Capítulo 18
Llegaba tarde a trabajar, y me apresuré como una loca para prepararme. Entré en el cuatro de baño y salté a la ducha. Me exfolié bien la cara para quitarme los restos de maquillaje de la noche, que estaba seco y horrible. Me serviría de lección cuando me saliera una espinilla de mil demonios. Tuve un sueño muy raro. Pero esto era la vida real. Me estaba dando una reconfortante ducha, y esas eran las cosas que importaban. Si me seguía repitiendo lo mismo, todo iría bien y posiblemente genial algún día.
A Ruby no le importaba demasiado cómo nos vistiéramos en el trabajo con tal de que lleváramos la camiseta de la cafetería; dejaba mucha libertad. Siempre quiso ser poeta, pero heredó la cafetería de su tía en Pearl District. El desarrollo urbano disparó los precios y Ruby se convirtió en una mujer de negocios. Ahora escribía poesía en las paredes de la cafetería. No creo que exista una jefa mejor, pero llegar tarde seguía siendo llegar tarde. Nada bueno.
Me preocupaba lo sucedido con Natsu en el callejón. Revivía una y otra vez el momento en que me dijo que seguía considerándonos casados. El sueño había resultado muy beneficioso, pero era una pena que no se pudiera apagar nunca el cerebro.
Me puse una falda estrecha negra, la camiseta oficial de la cafetería y unos zapatos planos. Listo. No podía hacer nada por ocultar las ojeras, pero la gente ya se había acostumbrado a ellas. Tuve que usar media barra de corrector para ocultar el chupetón del cuello.
Salí del baño envuelta en una nube de vapor, justo a tiempo de tropezarme con Mirajane en la puerta de la cocina con una generosa sonrisa en la cara.
-Llegas tarde al trabajo – dijo, cantarina.
-Lo sé.
Me puse el bolso bajo el hombro, cogí las llaves y me dirigí a la puerta. No tenía tiempo para charlas, ahora no. Y probablemente nunca. Solo con imaginármela aliándose con Natsu… Había pasado muchas noches a mi lado el último mes y me había escuchado despotricar contra él cuando estaba destrozada, porque de vez en cuando tenía que soltarlo. Le repetía a diario que no la merecía como amiga y me daba besos y abrazos. Entonces… ¿por qué me traicionaba ahora?
-¡Lu, espera! – Mirajane corrió detrás de mí justo cuando salía por la puerta.
Me di la vuelta, usando las llaves como un arma.
-Le dijiste dónde estaba – le acusé, con rudeza.
-¿Qué iba a hacer, si no?
-Pues… no sé. ¿Callarte, por ejemplo? Sabías perfectamente que yo no quería verle.
Entonces me fijé en su atuendo. La miré de arriba abajo y de repente lo entendí todo: estaba impecable para ver a su ídolo.
-¿El pelo arreglado y tan maquillada a estas horas? ¿En serio, Mirajane? Esperabas que saliera conmigo de mi habitación, ¿verdad? ¿Y la libreta de los autógrafos?
Hundió la cabeza, al menos tenía la decencia de mostrarse avergonzada.
-Lo siento, tienes razón. No debía haberlo hecho, pero al menos ha venido a solucionar las cosas. Pensé que seguro que querrías escuchar lo que tiene que decirte.
Sacudí la cabeza, llena de furia.
-No es asunto tuyo.
-Pero lo has pasado tan mal… - se lamentó -. ¿Qué podía decirle? Dijo que había venido a arreglar las cosas contigo, que de verdad quería intentarlo, y le creí.
-Por supuesto. Es Natsu Dragneel, te ídolo de la adolescencia.
-No. Si no estuviera aquí para besarte los pies, le habría matado. Me da igual quién sea, te hizo daño. Lo siento por haberme arreglado tanto, no volverá a pasar.
-¡Bueno! Te queda muy bien, pero has perdido el tiempo. No va a venir aquí, a esta casa. Eso no va a ocurrir. Así que lo siento.
-¿Ah, no? ¿Y de dónde ha salido eso de tu cuello?
Ni siquiera me apetecía contestarle, maldita sea.
-Si crees que él es el hombre de tu vida – dijo, provocando que se me retorciera el estómago -, si crees que podéis solucionar esto… Es el único del que te has enamorado de verdad. No lo olvides. Si te escucharas hablar de él…
-¡Venga ya! Solo pasamos unos días juntos.
