¡Hola a todos! Esta vez me he demorado un poquillo más en actualizar, ¡pero aquí lo traigo!

¡Diez capítulos más por subir que ya están escritos! Me emociona porque retomaré la escritura desde donde mi yo del pasado lo dejó así que nos estaremos reencontrando pronto jaja :P

.


Capítulo 18

Los días han pasado lentamente desde aquella cena y Peeta se ha alejado cada vez más de mí, pero claro, de una manera sutil. Creo que de alguna forma él está tratando de llevar una vida normal, tranquila y sin que yo le cause ningún disturbio a su mente; y yo lo he estado dejando para ver hasta dónde llegará. Su comportamiento en general no ha cambiado, sigue siendo el mismo chico dulce y generoso que conozco, solo que sin el toque especial que lo caracterizaba cuando decía que estaba enamorado de mí en un pasado…

Una mañana de las tantas posteriores a esa horrible cena, me percato de que aún no se ha despertado y me asomo lentamente por la puerta de la habitación para ver qué le ocurre… Me lo encuentro sentado en la cama de espaldas a mí sosteniendo una especie de portarretrato, se pasa una mano por su cabello rubio cenizo y se queda con ella puesta en su cabeza. Su postura da indicaciones de decaimiento y algo de tristeza y por un momento me parece que la mano en su cabeza tiembla… Me pregunto qué mirará. Quisiera entrar silenciosamente, a paso sigiloso y sin que él se dé cuenta abrazarlo por detrás y transmitirle con esa muestra de cariño una parte del afecto que él tanto se merece.

Sin hacer ruido me aparto de su puerta y en el intento de volver a mi habitación me golpeo el pie con una mesita que queda pegada a la pared del pasillo que une las habitaciones. En ese momento lo escucho levantarse, así que con un gran esfuerzo reprimo el repentino dolor y salgo directa a mi habitación y me acuesto en mi cama haciendo ademán de estar dormida.

—¿Katniss? —susurra Peeta desde el umbral de mi habitación. Yo mantengo mis ojos cerrados. —¿Katniss?— oigo sus pasos acercándose al pie de mi cama mientras yo lucho contra el impulso de abrir los ojos, pero al parecer mis habilidades actorales si funcionan ya que después de unos segundos escucho que suspira.—¿Qué habrá sido ese ruido?

Siguen pasando los segundos y empiezo a ponerme nerviosa ya que no he escuchado sus pasos saliendo de la habitación, ¿qué hace? Debe ser que como nunca ha estado en mi habitación y se debe estar tomando su tiempo para darle un buen vistazo. Abro mis ojos lentamente y descubro sus ojos mirándome directamente.

—Buenos días. —finjo que estoy recién despertando. —¿Qué haces aquí?

—¿Yo? Pues… Es que escuché un ruido y pensé que habías sido tú… ¿Te has levantado?

—¿Yo? Oh no. He dormido como nunca. Hasta soñé contigo. —digo sonriendo levemente, para molestarlo.

—¿Ah sí? ¿Y qué soñabas?

—Pues fíjate que no te lo contaré. —digo como si fuera una niña mimada. Un asomo de sonrisa genuina se asoma en la comisura de su boca. Interiormente me alegro de haberlo sacado de ese estado de letargo que tenía cuando lo vi en su habitación. —Y por cierto… ¿cuánto tiempo llevas aquí?

—Ehh… no tanto, casi justo cuando te despertaste. —dice desviando la mirada pero aun sonriendo.

—Ah claro.— Sí, sobre todo. No admite que ha estado un buen rato metido aquí.— ¿Qué vas a hacer hoy?

—Lo de siempre aunque hoy es domingo y por tanto no hay trabajo donde los Ganger. Así que…

—¿Quieres ir al bosque? —le suelto sin pensar. Yo suelo ir al bosque totalmente sola. Y Peeta jamás se ha ofrecido a acompañarme. De inmediato descarto la idea pero en ese momento Peeta me interrumpe.

—¿Y que se supone que haré mientras tú andas por ahí caminando entre los arbustos, siendo una auténtica cazadora? —dice con expresión incrédula. —Creo que será un poco difícil y además no quiero estorbar. —termina rotundo y apartando la mirada.

—Está bien, solo era una sugerencia. —digo mientras me levanto y me desperezo tratando de ocultar el repentino enfado que carcome mi mente.— Igual tú nunca has sido muy bueno en el bosque que digamos.—digo rememorando las escenas del pasado… los juegos… la cueva… todos los momentos compartidos. Sonrío para mis adentros, pero se me ha tenido que notar en la cara porque me mira extrañado.

—Seguro…—dice con la mirada perdida. Y sale de la habitación.

Lo recuerda. Debe recordarlo tan nítido como yo incluso aunque haya sufrido el secuestro. Miro hacia atrás a todo lo que hemos recorrido y me recorre esa nostalgia que siempre siento cuando pienso en nuestro pasado. Lo tonta que fui y que sigo siendo… Siempre tan insegura de mí y de los demás.

