Agape to Eros
By Tsuki No Hana
XXIV
"Inefable"
Las palabras no alcanzaban para expresar lo que ambos experimentaban en esos momentos. No, las palabras no existían para decir lo sublime que era tenerse al fin, tan unidos, en cuerpo y alma de manera tan sublime.
Sus corazones latían con tanta intensidad que podían, claramente, escuchar su pulso acelerado en todo su cuerpo. Las sienes les palpitaban con fuerza, y en sus oídos resonaban los potentes latidos de su corazón.
No era necesario preguntarle al otro si estaba de acuerdo en lo que hacían, era un hecho que ambos lo deseaban fervientemente, lo constataban sus besos cargados de amor, sus manos perdiéndose por debajo de la ropa, acariciando lugares muy sensibles y ocultos.
A diferencia del último encuentro, ahora se desvestían con paciencia, a pesar del deseo irrefrenable de fundirse el uno con el otro en uno solo; las prendas iban saliendo una a una, deslizándose suaves por su piel hasta dejarlos expuestos casi en su total desnudez.
Cuando la cadena que colgaba del cuello del japonés quedó expuesta, la mirada de Viktor se posó fijamente en el anillo que colgaba de ella, sintiéndose un poco triste y arrepentido por haberse deshecho de ellos de esa manera. Sólo esperaba recuperarlos para hacer las cosas como eran debidas.
—Espera —Yuuri lo detuvo antes de que volviera a besarlo, se quitó la cadena y la dejó con cuidado sobre la mesita del centro. Esto conmovió al ruso, pero prefirió no tocar el tema aún.
Fue así que, Viktor dejó que el otro lo desvistiera por completo, mostrándole que podía hacer con él lo que le viniera en gana.
Las caricias, a pesar de ser ansiosas y necesitadas, eran también un tanto nerviosas, comparadas sólo con la primera vez en que se entregaron con amor y pasión. Era hora de que los dos memorizaran de nuevo sus cuerpos, de que aprendieran sus curvas y valles como en aquella primera vez.
Luego de dejar a Yuuri en ropa interior, Viktor se escondió en su cuello, besando toda la deliciosa piel que tenía al alcance mientras sus manos se deleitaban acariciando la cintura de su amado, disfrutando cada centímetro de esa tersa piel. De pronto se encontró con cierta irregularidad en su cuello y se separó lo suficiente sólo para toparse con la marca de una mordida considerablemente dolorosa. Era la que le había hecho un par de días atrás.
Inevitablemente se detuvo, se sentía culpable y muy arrepentido.
—Yuuri, yo… —calló cuando el otro lo apegó más a su cuerpo.
—Está bien, no pasa nada. Se borrará en unos días. Así que… continúa ¿Quieres?
El aludido tragó en seco y asintió, volviendo a su trabajo de repartir montones de besos por toda esa piel. Lo hacía con cuidado y mucho amor. Incluso pasó su lengua por la marca de esa mordida, haciendo que su compañero se estremeciese ante el contacto, cálido y húmedo. Se detuvo cuando escuchó una risita por parte de japonés. Fue hasta ese momento en el que se dio cuenta de que parecía un pulpo al abrazarlo con tanta posesividad, dejando leves marcas de sus besitos en el cuello.
—Lo siento —murmuró con un poco de vergüenza.
—No, sigue así. Me haces sentir muy feliz — aceptó con una sonrisa de oreja a oreja, estaba verdaderamente muy dichoso en esos momentos—. Sólo déjame acariciarte también —lo empujó levemente hasta que terminó acostado de espaldas a lo largo del sillón. Yuuri se le acomodó encima para que pudiera abrazarlo y él al mismo tiempo pudiese besarlo.
—Tócame —pidió el mayor con sus mejillas arreboladas, colgando un brazo del cuello del otro y tomándole la mano hasta posarla sobre su propio pecho, ya desnudo.
Ahora el sonrojado fue Yuuri, pero no por eso se privó de mostrar su expresión más erótica y atractiva antes de tomar con su mano derecha la mejilla entera de Viktor, acariciándola con un amor tan infinito que era imposible de describir con palabras. Sostuvo su peso con la mano izquierda apoyada en el sillón antes de inclinar su rostro lo suficiente para juntar sus labios con los del otro.
Ambos cerraron los ojos y casi sintieron cómo cada célula de su cuerpo estallaba por la emoción de estar juntos de nuevo, amándose.
Viktor enredó ambos brazos alrededor del cuello de su amado, atrayéndolo a ese profundo beso que era cada vez más demandante. Los dos jadeaban un poco debido a la intensidad, sus cuerpos comenzaron a llenarse de una pasión que no se molestarían en controlar. Yuuri estaba ansioso, quería acariciar todo su cuerpo y recrear aquellos bellos momentos en que ambos se amaron hasta el amanecer, quería hacerlo suyo y que lo hiciera de él.
Sin despegar sus labios de los del ruso, usó ambas manos para recorrer la piel de sus costados, de su vientre, su pecho, deteniéndose un poco en los pezones, logrando así arrancarle leves gemidos que atrapó con su boca. Las manos del otro no se quedaron quietas, claro que no. Las descendió sensualmente desde la nuca de Yuuri, pasándolas por toda su espina dorsal hasta llegar a área lumbar, donde se detuvieron unos segundos antes de adentrarse en la ropa interior color negra, gritando internamente al tener a ese par de biscochos a merced de sus grandes manos. Sonrió dentro del beso al sentir el gemido de su amante perdiéndose en la caricia.
