DISCLAIMER: Los personajes que aparecen en esta historia NO ME PERTENECEN. Son propiedad de JK Rowling.

CAPÍTULO DIECIOCHO - SCORPIUS

El jefe gritó mi nombre y me apresuré a salir de debajo del auto que estaba arreglando.

-Scorpius muchacho, ven aquí – repitió haciendo un gesto con su brazo

Me acerqué al pequeño cuarto que usaba como oficina. El jefe estaba apretujado tras su escritorio así que me senté en un pequeño banco mientras limpiaba mis manos con un trapo que siempre llevaba conmigo.

-Ya tengo lo que me pediste – el hombre sacó un sobre blanco de su cajón y me lo extendió

-Gracias jefe – asentí tomando el sobre que sabía contenía el préstamo que le había pedido – Le aseguro que le pagaré tan pronto como pueda.

-Ya te dije que podemos ir descontándolo de tu sueldo – él se encogió de hombros y luego me miró frunciendo el ceño y con seriedad - Ahora… sé que no me incumbe y no voy a pedir que me digas para qué necesitas el dinero, pero sí voy a decirte que espero que no sea para alguna porquería de la pandilla esa.

Sonreí de lado por su tono. El jefe parecía ser hosco y gruñón pero era buena persona.

-Algo tiene que ver con eso – admití – Pero no es lo que está pensando – él soltó un bufido – Voy a salir de la pandilla pero antes debo pagarles un dinero que les debo.

-¿De verdad vas a salir?

-Lo haré. En cierta forma ya lo hice – asentí – No le entro más a esa mierda. Quiero ir por el buen camino ahora.

El hombre me dedicó una verdadera sonrisa, se puso de pie y se acercó me palmeó torpemente la espalda. No pude evitar sonreír por el gesto.

-Es una de las mejores decisiones que has tomado en tu vida, te lo aseguro Scorpius.

-Lo sé

El jefe asintió y volvió a abrir uno de sus cajones para sacar un contenedor plástico que parecía estar lleno de muffins. Lo miré con diversión pero él me ignoró y me alcanzó el contenedor.

-Mi esposa se ha aficionado mucho a la repostería últimamente – suspiró – No lo hace tan mal. Vamos, toma uno, has trabajado sin cansancio este último par de días.

Tomé uno que parecía ser de vainilla y tenía un glaseado verde. Le di una mordida con recelo pero resultó saber bien. Además el sabor dulce era bienvenido.

-Sabe bien – comenté engulléndolo por completo

-Toma los que quieras. Estoy harto de los malditos muffins.

Eso hice. Me comí otro de chocolate y uno más de vainilla.

-¿Has pensado que harás ahora que vas a terminar el colegio?

-No tengo nada decidido – me encogí de hombros – Supongo que seguiré trabajando y ahorraré algún dinero… tal vez-hasta estudie algo.

-Eso suena bien – el jefe asintió – Tienes talento para esto. ¿Has considerado la mecánica como una opción?

Asentí ante su pregunta pero, honestamente, no había considerado nada todavía. Aunque me había hartado de la pandilla hacía tiempo nunca pensé en realmente salir. No hasta Rose. Y ahora que la tenía quería ser mejor por ella. Quería poder ofrecerle algo más que un posible prontuario como delincuente juvenil.

Tal vez el jefe tuviera razón, tal vez la mecánica podía ser una salida. Después de todo me gustaba y era bueno arreglando todo tipo de vehículos.

-Aún tienes algunos meses para considerarlo – suspiró el jefe – Pero no dejes pasar las oportunidades Scorpius.

-Gracias jefe. Por todo.

El hombre me sonrió y me ayudó a terminar los muffins. Después de unos minutos de charla sobre nuestros equipos de fútbol favoritos regresé al trabajo y continué arreglando el auto hasta que anocheció.

Salí una vez que cerramos el taller y fui hacia casa. Astoria estaba trabajando así que aproveché para guardar el dinero del sobre junto con el que tenía y el que me había dado ya Theo. Luego tomé un baño y me arreglé para poder ver a Rose, pues el restaurante volvía a funcionar ahora que había pasado las fiestas y sabía que ella estaba ahí.

Entré al local cuando los últimos clientes estaban yéndose. Rose me dedicó una enorme sonrisa y casi corrió hacia mí. Abrí los brazos hacia ella y la acuné en mi pecho mientras hundía mi rostro en su cabello rojo fuego.

