Luz artificial, lo único que ilumina las calles de Begin. Ni las estrellas, ni la misma luna puede atravesar las nubes. Seguido, las calles y edificios vacíos son pintados de verde por los relámpagos del cielo. Solo una cosa mantiene viva la ciudad, o, al menos, se le puede considerar así. Pequeños drones circulares patrullan las calles sin descanso. Son tantos, que resultaría inútil intentar contarlos. No hay calle alguna en todo el centro de Begin que no esté siendo vigilado. La seguridad se extiende hasta asegurar cada calle, avenida y carretera que conduzca a una entrada a la ciudad.

No hay necesidad de luz, cada pequeño robot puede ver en la oscuridad absoluta. Por su apariencia esférica, sin lente visible, es imposible saber hacia dónde observa, excepto para aquellos que conocen su diseño.

Existen lugares donde un dron de esa naturaleza no podría buscar. Uno de ellos, son los enormes contenedores de basura en callejones bajo edificios grandes. Detrás, el escuadrón Zenoka junior espera una oportunidad. Se trata de Marshall, Kira y Alvin, liderados por Igusu. Todos uniformados, equipados con un lente comunicador —gafas, en el caso del armadillo— y un cinturón con pequeños bolsillos; solo el albatros y su padre para equipar algunas herramientas en él.

—Aquí Igusu Zenoka, a todas las naves —habló en voz baja—, identificamos el patrón de vigilancia de este grupo. Esperen la señal y avancen a la ubicación señalada en el mapa.

Quien se encarga de mapear es Alvin, usando siempre sus gafas y controles en sus guantes.

—Nos tomará toda la noche encontrar a Yoku…

—Paciencia, Marshall. Nuestro primer objetivo es recuperar la base.

—Está muy lejos, padre, ¿seguro que a este paso podremos llegar antes del amanecer?

—No podemos apresurarnos. Esos drones podrán detectarnos incluso con camuflaje, eso incluye a las naves.

—Las cuales, ni siquiera son naves de combate como tal.

—Exacto, pero, ese no es el problema real. Superamos en número a nuestros enemigos, la única ventaja real que tienen es la tormenta, y todos contamos solo con una oportunidad de sobrevivir a sus rayos. No podemos arriesgarnos a ser descubiertos. ¡Rápido! ¡Todos, avancen!

Siguiendo un estricto camino, invisibles, avanzan poco a poco por la ciudad, siempre asegurando puntos estratégicos para ocultarse.

No es solo por los suelos que los drones patrullan, el cielo también está plagado de ellos, pero, no se molestan en buscar dentro de los edificios, donde el escuadrón Genevil se oculta. Siempre en el piso más alto posible. Las oficinas de algún tipo de empresa son el sitio para esta ocasión.

—¡Nos tomará décadas llegar a la base!

—Tengan paciencia, sigamos las instrucciones de Zenoka hasta saber si de verdad hay una base qué recuperar.

—¿Crees que la hay, Albert?

—Siendo franco, para nada.

—Señor, ¿cree que la repartición de anillos fue adecuada?

—Cuídenlos y utilícenlos solo si es de vida o muerte. No podemos luchar contra la tormenta, es por eso que nos ocultamos por ahora.

—Solo un anillo para cada uno, todos nosotros a pie, el resto de agentes especiales, incluso el escuadrón Zenoka dentro de las naves, ¿de verdad es buena idea?

—Esperemos que lo sea… ¡Es hora! ¡Corran!

Es probable que no hubiera tiempo para programar cada dron disponible en la base, por eso, la vigilancia deja pequeños y fugaces puntos ciegos que cada escuadrón debe aprovechar para avanzar. Hace tan solo una hora que el sol se ocultó. Sin duda, será una noche larga.

La batalla de Begin

Lo que la tormenta se llevó

Las naves se mueven como piezas de ajedrez, esperando su turno en un tablero lleno de puntos de muerte. Se estacionan en lugares donde los drones nunca los buscarán: basureros, enormes cocheras, incluso se abusa de los árboles para confundir cualquier posible imagen, aunque, para sorpresa de todos, ningún dron busca entre las plantas.

Dentro de uno de los vehículos, muy apretados por el exceso de agentes, se encuentran Katly y Qkidna.

—¿Cuánto falta?

—No lo sé…

—Ese Alvin, olvidar mis guantes en el edificio, cuando le ponga las manos encima…

—¿A tus guantes, o a Alvin?

—Sí.

—Solo espero que la base esté bien, no quiero que el plan de B sea la única opción.

—¿Sabes? Me gusta el plan B, suena a más… adrenalina. No he tenido adrenalina pura desde el regreso a clases, bueno, a menos que ser descubierto entrenando a escondidas cuente.

—No, no, cállate, no quiero esa adrenalina, suena a que me dará un infarto aquí mismo.

—¡Ja, ja! ¿Con esa actitud pensabas llegar con Blue ayer?

—¡Cierra la boca! Cielos, no puedo creer que me convencieran de intentarlo.

—Si se ejecuta el plan B, y sobrevivimos, tendrás que hacerlo de nuevo.

—Por favor, no…

—Si todo sale como dice el plan A, obligaré a Blue a hacerlo, ¿qué opinas?

—Que el caos te escuche…

—Aquí Igusu Zenoka —inició una transmisión—, este es el sexto intento por comunicarnos con la base. Una vez más, no hay señal de ningún tipo. Avancen según las coordenadas a mi señal.

—Je, je, se aproxima el plan B.

—No —lloriqueó en silencio…

El miedo es real, sería mejor intentar distraerse mientras no se pueda hacer nada, pero, los únicos distractores para los chicos no son mucho mejores que la vida real. Para Katly, es imposible pensar en su última conversación con Blue, sobre todo cuando un inocente Qkidna no deja de recordarlo. Por su lado, el erizo está ansioso, sabe que podría ser su última oportunidad de pelear y demostrar algo, pero, eso dependerá de que puedan encontrar sus guantes, necesita que el plan A siga su curso.

—Atención a todos los escuadrones, hay un cambio de planes. Encontramos un camino limpio, todas las naves muévanse a las posiciones marcadas a mi señal.

—Bien, bien, aceleremos el ritmo.

Ocultos en un callejón, Igusu da nuevas instrucciones a su equipo.

—Bien, es un camino más largo, pero llegaremos más rápido así.

—La ironía…

—A mi señal, corremos. Cuando estemos libres, avanzaremos a toda velocidad. Las naves y el escuadrón Genevil no deberían tardar en alcanzarnos.

—Jethog seguro se adelantará. Bien, que sea una carrera.

—Tranquilo, Marshall. Seguro habrá más drones cuando nos acerquemos. Bien… ¡ahora!

Todos los equipos se movilizan. Tal como Igusu aseguró, las calles se despejan luego de algunas cuadras. Fue Alvin quien consiguió asegurar este camino, pues Dexter regresa a su mochila.

Una vez libres para avanzar, el águila extiende sus alas, manteniendo un vuelo cercano a la superficie, mientras que Alvin enciende sus patines, Marshall se impulsa con fuego y, bueno, Kira acelera el ritmo, quedándose solo un poco detrás.

Según el mapa en sus lentes, les tomará algunos minutos llegar a su velocidad actual, pero, a la mitad de ese tiempo…

—¡Aquí Albert Genevil al escuadrón Zenoka!

—¿Qué sucede?

—Será mejor que pensemos en otro plan.

—¿Qué quieres decir? Habla claro.

—Ya no existe ninguna base qué recuperar.

—¿Qué?

—¡No existe ninguna base qué recuperar!

Sobre un alto edificio, un punto ciego más para la innumerable manada de drones, Blue ve con enorme sorpresa que, todo lo que alguna vez fue el edificio más grande que jamás había visto, está reducido a un mar de escombros, hectáreas de rocas y restos de naves junto con otros instrumentos, incluso muebles de oficina son visibles para los más atentos.

—Imposible…

—Entonces, por eso no había comunicación.

—Bueno, miremos el lado bueno, ahora podrán construir un nuevo centro comercial, estaba cansada del mismo.

—Esperemos la orden de Zenoka, no hay nada qué hacer ahora.

—Qkidna…

No deben esperar mucho, pronto, el escuadrón Zenoka se topa con otro ángulo de la escena. Deben permanecer ocultos. Por fortuna, lo que haya destruido el edificio no solo afectó esa zona. Otras construcciones cercanas están reducidas a ruinas también, brindando la oportunidad de ocultarse entre escombros.

—Padre, ¿qué hacemos ahora?

—Maldición… debí suponerlo.

—¿Tenemos oportunidad contra alguien que puede hacer esto?

—Tranquilo, Alvin, debieron esforzarse mucho entre los cuatro para conseguirlo, seguro quedaron exhaustos luego de eso.

—Señor, ¿seguro que no tenemos otra opción?

—Me temo que no, Marshall. Quiero que estén listos, debemos permanecer ocultos. Haremos que las aves abandonen su nido. ¡Atención todas las naves! ¡La base fue destruida! ¡Repito: la base fue destruida! ¡No hay armamento para recuperar! ¡Ejecutaremos el siguiente plan!

—¡No! ¡El plan B no! —Qkidna, furioso.

—¡Creí que querías el plan B!

—¡Por supuesto que no! ¡¿Quién querría el plan B! ¡Es un suicidio!

—¡Los dos! ¡Guarden la calma! —ordenó un miembro del equipo de Igusu— ¡Quiero que se sostengan bien! ¡Haremos esto, chicos! ¡Por Begin!

—¡Por Begin! —un ensordecedor grito fue la señal. Los amigos se toman de las manos mientras los pilotos apagan el camuflaje a la vez que aceleran.

Dos naves se hacen presentes, elevándose solo un poco para recorrer las calles alrededor de la inexistente base, llamando la atención inmediata de los drones.

—¡Todos…!

—¡Todos…!

—¡Prepárense! —gritaron los líderes de cada escuadrón.

Los drones siguen la asombrosa velocidad de ambos vehículos solo de vista. Pasa menos de un minuto cuando el primer rayo cae del cielo, generando un monstruoso estruendo, audible a kilómetros del lugar.

En aquella arboleda, dos naves permanecen en tierra. La acción fue audible clara y con fuerza hasta ese lugar. Dentro de un vehículo, Hanawa, Harito y Kyusai mantienen contacto con el resto de agentes. En varias pantallas pueden ver cada ubicación, signos vitales y las herramientas de cada uno de los individuos, incluso el escuadrón Genevil.

—Ejecutaron el plan B, no hay base qué recuperar.

—Maldición, ¿Zenoka sabe lo que hace?

—Ese ruido —Azuri, asustada en los extensos asientos traseros—, ¿los chicos estarán bien?

—Chao, chao…

—Tengan fe en Igusu, no haría esto de no estar seguro que funcionará —habló Harito, con una amable voz que busca calmar a la rubia y el chao.

Varios truenos se repiten en secuencia, no será una noche tranquila.

—Harito, dile a Weschenfeller que entre a la nave, quizá sea lo mejor.

—Sí, tienes razón.

Volando a pocos metros sobre los vehículos, Qkarii ve el lejano espectáculo de luces verdes. Está aterrada, de eso no hay duda, pero, no es lo único atormentándola. ¿Está bien quedarse atrás?

—Nunca habían mostrado todo ese poder —su voz apenas es audible, pues más luces son emitidas, seguidas de sus respectivos truenos.