Entonces Viktor presionó el trasero de su amado, atrayéndolo más hacia él. De esa forma hizo que Yuuri quedara completamente recostado sobre su cuerpo, aplastándolo.
—Sigues algo pesado —alcanzó a decir entre risas, antes de unir de nuevo sus labios en cortos y lindos besitos.
—Oh, cállate —se sonrojó, pero se la cobró caro al restregar su hombría contra la de él, arrancándole un profundo gemido. Le gustó escuchar ese sonido tan erótico, así que hizo lo mismo un par de veces más, moviendo sus caderas de atrás hacia adelante, deleitándose al ver cómo el otro cerraba sus ojos y una hermosa expresión de placer se instalaba en su faz. En respuesta, Viktor enterraba sus dedos en la parte de atrás de los muslos de Yuuri, incitándolo a moverse más.
Era increíble que el placer fuera tan grande a pesar de aún traer puesta su ropa interior.
—Yuuri… —gimió, con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás, sintiendo el roce entre sus miembros y los tiernos besos repartidos en todo su torso, en especial en el pecho y el cuello. El menor no se lo iba a decir, pero amaba la piel de Viktor, le encantaba dejar decenas de besos en ella y notar cómo sus casi imperceptibles vellitos se erizaban ante el contacto. También disfrutaba mucho al ver cómo su pálida piel se tornaba rosada ante cualquier esfuerzo, tal como en esos momentos: su cuello y rostro estaban por completo sonrojados, y eso sólo lo hacía verse más deseable.
—Vitya —murmuró en voz bajita y sensual, deteniendo sus besos y caricias sólo para tomarle ambas mejillas—. Mírame, Vitya —el corazón del otro se aceleró considerablemente—. No apartes tus ojos de mí.
Los párpados del otro se abrieron para dar paso a un par de gemas con distintos tonos de azul, brillantes y cristalinos.
—Es como ver el mar —pensó Yuuri, con adoración al saberse afortunado de tenerlo en su vida, de poder ver esos mares a diario de ahora en adelante.
—Entonces no te quitaré la vista —deslizó sus manos desde los muslos hasta la nuca de su amado, sin despegarlas de su piel en ningún momento, parecía que sus manos tenían imán con esa suave piel.
Mantuvieron el contacto visual hasta que una sonrisa muy sensual hizo acto de aparición en los labios del menor, enseguida hizo un suave pero largo deslizamiento de sus caderas hacia adelante. Ambos podían sentir la erección del otro a pesar de la ropa. Viktor hacía un esfuerzo por no echar su cabeza hacia atrás, cerrar los ojos y dejarse llevar por el placer, lo único que lo mantenía medianamente cuerdo, era la curiosidad sobre lo que haría Yuuri a continuación, pues en realidad no podía apartar sus ojos de aquella magnífica obra de arte que tenía encima de él. Sus ojos castaños no se despegaban de los suyos, queriendo observar maliciosamente cada expresión que pudiera generar como consecuencia a sus caricias. Yuuri se estaba aprendiendo de memoria cada gesto y cada expresión, tatuándolas en su mente.
El calor aumentó cuando el menor se incorporó un poco hasta sentarse sobre el miembro de su amado, éste soltó un largo suspiro, cargado de placer. La intensidad aumentó cuando Viktor sintió las caderas de Yuuri moviéndose sobre él, causándole miles de sensaciones. Estaba maravillado de todo lo que le hacía sentir sin siquiera tocarlo directamente con sus manos en la entrepierna.
Yuuri se llevó una mano a la frente, echándose todo el cabello hacia atrás. Lo hizo meramente para que no le molestara o le impidiera ver claramente a su amado, pero éste se excitó aún más al verlo de esa manera tan "Eros". Yuuri dejó de ser el único que movía sus caderas y eso lo enloqueció, pues sentía pequeñas, pero certeras embestidas, logrando más contacto.
Eso hizo que el japonés no soportara más, así que de un momento a otro comenzó a jalonear la sexy ropa interior de su pareja, tratando de quitársela. El otro entendió su objetivo y no dudó en ayudarle.
—Wow…—pensó Yuuri al ver la erección del otro, tan grande como la recordaba. Se detuvo unos segundos a mirar su cuerpo, admirado, completamente embelesado por la obra maestra que tenía en frente, sin saber que el ruso pensaba lo mismo al verlo, sentado a horcajadas sobre él, con su majestuoso cuerpo bien ejercitado y en forma. Viktor no lo resistió y alargó una mano hasta acariciar el vientre bajo de su amado, deslizando sus dedos y sonriendo al ver la piel erizada.
A sabiendas de que lo estaba mirando fijamente, Viktor sonrió con picardía y se llevó un brazo hasta la cabeza, usándolo de almohada, en una pose muy relajada y sexy que sólo aumentó la libido del otro, más al tenerlo por completo desnudo ante él, con su miembro erecto, suplicando por atención.
Yuuri se sobresaltó un poco cuando unos traviesos dedos acariciaron más debajo de su vientre, justamente en el borde del elástico de su bóxer. Miró a su pareja y sonrió al ver esa expresión pícara en su rostro. Con un leve asentimiento de cabeza, Viktor tuvo el permiso total de bajar su ropa interior.
