El beuf boginion olía deliciosamente bien. Había cortado y lavado las verduras frescas que había comprado en el mercado y las había dejado hervir. Y había cortado la carne en trozos para luego hervirlas también.

Estaba tomando un sorbo de vino cuando escuchó a Touya entrar. El, por su parte, ya había advertido la presencia de Tomoyo por la música de fondo de Carla Bruni y el aroma de la comida francesa.

- Bonjour, monseur - dijo ella, mientras le alcanzaba una copa de vino tinto- ¡Al fin terminé con la temporada de parciales y entregas!

- Felicitaciones, pequeña- dijo, y titubeó en recuerdo de haber quedado para vernos.

- No, pero me dieron ganas de festejar- y demoró unos segundos en entender-. Oh! ya tenías planes.

- Buenas noches- dijo una voz familiar.

- Es que tenemos visitas- dijo, mientras entraban a la cocina Yukito y Yue miraban a una Tomoyo sorprendida y alivada por ser ellos los invitados.

- No hay problema- dijo ella- Ya me retiro.

- De ninguna manera- dijo Yukito-. Te nos unes a la cena.

Tomoyo asintió sonriente y mirando a la olla, dijo preocupada: - Espero que haya suficiente comida.

Los gemelos reorganizaron la mesa colocando más cubiertos, copas y platos mientras Touya se cambiaba y ayudaba a Tomoyo a servir. Decir que Tomoyo estaba nerviosa era decir poco.

- Tengo que decir que este plato te ha quedado muy bien- alabó Yukito.

- Gracias, Yukito. Eres muy amable.

- Realmente te quedó delicioso - aseguró Touya.

- ¿Cómo te sientes en tu último día como treintañero?

- A partir de mañana, ya eres oficialmente un viejo- bromeó Yukito.

Touya no contestó nada y solo se dedicó a comer mientras Tomoyo lo observaba divertida.

- Pero me imagino que el estar con esta joven tan encantadora te debe de sacar todo lo gruñón - dijo Yukito, guiñandole un ojo.

- Ya callate- gruñó.

- No sé como haces para resistir a los encantos de este galan- dijo Yue, mientras tomaba un sorbo de vino.

- Yo tambien tengo mi mal humor.

- Pues no te creo - refutó Yukito.

- Tomoyo, ¿sigues cantando?

- A veces. Estoy dedicada más que nada a la fotografía e imagen.

- ¡Qué pena!. Tienes una hermosa voz y mucho talento- insistió Yue.

- Gracias... ¿pero cómo sabes de mí voz?

- Te vimos hace un par de años en un pub que yo solía tocar.

- ¿Ustedes estaban el día que Touya me persiguió al Pub?

- Ajam- asintió Yukito-. Y dejaste una gran impresión en mi amigo.

Touya soltó los cubiertos ruidosamente y se puso de pie.

- Voy a servirme más. ¿Alguien quiere más?- todos observaron divertidos como Touya se encaminaba hasta la cocina para alejarse de la situación.

- No entiendo que es lo que te molesta del tema- le gruñó Yue-. Somos todos adultos que sabemos lo que ocurre.

En ese momento, Touya volvía a la mesa y le daba el plato a Yukito mientras miraba con odio a Yue.

- ¿Hasta donde saben? - le preguntó Tomoyo a Touya

- Lo justo y necesario - aclaró Touya.

- Oh - susurró Tomoyo, revolvió la comida en silencio avergonzada.

Yukito, que ya estaba bastante molesto con todo el secretismo, dijo:

- No hagas esto, Touya.

- Tú no hagas esto- gruñó Touya.

- Somos tus amigos - le recordó Yue- ¿Por qué siempre el misterio? Nos sabemos todos tus secretos. ¿Acaso nos crees tan prejuiciosos como para pensar que te vamos a juzgar?

- Es que tú no lo entiendes... - dijo Touya enfurecido.

- ¿Sabían que Touya probó brownies locos?- dijo Tomoyo, en un intento desesperado por aliviar la conversación.

- ¿Qué tú qué?!- exclamó Yukito divertido.

- No es un tema para hablar ahora- dijo entre dientes.

