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Disclaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Naoko Takeuchi, sólo los utilizo porque me gusta perder mi cabeza en historias locas.
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Senderos Perdidos
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20º "Epílogo."
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La música sonaba intensamente, retumbando en sus oídos, no logrando a ratos siquiera escuchar los pensamientos en su cabeza, que eran demasiados.
Y todo el sonido colmaba el espacio con tanto ímpetu como las luces coloridas, siendo difícil distinguir a las personas que llenaban el lugar, que, como no era demasiado grande, la fiesta había sido extendida incluso afuera del local. No importaba siquiera el calor tropical sofocante, porque todo el mundo estaba animado compartiendo.
La fiesta de ese día era especial, no recordaba exactamente qué se celebrará en el pueblo, pero todo el mundo estaba de festejo, no importándoles nada más que aprovechar cada segundo de esa noche. Y ellos no eran la excepción, después de tanto tiempo ese lugar ya se había convertido en un hogar.
Yaten la miró desde la distancia y tomó el último sorbo de su vaso, sintiendo el alcohol picar en su garganta, él sabía exactamente dónde encontrarla, como si sus ojos tuvieran una habilidad sobre natural para verla siempre. Ella estaba bailando en medio de la pista, moviéndose divertida con la otra rubia, mostrando la sonrisa más grande y brillante. Disfrutando del espacio que tenía para divertirse.
Se preguntaba muchas veces si así habría sido antes de encontrársela, porque en todo el tiempo que llevaban en este lugar la veía feliz, libre, siendo su espíritu al fin liberado para poder vivir la vida a su antojo. Él también lo hacía, y no era el volver a la vida de antes, era crear una nueva, porque nada volvería a ser igual. Se sentía cómodo, tranquilo, y por primera vez en su vida abriendo su mundo.
—Está de locos conseguir una copa —comentó Seiya, acercándose a su hermano para poder hablarle entre tanto ruido, y luego mirando en la misma dirección que él—. Parece que no se cansan esas dos.
Yaten recibió su nuevo vaso, probando lo que le había traído de beber Seiya, cualquier líquido con hielo en ese instante le servía para aplacar un poco el calor.
Era cierto, cada historia que Minako alguna vez le contó sobre su vida junto a Serena y lo cercanas que eran ahora podía comprobarlo en vivo. Y a pesar de todo, de incluso saber que no eran realmente hermanas, estaban más unidas que nunca. Pero ellas no eran las únicas renovando lazos.
Apenas llegaron al lugar que habían elegido para comenzar su nueva vida, hubo que ser prácticos y organizar lo básico. Seiya y Serena llevaban tiempo juntos y no pretendían separarse, Mina no iba a estar lejos de Serena, y Yaten no quería tampoco apartarse de Minako. Así que terminaron los cuatro compartiendo el mismo techo, con un invitado extra.
Era obvio que no podrían vivir todos juntos, las casas en ese sitio no eran las mansiones de lujo a las que estuvieron acostumbradas las Aino, así que finalmente Lita, Ami y Rei habían decidido quedarse juntas, viviendo en el sitio de al lado. Pero Taiki, sin saber en dónde estaba su nuevo lugar, había permanecido con sus hermanos.
Y era una dinámica que jamás tuvieron en su vida, era nueva, caótica, interesante, pero al menos estaban avanzando.
—Taiki se fue a casa a dormir, porque mañana temprano partiremos a pescar —dijo Seiya poco entusiasmado.
—Fue tu idea, no te quejes.
—Pero es imposible levantarse de madrugada luego de una fiesta. No creo estar despierto como para aprender alguna cosa —explicó—. No creo de hecho que vaya a dormir antes de que amanezca.
—Da igual, ninguno de nosotros sabe algo sobre pesca —comentó sin darle demasiada importancia.
—Solo espero que Taiki deje esa paranoia eterna y se divierta —expresó.
—Hay costumbres difíciles de dejar de lado —admitió Yaten, sabiendo que a veces él también pasaba por esos momentos en que sentía que no todo estaba en orden, aunque le pasaba mucho menos que a su hermano mayor.
Y era cierto que ahora estaban seguros, lo podían sentir, pero Taiki había permanecido prácticamente toda su vida sospechando de cualquier movimiento a su alrededor, y les resultaba algo agotador cuando intentaban supuestamente ser una familia. No necesitaban una especie de padre que pusiera orden en la casa que compartían, necesitaban poder relajarse juntos. Y esa era la razón para aceptar la salida a pescar, cuando realmente a ninguno le interesaba demasiado. Pero supuso que ir borrando de a poco las viejas preocupaciones iba a necesitar del esfuerzo de todos.