—Amazing!
La última vez que tuvieron sexo fue decepcionantemente frívola, por lo que ahora se tomaron el tiempo que les diera la gana para repartir caricias, besos y miradas en todas partes, por lo pronto, Viktor estaba maravillado con lo que tenía ante sus ojos.
Yuuri estaba tratando de ser sexy y completamente "eros" pero no pudo evitarlo, y la timidez lo invadió un poco, llevándose ambas manos al rostro. Viktor lo notó y no pudo evitar reír por ello.
—¿Estás avergonzado? —descubrió su rostro, sólo para que Yuuri se sorprendiera al verlo igual que él—. Yo también —se sentó, sin quitarlo de su regazo, así lo envolvió en un abrazo más protector que nada—. Pero… ¿Sabes? Extrañaba tanto esto… —suspiró al mismo tiempo que acariciaba la espalda de su amado, sintiendo las mismas caricias en la suya.
—Yo también lo extrañaba, ah… —gimió, sintiendo el roce de su miembro con el otro.
Las manos de Viktor descendieron por la angosta cintura de Yuuri, hasta llegar a sus caderas y de ahí a su trasero, el cual acarició y apretó con adoración. En ese momento, el japonés soltó un leve gemido de dolor. Entonces Viktor recordó algo no muy grato. Se separó del brazo y giró un poco a su amado, descubriendo así las marcas oscuras de sus propias manos sobre esa linda piel.
—Oh por Dios, Yuuri, lo siento tanto, yo no…
—Basta, eso ya es pasado, no dejemos que nos arruine el presente —lo tumbó de nuevo sobre el sofá y comenzó así una sesión de besos aún más intensa y caliente que la anterior, combinándola con sus manos que no dejaban de acariciar todo a su paso, ni siquiera se detuvieron cuando se encontraron casualmente con el pene de Viktor, quien se retorció de placer al sentir esos dedos largos dándole justo el placer que necesitaba.
Yuuri supo cómo usar bien sus manos para abarcar todo el miembro, aplicando la presión y velocidad necesarias para que el placer fuera aumentando exponencialmente. El otro soltó un profundo gemido cuando sintió el miembro de Yuuri restregándose contra el suyo deliberadamente.
—Eso… —fue lo único que atinó a decir el ruso, su mente estaba en blanco, sólo podía concentrarse en sentir, sentir y sentir. De nuevo tenía sus ojos muy cerrados, con ambos brazos sobre su rostro, tratando de contener todos los gemidos que querían salir de su boca, Yuuri se percató de eso, así que tomó sus manos y las llevó por encima de la cabeza del otro, posándolas sobre el descansabrazos.
—Quiero ver tu cara, y no te contengas, también quiero escucharte —sonrió de lado, haciendo que el rostro de su amado se pusiera aún más colorado.
—Pero no quiero ser el único —se incorporó de nuevo, quedando sentado con Yuuri en su regazo. Así llevó sus manos al trasero del otro para jalarlo y pegar sus erecciones. En ese momento comenzaron una batalla de besos hambrientos y caricias fogosas. No tardaron mucho en comenzar a sentir más calor, tanto, que sus cuerpos empezaron a transpirar un poco.
Viktor retomó su confianza y se echó sobre Yuuri, llenándolo de caricias y besos desparramados por todo su torso, se detuvo en sus pezones un momento, dedicándole un tiempo con su boca a cada uno. Fue ahí cuando Yuuri gimió y jadeó con más fuerza, al menos hasta ese momento.
—Vitya… oh, Vitya, hazme tuyo —jadeó, enredando sus largos dedos en la cabellera platinada y halándolos con un poco de fuerza, pero eso al ruso parecía no molestarlo, sino todo lo contrario; pero escuchar esas palabras hizo que se detuviera en el acto.
—No… Yuuri, esta vez no. Te lastimé hace poco, y si yo te penetro en estos momentos quizás sea doloroso —fue callado por unos labios húmedos, calientes y deliciosos sobre los suyos, acompañados de dos manos tomando cada una de sus mejillas, con cierto grado de posesividad.
—Hazlo, Vitenka, hazlo —lo había dicho en ruso, el detonante perfecto para que se prendiera una chispa de emoción en el mayor, a quien le brillaron los ojos.
—¿Estás seguro? —tragó en seco.
—Sólo ve despacio, aún duele un poco.
—No, entonces no debo hacerlo.
—¡Kuso! ¡Hazlo! —se avergonzó un poco por su prisa, pero es que el deseo lo estaba consumiendo por dentro.
Viktor casi suelta una risita al escucharlo hablar tres idiomas en menos de dos minutos.
—Eres increíble, Yuuri Katsuki, increíble —acomodó su cabello con gentileza.
—Pero ahora mismo no soy muy paciente —se retorció un poco entre sus brazos, moviendo sus caderas de manera ondulante para incitarlo a penetrarlo de una vez por todas.
Ahora sí, Viktor se rio abiertamente.
—¿Sabes? —murmuró el ruso, pero Yuuri no lo dejó continuar.
—No, no sé nada, yo sólo quiero que lo hagas ¡Ya! —exclamó, azorado y verdaderamente necesitado.