-¡Feliz Navidad rubio!

Ella rió antes de darme un beso corto. No nos habíamos visto desde antes de Navidad y ahora que volvía a tenerla cerca me daba cuenta de cuánta falta me hacía.

-Consíganse una habitación – apostó Theo desde la caja

-Cierra la boca – gruñí, sabiendo que esos comentarios avergonzaban mucho a Rose - ¿Lista para irte?

-En realidad… - ella miró hacia atrás – Se supone que debo ayudar a Cassie. ¿Podrías esperar un poco más?

-No hay problema Rose, yo puedo terminar aquí – dijo Cass, quien había estado limpiando un mesa cercana

-¿De verdad? No quiero dejarte con todo el trabajo Cassie

-No es nada. Además Theo me ayudará

Theo soltó un audible bufido de fastidio.

-Arreglado entonces – le sonreí a mi novia y a mi mejor amiga – Vámonos

Rose se despidió de Cassie y Theo y se enfundó en su abrigo, gorro y guantes. Me acerqué para tomar su mano y salimos del restaurante.

-Te ves adorable así, toda abrigada – le dije cuando estuvimos en el auto

Ella soltó una risita por mi comentario y se acercó hacia mí. La besé y la pasión surgió rápidamente entre nosotros pues ambos habíamos sentido mucho la falta del otro. Mordí su labio inferior con suavidad y Rose jadeó contra mi boca, produciendo que mi deseo se volviera físico.

Pero no era el momento ni el lugar así que me forcé a calmarme y acaricié su suave rostro mientras me apartaba.

-Tengo algo para ti – le dije

-¿Qué es? – ella me miró, curiosa

-Ya lo verás

Extendí mi brazo para abrir la guantera y sacar una caja mediana de terciopelo negra.

-Feliz navidad pelirroja – sonreí mientras se lo di

Rose me miró antes de tomar la caja y abrirla. Me centré en su expresión pues quería saber si había elegido bien y, por su jadeo de sorpresa y posterior sonrisa, supe que le había gustado.

-¡Scorpius… es precioso! – Rose sacó de la caja el collar dorado con un dije de corazón

-Me alegra que te haya gustado – admití

-Me encanta, en serio – ella me dio un rápido beso - ¿Me lo pones?

Asentí y Rose se acomodó dándome la espalda. Retiré su cabello colocándolo hacia su hombro, y pasé la fina cadena por su cuello. Me había gustado el dije desde que lo vi pues, en la esquina izquierda, tenía un pequeño brillante azul del tono exacto de los ojos de Rose.

-Me recuerda a ti – le dije – Bello, delicado, elegante… precioso en todos los sentidos.

Ella me sonrió y bajó la mirada hacia el dije que ahora descansaba sobre su pecho.

-Gracias Scorpius, lo adoré – ella suspiró – La verdad es que también compré algo para ti.

Levanté una de mis cejas y le sonreí. Sabía que ella tendría un gesto como ese y fue en parte lo que me animó a, por primera vez en mi vida, buscar un presente de Navidad para alguien.

Rose buscó en su bolso y sacó cuidadosamente un paquete. Ella pareció nerviosa al entregármelo. Al tomarlo entre mis manos noté que era algo pesado.

-Vamos, ábrelo – pidió

Solté una risita mientras deshacía el moño y rasgaba el papel oscuro. Dentro había dos objetos: uno parecía ser un portarretratos y el otro algo metálico.

-Es una cigarrera – explicó – Sé que te gusta fumar de vez en cuando así que… además tiene un escorpión grabado. Me pareció adecuado.

Se ruborizó por su comentario y me apresuré a besarla.

-Me gusta mucho pelirroja, en serio. Es el detalle más bonito que alguien ha tenido conmigo.

-¿Lo dices en serio?

-Por supuesto – asentí - ¿Y qué es esto?

-Oh eso – Rose pareció volver a estar nerviosa y a ruborizarse – Eso es algo de ambos, en realidad… pensé que podría servirte para tu habitación.

Saqué el portarretratos y me percaté que tenía una foto que nos habíamos tomado en la Feria, durante nuestra primera cita. Rose lucía sonriente a mi lado, abrazada del peluche que había ganado para ella.

-¿Es demasiado pronto para esto? Entiendo si no…

-No, no, es genial – le aseguré – La pondré hoy mismo en mi mesa de noche.

