Capítulo XXII: Mangekyou
XXX
⟨Sasuke⟩
—Tenemos que hablar.
Los ojos negros de Katsuro analizaron mi expresión seria en cuanto abrió la puerta de su casa.
—Pensé que te habías acobardado —Opinó con cierto deje de burla. Se hizo a un lado, invitándome a entrar a su casa con un gesto de cabeza, y cerró la puerta una vez me adentré.
Seguí con suspicacia sus movimientos mientras caminábamos a la sala. Con cada parpadeo un nuevo recuerdo de la noche anterior llegaba, y con cada recuerdo la información sobre él.
—¿Cómo está Suki? —Preguntó tirándose al sillón. El resentimiento era palpable en su voz— ¿Siguen escondiéndola de todo el mundo o me van a permitir verla si vuelvo a presentarme en tu casa?
—No eres bienvenido en mi casa —Acoté sin dudarlo—, y mientras más lejos estés de ella, mejor.
—Es mi novia —Gruñó con molestia, dirigiéndome una mirada de irritación.
—Momentáneamente —Retruqué, cruzándome de brazos en una postura dominante a unos cuantos pasos de él.
Pareció molestarse demasiado, frunciendo el seño y apretando sus puños. Por un momento creí que se levantaría a golpearme, dándome la oportunidad de romperle la cara de una vez por todas, pero pareció recordar algo que lo hizo bufar mientras murmuraba palabras que no pude escuchar.
—¿De qué quieres hablar exactamente? —Cuestionó con cansancio, sacudiendo su cabello en señal de frustración.
—¿Qué intenciones tienes con mi hermana? —Fui directo, dejando en claro que era esa la razón de mi llegada
—¿También vas a juzgar? —Tensó su mandíbula a la vez que sus ojos se tornaban de un negro apagado—. No planeo nada malo, ya déjenme en paz.
—Mientes —Respondí con rapidez, sin darle tiempo a que dijera algo más—. Escuché su conversación —No hacía falta decirle de quién hablaba, su expresión fue suficiente para saber que me refería al hombre del que ni siquiera sabía el nombre— ¿Si su misión resultaba exitosa te ahorrabas un paso? Intentó asesinarla, no te hagas es imbécil.
—Tú eres el imbécil que acusa sin saber ni la mitad de la realidad —Su expresión se crispó con ofensa, mostrándose afectado.
No soy tan estúpido como para creerle su falso dolor.
—Dímelo, hazlo, demuestra que es posible confiar en tí.
Abrió su boca, poniéndose de pie con violencia, como si estuviese por recriminar algo. Pero terminó por bajar la cabeza dejando escapar un suspiro pesado.
—No.
Jadeé con gracia, como si acabase de contarme un chiste, viendo esa expresión decaída en la cara de quien siempre trata a todos de cobardes.
—¡Porque sabes que no eres tan bueno como dices! —Alcé la voz, señalándolo con acusación.
—¡No lo haré porque solo empeorará aún más las cosas! —Gritó cediendo al enojo, sus hombros temblaban con rabia mientras aún no levantaba sus ojos del suelo—. Tú no tienes idea el caos que nos rodea, si yo abro la boca considéranos muertos.
—¿Es por él? ¿Qué relación tienes con ese tipo?
—No te interesa —Siseó con amenaza, inclinando la cabeza hacia uno de los lados.
—¿Trabajas para él tú también? —Seguí preguntando. No me iría de aquí sin tener al menos respuesta a algo.
—Trabajaba —Corrigió con desagrado—. Fui como tú, una de sus marionetas manchando mis manos en busca de respuestas —Observó sus manos temblorosas, como si tuviese rechazo por ellas— ¿Te digo algo? Deberías alejarte también. El poder es adictivo, pero trae consigo consecuencias putrefactas. Estarás ciego hasta que te sientas satisfecho, y cuando estés pleno vas a notar que en realidad... no valió la pena en absoluto. Entonces, solo te arrepentirás, sabiendo que jamás escaparás de toda la mierda que tú mismo generaste.