-¿Y eso qué importa?
-Sí. No… No lo sé. Esto nunca tuvo sentido, Mirajane. Desde la primera noche.
-Oh, ahora lo entiendo – dijo, molesta -. Esto tiene que ver con tu maldito plan, ¿verdad? Pues deja que te diga algo: no tiene por qué haberlo, tan solo debes desear estar con él y hacer lo que sea para llevarlo a cabo. Es muy sencillo. En eso consiste el amor, Lu, en anteponer al otro, no en preocuparte sobre si encaja en un plan que tu propio padre te ha metido en la cabeza para convencerte de que es lo que quieres en la vida.
-¡No tiene que ver con el plan! – grité, conteniéndome las lágrimas de miedo y frustración -. ¡Me destrozó! ¿Entiendes? Me rompió el corazón. ¿Por qué iba a querer darle una segunda oportunidad a alguien así?
-Lo sé, y castígale si quieres. Que espere. Se lo merece. Pero si le quieres, considera al menos escuchar lo que te tiene que decir.
Que te rompan el corazón suele tener algunas ventajas, perspectivas para considerar lo malo. Debería haber sido más lista, más dura, pero no sentía nada de eso.
Jugué con las llaves en la palma de la mano. Ruby iba a matarme. Tendría que ir hasta allí conduciendo y esperar que no pusieran mi trasero del tamaño de Texas de patitas en la calle.
-Oye, me tengo que ir – le dije, saliendo por la puerta.
-Espero que sepas que te quiero mucho, más de lo que me importa él.
-Vaya, gracias.
-¿Se te ha ocurrido que quizá no estarías así de enfadada si no le quisieras un poco todavía?
-No busques la lógica a estas horas de la mañana. Déjalo ya.
Retrocedió un paso y me sonrió.
-Tú siempre le has buscado el sentido a todo cuando yo más lo necesitaba, así que no pienso reprimirme solo porque no te guste lo que oyes. Asúmelo.
-Te quiero, Mirajane.
-Lo sé. Los Heartfillia estáis locos por mí. Por cierto, ¿sabes qué me hizo anoche tu hermano?
Hui y escapé de su risa malvada.
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El trabajo no estuvo mal. Dos tipos entraron para invitarme a una fiesta de la fraternidad. Nunca recibí esas invitaciones antes de conocer a Natsu, así que las rechacé. ¿Por qué las iba a aceptar ahora, que estaba sin él? Si es que estaba sin él, claro… ¿Quién sabía? También vinieron varias personas a pedirme autógrafos o cotilleos, pero les vendí café o tarta, en su lugar.
Cerramos al atardecer. Llevaba todo el día en tensión pensando en si aparecería. Mañana era hoy, pero no había ni rastro de él. Quizá había cambiado de opinión.
Justo estábamos cerrando cuando Ruby me dio un golpe con el codo.
-Mira. Ha venido – susurró, señalando a Natsu.
Allí mismo, frente a la cafetería, tal y como dijo.
La emoción y los nervios me desbordaron. Ocultaba muy bien su identidad con una gorra y la barba, pero sobre todo con el nuevo corte de pelo. Me daba un poco de pena que se hubiera cortado la melena, pero jamás lo admitiría delante de él. Amanda le había contado a Ruby que lo vimos en la discoteca, pero debía ser un secreto para el resto de la ciudad. De lo contrario, era cuestión de segundos ver a los paparazzi y las fans gritando.
Me quedé parado observándole sin saber qué decir. La noche anterior había sido surrealista, pero ahora se trataba de mi vida real, y no sabía cómo sentirme al respecto. Desconcertada, sí, esa era una buena palabra.
-¿Quieres conocerle? – le dije a Ruby.
-No. Me reservo mi opinión. Si le conozco, perderé la imparcialidad. Es muy atractivo, la verdad.
Ruby le repasó con la mirada, deteniéndose en sus piernas más tiempo del necesario. Le encantaban los muslos masculinos formados; los jugadores de fútbol la volvían loca. Algo raro en una poetisa, pero nadie encaja en los prototipos.
Ruby continuó devorándole con los ojos, como si se tratara de un trozo de carne expuesto en el mercado.