Rose mordió su labio inferior con suavidad antes de suspirar con alivio y lanzarse a mis brazos.

Nos besamos durante mucho rato hasta que decidimos pasar por un café y comprar bebidas calientes para ambos.

-¿Cómo estuvo tu Navidad? – preguntó ella

-Muy normal – me encogí de hombros – Astoria salió con alguno de sus amigos y pasé el rato en casa de Theo. El pavo estuvo delicioso – ella me sonrió - ¿Qué hay de ti? ¿Fue todo bien?

-Nostálgico sobre todo – suspiró – Primera Navidad sin papá y mamá, aunque Dominique intentó mantener el buen humor todo el tiempo. Creo que ayudó que estuvimos con tía Ginny y mis primos… Hugo se puso un poco triste en la mañana de Navidad porque mamá solía ayudarlo a abrir sus regalos pero lo consolamos lo mejor que pudimos.

-Él es afortunado de tenerlas a ambas – le dije – Y es muy pequeño, poco a poco irá formando nuevos recuerdos junto a ustedes.

-Lo sé – Rose suspiró con tristeza pero movió la cabeza y sonrió – Vamos a estar bien. El tiempo va a ayudar, eso es lo que tía Gin sigue diciéndonos. Y creo que empiezo a darle la razón.

La abracé y enterré mi nariz en su cuello, dándole pequeños besos y disfrutando de la forma en que se estremecía contra mi cuerpo.

-Scorpius… es… es algo tarde – suspiró ella – Creo que debo volver a casa

Gruñí en desaprobación pero sabía que tenía razón. La besé por última vez y subimos al auto. Conduje hasta su edificio y le abrí la puerta para que bajara.

-Hasta mañana pelirroja, recuerda que te quiero

-Te quiero más – ella me dio un corto beso – Hasta mañana rubio

Le guiñé el ojo mientras se alejaba y esperé a que estuviera a salvo tras las rejas de entrada antes de volver al auto e ir hacia casa.

Una vez en mi habitación coloqué el portarretratos en la mesa de noche, como le dije a Rose que haría, y sonreí al recordar la cita. Le envié un mensaje de buenas noches a mi pelirroja y caí dormido como un tronco.

A la mañana siguiente fui despertado por un olor a quemado. Corrí hacia la dirección de la que venía el olor y me topé con Astoria, quien intentaba torpemente apagar el fuego que se había generado en una de las hornillas con un mantel. Fastidiado llené una cubeta con agua del caño y la derramé sobre la sartén en la que había estado cocinando. El fuego se apagó de inmediato.

-¡Oh no Scorpius! – se quejó ella - ¡Estaba friendo unos huevos!

-Estabas incendiando el departamento – corregí

Ella chasqueó la lengua y se dejó caer en una de las sillas.

-Quería ayudarte con el desayuno – dijo

-Pues a menos que aprendas a hacerlo bien prefiero que no lo hagas – Astoria hizo una mueca de dolor y me sentí mal por mi comentario. Me aclaré la garganta y suspiré – Lo siento mamá, solo… ¿quieres que te enseñe a hacerlo? Puedes ayudarme si deseas

-Aunque no lo creas – replicó Astoria sacando un cigarrillo de su chaqueta y encendiéndolo – Hubo un tiempo donde yo cocinaba. Y lo hacía bien. Sólo que estoy… oxidada.

Asentí. Si hubo un tiempo en el que ella cocinó ciertamente nunca lo viví o no lo recordaba. Aunque la segunda opción no era probable.

-Vale, bien, entonces ¿quieres ayuda?

-Mejor no cariño, tú eres mejor que yo de todas formas – ella suspiró y luego se puso de pie – Iré a tomar un baño. Sé buen niño y prepara algo para mí ¿sí? Hoy tengo un turno doble.

Terminé asintiendo y dejé que se fuera pues no quería discutir. Dudaba mucho que tuviera un turno doble. Astoria siempre evitaba al máximo trabajar más de lo debido.

Limpié el desorden que había ocasionado y preparé unos panqueques y tostadas. Dejé todo listo para ella antes de tomar yo mismo un baño e ir a trabajar. Había empezado mal el día pero conseguí mejorar mi humor al ver la foto de mi mesa de noche.

Una vez que estuve listo tomé las llaves y mi celular y caminé hacia el trabajo pues me quedaba solo a unas cuadras. Estaba a punto de entrar cuando una llamada me sorprendió. El número era desconocido y estuve tentado de no contestar, pero al final tomé la llamada.

