Holaaaa
Lo se, lo se... se que no he actualizado en cuatros horribles y largos dias, pero estuve muy ocupada esta semana con la universidad, lo siento, sin embargo volví jaja y traigo un nuevo cap
Espero les guste este capitulo que esta de infarto y me dejen saber sus comentarios :3
EXTASIS
Apoyé la mejilla sobre mi palma esperando que mi gesto de fingida aburrición fuera lo suficientemente evidente para Aome y dejase de abrir la boca. Había intentado convencerme desde hacía casi una hora y aunque admitía que me emocionaba la idea, el tema estaba fuera de discusión.
—Mizuki ayúdame a convencerla—ordenó. La interpelada se tensó sobre el sofá y me miró temerosa, de inmediato bajó los ojos. Si, sigo enojada por el engaño.
-Es solo un fin de semana—insistió Aome, subiéndose de rodillas al sofá y recargando los pechos contra el espaldar. Me miraba suplicante. Enarqué una ceja mirando mis zapatos subidos en la mesa con mi mejor interpretación de gánster. Hojo, junto a las suelas de mis sandalias no había abierto la boca en todo el rato, seguía sentado con su mismo gesto aburrido.
-Estamos en exámenes y entre tantos preparativos…
-No te estás encargando de nada—intervino Ayame trenzándose el cabello en un alto moño sin despegar la mirada jade del espejo—Tu suegra está viendo casi todo y el resto lo hacemos nosotras.
-Está feliz de que me case con su hijo—extendí los brazos con soberbia juguetona, al menos así pasaba por alto mi incomodidad ante la certeza en sus palabras. Mi primo torció los ojos con hastío al escucharme.
-Creo que hasta Nazuna participa más que tú ¿cierto, Mizuki?—Aome se volvió a mi amiga, quien me miró como esperando autorización para hablar-¡Mizuki! Ya le pediste disculpas además la engañaste por su bien.
-Pu…pues sí—comenzó a jugar con sus dedos—La señora Youkai ha…ha ido a la prueba del…banquete.
Traidora por segunda ocasión. Me mordí los labios.
-Ya te dejé hacer la despedida de soltera—repuse—Y que conste que me imagino los desnudistas que vas a contratar—torcí los labios.
Hojo frunció el entrecejo, la morena, ignorándome titánicamente entornó los ojos mientras maquinaba una nueva táctica.
-Hazlo por un bien común—intentó de nuevo—Por nosotras.
Arquee las cejas.
-Como un último viaje de amigas solteras—agregó acomodándose mejor sobre el cojín—Ayame va para que Koga la extrañe, Mizuki para que vea que puede encontrarse algo mejor que el tarado de Shippo…
La morena parlanchina ignoró las réplicas de las otras dos.
-Tú porque te vas a casar y yo…-sonrió echándole una ojeada fugaz a mi primo—Porque aquí escasean hombres de verdad.
Hubo un silencio generalizado, retuve el aire mordiéndome el labio y viajando los ojos hacia Hojo, pese a haber decidido previamente no hacerlo. La mirada marron de mi primo se afiló sutilmente. La veía venir, la respuesta ofensiva en sus labios…
-Pero este viaje es para pasar tiempo juntas—dijo Mizuki de pronto. Gracias a Dios no tartamudeó.
Aome torció los ojos y estuve a punto de arrojarle el salero a la cabeza.
-¿Y a quién quieres conocer en un par de días de todas formas?—inquirí.
-A alguien divertido y cero obsesivo con tonterías como la…
-Piénsalo, Rin—habló Ayame interrumpiendo a Aome—Solo es un fin de semana. No se mete con las clases y te hará bien despreocuparte lejos de todo—imitó a Aome subiéndose al sofá, pasándole un brazo por el hombro. Ambas me sonrieron como salidas de un comercial de pasta dentífrica.
Me tensé repentinamente al razonar lo que sugería, implicaba alejarme un fin de semana de Kohaku, descansar de las presiones de la matrícula y apartarme de la húmeda incomodidad que me despertaba Sesshomaru.
Pensándolo así bien podría servirme para aclarar mi mente, no entendía sobre qué dado que las cartas estaban hechas y las decisiones tomadas. Aunque posiblemente un viaje de meditación lograra calmar mi ansiedad y volvía a ser la misma.
Ya estaban todos los preparativos listos ¿no? Me mordí los labios otra vez, sin querer mis ojos cruzaron con los de Mizuki, su gesto consternado me hizo creer que Shippo tal vez le mencionó lo ocurrido en la tarde.