-No te divorcies de él, anda – me dijo con una sonrisilla.
-Suenas muy imparcial, sí. Hasta luego.
Me tomó del brazo.
-Espera. Si volvéis juntos, ¿seguirás trabajando para mí?
-Claro, e incluso procuraré llegar a tiempo más a menudo. Buenas noches Ruby.
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Natsu me esperaba en la acera, con las manos metidas en los bolsillos de los jeans. Contemplarle era como estar al borde de un precipicio. Escuchaba la voz de la conciencia que me decía que mandara a tomar viento todo aquello; que mejor echara a volar por mi cuenta, porque si no, la caída sería terrible. Dios… ¿Es qué punto exactamente una sabe si se está volviendo loca?
Lucy.
El tiempo se detuvo. Si alguna vez se enteraba de lo que me provocaba cuando pronunciaba así mi nombre, estaba completamente perdida. Le había echado tanto de menos, sentía que había recuperado una parte de mí. Pero ahora que había vuelto ya no sabía cuál era nuestra relación. Ni siquiera si podíamos mantener una.
-Hola – le dije.
-Se te ve cansada. Muy guapa, como siempre, pero…
-He tenido un día muy ajetreado.
-¿Aquí es dónde trabajas?
-Sí.
La cafetería se había quedado vacía y en silencio. Los neones multicolores de publicidad se reflejaban en las ventanas. Las luces de la calle iluminaron nuestros rostros.
-Que buena pinta – dijo, admirando el local -. Escucha, no tenemos por qué hablar ahora mismo, solo quiero acompañarte a casa, si me dejas.
Me crucé de brazos.
-No hace falta – dije.
-Escucha… No es ninguna molestia. Deja que te acompañe, Lu, por favor.
Asentí e inicié el camino llena de dudas. Él me seguía al lado. ¿Sobre qué podíamos hablar? Todos los temas me parecían peliagudos, era como un pozo lleno de estacas a cada esquina. Él seguía mirándome, abriendo la boca y cerrándola, como si no se atreviera a hablar. La situación era muy incómoda para los dos. Yo no era capaz de sacar el tema de Los Ángeles, así que hablar de la noche anterior me parecía una buena opción. ¡Oh, un momento! No, no lo era. No era inteligente hablar sobre el sexo en aquel callejón.
-¿Qué tal el día, además de ajetreado? – se anticipó él.
¿Por qué no se me podía haber ocurrido algo tan inocente como eso?
-Oh, fenomenal. Una pareja de muchachas vino con un montón de cosas para que se las firmaras. Unos jóvenes me pidieron que te pasara una canción que grabaron con su grupo de garage-reagge-blues. Ah, y un guaperas de la universidad vino para darme su número de teléfono porque cree que podemos pasar un rato divertido de vez en cuando.
-Mierda. ¿Te pasa a menudo?
Debería haber cerrado la boca.
-No pasa nada, Natsu, Le dije que estaba ocupada y ya está. Asunto arreglado.
-Qué menos.
Se tocó la mandíbula y me lanzó una mirada inquisitiva.
-¿Intentas ponerme celoso?
-No. Solo te he contado lo que me sucede, simplemente. No querría complicar las cosas.
-Pues me has puesto celoso.
Le observé sorprendida, y no sé por qué. La noche anterior me había dejado claro que no estaba con nadie, pero saber que no era la única que sufría mal de amores, que pensaba en saltar de un precipicio… sentaba tan bien.
-Vamos – dijo, aminorando la marcha. Se detuvo en la esquina y esperó a que se despejara el tráfico -. ¿Sabes? Quizá le pida a Sting que venga a escoltarte. No quiero que nadie te moleste mientras trabajas.
-Sting me cae muy bien, pero se puede quedar donde está. La gente normal no lleva guardaespaldas al trabajo.
Arrugó la frente, pero no dijo nada. Cruzamos la carretera. Portland es muy bonita: está llena de cafeterías, cervecerías y el centro es muy animado. Chúpate esa, Los Ángeles.
-¿Y tú, qué has hecho hoy? – pregunté, demostrando mi creatividad elaborando conversaciones.
-Visité la ciudad y paseé por ahí. No puedo hacer turismo a menudo. – Me tomó del brazo -. Por aquí, a la izquierda.
