo, por lo que le recriminó aquella violenta acción.

– ¡¿Y por qué me golpeas?! – exclamó mientras sobaba su rostro.

– No tenías por qué contestarme así. – señaló decepcionada de la conducta del chico.

– ¡Pues es que yo no necesito de tu lástima! – vociferó muy irritado.

Masumi bajó la mirada para evitar intimidarse por la ira que se desbordaba de los azules ojos del artista marcial. Aspiró hondo, apretó los dientes y se disculpó mentalmente por lo que iba a decirle, ya que no se detendría por nada en expresar lo que pensaba.

– ¡¿Cómo puedes ser tan estúpido?! – bramó con bastante intensidad, atrayendo la mirada de un par de turistas que visitaban el templo.

– ¿Ahora soy un estúpido? – Saotome estaba decidido a no perder aquella discusión.

– Sí, ¡eres un perfecto idiota! – punteó su pecho con el dedo índice de manera retadora – ¿Y sabes por qué? Porque no dejas de compadecerte. ¿Acaso te crees que eres el único que ha pasado por algo así? ¿Qué nadie más ha sufrido por amor en este mundo? – la molestia de la chica era igual o superior a la que Ranma había mostrado segundos antes.

– ¿Y tú cómo sabes que yo me siento así? – le reclamó mientras se tocaba el pecho con la palma.

– ¡Por qué estás actuando como yo cuando pasé por algo similar, por eso!

– Ni si quiera me conoces como para saberlo. – bastante enfadado se cruzó de brazos.

– Tal vez no, pero ¿acaso tú sí te conoces bien?

– Pues… sí. – respondió casi por obligación, comenzando a sentirse acorralado por ella.

– Si es así, entonces acepta la realidad.

– ¿Y cuál es la realidad, según tú que todo lo sabes? – volvió a ponerse más iracundo, pues su compañera estaba pisando terrenos muy sensibles.

– ¡Aceptar, de una vez por todas, que se acabó! – exclamó deslizando las manos horizontalmente y en sentido contrario, con las palmas mirando abajo.

– Yo… solo estoy… – bajó los brazos a los costados pesadamente.

– ¿Estás qué? – apretó el cuello de su camisa bruscamente con ambas manos – ¿El "poderoso" Ranma Saotome, vencedor de semi dioses y demonios tiene miedo de afrontar la verdad?

– ¡Yo no tengo miedo! – vociferó desafiándola con la mirada, aún sujeto de la ropa por ella – Es que… – expresó esquivando la mirada de su colega.

– Dilo, si es que tienes el valor. – lanzó esa frase en tono retador.

– ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué la quiero? ¡Sí, la quiero con toda mi alma! – gritó aquella verdad desde lo más hondo de su ser y con sus ojos muy humedecidos.

Al terminar aquella explosiva declaración, descendió la mirada para evitar que su colega advirtiera la derrotada expresión en el rostro. En cambio, ella dejó de apretarlo de la camisa, levantó su cabeza por el mentón e hizo contacto visual con él. La furia que ambos mostraban había desaparecido dando paso a una tremenda aflicción por parte de Ranma y a una sincera compasión por Masumi.

– Saca todo lo que llevas dentro que te lastima. Todo lo que digas será nuestro secreto. Hazlo, te ayudará a sentirte mejor. – dijo con voz dulce y pausada, intentando animarlo a liberarse de la pesada carga que lo atormentaba.

Escuchar esas palabras hicieron pedazos el último atisbo de cerrazón que impedía su liberación. Muy atribulado, expresó lo que el corazón le gritaba hacía semanas atrás, cuando abandonó Nerima.

– Akane ya me olvidó y yo ni siquiera he podido dejar de pensar en ella. ¡Ya soy sólo un recuerdo, pero a mí me sigue importando tanto y no sé por qué! ¡¿No sé por qué carajos la sigo queriendo?! – cerró los ojos lentamente.

– No todo tiene un porqué en la vida; y algunas veces, aunque si lo tenga, es mejor no saberlo.

Enseguida sacó una botella con agua que llevaba en el bolso y la vertió lentamente sobre los azabaches cabellos de su colega, que adquirieron un tono rojizo instantáneamente debido a la baja temperatura del líquido.

– Para las chicas es más sencillo expresar las emociones y desahogarse. Tal vez esto te ayude. – confesaba mientras volvía a guardar la botella con el líquido restante.

Masumi advirtió que el chico no abría los ojos porque trataba de evitar que las lágrimas brotaran. Por ello, lo abrazó de manera efusiva, sorprendiéndolo con tal gesto. Quería apoyarlo en aquel complicado momento y eso era lo único que podía hacer. Cuando lo hizo se estremeció demasiado ya que este se aferró a ella angustiosamente, en un desesperado intento por expeler el sufrimiento que lo martirizaba. Asimismo, se conmovió profundamente al escuchar que los iniciales y leves sollozos del joven habían mutado en un llanto perenne y desconsolado. Acarició delicadamente los rojizos cabellos de la parte posterior de la cabeza para intentar consolarlo.

– Quizás nunca cambies lo que pasó, pero resiste y no tengas miedo. Tienes que seguir adelante. – le susurró al oído, provocando que este la sujetara con más fuerza.

La noche sorprendió a la pareja de guardianes en el templo. Ambos se mantenían en aquella posición, observados por algunos turistas curiosos que subían a la cúspide de la pagoda. A primera impresión proyectaban la idea de ser un par de amigas en un momento difícil, pero en realidad la joven Tōdō intentaba mantener cohesionada la frágil y dolorosa existencia del artista marcial.

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Continuará


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Buenos días/tardes/noches.

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Un difícil momento está pasando nuestro protagonista, aunque gran parte es producto de sus acciones del pasado. A veces para poder levantarse, hay que primero tocar fondo. Por su parte, Akane también sufre de diferentes maneras la fragilidad emocional que dejó la partida de su prometido. Aunque por ahora este es su único problema, a diferencia de Ranma, que carga sobre sus hombros el peso de una importante misión.

Este capítulo tuvo diferentes sensaciones, no era mi intención inicial, pero la trama se prestó para conjugar muchas emociones.

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Espero que sea de su agrado. Falta mucho más que contar y por aprender antes del reencuentro de los herederos del dojo Tendo (no es spoiler, creo que todos ya lo sospechan jajaja).

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Dejo un agradecimiento especial a Elisa LJ, Llek BM, Benani0125, Cristina Cruz, Kaysachan y JA Guerrero, por sus reviews con opiniones y sugerencias a este relato. Aprecio mucho que se tomen el tiempo para la retroalimentación a este escrito.

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Por último, quiero agradecer a las admins de las páginas de Face "Fanfics y Fanarts de Ranma Latino" y "Mundo Fanfics R&I" por sus recomendaciones. Si usted amable lector no los conoce, les recomiendo darse una vuelta, tienen bastantes sugerencias de fics muy interesantes sobre Ranma y algunos otros animes.