Disclaimer: Los personajes de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer y esta trama a DH78.
Epílogo
—Bella, amor, ¿estás bien?
—Mmm…
—¿Estás bien? Quizás deberías beber algo.
Juro que le voy a dar una pastilla de Valium en cualquier momento a esta chica, incluso cuando creo que yo lo necesito más que ella.
—Estoy bien, en serio. Es solo que el despegue y el aterrizaje me aterra un poco. —Me está estrujando la mano.
—¿Estás segura que es solo el vuelo que te está molestando? —Podría imaginar unas cuantas cosas diferentes que deben estar aterrándola.
Una de ellas es que nos estamos mudando a Chicago. No es gran cosa para mí; es mi hogar y está cerca de mi familia. Y dejé Nueva York con mis términos; después de dos años con los Red Bulls, me convertí en jugador independiente y recientemente firmé contrato con Chicago Fire. Fue una decisión que no tomé solo. Primero, Bella me hubiera matado. Y segundo, no tenía deseo de hacer algo con mi futuro si ella no era parte del proceso.
Bella de hecho estaba muy emocionada sobre Chicago. Después de todo el fiasco con James, ella se cansó de los locos casos que le asignaba el periódico, pero ellos jamás le ofrecieron un puesto como escritora. Rose intentó conseguirle un ascenso, pero pusieron de excusa el recorte de presupuesto como siempre.
Sin embargo, Bella se lo tomó con calma y cuando escuchó la idea de Chicago, la usó como una oportunidad de encontrar otro trabajo. Después de unos viajes de un lado a otro para tener entrevistas, ahora es encargada del departamento online en el Tribune, y aunque esté emocionada por ello, sé que tiene que estar nerviosa.
Todo el nerviosismo también tendría que ser por haberse dado cuenta que estaba mudándose lejos de todos sus amigos. Rose se quedaba atrás, como también Emmett. Los Red Bull le ofrecieron un contrato extendido y un buen sueldo, y después que Bella y yo decidimos convivir juntos, a Emmett le picó el bichito del compromiso y le pidió casamiento a Rose. Se casan el próximo verano.
Alice decidió mudarse a Carolina del Norte con Jasper. Después que él se fue, tuvieron una relación a distancia, pero hace un año él le pidió irse con él. Ella saltó ante la oportunidad de comenzar de cero y va a abrir una boutique de ropa para niños en unas semanas.
Pero hay algo que me tiene ansioso, y en estos momentos está creando un agujero en el bolsillo de mi chaqueta.
—Bueno, no… sí… no lo sé —responde Bella nerviosamente.
¿Acaso nota que algo va a pasar? Tengo que admitir que ella es muy buena leyéndome.
—¿Qué es? Háblame, quizás te sientas mejor si cuentas tus preocupaciones —hablo con calma, escondiendo mis nervios.
Ella ríe suavemente y mece su cabeza.
—No es nada. Solo estoy siendo una tonta.
—¿Crees que estamos haciendo lo correcto? —pregunta después de una larga pausa.
—¿Qué quieres decir?
—Chicago. ¿Crees que estamos haciendo lo correcto? Quiero decir, es un gran cambio, es más cerca de tus padres, básicamente estamos comenzando de nuevo…
—Eh, ¿ahora comienzas a dudar nuestra decisión? Sabes, ¿después de comprar una casa juntos y conseguir trabajos? ¿No podías mencionar tus preocupaciones antes? —bromeo. Sé que está segura de nosotros, solo juego con ella.
Ella ríe suavemente y sus hombros se relajan.
—No, tonto. Supongo que tienes razón. No sé por qué estoy nerviosa de repente. Es como si pueda sentir que algo grande fuera a pasar. Pero no me prestes atención —desestima, enlazando su brazo con el mío y frotar su mejilla contra mi hombro. No puedo evitar entrar un poco en pánico de solo pensar que Bella pueda notar que algo va a pasar.
—Estoy totalmente segura de nosotros, eso lo sabes. Te amo más que a nada. Y la casa —suspira— es simplemente perfecta.
¿Tengo las pelotas para hacer esto? He intentado toda esa mierda tradicional y colocarme sobre una rodilla, pero me acobardé al último momento. Simplemente no lo sentí correcto. Bella no es del tipo que quiere una propuesta típica, así que necesito calmarme y pensar bien. Finalmente decido mantener la maldita cosa en mi bolsillo hasta que el momento sea correcto.
Lo cual nos trae a nuestra situación actual.
A diez mil metros de altura y con mis palmas sudando. ¿Me odiaría si hago esto en público, en un avión, en el limbo entre nuestra vieja vida y la nueva? Estoy al borde de una crisis emocional cuando siento la mano de Bella deslizarse por debajo de nuestra manta compartida. Giro mi cabeza un poco para ver su expresión ladina. Ella quiere jugar.