—Aun así te lo voy a decir —continuó, riendo al ver su actitud y notando cómo se retorcía como oruga, intentando profundizar el contacto entre sus cuerpos.
—Viktor… —gruñó, un tanto malhumorado, pero aun así expectante a lo que pudiera hacer o decir a continuación.
—Escúchame bien: no puedo continuar sin antes decirte algo muy importante —se puso tan serio que Yuuri dejó de moverse, mirándolo fijo a los ojos, preocupado.
—¿Qué ocurre, mi amor? —su lado protector salió a flote.
Viktor cerró los ojos y esbozó una pura sonrisa.
—Me encanta cuando me dices así —suspiró soñadoramente—. "Mi amor"
—¿Qué pasa? —se puso impaciente de nuevo, sólo que ahora con sus mejillas muy rojas.
—Ah, sí… —sonrió pícaramente y juntó su frente con la de él, uniendo sus miradas de una manera muy íntima y profunda—. Quiero decirte que te amo más que a nada en este mundo, te amo, mi pequeño cerdito.
Los sentimientos expresados en el rostro de Yuuri eran muy contradictorios, estaba feliz por escuchar que lo amaba, pero enojado por el "Pequeño cerdito"
—¡No soy más un cerdito! —tomó la mano del otro y la llevó a su abdomen—. ¡Vez! ¡No hay grasa aquí!
El ruso hizo un puchero al sentir los músculos levemente marcados, se veía en realidad bastante sexy, y al tacto era algo muy agradable de percibir, pero...
—Extraño tu
—¡Ah! —se exasperó un poco, llevándose ambas manos al rostro, ocultándolo—. Viktor, hazme el amor ya, te lo suplico —jadeó, en verdad necesitado.
—No se diga más —pensó el mayor. Había hecho todo aquello sólo con el fin de comprobar que su pareja en verdad quería tener sexo con él. Un par de días atrás sólo se bajó el pantalón y lo penetró, no quería que ahora fuera lo mismo, quería decirle cuánto lo amaba y lo mucho que le gustaba su cuerpo. Fue entonces que, al estar seguro, prosiguió con lo que dejó a medias.
Abrió las piernas de su amado, lo suficiente para acomodarse entre ellas y así tener un buen acceso a su entrada. Estiró su mano hacia la entrepierna del otro, sonriendo mientras acariciaba con mucho cariño aquella parte de su anatomía y viendo las reacciones que causaba en él.
Yuuri aferraba sus manos a las sabanas que cubrían a sillón, esperando el momento de la intromisión, cerrando los ojos. Pero ese momento nunca llegó, en cambio, sintió que tomaban una de sus manos con cariño.
—Mírame, Yuuri, no apartes tu mirada de mí.
El aludido asintió y se abochornó un poco cuando vio que se llevaba un par de dedos a su boca, llenándolos de saliva y proveyéndole de una vista por demás erótica y sensual, sin mencionar esa sonrisilla en él, consciente de lo irresistible que se veía. Entonces el japonés pegó un respingo al sentir un dedo largo y tibio introduciéndose en él, se sorprendió un poco al no sentir la molestia que había sentido en el último encuentro, su entrada ya estaba un poco dilatada para cuando introdujo el primer dedo, ni se diga para cuando ya tenía tres dentro de él.
—Ups —murmuró el mayor cuando el otro se retorció violentamente debajo de él. Al parecer había alcanzado un punto muy sensible con sus dedos. Había sido tan placentera la sensación que Yuuri casi se sintió venir—. Aún no, cariño, aún no —sonrió pícaramente, separándose de él y esculcando en el pantalón del menor que yacía olvidado en el suelo. Yuuri no entendía que hacía, mucho menos cuando sacó su billetera.
—¿Qué rayos estás…? —calló abruptamente y se avergonzó cuando el ruso sacó de su billetera ese par de condones que le había visto hace tiempo.
Ni tarde ni perezoso, abrió el empaque con los dientes y se puso el preservativo con prisa. Luego de hacerlo se arrepintió, pues le hubiera encantado que fuese Yuuri quien se lo pusiera. En fin, no le dio más vuelta a ello y volvió a su tarea inicial.
Yuuri no podía pensar coherentemente, sólo podía jadear y dejarse llevar. Sintió de pronto que el mayor conducía su mano hacia su entrepierna. Pudo sentir ese pedazo de carne, caliente y palpitante dentro de su mano, pero no entendía lo que Viktor quería lograr con ello y poco le importó al sentirlo grande y grueso. Pasó saliva ruidosamente al imaginárselo dentro de sí, malos recuerdos llegaron a su mente, pero no se dejó intimidar.
Luego de que Viktor acomodara la mano de Yuuri alrededor de su pene, sujetándolo, puso su propia mano sobre la de su amante.
—Introdúcelo en ti —dijo de pronto el mayor.
—¿Qué?
—Tú decidirás qué tanto entra, vamos, hazlo —sonrió de lado. Le estaba dando un gran privilegio.
Una sonrisa maliciosa se formó en los labios del menor, quien no dudó y afirmó el agarre, conduciendo el miembro de Viktor hacia su entrada ya dilatada y bien lubricada.
Un escalofrío agradable y placentero recorrió el cuerpo de los dos.
