-¿Cómo te va en las clases, Syaoran?-.
-Bastante bien, aunque me ponga nervioso o me enfade puedo controlar los temblores y mi rabia-.
Eriol y él caminaban hacia la casa cueva del Alfa, que había convocado una reunión.
-Ya han pasado casi dos meses, ¿Has probado a luchar con Sakura?- preguntó Eriol con una sonrisa divertida.
Syaoran resopló con fastidio.
-No ha hecho falta, hace mucho que no soy más fuerte que ella. Pero creo que más o menos estamos al mismo nivel-.
Eriol asintió, pensativo.
-Tal vez tú seas más fuerte de lo normal porque tienes magia-.
Syaoran se encogió de hombros.
-No lo sé, pero me alegro de que ella no sea más fuerte que yo, porque se vengaría de todo lo que le he hecho-.
-¿Cómo? ¿Qué le has hecho?- preguntó Eriol entrecerrando los ojos.
-Yo... me refería a... no es nada malo, tranquilo-.
Eriol le dedicó una sonrisa traviesa, entendiendo a lo que se refería.
-Sois unos pervertidos- murmuró levantando una ceja.
Syaoran enrojeció.
-Cállate, que tú tampoco te quedas atrás- bufó, molesto.
Los dos se rieron en voz baja mientras entraban a la gran sala de reuniones.
Se sentaron entre la gente y esperaron.
A las diez en punto, Fujitaka y Sonomi subieron a la pequeña plataforma.
-Hoy tengo algo muy importante que anunciaros a todos-.
Sakura y Tomoyo acababan de llegar, sentándose al lado de sus mates.
-Creo que ha llegado el día de dar un paso atrás y que Sakura tome el mando- añadió Fujitaka.
Sakura se quedó petrificada en su asiento.
-¿Qué?- preguntó en voz alta, confundida.
Fujitaka le hizo un gesto y ella se levantó, caminando hasta estar al lado de su padre.
-Tú también deberías venir, Tomoyo- la llamó Sonomi.
Una vez que las dos chicas estuvieron junto a ellos, Fujitaka siguió hablando.
-Sakura dirigió muy bien nuestra respuesta al ataque que tuvimos hace un par de meses, ya va a cumplir 22 años, es valiente, inteligente y está preparada. Por eso yo me retiro, junto con Sonomi. A partir de hoy tenemos una nueva Alfa y una nueva Beta-.
La sala irrumpió en aplausos, pero Sakura y Tomoyo todavía no habían podido reaccionar.
Tomoyo se acercó a su amiga y le sujetó la mano, dándole un apretón.
-Estamos juntas en esto, yo siempre te ayudaré-.
Sakura la miró con cariño y después a su padre.
-¿Cuál va a ser tu primera decisión?- le preguntó él.
Sakura lo meditó unos segundos.
Miró a Syaoran, que seguía sentado entre la gente.
El chico frunció el ceño al sentir que la rabia se acumulaba dentro del cuerpo de ella.
(Sakura, no lo hagas) escuchó ella en su mente, pero decidió ignorarlo.
Se aclaró la garganta antes de hablar.
-Quiero acabar con la manada del sur, ya nos han jodido bastante y quiero terminar con ellos-.
Decidieron que el ataque sería en Marzo, cuando la nieve ya se hubiera derretido en todo el país y les resultara más fácil correr siendo lobos.
Syaoran intentó convencerla para que no lo hiciera pero no sirvió de nada.
Ya estaban a finales de febrero, seguía haciendo frío pero eso a ninguno de ellos les molestaba.
Sakura y Tomoyo acababan de terminar los exámenes del primer cuatrimestre de la universidad, ya solo les quedaba un cuatrimestre más y ese mismo verano terminarían la carrera.
Un sábado, los cuatro amigos descendían de lo alto de la montaña.
Todos los fines de semana se dedicaban a entrenar a Syaoran, para que aprendiera a luchar siendo un lobo.
-Creo que ya sabes todo lo necesario- le dijo Eriol, palmeando su hombro cuando llegaron a la ciudad.
Syaoran asintió con gesto serio.
-Será la semana que viene, ¿verdad?- preguntó Tomoyo.
-Sí, ya no quiero esperar más- respondió Sakura.
Se despidieron y cada pareja se marchó en dirección a su casa cueva.
-De verdad que no tienes que hacerlo, Sakura. No tienes que vengarte por lo que me hicieron-.
-Por su culpa estuviste a punto de morir y tuve que transformarte. Quiero que paguen por lo que hicieron, quiero encontrar a ese lobo negro y destrozarlo con mis propias manos- gruñó ella entre dientes.
Syaoran cerró la puerta y se acercó a ella, abrazándola desde atrás.