-Solo es un fin de semana…-musité meditándolo. La azabache se incorporó sobre el sofá aplaudiendo con ganas.
-¡Está hecho!
-No he dicho que sí, Aome—apunté aunque reconocía que estaba más que convencida.
Me ignoró al ponerse de pie sujetando su bolso en el camino.
-Voy haciendo mis maletas—soltó.
-Falta una semana—repliqué.
-Es mejor ser precavida,—me señaló con su largo dedo índice.
-También me voy. Se supone que iba a ir a cine con Koga…-musitó Ayame con los ojos fijos en el móvil.
-Shi…Shippo debe estar desesperado en…el auto—se disculpó Mizuki poniéndose de pie y despidiéndose con una exagerada reverencia de disculpa.
Suspiré mirándolas salir. Fue inevitable no sentirme repentinamente culpable por haberles arruinado sus respectivas citas, el plan original era que solo Aome me lo dijera dado que ellas tenían quehaceres con sus novios. Al final tuvieron que formar un frente sólido ante mi poca cooperación.
-No tienes que ir si no quieres—dijo Hojo hablando por primera vez en todo el rato. Le miré con comprensión, seguro que él sabía el motivo de mi vacilación.
Y tenía razón, en realidad no quería ir dado que la idea no me entusiasmaba como debería hacerlo cualquier viaje playero. Desde que me enteré que algo planeaban sabía que no era buena idea y quería desligarme de eso. Ahora, tras haber aceptado como otro intento por enfriar mi mente, comenzaba a flaquear de nuevo.
Aome lo miró de reojo mientras se revisaba el maquillaje, a veces me preguntaba cómo era que mi amiga lograría matricularse como médico.
-Quiero hacerlo—mentí dedicándole la mejor sonrisa tranquilizadora que pude. No me creyó por supuesto, lo vi en sus ojos.
-Bueno. Te veré mañana para probarte vestidos—me sonrió ampliamente. Aunque fuera banal, tenía que reconocer que Aome podía ser adorable si se lo proponía.
-Tengo mi revisión de tesis y seguramente un montón de correcciones después—le recordé, soltando un largo suspiro. Aome hizo un mohín.
-Ya pensaré en algo—se encogió de hombros y se colgó el bolso al hombro.
Asentí desganada al recibir su beso en la mejilla, contemplé expectante el momento en que mi amiga se volvió a Hojo, lo miró indecisa un momento antes de hablar.
-Nos vemos, Hojo—levantó el mentón en lo que supuse era su mejor interpretación de madurez; él apenas le dirigió su atención.
Aome endureció las facciones dándose vuelta con indignación y taconeando a grandes pasos hasta la salida, oí el azote y me plantee avisarle que me debía una puerta nueva.
El castaño a mi lado chasqueó la lengua con desdén enfurruñándose en su lugar. Me reí internamente bajando los pies de la mesa.
-¿Te quedas conmigo?
-No—se puso de pie de inmediato.
-¿Entonces a qué debo tu visita?—sonreí ante su evidente disgusto por verse interrumpido por la estampida de chicas.
-Necesitamos un pase extra.
Arquee las cejas.
-Seguro—luego mi mente hizo click-¿Vas a invitar a alguien?
La sola idea me sonaba descabellada, Hojo no es la persona más social del mundo. No me cabía en la cabeza que de pronto saliera con una novia.
-Es para Amari—replicó, molesto. Asentí divertida con su gesto: seguro no veía la hora para que todo eso se acabara.
Ya éramos dos.
Y entonces reparé en algo más increíble que Hojo besuqueándose ardientemente con alguien en mi boda.
-¿Viene con acompañante?—fruncí el entrecejo. Mi imaginación voló hasta el último recuerdo de mi otro primo, sobre todo en su semblante eternamente gélido y el par de ojos pesados que se cargaba. Su preciosos ojos chocolates se veían opacado por su actitud apática…y aterradora ¿para qué negarlo? Amari a veces parecía hablar solo y constantemente se metía en problemas.
Que tuviera novia era un todo un hito para mí…y el mundo. Lo creería de su hermano mayor, Hakkaku, por más mujeriego que fuera y por puesto de Eri, que ya llevaba un buen rato con su novio. Pero ¿Amari? ¿En serio?
Hojo permaneció en silencio mirándome fijamente con su precioso gesto estoico, obviando la respuesta.
-Ahora estoy interesada en conocerla—admití—Pero no viniste hasta acá y dejaste que te hiciera esperar solo para decirme esto ¿verdad?