-¿Quién es? – pregunté

-Dentro de quince minutos en el centro de operaciones. No llegues tarde.

La llamada terminó pero no tuve dudas de quien provenía. Reconocería la voz de Mason en cualquier lugar.

Solté una maldición y llamé a jefe para pedirle que me diera una hora libre pues había surgido algo importante. Afortunadamente él aceptó así que me dirigí directamente hacia el centro de operaciones, que era en realidad el edificio donde tantas veces me reuní con otros amigos.

Cuando estuve frente al edificio me detuve en seco. Los nervios empezaron a surgir en mí ¿Qué iban a pedirme? ¿Será que debía hacerlo justo ahora? Coloqué mis manos en puños y respiré profundamente antes de entrar.

El edificio estaba a oscuras pero avancé por el corredor hacia el espacio lleno de muebles que usábamos para las fiestas. El olor a cigarrillo mezclado con desinfectante me dio de lleno en la cara e hice una mueca.

-¡Mason! – llamé al no encontrarme con nadie

Un ruido tras de mí me hizo voltear. Mason y un tipo que nunca había visto antes entraron a la habitación y se acercaron a mí.

-Llegaste puntual, eso me gusta – él sonrió

-¿Para qué me quieres aquí? – inquirí

-¡Ay, directo al grano, como siempre! – Mason me sonrió maliciosamente y se sentó en uno de los sofá – Bien Scorpius… es hora de cobrar ese último favor.

-Sí, ya me imaginaba eso – lo fulminé con la mirada - ¿Qué debo hacer?

Mason miró a su compañero, quien se había mantenido en silencio y compartieron una mirada cómplice.

-Es algo sencillo, solo tendrás que hacer una entrega

-¿Una entrega?

-Ya sabes, transportar un paquete para nosotros

-¿Droga?

-Tal vez - él se encogió de hombros – Pero eso no es de tu incumbencia. Solo debes llevar el paquete a un parque en la zona sur y listo.

-¿En la zona sur? Pero ese es territorio del Trisquel

-Estamos intentando expandir nuestro negocio – Mason sonrió – Tenemos mercancía nueva y allí hay muchos clientes. Así que tú recogerás el paquete que el Amycus – él señaló al hombre tras de él – te dará y luego lo llevarás a nuestro contacto en la zona sur. Eso es todo.

-Y una mierda – solté – El Trisquel es capaz de matarme en pleno parque si me ven entregando droga en su territorio.

-Bueno Scorpius es un riesgo que has de correr si deseas salir de nuestro negocio. Fue tu decisión… y parecías bastante dispuesto a salir de la pandilla hace unos días.

"Eso cuando no me habían dado una misión casi suicida" susurré para mí mismo. Pero terminé asintiendo.

-Entonces te enviaré un mensaje con el lugar y la hora donde recogerás el paquete. Y oye Scorpius – él me miró directo a los ojos – Ve tú solo. Nada de llevar amiguitos.

-Entendido – mascullé

Sin esperar que dijera algo más le di la espalda y salí del edificio. Corrí en dirección a casa y entré a mi auto. Manejar solía relajarme así que encendí el auto y me dirigí a las afueras del distrito donde el tráfico era casi inexistente y podía aumentar la velocidad y aclarar mi mente.

No sé cuánto tiempo conduje ni cuántas veces pasé por los mismos lugares, pero eventualmente me detuve y apagué el motor. Estaba lleno de furia. Furia contra todo. Golpeé el timón del auto y descargué mi frustración hasta que mis nudillos casi se pelaron.

Aunque imaginaba que tendría que hacer algo así no esperaba que fuera en territorio enemigo. El Trisquel era conocido por ser muy violento… muchos de los enfrentamientos y tiroteos que tenían lugar en su territorio eran por cosas menores que la venta de droga. ¿Qué me harían si me descubrían?

Pensé en pedirle ayuda a Potter… él debía tener algún contacto o algo que pudiera ayudarme a disminuir el riesgo… pero sabía que no iba a hacerlo. Esto era algo que debía hacer solo porque, si salía mal, no quería tener que cargar con la culpa de haber metido a alguien más.

Mi teléfono volvió a sonar y pensé que tal vez sería Mason con las indicaciones del lugar pero en realidad era Theo.

