Levi tuvo que aguantar la respiración cuando le metieron en los calabozos.
Hacía años que había abandonado la Ciudad Subterránea, donde la humedad se le clavaba en los huesos, pero ese olor era uno al que jamás podría acostumbrarse. Tal vez sí pudo hacerlo entonces, cuando la suciedad, el frío y la oscuridad formaban parte de su día a día; pero fue salir a la superficie, atravesar los muros y saber que jamás regresaría, para que esas mismas sensaciones que formaron parte de su vida desde que tenía memoria se transformaran en una especie de cáncer que le impedía respirar.
Al cerrar su celda se preguntó cuánto tardarían en sacarle de allí. Confiaba plenamente en sus compañeros, especialmente en su nuevo cuerpo de operaciones especiales, y sabía que no iban a permitir que fuera juzgado por algo que ocurrió en otra vida. De pronto la manía de Eren por actuar antes de pensar le pareció lo mejor del mundo, pues estaba seguro de que no tardaría en transformarse en titán para destrozar los calabozos y sacarle de allí.
Sin embargo, las horas pasaron y nadie fue a por él. Y a la mañana siguiente, tras una noche en vela que se le hizo eterna, nadie le visitó para explicarle la situación. O al menos para darle ánimos ante el inminente juicio.
Ni siquiera su Comandante.
Seguía sentado en la cama, pegado a la esquina de su celda y encogido sobre sí mismo para atrapar un poco de calor. Estaba temblando, aunque no tenía claro si era por el frío o por el miedo. El Capitán Levi temblando. Quién lo habría pensado.
Escuchó entonces pasos y alzó la cabeza, deseando ver esa cabellera rubia siempre perfectamente peinada. En su lugar se encontró con un soldado de la Policía Militar que le traía una bandeja con comida.
El desayuno no se veía para nada apetitoso, aunque Levi intuía que si le dieran los manjares más deliciosos tampoco sería capaz de comer. No en aquel lugar que era como volver al pasado. Peor aún, pues en el pasado su suerte nunca dependió de los otros.
Eso fue precisamente lo que había evitado que intentara escapar por sus propios medios cuando le quedó claro que nadie iba a sacarle de allí. Sabía que podía hacerlo. Salir de aquella celda sería un juego de niños en comparación con el sótano donde vivió durante años, cuando le vigilaban las 24 horas del día para asegurarse de que no escapaba y cumplía con su trabajo, robando para los cerdos que controlaban las zonas más pobres de la Ciudad Subterránea.
Pero Erwin le había pedido que confiara en él.
Y eso era lo que iba a hacer. Aunque le costara la vida.
Se arrebujó un poco más sobre su cuerpo, buscando un poco de calor al tiempo que trataba de formar una especie de escudo que le aislara de aquel lugar. Necesitaba abstraerse de aquel escenario para calmarse y dormir un poco. No sabía cuándo sería el juicio, pero necesitaba estar descansado para entonces. Por si acaso la cosa se torcía y había que actuar.
Soltó un chasquido, reprochándose su comportamiento. Se suponía que era el Capitán Levi, el arma más poderosa de la humanidad; aquel capaz de matar titanes sin despeinarse. ¿Por qué estaba temblando entonces? Al lado de lo que había tenido que soportar aquello no era para tanto: no le habían dado ninguna paliza y, aunque el lugar y la comida dejaran mucho que desear, al menos le estaban alimentando y ofreciendo un techo. ¿De qué se quejaba entonces?
La culpa era de Erwin Smith, como siempre. Aquel Comandante que le usó para conseguir sus objetivos también se había convertido en un cáncer, metiéndose poco a poco en su vida y en su cabeza, hasta el punto de que ya no era capaz de actuar como en el pasado. Seis años atrás no habría permitido que le atraparan, daba igual cuántos cadáveres hubiera dejado en el camino.
Ahora solo podía rezar porque aquel aislamiento al que se veía forzado no significaba que le hubiera abandonado. No ya porque era muy molesto tener que solucionar siempre uno mismo las cosas, sino sobre todo porque no sabía si soportaría semejante traición.
