Nota aclaratoria. Todos los personajes del anime y el manga de Candy Candy no me pertenecen, son propiedad de Kyoko Mizuki, de Yumiko Igarashi quien con su arte los plasmo en papel y de Toi Animation Co. Que llevo la serie a la televisión .
Capítulo 19. Celos y un corazón herido.
Candy regresó a su departamento, se cambió rápidamente y salió de ahí. En su cabeza tenía la imagen de "el" dándole vueltas una y otra vez, no podía creer lo que había hecho. Lo había visto, pero no pudo enfrentarlo, así que decidió "no mirarlo" y terminar de despedirse de Jonathan. Ahora se preparaba para ver a la Tía Abuela" pensaba: "Para estas alturas William ya debe de haberle contado sobre nuestra ruptura pero debo ir a su casa, ella no tiene la culpa de lo que sucedió y la quiero mucho". Entonces se apuró porque conociendo al rubio como lo hacía, sabía que no tardaría en llegar en su búsqueda.
Mientras ella iba camino a la mansión Albert llegaba a su departamento, pero cuando preguntó por ella el casero le dijo que tenía como diez minutos de que se había marchado. No quería pensar que Candy se le estaba escondiendo, pero si así era bien se lo tenía merecido y pensó: "Está bien… será a tu manera pequeña…". Luego entonces partió de regreso a la oficina para recoger a George.
Entraba a su privado y el moreno lo saludó.
—Buenas tardes William. No pensé que regresaras tan temprano, es más llegué a creer que no lo harías hasta lograr hablar con la señorita Candy.
Entonces Albert caminando como león enjaulado y dando vueltas por todo su privado mientras se pasaba la mano por sus cabellos insistentemente le dijo.
—No la pude ver George. Estaba estacionado enfrente del hospital pero ella iba tan entretenida platicando con un hombre que ni se enteró que yo estaba ahí…
El moreno abrió con sorpresa sus ojos negros.
—William eso que me comentas me parece increíble, la señorita Candy te conoce como la palma de su mano y podría darse cuenta de tu presencia a kilómetros de distancia y en cuanto a tu carro… perdón pero un Rolls Royce no pasa desapercibido y menos un deportivo descapotable como él tuyo.
Albert se detuvo y lo miró desconcertado.
—¿Qué quieres decir con eso George…?
—Lo que digo es que en mi opinión no es que ella "No te viera", más bien que decidió "No verte". – Le soltó directo—
—Quieres decir que me ignoró deliberadamente.
—¿Qué esperabas William?, ¿Que te recibiera con los brazos abiertos?
—No, por supuesto que no, eso lo puedo entender, pero no sabes lo que sentí cuando la vi platicando tan amablemente con ese perfecto desconocido, sentí… sentí que unos celos irracionales me consumían. Yo nunca había sido posesivo, o al menos eso pensaba pero me dieron ganas de correr y arrancarle la cabeza al susodicho.
Entonces George decidió que era buen momento de meter el dedo en la llaga.
—¿Viste algún mal comportamiento de su parte…?, ¿La besó?, ¿Se fue con él acaso…?
—¡No George!. ¡No digas esas cosas, por favor es de Candy de quien estamos hablando!.
—Bueno…entonces sino pasó nada más allá de un simple y caballeroso beso de despedida en la mano no entiendo el porqué de tu reacción.
En esos instantes a Albert le dieron ganas de lanzar a George por la ventana de su oficina. Entonces se le quedó mirando retadoramente.
—Bueno George, no te entiendo. Dime ¿de qué lado estás?
—Estoy de lado de la verdad. Creo que la señorita Candy sería incapaz de hacer algo como lo que tu hiciste, sé que se dará a respetar, aunque entiendo tus celos finalmente a pesar de que te equivocaste terriblemente sigues siendo un hombre enamorado, pero debes controlarte un poco, es lógico que llame la atención masculina, más ahora que está sola, por si no lo notaste tenías una prometida "bellísima y refinada" y si le agregamos su dulce carácter pues lo natural es que más de uno quiera acercarse a ella. Pero si ella realmente te ama y tú a ella la vida pondrá cada cosa en su lugar. Tiempo al tiempo muchacho.
—Eso espero George… necesito lograr que borre de su corazón ese terrible beso… Pero ahora vamos que tenemos algo que hacer.
—¿Irnos?, ¿A dónde William?. No podemos dejar todo botado en la oficina hay muchos pendientes todavía.
—Me importa un carajo la oficina en estos momentos George. Me vas a acompañar al hospital en este mismo instante.
—¿Al hospital?, ¿para qué?
—Vamos te explico en el camino.
Salieron de las oficinas del consorcio y cuando estaban estacionados en la puerta del gran hospital George le dijo a su muchacho.
—Explícame William que hacemos aquí.