La consecuencia de todos esos ataques fue obvia: destrucción. Grandes edificios esparcidos a kilómetros alrededor. Una abundante pantalla de humo impide a los drones buscar con eficacia, hasta que sus censores detectan el movimiento ágil y fugaz de ambas naves. ¿Cómo siguen en pie? Poco importa, pues la solución es obvia, más rayos.

El espectáculo podría dejar ciego y sordo a cualquiera que no venga preparado, pero, todos los presentes saben eso. Las naves se mueven protegidas por un grueso escudo atómico. Una barrera verde semi transparente que repele los escombros más pequeños para dar más libertad de maniobrar, esquivando con mayor eficacia las rocas grandes y los calculados relámpagos.

En sus lentes, transmitido hasta las naves en la arboleda, una gráfica muestra cómo los escudos repelen las raíces más débiles que salen de cada rayo.

La acción dura solo un minuto más, los relámpagos se detienen. Tras un rápido chequeo, los lentes muestran que la estática en las nubes ha desaparecido.

—Funcionó. Alvin, ¿conseguirte rastrearlos?

—¿Ah? ¿Dijo algo?

—Ey, hablen más fuerte, ¿por qué susurran?

—¿Qué pasa, Marshall?

—Kira, ¿tú también?

—Oh, no…

—Esperen… ¡Están en Tekno Sky! ¡Se esconden ahí! Dexter detectó cuatro señales de energía atómica provenir de ahí!

—¿Qué dijiste?

Presionando unos cuantos botones, los datos se transmiten a todos los aliados.

—Bien, ¡destápense los oídos y andando!

Los daños colaterales no solo se traducen en estructuras aplastadas como juguetes para niños. Ningún dron sobrevivió, aplastados o explotando, solo revelan que el plan de las aves no era nada perfecto.

Al acercarse al delgado, pero alto edificio de la compañía Tekno Sky, más drones aparecen. Los escuadrones en tierra abren paso a las naves, equipadas con cañones de energía para derribarlos con rápidas ráfagas.

—Aquí escuadrón alfa, no hay señales de más energía atómica acumulándose en las nubes. Seguiremos adelante, bridaremos cobertura.

—Escuadrón beta, confirmamos la ausencia de energía atómica en los alrededores. Identificamos cuatro fuentes de energía débiles en el interior, bridaremos cobertura aérea.

—Bien —Igusu, transmitiendo para todos—, acaben con los drones, despejen el camino para que avancemos sin ser detectados. Escuadrón delta, mantengan la posición.

—Bien, bien, no puedo esperar para quemar vivo a Orago.

—Mantén la mente fría, Marshall. Recuerden no tomarse ningún duelo personal, nuestro trabajo en equipo es primordial.

Entonces, un rápido recuerdo se reproduce, en dos ocasiones, Igusu y su equipo fueron capaces de vencer con extrema facilidad. Es entonces que la determinación nace en los tres.

—Bien, estoy listo.

—Armaré mi cañón.

—Cuenta con nosotros, padre.

—Bien, solo esperemos a…

—Advertencia —sonó la voz del escarabajo—, energía neutra acumulándose a gran velocidad, sobrecarga inminente.

—Alvin, ¿qué sucede?

—Eh… Algo ocurre dentro del edificio, no sé exactamente…

Todos se sorprenderían cuando una escandalosa onda expansiva sería disparada desde Tekno Sky. Como las ondas en el agua, se expande a gran velocidad hasta cubrir un kilómetro a la redonda. Solo levantó viento, no hubo impacto alguno, pero, todos los aparatos comenzaron a fallar. Las luces se apagan.

—¿Qué pasó?… ¿Hola? ¿Alguien me escucha?

—Ay… Tengo problemas con Dexter, perdí comunicación con mi cañón, no podré armarlo hasta… ¡Ya está!

—Me siento… extraño…

Marshall intenta prender fuego en sus extremidades, pero no consigue nada.

—¿Qué está pasando?

Más intentos, concentra su energía lo mejor que puede, pero solo consigue que insignificantes flamas vivan menos de un segundo.

—Oh, no…

—¿Qué ocurrió, padre?

—Fue una onda electromagnética. Todas nuestras herramientas dejarán de funcionar por un tiempo, y… Seres Comunes y Especiales no podrán usar sus poderes.

—¡¿Qué cosa?!

—¡¿Cuánto tiempo dura el efecto?!

—Podría ser media hora, incluso más, dependiendo de la frecuencia que usaran.

—Maldición, ¿qué haremos entonces…?

El sonido del cañón armándose los interrumpe. En un instante, las gafas y patines de Alvin funcionan de nuevo.

—¿Por qué él sí puede usar sus armas?

—Ya veo… La energía dorada debió resistir el pulso.

—¡Padre, arriba!

Tres luces verdes iluminan el cielo. Orago, Kory e Ien se hacen presentes. Los dos últimos se disponen a atacar las naves, ha comenzado el combate. Los vehículos se defienden, pero sus armas son mucho más débiles que antes, incluso la movilidad se vio afectada, apenas pueden seguir el ritmo. Por otro lado, Orago parece solo estar patrullando, sin perder el tiempo en ningún sitio.

—Sus escudos están activos, la energía atómica también lo resiste, pero, consiguió traspasar la barrera.

—¿Qué podemos hacer? ¿Disparo?

—No, Yoku y las Kokoda deben permanecer dentro. Aprovechemos esta oportunidad. No tenemos poderes, ¡pero estamos armados y podemos pelear!

—¡Estoy de acuerdo! ¡Entremos ahora!

—Bien, aprovechemos esta oportunidad mientras no sepan que estamos aquí.

—Estoy listo… Sí, ¡vamos allá!

—Aquí, Igusu Zenoka, ¿alguien me escucha? Albert, ¿puedes oírme? Maldición, espero que tomen la decisión correcta…

Cualquier cobertura baja o alta que las naves quisieran ofrecer, no lo harán más. Los escudos repelen toda la energía atómica, incluso los rayos, pero, no soportarán un impacto físico con la fuerza suficiente para atravesar el muro más grueso, y enemigos como Ien tienen esa fuerza. Es una batalla donde los cazadores deben atrapar una presa mucho más grande que ellos.

Todo esto puede ser visto desde un piso alto por el escuadrón Genevil, donde, al menos Albert y Rebeca, intentan hacer funcionar sus armas mientras observan a Blue luchar por controlar su espada. Ashley observa por las ventanas.

—¡Si no hacemos algo, les patearán la cola!

—Nada funciona… No puedo comunicarme con nadie. Fue un pulso electromagnético.

—Señor…

Los sables de Rebeca pierden la mayor parte de su distintivo brillo rojo, asemejándose a rocas delgadas y calientes.

—Interesante. Será mejor que no las uses hasta que el efecto haya terminado. Blue, ¿qué tal Zafait?

—No puedo controlarla, ¡rayos!

Al igual que en sus guantes, todo brillo en la espada es casi inexistente. Intenta hacerla levitar, pero es como si se tratara de un peso injusto para el chico, solo consigue levantarla un poquito, sin separarla del suelo.

—No, no puedo —la deja caer.

—¡Veo a Orago buscándonos! Ien y Kory quieren derribar las naves. Ey, fue una buena idea esconder a Hóllow y a mi crush en la tercera nave, ¿eh?

—¿Tu qué?

—Señor, ¿qué hacemos ahora?

—Tengo el presentimiento de que Igusu no se quedará atrás por nada. Seguirá con el plan.

—No veo a Yoku, a Saki o a Kina por ningún lado. Deben estar dentro todavía.

—¿Señor?

—Podemos esperar a que el efecto pase, pero es cuestión de tiempo para convertirnos en daño colateral. Debemos entrar. ¡Esperen a que esos tontos destruyan sus propios drones y avancemos!

Las cosas no lucen tan agitadas dentro de la única nave que permanece camuflada a una distancia segura. Mayor parte de los agentes dentro se encuentran buscando la manera de arreglar todo el vehículo.

—Trabajamos con el 30% de nuestra capacidad. Propulsores, sensores, armas, todo el sistema fue dañado.

—No hay comunicación con los demás escuadrones o con los agentes de información.

—Bueno, podría ser peor, podrían contarnos del plan B sin mencionarnos que somos parte del afortunado escuadrón delta. O, espera, ¡eso hicieron!

—Tranquilo…

—Señorita Hóllow, no tenemos contacto con el capitán, pero, creo que debemos llevar a cabo el protocolo.

—¿Tan pronto?

—¿Cuál protocolo? ¿De qué me perdí?

—Las naves serán derribadas si no les brindamos apoyo. Aún con el 30% de nuestra capacidad, tendríamos la ventaja. Si no actuamos ahora, Yoku Kagawa terminará de regenerarse y tendremos rayos cayendo del cielo antes que la situación mejore.

—Katly, ¿qué protocolo?

—Bien —sonó nerviosa, pero determinada—, hay que hacerlo.

—¡¿Qué protocolo?!

—El protocolo en el que demuestro lo que puede hacer un Ser de las Sombras —de su cinturón, saca una cápsula con la energía de diez anillos dorados, absorbiéndola de inmediato.

—Wow, wow, wow, ¡¿Katly?!

Sin dar más explicaciones y con un gran salto, la gatita se vuelve intangible para salir sobre la nave. Se mantiene firme gracias a un par de botas, parte del uniforme, con las que se mantiene adherida al metal.

Despegan, no hay camuflaje que los proteja, pero poco les importa. Tan pronto se acercan, Katly libera toda su energía en la forma de una oscura nube de energía púrpura. El objetivo es acercase a sus compañeros. El primero en notarlo es Orago, y ¿cómo no? la nube de oscuridad avanza como una tormenta de arena compacta.

En medio del combate, era imposible notarlo, pero, con el gavilán estático mientras intenta entender, se puede apreciar el uso de un traje, similar a los uniformes del Equipo Especial, pero más delgado, negro, sin ningún tipo de bolsillo o cinturón.

—Esa nube… ¡Hóllow!… ¡Kory, Ien! ¡Aléjense de esa nube!

—¡¿Cuál nube?!… ¡¿Qué demonios?! ¡Ahh! —se escuchó a través de un comunicador en el oído del ave.

—¡¿Qué es esto?! ¡No puedo ver nada!

—Ay… par de idiotas… ¡Dispersen la energía con una onda expansiva! ¡No esperen que vaya por ustedes!

Sería la peor idea, al menos eso piensa él. Es imposible ver o escuchar algo a través del mar negro que apenas dejó de extenderse, pero no es lo que le preocupa ahora.

—Maestro, dudo mucho que todo el Equipo Especial esté en esas tres naves, seguiré buscando. No hay señales de Qkarii… ¿Maestro?… Bien —suspiró—… Supongo que no está de humor.

Dentro de la gran nube, Qkidna se mantiene atento al lado de los otros nueve agentes. Los sensores de la nave consiguen detectar todo tipo de objetos a través de un sonar, pero, en realidad, es Katly quien les describe tan rápido como puede todo lo que ve.

Con gran asombro, el erizo observa cómo las tres naves consiguen dañar a sus enemigos antes de que estos dañen la nube con una explosión de energía que, por supuesto, evitarían gracias a la advertencia del Ser de las Sombras que nada con total libertad a través de este mar de sombras.

—Katly, ¿cuándo te volviste tan poderosa?