Mi primo suspiró profundamente y supe que tenía razón, había algo que Hojo no me estaba diciendo aunque quisiere hacerlo…y yo sabía de qué se trataba.
Por eso le agradecía que no indagara ni le regara sal a la herida.
Esa noche, de nuevo, no dijo nada.
Lo primero que pasó por mi mente al despertar fue tomar una ducha fría y cuando lo hice, dejé que las gotas cayeran como agujas contra mi piel, erizándola con su temperatura. Permanecí debajo de la regadera bastante rato, apagando mi mente un instante hasta que el vibrado del móvil contra el grifo del lavamanos me distrajo.
Era Mizuki y una enésima disculpa, aspiré hondo y le devolví el texto; su intención había sido la mejor, lo entiendo, y tampoco es su culpa que mi estado anímico actual quisiere echarlo todo a perder. Era mejor si me dejaba llevar por la corriente.
Con ese pensamiento en la cabeza terminé de prepararme y salí para la universidad. El calor estaba especialmente inclemente, los rayos de sol calentaban el oxígeno haciéndolo difícil al respirar.
Desee meterme en una piscina y entonces el viaje playero de fin de semana comenzó a entusiasmarme de verdad.
El bochorno se había encerrado en el aula cuando entré y agradecí profundamente que fueran las últimas semanas de clases porque así no debía presentarme más con el uniforme blanco más que para las asignaturas prácticas. Y en laboratorios ya había terminado, de modo que podía usar ropa fresa como la falda naranja que llevaba a juego con la camiseta.
Apenas tomé asiento en el pupitre el profesor Jinenji ingresó al salón, metido en su inseparable bata blanca a pesar de que estaba jubilado de los labores como galeno y del insoportable calor de verano.
No hubo clase solo una paciente explicación de los criterios evaluados en el semestre y de su último gran examen. Me concentré en tomar notas y cuando me di cuenta me estaba quedando sola en el aula.
-Oye, Rin—me habló una chica, no sé su nombre pero seguro somos compañeras. Me extendió un grueso paquete de revistas—Aome me pidió que te las diera.
Le agradecí en murmullos mientras dejaba el paquete sobre el pupitre, las esparcí con una mano mientras torcía los labios: revistas de moda. Miré detenidamente cada vestido pomposo retratado en las portadas, desde el que parecía sacado de una película de princesas, pasando por el de corte de sirena hasta el más glamuroso. Aspiré hondo sin ganas de hojearlas siquiera.
Me recargué con pesadez contra el espaldar de la banca considerando que era mejor revisar la última guía de estudio o quizás prepararme para la revisión de mi tesis. Ante ello último tengo que reconocer que me llenó una especie de ansiedad que me dio miedo al mismo tiempo.
No supe cuánto tiempo pasó mientras el aula se iba vaciando, conforme mis compañeros dejaban de soportar el bochorno dentro y salían en busca de un refresco. Ahora mismo me haría bien algo helado.
Di un respingo cuando el celular vibró dentro de mi bolso, al revisarlo no pude evitar la sonrisa en los labios. Era un instantáneo de Kohaku.
"Hoy".
La palabra estaba acompañada del emoji de copas de vino. Suspiré mientras le respondía un corazón y le enviaba los buenos días.
¿Qué está pasando por tu cabeza, Rin? Sacudí los cabellos al guardar el móvil y concentrarme en las revistas con renovado entusiasmo; no perdía nada como mirar los modelos y quizás hasta encontrara uno que me encandilara.
Hojee las primeras dos páginas cuando el avance engargolado de mi tesis se encimó en las otras revistas. Alcé los ojos de inmediato al rostro engreído de Sesshomaru.
Ni siquiera lo escuché entrar.
Me sentí pequeña frente a su imponencia a pesar de que guardaba una mano dentro del bolsillo del pantalón, la camisa azul marino estaba desabotonada en los primeros botones y dios, se veía tan guapo con el desarreglado cabello plateado cayéndole detrás de los hombros y sobre el rostro.
Apreté los muslos tensándome sobre el asiento, creo que hasta me mordí un labio, consciente de que nos habíamos quedado solos dentro del aula.
Deslizó la mano libre sobre el engargolado antes de dar unos pasos atrás rumbo a la salida.
Tardé un segundo en reaccionar.
-Sesshomaru—llamé poniéndome de pie torpemente. Se detuvo.
-Aquí soy tu profesor—recordó firmemente logrando que mis impulsos se frenaran.