—Necesito saber quién ese hombre con el que estaba platicando Candy hace un rato y como a mí me conocen y ella no quiere saber nada de mi no puedo bajarme, así que te pido por favor que entres e investigues quien es él. Tengo que conocer que tan constante es su presencia en la vida de ella.
—Ay William…soy tu asistente personal, tu asesor financiero no tu investigador privado.
—George has hecho cosas más atrevidas que ésta. ¿O acaso ya olvidaste cuando te pedí que secuestraras a Candy para regresarla con nosotros cuando se la llevaron a México?
Al moreno nada más le quedó resignarse pues en efecto tenía razón.
—Está bien William, dime como es.
—¡George como me pides que te describa al hombre que claramente quiere robarme a Candy!. Sólo investiga con quien salió terminando su turno por favor. –Dijo mientras su rostro comenzaba a ponerse rojo—
—William no seas incoherente. Necesito una referencia así que descríbeme al hombre. Si no lo haces no puedo ayudarte.
Albert solo resoplo sobre su asiento mientras pasaba su mano por la cara.
—Es alto…no sé casi igual que yo creo, cabello oscuro. Piel blanca, delgado y creo que tiene ojos de color no lo vi bien.
—¿Algo màs?
—¡Por Dios George! Con eso es suficiente. Ahora por favor ya no me atormentes más y ve a investigar.
Cuando George se bajó e iba caminando por el largo corredor de la entrada no pudo reprimir una ligera sonrisa. Sabía que su muchacho estaba sufriendo pero eso se lo tenía ganado a pulso. La batalla parecía que recién comenzaba porque sabía bien que aquella chiquilla rubia era capaz de robarle el corazón a cualquiera que hablara cinco minutos con ella. Después un tiempo prudente hablando con algunas enfermeras y corroborar que se referían al mismo hombre decidió que era suficiente. Su muchacho lo mataría pero tenía que decirle la verdad.
Cuando se subió al carro guardo silencio por unos segundos, estaba pensando como comenzar cuando una voz evidentemente preocupada le hablo.
—¿Y bien…?
George respiró hondo y comenzó.
—Es médico William. Al parecer es nuevo en el hospital.
Volvió a guardar silencio. Sabía que la descripción que le dieron todas las enfermeras no le iba a gustar nada.
—¿Qué más George? No me dejes así. Termina de hablar por Dios. Dime quien es, ¿de dónde es?, ¿qué pretende?.
—Bueno William que pretensiones tenga no lo sé, de eso pudieras tener más idea tú porque ayer lo viste. Lo que sí puedo decirte es que está causando conmoción en ese hospital.
—¿A qué te refieres con eso? – Dijo Albert entrecortando sus cejas—
—Pues que lo ven como un excelente partido. Tiene 26 años. Es pediatra, al parecer tiene una personalidad apantallante. Trabajaba en los Ángeles, California pero regresó a Chicago, su familia está aquí. Me dijeron que corre el rumor de que pertenece a la alta sociedad, trabaja como labor humanitaria y en palabras de la última enfermera con la que hablé dijo que es: "arrebatadoramente guapo" – Esto último lo dijo un tanto incómodo pero estaba dándole una definición textual—. Se llama Jonathan Kingsford.
Albert más que molesto por la descripción del tipo que amenazaba con fulminar su última oportunidad de recuperar la felicidad sólo pronunció...
—Jonathan Kingsford… Lo describes como un "techado de virtudes"…
—Yo no William, las enfermeras a las que trae de cabeza.
Volteo a mirarlo.
—No me ayudes George…
—Vamos William no te desanimes, tú vales lo mismo o más. No te vas a dejar vencer por un niño de cara bonita.
—No fue un niño lo que yo vì George, además él no la ha lastimado como yo.
—Anda no te crucifiques tú sólo. Date un poco de crédito. Está bien que él no la ha lastimado pero eso es porque recién se conocen, de algo ha de valer para la señorita Candy que tú has estado siempre ahí, has hecho lo impensable por ella. ¡Viajaste desde África en plena guerra por buscarla!.
En eso Albert se recompuso y con todo su coraje le contestó al tiempo en que se ponía sus lentes oscuros y arrancaba su Rolls Royce.
—Tienes razón George, me habré equivocado, pero amo con cada fibra de mi ser a esa mujer y sé que ella aún me ama. No voy a permitir que un "doctorcito modelo" que juega a la caridad venga y me la quite. Ella tiene que ser mi esposa. Así debió haber sido siempre.
En otra parte de la ciudad una pequeña rubia llegaba a la mansión de los Andrew rogando al cielo no encontrarse con William. El mayordomo la llevó directamente a la habitación donde se encontraba descansando la "Tía Abuela". Entonces tocó la puerta.