—Es gracias a los anillos, ingenuo. ¡Kory a las 3!

El vehículo dispara, dando en el blanco.

—De no ser porque las armas son más débiles, ya estarían agonizando en el suelo. ¡Eres genial!

—Ji, ji, gracias.

La velocidad de la gaviota y el azor debería bastar para evitar los ataques y salir de la nube, pero hay tres problemas: no tienen idea de dónde están, las sombras se regeneran y Katly los aturde con pulsos de energía.

—¡Orago! ¡Necesitamos ayuda aquí!

—¡Ahh! ¡Solo exploten y ya!

—Pero…

—¡Yo los cubriré! ¡Ahora!

—Bien…

Un acto de resistencia más, los láseres y pulsos no bastan para sacarlos del transe necesario para acumular la energía que necesitan. Cuando están listos y sus cuerpos rebosan de aura, la liberan en una poderosa onda expansiva que acaba con toda la nube negra en un solo segundo. Las naves son golpeadas con una fuerza tremenda mientras las estructuras cercanas son rasgadas; algunas de estas terminan por caer gracias al daño acumulado en el combate.

El poco control de los vehículos no evita que un par aterricen mientras la tercera se mantiene a flote luego de algunos roces.

Un último pulso de energía sombra es liberado hacia el suelo mientras Katly intenta frenar su caída. Al hacerlo, pierde su intangibilidad, con la que evitó ambas ondas expansivas. Como en el pasado, consigue aterrizar a salvo, solo un poco adolorida por el esfuerzo.

En el aire, Ien y Kory se resienten por su propio esfuerzo, humeando energía verde con cada músculo de su cuerpo adolorido. Orago se reúne. Sus trajes parecen hacer algo.

—Regresen al edificio y recupérense, debería tomar menos tiempo gracias a los trajes.

—El maestro… sí que tomó una buena elección…

—Estoy cansada de ser derrotada… Tsk…

Desde el suelo, Katly observa la retirada.

—Chicos, ¿están todos bien?

—Lo mismo podría preguntarte —Qkidna, recuperándose del impacto con el resto de agentes.

Las barreras atómicas siguen activas, solo que parpadean un poco, quizá el próximo impacto acabe con ellas. Orago observa con cuidado mientras las naves vuelven a elevarse, sabe que no falta mucho tiempo para que las armas recuperen su verdadera capacidad, es momento de actuar.

Un segundo asalto comienza, los pilotos reaccionan de inmediato a la agresión de Orago, pues delgados y fugaces rayos son disparados de sus alas. Esta vez será un tres contra uno.

El escuadrón de Igusu lo ve todo desde las enormes ventanas en las oficinas. No paran de avanzar sin importar qué, están incomunicados de cualquier manera. Para su mala fortuna, los elevadores están destruidos, muchos caminos de escaleras tapados por escombros que Alvin debe destruir a cañonazos. Es obvio que Yoku no los quiere tan pronto.

El armadillo se asusta de vez en cuando por la violencia en el exterior, pero, las aves parecían cuidar el no destruir el edificio desde un inicio. No parecen estar por cansarse pronto, suben piso tras piso, sin señales de las aves, el escuadrón de Genevil o cualquier señal de vida. En el camino, Marshall sigue intentando encender fuego sin obtener resultados distintos al anterior.

—Ser Mental detectado.

—¡Alto!

Con la orden de Igusu, el frenar de todo su equipo pudo sentirse. Se reúnen, uniendo espaldas para vigilar cada ángulo a su alrededor.

—¡Saki, Kina! —Alvin, nervioso— ¡No queremos enfrentarlas! Por favor…

—Al menos, no así —Marshall, dispuesto.

—Alvin —Kira, en vox baja—, intenta rastrearlas…

—¡Kina! Entiendo su enfado, comprendo lo que hacen, pero deben escucharme, ¡ese no es el camino que buscan! ¡Yoku Kagawa solo planea utilizarlas!

Entonces, Igusu comienza a levitar, iluminado un poco por un brillo rosa.

—Agh… Si ayudan a Kagawa, permitirán que muchos más sufran tragedias similares o peores que las de Weschenfeller, ¡su investigación no termina con ella! ¡Debe hacer muchas pruebas más para conseguir lo que busca!

Desesperados, Marshall y Kira buscan alrededor, pero es Alvin quien encuentra a una camuflada Saki, disparando en el acto. La pequeña estira su mano para capturar la esfera de energía en su telequinesia y arrojarla de vuelta.

—No lo creo.

Levantando su cañón para bloquear el ataque, un delgado y transparente escudo dorado se forma justo a tiempo para repeler la energía, casi doblando su fuerza y velocidad. Por la sorpresa, Saki retrocede sin la reacción para repetir su defensa, pero es Kina quien ahora aparece para bloquear la inestable esfera con su pierna cubierta de energía y patearla lejos, provocando una fuerte explosión.

Al igual que las aves, las hermanas vienen uniformadas, pero, sus trajes son distintos, la energía rosa se puede ver fluir por diminutos canales a lo largo de todo el traje, concentrándose de manera especial en las manos y las piernas de ambas.

—¡No queremos pelear!

—Pues no es lo que parece, Marsh.

—¡Chicas! ¡¿De verdad quieren ayudar a Yoku?! ¡De verdad piensan sacrificar a Qkarii por algo de ayuda!

—Ni siquiera pueden saber si Yoku les dice la verdad.

—¡Cállense! ¡No queremos dejar morir a Qkarii! Intentaremos algo, pero… si el Equipo Especial puede dejar morir a tanta gente… no es como que nosotras seamos peores, ¿no lo cree?

—No saben de lo que están hablando —declaró Igusu.

—Si Yoku puede darnos una oportunidad de vengar a nuestra familia, ¡entonces lo ayudaremos!

—¿Venganza?

—¿Su familia?

—Las palabras no ganarán esta batalla. Kira, Marshall, Alvin, esto lo vivirán incontables veces. Los ideales y la visión de la verdad son tan variables como nuestra propia raza. Es inevitable enfrentar a otros en un choque de ideas, incluso si esos rivales son viejos aliados.

—Padre…

—¡Debemos vencer a las Kokoda para llegar a Yoku!

—¡No lo permitiremos! —ambas hermanas atrapan a los chicos, pero los cañonazos de Alvin cortan su concentración al tener que evitarlos.

—¿Cómo podemos vencerlas? Sin armas funcionales ni poderes… Un Ser Mental es muy complicado de lidiar.

—¿Sin poderes? ¡Ja! Es hora de darle un giro al asunto, Kira.

—¿Marshall?

El lobo toma la delantera con calma, confundiendo al grupo completo.

—Están tan confiadas de que pueden sacarnos del lugar como antes sin que podamos pelear, ¿creen que un pulso electromagnético basta para detenerme? Kina, Saki, antes peleábamos por deporte, pero, ahora…

Alzando un poco un brazo, revela su brazalete, activando el nivel máximo de su potenciador.

—¿Qué…?

—Marshall, ¿qué es…?

—Ser de Fuego detectado.

—Imposible…

—¡Ahora pelearé en serio! —encendió brazos y piernas al fin, desatando un calor inmenso.

—¡¿Cómo puedes hacer eso?! ¡Debería ser imposible!

—Cortesía de Albert Genevil.

—¿Ah?

—¡Alvin! ¡Tú y yo contra las Kokoda! ¡Kira, señor! Ustedes avancen, nos encargaremos.

—¡S…Sí!

—Marshall, ¿seguro que…?

—Seguro —la determinación en su voz borró todo posible comentario.

Tocando el hombro de su hijo, el capitán indica el curso a seguir.

—¡No permitiré que…! ¡Agh…!

Antes que Kina intentara poner su poder sobre las aves, recibe un golpe del lobo en su rostro.

—Concéntrate en mí, Kokoda.

En el mismo momento, Saki intentó intervenir, pero se vio obligada a frenar un cañonazo dorado. Antes de poder devolverlo, Alvin ya se encontraba frente ella, golpeando la energía con su cañón para conseguir el daño. La pequeña es arrojada con fuerza al suelo.

Viendo esto, Kina se reincorpora, luce furiosa, el combate a comenzado mientras Kira e Igusu abandonan el sitio lo más rápido que pueden.

Por fuera, Orago se percata de las explosiones y la luz provocada por las llamas. La frustración lo invade, pues se ve obligado a tan solo notificar de esto a sus compañeros, no puede abandonar la batalla aérea.

Mostrando más habilidad que los retirados, consigue evitar la mayoría de disparos, se tratan de muchos cañones entre las tres naves. Por si eso fuera poco, algunos agentes se aventuran a salir del vehículo para disparar o buscar atrapar al gavilán con redes o látigos de energía, fallando en la mayoría de intentos hasta que, por fin, uno consigue sujetar una pierna.

—No te atrevas.

Intenta jalarlo, pero la fuerza de Orago es superior, se eleva para separar al agente de la nave y utiliza la inercia para arrojarlo lejos. Mientras evita más agresiones, observa uno de los vehículos ir al rescate, lo aprovecha para arremeter con ellos. De una embestida, rompe el escudo, haciendo que la energía atómica se evapore. Da un rápido giro para eludir más disparos y se coloca sobre la nave, aterrizando con fuerza para empujarla al suelo y rematando con un rayo.

Satisfecho, puede ver a 8 agentes salir antes de estrellarse. Cada uno equipado con un aparato para volar, aunque, ahora solo pueden usarlo para aterrizar con suavidad.

—Oh, no… Oye, Kat, odio usar las palabras de Kina en estos momentos, pero, Orago podría patearnos el trasero. ¿Dónde estás?

—Lo siento, ¿qué quieres que haga allá? Estoy en el edificio.

—¡¿Qué planeas hacer?!

—¡Ayudar!

—¡Nosotros necesitamos ayuda! ¡Argh! Si tan solo tuviera mis guantes…

La turbulencia repentina le impide seguir quejándose. No es que no lo haya pensado ya. Si la base está destruida, ¿qué probabilidad hay de recuperar los guantes? Por alguna razón, aún conserva la esperanza.

Tras varios minutos de correr sin parar, la familia Zenoka consigue llegar al piso más alto accesible. Con precaución, abren una puerta, la entrada al sitio más amplio y despejado de todos, la oficina del presidente de esta compañía. Lo único que ilumina es la batalla del exterior, acabando en instantes con el silencio del lugar. Puede que la enorme habitación esté pensada para pesadas juntas directivas, o cosas por el estilo. Ahora, es el sitio de reposo para Yoku y sus aves de presa.

Kory e Ien permanecen de pie a cada lado del largo escritorio, sus cuerpos siguen humeando, pero solo un poco. En medio, una pretenciosa silla permanece volteada, pues el cóndor intenta mantenerse al tanto del combate.

—Una de tus naves calló. Tus agentes parecen dispuestos a entrar, ¿debería enviar a Ien o a Kory? Tal vez ambos, así sus muertes serán más rápidas.

—Dime, Yoku, ¿así es como te imaginas a ti mismo? Cuando te miras en un espejo, ¿ves tu rostro reflejado en una lujosa oficina? ¿Te sientes digno de tanto poder?

—Yo creé este poder, agente. Soy el único que entiende el verdadero potencial de la energía especial, o, al menos, el único que comprende el camino que nuestra raza debe seguir, ¿no lo crees? ¿Por qué no dejas ese intento de ataque sorpresa?