—Quizá es tiempo de ir a interrumpirlas —propuso Seiya.
—Prefiero quedarme aquí.
Seiya rio fuertemente, poniendo una mano en el hombro de su hermano y haciéndolo avanzar hacia la pista de baile.
—Claro, por eso estás comiéndotelas con los ojos —se burló—. Vamos.
Era cierto, pero no todo el tiempo podía ser la persona más abierta del mundo, a veces le costaba funcionar en esta dinámica en que su relación con Minako no era un secreto peligroso que debían esconder, incluso cuando seguía siendo algo que él cuidaba celosamente.
Caminó entre el mar de gente, mientras no despegaba los ojos de su objetivo, dejando por alguna mesa su vaso a medio beber y teniendo sus manos libres para ir por ella.
Minako rio divertida, girando al ritmo de la música, tonteando junto a Serena sin ningún pudor. Amaba bailar y estaba pasándolo de maravilla, incluso Lita había estado un rato bailando con ellas, pero decidió tomar un descanso y estaba por algún lugar bebiendo con Ami y Rei.
—¿Deberíamos ir a buscarlas? —preguntó Serena.
—Por hoy dejémoslas tranquilas —decidió—. No tendrán escapatoria para la siguiente salida.
—¡Noche de chicas la próxima semana! —dijo entusiasmada, feliz de que estuvieran compartiendo cada vez más.
Minako sonrió, estando también contenta de cómo se estaba dando su relación, ahora que eran cinco mujeres que compartían lazos y no que estaban unidas por la necesidad de sobrevivir.
De pronto vio a Seiya acercarse y tomar la mano de Serena para llevársela con él a bailar, pero no le importó demasiado que le quitaran a su compañera de baile, porque su atención cambió totalmente al sentir unos brazos cálidos tomarla por la cintura, apegándola a su cuerpo. Sonrió apreciando su piel chocar con la suya y giró para tenerlo cara a cara.
—Qué atrevido de tu parte, primero deberías invitarme a una copa —comentó juguetona.
—Creo que ya has tenido suficiente por esta noche —le regañó levemente.
—Pero no suficiente de ti —devolvió, besando su mejilla.
Descansó sus brazos alrededor de su cuello, no era música lenta ni romántica, pero prefirieron bailar muy juntos sin importar lo que sonara. Yaten sonrió, aceptando quedarse así, muy cerca, mientras se movían al ritmo de la música.
Minako jamás imaginó que llegaría el día en que pudieran disfrutar de algo que parecía tan simple, bailar en una fiesta, poder celebrar. Y ahora que lo tenían no quería desperdiciar ni un solo minuto de esta vida.
Las manos de Yaten se posaron en sus caderas, moviéndolas al ritmo que ella marcaba, y puso empeño en no defraudarlo, no es que de todas formas les costase demasiado sincronizarse a estas alturas, ni en el baile ni en la vida a su lado.
Estaban seguros de que nadie en ese lugar estaba gozando tanto como ellos, porque nadie había anhelado tanto una vida libre que pudieran disfrutar juntos. Yaten ni habría pensado en salir a bailar con Mina si hubiesen coincidido en su antigua vida, habría inventado mil excusas de porqué era una mala idea y que no se le antojaba hacer el ridículo. Pero en el instante que se encontraban no había nada de qué avergonzarse, solo sus cuerpos atrayéndose sin más remedio y ellos dejándose llevar por cada forma de disfrutar que les presentara la vida.
Las canciones fueron cambiando, los ritmos, las letras, pero en ningún momento se apartaron, moldeando a su manera de bailar lo que sea que sonara. La fiesta multitudinaria no existía mientras estuvieran metidos en su propio y privado mundo.
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Con la excusa de tomar un descanso de tanto bailar, Mina guio entre la penumbra a Yaten, alejándolo de la pista de baile y el bullicio de la fiesta. Le causó gracias que él tuviera esa expresión confundida en su guapo rostro, porque sentía que sus acciones eran evidentes, era bastante claro que iban camino a una aventura reservada en exclusiva para ellos dos.