-Claro—musité carraspeando. Sesshomaru se volvió por completo, guardando ahora ambas manos en el pantalón, la camisa se le abrió ligeramente por el pecho, enmarcando su silueta.
Me revolví internamente con un nuevo bochorno intenso.
-Koizumi—llamó y en ese momento descubrí que no había apartado la mirada de su cuerpo. Sacudí los cabellos abrazándome a mí misma.
-Pensé que la revisión de tesis era hasta el siguiente periodo—dije. Él enarcó levemente las cejas.
-Eso no me incumbe a mí.
Fruncí ligeramente el entrecejo clavando la mirada en sus profundos ojos ámbar, hermosos. Debió ver mi expresión como la de una idiota porque volvió a hablar.
-Pediste un cambio de asesor y te fue concedido—explicó. Los labios me temblaron al acordarme del pequeño gran detalle, ni siquiera estaba enterada de que mi petición hubiese sido aprobada luego de todo el trabajo avanzado y de la carga de trabajo de todos los demás asesores.
Me sentí frustrada porque Sesshomaru se enterara antes.
-¿Necesitas algo?—preguntó indiferente. Me encogí ante su mirada pétrea pero sobre todo al reconocer la respuesta querer brotar de mis labios.
Ahogué la contestación reteniendo el oxígeno caliente dentro del salón de clases y asentí con la cabeza.
Permaneció en silencio un momento que supe no duraría mucho así que me decidí a hablar.
-Lo siento.
Su expresión apenas y sufrió un cambio, dejando de lado su soberbio semblante para dejar cruzar fugazmente un dejo de incomprensión.
-Solo es una tesis.
-No por eso—admití muy a mi pesar. Sabía que alargaba un momento que no debería existir, Sesshomaru había hecho gala de su madurez al entregarme mi avance sin dramas ni exigencias de por medio, no pidió ninguna explicación y estaba comportándose tan indiferente como siempre fue en la facultad. Como, de hecho, debió haber sido.
-Tengo cosas que hacer, Rin—dijo mi nombre por primera vez y al instante me asaltaron los recuerdos de él susurrando mi nombre, gruñéndolo contra mi oído mientras se enredaba en mis piernas.
Aspiré entrecortado percibiendo la camiseta presionar contra mis pechos.
-Ya sé—murmuré por decir algo. Claro que sabía quién es Sesshomaru Taisho y sus múltiples ocupaciones, ya mucho tiempo me estaba regalando con su presencia. Esa actitud soberbia me fastidiaba y él lo sabía.
Aunque de todas formas ¿por qué habría de ser distinto? Él me odiaba y yo a él. No era más que un error.
-En ese caso…-comenzó a dar vuelta para irse. No supe por qué pero quise detenerlo.
-La boda es en dos meses—exclamé dando un paso al frente. Me miró a medias y era evidente que estaba preguntándose por qué estaba diciéndole aquello—Y yo…voy a mudarme con Kohaku antes de iniciar el internado, así que el departamento…
-Koizumi, no es el lugar ni el momento para tratar asuntos personales tuyos. No me incumben.
Apreté los labios cuestionándole a mi cordura si había soñado lo ocurrido la tarde anterior, si su erección contra mis piernas no había sido más que una fantasía peligrosa. Luego, al repasar la discusión con Shippo, supe que no.
Aun así sus palabras me golpearon.
-Solo quiero tu autorización para rentarlo o…venderlo—se me fue apagando el tono conforme iba hablando. Él frunció el ceño ligeramente, trayendo un poco de vida a sus orbes.
-Ibas a conservarlo.
-No creo que sea…buena idea—dije al fin, suspirando. Lo meditó un instante.
-Adelante.
-Sessh…profesor Taisho—corregí de inmediato, frenándolo otra vez.
¡Maldición, Rin! Deja que se marche de una buena vez. Tenerlo cerca siempre es un peligro, su imponente cuerpo de espalda ancha y pecho fuerte, los suaves relieves de su abdomen debajo de esa camisa resultan tan nocivos para ti como la heroína.
-Tal vez quiera conservarlo.
Inhaló hondo sujetando el pomo de la puerta y cerrando la puerta. Apenas el seguro hizo click los nervios se me dispararon como pequeñas balas de adrenalina dentro de mi cuerpo. Reconocí el cosquilleo por mi vientre.
Sesshomaru se volvió por completo a mí y se cruzó de brazos con la superioridad que caracterizaba cada uno de sus movimientos.