Erwin había conseguido que aprendiera a confiar en los demás, especialmente en él. Y si al final todo eso no había sido más que uno de sus trucos, el Comandante Smith podía sentirse orgulloso de haber conseguido lo que nadie más había podido: romper al infame Capitán Levi.
Aunque eso no significaba, ni mucho menos, que fuera a permitir que le vieran resquebrajado.
Usó así los tres días que permaneció aislado para crear una nueva coraza protectora. Hizo repaso de toda su vida, de sus logros y de sus fracasos, para alcanzar ese punto de tensa calma que le permitió recuperar el control. No de la situación, pero al menos sí de su propio cuerpo para que nadie le viera temblando cuando entrara en el tribunal donde sería juzgado.
No iba a ser un trago fácil. Sería lo más parecido al infierno y eso ya era mucho viniendo de un soldado que había luchado contra titanes. Pero para un hombre de acción como él tener que soportar cómo unos cerdos ricachones se permitían el lujo de juzgarle cuando no sabían nada de él… eso iba a forzar sus límites como nunca antes.
El primer revés lo recibió cuando no le permitieron cambiarse o al menos ducharse antes de llevarle al tribunal. Se presentó así con el mismo uniforme con el que llevaba las últimas 72 horas… más incluso, pues ya lo tenía puesto cuando volvió de la expedición. Ello hizo que se sintiera incómodo consigo mismo, lo que no era precisamente la mejor manera de afrontar uno de los momentos más decisivos de su vida.
Al entrar en el tribunal recibió el segundo golpe. Sabía que habría gente, pues no dejaba de ser un juicio militar, pero no se imaginó que habría tanta.
No había un hueco libre en la inmensa sala. En primera fila estaban los altos cargos de los tres ejércitos, acompañados de los soldados más condecorados. Levi jamás había visto tantas medallas juntas y en parte se sintió orgulloso de sí mismo porque había sido el responsable de que hoy todos estuvieran allí.
El orgullo se transformó en un nudo en el estómago cuando recordó que no estaban precisamente para premiarle, sino para juzgarle. Y por las miradas que recibió cuando entró en la sala y los soldados de la Policía Militar le esposaron al poste central, en el mismo sitio que no hacía mucho había ocupado Eren, ese juicio ya había comenzado.
Levi trató de responder a sus miradas de condescendencia, especialmente por parte del Comandante Nile. Seguía siendo un cerdo presuntuoso y un cobarde y se negaba a quedar por debajo de él.
Pero Nile no estaba solo. Junto a él, además de los oficiales se amontonaban los gobernadores de todos los distritos de la humanidad, los comerciantes más adinerados, los principales representantes de la Orden de los Muros e incluso algunos miembros de la Corte en representación del Rey.
Y todos, absolutamente todos, le miraban con indiferencia. Como si no fuera más que un gusano que pronto moriría y estaban esperando a que eso ocurriera para poder dedicarse a otras cosas más importantes.
Hacía años que Levi no recibía ese trato. Incluso en la Ciudad Subterránea pronto aprendió a alejarse de las zonas más concurridas para no ver esas miradas que le hacían preguntarse por qué demonios no murió junto a su madre. Pero esta vez no le iba a resultar tan sencillo alejarse. Y justo eso era lo que estaba haciendo que su cuerpo estuviera en tensión.
Sentía que el corazón se le iba a salir por la boca. La piel parecía estar electrizada de lo mucho que le hormigueaba por los nervios, hasta el punto de que desearía estar libre para poder arrancársela a tiras.
Todavía no había empezado el juicio y Levi ya deseaba que acabara, incluso si le declaraban culpable y la pena era la muerte. Eso sería mejor que estar soportando aquello un segundo más.
Tuvo que agachar la cabeza y cerrar los ojos, inspirando profundamente. No podría hacerlo. Por primera vez desde que comenzó su nueva vida se sintió perdido. Indefenso. Asustado.
Tratando de controlar su temblor para que al menos nadie le viera así, miró de reojo hacia la zona que ocupaba el Cuerpo de Exploración, desesperado por encontrarse con la mirada de Erwin. El hombre estaba en posición de firmes, observando la puerta por la que en esos momentos estaba entrando el Comandante en Jefe Dallis Zacklay.
