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Marinette no lo podía creer, ahora mismo estaba al lado de Adrien.
Él dormía plácidamente, y ella sólo estaba muy sorprendida.
Y es que no podía creer lo que hizo con Adrien ayer.
No era un secreto para ella que le gustaba Adrien, pero no imaginó que terminaría en su cama, completamente a la merced de esa sensación que le unía a él.
Los brazos de él la estaban envolviendo de manera amorosa.
Marinette se sintió culpable pero aún así no se arrepentía de haberlo hecho.
Le encantaba Adrien, le encantó la manera en la que la trató, siempre cuidandola y sin embargo eso no disminuyó la pasión con la que acarició.
Él le hizo el amor, la hizo sentir en una intimidad tan placentera con él.
La besó con tanto amor que su corazón apenas lo resistió. La miró como si fuera lo más precioso de la existencia. Y Marinette sabe que nunca tendrá suficiente de eso.
Ella quería seguir amándolo así,
quería que él la besara y acariciara siempre, quería un futuro con él.
El tacto de Adrien era tan dulce, tan perfecto para ella, que simplemente sintió que nunca tendría suficiente.
Ella estaba sedienta de él.
No pudo evitar mirar su figura dormida, sus mechones dorados caían un poco en la almohada.
Su piel era canela, y cuando la abrazaba la hacía sentir en su hogar.
Por lo tanto decidió besar aquellos labios color durazno que tanto ama.
Lo besó con suavidad y ternura, intentando transmitir un poco de lo que sentía por él.
Le encantaba lo abrazador que se sentía su piel,lo cálido que estaban sus labios, él se sentía simplemente como un sol.
Y cuando él correspondió su beso, se sintió la mujer más afortunada del mundo. Él siempre la besaba con dedicación, como si ella fuera algo demasiado primoroso.
Cuando se separaron, él le regaló una sonrisa adormilada.
«Me has regalado la mejor forma de despertar, amor mío» él la abrazo, haciendo que la cabeza de ella cayera en su pecho desnudo.
Y Marinette recordó que ambos aún estaban totalmente desnudos.
«¡Adrien! No tienes ropa» ella se sonrojó furiosamente, y él sólo le regaló una mirada enternecida.
«Sí, cuando haces el amor no usas ropa» expresó él, como si fuera lo más obvio del mundo. Ella no pudo evitar querer golpearlo, se sentía avergonzada.
«¡Adrien!» en este punto Marinette parecía un tomate, él sólo la acarició, riéndose suavemente.
Ambos se quedaron abrazados un rato, simplemente disfrutando de la presencia del otro en el silencio.
La respiración tranquila de Marinette lo relajaba enormemente, y Marinette estaba tan sosegada al escuchar los latidos del corazón del rubio.
Ninguno de los dos quería levantarse.
Y es que ahí en la privacidad de su habitación, ambos se sentían muy felices y no querían más que estar así para siempre.
Pero no podían, simplemente cada uno tenía sus obligaciones.
Entonces Adrien se levantó, cuidadosamente, la chica estaba despierta pero aún así todavía no tenía ganas de levantarse.
El rubio estaba vistiéndose y es que hoy tenía que ir a la universidad, ya que tenía un exámen para sus alumnos.
«Eh...» ella se sorprendió al darse cuenta que él ni siquiera iba a bañarse para ir «¿No vas a bañarte? Es que... Ya sabes, debes estar un poco sucio» intentó explicar, él ya había terminado de ponerse la camisa y el pantalón.
«Se me hizo un poco tarde y ya no tengo tiempo, no te preocupes, estoy seguro que eso me ayudará a motivarme mejor» le guiñó un ojo.
Ella se sonrojó de nuevo.
Y se preguntó internamente.
¿Él siempre hace eso luego de estar con una chica? Oh no ¿Él hace esto con otras chicas? Se estremeció al pensarlo.
Pero tendría sentido si lo hiciera, porque él tiene esposa.
Y la ama. Pensó tristemente.
«No me arrepiento de lo que hicimos ayer, Marinette, yo te amo... Como no puedes imaginar» él estaba frente a ella ahora, ella no se había dado cuenta cuándo se acercó a ella.
«¿Me amas?» ella balbuceó.
Él se sonrojó al sentir un dejavú, cuando ella balbuceaba frente a él en el colegio.
«Más que a nada en el mundo» y al decir esto, ella no pudo evitar robar un beso en los labios al chico, era un simple roce, pero transmitía muchas cosas para ambos.
Te quiero.