-Tengo curiosidad en saber por qué piensas eso, sin embargo voy a preguntarte que es lo que quieres de mí dado que sigues deteniéndome con excusas.
Separé los labios ante la dureza de sus palabras, el tono demandante impreso en cada palabra y la autosuficiencia que irradiaba tan poderosamente que parecía desprenderse de los músculos de sus brazos enfundado en las apretadas mangas. El cosquilleo se estaba convirtiendo en un hormigueo urgente.
-Estas consciente donde estamos y que esta actitud infantil tuya no puede continuar ¿cierto?—ahora estaba retando mi inteligencia. Apreté los brazos contra mis costillas, enfadándome. Y no sabía el motivo, al final, creo que tiene razón-¿Y bien?
-Solo era una propuesta—admití aunque ahora parecía irrisorio haber pensado siquiera en que estuviera interesado en conservar un departamento que demostraba noches sí y noches también de sexo. Solo sexo.
Sesshomaru comenzó a dar pasos lentos pero firmes hacia mí, traté de mantenerme inmutable en mi lugar, enfrentando su hipnótica mirada abismal.
Alcé el mentón cuando se detuvo a unos cuantos centímetros, mucho más cerca para cualquier conversación. La garganta comenzó a fallarme con las palabras para alejarlo ahora que su aroma envolvió mis sentidos, una mezcla de su Armani Code con cítricos que me revolvieron las ideas. No me acordaba si iba a pedirle que se alejara o a huir de ahí.
Se inclinó ligeramente al frente descruzando los brazos y pasándolos a los costados de mi cadera, reposando las palmas sobre el escritorio del pupitre.
Me encogí en mi sitio notando la incipiente barba que cubría su fuerte mentón y contemplando el rosado pálido de sus labios…Siempre me fascinó que el inferior fuera más voluminoso que el superior…
Reconocí que mi respiración comenzaba a hacerse errática y que la camiseta estaba apretándome, sentía la hinchazón en mis senos que estaba atraídos hacia su pecho.
-Tenías para mí una propuesta—dijo con tono irónico pero enfadado al mismo tiempo. Su aliento golpeó mis labios y al instante el cosquilleo impúdico se convirtió en excitación. En humedad entre mis piernas.
Sin querer mis ojos bajaron por su cuello hasta el torso y de ahí por su cadera.
Estaba deseándolo en ese momento.
Arrugué los pliegues de mi camiseta, resistiéndome a moverme.
-Yo tengo una para ti—ronroneó con media sonrisa altanera. Retuve el aliento apretando las rodillas entre ellas—Deja de comportarte como una niña que no sabe lo que quiere—agregó—Madura, Rin.
Una parte de mi mente estaba consciente de las palabras hirientes, de la superioridad que irradiaba y de que estaba burlándose de mí. De que los modelos de vestidos de novia estaban detrás de mí y del móvil que seguro había recibido otro mensaje de Kohaku, mi prometido.
Sin embargo, la nebulosa conquistó ese fragmento racional, destrozando mi fuerza de voluntad con un suspiro de sus labios.
¡A la mierda el salón de clases!
Sesshomaru separó las palmas de la mesa para erguirse y posiblemente salir del aula; mis manos se movieron por sí solas, guiadas por el deseo que estaba quemándome los muslos. Lo sujeté por las mejillas atrayéndolo de vuelta.
Puede que no lo esperara realmente o fui demasiado agresiva porque no opuso mucha resistencia. Mis labios chocaron con los suyos, reconociéndolos.
Sentí sus manos rodearme la cintura con firmeza, descubrí que iba a alejarme así que me colgué de su cuello poniéndome de puntillas para alcanzarlo en toda su altura. Lo besé frenéticamente, calentando su boca tanto como lo estaba mi piel al recibir el tacto de sus manos por encima de la ropa.
Tras un eterno segundo de tensión, sus dientes mordieron mi labio inferior, tirando de él levemente. Solté un gemido y su lengua invadió mi boca, enredándose en la mía.
Me estremecí cuando sus tersas palmas invadieron mi espalda por debajo de la camiseta, hincando los dedos en mi piel que al instante comenzó a arder, respondiendo con choques eléctricos.
Enredé los dedos en su cabello, Sesshomaru me pegó a su pecho con firmeza que se me escapó otro gemido gutural contra su húmedo beso. Mis senos chocaron contra su pecho, aplastándose cuando estrechó el abrazo; bajó una mano por mis muslos, recorriéndolos por encima de la falda. Retrocedió llevándome consigo, me alzó en vilo enredando una palma por la curva de mi rodilla. Jadee en busca de aire apenas mi espalda se empotró contra la pared.