Se sentía animada a probar las infinitas posibilidades que les ofrecía esa noche, y la primera parada era la que más le tentaba. Mina le soltó la mano, mirando alrededor antes de forzar sin ninguna dificultad la cerradura de una puerta, entrando sin problema y arrastrando a Yaten al interior.
Era un espacio pequeño y apenas iluminado por la luz de la luna que entraba por la angosta ventana cerca del techo, pero eso lo hacía más perfecto. Estaban claramente apartados de todo lo que ocurría en la fiesta, la música ya no retumbaba por todo su cuerpo y era mucho más cómodo que estar entre tanta gente.
—¿Qué se supone que hacemos aquí? Creí que querías celebrar, la fiesta está fuera —apuntó él.
—Quiero celebrar, pero merecemos una fiesta privada —respondió, despejando su rostro, distraída por el flequillo que caía descuidadamente en el rostro de Yaten, pareciéndole tan atractivo.
—Más tarde la tendremos, no te olvides de nuestro paseo —le recordó.
—No tengo paciencia para más tarde —afirmó, no teniendo tampoco paciencia para más explicaciones.
Se lanzó a sus labios enseguida, pareciéndole una pérdida de tiempo seguir hablando. Sabía que irían a otro lado después de la fiesta, pero el baile, el calor, el ardor del alcohol en su cuerpo, era demasiado. Lo quería sin esperas, sin contenerse.
No era demasiada la ropa que ambos traían, Mina no demoró en abrir los pocos botones que abrochaban la camisa de Yaten, colando sus manos para sentir plenamente la calidez de su cuerpo, disfrutar de sus músculos tensarse bajos sus caricias expertas mientras no le daba paz entre sus besos.
Él tomó sus caderas, incapaz de resistirse a los deseos de la rubia, pero aún le quedó un mínimo de conciencia más que ella, por un instante.
—Nos van a descubrir —alegó separándose un poco, y solo logró provocar que, al soltar su boca, ella se dirigiese a derramar besos implacables en su cuello.
—No lo harán —replicó entretenida—. No me importa realmente.
Yaten rio sin poder evitarlo, divertido del descaro de Mina, sintiéndose alentado para ya no detenerse. Ella apenas usaba un vestido ligero, tan fácil de deslizar por sus hombros para que cayera al suelo, notando el sudor de su piel más pegada a la suya, si es que era posible que hiciese más calor en ese lugar.
Avanzó con ella entre sus brazos, torpemente caminando mientras sus piernas se enredaban, no supo bien sobre qué estaban reclinados, pero no importó, era simple comodidad para poder seguir desatándose. No se molestó siquiera en quitar el broche del sujetador que la cubría, así que apartó la escasa tela de su pecho para poder tomarlo con su mano, escuchando su voz complacida por su toque, mucho más cuando su boca relevó al calor de su mano, prensando entre sus labios hambrientos la punta sensible que ella ofrecía.
Mina apresó a Yaten por la cintura, aferrando una de sus piernas con fuerza, necesitando sentir que estaba tan prendido como ella se sentía. Pero no era suficiente, y deslizó sus manos buscando abrir rápidamente su pantalón, impaciente como siempre. Y sin dificultad pudo colar su mano dentro, teniendo al fin la prueba concreta de su deseo.
Lo acarició ávida, sonriendo satisfecha de escuchar su voz complacida, impulsándola a acelerar su movimiento, queriéndolo perdido en sus manos, literalmente. Y no le costó demasiado lograr su objetivo, pudiendo palpar lo duro que estaba tornándose.
Yaten necesitó soltar su pecho, no pudiendo seguir con su festín porque necesitó aire.
—Ya está —murmuró, intentando que ella detuviera tu dulce tortura, pero no le hizo caso.
Agitó su mano aún más, ignorando las súplicas de Yaten, demasiado divertida de sentirlo trastornarse por completo, no había nada más excitante que saber el poder que tenía sobre él. Solo que de pronto su maniobra fue detenida bruscamente, y Yaten la apresó por las muñecas, sosteniéndolas sobre su cabeza.
—¿Tengo que amarrarte acaso para que escuches? —amenazó alterado y ardiente.
—Amarrarme te trae recuerdos, al parecer —bromeó—. Dilo, amor, di que amas sentirte así.
Él quiso reclamar, pero estaba ya demasiado prendido, demasiado sumido en lo que estaban haciendo.
—Amo sentirnos así —contestó, volviendo a hacerla callar con un beso.