-Me gusta ser un licántropo, no te arrepientas de haberme transformado-.
Ella se giró para mirarlo a los ojos.
-¿En serio? ¿No preferirías seguir siendo humano?-.
Él negó con la cabeza.
-Ahora estamos más unidos y puedo ir contigo a todas partes. Lo prefiero así-.
Ella sonrió y se puso de puntillas, sujetándole por el cuello para poder dejar un beso en sus labios.
-¿Tú no quieres encontrar a ese lobo negro?- preguntó Sakura, levantando una ceja.
Syaoran frunció el ceño.
-Claro que sí-.
Ella sonrió de forma malvada.
-No saben lo que se les viene encima-.
-No todos serán culpables, Sakura. Seguro que hay muchos que lo único que hacían era obedecer a su Alfa. No es necesario hacer una masacre- le respondió Syaoran.
-Eso ya lo veremos cuando estemos allí- contestó ella, tajante.
Una semana después, la mitad de la manada había viajado hasta Kioto, cerca de la ciudad donde Syaoran había vivido cuando era pequeño.
Aquello le trajo recuerdos poco agradables.
-Tranquilo, no vamos a pasar por Okayama- le dijo Sakura sujetando su mano.
Todos estaban en su forma humana, habían alquilado unos coches que dejaron a las afueras de la ciudad.
Caminaron en pequeños grupos para no llamar la atención, hasta que llegaron a las afueras de la ciudad.
-¿Dónde vive esa manada?- preguntó Syaoran en voz baja.
Sakura señaló una pequeña montaña que se veía cerca de ellos.
Se adentraron en el bosque y empezaron a caminar por la montaña.
-¿Por qué vamos en forma humana?- preguntó Syaoran en voz baja.
-Porque así hacemos menos ruido- susurró Sakura.
La idea era llegar lo más cerca posible sin ser descubiertos.
Tras unas horas caminando, todos se detuvieron.
Sakura inspiró lentamente.
-Huele a lobo que apesta- susurró.
Eriol y Tomoyo reprimieron una carcajada.
Todos empezaron a quitarse la ropa y a guardarla en las mochilas que habían traído.
-Es mejor que tú empieces como humano, Syaoran. Utiliza tus poderes para asustarlos- murmuró Sakura en voz baja.
-¿Y luego tendré que volver a Kioto desnudo?- preguntó él.
Si tenía que transformarse en mitad de la batalla, rompería toda su ropa.
Sakura levantó una ceja y lo miró de arriba a abajo.
-Eso no estaría nada mal... pero no dejaré que nadie más te vea desnudo. He traído ropa para ti- dijo ella señalando su mochila.
Cuando todos terminaron de desnudarse se transformaron en lobos.
En unos segundos Syaoran estaba rodeado de decenas de lobos, casi eran cien en total.
(Bien, vamos) escuchó a Sakura en su mente.
Todos empezaron a caminar hacia un pequeño claro.
Pudieron ver cabañas de madera al fondo, algunas echaban humo por sus chimeneas.
Se escucharon varios gritos y empezaron a aparecer lobos por todas partes.
Syaoran se detuvo, con Sakura a su lado y todos los demás detrás de ellos.
Enfrente tenían a decenas de lobos, enseñándoles los colmillos.
-Los que no tuvieron nada que ver con el ataque y no luchen ahora serán perdonados- gritó Syaoran para que todos lo oyeran.
Varios lobos se miraron entre ellos.
Syaoran se fijó en cuatro lobos negros que estaban juntos.
Uno de ellos tenía sus ojos amarillos fijos en él.
La ira recorrió sus venas, pero se esforzó por no transformarse.
Sakura lo sintió y siguió la mirada de Syaoran, viendo al lobo negro.
Su pelaje se erizó y enseñó sus colmillos, gruñendo.
Syaoran juntó las manos e hizo aparecer su espada, entre una niebla azulada.
Unos veinte lobos de la manada enemiga empezaron a retroceder.
Los lobos negros gruñeron pero esos veinte lobos los ignoraron, emprendiendo la retirada a toda prisa.
Syaoran levantó su espada, apuntando con ella al cielo.
-¡Dios del trueno, ven!-.
Su espada empezó a brillar y de ella salió una gran bola de rayos que al principio asustó a Syaoran.
Sabía que desde que era licántropo sus poderes habían aumentado, pero todavía no estaba acostumbrado.
La bola se extendió delante de ellos y explotó en miles de rayos, alcanzando a muchos de los lobos enemigos.
Los lobos negros gruñeron y empezaron a correr hacia ellos.
Sakura y los demás también se abalanzaron al ataque.
Syaoran cerró los ojos y pegó la espada a su frente.
-¡Dios del agua, ven!-.