-¿Dónde estás? – preguntó ni bien contesté

-¿Pasó algo? – pregunté a la vez

-No, solo que te esperamos para almorzar y nunca llegaste ¿Sigues en el taller?

-Algo así – suspiré – Escucha debo hablar contigo. ¿Dónde estás ahora?

-En el restaurante, pero puedo salir si quieres hablar en privado

Como siempre él había notado por mi voz que algo estaba mal.

-Veámonos en el parque cercano al restaurante. Estaré ahí en veinte minutos.

Corté la comunicación y encendí el auto. Conduje hacia el parquecito tan rápido como pude pero el tráfico de la tarde se había intensificado, así que Theo ya estaba allí para cuando llegué.

-Supongo que Rosier te se comunicó contigo – dijo Theo

Asentí y le expliqué lo que me habían pedido hacer.

-Maldita sea – silbó Theo – Voy contigo

-No – respondí de inmediato

-Iré. Estaré cerca del parque por si algo va mal, no te dejaré hacer esto solo

-No Theo, no vas a meterte en esto – lo miré a los ojos y hablé con mi voz más dura – Esto es algo que debo hacer solo.

-Ya no me das órdenes ¿sabes?

Mascullé una maldición. Sabía que Theo haría lo que querría y eso me fastidiaba.

-Por favor Theo – le pedí – No conseguí mantenerte alejado de esto cuando éramos niños, por mi culpa conociste a Rosier y los otros… así que hazme caso ahora. No te metas – él quiso replicar así que lo corté – Por favor. Te necesito con Rose. Protégela.

-Nadie va a meterse con ella Scorpius

-Eso no lo sabemos

Theo pareció meditar mis palabras y lanzó una palabrota, pero terminó asintiendo.

-Pero me llamarás si algo, cualquier cosa, no te cuadra ¿verdad?

-Lo haré. Lo prometo.

Theo extendió su brazo hacia el mío y lo apreté. Solíamos sellar así nuestras promesas y me sentía terrible porque sabía que no pensaba pedirle ayuda si algo salía mal pero sabía que era lo mejor que podía hacer.

Pasamos el rato en el parquecito, uno al lado del otro y en silencio, hasta que este fue roto por el sonido de un mensaje en mi celular. Miré a mi amigo quien asintió. Desbloqueé la pantalla táctil y leí el escueto mensaje del número desconocido.

Hamilton Terrace 1125. 8 PM. Ve solo.

-¿Hamilton Terrace? – se extrañó Theo – Esa es una zona residencial

-Mmm… tal vez el Círculo tiene aliados allí. Quién demonios sabe.

Theo asintió y yo guardé mi celular en el bolsillo. Para las 8 faltaba menos de una hora.

-¿Irás a casa a… prepararte o una mierda así?

-No – repliqué – Quiero ir al restaurante. Quiero ver a Rose.

Conduje hasta el estacionamiento del restaurante y bajamos del auto.

-Puedes quedártelo si algo me sucede – le dije a mi amigo, intentando aligerar el ambiente

-Deja de decir estupideces – replicó él lanzándome una mirada de fastidio

Sonreí por su respuesta e ingresé al restaurante. Rose estaba de espaldas limpiando y, afortunadamente no había clientes, así que me acerqué hacia ella y la abracé, tomándola por sorpresa.

-¡Scorpius me asustaste! – soltó ella aunque me ofreció una sonrisa

La abracé con más fuerza y la volteé para darle un beso. Un beso muy largo que quería grabar en mi memoria para que me ayudara en lo que debía hacer dentro de poco.

-¿Sucede algo? – preguntó ella cuando nos separamos por falta de aire

-Nada, sólo pasé a verte – le sonreí y acaricié su mejilla – Luces muy hermosa esta noche

Rose se ruborizó pero volví a besarla.

-¿Sabes? Coloqué nuestra foto en la mesa de noche. Hoy la vi al despertar y mi humor mejoró al instante

-¿En serio? – ella suspiró – Dios, tuve tanto miedo de que pensaras que era muy cursi – ambos reímos

-Me encantó. En serio

Pasé una mano por su largo cabello, enredando mi dedo en uno de sus mechones y notando que estaba usando el collar que le regalé.

-También adoré mi regalo – dijo encogiéndose de hombros

-Escucha – dije – Sé que se supone que hoy nos veríamos pero surgió algo… y debo ocuparme de eso.

-Mmm ¿es algo serio? ¿puedo ayudar?