No soltó sus manos, manteniéndola lo más quieta posible porque era su turno de hacerla pagar, si Mina quería que celebraran iba a ser en grande.
Volvió a atacar sus pechos, nunca perdiendo la fascinación por saborearlos, pero lo que quería era distraerla mientras su mano viajó entre sus cuerpos, buscándola en la oscuridad, queriendo que la humedad que ella desprendiera fuera mucho más intensa que la de sus cuerpos por el clima. Porque el calor que estaban provocando podría fácilmente incendiarlo todo a su paso.
Deslizó hacia un lado su ropa interior, tampoco molestándose en quitarla del todo para poder acariciarla con sus dedos, presionándola para alterarla tanto como ella le había trastornado, y la escuchó gemir fuertemente, retumbando el sonido en su cuerpo con tanta facilidad como hace un rato sentía la música intensa, aunque esta música en sus oídos era mucho más placentera. Pero no era suficiente, así que sin más preámbulo resbaló sus dedos en su interior, quitándole todo el aire de una vez.
Era justo lo que quería, que ella sufriera el mismo tormento que le había provocado, que suplicase desesperada hasta que ya no le quedara más que soltar toda la tensión acumulada. Pudo notarlo apenas liberó sus manos para poder sostenerla, ella jaló su cabello desbocada, pero a Yaten no le importó.
Siguió empecinado en tocarla y hacerla asumir cada sensación, fascinado con ver su rostro descomponerse cuando ya no logró contenerse más, derrumbándose entre sus brazos y buscando con urgencia un poco de aire.
Pero ambos sabían que no había tregua aún, y tomando impulso la arrastró junto a él, presionándola contra alguna pared cercana mientras Mina acomodaba sus piernas alrededor, abriéndose para recibirlo cuando él se dirigió sin más demoras profundamente en su interior. El aire parecía escaso nuevamente, pero la necesidad de continuar era más importante, Mina se aferró a su espalda con una mano, ocupando la otra en presionar su trasero para apegarlo más a su propio cuerpo, animándolo a acelerar con besos fogosos en su cuello, en su mentón tan bien perfilado, en sus labios hinchados de tanto besarse.
Yaten necesitó soporte, dejando una de sus manos contra la pared, mientras la otra sostenía a Mina contra sí mismo, apretó su piel impaciente, desembocando toda su energía cada vez que arremetía contra ella. Era pura concentración, pareciendo que no existía nada más alrededor de sus cuerpos uniéndose y luchando por estar cada vez más juntos.
No iban a aguantar mucho más, habiendo pasado gran parte de la noche provocándose, bailando, tocándose, todo aliñando la pasión que estaban desatando, todo siempre animándolos en exceso a darse sin ataduras. Mina dejó de repartir besos para poder mirarlo, amando la conexión de sus miradas, y su cuerpo al fin se rindió, entregándose por completo a los espasmos, dejándose llevar por las olas de placer que una a una la golpearon tan intensamente como la mirada de Yaten en ese instante, haciéndola culminar nuevamente, devastándola con mayor intensidad que hace un instante. Él permaneció aún aprisionándola y dando su último esfuerzo, arremetió contra ella apenas pudiendo ya consigo mismo. Pero la sensación de plenitud, de simplemente sentirse completo, valía cualquier esfuerzo.
Yaten dejó escapar un ronco gemido, apreciando más que nada poder ver su rostro, sabiendo que ella estaba sintiendo lo mismo.
Permanecieron quietos un instante, incapaces de moverse ante tanto calor y cansancio. Mina despejó nuevamente el rostro de Yaten, quitando su cabello húmedo del camino. Podía ser que la lujuria los poseyera por completo, pero ahí, en ese instante calmo después de terminar, todo lo que veían al mirarse a los ojos era amor.
—Ahora que ya te di lo que querías no aceptaré excusas para no acompañarme —le advirtió.
—Esto no es lo único que quiero de ti —aclaró, sonriéndole cariñosa.
—Lo sé —murmuró él, acariciando su mejilla—, y es un poco intimidante, e increíble.
—Es maravilloso —agregó, sabiendo a lo que él se refería. Todo lo que tuvieron y compartieron por primera vez en sus vidas.
Se separaron para poder buscar las prendas de ropa que había quedado perdidas por el suelo, vistiéndose sin prisas para salir de allí. Por muy cansados que estuvieran, había un lugar más para ellos esa noche.