La espada se volvió azul y una gran ola surgió de ella, arrastrando a varios de los lobos que corrían hacia ellos.
-¡Dios del hielo, ven!-.
El agua se transformó en hielo, atrapando a los lobos que había arrastrado.
Syaoran sonrió y miró a su alrededor.
Las dos manadas de lobos estaban muy mezcladas, aunque podía saber a cual pertenecía cada lobo por el olor.
Pero ya no podía seguir atacando con su magia, se arriesgaba a herir a alguno de los suyos.
Hizo desaparecer su espada y se transformó en lobo para unirse a la lucha.
Siguió el rastro de Sakura y la encontró siendo acorralada por los cuatro lobos negros.
Al estar más cerca, pudo sentir el aroma de ellos y descubrió que el lobo de ojos amarillos era el Alfa de la manada, por lo tanto era el más fuerte de todos.
Desvió la vista al lobo negro que se acababa de lanzar a por Sakura, que parecía ser el Beta.
Syaoran se abalanzó sobre él y clavó las garras en su lomo, haciendo que el lobo soltara un aullido de dolor.
Al quedar libre, Sakura saltó sobre el Alfa.
A unos metros de allí, los demás también estaban peleando por sus vidas.
Tomoyo corrió hacia donde estaba Sakura, uniéndose a su pelea con los lobos negros.
Syaoran destrozó el cuerpo del lobo Beta y se lanzó a por otro de ellos que acababa de herir a Tomoyo.
Eriol también apareció, saltando sobre otro de los lobos.
Al final solo quedó el lobo Alfa, acorralado por ellos cuatro.
Sakura se transformó en humana para poder hablar con él.
-Ríndete ya- gruñó, agachada en cuclillas.
El lobo negro también se transformó en humano, fijando sus ojos amarillos en Syaoran.
-Debí acabar contigo ese día- le dijo con voz grave.
Syaoran le enseñó los colmillos.
Dejó de mirarlo para clavar sus ojos en Sakura.
-Nunca me rendiré, al menos me llevaré conmigo a uno de vosotros... espero que sea al mago-.
Sakura sonrió de forma malvada.
-Como quieras- respondió antes de volver a transformarse en loba.
(Dejádmelo a mí y ayudad a los demás) les dijo a los otros tres mentalmente.
Tomoyo y Eriol le dedicaron una última mirada de odio al lobo negro, que también había vuelto a transformarse, y corrieron hacia donde estaba la batalla.
Pero Syaoran no se movió de allí.
(Vete, Syaoran).
(No).
Antes de que Sakura pudiera contestarle, Syaoran se abalanzó sobre el lobo negro.
Empezaron a pelear pero el lobo negro, al ser Alfa, era mucho más fuerte que él.
Cuando estaba a punto de morder a Syaoran en el cuello, un fuerte golpe lo apartó de él.
El lobo negro cayó al suelo pero volvió a levantarse, encarando a Sakura que era quien le había golpeado.
Syaoran también se levantó, tenía heridas en el lomo y una pata rota, pero no pensaba rendirse.
Sakura y Syaoran se miraron y los dos se lanzaron juntos a por el lobo.
(¡Parad!).
Todos los lobos dejaron de luchar, impresionados.
Los de ambas manadas habían oído ese grito en su mente.
Giraron sus cabezas en busca de la dueña de esa voz, hasta que vieron a dos lobos sobre una roca.
Uno de ellos tenía los ojos verdes y el otro los tenía de color ámbar, los dos estaban heridos pero se mantenían de pie con gesto serio.
(Se acabó, el Alfa ha muerto. Si podéis oírme es porque ahora yo soy vuestra Alfa).
Todos los lobos pudieron ver que a los pies de la loba caoba se encontraba tirado el cuerpo del lobo negro.
(No quiero una guerra, ni quiero mandar aquí. Debéis elegir un nuevo Alfa para vosotros, y ese Alfa deberá obedecerme y respetar las normas. Se acabó lo de luchar entre nosotros, no quiero que vuelva a pasar).
Los lobos se miraron, confundidos, y uno de ellos de color blanco caminó hasta la roca donde estaba Sakura.
(Yo me ofrezco para ser el nuevo Alfa).
(¿Cómo te llamas?) preguntó Sakura.
El lobo clavó sus ojos azules en ella.
(Yue).
(Bien, Yue. ¿Aceptas gobernar aquí y estás dispuesto a firmar un acuerdo de paz entre nuestras manadas?).
(Lo estoy).
(Y vosotros... ¿aceptáis a Yue como Alfa?).
Un coro de aullidos confirmó que Yue contaba con el apoyo de su manada.
Sakura miró a Syaoran y no pudo evitar sonreír, mostrando una gran hilera de dientes.
(Por fin, Syaoran. Se acabaron nuestros problemas)