"Por favor, mírame" suplicó, las pupilas temblando.
Cuando el Comandante siguió ajeno a su dolor sintió que el suelo se hundía un poco más bajo sus pies.
La sensación fue a más cuando, en la siguiente media hora, el Comandante Nile Dawk se dedicó a diseccionarle. Tal vez no fuera como hubiera pretendido hacer con Eren no hace mucho, en aquel mismo lugar y de una manera más física, pero la idea seguía siendo la misma: mostrar a todo el mundo su vida, sin que él pudiera hacer absolutamente nada para evitarlo.
Además, Nile fue especialmente minucioso. No era para menos, pues contaba con información de primera mano: los informes de los que hasta ahora desconocía su existencia y que el mismísimo Erwin Smith había redactado sobre él. Esos que no tuvo ningún problema en entregarle cuando el Comandante Dawk se lo pidió durante la expedición.
Recordaba perfectamente ese instante en el que Mike comentó que Nile había pedido algunos documentos privados, lo que Erwin permitió como si no tuviera ninguna importancia… Ahora era él quien estaba pagando el precio de su indiferencia.
Nile se dedicó así a relatar su pasado en la Ciudad Subterránea, cuando era el líder de una banda de ladrones que robaba a los comerciantes de la zona para después traficar en las zonas más peligrosas de la ciudad.
Levi escuchó impasible cómo el hombre citaba los nombres de las personas que supuestamente había matado en aquella época, negándose a mostrar la mínima culpabilidad. No porque no se consideraba culpable, sino porque a Nile se le había olvidado mencionar que en lugar de contrabando lo que estaba evitando era que decenas de personas murieran de hambre. O que aquellos a los que mató eran más monstruos que humanos, lo que hacía que aquellos asesinatos fueran más un ejemplo de humanidad, pues sus muertes en realidad salvaron muchas vidas.
Por supuesto, sabía que por mucho que explicara los motivos por los que les rajó la garganta a esos desgraciados nadie vería más allá de un asesinato. Así que ni siquiera se sintió mal cuando no le dieron la oportunidad de dar su versión. Ya tenían una idea preconcebida del Capitán Levi antes de que entrara en el tribunal, ¿para qué quitarles la ilusión?
Lo que sí dolió fue que sus compañeros descubrieran esa parte de su vida de aquel modo tan frío. Nunca se había planteado hablarles de su época en la Ciudad Subterránea. Sabía que había rumores, claro, y probablemente las leyendas que circulaban sobre él serían más interesantes que la realidad. Pero ahora que se estaba descubriendo todo y encima de boca de aquel cerdo que se había preocupado de dar solo los detalles que a él le interesaban, se arrepentía de no haberlo hecho.
Si hubiera sido sincero con ellos desde el principio, contándoles cómo tuvo que aprender a matar para no morir, a ser el más duro para que nadie le aplastara, tal vez habría caído mejor. No es que le importara lo que pensaran de él, pues lo único que le preocupaba era que obedecieran sus órdenes y no murieran en el campo de batalla… Pero ahora que le habían quitado la oportunidad de poder mostrar aquella parte de su pasado, aquella otra vida de la que jamás podría olvidarse por mucho que quisiera, en parte sentía que había traicionado la confianza de sus compañeros. Y eso dolía casi tanto como pensar que ahora mismo esos compañeros habían descubierto al verdadero Levi; al pandillero y asesino que se escondía detrás del héroe; al niño muerto de hambre que tuvo que hacer lo impensable para sobrevivir y cuyos recuerdos siempre formarían parte del soldado más fuerte de la raza humana.
Independientemente de cómo acabara aquello, Levi sabía que jamás recuperaría esa confianza que tanto le había costado tener y que otros tuvieran con él.
Ser consciente de ello hizo que por primera vez en su vida sus ojos se cubrieran de una película acuosa, teniendo que luchar con todas sus fuerzas para que las lágrimas no corrieran libres. No delante de aquel cerdo que sonreiría al verle desmoronarse.