Yuuri gimió con fuerza y arqueó un poco su espalda a pesar de ser él mismo quien tenía el control de la profundidad. Viktor se mordía los labios, ansioso por entrar más, Yuuri lo notó y se sintió un poco culpable por no darle el placer que necesitaba con rapidez.
Los ojos castaños no se separaron de los azules, ni viceversa. Sus miradas estaban fijas en una conexión muy fuerte, estaban grabando sus expresiones de manera permanente en sus mentes.
Entonces el menor retomó su tarea, respiró profundo, relajó sus músculos todo lo posible y lo introdujo más dentro de sí, al menos hasta que escuchó un quejido por parte del otro.
—Lo siento ¿hice algo mal?
—No —rio cortamente—. Estás muy apretado y eso… ah, se siente muy bien —apretó los dientes, repitiéndose mentalmente que debía de ser paciente.
Las mejillas del japonés se pusieron más rojas, como si fuera posible. Nuevamente empujó un poco más, sintiendo un leve escozor.
—¿Duele? —se preocupó. Yuuri asintió con un tanto de bochorno—. Ni siquiera es la mitad, mi amor —se pasó una mano por el cabello, despejando su frente y ambos ojos, no quería perderse ni un segundo del gran repertorio de expresiones que le ofrecía el menor.
Yuuri aguantó la risa, más de nervios que de diversión. Entonces lo sacó por completo de su cuerpo, y decidido, tumbó a Viktor hacia atrás sólo para sentarse sobre su regazo.
—Wow… —se recargó de espaldas, con sus codos en el sillón y admirando a un Yuuri a horcajadas sobre él, pero sin tener contacto con su piel, con las piernas abiertas y tomando su miembro sólo para guiarlo a su entrada e introducir la punta, luego de esto se dejó caer de sentón sobre él, sintiéndose lleno en un segundo.
El grito de Viktor fue gutural y profundo, a diferencia del quejido del menor, quien puso ambas manos sobre el pecho de su amante, pidiéndole con este acto que no se moviera ni un centímetro, al menos hasta que se acostumbrara a su tamaño.
Sus respiraciones eran cortas y rápidas, agitadas por la adrenalina del momento.
En un acto demasiado tierno y amoroso, Viktor tomó las manos de su amado y entrelazó sus dedos con los de él, sin romper la conexión visual en ningún momento. Cuando Yuuri estuvo listo para la acción, comenzó a ondular lentamente sus caderas, causando estremecimientos en el cuerpo entero de Viktor. La conexión era muy profunda, así que, con el más mínimo movimiento podían experimentar una sensación demasiado agradable.
Pronto, ese leve ondulamiento de caderas no fue suficiente, sus cuerpos demandaban mucho más. Fue ahí cuando el japonés aumentó la velocidad un poco más, robándole el aliento a Vitya, quien había soltado sus manos para poner las propias sobre ese precioso trasero.
—Tócate —pidió suavemente y Yuuri no lo pensó dos veces antes de llevar una mano a su miembro y masajearlo mientras que con la otra se acariciaba el pecho, sin dejar de cabalgar sobre su entrepierna.
Viktor podía decir con certeza que tenía un paisaje hermoso frente a sus ojos, era tan perfecto, tan erótico y sensual que, veía difícil aguantar mucho más sin venirse. Por esa misma razón, detuvo a Yuuri, y saliéndose de él, se puso de pie y cambió la posición. El menor quedó ahora de espaldas, recostado a lo largo del sillón mientras el otro se sentaba de rodillas, tomando una pierna de Yuuri y llevándola hasta su hombro para así tener un mejor acceso.
Volvió a entrar en él y el placer incrementó cuando Yuuri sintió las estocadas fuertes y firmes de su amado, quien además le brindaba pequeños besos a su pierna que tenía muy cerca del rostro.
Cuando no creyó aguantar más, bajó la pierna de Yuuri y sólo se acomodó en la posición del misionero, llenando de besos su rostro y tomando sus manos para entrelazar sus dedos de manera tierna y amorosa. Las embestidas no terminaron, aumentaron la intensidad y velocidad. Yuuri enredó sus piernas alrededor de las caderas de su amado, brindándole un mejor acceso. El pobre no podía dejar de gemir con fuerza, murmurando cosas incoherentes y muy sensuales para el oído del mayor. De pronto el japonés soltó las manos de Viktor y las llevó a la espalda de éste, donde enterró sus uñas e inconscientemente arañó su piel, dejando finas líneas rojas en ésta.
—Vitya, yo… yo voy a…
—Vamos, hazlo, hazlo —succionó su cuello con devoción, sintiendo cómo vibraba la piel de esta área al gritar sonoramente durante su orgasmo.
—¡Vitenka! ¡Oh! ¡Vitenka! —repitió en medio de su clímax, sintiendo como si sus fuerzas fueran drenadas. Había sido tan intenso que hasta los dedos de sus pies se engarruñaron por el placer.
—Oh por Dios, Yuuri ¡Ohhh! —gimió entrecortadamente al sentir cómo su ano lo apretaba y retenía con mucha fuerza. No sabía si lo estaba haciendo involuntario o no, pero eso fue lo que lo llevó a culminar el acto.
Ambos escucharon el sonido de una puerta abriéndose, seguido de unas llaves, pero estaban tan perdidos en sus orgasmos que no fueron capaces de poner atención en nada más.