—¿Qué haces, nena? —susurro contra su oído. Sus ojos se cierran ante la sensación de mi cálido aliento sobre su piel. Siento su mano presionar gentilmente mi muslo mientras sube hacia la bragueta de mis jeans.
—Oh, nada, cariño —arrulla contra mi cuello. La sensación envía una corriente eléctrica a mi verga. Se encuentra incluso más emocionada cuando siento a Bella suavemente bajar el cierre de mis jeans. Sus cálidos dedos buscan mi dureza, y me estremezco cuando echo un vistazo a su rostro para ver que está completamente calmada. Ni siquiera mira en mi dirección.
Mujer diabólica.
Su mano de repente envuelve mi polla y le da un ligero apretón. Lucho por mantenerme coherente cuando comienza a bombear de arriba abajo. Giro mi cabeza para enterrarla en su cabello y respiro erráticamente. Todo lo que Bella parece hacer es mirar su revista, pasando páginas con su mano libre. Su cabeza se mueve ligeramente hacia mi dirección sin mirarme.
—Shh. Este nos es lugar para hacer un alboroto. No quieres molestar a los otros pasajeros, ¿o sí? —susurra. Oh, voy a matarla.
Desesperadamente intento limitar mis movimientos, pero mis caderas quieren empujar contra su mano para crear más fricción. Mi rostro todavía sigue enterrado en su cabello, respirando el aroma a su champú. No puedo evitar gemir suavemente y le ruego a Dios que nadie pueda escuchar. Su mano no se detiene, solo se acelera poniendo más presión. Ya no puedo evitarlo.
—Oh, mierda, Bella… —susurro contra ella.
—Shh —dice ella de nuevo mientras finalmente gira su rostro hacia el mío y captura mi boca en un beso ardiente, ahogando los sonidos de éxtasis mientras me corro en su mano.
Cuando las pulsaciones se detienen, nuestro beso desacelera. Bella me sonríe engreídamente.
—¿Estás bien allí, Masen?
—Mmm —gruño con los ojos cerrados, intentando recuperar la compostura.
—¿Me alcanzas una servilleta? —pregunta suavemente. Le alcanzo una servilleta y esta desaparece debajo de la manta. Su mano me reacomoda antes de volver a aparecer como si nada hubiera pasado.
Tomo su mano en la mía, dejando un beso en sus nudillos.
—¿Cómo fui tan afortunado?
Bella ríe suavemente, pero no responde. El resto del vuelo la pasamos durmiendo por aquí y por allá.
~*~*~*~EtS~*~*~*~
El taxi nos deja frente a nuestra nueva casa después de las cinco.
Durante uno de nuestros viajes de visita a mis padres, y para que Bella tuviera sus últimas entrevistas, buscamos casas que complazca nuestras necesidades. Queríamos algo cerca de la ciudad, pero lo suficientemente lejos para ser considerado suburbio. Ni Bella ni yo lo dijimos, pero creo que la futura familia que íbamos a formar fue factor en la decisión de esta casa en particular. Con la ayuda de mi madre, la agente inmobiliaria nos consiguió una casa de dos pisos en una parte exclusiva de la ciudad.
Hay un parque a unas cuadras y un gran jardín en el patio trasero. Los cuartos son enormes con una chimenea espectacular en la sala. Las grandes ventanas dejaban entrar luz natural y cuando Bella la vio, supo que este era el lugar correcto. Lo supimos.
Bella suspira profundamente, dejando sus bolsos cerca del vestíbulo y se deja caer en nuestro sofá. Mi madre decoró todo el lugar.
—Agh, es bueno estar en casa al fin —exclama Bella.
—Casa. —Sonrío, colocándome a su lado.
—¿Llamaste a tu mamá y le dijiste que estábamos aquí?
—Sí, le envié un mensaje hace un rato —digo, girándome para envolver mis brazos alrededor de ella y entierro mi rostro en su cuello. Ella suspira dichosamente.
—Bueno, no sé tú, pero estoy desesperada por quitarme todo el olor a avión, así que me voy a duchar. ¿Quieres sumarte? —Bella me da un apretón en el brazo, besando mi frente.
—No me molestaría —respondo, moviendo mis cejas. Mis nervios lentamente se asoman de vuelta. Decidí rechazar la propuesta aérea y esperar a que estemos en casa. Ahora estamos aquí, y no tengo idea de cómo hacer esto. ¿En la ducha?
No, idiota. Puedes ser más romántico que eso.
Después de una ducha muy interesante, ordenamos algo de pizza y nos acurrucamos en el sofá para mirar algo de TV. El anillo se encuentra en el bolsillo de mis pijamas y me está gritando que lo haya ya.