Me estaba desviando de mi camino habitual.
-¿Adónde vamos?
-Confía en mí, necesito recoger algo.
Me llevó a una pizzería a la que iba a veces con Mirajane.
-Sé que lo único que comerías ahora es pizza. Le han echado todas las verduras que he pedido, así que espero que te guste.
El lugar no estaba muy lleno porque era temprano aún. Se oía a Los Beatles en la gramola. Me quedé en el umbral de la puerta, sin querer seguir adelante. El hombre le hizo un gesto con la cabeza y sacó su pedido del horno. Natsu le dio las gracias y se dirigió hacia mí.
-No tenías por qué hacerlo – le dije.
-Es solo pizza, Lu. Tranquila, no voy a pedirte que la compartas conmigo. ¿Cómo se llega a tu casa desde aquí?
-Por la izquierda.
Pasamos en silencio por delante de otro bloque de pisos, con Natsu llevando la caja de pizza en una sola mano.
-No pongas esa cara – me reprendió -. Cuando te recogí anoche estabas más delgada, has perdido mucho peso.
Me encogí de hombros. No quería recordar cómo me tocaba, me levantaba, mis piernas en torno a su cuerpo, lo mucho que le había echado de menos, el sonido de su voz cuando…
-Me gustabas más antes, la verdad – dijo -. Me encantan tus curvas, así que he pensado en otro plan: atiborrarte de pizzas de quince quesos hasta que los recuperes.
-Lo primero que me viene a la cabeza es decir algo mordaz: mi cuerpo no es asunto tuyo.
-Menos mal que te lo has pensado dos veces, ¿eh? Sobre todo porque me lo entregaste anoche.
Su mirada malvada se encontró con la mía.
-Escucha, no quiero que pierdas peso y caigas enferma, eso es todo. Olvídalo todo y deja de mirar así la pizza.
-Deja de darme órdenes.
Dejó escapar una carcajada.
-¿Te sientes mejor por decir eso? – bromeó.
-Sí.
Le sonreí con maldad. Todo era más fácil con él al lado. Pero no debía acostumbrarme. ¿Y si me engañaba de nuevo? La verdad era que le quería a mi lado con tantas fuerzas que me dolía.
-Bah… - se aclaró la garganta y lo volvió a intentar sin las palabras que le habrían hecho ganarse un puñetazo -. ¿Amigos? ¿Volvemos a ser amigos?
-No lo sé.
Sacudió la cabeza e insistió.
-Somos amigos. Lu, estás triste, cansada y has perdido mucho peso, y odio ser el culpable. Pero voy a solucionarlo todo contigo, poco a poco, tan solo dame un margen de maniobra. Prometo que no te agobiaré mucho.
-Ya no confío en ti, Natsu.
-Lo sé. Y cuando quieras hablaremos de ello.
Tragué saliva a pesar del nudo en la garganta.
-Solo cuando estés lista. Vamos, te llevaré a casa para que cenes antes de que se enfríe.
Recorrimos el resto del camino en silencio. Natsu me dirigía pequeñas sonrisas de vez en cuando y me sentaban de maravilla.
0o0o0
Subió por las escaleras detrás de mí sin molestarse en mirar a su alrededor. Se me había olvidado que ya había estado allí la noche anterior para sacarle a Mirajane mi paradero.
Abrí la puerta del apartamento y me asomé para echar un vistazo, todavía con el recuerdo de haber pillado a Mirajane y a mi hermano en pleno asunto la semana pasada. Vivir con ellos no iba a funcionar a largo plazo. Creo que todos necesitamos nuestro espacio.
El mes pasado, sin embargo, fue bueno, tanto para Lax como para mí. Nos concedió la oportunidad de hablar, nos habíamos acercado más que nunca. Adoraba su trabajo en el taller, era feliz y se había establecido. Mirajane tenía razón, estaba cambiado. Mi hermano al fin se planteaba qué quería y a qué lugar pertenecía, así que ¿por qué yo no podía hacer lo mismo?
Se escuchaba música rock. Lax y Mirajane estaban bailando en mitad del salón como algo improvisado, obviamente, a la vista del uniforme grasiento que mi hermano llevaba todavía. A Mirajane parecía no importarle y se mantenía pegada a él, mirándole a los ojos.