Sesshomaru se embarró contra mi cuerpo, chocando contra mis pezones endurecidos y deseosos. Bajé las palmas por su cuello, introduciendo una por la camisa, tocando su pecho, olvidándome de mi nombre.
Oía mi corazón tan fuerte y claro que seguro no era la única. Su respiración también se estaba acelerando, reconocía su urgencia despertar en cada poro de su cuerpo. Oírlo volverse loco por mí siempre me causaba más placer que el venidero.
La mano abandonó mi rodilla para acariciar la cara interna del muslo, separándomelo mientras buscaba la humedad de mi sexo. Temblé.
Oí sus gruñidos ansiosos acompañados con el cierre de su pantalón. Retuve el aliento y así, tan brusco y demandante como era, urgente y caliente, Sesshomaru me invadió.
Me estremecí de pies a cabeza al sentir su sexo fundirse entre mis piernas, abrirse paso con un ardor primero doloroso, luego incómodo…pero al final, delicioso.
Él también se detuvo un instante, gruñendo contra mi cuello. Tras un par de segundos comenzó las embestidas que me clavaban al muro, me aferré a su espalda rodeándole la cintura con mi pantorrilla.
Una de sus manos sujetó mi seno, forzando mi sostén hacia arriba mientras que con la otra tomaba impulso contra la pared.
Gruñía bajito contra mi garganta, su aliento erizó cada milímetro de mi piel y su sexo dentro de mí me provocaba sendas descargas eléctricas llenas de placer. Llevaba un ritmo acelerado, brutal, que me encantaba.
Rasguñé su espalda por encima de la camisa mientras él estrujaba mi seno rígido.
La respiración se me agitó al punto de la hiperventilación y corría sudor por mi espina dorsal, la piel se me esponjó cuando encontró el punto exacto del goce en mi interior.
Aceleró los embistes, gruñendo hasta gemir en forma. Separé los labios al instante en que no pude controlar más los jadeos dentro, comenzaron a fluir y rebotar en el silencio del aula.
Todo había desaparecido, el barullo afuera y de hecho, el riesgo solamente animaba la pasión que Sesshomaru ya despertaba.
Gemí lo más callado que podía mientras él iba enterrándose. El hormigueo comenzó a concentrarse en un punto, esparciéndose luego en cardenales de placer.
Me rompí en un instante, aferrándome a él, perdí el aliento, las piernas me temblaron y la visión se me nubló, en medio de un maravilloso éxtasis.
Sesshomaru gruñó golpeándose con fuerza hasta alcanzar el climax, estaba tan húmeda que no sentí que se viniera dentro. Me concentré en su cuerpo fundido al mío, su fuerte espalda y sus brazos que me aprisionaban contra la pared.
Apoyé la cabeza contra el muro, recobrando de a poco mi respiración; abrí los ojos enfocando el techo del aula. El aroma de Sesshomaru se impregnaba en mi nariz y desee hundir en su cuello mis labios.
Conforme las fuerzas me abandonaban y la sensibilidad en mi cuerpo iba acentuándose luego de un delicioso nirvana…fueron llegando los golpes de la realidad.
Sesshomaru respiraba agitadamente.
Sesshomaru acababa de hacerme suya.
Yo acababa de entregarme a él.
Yo acababa de hacerlo mío.
Me mordí los labios, apartando la pierna de su cuerpo.
-Vas a lastimarte—dijo sin mirarme, como si supiera el golpe de arrepentimiento que acababa de asaltarme.
A lo mejor él estaba igual. Y aunque se refirió a mi manía por morderme los labios la verdad fue que me pareció que se refería a esta enfermiza relación que tratábamos de sobrellevar. Sonaba ridículo que ahora me lo advirtiera dado que, simple y llanamente, ya estaba herida.
Salió de mí con cuidado.
Me soltó dejando los brazos flojos a sus costados y me miró fijamente; le devolví el gesto. A saber lo que vio porque su expresión se ensombreció.
Y entonces, cuando sentí el líquido caliente por mis mejillas, me di cuenta que había comenzado a llorar.
OMG! Ya venian atrasandolo no? jajaja La tensión ya podia sentirse desde algunos capitulos atras
¿Les gusto? A mi si. Pobre Rin, si me pongo en su lugar creo que estaria igual o peor XD y este Sesshomaru que onda con su actitud! Si la quieres ya dilo y si no ya dejala!
Espero sus comentarios