—¿Intento de ataque sorpresa? Estoy aquí, esperando a que tú voltees a verme.

—No hablaba con usted —gira su silla, revelando la presencia de un lente—, agente.

Al lado de ambas aves, Albert, Rebeca, Ashley y Blue aparecen, dejando a un lado la idea de usar camuflaje.

—Blue…

—Albert…

—Parece que nuestra jugada nunca iba a funcionar de todos modos, agente. Bien, es hora de acabar con esto, Yoku.

—Albert, "mi querido alumno", el mejor que tuve jamás. Todos estos años y sigues sin entender.

Colocando sus manos sobre la mesa, se pone de pie, mostrando un sonido metálico con cada movimiento, cada articulación haciendo su trabajo. Como era de esperarse, esto pone en guardia a todos.

—Sin importar cuánto tiempo pasara, jamás pude olvidarte, fuiste el único que alguna vez creyó ciegamente en mí. Crecimos tanto juntos, nunca podrás imaginar cuánto me devastó que me traicionaras. Entonces, regresas a mí, justo cuando creí que habías desaparecido de mi mente, regresar para hacerme frente como no pudiste aquella vez. Dime, Albert, ¿terminarás lo que comenzamos? ¿O huirás como aquel entonces?

Se muestra de pie delante del escritorio, reluciendo una negra armadura: garras abiertas, una coraza casi uniforme cubriendo la totalidad de sus piernas y torso, pero, en las alas, una delgada malla mostrando el fluir de su energía a través de la misma. Por las insignias, es deducible que se trata de una combinación de tecnología encontrada en la compañía y un traje del mismo Equipo Especial.

—Si hui de ti ese día, fue porque tenía un sueño, un propósito por el cual sobrevivir sin importar qué. No podía oponerme a ti, pero, ahora, soy mucho más fuerte, mi meta es mucho más clara y, lo más importante, no estoy solo ahora. Te venceré, detendré tu hilo de dolor y ¡convertiré tu grotesco trabajo en algo mejor!

—Entonces, ¡ven a mí! ¡Demuestra que tu voluntad es superior a la mía! ¡Ni tú, ni Igusu Zenoka o alguno de tus Seres Especiales podrá evitar este enorme salto en la evolución!

—¡Ataquen!

Bajo la orden de Igusu y un simple ademán de Yoku, un nuevo choque de poder e ideales comienza.

Todo el edificio tiempla, pues la explosión de poderes en los pisos de en medio es enorme. La batalla entre los chicos y las Kokoda ha tomado algunos pisos, oficinas, estaciones de trabajo y demás.

Marshall y Kina mantienen un combate cercano la mayor parte del tiempo, pero, entre choques de puños, intentos por bloquear usando brazos y piernas, cualquier contacto físico, la rosa debe retroceder de inmediato por el calor que el lobo desprende, sin mencionar la posibilidad de quemaduras por el contacto excesivo.

Intenta frenarlo con su telequinesia, pero, cada ocasión que consigue atraparlo, Marshall levanta una columna de fuego que la obliga a teletransportarse o, en su defecto, cubrirse con una ligera barrera que desvía todas las llamas, pero soltando al canino en el proceso. Cada vez que esto ocurre, un muro cae, haciendo más difícil el combate, pues, entre esquivar escombros, subir o bajar de piso, cambiar de escenario, es inevitable recibir un oportuno golpe, esfera de energía o bola de fuego.

Saki procura estar lo más cerca posible de su hermana, pero Alvin no se lo deja fácil. Sus patines cohete no solo le permiten mantenerse a la altura en velocidad, incluso superándolas, ahora puede mantenerse en el aire por pequeños periodos de tiempo para maniobrar. Sus cañonazos son mucho más rápidos, como ráfagas de energía que la pequeña puede atrapar y mantener orbitando a su alrededor.

Busca devolver sus ataques al chico, pero Dexter le da una enorme ventaja para prevenir la trayectoria de cada esfera dorada o rosada al detectar su flujo de energía, incluso si planea desviarlas a medio camino. Se mueve con extrema agilidad entre escombros y muebles, saltando y usando sus cohetes para maniobrar y mantenerse a la par con la levitación de Saki, pero, cuando le será imposible esquivar, usa su nuevo escudo en el cañón para bloquear y repeler, incluso absorbe la energía de vuelta en esta última ocasión.

—¡No debiste!

Un super disparo la obliga a desaparecer, provocando una enorme explosión para formar un agujero en la pared.

—Ups…

Al distraerse, se ve atrapado en la telequinesia de Saki, la cual, a diferencia de su hermana, puede inmovilizarlo por completo.

—¡Vamos, Saki! ¡En realidad odio tener que pelear con ustedes! ¡Busca en los recuerdos de Kory e Ien! ¡Debes unir todos los puntos! ¡No pueden confiar en Yoku!

La pequeña muda ve a los ojos al armadillo. El chico no lo había notado hasta entonces, esa expresión tan triste, acompañada con la impotencia de no poder expresar lo que siente con palabras.

—Saki… ¿qué es lo que pasó? ¿Qué fue todo lo que sintieron ahí? ¿Por qué odian tanto al Equipo Especial?

Abre la boca por un segundo, como si olvidara que no puede hablar. Cierra sus ojos con frustración, luego, ve una vez más a su amigo, otra vez ese semblante. Al verla así, Alvin quiere interpretar algo, como una súplica o, quizá, una disculpa. Entonces, el armadillo desaparece, teletransportado sin aviso u oportunidad de oponerse.

Con el ruido de explosiones, impactos haciendo temblar todo, sin darle importancia a nada de eso, la pequeña baja al suelo, se encoje, abrazando sus rodillas.

Algunos pisos debajo, el campo de batalla brilla al rojo vivo, cubierto por las llamas del lobo.

—¡Ríndete, Kina! ¡Sabes que este no es mi máximo poder! ¡No quiero lastimarte en serio!

—¡¿No quieres lastimarme?! —bajó para mostrar las quemaduras en sus manos, cuello y rostro.

—Bueno, no más de la cuenta, supongo.

—¡Argh!

Arremete en su contra. En respuesta, Marshall levanta un pilar de fuego, por fortuna, Kina reaccionó a tiempo para saltar con un giro hacia atrás y esquivarlo. El lobo predijo esto, aceleró usando sus llamas como propulsores para alcanzarla en un instante, da un pequeño salto para golpearla en el abdomen, pero la chica desaparece. Una segunda predicción, se impulsa de nuevo para girar y conectar el golpe detrás suyo, alcanzando su rostro tan pronto aparece. Kina cae, se tambalea un poco, pero permanece firme. Intenta sostenerse en algo, pero todo arde en fuego, apenas consigue dónde pararse.

—No… eras tan fuerte la última vez que luchamos.

—No habíamos luchado así antes.

—Ese brazalete… es un potenciador, ¿no es así? Por eso puedes usar tu poder a pesar de estar bajo el efecto del pulso.

—¿Y qué si lo es?

—¿Me vencerás con un poder que no te pertenece?

—¿Qué quieres decir?

—¡Esta no es tu verdadera fuerza!

—¡Claro que lo es! O… ¡¿qué más da si no lo fuera?! ¡¿No están dispuestas a todo para seguir luchando, pelear por lo que creen?!

—¿Y tú por qué peleas?

—Yo… Agh…

Por un momento, Marshall dirige la mirada a otro sitio, uno podría decir que busca la respuesta en algún lado, pero, no es que no la tenga. Todo comenzó por su rivalidad con Blue, un poco de envidia, tal vez, entonces, ¿por qué pelea? Este instante de distracción bastó para que Kina se teletransportara y el lobo no pudiera reaccionar a tiempo para evitar una fuerte patada en su rostro.

No se contiene, desaparece de nuevo para alcanzarlo antes de aterrizar y conecta una segunda patada en su espalda. Repite el proceso para alcanzar su estómago, luego lo alcanza de nuevo para buscar su pecho, pero…

—¡Ya basta! —generó una fuerte explosión para repelerla.

Recupera el aliento mientras coloca sus manos sobre pecho y abdomen, el dolor es mucho, pero el serval no pretende darle tiempo de recuperarse. Se abalanza sobre él de nuevo, no queda otra opción excepto prepararse y recibirla, así lo hace al bloquear una patada con ambos brazos.

Kina desaparece para golpear su espalda, pero Marshall la obliga a desaparecer de nuevo arrojando un lanzallamas. Todo en un instante. Por más que la psíquica busca conectar una patada certera, su rival es más rápido, conoce su patrón de movimientos, es casi imposible sorprenderlo, en especial con todo el fuego que despide con sus ataques, pero, comienza a cansarse.

Prediciendo su siguiente aparición, arroja un codazo que Kina tendría la suerte de cubrir con ambas manos a reacción.

—Cuando dijiste, "cortesía de Genevil", ¿qué quisiste decir?

—¡Ahh!

En un fugaz movimiento, se coloca en la espalda de la chica para golpearla, pero desaparece al momento.

—¡¿Qué significa que tengas tecnología de Genevil en tus manos?! ¡¿Eh?! —acusó, levitando sobre él.

—Grrr… No recuerdo que pudieras teletransportarte tantas veces… ya no deberías poder levitar… ¿Es por esos trajes?

—Cortesía de Kagawa.

Intenta caer sobre él para aplastarlo usando la punta de sus pies. Falla, pero desaparece antes de ser castigada. Una vez más, el lobo intenta predecir su siguiente aparición, acertando en lugar, pero no en acción, pues recibe en todo el cuerpo una pequeña ráfaga de esferas. Aunque no le hacen mucho daño, le impiden reaccionar a la siguiente patada que conecta en su rostro. El lobo cae inclinado, una gota de sangre cae desde su labio, pintando hasta la barbilla.

—¿Nos consideras un par de traidoras? ¡¿Cuánto tiempo llevas con Genevil?! ¡¿Eh?!

—Yo… Agh —se limpió—… Nunca las llamé traidoras, Kina. Pero, si te hace sentir mejor —adoptó de vuelta una postura más firme—, yo sí me considero un traidor.

—Marshall —gruñó, preparándose para otro ataque—… ¡Eres un…!

—¡Ayudo a Genevil porque creo en su propósito de crear un mundo mejor! Si puede acabar con todo el mal, comenzando con Yoku Kagawa hasta los males que no conocemos, entonces lo ayudaré. ¡¿Tú por qué peleas?!

—¡Eres…! ¡Ahh!

—¡Argh!

Un teletransporte más, solo que, en esta ocasión, el lobo estaba listo para liberar una segunda explosión, golpeando a Kina sin importar donde ni con qué intenciones apareciera. Cuando abre los ojos tras el impacto, ve a Marshall listo para golpear su rostro, la reacción es cubrirse con ambos brazos, pero la agresión termina en su abdomen.

—¡Agh…! ¡Ah!

Una vez abre sus defensas, golpea su mentón, se impulsa para alcanzarla un par de metros en el aire y reúne sus dos puños para golpear su cabeza, haciéndola caer con la fuerza suficiente para perforar el ya agrietado suelo.

El dolor y la toz le dificultan reincorporarse, no podrá, su cabeza le da vueltas. Rindiéndose, se deja caer boca arriba.

Sin prestarle mucha atención, percibe a Marshall caer a pocos metros de ella. Levanta sus manos, como si quisiera alcanzar algo, pero la distraen sus quemaduras, desde las palmas hasta los brazos, descubiertos por el dañado traje. Los deja caer, uno sobre sus ojos, el otro a un lado.