Debo actuar y tratar de que él de alguna manera vuelva a mí, esos sentimientos que alguna vez sintió y que sé que siente tienen que renacer y relucir a la superficie… y tal vez cuando eso pase todo se aclare ante mis ojos y esté segura de lo que pienso y de lo que siento por él. Quizás.

Me arreglo rápidamente y me decido por un pantalón azul desgastado y una blusa de manga corta color vino tinto que ni siquiera sabía que existía hasta que la empaqué y la traje hasta acá. Por último me pongo mis preciadas botas, la chaqueta que usaba mi padre y me echo una pasada por la cocina antes de irme.

—Me voy Peeta. —digo parada en el umbral.— Y para que sepas no saldré y seré una cazadora auténtica tal como crees que haré, ni siquiera tengo un arco aquí… Simplemente saldré a caminar, no tardo.— y me doy la vuelta dispuesta a salir, de repente recuerdo algo, y me devuelvo.— Y por cierto… Si no tienes nada que hacer… La invitación sigue en pie, al fin y al cabo no hay mucho qué hacer en esta casa. —y esta vez si salgo satisfecha conmigo misma y dejando atrás a un Peeta totalmente perdido.

Me topo con la brisa fresca de la mañana que corre agitando todos los árboles alrededor y tomo un respiro profundo para tratar de alejar un raro nerviosismo nada propio de mí. Me adentro en lo profundo del bosque, sorteando los árboles, los arbustos y los animalillos que corren de un lado al otro. Definitivamente el bosque siempre será mi aliado, mi confidente, mi acompañante en mis días de soledad y sobre todo, me hace sentir satisfecha. Como si un hueco dentro de mí se llenara cada vez que pongo un pie en la rica tierra. Escalo un olmo viejo encontrado a mi derecha y estando arriba me encuentro con un nido de pajaritos. Me acerco a ellos y los observo largo rato peleándose entre ellos unos gusanos que ha de haberlos traído su madre. Me pregunto dónde estará su madre. Y hablando de madres, ¿cómo estará la mía? Busco un lugar cómodo entre las ramas y me recuesto en el tronco comiéndome un puñado de fresas que encontré en el camino. Mi madre ha llenado mis pensamientos y me sorprendo extrañándola de verdad. ¿Qué estará haciendo ahora? ¿Tendrá una casa propia allá en el Distrito 4? ¿Hablará con Gale? ¿Pensará en mí alguna vez? Recuerdo que alguna vez hablé con ella por teléfono, no hablamos mucho pero quedé en visitarla. Me gustaría pero… pero creo que aún no estoy lista. No.

Un grito. Un grito preocupado. Me inclino hacia delante súbitamente ante tal interrupción. Miro a todos lados y recuerdo que estoy montada en el gran olmo. Otro grito esta vez más cerca, esta vez lo reconozco.

—¡KATNISS! —vocifera Peeta en algún punto no muy lejano.

Me bajo rápidamente y me dispongo a correr al lugar donde se oyen sus gritos. Cuando lo visualizo, está mirando en la dirección contrario de donde yo estoy. Alcanzo a ver la tensión que lo recorre en toda su espalda así que me adelanto a enfrentarlo.

—¡Peeta! ¡Aquí estoy! Qué pasa. —digo cerrando la distancia entre los dos. Cuando me mira su expresión luce tan preocupada que me asusta. —¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? ¿Te han hecho daño?— digo subiendo mi mano hasta su rostro. Con el corazón agitado. Se me queda mirando por un buen rato.

—¡¿DÓNDE RAYOS ESTABAS?!—suelta furioso, y alejando mis manos de su cara bruscamente.

—¿Pero qué…?

—Katniss, en serio ¿dónde estabas? ¿Estás bien tú? —dice calmándose un poco.— Son las cuatro de la tarde, te fuiste a media mañana y me dijiste que regresabas pronto. ¿Pronto para ti son qué… las ocho de la noche?— dice alejándose.

—Oh… ¿Tan tarde es? Es que anoche no dormí mucho y el sueño me atrapó… Tranquilízate.—digo acercándome a él nuevamente. Le cojo la mano y me sobrecojo al notar que él no me la agarra de vuelta.

—No fuiste a almorzar, y no llevaste nada de la casa, es obvio que me preocupara. —declara dándose la vuelta para encararme. —Por favor Katniss, no vuelvas a irte por tanto tiempo, y si te da sueño regresa y duerme en la casa.

—Está bien. Pero aun así Peeta ¿por qué tanta preocupación?, sabes que estoy en el bosque y que me sé defender sola de cualquier peligro.

—Es que. Es que… Katniss, creo que nos observan. —susurra, mirándome con intensidad.

.


¿Bueno ya era bueno algo de suspenso no?

*heart*