Un tiempo indeterminado después y que a Levi se le hizo eterno, Nile terminó su exposición. Un rumor se elevó entre los asistentes, pudiendo oírse perfectamente palabras como "asesino", "horca" o "decepción" que el Capitán fingió no oír.
El Comandante en Jefe Dallis Zacklay llamó al orden, golpeando la mesa.
- Una vez escuchados los cargos de la Policía Militar, escucharé al Cuerpo de Exploración –se dirigió al Comandante Erwin Smith.
- Sí, Señor –la voz de Erwin resonó en la sala del tribunal. En el centro de la misma Levi tembló al escucharla después de tantos días-. Todos los cargos que ha mencionado el Comandante Nile Dawk son ciertos. El Capitán Levi no recibió ninguna instrucción en la Academia para convertirse en soldado y en la Ciudad Subterránea cometió todos los crímenes que se han mencionado –un murmullo de sorpresa se elevó entre los presentes, que Erwin permitió durante unos segundos antes de continuar-. Pero me gustaría añadir algo más que el Comandante Dawk ha olvidado mencionar. –Extrajo entonces de la chaqueta de su uniforme un papel que comenzó a leer-: Titanes muertos: 80. Titanes a los que ayudó a matar: 130. Compañeros que ha salvado de ser devorados: 90. Civiles rescatado: 70. –Guardó el papel con calma, devolviendo la atención a Zacklay-. Gracias a su capacidad para el combate, el Capitán Levi ha salvado más vidas que todos los soldados que han formado parte del Cuerpo de Exploración juntos. También ha formado a los mejores soldados para crear un cuerpo especial encargado de llevar a cabo las misiones más arriesgadas. –Hizo una pequeña pausa para observar a los soldados que tenía a su izquierda: Eren, Mikasa, Armin, Sasha, Jean y Conny-. Como todos sabrán, el primer cuerpo especial que el Capitán Levi formó fue aniquilado durante el enfrentamiento contra el Titán Hembra. Y aun así no se concedió un minuto de luto. Luchó en la defensa de Stohess, incluso estando lesionado. –Miró hacia el lugar que ocupaba Levi y le encontró con la cabeza agachada y encogido sobre sí mismo. Verle en aquella posición tan humillante hizo que tardara unos segundos en recuperar su voz más autoritaria-. En un momento como este, donde la raza humana está más cerca que nunca de recuperar su libertad, creo que todos estos datos son más valiosos que el pasado delictivo de un hombre que ya ha demostrado con creces que es el mejor aliado que podría tener la humanidad.
Las palabras de Erwin, como solía ocurrir cada vez que hablaba, consiguieron que un nuevo coro de voces se alzara. Y esta vez no se oyeron tantas críticas hacia el reo, como aprobación a lo que el Comandante acababa de decir.
Pero Nile ya intuía que algo así pasaría, por lo que alzó la mano para pedir la palabra:
- El Comandante Erwin ha olvidado mencionar algo más acerca del Capitán Levi.
- ¿De qué se trata? –quiso saber Zacklay.
- La relación que mantiene con el Capitán. Una que va mucho más allá de la estrictamente profesional entre un Comandante y su oficial.
El murmullo estalló, esta vez a un mayor volumen. Desde su posición privilegiada Levi, por mucho que intentó abstraerse de aquellas voces, pudo distinguir la sorpresa entre algunos de los soldados del cuerpo que no formaron parte de la expedición.
"Ya está" se dijo. "Todo ha acabado".
- ¿Es eso cierto, Comandante? –preguntó Dallis Zacklay tras exigir silencio.
Erwin esperó un par de segundos antes de responder.
- Con todos mis respetos, Comandante en Jefe, pero nos encontramos ante un Tribunal Militar que se ha reunido con carácter excepcional para tratar un asunto oficial. En esta sala se encuentran los más altos cargos de los tres ejércitos, así como algunos de los miembros más respetables de la ciudadanía y de la Corte. Por ello he colaborado desde el primer instante en la investigación abierta contra mi Capitán. Porque era mi deber –paró un segundo para observar a Nile con los párpados medio cerrados, en una fría mirada que habría hecho sentirse orgulloso a Levi-. Pero considero una falta de respeto a esta institución y a todos los aquí reunidos si se tratara algo tan frívolo y sin interés para la lucha contra los titanes, como es el carácter de mi relación con el Capitán Levi.