—Se acabó, Kina. Quédate aquí si sabes lo que te conviene, detendremos a Yoku… ¿Qué? ¡No!

De pronto, queda inmovilizado. A la distancia, Saki se acerca, levitando con gracia, pero, furiosa.

—¡Suéltame! Argh… ¡¿Dónde está Alvin?!

—Espera, Saki… no lo teletransportes todavía —por fin puede ponerse de pie.

—¿Qué…? Tsk… ¿Esto harás? ¿Qué planeas? ¿Desquitarte? ¿Patearme hasta desmayarme? ¡Olvídalo!

Se disponía a explotar, pero, a la primera señal de energía acumulándose, Saki usa la propia para suprimirla, causándole un intenso dolor al lobo.

—¡Ahhh! —sus llamas se volvieron más débiles.

—¿Golpearte hasta que te desmayes? No me des ideas —se acercó—. ¿Sabes? Hice un poco de memoria, los Seres Mentales tenemos memoria fotográfica, por cierto, y recuerdo haber visto ese mismo brazalete el día que nos conocimos. ¡Saki!

Con poco esfuerzo, la pequeña lo retira de su brazo con telequinesia.

—¡No! ¡Espera! ¡No puedes…! —se ve interrumpido por una bofetada que sorprende hasta a la pequeña.

—No puedo ¿qué, Marshall? Llevabas eso contigo cuando nos conocimos, ¡has estado apoyando a Genevil en secreto desde entonces! ¡Incluso antes! Ya lo entiendo bien, sí, por eso insistías tanto con rendirnos, ¿no es cierto? ¡¿No es cierto?!

Conectó un fuerte rodillazo en el abdomen.

—¡Ahhg…! Kina…

—¡Cállate! —un golpe en el mismo lugar.

Las manos de Saki tiemblan casi tanto como sus labios, sus ojos reflejan miedo, pero, la mayor está demasiado distraída para notarlo. Aun agobiada por dudas, no suelta al lobo.

—¿Qué hacías todo este tiempo? ¿Eh? ¿Regalarle información? ¡¿Te ibas a entrenar con ellos cuando desaparecías?! —otro par de lentos, pero fuertes golpes.

—Ki…na…

—No puedo confiar en Igusu, no puedo confiar en Blue, ¡no puedo confiar en nadie! ¡¿En quién o qué se supone que crea?! ¡¿Eh?! ¡Dímelo!

Con cada expresión, un golpe es enviado. El último consigue hacerlo expulsar sangre. Saki parece querer decir algo, pero, el miedo hacia su hermana le impide hacer cualquier seña.

—Lo peor de todo, es que no soy mejor que tú. De no ser por nosotras, Kory e Ien estarían en una celda, Yoku y Orago probablemente víctimas de Genevil, ¿no? Qkarii al fin sería libre, ¿no es cierto? De no ser por nosotras… las verdaderas traidoras…

—No son… traidoras…

—¿Qué?…

—Están… perdidas… ¿no es cierto?… Pelean por una razón… agh… pero, el mundo entero les ha fallado. ¿Quieres venganza? ¿Sabes? Conocí… un par de rosadas igual…

—¿Qué demonios…?

—Kina, Saki… no son traidoras, solo son dos chicas luchando por lo que creen, solo que… no están seguras de lo que creen. Ninguno de… nosotros las odia… solo esperan poder tenerlas de vuelta.

—Marshall…

—Es la verdad…

—Marshall… dices eso… pero yo… no puedo creerte.

—¿Qué?

—Mira esto —tomó el potenciador—, ¡¿por qué habría de creerte?! —apretando su mano, consigue despedazar el aparato para dejarlo caer al lado del lobo.

—No… ¡Kina, espera! ¡Escúchame!

—No más, Marshall, ¡esto es por mentirnos!

Una última patada hacia el pecho es arrojada, pero la inesperada tempestad causada por una nube negra la detendría antes. De un momento para otro, todo es negro para las hermanas, solo pueden verse a ellas mismas.

—¿Qué es esto? ¡¿Saki?! ¡Saki! ¡¿Dónde estás?! ¡Ah!

Un golpe en el rostro la hace callar. Fue imposible ver al responsable. Se pone en guardia, pero es atacada una vez más. Prepara algunas esferas, pero ni siquiera la luz de su energía le permite ver más allá de las mismas. Otro golpe la impulsa a dispararlas a su alrededor, sin conseguir nada. Entonces, un poderoso pulso de energía consigue aturdirla hasta derribarla de nuevo. A los pocos segundos, la nube comienza a dispersarse. Usando su telequinesia, las hermanas aceleran el proceso, descubriendo al final que solo quedan ellas dos y el incendio provocado por el combate.

—¿Qué? ¡¿Dónde…?!

Saki aún parece asustada, retrocede ante los gritos de Kina, levantando los hombros para expresar desconocimiento. Es ahora que Kina se vuelve consciente del miedo que abruma a la pequeña. También notó la ausencia del brazalete, pero no importa más.

—Saki, yo…

La pequeña baja la guardia, pues comprende mejor que nadie los sentimientos de su hermana, pero, ¿puede ella comprender los de la pequeña?

—Yo… lo siento… De verdad, lo siento.

Baja la mirada, el esfuerzo por no caer, víctima de sus emociones, es demasiado obvio. Es sentir las manos de su hermanita lo que le hace volver.

—Saki, yo… no sé qué pasa conmigo. No sé qué hacer… ¿y si Marshall tiene razón? ¿Y si estamos equivocadas?

Ambas comparten las mismas dudas, pero, un rápido comunicado les interrumpe.

—¡Saki, Kina! ¡Salgan rápido de aquí!

—¿Kory? ¿Qué pasa?

—¡Haremos volar este edificio! ¡Salgan ahora!

—¿Qué…? ¡Saki!

Mientras las hermanas peleaban, otro combate de desenvolvía.

Desde temprano, todos toman su anillo verde. A pesar de tener la ventaja numérica, los rayos y explosiones causadas por las aves los obligan a mantener distancia. No tomó más de dos minutos destruir por completo aquella cómoda oficina. Al igual que abajo, todos se ven obligados a cambiar de terreno muy seguido.

Los líderes se concentran en Yoku, mientras el resto se divide e intercala el combate entre Kory e Ien.

Con armas poco eficientes, pronto descubren que ningún disparo conseguirá atravesar la armadura, tanto Albert como Igusu deben acercarse para atacar, pero, ¿cómo hacerlo mientras Yoku sigue destruyendo el suelo a su paso?

Usando su propulsor gravitacional, Genevil busca maniobrar entre la tormenta de escombros para acercarse por la espalda, pero sería descubierto temprano, el cóndor intenta cortarlo con su garra de una patada, pero la presa reacciona a tiempo y gira su cuerpo para esquivar. Aprovechando esto, Igusu vuela hacia el atómico, pero es repelido por un pulso nuclear que pudo infectar a ambos. Aterrizan con firmeza.

—Esos escudos no los protegerán por siempre. No pueden dañarme, eventualmente los romperé y estarán a mi merced.

—Eso si nuestras armas no se activan antes.

—Apostemos entonces, agente.

Por otro lado, Blue y Ashley lidian con Kory. Los látigos de energía están inestables, por lo que la coneja no puede usarlos. Aun sin poderes, ambos tienen la velocidad y agilidad para esquivar rayos, explosiones, descargas de energía inestable, escombros y, en especial, los ataques físicos de Kory.

—¡¿Cómo va tu espada?!

—¡No siento que pueda usarla todavía!

—¡¿Puedes hacerte bolita?!

—Ehh… ¡Lo intentaré!

En medio de la acción, se enrolla para intentar cargar su clásico ataque, pero sus giros no son rápidos, ni siquiera estáticos, pues avanza como si se tratara de Alvin.

—Ehh…

Kory intenta aprovechar esto, pero Ashley reacciona a tiempo para dar un fuerte salto y patear al erizo como si fuera un balón; la gaviota solo consigue agrietar el piso. Lejos, Blue se desenrolla para caer de sentón.

—¡Oye!

—¡Perdón! ¡¿Cómo iba a saber?! —se reunió con él de inmediato.

—¿Terminaron de jugar?

—Iba a preguntarte lo mismo, pero, creo que es así como peleas de verdad.

—¡¿Qué fue lo que dijiste?!

—Oh, cielos, olvídalo, ni siquiera puedo correr —se preparó para recibir a una agresiva Kory.

La gaviota sigue intentando usar garras y alas para romper los escudos, es esquivada, pero da la vuelta en vuelo para intentarlo de nuevo, con más fuerza y velocidad. Para sorpresa de Ashley, Blue tiene su mano en la espada, descansando en su espalda como parte del traje. Cuando Kory se acerca, desenvaina con fuerza para golpear su rostro, esquivando en el proceso. Fue un golpe duro, pues la hace golpearse con un par de vigas antes de reincorporarse en el aire.

—Quien lo diría, ¡aún sirve para pegarles!

—Sigue siendo un pedazo de metal muy duro, supongo.

—¡Ahí viene de nuevo!

—Bien.

La pelea contra el azor no es tan agradable, pues es quien derriba más muros de manera consistente. A veces, toma entre sus garras pedazos de concreto y otras estructuras u objetos para arremeter contra Rebeca o Kira, obligándolos a esquivar sin posibilidad de atacar.

—Nunca imaginé que pelearía codo a codo con quien intentó matarme.

—Si de verdad lo hubiera intentado, no estarías aquí.

—Te creeré cuando lo derrotemos.

Un aterrizaje hace temblar el suelo a la par que separa a esta pareja, dos rayos dos disparados de sus alas, pero solo consigue hacer caer más la estructura, ni siquiera puede ver hacia donde apunta.

—Las Kokoda durmieron por tres días para recuperarse, no han sido las mismas desde entonces, ¿qué fue lo que vieron en ustedes?

—Eso no es de su incumbencia —otro intento por aplastar a su oponente, pero el albatros da un enorme salto con giro para patear su rostro, luego, arroja una corriente de aire para mantener distancia y evitar un contraataque.

—¡¿Por qué pelean?! ¡¿Qué es lo que dejó tan mal a las Kokoda?!

—Jamás lo entenderían.

El sonido de apresurados pasos lo alertan, Rebeca se aproxima y da un pequeño salto en carrera para cortar el rostro de Ien con una navaja, reuniéndose con Kira después. En enfado, más rayos son disparados, dando los mismos resultados. Deben bajar de piso por los agujeros formados en combate, el azor abre vuelo para seguirlos.

—Debemos llevar la pelea a espacios cerrados, están acostumbrados a pelear en el aire, no dejemos que vuele.

—Bien, llamaré su atención. Busca el sitio adecuado.

Arroja un par de navajas que serían esquivadas con facilidad, pero consigue su objetivo. La habilidad innata del jaguar le otorga una enorme ventaja, pues usa todo en el terreno para moverse entre saltos, deslices y carreras, usando escombros y muebles pequeños para arrojarlos al oponente y entorpecer su paso. Cuando es alcanzada, le basta una rápida maniobra para posicionarse por debajo y cortar un ala, pues ya había intentado cortar a través del traje antes sin resultados. No tarda mucho en regenerarse, pero debió aterrizar para esto. Recibe un débil disparo de un arma disfuncional en el rostro, el responsable fue Kira, es hora del relevo.