Mina abrió la puerta que hábilmente había forzado hace un rato, saliendo ella primero solo para toparse en el momento más inoportuno con su nueva familia. Frente ella estaban Lita, Rei y Ami, que miraron sorprendidas cuando vieron a Yaten salir detrás mientras abrochaba su camisa.
La reacción de cada una de ellas tres fue tan diferente como cada una era, Ami recatada y prefiriendo ignorar lo que estaba viendo, Rei reprobando la desfachatez de la pareja, y Lita tomándolo con humor, después de todo era la que había sido testigo de cómo ellos dos habían avanzado juntos.
—Pero qué bueno saber de tus pasatiempos, Minako —soltó Lita, mosqueándola—. Nuestra familia está llena de sorpresas.
Ella soltó una carcajada nerviosa al escuchar a su prima, Yaten por otro lado agradeció que estuvieran en medio de la oscuridad del lugar y las luces de colores colándose, porque estaba seguro de que su rostro estaba hirviendo en vergüenza.
Antes de cualquier otro comentario incómodo, él la tomó de la mano sacándola de ahí, lo más lejos posible de cualquier mirada acusadora por haberlos pillado. Aunque sabía que pudo ser peor, porque no le importaba demasiado lo que ellas opinaran, y de haber sido alguno de sus hermanos quienes los descubrieran, habría sido un dolor de cabeza.
Caminaron entre la gente para poder salir de allí con apuro, porque lo único que a Yaten le interesaba era llegar a tiempo a final de su camino.
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Luego de salir del lugar de la fiesta, pasaron rápidamente por su casa, cogiendo un par de cosas para salir nuevamente. Aún era de noche, pero sabían que no quedaba mucho para que amaneciera, y debían apurarse.
Todo allí quedaba cerca, y era fácil llegar a donde quisieran simplemente caminando, tan dispar al lugar atestado del que venían y al que no pretendían regresar. Pero la zona a donde querían ir estaba un poco más alejada de lo demás, siendo su pequeño escape privado.
Cuando estaban ya acercándose al rincón de la playa, Mina tomó de pronto el impulso y comenzó a correr, desviándose del camino de la arena y yendo hacia los árboles que protegían la costa. Escuchó que Yaten le llamó a lo lejos, y miró hacia atrás un instante sabiendo que él la perseguía. Anduvo con todo lo que daba su cuerpo, que después del alcohol, el baile y su rato de diversión con Yaten, no era mucho. Pero se esforzó, sintiéndose animada a arrancar de él solo por molestarlo un rato.
Era notorio que estaba cansada y gritó alarmada cuando él la atrapó entre sus brazos, no dejándole escapatoria.
—¿Dónde crees que vas? —preguntó, siguiéndole el juego.
—Es un secreto —le advirtió.
—Pero uno que yo también conozco —le recordó.
Se soltó suavemente de su agarre, solo para tomar su mano y seguir el poco camino que quedaba hasta llegar a su escondite, no el de ellos, si no el de lo que allí guardaban.
A algunos metros de la playa, adentrándose en el espesor verde que le rodeaba, la encontraron. Nadie podía verla a simple vista, pero la habían escondido allí, no queriendo tenerla cerca de donde vivían.
Mina demoró en sacarla, pero una vez tuvo en sus manos la espada se volvió seria por un instante. Ya no había peligro, ya nadie la buscaba, pero podía existir la mínima posibilidad de que algún día su paz acabara, debía ser realista.
—¿Crees que alguien más la quiera algún día? —murmuró, sintiendo que, así como ese objeto significó poder para tantas personas, para ella era una advertencia.
—Siempre existirá gente enferma de poder. Pero creo que ya estamos fuera de todo eso, ha quedado atrás, olvidémoslo —resolvió.
Ella lo miró, apartando sus ojos del objeto que sostenía. No pudo evitar sonreírle.
—Pero no quiero olvidar —replicó—. Es un alivio saber que tenemos esta nueva vida, pero nada sería posible sin lo que pasó.
—¿Y de qué nos sirve recordar lo difícil que pasamos?
—Porque no todo fue malo —le recordó, apuntando a ellos mismos, a haberse reencontrado.
Él la miró rendido, no pudiendo contradecirla porque era la verdad. No fue lo ideal, y hubo mucho dolor, sufrimiento, pero gracias a eso sabían lo duradero que era su presente, que no era frágil lo que estaban construyendo.