—Adelante. – Dijo la anciana—
—Con permiso. Buenas tardes "Tía Abuela".
La matriarca sorprendida se levantó del sillón en donde se encontraba leyendo.
—¡Candy hija!. Pasa por favor. Ven a sentarte aquí conmigo.
Cuando Candy se encontraba sentada junto a la anciana ésta inmediatamente la tomó de las manos.
—Hija ya me enteré de lo que pasó…
—Supongo que William le contó… —Dijo una Candy serena pero con un dejo de tristeza en su mirada—
—Si hija ya lo sé todo… pero quiero que sepas que cuentas conmigo para lo que necesites. Independientemente de que ahora tengas mi protección yo siempre estaré para ti Candy. Puedes confiar en mi y pedirme lo que necesites que ya sea material o emocionalmente te respaldaré y cuando tu alma pida con quien desahogarse esta vieja te escuchará.
—Estoy bien tía no se preocupe… nadie muere de amor. – Dijo mientras se limpiaba dos lágrimas que se escaparon de sus ojos—
—Ay hija… el desamor no se supera de un día para otro aunque seas una dama y estés dándote tu lugar al no querer saber nada y seguir con tu vida normal.
—Lo sé tía pero no puedo hacer otra cosa, mi dignidad es lo único que me queda.
—William está muy arrepentido Candy. Sé que su comportamiento no tiene excusas ni perdón, pero nunca lo había visto tan afectado. Me dijo que el mismo día fue a buscarte pero que dejaste dicho que no lo recibieran.
—Lo sé, el casero me dijo que estuvo ahí. Pero no puedo verlo tía no puedo. –Habló mientras reprimía las lágrimas que querían salir de esos ojos aguados—
—Hija ¿no vas a permitirle ni si quiera que muestre su arrepentimiento?. ¿Tan grande fue tu dolor que lo has dejado de amar?.
—Tía como me dice eso… Yo amo a Al… a William con toda mi alma pero mi orgullo no me permite verlo. De hecho hoy fue al hospital y yo estaba despidiéndome de un nuevo doctor que conocí y pude darme cuenta que él estaba en la acera de enfrente pero decidí ignorarlo y cuando me despedí camine sin voltear atrás.
—¿Cómo que conociste a nuevo doctor Candy…? –Pregunto algo desconcertada—
—Es nuevo en el hospital. Se llama Jonathan Kingsford.
La matriarca se asombró un poco porque el apellido le sonaba conocido.
—Su apellido se me hace familiar…
—Debe de ser tía dice que su familia pertenece a la alta sociedad de Chicago.
Entonces la tía pensó: "Dios Santo dale inteligencia y paciencia a William porque si es uno de los hijos de Anabel y Eduard Kingsford va a tener tremenda competencia porque los tres muchachos son exquisitos"
—Ha de ser por eso hija y dime ¿cómo es tu nuevo amigo?
—Pues es bastante agradable. Trae conmocionadas a todas mis compañeras tía. Todas hablan de él. Es alto, castaño oscuro, ojos grises.
"Por Dios es el más chico de los Kingsford. No tendrá los preciosos ojos azules de mi sobrino pero hay que aceptar que ese muchacho es muy atractivo y hasta la fecha es incasable como William porque no le gustan los convencionalismos de las damas de sociedad, obviamente este joven ha de estar interesado en Candy, si ella es única, Dios ayúdanos…"
—Y a ti ¿qué tal te parece hija?.
—No lo niego. Reconozco que es atractivo. Hoy platicamos durante la comida y me pidió que seamos amigos, pero yo no puedo verlo con otros ojos tía. En mi corazón por muy lastimado que esté sigue viviendo William y no puedo aceptar a nadie más. Solo somos compañeros de trabajo y comenzamos una amistad.
"Pues por algo se empieza…". "Ese muchacho lo que tiene de buen mozo lo tiene de inteligente" – pensaba la matriarca—.
—Nunca te habías referido a él como "William".
—Para mi ahora es William tía. Siento que del Albert que conocí no queda nada…se me han pasado estas noches muy largamente, aunque me vea calmada no encuentro la forma de seguir sin él. Hoy cargue a un bebe de cabellos rubios y ojitos azules y no pude evitar imaginarme como hubieran sido nuestros hijos tía. Mi corazón lo extraña pero mi orgullo me pide pensar en mi.
—Hay que darle tiempo a las cosas hija, pero mi consejo sería que cuando te calmes un poco le des la oportunidad de demostrarte su arrepentimiento. A pesar de que se equivocó de la peor forma, estoy segura de que él te ama.
—Me engañó con otra tía y a saber desde hace cuánto tiempo. Creo que a veces el amor no es suficiente…
—Pero a veces sí…
—No lo sé tía, no lo sé…sinceramente no sé que tendría que hacer William para que vuelva a creer en sus palabras, en éste momento sólo sé qué no existe manera alguna de borrar de mi corazón aquello que vi y que se grabó con fuego en mis recuerdos.