El albatros baja un piso más con el azor en su caza. Mientras los sigue, Rebeca desenvaina un poco su katana, apreciando que regresó solo un poco de brillo.

—Solo un poco más —guardó su sable de vuelta.

Si de sitios despejados hablamos, la batalla entre los cazadores y el carroñero ocurre en el sitio indicado. La destrucción de los ataques de Yoku han despejado dos pisos completos, brindando ventilación por los metros de agujero entre muros que llevan al exterior. Todos intercalan entre batallas aéreas y terrestres.

—No conseguiremos nada si no nos acercamos.

—Dejemos que él se acerque a nosotros.

Aterrizan en la zona más despejada posible, pero Yoku decide disparar un grueso rayo, obligándolos a abrir vuelo de nuevo. Separa sus manos para dividir el ataque, buscando dos objetivos a la vez. El águila resulta ser mucho más rápido, al fin consigue aproximarse. El cóndor cancela su ataque para defenderse, pero no tiene la velocidad, su oponente lo atrapa con sus piernas para sujetarlo en una llave mientras Albert conecta una fuerte patada en su rostro.

Usando su propio peso, el agente intenta hacer caer al acorazado, lo consigue cuando Genevil arremete contra una de sus alas. Se trata de una gran altura, Yoku forcejea para liberarse, intenta acumular energía para repeler a Igusu, pero el agente da un giro con fuerza para soltarlo, arrojándolo con fuerza contra un suelo que se quebraría sin problema. Genevil quiere seguirlo, pero…

—Espera…

Viendo el brillo verde formándose al instante, consiguen evitar un rayo tan grueso, que pudo haberlos arrastrado hasta el cielo, pues atraviesa todo el edificio hasta iluminar de nuevo las nubes. El impacto estuvo tan cerca, que vieron chispas saltar de sus escudos por los roces.

Yoku se eleva con fuerza, alcanzando la altura de sus enemigos.

—¿Creen que pueden vencerme así? ¿Con armas? ¿Sus anticuadas técnicas?

Estira un ala para despedir un fuerte pulso de energía, una sola onda expansiva unidireccional que Igusu esquivaría, pero crearía otro hueco fácil en la pared.

En medio de la acción, el lente de Igusu consigue captar una señal, al fin tiene medidas, aunque un poco imprecisas, sobre la energía que le rodea, incluyendo la estática en las nubes.

—¡Ningún arma podrá compararse nunca al poder de un Ser Especial!

Gira para intentar cortar con sus garrar a Genevil, cosa que sería evitada solo retrocediendo, pero, debido a su poca movilidad, nunca podría reaccionar a tres cortes de energía que su escudo repelería, aunque servirían de distractor para que Yoku por fin lograra embestir al halcón con su cuerpo, rompiendo la barrera.

—¡Albert!

—Maldición…

—Ni siquiera tus preciados anillos ¡podrán salvarte de mí!

Acumula energía con desesperación, visible por la intensidad y el aumento del brillo y aura en su cuerpo. Igusu arremete con golpes y patadas que al cóndor no le importaría recibir, pues la explosión es inminente.

Albert emprende la retirada.

—No, no huirás —se reincorporó de golpe para seguirlo; Igusu lo hace también.

—¡¿Me escuchan?! ¡Necesito ayuda aquí!

—¿A…Albert?

—S…Señor… ¿dónde…?

—¡¿Estás… sas funcionan…?!

Es alcanzado antes de lo que imaginó. Su mirada revela sorpresa, el terror de lo que un solo contacto con la energía atómica significa.

—Adiós, Albert.

—Tsk, ¡no!

Su reacción inmediata es tomar el arma inactiva de su espalda para activar su escudo, el cual funciona. La explosión de energía es liberada, repeliendo a Igusu y destruyendo de inmediato el escudo que no puede regresar la inercia del ataque, pero sí proteger al usuario de la energía. La onda expansiva lo envía lejos de cualquier modo, haciéndolo atravesar un muro hasta caer en múltiples rebotes.

Quiere levantarse de nuevo, pero el daño fue demasiado, no podrá hacerlo por un rato.

Por los aires, Igusu tuvo una suerte similar al estrellarse contra un muro, marcando su cuerpo en él. De liberar tensión, la caída sería larga.

—¿Lo entienden ahora? No pueden vencerme, nada puede adelantarse a la evolución.

Sobre ellos, otro combate semi aéreo continúa. Con un giro, Kory consigue patear a una cubierta Ashley, enviándola lejos, pero esto la deja descubierta para recibir en el rostro un ataque similar de parte de Blue.

La manera en la que Ien hace temblar la estructura al disparar sus rayos hace sospechar a cualquiera que todo se caerá en cualquier momento, es Igusu el primero en confirmarlo tras una pequeña lectura de su lente.

—Debemos… salir de aquí… ¡Argh!

Ante el intento de escape, Yoku lo sujeta del cuello con su garra metálica, acabando con el escudo al instante.

—Quiero que observe bien, agente, mire a todos sus aliados caer en combate, ¡observe!

Para su mala fortuna, el primero en percatarse de esta situación es…

—¿Qué…? ¡Padre!

—Oye, ¡no te distraigas!

La advertencia de Rebeca no fue escuchada. Olvidando su latente batalla, Kira busca bajar en ayuda de su padre, pero un rayo lo empuja con fuerza, una caída en picada que el escudo tal vez no soporte.

—¡No!

El jaguar consigue subir a la espalda del enemigo, clavando un par de navajas en sus hombros. Estuvo por clavar una más en el cráneo, pero expulsar un poco de energía bastó para repelerla, aunque ahora le es más difícil volar.

Por encima de ellos, el otro trio se percata de todo.

—Debemos hacer algo.

—Tengo una idea, ¡tengo una idea! ¡Las cuerdas ya funcionan!

—Ok, ok, creo que entiendo.

Volando gracias al armamento de Genevil, el par salta entre paredes y escombros que caen para evitar las agresiones de Kory. Se colocan en paralelo, ambos arrojan su cuerda de energía al otro, atrapando a la gaviota en carrera. Sería fácil liberarse, por lo que actúan rápido y se impulsan con fuerza de un salto para rodearla y sujetarla.

—¡Patea con fuerza! —indicó la coneja y ambos repiten la acción, aterrizando sobre la espalda del ave para caer juntos en picada apuntando a Yoku.

—No lo harán…

—¡Tú no lo harás!

Rebeca detiene la intervención de Ien. Consciente que sus armas recuperan energía, patea su nuca en vuelo para llamar su atención y atrapar su ala en el látigo tan pronto se gira. Lo usa para impulsarse de vuelta contra él, así que Ien prepara cualquier ataque de energía que no saldría antes de recibir una navaja en el ojo.

—¡Ahhrg!

Con un giro rápido, se posiciona en su espalda, sujetando su cuello y acelerando para caer en picada.

Yoku se sorprende demasiado por lo que ocurre, esquiva a Kory, soltando a Igusu en consecuencia, pero debe eludir también la caída de Ien, distracción perfecta para que el agente disparara a su rostro y rematara con una fuerte patada descendente. No le da tiempo de entender lo que sucede, sujetando su cabeza con los brazos, el torso con las piernas, repite la acción de Rebeca, solo que, el peso de la armadura le facilita el trabajo.

Desde un piso que hasta ahora se había salvado de ser dañado, Kira, con su escudo aun activo, ve con asombro la caída de las tres aves, listo para salir corriendo, pues el impacto será fuerte.

La primera en caer es Kory, seguida de Ien, pero es Yoku quien provoca un gran estruendo al aterrizar. El suelo tiembla de nuevo.

—No… ¡¿Cómo es posible?! ¡Kory! ¡Ien! ¡Levántense!

—No irás a ningún lado —Rebeca, recordando la herida y el arma en su ojo.

—Lo mismo va para ti —Blue, sujetando su espada bajo el cuello de Kory. Se aprecia un casi imperceptible brillo celeste en el falso filo de la vaina.

—No… Grh…

—Perdiste, Yoku, ¡se acabó!

Por si fuera poco, un herido Albert aterriza frente ellos. Su respiración es pesada, parece tener dolor en un brazo y cojea solo un poco, pero no le importa acercarse de vuelta.

—Albert… sobreviviste a eso, impresionante.

—No podía haber otro resultado, Yoku, parece que la evolución de la que hablas nunca fue lo que imaginaste.

—Je, je… ¡Ja, ja, ja, ja!

—¿Oh?

—¿De qué se ríe?

—Esperen —Igusu comienza a tener lecturas más claras, la energía atómica aumenta demasiado, en especial sobre ellos—, debemos salir de aquí.

—¿Qué?

—¡¿Crees que entiendes algo sobre la evolución?! ¡¿Crees que entiendes el potencial mobiano?! —su cuerpo comienza a irradiar energía, desprendiendo estática en sus alas, Igusu decide soltarlo.

—¡Atención a todos los agentes! ¡Salgan del edificio! ¡Aléjense todo lo posible! ¡Ahora!

—¡Yo soy la evolución!

Antes que su dialogo terminara, todos estaban a la carrera para salir por uno de los huecos. Las naves parecen haber recibido el mensaje, pero, ambas se ven muy dañadas, una de ellas es atrapada al fin por Orago, quien no duda en disparar a quemarropa su rayo tan pronto rompe el escudo de un zarpazo. Los agentes salieron a la par que ambos escuadrones del edificio, pero, no hay tiempo de procesar nada, pues el rayo más grueso jamás creado por Yoku cae sobre la estructura.

Hay mucho sucediendo en un solo instante. El ataqué sobro para destruir todo, haciendo explotar Tekno Sky en pedazos. Aunque el rayo no los golpeó directamente, la onda expansiva sí. Los escudos alcanzaron a repeler las raíces de energía desprendidas por aquel relámpago justo antes de romperse por la misma explosión. Por desgracia, Igusu y Albert no contaron con la misma suerte, pues la estática de estas raíces consiguió golpearlos de lleno, infectándolos también de energía atómica.

Los chicos se confunden entre los escombros si no se observa con atención. De no ser por los escudos, todos estarían inconscientes.

—¡Señor!

—¡Padre!

Rebeca y Ashley usan sus propulsores y los mismos escombros en vuelo como plataformas para alcanzar a un lejano y desmayado Albert, quien muestra pequeñas cantidades de energía verde saliendo de su cuerpo, además de una profunda quemadura a lo largo de su torso. Lo mismo hace Kira, seguido por Blue. Cargando a sus maestros en sus espaldas, maniobran entre la lluvia de concreto y metal para encontrar la manera de aterrizar a salvo, esquivando las formaciones capaces de aplastarlos.

Antes de la caída del rayo, una nube de sombras se movía por los pasillos y escaleras del edificio, buscando huir de las psíquicas hasta percatarse que no está siendo seguida. Cuando no siente peligro cercano, se detiene, despejando la oscuridad a su alrededor. En su espalda, Katly cargaba con Marshall, aunque ahora le cuesta un poco más de trabajo, así que lo deja descansar en el suelo.

El terco lobo se reúsa a recostarse, busca permanecer firme en un forcejeo con Kat, intentando sostenerse en su hombro, hasta que la gatita se harta y lo empuja hacia abajo.

—¡Por favor! ¡Ya basta! ¡Debes descansar!