—Guarda eso y vamos, ya va a amanecer pronto —pidió.
Minako acomodó nuevamente la espada en su lugar, dejándola invisible a la vista de cualquiera. Ya vendría en algún momento a revisar que estuviera en su lugar, como solía hacer de vez en cuando. Era cierto que no podía olvidar ni borrar lo que ocurrió, pero ahora estaban enfocados en disfrutar de todo lo que esperaba por ellos, no de sufrir por lo que había quedado atrás. Ahora era su tiempo de brillar.
Se devolvieron a la playa, quitando su calzado, sintiendo la arena tibia y suave bajo sus pies. Yaten dejó su bolso a un lado, deteniéndose para mirarla de frente.
—Oye Mina —le habló, alertándola—. Sé que quizá debería esperar para decirlo, pero no creo tener paciencia.
—¿Qué ocurre? —preguntó curiosa.
—Pensaba esperar hasta tu cumpleaños, pero faltan aún varias semanas —continuó.
—¿Y qué es lo que me dirás? —insistió, tampoco teniendo paciencia para esperar.
—Es tiempo tener nuestro espacio, y encontré un lugar, es pequeño, pero está cerca para que puedas ver a Serena cuando quieras —explicó, haciéndole saber lo que deseaba realizar.
—¿Quieres que vivamos en otro lugar?
—El alboroto me tiene algo agotado —admitió.
—Creí que querías estar con tus hermanos.
—Viví con Seiya toda la vida, me hará bien descansar de él —bromeó—. Y con Taiki puedo seguir tratando, no es necesario encerrarnos bajo un mismo techo para arreglarlo todo. La única persona de tu familia con la que vives es Serena, pero todo está bien con las demás.
Era cierto, no pasaban todo el tiempo juntas, pero a medida que iba avanzando su estadía en este lugar, cada vez podía aprender más de quienes eran las personas tras la fachada de esa familia poderosa que alguna vez fueron. Lita tenía un pequeño lugar para comer, que era administrado por Ami y donde Serena se entretenía sirviendo mesas. Y aunque Rei no encontraba todavía su lugar, estaba aprendiendo a relajarse.
Mina pensó en los planes que hacían juntas, cuando Lita las invitaba a comer, o cuando jugaban un partido de voleibol en la playa con la excusa de que quería enseñarles algo que aprendió en la escuela. Eran esos simples detalles que imaginó que ellas tres no tuvieron mientras crecían, y que pensó podían ayudar a que fuera menos difícil el cambio.
Luego de todo el tiempo que pasó alejada de Serena, le era difícil separarse, pero también entendía que no iban a ir a ningún sitio, que estaban cerca, que podían seguir siendo tan unidas como fueron el resto de sus vidas. Pero que también era tiempo de que cada una transitara su propio camino. Y no podía haber elegido a un mejor compañero.
—Si no quieres, está bien —le dijo Yaten sacándola de sus pensamientos, notándola silenciosa, él sabía que era una posibilidad, que tampoco podía exigírselo.
—¡Claro que quiero! —respondió enseguida—. Ya es tiempo de que seamos solo tu y yo, sin llamados a desayunar cuando queremos seguir durmiendo, sin tener que preocuparnos por el ruido que hacemos en la noche.
—La ruidosa eres tú —le mosqueó.
—Hago mucho ruido porque me haces feliz.
No podía evitar reírse de sus ocurrencias, ya tan acostumbrado a que su boca inquieta soltara comentarios inapropiados, que siempre parecían tan encantadores en ella.
—Entonces lo haremos, un lugar solo nuestro —aclaró satisfecho.
Se sentaron uno al lado del otro, mirando el mar frente a ellos, esperando con paciencia que las primeras luces comenzaran a iluminar el paisaje. Mina descansó su cabeza en el hombro de Yaten, sobrecogida por todo lo que estaba pasando. Quizá no era mucho a ojos de los demás, pero ella deseó por tanto tiempo esto. Podía recordar tiempo atrás, cuando le había preguntado a Yaten si él quería salir con ella cuando todo calmase. Y aunque habían atravesado un infierno después de esa pregunta, ahora sí podían hacerlo realidad.
Ahora salían a tomar helado por las tardes, o a bailar cuando les daba la gana. Podían caminar de la mano frente a todos sin que fuese problema, aunque haya costado a Yaten acostumbrarse a esa naturalidad ante los demás. Ahora podían robarse besos a su antojo o quedarse mirando lo bello que era ese lugar sin que necesitaran más palabras, sin que debiesen tener un tiempo limitado para poder estar allí, así.