—Sólo prométeme que lo pensarás hija.
—No puedo…
—No seas orgullosa Candy…
—Eso es lo que haría una dama, ¿no es así tía? –replicó ella—
—Entiendo que estas herida pero no uses mis propias palabras en contra mía que yo no tengo la culpa Candice.
—Tiene razón tía lo lamento, no debí decirle eso.
—No te preocupes…pero prométeme que lo vas a pensar, de lo contrario no te perdonaré tu falta de respeto señorita. – Dijo la matriarca jugándose la carta del chantaje con la enfermera—
Candy dio un gran suspiro y le contestó con un poco de ansiedad y nervios.
—Tía usted nùnca cambiará… Pero está bien. Le prometo que lo voy a pensar, pero no le aseguro que suceda muy pronto, creo ésta distancia aunque duela es necesaria, al menos para mi.
—Genio y figura hija genio y figura… pero que bueno que lo harás, es lo más sano.
Después de platicar un poco más sobre su presión, su azúcar y cuestiones de la casa Candy decidió que era tiempo de retirarse. Entonces le comentó a la anciana.
—Tía disculpe que la deje pero creo que ya es tiempo de que regrese a mi departamento, se está haciendo un poco tarde.
—Muy bien hija no te entretengo más. Ah! Por cierto te comento que en estos días te haré llegar un nuevo guardarropa.
—Tía eso no es necesario, tengo suficiente ropa. –Dijo Candy con una leve sonrisa—
—La ropa para una dama nùnca será suficiente. Apréndelo de una vez Candy.
—Pero es que ya no va a cerrar mi armario tía…
—Pues te mando a hacer uno más grande y asunto resuelto. Pero anda te acompaño a la salida para que te lleve el chofer.
—Muchas gracias tía.
—No hija gracias a ti por confiar en mi.
Estaban casi en la puerta de la mansión cuando ésta se abrió y apareció ante sus ojos un rubio infiel con la mirada de arrepentimiento más grande que había visto en su vida.
—Candy…
—Buenas noches William… —Dijo secamente—
Entonces la matriarca se pronunció.
Hijo llegas más temprano. Candy se estaba retirando.
Candy yo quería…
Pero la tía no lo dejó continuar.
Hijo Candy tiene unos pendientes que resolver y no puede quedarse ya después tendrán tiempo de conversar, ¿No es así hija?.
A Candy solamente le quedó confirmar las palabras su tía y dirigiendo su mirada a ella le contestó.
—Así es. Me retiro entonces. Buenas noches tía. William.
Hizo una leve inclinación y salió de la mansión donde un chofer ya la estaba esperando para llevarla de regreso a su departamento.
Cuando la puerta se cerró Elroy Andrew se quedó mirando a su sobrino y le dijo.
—Feliz cumpleaños número 28 hijo. No había podido felicitarte porque no te vi en todo el día.
—Vaya cumpleaños que he pasado pero gracias tía.
Entonces dando una pequeña palmada en su espalda la anciana le dijo.
—Me imagino que has tenido un día difícil hijo, pero anda, acompáñame a mi habitación que tengo varias cosas que comentarte con respecto a Candy.
Cuando la pequeña enfermera llegó a su departamento traía mil pensamientos en su cabeza. La idea de la tía sobre darle una oportunidad de explicarse al rubio no la dejaba en paz. Por dentro se moría de ganas de perdonarlo. Se sentía mal porque hoy era su cumpleaños y no le dijo absolutamente nada cuando lo vio, pero su orgullo no se lo había permitido. Se encontraba en su lucha interna cuando observó un pequeño sobre en el piso e imaginó que el casero se lo había dejado por la tarde. Así que lo levantó y cuidadosamente comenzó a leerlo.
"Candy: Somos un par de distraídos. Nos despedimos en la tarde prometiéndonos vernos mañana en el trabajo y eso no será posible porque mañana es Domingo señorita, pero mi familia organizó una pequeña comida para celebrar mi regreso y como les comenté a mis padres que tengo una nueva y traviesa amiga trepadora de árboles me pidieron que te extendiera una invitación para acompañarnos. Ojalá aceptes. Me tomé el atrevimiento de mandar un chofer de parte de la familia para que pase por ti al medio día, te confieso que con gusto lo haría yo pero sé que no sería bien visto que un hombre te recogiera solo en tu departamento. De cualquier manera no te sientas comprometida, si no quieres o puedes venir, sólo dile al chofer que se regrese por donde llegó y listo, no pasa nada. Me despido y nos vemos cuando tú así lo decidas. Saludos cordiales Jonathan".
Continuará…