—No… Debo seguir… luchando… Kira me necesita, ¡me necesitan en la batalla final!

—¡No podrás ayudar en ese estado! ¡Detente, por favor!

—Kat… Tsk…

Por fin, se deja caer, poniendo sus manos sobre pecho y abdomen al recordar el dolor.

—Kina te golpeó muy feo…

—Hicieron trampa.

—Entonces, ¿es cierto?

—¿Eh?

—¿También irás con Genevil?

—¿"También"?

—Has estado apoyándolo en secreto desde hace mucho, ¿no? ¿Por qué fue? ¿Para hacerte más fuerte? ¿Para protegernos?

—Fue… una combinación de ambos.

—Ya veo…

—¿Por qué… no luces furiosa conmigo?

—Yo… no lo sé… Creo que, por ahora, solo estoy feliz de haber llegado a tiempo.

—Oh… Katly —dejó caer su cabeza para descansar al fin—, gracias.

—Si tú y Blue se van con Genevil, ¿qué pasará después?

—Así que Jethog finalmente se decidió, je, je, qué molesto.

—Eh… Espera —puso su oído en su comunicador…

—¿Qué ocurre?

—¿Igusu?… ¿Qué?… ¡Debemos salir de aquí!

—¡¿Eh?!

Sin explicaciones, lo toma del brazo una vez más, liberando su energía en la nube de sombras para moverse lo más rápido que puede. Es entonces que el rayo cae. La nube se esfuma por dentro, pero Katly consiguió el impulso para salir a tiempo. Se encontraban en los primeros pisos, es la onda expansiva lo que saca a Kat de su nube para enviarla lejos, abrazando con fuerza al lobo para hacerse intangible.

La cantidad de rebotes que dan al caer se traduce en muchos más moretones. Tras algunos segundos así, finalmente descansan. Fueron disparados algunos kilómetros de su posición original.

Quien mostró algo de resistencia es el lobo. Sobre su pecho, la gatita se escucha adolorida, lo sujeta con fuerza.

—Kat… ¿Eh?

En su mano, ve surgir un poco de energía verde. Lo nota de nuevo al mirar el dolido rostro de la gatita, con sus ojos cerrados con fuerza. El comunicador que llevaba quedó destruido en el camino.

—Esto… Agh… es muy malo…

La segunda nave cae. Los comunicadores de Igusu y Albert quedaron inservibles. El resto están dañados.

—¿Qué pasó? —Qkidna, desde el último vehículo en pie, en plena persecución— ¿Están todos bien? ¿Blue? ¿Katly? ¡¿Alguien?!

—Tsk… Qkidna, ¿me escuchas?

—¿Blue? ¿Eres tú? Apenas te entiendo. Cielos, los sensores funcionan de nuevo, pero… ¡Igusu y Albert infectados! Espera… ¡Marshall y Katly también!

—Kat…

—¡Ahh! ¡Orago está por acabarnos! ¡Necesitamos ayuda! ¡Lo que sea!

—Tsk…

Están algunos kilómetros lejos de lo que alguna vez fue una compañía. Apenas pueden distinguir la última nave entre las luces que resaltan en la completa oscuridad.

—Qkidna, ¿puedes entender lo que digo?

—Solo habla claro, por favor.

—Bien, retírense de la batalla, necesito que busquen a todos los caídos. Marshall, Katly, Igusu, Genevil, tómenlos en esa última nave y salgan de la ciudad, no sobrevivirán mucho tiempo si los dejamos.

—¿Debemos escapar? ¿Perdimos?

Tras Blue, Rebeca, Ashley y Kira escuchan con atención al erizo mientras cuidan de las aves.

—Esto no ha terminado aún —sujetó con fuerza su espada—, regresaré ahí, les daré tiempo de escapar.

—¡¿Planeas enfrentar a los cuatro tú solo?!

—Yoku debe estar herido, al menos exhausto, dejó caer el rayo sobre sí mismo. Si existe una probabilidad de vencerlo en ese estado, ¡la aprovecharé!

—Iré contigo, Blue.

—No, Kira, debes cuidar de tu padre. Rebeca, Ashley, quédense aquí y defiendan a Genevil hasta que la nave venga por ustedes.

—No podrás sólo, no sin tu velocidad.

—Creo que ya he recuperado un poco de eso. Si no lo intento, nos encontrarán tarde o temprano, peor aún, podría ser tarde para los infectados.

—No te dejaré.

—¿Podrás detenerme? ¿O seguirme el ritmo?

Con esa última declaración, se echa a correr. Rebeca muestra intenciones de seguirlo, pero Ashley toma su mano.

—No te atrevas.

—¡Debo pararlo! ¡Está siendo insensato!

—¡No te atrevas a dejarme sola!

La joven permanece en el suelo, al lado del durmiente Genevil. Kira solo puede observar al lado de su padre, en las mismas condiciones. Al ver su panorama, Rebeca toma otra decisión, desenvaina sus sables, apenas recuperando su verdadero brillo, permanece firme, en guardia, esperando cualquier amenaza.

Fuera de la ciudad, en aquella arboleda, el trio terminaba de escuchar desesperados y apenas audibles informes entre las voces de Qkidna, otros agentes y la conversación con Blue.

—Yoku destruyó Tekno Sky…

—Zenoka, Genevil, Tankdo y Hóllow infectados.

—Dos naves derribadas, la tercera en las últimas… Están en problemas —concluyó Hanawa.

—¿Deberíamos ir por ellos? Esta nave aun funciona.

—Si Yoku se percata de otra nave, no tardará en destruirla.

—Es peligroso intervenir, pero, ¿nos vamos a quedar aquí sin hacer nada?

—¿Cuáles son las posibilidades, Harito? ¿Qué podemos hacer?

—Tan solo una operación de extracción, eso es todo.

Mientras los detectives discuten, Hanawa nota a Qkarii y Azuri salir de la nave. Escucharon todo. Quizá lo único que buscan es aire fresco, alejarse de todos esos problemas, un poco de espacio, pero, ¿de verdad es posible recuperar, aunque sea, un poco de calma?

Qkarii se encoje, sentada al lado del vehículo, pero Azuri no para de caminar de un lado a otro con Zomi en su hombro. De pronto, golpea la palma de su mano.

—Bien —declaró para iniciar su camino.

—¿A…Azuri? ¿A dónde vas?

—A buscar ayuda.

—¿Qué…?

—No puedo quedarme aquí mientras mi mejor amiga corre el riesgo de morir allá. Ni Hanawa ni los detectives nos ayudarán, si tengo algo de suerte, encontraré a Marisa. Zomi creará algunos anillos para curarlos a todos y ella nos llevará.

—Pero… ¿qué te hace pensar que ella seguirá por aquí? Debe estar en Destyn o camino a Miraida ahora mismo.

—No puedo creer que abandone a Marshall y Kira así nada más. Yo sigo aquí, si ella es más fuerte que yo, entonces estará por ahí, dudando y lloriqueando porque no sabe si irse o ayudar a su familia. ¿Vendrás conmigo?

—Pero…

—¿Vendrás conmigo?

—Mmm… Si voy… y Yoku me captura por fin…

—¡Ellos no tienen tiempo para dudas, Qkarii! Me iré, puedes alcanzarme si quieres. Salvaremos a Katly y evitaré que Qkidna salga herido. ¡Vamos, Zomi!

—¡Chao, chao!

Sin que la colibrí pueda decir algo más, la rubia comienza a correr y el chao a volar, tomando la delantera. ¿Qué puede hacer al respecto? ¿Detenerla? ¿Ayudar? ¿Quedarse mirando sin más? El sentimiento de impotencia es demasiado, aprieta su pico con fuerza, conteniendo un grito, pero…

—Azuri se fue, ¿cierto?

—¿Ah?… Sí, por allá. Lo siento.

—La chica no tiene poderes, siquiera entrenamiento, pero está dispuesta a seguir su única esperanza de ayudar. Es admirable, ojalá todos los agentes especiales fueran así. ¿Sabes? No comencé mi trabajo como agente de información, ahora me aterra el trabajo de campo, pero… Si tuviera que estar ahí, si mi ayuda pudiera cambiar las cosas, aunque sea inclinar solo un poquito la balanza a nuestro favor… no dudaría en intentarlo tampoco.

—Oh…

—No sé si encontrará a la chica, ni siquiera si podrá convencerla de luchar, no todos los Seres Especiales tienen el valor de hacerlo, solo una cosa es cierta, sin Igusu o Genevil a la cabeza, nuestras probabilidades de victoria son muy pocas, incluso si Blue decide pelear con todas sus fuerzas. ¿Qué sientes, Qkarii?

—Yo… Estoy… aterrada… enojada… odio todo esto…

—Tienes la opción de quedarte con nosotros, aquí estarás segura, evitarás por más tiempo que Yoku te atrape, pero, dime, ¿crees que eso cambará algo?

—¿Ah?

—¿Cambiará algo en ti? ¿Tú vida dará el giro que tanto deseas?

—Eh…

—Si decides pelear, te prometo que jalaré a esos dos de sus colas para mover esta nave y cubrirte. Haremos lo posible por cambiar el rumbo de la batalla, pero, si decides no intervenir, puedes estar tranquila, pues no tienes la culpa de nada. Estaré dentro si me necesitas.

Sin más qué decir, la doctora regresa dentro. Solo hay una pregunta más que Qkarii se hace a sí misma, ¿de verdad podría estar tranquila si decide no intervenir?

En medio del campo y las colinas, hay una gran carretera. En ella, un solitario y largo vehículo descansa. Dentro, Leon espera, pues Marisa vuela metros sobre él para tener una mejor vista de la ciudad. Las llamas manteniéndola a flote en manos y pies son mucho más finas, pero más potentes y estables que las de Marshall.

—Ese último rayo… debieron escucharlo hasta Destyn… Tsk…

Aterriza con fuerza, reflejando su frustración y enojo todavía más al abrir y cerrar la puerta con fuerza al entrar. Pone las manos en el volante, irradiando furia en su expresión.

—¿S…Saldremos ya?

—¡Cállate, Leon! Solo… ¡cállate!

—Si quieres ir allá, deberías…

—¡No quiero ir a Begin! Solo… está demasiado oscuro para conducir hasta Destyn, es todo, quiero esperar a que amanezca, ¡pero esos truenos…! ¡Agh!

—Yo… no creo que sean los truenos lo que te preocupan…

—Qué sabes tú, Leon…

—No sé nada de Marshall o Kira… Esos truenos… Al menos quisiera poder saber que están bien.

—Sí… yo igual… Esos idiotas…

—¡Ah!

Repentinos golpes en la ventana de Leon alarman al par. Marisa hace sonar el auto del susto, pero, es mayor su confusión cuando reconoce a la rubia golpear con desesperación el cristal mientras su agitada respiración lo apaña. El camaleón baja la ventana.

—¡Sabía que estaban aquí! ¡Sabía que no podían irse!

—¿Azuri?

—¡Debemos llevar esto a los chicos! —mostró en sus brazos unos siete anillos. En su espalda, descansa un exhausto Zomi.

—Imposible… ¡Esas cosas no deberían existir!

—¡Existen! ¡Y son la única esperanza de ganar!

—¿De qué estás hablando?

—Marshall, Katly, Igusu, incluso Genevil están heridos y enfermos por esa energía radioactiva. Qkidna está en la única nave en pie, ¡ni siquiera sé si está en pie todavía! Sus armas no funcionan, ¡están perdiendo! ¡Debemos llevarles estos y más para que se recuperen!