Él se movió, sacando del interior de su bolso la cámara, preparándola cuando notó que ya había la suficiente luz de amanecer para capturar lo que tenía en mente. Mina lo miró fascinada, encantándole siempre ver cómo él se manejaba en algo que era tan talentoso, y contenta de que ahora que vivían en un lugar que parecía ser el paraíso, él hubiese retomado lo que tanto le gustaba.
—¿Porqué tanto afán con el amanecer? —preguntó, sabiendo que hace días él venía diciéndole que quería que le acompañase a tomarlas.
—No sé, se me ocurrió que pasamos tanto tiempo en la oscuridad que quería capturar cuando comienza a regir la luz —resolvió simplemente.
Pero a ella sus palabras le sonaron mucho más profundo, le gustaba demasiado lo que él decía y le daba la razón.
—Tu eres la luz que me iluminó en toda esa oscuridad, como mi estrella personal —agregó.
—Qué cursi eres a veces, Minako —rio suavemente, divertido de esa sensación de poder decir lo que sentían sin ataduras.
—¿Podemos poner estas fotografías en nuestro nuevo hogar? —preguntó entusiasmada—. Así tiene tu toque personal.
—Podemos hacer eso, pero ¿cuál será tu toque personal entonces? —preguntó, queriendo hablarle de algo que traía en mente hace un tiempo—. ¿Has pensado en qué te gustaría hacer?
—¿A qué te refieres?
—Llevamos tiempo acá, y entiendo que quieras descansar y divertirte, pero a veces me pregunto si hay algo más que deseas para ti —expresó.
—No lo sé. Siempre tuve otras preocupaciones —le dijo torpe. Aunque entendía lo que él intentaba hacer y estaba de acuerdo. No quería pasarse la vida sin encontrar algo que la hiciera feliz como veía a Yaten serlo cuando estaba con su cámara.
Él la miró, sabiendo a lo que se refería con sus preocupaciones, a una vida ocupada en sobrevivir y cuidar a su hermana, en buscar cómo tener dinero para pagar el lugar donde vivían, de comer bien y permanecer ella y Serena juntas. Pero ahora ya no tenía ese peso sobre ella, y debía preocuparse de sí misma.
Y quería verla feliz, no solo porque tenía una familia o porque ellos estaban juntos, quería que ella encontrara esa felicidad de la realización propia. Él se sentía tan bien ahora que había vuelto a la fotografía, que quería que ella también buscara algo propio. A veces la miraba atentamente cuando hacía algo, y la notaba entusiasmada cuando jugaba voleibol en la playa, o si se subía al karaoke cuando se iban de fiesta, incluso lo mucho que se perdía buscando algún vestido nuevo para el clima tropical, Cualquier cosa que ella deseara, él iba a estar ahí apoyándola.
—Podrías dar clases de voleibol, o ser cantante en algún bar, o vender ropa en alguna de las tiendas —le propuso.
—No sé si muchas veces en la vida me he preguntado qué quiero hacer realmente —confesó—. Pero sí tienes razón, es tiempo de buscar algo para mí.
—Eso quería escuchar —afirmó complacido.
Miró nuevamente hacia el mar, gustándole cómo las luces iban cambiando el color del cielo y los reflejos en el agua, y vio un pequeño destello en particular. Ahí estaba asomándose también la única estrella que se veía al amanecer, no siendo una estrella realmente.
Venus brillaba pequeña y lejana, y no pudo evitar pensar en cuando Minako y él se encontraron, en que ella jugaba ese rol en medio de la oscuridad, buscando desesperadamente no apagarse. Y Yaten sabía que ella no pensaba en sus días como Venus como algo bueno, pero a sus ojos ella siempre le había ayudado a ver todo con claridad, desde el principio, aunque no necesitara decírselo.
Capturó el paisaje con su cámara, esperando a ver cómo iba cambiando a medida que amanecía.
—¿Por qué no vas a la orilla para una foto? —le propuso.
—¿Vas a dejarme interrumpir tu amanecer? —consultó sorprendida.
—No sería la primera vez que posas para mí —resolvió, podía recordar lo bella que le parecía en esas tardes bajo los árboles cuando estaban escondidos, cómo una sonrisa relajada de ella le había hecho olvidar que había un mundo terrible más allá, y había sido justo lo que necesitaba para no ser devorado por lo malo a su alrededor.