-No, no es nada serio – mentí – Solo que tal vez me tome más de lo planeado y por eso preferí decírtelo ahora. No quería que pensaras que te dejé plantada o algo así

-Entiendo, sí claro – Rose asintió y me sonrió – Bueno… me avisarás si puedo apoyar con algo ¿verdad?

-Claro. Lo haré – le di un corto beso – Gracias por entender.

-¿Te vas ya? – me preguntó algo decepcionada

-Sí, sí… será mejor que ya me vaya – suspiré – Te quiero pelirroja. Recuerda eso siempre.

Rose asintió y le sonreí antes de salir del restaurante.

-Theo, quien parecía haber estado pendiente de mis movimientos, estuvo a mi lado al inicio.

-¿Irás en tu auto verdad?

-Sí, el lugar me queda muy lejos como para ir caminando – asentí

"Y además puedo huir más fácilmente en auto si debo hacerlo" me dije para mí mismo.

-¿Seguro que no quieres que vaya? – preguntó Theo

-Muy seguro

Mi amigo se acercó y volvimos a estrechar nuestros brazos. Entonces él asintió y yo hice lo mismo antes de entrar al auto.

Theo se hizo a un lado y yo arranqué el motor y salí del estacionamiento. Intentando alejar el miedo de mi mente me centré en evitar las calles más concurridas. Una vez que salí del centro de la ciudad tomé el desvió hacia la zona residencial donde se encontraba Hamilton Terrace.

Conforme iba pasando las calles, cada casa se hacía más grande y lujosa que la otra, pero no parecían estar habitadas por nadie. ¿Qué demonios hacía aquí el Círculo? ¿qué negocios tenían en esta parte de la ciudad? Avancé siguiendo la dirección del GPS y terminé deteniéndome en una enorme casa de dos pisos con un amplio jardín. No había otros autos estacionados ni personal de seguridad.

Bajé del auto y caminé hacia la puerta pero alguien apareció de entre las sombras. Era el hombre al que Mason me había presentado, Amycus.

-Vamos a la cochera – dijo

Con cierto recelo lo seguí hacia la cochera, que se encontraba a lado izquierdo de la puerta. Amycus tocó tres veces la puerta y alguien más abrió.

-Aquí estás, bien Scorpius

-La voz de Mason llegó desde el otro extremo de la habitación que además de tener una mesita con un maletín, estaba vacía.

-¿Es eso lo que debo llevar? – pregunté

-Exactamente – Mason asintió – Vamos, acércate y tómalo.

Me acerqué a grandes zancadas hacia el maletín y lo tomé. No pesaba mucho pero desprendía un olor asqueroso.

-No, no, no Scorpius. Tienes que abrirlo – Mason se había acercado hacia mí – Vamos, ábrelo. Debes saber lo que contiene.

Lo miré, inseguro de si debía hacerlo, pero él asintió alentándome.

-Ábrelo Scorpius

Con el corazón latiendo a mil por hora volví a colocar el maletín en la mesa, levanté los seguros que tenía en los extremos y lo abrí. Inmediatamente el olor se intensificó y supe por qué. El maletín no contenía droga ni dinero ni ningún químico. Contenía varias ratas muertas.

-¿Qué demonios es esto? – pregunté

-Eso es lo que eres Scorpius – Mason pasó un brazo por mi hombros – Una maldita rata traidora… que pronto estará muerta.

No me percaté del momento en el que Mason sacó un cuchillo de su chaqueta, sólo vi venir la hoja y me apresuré a moverme hacia el otro lado. Siempre había sido ágil y eso me ayudó, aunque sentí la hoja del cuchillo rozar mi costado.

-¡No vas a conseguir escapar Scorpius!

Mason soltó una risotada demente y volvió a empuñar el arma, así que me apresuré a correr hacia la puerta. Tenía que escapar.

Sólo que no había contado con Amycus… o con los otros seis hombres que de pronto aparecieron, cerraron la puerta y me detuvieron sin problemas.

-¡Ah, querido Scorpius! – Mason se acercó hacia mí haciendo movimientos con su cuchillo – Me apena hacer esto, en verdad me apena… pero no hay otra opción.

-Déjame ir – forcejeé en vano - ¡Teníamos un acuerdo!

-¿Acuerdo? – bufó - ¿Creías de verdad que te dejaríamos ir tan fácilmente? ¿Después de todos estos años? Vamos Scorpius… deberías saber que no existe otra salida más que la muerte.