Elevó sus ojos, enseñándome su Sharingan con arrepentimiento.
¿Estaba arrepentido de su poder?
XXX
—¿Dónde estabas?
Cerré la ventana de mi cuarto con fuerza en cuanto escuché la voz de Suki a mi espalda.
—¿Qué haces aquí? —Fruncí el seño volteando a verla.
—Estaba preocupada —Se acercó aún más, pasando sus brazos por debajo de los míos para abrazarme con fuerza— ¿Sabes que puedes contar conmigo si necesitas ayuda en algo, verdad? Para lo que sea.
Sujeté sus brazos, alejándola para ver sus ojos brillar con una preocupación inocente.
—Aléjate de Katsuro —Demandé.
—Ya sabés que voy a dejarlo —Dejó caer su cabeza a un lado con confusión.
—No es suficiente —Negué apretando un poco más sus brazos para que mantenga su atención en mí—. Mantente lejos de él.
Parpadeó más confundida que antes, sus ojos pasearon por mi rostro sin entender mis palabras. Intentó alejarse pero no se lo permití, quería asegurarme que no volviera a acercarse a él.
—¿Nii-chan?
—Promete que no lo harás. Que no volverás a acercarte a él.
—No puedes obligarme a nada —Leves arrugas nacieron en su entrecejo con la creciente molestia—, yo no te digo con quién puedes o no relacionarte.
—Solo hazme caso —Pedí sacudiendo sus brazos.
¿Por qué no entendía que tenía que alejarse de él por su propia seguridad?
—¿Me dirás qué escondes? —Preguntó desafiante, estirando su cuello evitando quedar por debajo de mí— ¿La razón detrás de tus escapadas?
—No.
—Entonces no te entrometas en mi vida privada tampoco.
Alejó mis manos con rudeza haciéndome retroceder un paso por su acción. Intentó pasar por mi lado pero fui más rápido y volví a envolver uno de sus brazos entre mis dedos con violencia para empujarla contra la pared más cercana.
—¡Abre los ojos de una maldita vez! —Gruñí fúrico—. No es bueno para tí.
Abrió los ojos con sorpresa, permitiendo ver el reflejo de mi Sharingan en ellos.
—Suéltame —Pidió tornándose inexpresiva de repente.
Inevitablemente clavé más mis dedos en su piel, incapaz de controlar mi enojo.
—Suéltala —Reclamó una nueva voz a la vez que la puerta fue abierta con ímpetu.
Itachi nos observaba desde el marco de la puerta, sus ojos escrutaban la escena como si no pudiese creer lo que veía.
Suki aprovechó el momento para liberarse de mi agarre y salir de mi habitación sin mirar a ninguno de los dos, dejando a Itachi mirándonos con duda.
—Mañana hablaremos sobre ésto, ahora baja a comer —Fue lo único que dijo antes de desaparecer de mi vista, yendo por el mismo camino que nuestra hermana menor.
⟨Suki⟩
Cubrí un bostezo inevitable justo cuando estaba por hablar.
Estúpido gemelo, ya me pagarás el insomnio que me hiciste sufrir anoche.
—¿Déficit de atención? —Formulé con interés cuando pude hablar correctamente.
—Así es —Asintió la Hokage viéndome desde el otro lado del escritorio—. No es lo suficientemente grave como para que cualquiera pudiese notarlo con facilidad, pero sí repercute en tu desempeño en las misiones.
Bueno, al menos ahora sabía que había una razón lógica para ser un fracaso y no solo era una horrenda kunoichi.
—Pero no es tan malo ¿No? —Pregunté esperanzada.
—Para nada, con unos medicamentos y algunas visitas aquí no volverá a causarte inconvenientes —Tranquilizó con una leve sonrisa comprensiva—. Eso sí, deberás esforzarte más que el promedio en focalizar tus movimientos y no distraerte en pleno campo de batalla. Procurando al mismo tiempo cuidar de tu salud, sabés que tu corazón no está en tan buenas condiciones actualmente.