No hubo murmullos tras la respuesta del Comandante. Tan solo silencio hasta que:
- Estoy de acuerdo –convino Zacklay.
- Pero, Comandante en Jefe.
- Su turno de palabra ha terminado, Comandante Dawk. Ahora daré mi veredicto… -Observó una última vez al culpable de que estuviera allí reunido. Levi seguía agazapado sobre sí mismo. Costaba creer que se trataba del mismo soldado al que con tanto orgullo se había referido el Comandante Erwin-. Tras el éxito de la última expedición y las probadas muestras de los beneficios que supone la presencia del Capitán Levi, no solo para el Cuerpo de Exploración, sino para toda la humanidad, ordeno que se limpie inmediatamente su historial delictivo. A partir de ahora solo se tendrán en cuenta sus actividades como soldado del Cuerpo de Exploración.
Desde que entró en el tribunal a Levi el corazón le latía tan rápido, que cuando oyó el veredicto estaba convencido de que había escuchado mal por culpa de su furioso palpitar.
No podía ser verdad. ¿Le dejaban libre?
Curiosamente fue el Comandante Nile quien confirmó sus dudas cuando protestó la decisión de Zacklay.
- ¡Esto es un atropello! No puede dejar libre a ese cerdo después de todo lo que ha hecho…
Levi se atrevió a alzar la vista para terminar de confirmar que estaba ocurriendo de verdad. Ver a Nile rojo de ira y a Dallis Zacklay pidiendo orden le demostró que sí. Era verdad. No le iban a condenar.
Pero también vio algo más que le indicó que el juicio todavía no había acabado: a Erwin levantando la mano para pedir la palabra.
- Comandante en Jefe. Si me lo permite, me gustaría añadir algo más aprovechando su presencia en este tribunal.
Zacklay le dio permiso para seguir, pero antes Erwin dirigió la vista hacia el lugar que ocupaba Levi. Al ver que había alzado la cabeza y además le estaba mirando con atención, hizo algo totalmente inesperado tratándose de él, pero que también era lo que todo su ser le pedía: guiñó un ojo a su Capitán.
La sorpresa de Levi ante aquel gesto tan informal fue el último empujón que necesitó para asestar la primera puñalada al Comandante Nile. Al cerdo que se había atrevido a utilizar a su mejor soldado, al único hombre por el que entregaría la vida sin dudar, para hacerle daño. El culpable de que la confianza que tenían el uno en el otro hubiera estado a punto de resquebrajarse.
- Hace poco llegaron a mi conocimiento supuestas actividades ilegales que me preocupan –explicó al Comandante en Jefe-, cometidas por el Comandante Dawk.
- ¿De qué demonios estás hablando, Erwin? –gritó Nile para hacerse oír entre el nuevo murmullo de voces. Erwin se negó a mirarle siquiera, centrado en Zacklay.
- Como sabrá, hace algunas semanas fui atacado en la Capital, durante mi visita para ultimar los detalles de la expedición que acaba de concluir. Entonces se consideró un ataque fortuito por parte de algunos niños de la Ciudad Subterránea, pero recientemente he descubierto que el Comandante Dawk se encuentra detrás de ese intento de asesinato.
- ¡Eso son estupideces!
- Esas son unas acusaciones muy serias –comentó Zacklay.
- Al principio no quise creerlo –continuó Erwin-. Pero al llegar a la Capital, hace unos días, pude reunirme con un respetable miembro de la ciudadanía que fue testigo de la conversación entre el Comandante y los niños a los que contrató.
- ¿Y de quién se trata, si se puede saber? –preguntó Nile con desagrado-. No es más que un farol.
- Si me lo permite, ese testigo se encuentra aquí. -Buscó entre las personas que se amontonaban en las primeras filas de los asientos-. Padre Nick.
- ¿Qué demonios es esto? –exigió Nile, viendo cómo uno de los máximos responsables de la Orden de los Muros se acercaba al estrado.