-¿Qué hay del ritual de salida? Me ofrecí a hacerlo – escupí

-Meh… eso está casi pasado de moda – él hizo un gesto despectivo con la mano y volvió a reír – Además tú eras un niño del Círculo. Te vimos crecer Scorpius, te dimos oportunidades ¿y nos pagas así?

Mason les hizo una señal a los hombres que me sostenían, quienes me soltaron para rodearme en grupo.

-Empiecen – dijo él

De inmediato los hombres se acercaron a mí y empezaron a golpearme. Intenté defenderme lo mejor que pude, concentrándome para poder detener sus golpes pero eran demasiados. Sentí sus golpes en mi espalda, estómago y rostro por lo que parecieron horas pero sabía que en realidad estaban conteniéndose. Iban a matarme lentamente.

"Rose. Vas a perder a Rose" el pensamiento apareció de pronto en mi cabeza y de alguna forma me dio fuerza para defenderme. Me concentré en la sonrisa de mi pelirroja y me dispuse a atacar. Ellos eran grandes y fuertes, sí, pero eran lentos. Yo era mucho más ágil.

Conseguí darles algunos puñetazos hasta que uno de ellos golpeó mi pierna y caí de inmediato. Intenté ponerme de pie pero ellos me atacaron a patadas y preferí cubrirme el rostro y la cabeza.

-Basta – ordenó Mason, y ellos pararon al instante

Vi por el rabillo del ojo que Mason volvió a hacer una señal a sus hombres. Dos de ellos me pusieron de pie y me arrastraron hasta sentarme en una silla. Un tercero amarró mis piernas con cuerdas y los otros me sujetaron de los brazos.

-Como dije esto me apena chico… pero debe hacerse

Mason se acercó hacia donde estaba y se puso de cuclillas frente a mí. Luego llevó su cuchillo hacia mi mano y tomó mi dedo meñique. Sabía lo que vendría. Lo había visto muchas vece e imaginaba que debía doler como una mierda… pero no pensaba darle el gusto de gritar.

Rosier colocó la hoja bajo mi uña… y empezó a levantarla. Un hincón terrible recorrió mi cuerpo y mordí con fuerza la lengua para reprimir el grito. El sabor metálico de la sangre en mi boca no tardó en aparecer.

-¡Tenemos un valiente! – se burló Mason – Vamos a ver si sigue sin gritar cuando empiece a mutilar otras partes de su cuerpo

Los hombres rieron y Mason continuó levantando la uña hasta que esta cedió. No conseguí evitar soltar un gemido lastimero y provocar más risas de parte de ellos.

Solté una sarta de improperios, los maldije de mil formas pero Rosier me ignoró y rasgó la tela de mi pantalón con su cuchillo. Bajé la mirada, asustado, y vi que había dejado expuesto el muslo.

-Con el conocimiento apropiado – dijo calmadamente – Se puede infligir mucho dolor en esta zona ¿sabes Scorpius? No, probablemente no lo sabes – él suspiró – Me hubiera gustado tenerte como aprendiz pero supongo que solo servirás como otro objeto de práctica.

El dolor que sentí cuando él cortó el muslo casi consigue que me desmaye del dolor. Mason sonrió con malicia y apretó el corte con su dedo, antes de hacerme otro. No pude evitar gritar y sentí las lágrimas caer por mi rostro. La vergüenza, el miedo y la rabia inundaban mi cuerpo y no había nada que pudiera hacer.

-Así me gusta, así está mejor – dijo él con satisfacción

Mason volvió a cortar y grité tan fuerte como pude. Repitió la acción varias veces y con cada una sentía la fuerza abandonarme ¿Cuándo iba a parar? Quería que se detenga. Quería que dejara de doler.

En algún punto debí desmayarme porque cuando desperté tenía varios otros cortes.

-Bienvenido de vuelta – dijo Mason

-Maldito hijo de perra – solté y le escupí en la cara

Uno de los hombres que me sostenían me propinó un puñetazo en la mandíbula tan fuerte que mi visión se nubló. Y probablemente hasta me provocó alucinaciones porque estaba escuchando la voz de Rose y de Theo.

-Mmm creo que tenemos compañía – dijo entonces Mason sonriendo con malicia y limpiándose el rostro – Esto se va a poner muy interesante.


N/A: Más acción en este capítulo. La historia va llegando a su fin... si te gustó, por favor comenta. Me motiva a seguir adelante.