—No se preocupe, Tsunade-sama. Daré lo mejor de mí en cada entrenamiento de ahora en adelante —Elevé uno de mis puños con convicción.
—Oh, ya se que lo harás —Respondió con gracia ¿Debía sospechar de eso?—. Ahora vete, hay alguien esperando por verte fuera. Espero encontrarte aquí la próxima semana.
Asentí efusivamente y realicé un par de reverencias antes de salir del consultorio con apuro de ver quién me esperaba.
Mi madre, que me había acompañado hasta aquí esta mañana, ya no estaba. Pero a unos metros distinguí otra figura recargada contra la pared del pasillo, cubierta por un largo abrigo verde oscuro que ocultaba gran parte de su rostro debido a su cuello y capucha.
Aburame Shiro.
—¿Sensei? —Llamé insegura de que en realidad sea él.
—Tiempo sin verte, Suki —Saludó con la voz grave y profunda característica de él mientras se acercaba con lentitud— ¿Cómo te encuentras?
Brinqué en el lugar como niña pequeña, feliz de poder verlo luego de lo que pareció una eternidad.
—Mejor ¿Y usted? —Pregunté tratando de ver sus ojos, algo imposible por las gafas oscuras que llevaba—. Fue mucho tiempo que estuvo fuera por la misión.
—Bien —Respondió con desinterés— ¿Lista para entrenar?
Detuve mis movimientos. No me esperaba esa pregunta.
—¿Se refiere a ahora mismo? —Señalé el suelo con confusión.
—No veo mejor momento.
—Pero Katsuro y Akiyoshi...
—De ellos me encargaré en otro momento —Cortó mis palabras a la vez que le restó importancia con un gesto de sus manos cubiertas por guantes—. He hablado con Tsunade-sama sobre tu situación, desarrollamos un sistema de entrenamiento con el objetivo de adherirse a tus actuales necesidades y deficiencias.
Apreté mis labios, desconfiada de sus palabras. Eso me suena a que me va a dejar moribunda.
—Ya le fueron con el chisme de que no entrené ¿No es así?
—Estás en lo cierto —Aseguró sin repulgo.
—Ya qué —Suspiré con derrota, dejando caer mis hombros a la vez que soltaba el aire con pesadez—. Pero quiero ir enserio ésta vez, Sensei.
Elevé uno de mis dedos totalmente decidida, como si le hablara a un niño pequeño. Él observó mi gesto unos segundos pero terminó por ignorarlo.
—¿Segura? —No me dejó responder cuando siguió hablando—. De acuerdo, pero en ese caso deberás dedicar algún tiempo a aprender ninjutsu médico básico como mínimo.
Me quejé tambaleándome de un lado a otro, mis brazos colgantes seguían el movimiento.
—¿Eso es necesario? —Lloriqueé—. Se me hace muy aburrido.
—Aprendes a curar tus heridas o te desangras en el campo de entrenamiento —Se hundió de hombros, como si dijera lo más normal del mundo—. No juzgaré tu decisión, pero no servirás mucho si te encuentras medio muerta a mitad del día.
Ya extrañaba su tacto inexistente al expresarse.
—Lo haré —Acepté sin otra opción, haciendo una mohín—, pero no quiero que se detenga hasta que llegar a mi límite. Mi tercer tomoe quiero que salga por mi propio esfuerzo y no por otra tragedia —Dejé en claro con un gesto de manos. Ésta vez no dejaré que mi poder ocultar evolucione a costa de una mala experiencia—. Una semana.
—En tres días lo tienes.
Parpadeé anonadada.
—¿Tres días? —Repetí para asegurarme de haber oído bien.
—Podría ser hoy mismo, pero quiero tomar los primeros dos días en comprobar la eficacia de algunos ejercicios que seleccioné —Avisó con mirada pensativa.
—Esos ejercicios tienen que ver con muchos insectos ¿No es así? —Lo observé con suspicacia, girando mi cabeza con desconfianza.