Viktor no fue capaz de sostenerse más tiempo, su energía había sido completamente drenada de su ser, tanto que se dejó caer en peso muerto sobre Yuuri, quien no dijo nada, sólo respiraba con dificultad. Cada uno podía sentir el desbocado corazón del otro al tener sus pechos unidos, también percibían el temblor que invadía sus cuerpos luego de tan magnífica experiencia.
Se quedaron así unos momentos. Viktor salió del cuerpo de su amado, desechó el condón y se deslizó un poco sobre el tórax de Yuuri, hasta reposar su cabeza contra su pecho, usándolo de almohada mientras era abrazado cariñosamente por el japonés, también muy agitado todavía. Los minutos pasaron y sus respiraciones se regularizaron lo suficiente. Yuuri, al ver que el otro no se movía, sospechó que ya se había dormido, no quiso moverse, así que sólo llevó sus largos y finos dedos hacia las hebras plateadas de su amado, acariciando su cuero cabelludo.
Supo que no estaba dormido cuando soltó un enorme suspiro de satisfacción.
—¡Amo tanto que hagas eso! —su voz se escuchó amortiguada por la piel del pecho de Yuuri.
—Pensé que dormías.
—Estoy cansado, pero no tanto —alzó su rostro hasta apoyar su mentón sobre el esternón de su amado, sonriendo de oreja a oreja.
—Eso fue… lo de hace rato fue tan…
—Sublime.
Yuuri suspiró.
—Sí, sublime. ¿Podemos repetirlo? —inquirió con ojos centellantes e ilusionados.
—Really? —se emocionó, entonces fue consciente de cierta cosa dura presionándose contra su vientre bajo—. Wow! Yuuri, amazing!
El aludido se sonrojó hasta las orejas.
—Tengo una buena idea —sonrió traviesamente mientras se deslizaba con sensualidad por el cuerpo de Yuuri, bajando cada vez más, acariciando todo a su paso hasta que su rostro estuvo a la altura de la entrepierna del menor.
—Oh por Dios, lo vas a hacer —azorado, se llevó ambas manos al rostro. Separó sus dedos sólo para darle espacio a sus ojos para ver el majestuoso espectáculo que observaría a continuación.
El japonés arqueó levemente su espalda al sentir besos húmedos y largos en cada centímetro de su ingle derecha, pronto la izquierda recibió las mismas atenciones, hasta que esos labios traviesos no dieron más rodeos y fueron directo al plato fuerte.
—¡Ahh! —gimió cuando la lengua de Viktor se movió en círculos sobre su glande, pero nadie lo preparó para sentirse completamente dentro de la boca de su amado. Éste había engullido el pedazo de carne en su totalidad, lo retuvo unos segundos en su boca, antes de que el reflejo faríngeo se hiciera presente, pues no estaba acostumbrado a hacer ese tipo de cosas.
Sacó el miembro de Yuuri de su boca y tomó aire.
—¡Vitya! —exclamó, preocupado al ver que pequeñas lágrimas se asomaban por las comisuras de sus ojos, sin mencionar que su rostro, orejas y cuello estaban por completo enrojecidas. El japonés se preocupó y pensó que quizás había sido repugnante para él.
—¡Lo siento! ¿Fue desagradable que hiciera eso? —se puso nervioso—. ¿Lo hice mal? Perdón, soy nuevo en estas cosas y…
Yuuri, lleno de ternura, soltó una risilla nerviosa.
—¡En lo absoluto! Fue increíble, pero… —limpió sus pequeñas lagrimitas que habían salido por el esfuerzo—…no te presiones mucho ¿Sí?
—Estás temblando.
—Es que eso que hiciste con tu lengua… —se avergonzó muchísimo—. Se sintió muy bien.
—¿Qué? ¿Esto? —tomó el pene entre sus manos y se dedicó a lamer sólo la punta.
—Ohhh, sí… eso.
Viktor sonrió victorioso y continuó con su labor. Ahora usó ambas manos para masturbarlo y su boca para acariciar la punta. No pasó mucho tiempo para que Yuuri comenzara a sentir ese hormigueo en su vientre bajo que le indicaba que estaba muy pronto a culminar.
—Viktor, voy a… —no pudo terminar la frase, pues justo en ese momento volvió a introducirlo por completo en su boca, alcanzando lugares muy profundos, Yuuri incluso pudo jurar que sintió la campanilla de su amado. El ruso soportó un poco más de tiempo con él dentro de su boca, aprendió a respirar correctamente para no sentir que se ahogaba, pero aun así fue un poco incómodo, sólo le hacía falta práctica—. ¡Sugoi! —exclamó en japonés, ni siquiera se percató de que había empezado a balbucear cosas en su idioma natal. Esa fue buena señal para el ruso, quien sacó el miembro de su boca, tomó el aire suficiente y continuó, pero sólo con la punta. Supo que Yuuri estaba por venirse cuando éste intentó alejarse, pero Viktor sonrió maliciosamente y no se lo permitió, él tenía otros planes.
Finalmente el japonés se corrió en la boca de su amado, quien hizo una mueca graciosa al sentir el sabor amargo, pero no por ello se alejó.