- Y pensar que con nosotros nunca querías fumar nada. ¿Cómo lo lograste?

Niña, tú has hecho estragos en este viejo.

- Ya lo creo- dijo Tomoyo, observando a un Touya nervioso. No recordaba haberlo visto nervioso jamás.

Hubo un silencio incómodo que fue interrumpido por Yukito.

- Propongo un brindis por mi amigo Touya- dijo, mientras levantaba su copa de vino. El resto le copió el gesto:- Gracias por tu amistad. A pesar de ser un viejo gruñon, te queremos igual.

Touya sonrió mientras todos chocaban sus copas. Ya se había relajado lo suficiente como para sonreír.

- Hace unos días fui al lago Kawaguchiko. ¿Se acuerdan de ese lugar?

- Claro que sí. Era un lugar muy de moda en nuestra época.

- Ahora solo lo visitan los turistas- señaló Tomoyo.

- Pues tu deberías visitarlo, pequeña. Te encantaría el paisaje para sacar fotos.

- Nosotros solíamos ir allí en la motocicleta – explicó Yue.

- ¿Tenían motocicleta?- preguntó Tomoyo entretenida.

- Así es. Touya y yo teníamos una Honda- explicó Yue -. Y mi hermano tenía una Kawasaki que meaba aceite.

Tomoyo observó a Touya sorprendida mientras los amigos se reían de la moto de Yukito.

Jamás me contaste que tenías una Honda. Pagaría por verte sobre una moto.

- No puedo negar que era un chico con estilo. Y supo darme sus buenas conquistas.

- Yo no me hubiese podido resistir - aseguró Tomoyo-. ¿Y qué pasó con esa motocicleta?.

- Está en la casa de Tomoeda. Hace años que no la toco.

- ¡Qué desperdicio! Tienes que sacarla a lucir - le animó Tomoyo.

- Tal vez - dijo Touya pensativo, mientras se le ocurría una idea.

- ¿Y cómo te está yendo con la fotografía, Tomoyo?

- Estupendamente bien. Amo lo que estoy aprendiendo y mis docentes son muy interesantes. Son de esos docentes que transmiten todo lo que saben en una clase. Tambien me estoy especializando en el área de fotografía visual.

- Escuché cosas estupendas de esa universidad. ¿Te ha salido alguna oferta de trabajo?

- No tanto como una oferta de trabajo- dijo ella, y armándose de valor, soltó: - Un amigo del secundario me pasó un dato de un grupo de fotógrafos viajeros.

Los hermanos la miraron con interés mientras que Touya la observó con sorpresa.

- ¿Por qué no me lo contaste? - preguntó este.

- Por qué no pensé que me llegara a interesar. Pero ahora lo estoy considerando.

Touya asintió lentamente sin dejar de quitarle de encima los ojos penetrantes.

- Es una buena oportunidad. Deberías considerarla- le dijo, mientras volvía a su plato.

- Lo haré - le dijo ella, sonriendo.

El resto de la comida fue amena. Los amigos se dedicaron a recordar anécdotas de sus años más jóvenes. La juventud de Touya estaba marcada por más aventuras de las que Tomoyo creería. El joven Touya tenía sueños y ambiciones que poco tenían que ver con manejar una empresa. El atribuyó el cambio de rumbo a la madurez, pero Tomoyo sabía que la muerte de su madre y la pequeña Sakura estuvieron mucho más relacionado a sus decisiones.

Una vez culminada la comida, Yukito y Tomoyo comenzaron a levantar la vajilla y llevarla a la cocina. Y comenzaron a calentar el agua para el té y servir el postre.

- ¿Y como van las cosas con Touya?

- Bien - contestó ella, -. Bueno... bien en la medida de lo que se puede esperar. Mantenemos las cosas simples y así funcionamos bien.

- ¿Sabes que esta relación no tiene nada de simple, no?

- Ya lo creo - dijo Tomoyo, ladeando la cabeza hacia un lado.

- De todas maneras, tengo que admitir que me agradas para mí amigo - admitió Yukito, guiñándole el ojo-. Eres una mujer interesante y desafiante. Y has logrado domar a Touya de más maneras de las que tú crees.