- Las afirmaciones del Comandante Erwin, –pidió Zacklay- ¿las ratifica?
- Así es, señor. Pude ver con mis propios ojos cómo el Comandante Nile le entregaba dinero a los niños a cambio de que mataran al Comandante Erwin. Desde donde me encontraba identifiqué perfectamente el uniforme de la Policía Militar y el medallón que indicaba su cargo.
- ¡No puede creer esa estupidez! –estalló Nile-. Es evidente que ha inventado esta historia porque sospechaba que denunciaría a su Capitán.
- Si fuera así –explicó Erwin a Zacklay con calma-, creo que me habría resultado más sencillo dejar que el Comandante muriera durante la expedición. Sin embargo, yo mismo ordené a mi Capitán que le salvara aun a riesgo de su vida cuando estuvo a punto de ser devorado por un titán. Todos los soldados de la Policía Militar que estuvieron presentes ese día podrán confirmar mis palabras… -disimuló su satisfacción al ver la expresión de Nile cuando finalmente comprendió que había caído en su trampa-. Generalísimo, sabe que mi objetivo siempre ha sido ayudar a la humanidad. Solo ahora que he descubierto los despreciables actos de un militar del prestigio del Comandante Dawk me he visto obligado a denunciarle.
- ¡Es tu palabra contra la mía! –estalló Nile una vez más-. No tienes ninguna prueba que demuestre que yo tuve algo que ver con eso.
- Es cierto –siguió sin mirarle-. Pero, si me lo permite, me gustaría presentar unos documentos que esta mañana han acabado en mi poder –explicó mientras Armin le entregaba un rollo de pergamino.
- ¿De qué se trata? –Dallis Zacklay pidió a Erwin que se acercara.
- En esos documentos hay pruebas que demuestran, sin ningún género de duda, que desde el instante en que el Comandante tomó cargo de su puesto al frente de la Policía Militar ha estado colaborando con la red de comercio ilegal de la Ciudad Subterránea. Enriqueciéndose a costa del hambre de los más desfavorecidos y permitiendo que algunos comerciantes, y que ya se encuentran cumpliendo condena por estos actos, pudieran controlar todos los alimentos que llegaban a la ciudad –esperó a que Zacklay pudiera comprobarlo por sí mismo, leyendo el informe-. Asimismo, he podido entrevistarme con algunos soldados que fueron testigos de esos actos y han prometido declarar a cambio de una reducción de su condena. Tan solo obedecían órdenes, por lo que solicito que ellos no paguen por los crímenes de su Comandante.
- Esos soldados… ¿son todos de la Policía Militar?
- Sí Señor. Son cadetes del nuevo regimiento, pero también algunos Jefes de escuadrón que han sido testigos del fraude cometido durante años. Le están esperando en su despacho privado, vigilados por un destacamento del Cuerpo de Exploración al que he encargado personalmente que se ocupe de la protección de los testigos.
El Comandante en Jefe Dallis Zacklay terminó de leer los documentos, tras lo que observó durante unos instantes al público reunido. Tanto militares como civiles, religiosos y cortesanos esperaban ansiosos su declaración:
- Tratándose de acusaciones tan serias, pero viendo que estos documentos parecen reales, me entrevistaré inmediatamente con esos soldados para aclarar todo el asunto. Hasta entonces, detengan al Comandante Nile.
- ¡No puede estar hablando en serio! –gritó Nile, tratando de zafarse de los soldados de su propio cuerpo que le estaban esposando-. Yo no he hecho nada.
- Aquí dice lo contrario –explicó Zacklay-. Y si efectivamente es inocente, en cuestión de días podrá salir de los calabozos, como le ha ocurrido al Capitán Levi –fue mencionar al soldado y darse cuenta de lo diferentes que habían sido las reacciones de los dos soldados, lo que ya era prueba suficiente de la culpabilidad de Nile-: ¿O es que no confía en la justicia?
Antes de ser expulsado del tribunal, a rastras, el Comandante Nile buscó entre los bancos destinados a los civiles a los que se había permitido asistir al juicio. Levi, que había observado el desarrollo de los hechos con la misma sorpresa que el resto, descubrió que Nile miraba con auténtico terror a una mujer de cabellera rubia y cuyos ojos azules estaban anegados en lágrimas… Se preguntó si era quien creía que era.