—¡Dios mío! No, Viktor, escúpelo ¡Escúpelo! —se incorporó lo suficiente para quedar frene a él. El aludido parpadeó confundido, pues le había hablado en japonés, así que lo único que hizo fue tragar lo que había quedado en su boca—. ¡No! ¡Qué vergüenza! ¿¡Por qué lo hiciste?!
—Amor, no entiendo lo que dices.
—Oh… —volvió a hablar en inglés—. ¿¡Por qué lo tragaste?! —casi estaba morado por la vergüenza, tenía sus manos sobre sus mejillas, en un gesto de verdadero espanto.
—Uhmm —se sonrojó un poco—. ¿Y por qué no?
—No lo vuelvas a hacer —se cubrió el rostro—. Es muy vergonzoso y… y… sólo no lo hagas de nuevo.
—De acuerdo —sonrió de lado, pasándose la lengua por los labios, logrando que el japonés se excitara de nuevo—. Oh my God, Yuuri! —rio y tuvo una mejor idea. Gateó sensualmente sobre su amado hasta llegar a su oído y susurrarle—. Fóllame.
Esa palabra y con la voz sensual de Viktor, fue suficiente para que la libido de Yuuri se incrementara exponencialmente. No iba a refutar el pedido, claro que no.
Así fue como el japonés lo tumbó bocarriba en el sillón, luego tomó el condón restante e intentó abrirlo, pero sus manos temblorosas no se lo permitieron. Viktor soltó una risita cantarina por eso y se lo quitó.
—Permíteme —lo abrió con cuidado, puso el preservativo en su boca y se inclinó para ponérselo a su pareja, pero no contó con que casi se asfixiaría cuando el condón estuvo a punto de irse por su garganta.
El momento erótico se había esfumado. Yuuri terminó dándole golpecitos en la espalda a Viktor para que éste se recuperara del susto de casi tragarse esa cosa.
—¡Estás loco! —frotó su espalda—. Pudiste asfixiarte —estaba realmente asustado y un poco avergonzado.
—Lo sé —rio abiertamente, ocultando con eso la vergüenza que sentía al haber fallado épicamente en su intento.
—Tonto —gruñó antes de empujarlo para que quedara nuevamente recostado, enseguida se acomodó entre sus piernas, indicándole a su pareja que la diversión no había terminado, pues aún faltaba su turno de hacerlo.
Yuuri llevó sus dedos a la cavidad bucal de Viktor, éste entendió y de inmediato los humedeció con su saliva. Momentos después el japonés hizo lo mismo que le habían hecho momentos antes, pero el ruso se retorció de placer con sólo sentir un dedo entrando en él. Luego introdujo uno más y poco más tarde metió el tercero, haciendo que el otro se estremeciera de pies a cabeza al sentirse estimulado en un punto muy sensible.
Había logrado salvar el preservativo a pesar de que su amado casi se lo tragaba, así que evitó que Viktor lo volviera a tocar, por si acaso se le ocurría intentar ponérselo con la boca de nuevo, y al fin, luego de batallar un poco, se volvió a acomodar entre las piernas del otro, quien lo esperaba recostado bocarriba, con sus brazos bajo la nuca en una pose muy relajada.
El japonés pudo sentir cómo su excitación aumentaba al ver que Viktor abría sus piernas, demostrando la excelente elasticidad que tenía, sólo para enredarlas alrededor de sus caderas y atraerlo más hacia él. El ruso sonrió de lado cuando su amado quedó sobre él, besándolo y brindándole unas caricias muy satisfactorias. No pudo evitar sentirse ansioso cuando sintió que poco a poco Yuuri iba introduciéndose en su cuerpo, distrayéndolo con caricias y tiernos besos para alivianar un poco el dolor que estaba próximo a sentir, pero lo que el japonés no supo, fue que el mayor disfrutó enormemente desde el primer momento.
—Oh, Yuuri, hazlo ya. Todo… —jadeó. Sus brazos ya no estaban en la posición inicial, ahora se aferraban a la espalda de su amado, procurando no arañarlo ni rasguñar su tersa piel, pero eso fue inevitable, pues Yuuri ya se había introducido por completo en él, causándole mis sensaciones indescriptiblemente maravillosas. Su espalda se arqueó por el placer, los dedos de sus pies se contrajeron y su mueca se deformó en una completamente diferente, con los ojos cerrados y sus dientes anteriores mordiendo sus labios con fuerza.
El japonés reprimía los gemidos que se moría por exclamar, pues estar dentro de él era verdaderamente placentero, más que nada. Llevó su mano hasta la nuca de Viktor, acariciando sus cabellos antes de inclinarse y besarlo por tiempo largo y tendido. Las embestidas eran profundas y lentas, no quería apresurarse a pesar de que se moría por ir más rápido. Tuvo que apoyar un pie en el suelo y su otra rodilla en el sillón para tener un mejor empuje.
Empezó a embestir con mayor rapidez cuando de pronto Viktor se retorció violentamente bajo su cuerpo mientras gemía palabras que no entendía en lo absoluto. Decía cosas en su idioma natal, pero el escaso ruso de Yuuri no daba para tanto, así que se detuvo y se separó un poco de él para mirarlo y ver qué ocurría, pensó que algo andaba mal, pero no, lo supo cuando bajó la mirada hacia la entrepierna del otro.
Viktor había tenido un orgasmo demasiado pronto.