- Tal vez. Nos entendemos sin mucho lío. Aunque, claro está, esto no puede ser para siempre - dijo ella, con un dejo de tristeza.

- Entiendo que es una situación un tanto compleja. Pero por eso no deben dejar de estar juntos.

- No solo es eso...- dijo Tomoyo, mientras servía el agua caliente en la tetera-. Aunque quisiéramos estar juntos... aunque lo intentáramos no resultaría.

- ¿Y cómo estás tan segura de ello?

- Porque no nos perdonamos el habernos atraído. Touya se lo recrimina a cada rato. Al final del día, la culpa es más grande que el afecto - explicó con tranquilidad.

- Tiene esa cosa de hombre correcto que lo hace sentir así- admitió su amigo-. Pero si sigue contigo a pesar de todo ello, es porque le importas mucho como para no dejarte ir.

- Parece que ninguno de los dos se cansa del otro pero no sé hasta que punto seguiremos juntos - confesó con pena.

- ¿Y dices que si lo hablasen con sus padres no comprenderían la situación?

Ella negó rotundamente con la cabeza y dijo: - ¿En qué panorama esto puede ser aceptado? ¡Somos hermanos, por Dios!. Cuando el novio de Sakura nos vio casi me da un infarto.

- ¿El lo sabe? - preguntó sorprendido.

- Si. Vio algo sospechoso y no demoró en sacar sus propias conclusiones.

- Mierda - murmuró.

- Así que… o nos seguimos ocultando o nos separamos para siempre.

Yukito observó como decía todo eso con sincera serenidad. Colocaron las tazas en una bandeja y los platos con el postre en otra y se dirigieron al living.

Una hora más tarde los hermanos anunciaron su retirada.

- Yo los acompaño a la cochera- dijo Touya, mientras abría la puerta para que pasaran.

- Muy bien. Fue un gusto, Tomoyo - se despidió Yukito, sonriente.

- Lo mismo digo.

- ¿Te vemos el domingo, verdad?- preguntó Yue mientras se despedían.

- Allí estaré.

El trío cerró la puerta y se encaminaron al elevador en silencio.
Cuando llegaron al coche en el que habían venido los hermanos, Yukito dijo:

- Tengo que confesar que me voy muy satisfecho con la visita.

- ¿Y por qué lo dices?

- Porqué hace años que no te veía así de relajado - concluyó Yukito.

Touya lo miró sorprendido.

- Esa chica te está sacando lo gruñón y ni te has dado cuenta- aseguró Yue.

- Ya cállate- le dijo, con un leve tono de fastidio.

Luego de finalmente despedirse, Touya volvió al apartamento. Tomoyo estaba en la cocina, comiendo un pedazo de torta de chocolate con los dedos de una forma bastante tierna.
Touya se apoyó al marco de la puerta y la observó unos segundos en silencio. Ella no se percató de su presencia hasta que levantó su mirada.

- Este postre está delicioso - dijo, con la boca llena.

Touya se acercó y la abrazó, dándole un tierno beso en el cuello.

- ¿Sabes qué? – le susurró al oído.

¿Qué? – pregunto, mientras seguía comiendo pequeños pedazos de torta.

Hoy me di cuenta de lo feliz que me haces.

Tomoyo se dio vuelta para mirarlo a los ojos. No pudo decir nada más que transmitirle el mismo sentimiento con la mirada. Esas palabras fueron como un aire fresco para la relación,

Apoyó su frente en la de él y pasó sus brazos sobre su cuello.

Yo también soy feliz contigo.

El sonrió con tranquilidad y luego de unos instantes en silencio, le dijo:

- ¿Qué tienes que hacer mañana?

Comentario de autora:

Buenas. Cuánto tiempo! Tenía abandonada esta historia pero se sorprendió que haya gente que la siga leyendo. Por lo tanto, me decidí a terminarla. Quedan 4 capitulos que con gusto iré escribiendo.

Espero que me digan que piensan de este capítulo. La canción elegida para este capítulo es " Quelqu'un m'a dit " por Carla Bruni.

Nos leemos pronto, Aknuk.

P.D Agradezco al GUESS que me avisó que el capítulo estaba mal subido.