—¿Estás bien? Has estado actuando extraño desde el vuelo. ¿Qué ronda en esa mente? —pregunta Bella, apartando mechones de cabello de mi rostro.
—No pasa nada —respondo, tomando su mano y dejando un beso en su palma—. Solo estoy algo abrumado por lo que hicimos. Estamos aquí. Estás aquí conmigo. Estoy feliz. Simplemente feliz —murmuro. Bella sonríe, acariciando mi mandíbula.
—Sí, lo hicimos. También estoy feliz… muy feliz. —Ríe ante lo tonto que suenan nuestras palabras.
Y entonces, tengo un momento de claridad. El momento perfecto no tiene que ser creado, no tiene que ser planeado… simplemente ocurre. Y está ocurriendo ahora.
Ella luce hermosa, incluso en su camiseta vieja y pijamas.
—¿Bella?
—¿Mmm? —murmura mientras busca el control remoto. Ella no se da cuenta que me estoy arrodillando frente a ella. Cuando lo hace, luce confundida.
—¿Edward? ¿Qué estás haciendo?
Gentilmente le quito el control remoto y lo dejo en la mesa ratona. Ella sigue mis movimientos con ojos ensanchados.
—Sabes que te amo —comienzo.
Frunce el ceño mientras traga saliva con fuerza. ¿Puede que esté dándose cuenta ya?
—Y te conozco, jamás te hubieras mudado aquí y comprado esta casa para crear una vida juntos si no fuera que creyeras que esto es para siempre.
Bella de repente cubre su boca con una mano, sus ojos brillan.
—Isabella Marie Swan, eres todo lo que quiero, todo lo que necesito. ¿Te casarías conmigo? —declaro mientras abro la pequeña caja de terciopelo y revelo el anillo de platino que contiene un diamante.
Entonces, hay… silencio.
No estoy seguro de lo que está pasando, pero está sentada allí, observándome. Sin reacción.
—Eh, ¿Bella? ¿Puedes ayudarme aquí? ¿Por favor? —Si no dice nada pronto, voy a tener un ataque de pánico… y quizás me arrastre hacia debajo de una roca. Mi corazón late acelerado.
Más silencio.
Creo que está en shock.
Tengo que pensar rápidamente cómo salvar esta situación, así que me pongo de pie.
—Bella, mira, olvida que dije algo… Entiendo si no estás…
—Sí.
No estoy seguro si la escuché bien. Fue a penas un susurro. Pero es suficiente para detener mis movimientos. Bajo la vista hacia ella.
—¿Qué? —susurro. Su rostro está mojado por las lágrimas. Toma mi mano y me agacha de nuevo. Obedezco porque mi cuerpo se siente gelatinoso ahora.
Cuando me encuentro frente a ella, la veo sonreírme mientras sus lágrimas corren.
—Sí, Edward. Sí —responde Bella, asintiendo con su cabeza repetidamente.
—¿Sí? Sí, ¿te casarás conmigo?
Su sonrisa se ensancha más y siento mi corazón a punto de estallar.
La beso. Fuerte. Ella ríe contra mis labios. Finalmente me aparto lo suficiente para sacar el anillo y colocarlo en su dedo.
—Oh, por Dios, Edward. Es perfecto. Es hermoso —dice maravillada, observando al diamante.
Pero todo lo que puedo hacer es mirarla.
—Meh. Está bien. Lo que estoy viendo es mucho más hermoso.
Levanta la vista hacia mí… y pone los ojos en blanco.
Esa es mi chica.
—Eres tan cursi —dice, secándose las lágrimas y los mocos de su rostro.
—Sí, pero soy tierno. Así que puedo salirme con la mía. —Le doy mi sonrisa arrogante.
Ella ríe.
—Allí está esa sonrisa de nuevo. Pensé que la habías retirado.
—Nah. Solo la guardo para el momento correcto —digo, sentándome junto a ella en el sillón.
Envuelve sus brazos alrededor de mi cuello, abrazándome fuertemente. Es la mejor sensación del mundo.
—Te amo. No puedo esperar a ser tu esposa —murmura contra mi cuello. Me hace sonreír de nuevo.
Mi esposa.
Voy a poder llamarla mi esposa.
—Te amo mucho, Bella.
—Voy a poder llamarte mi esposo —dice ella, echando su cabeza hacia atrás para mirarme. Sus ojos están brillantes y hermosos.
—Lo mismo pienso.
Bella se pone de pie, llevándome con ella.
—Vayamos a celebrar. —Hay un brillo pervertido en sus ojos.
De repente, tengo un subidón de energía y mi cavernícola interior sale a jugar. Agarro sus piernas y la tiro sobre mi hombro, ganándome risas, gritos y un manoseo de mi trasero.
Y voy a poder llamarla mi esposa.
La vida es buena.
~EL FIN~