—Tú pregunta ofende. Sabés que soy un Aburame fiel a mis insectos.
Puse los ojos en blanco por lo obvio y lo seguí cuando comenzó a alejarse para salir del hospital.
⟨Shisui⟩
—¿Qué piensas sobre Suki?
Dejé de girar el kunai en mi dedo cuando la pregunta de Itachi me tomó con la guardia baja. Lo observé de soslayo con sospecha, él estaba ocupando lugar a mi lado en una roca grande, perdido en sus pensamientos.
¿Es por eso que se mantuvo en silencio todo el tiempo que estuvimos entrenando juntos?
—¿A qué viene esa pregunta? —Traté de indagar, pero no se vio con intención de responder mientras sus ojos miraban a la nada—. Es una buena chica.
Tragué incómodo, sin saber exactamente a qué venia su pregunta ni qué se supone que debía responder.
—Me dijo que dejará a Katsuro.
Me paralicé cuando la realización golpeo mi mente como si hubiese recibido un golpe.
¿Ya lo sabrá?
—¿Y te dijo por qué? —Pregunté como si no me estuviese muriendo de curiosidad.
Y un nuevo dilema se presentó en mí ¿Cuál es la respuesta que deseaba escuchar realmente?
—Sí.
Sentí los nervios aparecer no solo por su afirmación, sino porque ésta vino acompañada de sus ojos filosos clavándose en mí con intensidad. Estaba buscando una reacción de mi parte ¿Pero qué esperaba ver exactamente?
Por otro lado, yo no podía creerlo. Quería enfadarme, enojarme con ella por no hablar conmigo antes de contarle aquello a Itachi sabiendo que él podría venir a buscar respuestas de mi parte, pero simplemente me era imposible. Es que incluso un calor agradable se instaló en mi pecho al pensar que sus sentimientos eran tan fuertes que no le importó el confesarlos a alguien más, aunque ese alguien fuese su hermano mayor y mi mejor amigo.
—¿Es algo malo? —Fingí desconocimiento cuando note que volvía a guardar silencio—. Te ves preocupado.
—No sé que pensar sobre eso.
Sólo espero que no piense en partirme la cara.
—¿Quieres hablarlo conmigo? —Ofrecí al ver que parecía más afectado de lo que imaginé.
Pareció pensarlo por unos segundos, desviando su atención a cualquier lugar en el suelo debatiendo consigo mismo.
—... No.
Inhalé bastante aire tratando de disminuir el dolor pesado de sentirme culpable por su estado de ánimo. Pero hasta que no se sienta preparado para hablar sobre eso conmigo no voy a tocar el tema, necesitaba aceptar los hechos antes de enfrentarlos. De otra forma, solo le generaría más preocupación y posible paranoia.
—¿Y pudiste hablar con tu padre sobre lo de las reuniones? —Cambié de conversación en busca de que deje de pensar en algo que obviamente le perturbaba.
—Están más decididos que nunca —Asintió frotando su frente con frustración.
—Lo sé —Coincidí reanudando mi juego con el arma metálica en mis manos—. Tengo una cita en pocos días para hablar con la Hokage y los consejeros sobre esto.
Eso pareció llamar su atención, girando su cabeza en mi dirección con rapidez volviendo a conectar nuestras miradas.
—¿Qué planeas?
—Utilizaré mi Mangekyou Sharingan sobre el clan —Le confesé mi plan con confianza de que lo que decía permanecería en secreto entre ambos.
—¿Tu Mangekyou? —Se mostró confundido, haciendo una mueca de desacuerdo cuando pareció terminar de crear una secuencia en su cabeza— ¿Estás seguro? Es arriesgado, podemos hallar otra forma.
—No hay tiempo para más planes —Arrojé el kunai en mi mano contra uno de los árboles a nuestro alrededor—. Solo es cuestión de tiempo para que comiencen el golpe.
Y si no actuaba rápido, no habría nada que pudiese detenerlos.
XXX
Capítulo de 2359 palabras.