—Soy tu musa favorita, lo sé —bromeó animada, poniéndose de pie para dirigirse a la orilla y mojar sus pies, moviéndose a su antojo mientras escuchaba a lo lejos la captura de la cámara.
Chapoteó el agua cálida, riendo desenfadada, bailando a ratos porque no importaba la locura que ella hiciera, él iba a aceptarla tal cual, así como ella aceptaba cada día y cada descubrir nuevo que tenía sobre Yaten.
Su danza incoherente la hacía sentir liberada, pero sabía que por más que se moviera no podía competir con la inmensidad del cielo amaneciendo, que ella sería un pequeño fragmento en medio de la imagen que él capturaba, pero igualmente se sentía así de inmensa, como si al extender sus brazos pudiera rodear completamente el paisaje.
Entendía ahora porqué él quiso tanto estar allí en ese instante en que nadie más que ellos existían, lejos de lo que arrastraron por el camino, despojados de los pesares.
De pronto notó que él ya no estaba fotografiándola, había dejado a un lado su cámara y simplemente la miraba, hasta que sus ojos se encontraron y él caminó en su dirección. Se detuvo solo al quedar a escasos centímetros de su rostro, jamás apartando sus ojos, atesorando el silencio que se daba por lo mucho que se entendían, podían ser unos segundos o el día completo, pero eso no mermaba el poder que seguían sintiendo que eran juntos.
Minako se apartó un poco, tomando el borde de su vestido y quitándoselo, lo lanzó a la orilla para poder deshacerse también del resto que la cubría. Notando la mirada sorprendida de Yaten.
—Ven conmigo —pidió, estirando su mano mientras caminó de espaldas, un poco más, adentrándose en el mar.
—¿Y por qué debería hacerte caso? —rebatió divertido.
—Porque es intimidante e increíble —apuntó, tal como él le había dicho hace un rato.
Yaten la observó allí de pie desnuda mientras algunas olas chocaban con su cuerpo, encandilado por la fortuna que tenían ante ellos ahora, porque ya no estaban perdidos, ni solos, si no que les esperaba un largo camino que quería seguir descubriendo.
Quitó su ropa con facilidad, aceptando una invitación que le parecía deslumbrante, dejando sus prendas también por allí tiradas para poder caminar hacia ella, tomando su mano con firmeza para avanzar juntos más hacia dentro, refrescando sus cuerpos y lanzándose a nadar mientras contemplaban en medio del mar cómo de a poco el paisaje iba iluminándose, y todo alrededor de ellos se transformaba en colores cálidos e intensos. Estaba casi terminando de amanecer y la oscuridad se había desvanecido.
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— Fin —
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¡Hola!
Terminar una historia es siempre un sentimiento difícil de describir, pero creo que por ahí escribí dos palabras que en este caso quedan de maravilla: intimidante e increíble.
"Senderos Perdidos" partió de mi enojo porque no le dieran su espacio a Sailor Venus y su espada en Crystal, como debió ser. Y de ahí derivó en esto que me entretuvo mucho y también a ratos me frustró. Creo que la forma en que el mundo de los fics funciona ha cambiado mucho desde que comencé, casi 12 años no han sido en vano. Pero como suele pasarme, mis historias son poseídas por esa magia maravillosa y duradera que son Minako y Yaten.
Pero en los días buenos y malos, en los momentos de desánimo y en los de inspiración, el saber que mis historias están aquí, que han sido escritas, que han sido leídas, es una alegría que nunca logra opacarse. No tienen idea la felicidad que ha significado siempre el poder crear historias.
Me despido de "Senderos Perdidos" y espero que la hayan disfrutado, espero con mucha ilusión sus comentarios para saber qué les pareció. No voy a decir, como lo hice otras veces al terminar historias largas, que no sé si vendrán más o no. Porque en este momento de la vida creo que ya he hecho las paces con dejar que las cosas fluyan, así que, si en algún momento viene a mi cabeza esa inspiración, habrá más por estos lados, a mí al menos eso me haría muy feliz.
Gracias a todas las personas que leyeron esta historia, quizá algunas comenzaron y no terminaron, quizá algunas entraron cuando ya estaba terminando, pero todas esas visitas, esos comentarios y el impulso, fueron siempre bienvenidos.
¡Abrazos!
Katabrecteri ღ