Me aclaré la garganta para anunciar nuestra llegada y crucé el umbral del salón.
Lax me miró y sonrió, pero entonces vio a Natsu. Se puso rojo de furia y le cambió la expresión. Creo que la temperatura de la habitación cayó en picado.
-Lx, por favor… - le calmé, sosteniéndole cuando se abalanzó hacia Natsu.
-Mierda. ¡No! – Mirajane corrió para detenerle.
El puño de Lax se encontró con la cara de Natsu y la pizza salió volando. Natsu retrocedió con la nariz llena de sangre.
-¡Maldito cabrón! – exclamó mi hermano.
Salté en la espalda de Lax, intentando tumbarle. Mirajane le agarró del brazo y Natsu se quedó parado. Solo se cubrió la cara ensangrentada pero no hizo nada por protegerse de más golpes.
-¡Voy a matarte por haberle hecho daño! – rugió Natsu.
Natsu le miró sin más, con un gesto de resignación.
-¡Para ya, Lax!
-¿Qué hace este tipo en tu casa? – me preguntó Lax, incrédulo -. ¿Me estás vacilando?
Entonces se dio cuenta de que Mirajane le tiraba del brazo.
-¿Qué haces? – Laxus intentó librarse de ella.
-Esto queda entre ellos, Laxus – dijo Mirajane.
-¿Cómo? ¡No! Ya has visto lo que le hizo, sabes todo lo que ha pasado mi hermana este último mes.
-Necesitas relajarte, vamos. Ella no quiere nada de esto. Por favor, cariño, no es asunto tuyo. Déjalos.
Laxus retrocedió despacio y los hombros volvieron a su lugar, se le relajaron los músculos. Yo también le solté, aunque había servido de poco. A mi hermano se le daban bastante bien los arrebatos de cólera. Natsu tenía gotas de sangre entre los dedos.
-Mierda, ven. – Le tomé del brazo y lo llevé hasta el cuarto de baño.
Se inclinó sobre el lavabo, maldiciendo en voz baja. Le ofrecí un puñado de papel higiénico y se lo metió en las fosas nasales.
-¿Está rota? – le pregunté.
-No lo sé.
-Lo siento mucho.
-No pasa nada.
Comenzó a sonar su teléfono en el bolsillo de sus pantalones.
-Yo te lo doy.
Lo saqué con cuidado y cuando vi el nombre en la pantalla me quedé helada. El universo tenía que estar gastándome una broma. El mismo sentimiento que cuando me partió el corazón creció en mi interior: pura rabia. Pero ahora podía sentir la anestesia expandiéndose por mis venas. Y así le pasé el teléfono.
-Es ella – le dije, impasible.
Se le veía mal la nariz, pero no estaba rota. La violencia no iba a ayudar, daba igual la furia que sintiera.
Miró la pantalla y luego me miró a mí.
-Lu, escucha, yo…
-Sal de aquí – le interrumpí -. Quiero que te vayas.
-No he vuelto a hablar con Lissanna desde aquella noche, no tengo nada que ver con ella. Créeme.
Negué con la cabeza, sin palabras.
El teléfono no paraba de sonar, me taladraba los oídos con un eco infernal en el cuarto de baño. Me provocaba escalofríos por todo el cuerpo.
-Responde antes de que lo rompa.
El teléfono seguía pitando en medio de nosotros dos, como una presencia que reclamaba atención.
-Deja que te lo explique – dijo, impaciente -. Te prometo que todo se acabó.
-Entonces ¿por qué te llama?
-No lo sé, por eso no voy a responder. No he hablado con ella desde que la despedí. Tienes que creerme.
-Ya. Pero no puedo. ¿Por qué debería?
Me dirigió una mirada de dolor. Nos miramos el uno al otro: teníamos muy claro que no iba a funcionar. Jamás funcionaría. Siempre me ocultaba algún secreto o me mentía, y yo me quedaría mirando la escena desde fuera.
No había cambiado nada, me había vuelto a romper el corazón, y me sorprendía que quedara algo que romper.
-Vete.
Salió sin mediar palabra.
Parece que cuando las cosas empezaban a encauzarse... Se han vuelto a estropear. ¿Creeis que saldrán de esta?
Decidmelo en un review :)