—L-lo siento, Yuuri —se pasó una mano por los cabellos, sintiendo su frente perlada por pequeñas gotas de sudor. Se sintió muy apenado, pues no habían transcurrido ni cinco minutos de que lo penetró.
—¿Es en serio? —preguntó, aún incrédulo y sin moverse ni un centímetro de la posición en la que se encontraba.
—¡Sí! ¡Me vine muy rápido! ¡Lo siento! —se cubrió el rostro con ambas manos, verdaderamente muy azorado.
—¡Oye! No tienes que disculparte —rio, tratando de encontrar su rostro detrás de sus manos.
—Fueron dos años sin sexo, Yuuri, ¡dos años!
—Lo sé —rio—. Y te entiendo, no estoy molesto porque tú… ¡ah! ¿Qué hiciste? —sintió que apretaba su miembro con más fuerza, eso se repitió un par de veces más, descubrió que lo estaba haciendo intencionalmente cuando vislumbró una sonrisa traviesa bailando en sus labios.
—Fueron dos largos años, así que no quiero que esto termine todavía.
Yuuri no supo qué pasó. De un momento a otro se halló con un Viktor insaciable encima de él, besándolo y acariciándolo con voracidad. Se movieron un poco en el sillón, olvidando lo angosto que era y cayendo al suelo por olvidar que no estaban en una cama. Fue por demás gracioso, se rieron unos momentos y Viktor esperó a que Yuuri se recuperara del sorpresivo golpe de su espalda contra el piso, sólo para montarse sin previo aviso sobre su miembro y penetrarse él mismo, controlando el ritmo y velocidad. El japonés no contuvo los gemidos, en realidad para esas alturas ya ninguno lo hacía. El menor se deleitaba con la calidez y estrechez del cuerpo de su amado mientras lo veía acariciarse el torso y la nuca de una manera muy sensual, con los ojos cerrados y sus mejillas enrojecidas.
El ruso trastabilló un poco en sus movimientos. Yuuri pensó que se había cansado de moverse tan rápido y seguido sin detenerse, ajeno a la realidad, a que el pobre sentía un poco de dolor en su cadera. Así que el menor haló a su amante hacia él hasta quedar pecho con pecho. Lo rodeó fuertemente con sus brazos, inmovilizándolo para poder embestirlo frenéticamente y sin problemas. Escuchó con orgullo como su amado gruñía y gemía al sentirlo entrar y salir de esa manera. Tenía la boca de Viktor pegada a su oreja, así que escuchaba claramente cada sonido que emitía su garganta. El otro tomó ventaja de eso, y, a pesar de estar nublado por el placer, se tomó el tiempo de tomar la oreja de su amado entre sus dientes para mordisquearla y lamerla lascivamente.
Luego de experimentar tales placeres, no soportaron mucho tiempo más. Alcanzaron nuevamente el orgasmo, sintiéndose profundamente exhaustos después. Terminaron abrazados, Viktor casi como peso muerto sobre Yuuri, quien no era capaz de mover ni un músculo. Una pesadez increíble los invadió a ambos, era tan grande que ni siquiera les molestaba la idea de dormir sobre la alfombra de la sala.
—Vitya… —murmuró, aún agitado y sintiendo cómo su corazón le golpeaba la caja torácica con violencia—…te amo infinitamente —tomó con sus manos la cabeza de su amado, sólo para levantarla un poco de su pecho y besar así su frente con un cariño y devoción admirables. Sus palabras habían sido en ruso, lo cual logró conmover a Viktor hasta la médula.
—Yo también te amo infinitamente —respondió entre lágrimas.
—No llores, o yo también lloraré.
—Son de felicidad.
—Aun así… —se le escurrieron un par de lágrimas rebeldes.
Los dos sonrieron plenamente felices, abrazando sus cuerpos desnudos y disfrutando del calor que se brindaban mutuamente.
Yuuri salió de su amado, se paró para desechar el preservativo y volvió sólo para encontrarse con una cama improvisada en medio de la sala. Sonrió de oreja a oreja, y aún desnudo, se acostó a un lado del otro, siendo abrazado por él inmediatamente, en un acto un tanto posesivo.
—Eres mío, Yuuri Katsuki, sólo mío —lo abrazó desde atrás, en posición de cucharas y pegándose todo lo humanamente posible a él.
—Soy tuyo —soltó un suspiro muy pesado, estaba exhausto y tenía mucho sueño, pero no tanto como para no corresponder a ese hermoso abrazo, acariciando los antebrazos fuertes de su amado y deslizando las manos por ellos hasta llegar a sus dedos, entrelazándolos con mucho amor.
Viktor sintió la argolla de su amado puesta en su dedo, la acarició y jugó unos momentos con ella, respirando el agradable aroma de Yuuri en su nuca, esa vez combinado con el ligero aroma a sudor. Acomodó su rostro en esa parte y aspiró esa fragancia tan embriagante.
—Y yo soy completamente tuyo, no he dejarlo de serlo ni un segundo —murmuró en voz muy quedita, antes de caer completamente rendido al sueño.
Esa noche durmieron como bebés, uno en los brazos del otro, como debía ser. Lograron descansar debidamente por primera vez en mucho tiempo, sin las preocupaciones, miedos y tristezas que los agobiaban.
Continuará…
19/06/17