No tuvo ocasión de indagar en sus sospechas, pues Erwin volvió a tomar la palabra:
- Una última cosa, Señor. Ruego que se libere inmediatamente al Capitán Levi, un soldado que ha cumplido en todo momento con su deber, arriesgando su vida en innumerables ocasiones y que no se merece más que respeto por su labor. –Se cuadró un poco más para dar mayor autoridad a sus palabras-. Así como una profunda disculpa por parte de este Tribunal por haber sido tratado como un criminal.
Extrañado por la petición de Erwin, el Comandante en Jefe observó que por culpa de lo ocurrido con Nile Levi seguía esposado.
- Liberen al Capitán. –Esperó a que el soldado estuviera libre para continuar, dándole unos segundos para que se pusiera de pie. No le extrañó que tuviera que apoyarse al poste de lo mucho que le temblaban las piernas. Por muy duro que fuera siempre había un límite y el de ese muchacho había sido superado con creces-. Capitán Levi, tiene mi más absoluto respeto por su labor. Y mis más sinceras disculpas por el trato recibido. Le aseguro que no volverá a cuestionarse su capacidad ni su interés por el bien de la humanidad.
Las palabras de Zacklay todavía resonaban en la cabeza de Levi cuando el hombre abandonó la sala. Le siguieron el resto de altos cargos del gobierno e instituciones, así como del ejército.
Lo que más le sorprendió fue descubrir que entre los soldados que formaban parte de la Policía Militar ya no había miradas de desprecio hacia él, incluso siendo en parte responsable de que hubieran detenido a su Comandante, sino de vergüenza por lo ocurrido y hasta lástima porque él hubiera pagado por los pecados de su superior. Y aunque nunca le había gustado que le miraran con pena, eso siempre sería mejor que ser tratado como una rata de cloaca.
La que no albergaba esos sentimientos, ni mucho menos, fue la mujer a la que Nile se había dirigido antes.
Marie avanzó a paso rápido al lugar que todavía ocupaba Erwin, tras el banco de la defensa, y le dio tal bofetada que resonó en la sala del tribunal. Tan solo quedaban los integrantes del Cuerpo de Exploración, quienes abrieron los ojos como platos ante lo que acababa de ocurrir.
- ¡Por qué lo has hecho! –gritó la mujer.
- Yo no he hecho nada, Marie -Erwin la observó con cierta pena-. Él decidió traicionar a la raza humana y su honor como soldado.
- Lo has hecho para vengarte de nosotros, ¿verdad? Porque sigues enamorado de mí y odias que le eligiera a él. Porque preferí la seguridad que me ofrecía la Capital y el puesto de Nile para formar una familia.
- Jamás me vengaría de vosotros por eso. Aunque si he de ser sincero, desde el instante en que optaste por vivir al margen de la realidad, disfrutando de tus privilegios, dejaste de interesarme –explicó con demasiada calma como para haber dicho aquello-. Sigues siendo una mujer hermosa, pero yo jamás podré traicionar mis principios. Y esos son los que me llevan a luchar cada día, da igual lo que se pueda perder, antes que renunciar a nuestra humanidad.
Marie debía estar más acostumbrada a los discursos de Erwin, o le daban exactamente lo mismo, pues no mostró ninguna reacción a sus palabras. En lugar de ello le miró con odio, dedicándoles la misma mirada a los otros soldados que esperaban a su Comandante, para terminar en el Capitán Levi.
- Tarde o temprano saldréis fuera y seréis pasto de los titanes –volvió a centrarse en Erwin-. Y celebraré el día que uno te devore.
Erwin, lejos de sorprenderle que una mujer a la que creía conocer y por la que albergó tantos sentimientos en el pasado fuera capaz de odiar con tanta intensidad, observó uno a uno a sus soldados. Cuando su mirada se encontró con la de Levi mostró una sonrisa de orgullo.
- Sinceramente, dudo que eso vaya a ocurrir.