—¿Marshall y Kira qué?

—¡Marshall está enfermo! ¡No sabemos nada de Kira u otros agentes! Si no vamos a ayudarlos, ¡podrían morir!

—Tsk… ¡Ahh! ¡¿Por qué no me escucharon antes?! —golpeó el volante, liberando humo en su respiración.

—Marisa…

—Oye…

—No puedo ir hacia allá… Sus naves cayeron, ¿qué posibilidades tiene un simple automóvil?

—El edificio de Tekno Sky fue destruido, no creo que puedan vernos con los drones de los que hablaba Igusu. Podemos entrar sin que nos vean.

—¿Y cómo los encontraríamos? Suponiendo que un rayo no nos cae encima.

—¡Los rayos son dirigidos, no aleatorios! Y la respuesta es obvia, solo debemos seguir el rastro de la pelea, ir hacia ellos.

—Estás loca, ni lo sueñes.

—¡¿Piensas dejar a Marshall?!

—¡Cállate!

—¡¿Lo dejarás ahí?! ¡La nave de Qkidna podría no encontrarlos! Si ese gavilán los derriba… Qkidna, Katly, incluso Marshall podría…

—Tsk… Lo siento, Azuri… no soy tan valiente —agachó su cabeza, recargándola en el volante.

—Pero…

—Vete, no me molestes… intenta que esos agentes de información te lleven, yo no podré…

—No lo harán… Ya se los pedí antes…

—Entonces, lo lamento…

—Pero… Está bien.

—¿A dónde vas?

—¡A la ciudad!

—¡¿Estás demente?! ¡¿Cuándo podrías…?!

—¡No lo sé! ¡Correré hasta encontrarlos! Somos… ¡Somos su única esperanza!

—Tsk… No lo entiendo…

La rubia se ve dispuesta, a pesar de estar al menos a veinte minutos a pie solo de la entrada, comienza a correr.

—De verdad… No lo entiendo…

—Marisa… Yo también tengo mucho miedo, pero, a veces… cuando debería huir, salir de Burning Pizza, de donde quiera que esté, me quedó ahí. Cuando Marshall y Kira pelean, me siento seguro, confío en que nunca perderán, o, por lo menos no se rendirían.

—Pero… ¿no lo ves? Están por perder.

—Entonces… quiero dejar de ser un cobarde miedoso, es hora de que yo proteja a Marshall en lugar de él a mí.

—Leon…

—Los anillos dorados de Zomi son más poderosos que los normales, al menos eso dice el cuatro ojos. Si eso es cierto, ¡debemos llevarlos! ¡Ganarán la pelea con ellos!

—Pero…

—¡Yo también tengo miedo de morir! No tengo un solo poder excepto camuflarme, ¡lo que no me sirve de nada! ¡Pero quiero ir! ¡¿Por qué tú no?!

—Tsk… Odio que seas más valiente que yo. Durante años, solo peleé por deporte, pero, cuando entré a mi primer torneo regional, al enfrentar adversarios tan fuertes, el miedo me ganó, jamás pude dar mi máximo potencial por ello. Odiaría que eso pase de nuevo.

—No pasará.

—¿Eh?

—Cuando Marshall y Jethog pelean, cometen un montón de errores estúpidos, pero, cuando es de verdad y tienen que proteger a alguien más, son increíbles. Tú eres increíble, lo serás ahí. Nos necesitan, Marshall y Kira te necesitan.

—Leon… Tsk… No puedo creerlo, de todas las personas, ¿por qué tenías que ser tú quien me lo dijera?

—No lo sé, je, je.

—Cielos, no, no, no, ¿qué estoy a punto de hacer? No…

—¿Marisa?

—¡Ahh! ¡Los odio tanto a todos!

Encendió el vehículo de golpe.

El campo de batalla es agobiante, frustrante. Blue corre mientras evita ser parte del daño colateral. A su alrededor, calles y edificios son convertidos en ruinas por los rayos de Orago. El último relámpago afectó varias hectáreas, es obvio que no bastarán unos días para reparar los daños, si es que pueden ser reparados.

En la carrera, comienza a reconocer algunas calles. Mientras avanza, busca con la mirada hasta encontrarlo, un cartel enorme, "Rush Pizzas". No le tomó mucho encontrarlo, el viejo local de comida rápida es parte de los restos de una metrópolis. Apenas puede creerlo, la ciudad que prometió proteger de lo que sea, está siendo aplastada. No tiene tiempo para lamentarse, debe seguir corriendo.

Pronto se da cuenta de su propia ira, levanta un poco una de sus manos para ver la esfera, su brillo es intermitente, así que se da un par de palmadas en el rostro para calmarse.

—No debes enojarte, no permitas que te controle, sigue adelante.

Pero hay otra razón para hacerlo. Por fin, Orago consiguió embestir la nave delta, acabando con el escudo.

—¡Qkidna! ¡¿Están bien?!

—¡¿Te lo parece?! ¡Agh! ¡Ey! ¡No se vayan sin mí!

—Maldición, maldición, ¡maldición!

La intermitencia es más intensa, sujeta una de sus muñecas, como si eso sirviera para controlarla.

—No te enojes, ¡no te enojes!

La nave explota en el aire, pero todos los agentes, Qkidna entre ellos, consiguieron salir.

—¡Orago!

Toma a Zafait y dispara un delgado corte de energía al aire, llamando la atención del gavilán.

—¿Jethog? Ja, ja, excelente.

Usando esa señal, no tarda en verlo.

—¿A dónde crees que vas? ¿eh?

Con esto, los 9 individuos consiguen aterrizar con calma usando sus propulsores. Entre agentes, confirman que las armas casi han recuperado toda su utilidad. Intentos desesperados por comunicarse con su capitán solo llenan el ambiente de más frustración.

A su alrededor, Qkidna ve las consecuencias de la batalla con Orago. Apenas puede creer que, hace unas horas, la ciudad era perfecta. La destrucción es tal, que pueden ver a lo lejos el gigantesco rastro que el último rayo dejó, un profundo cráter rodeado de un terreno casi limpio de escombros. Aprieta sus puños con fuerza, ¿por qué está ahí? ¿Qué se supone que haga? ¿Cómo puede salvar a sus amigos?

—¡Qkidna!

—¿Ah? ¡Alvin!

El armadillo aparece, patinando con muchísima prisa.

—¿Dónde te habías metido?

—No hay tiempo de explicar, debemos ir allá y pelear o ¡Blue se quedará solo!

—Pero…

—¡Vamos, Qkidna, no hay tiempo!

—¡No puedo pelear!

—¡Sí puedes! —golpeó su pecho con ambas manos y un par de objetos en ellas.

—¿Eh?… ¿Estos… pero… cómo?

Un par de guantes, anaranjados y negros, con delgadas líneas donde correrá la energía dorada, formando un círculo en las palmas.

—Saki… me teletransportó a mi hogar, que, por cierto, ya no existe.

—Alvin… pero, ¿no estaban en?

—Sí, sí, también me sorprendió… Creo que… Saki los envió ahí desde antes. Tal vez… Saki no quiere que Yoku gane.

—Entonces, ¿por qué…?

—Tiene miedo, Kina también… Pelearán con él mientras sigan perdidas.

—No… creo entenderlo.

—Lo harás, pero no necesitas eso ahora, ¿cierto?

—Estás en lo correcto —se colocó sus herramientas de vuelta.

—Vamos a dar ¡algunos golpes!

Blue llega al terreno afectado por el rayo. En lugar de escombros, brazas de energía verde adornan el lugar. Tiene cuidado de no tocarlas, pues no sabe si le infectarán. Pronto, consigue ver a las tres aves descansando frente el cráter.

—¡Yoku!

Antes de poder acercarse más, esferas rosadas lo hacen frenar, fallando frente sus pies.

—¡Saki, Kina!

—¡No des un paso más, Blue! —ambas levitan, interponiéndose entre Blue y el único salto que requiere para alcanzar a las debilitadas aves.

—Kina, por favor… ¿no ves lo que pasa? ¡Begin está siendo destruida! ¡Marshall y Katly están infectados de energía atómica! ¡Este no es el camino que quieres!

—¡¿Qué sabes de lo que yo quiero?! ¿Usarás tu espada contra mí? ¿Eres capaz de herirme? ¡Eres como todos los demás!

—No usaré a Zafait contra ti, ¡la usaré con él! —señaló a Yoku.

—Primero tendrás que pasar sobre nosotras.

Desde atrás, Kory e Ien observan. Sus trajes están muy dañados, lo que dificulta regenerarse. Por otro lado, la armadura de Yoku resistió, pero muestra estática a lo largo del cuerpo, debe esperar a que todo ese exceso de energía se estabilice.

Orago aterriza a su lado.

—Maestro, ¿cómo se encuentra?

—Estoy bien, Orago, ¡acaba con ese erizo!

—Como ordene.

Se eleva de nuevo, posicionándose sobre las hermanas.

—Tsk…

—Blue, ¡Blue! ¿Me copias?

—¿S…Señorita Hanawa?

—Qué bien, los comunicadores funcionan de nuevo. Encontramos a Igusu y Genevil, los chicos van en camino. Nos dirigimos a la ubicación que Qkarii nos marcó para recoger también a Marshall y Katly. Todos estarán bien, Blue, podemos sanarlos. ¡Pelea!

—Los chicos… Qkarii…

—¿Qué tanto balbuceas, erizo?

—Je… ¡Orago! ¡Acabaré contigo! ¡Con todos ustedes! ¡No los perdonaré! ¡No perdonaré que engañen a mis amigas de esa manera!

—¡Argh!

Se disponía a comenzar, pero, una ráfaga de disparos cae sobre él en todas direcciones. Las hermanas se encargan de frenar y repeler el resto.

—¡¿Quién se atreve?! ¿Eh…?

Los agentes rodean la zona, poco menos de 30, listos para atacar y defender en cualquier momento, las armas funcionan de nuevo.

—Son solo pequeñas molestias, ¡acabaré con todos!

—¡Cuidado!

Con la advertencia de Kina, consiguen esquivar un rayo plateado. La sorpresa es grande cuando encuentran a la responsable, ven cómo Qkarii aterriza al lado de Blue con gran velocidad y gracia.

—Qkarii —Yoku se levantó, aproximándose al hueco—, decidiste venir.

—Tú… me lo arrebataste todo. ¡No dejaré que hagas más daño, Yoku! Te detendré, no, ¡te derrotaremos aquí y ahora!

—Qué descaro, ¡solo verás morir a más de tus amigos!

—¡Primero tendrás que probar mis puños, Kagawa! —el anaranjado aterrizó, al lado de su amigo.

—Qkidna… ¡tus guantes!

—Los milagros existen, chico, ¿no es así, Alvin?

—¿Milagros? Todo estaba calculado, Qkidna.

—Chicos… Hm, bien. Kira, Rebeca y Ashley están en camino, pronto tendremos de vuelta a Igusu y Genevil, ¡es hora de vencer a Yoku de una vez por todas!

—Todos morirán, ¡vengan a mí! —gritó Orago. Las hermanas se preparan para la batalla.

Todos los agentes, los chicos, Blue, emiten un ensordecedor grito de batalla. Es momento del acto final.


Próximo capítulo

"Oro Estelar"