- Los personajes de esta entrega pertenecen a la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer. El personaje de Eli viene de Light & Shadow, escrito por Ryu Hyang e ilustrado por Hee Won. El resto son de mi invención.
Ya hacía dos días que el corazón de Eli latía desbocado. Carlisle había puesto unas vendas en su rostro: no era para curarlo, sino para hacer más fácil estar en la misma habitación que él. Yo, a veces, las levantaba: la piel ya se estaba regenerando, por lo que habíamos limpiado mucha sangre seca que ya no servía de nada.
Solo me ausenté para ir rápidamente de caza; por lo demás permanecía junto a la camilla donde Eli descansaba o molestaba a Carlisle durante horas, contándole mis preocupaciones acerca de que Eli no se recuperara por completo. Nunca he conocido a hombre más paciente: probablemente, yo habría acabado gritando improperios.
Le rocé una mano. No me atrevía a tomarla, pues sabía que le haría mucho daño.
- Si todo esto acaba bien, un día te contaré cómo trabajé en un barco pirata. – Comencé. – Nunca conocí a ser más especial que la capitana del barco. Louise la Increíble, la Sangrienta, la Bella. Y, por supuesto, Louise la Pirata… y la vampira. – Reí quedamente, como si no quisiera molestarlo. – Reconozco que a mí nunca me he habría ocurrido ser pirata y vampira a la vez. Fue una época de mi vida maravillosa.
No quise decir que George estuvo también conmigo en aquella época; me pareció de mal gusto. Aquel hombre estaba con un pie en la tumba por mí, siendo transformado en un inmortal para siempre. No muchos son capaces de soportarlo para el resto de la enternidad.
- Yo… Mira, apenas si acabamos de conocernos, y que sepas que tuve que convertirte para que sobrevivieras. – Empecé a explicarme. – Pero no quiero que pienses que tu vida debe estar ligada a la mía por eso. Si tus sentimientos cambian, o han cambiado, yo lo aceptaré sin problemas. Te ayudaré en lo que desees, pero te dejaré marchar tan pronto no te sientas cómodo. Aunque tengo que decir que, por mi parte, soy muy feliz cuando estoy contigo. Y sé que te prometí que siempre serías mi único, – Ya no sabía a quién le estaba hablando: ¿George o Eli? – pero me siento muy bien con él, y creo que ha llegado el momento de dejar de mirar atrás. Espero de corazón que me perdones, donde quiera que estés. Sigo amándote, pero ahora mi corazón también le pertenece a él. Nadie puede reemplazar al otro: formáis parte de mí por igual, y creo que puedo vivir con ello.
Unos golpecitos en la puerta me hicieron callar.
Carlisle entró, me sonrió, examinó a Eli e hizo un gesto de asentimiento.
- Sus heridas son muy graves, pero se recupera con mucha rapidez. – Dijo con su característica voz calmada. – En unos días estará listo.
Asentí.
- Gracias, Carlisle. Y perdón por ser tan pesada.
- No lo eres. – Aseguró Carlisle con una risita suave. – Es normal tener preguntas. No convertimos a humanos cada día. – Su semblante cambió al mirarme. – Ha llamado alguien del séquito. Marco quiere reunirse.
Volví a asentir. Así que había decidido hacerme caso.
- ¿Dónde va a ser la reunión?
Alice ha insistido en que debe ser aquí.
No dije nada. Si Alice había visto que era lo mejor, entonces no había más qué hablar.
- Alice dice que llegarán en apenas media hora.
- Iré a prepararme. – Respondí. Lancé una mirada intranquila a Eli.
- No te preocupes. Estaremos en la planta de abajo y Esme vendrá a echarle un vistazo.
Con mucho cuidado le acaricié una mejilla.
- Volveré enseguida. – Le aseguré.
Los Vulturis que quedaban llegaron observándolo todo. Algunos soldados rastrearon el salón antes de dejar que Marco entrara ahí.
El vampiro se sentó en la cabecera con aire humilde, mirándolo todo con ojos muy atentos. Renata hizo ademán de tomar asiento a su lado, pero Marco rechazó amablemente la propuesta, y nos pidió a Carlisle y a mí que nos sentáramos junto a él.
De repente había un montón de sillas que Esme ofreció a los soldados, pero solo aceptaron cuando Marco así lo ordenó.
"No se atreven a mover un músculo sin tener antes la aprobación del amo".
- Gracias por invitarnos a vuestro hogar. – Empezó el anciano. – Espero que no seamos mucha molestia.
Lo siguiente fueron una serie de cumplidos muy chapados a la antigua entre Carlisle, Esme y Marco. Cuando terminaron, Marco se giró hacia mí.
- Puedo oír el corazón del humano. ¿Cómo va la transformación?
No sonó como una amenaza; parecía que de verdad se interesaba por la salud de Eli.
- Todavía tiene mucho camino por delante, pero parece que todo va como debe ser. – Intenté sonar educada.
Marco asintió lentamente.
- Noté vuestra conexión. Es muy, muy fuerte. Cuídalo bien.
Yo respondí haciendo una ligera reverencia con la cabeza. Marco tomó aire y siguió hablando.
- No sé qué pasó hace unos días, pero parece que haya salido de un hechizo. Que hayamos salido. – Se apresuró a añadir. Su pequeño ejército asintió al unísono.
- Si me permitís… - Interrumpí. Marco parpadeó, pero hizo un elegante ademán con la mano. – Vuestros hermanos utilizaban a Chelsea para con el ejército, así como con usted. Al acabar con ella se rompió el hechizo.
- ¿Es eso cierto? – Respondió Marco con mucho interés.
- Es mi teoría. Cuando… esto…
- Cuando planificaste nuestra muerte. – Me ayudó Marco, como si estuviera hablando de llevarnos un bañador extra en la maleta.
- … Sí. – Dije, cohibida. – Al observaros, no pude hacer más que preguntarme cómo los vampiros querían de verdad entrar a vuestro servicio. Nunca comprobé de nadie que no quisiera serlo una vez hubiera sido abducido. No me llevó mucho atar cabos: la falsa sensación de unidad, de familiaridad debía venir de algún vampiro con ese poder. Ahí descubrí a Chelsea y comprobé que ella era la artífice de todo esto. Si ella era aniquilada, la falsa unión caería por su propio peso.
Marco asintió, comprendiendo.
- Es muy curioso lo que dices, porque en medio de la batalla noté que algo se separaba de mí. Se sintió como una membrana… no fue una sensación agradable.
Algunos vampiros asintieron.
- Y ahora, muchacha, ¿por qué ordenaste a Renata que me protegiera?
- Porque no sois un mal ser. – Dije tranquilamente pero con firmeza. – Sabía que estabais en el ajo porque el poder de Chelsea lo provocaba, siempre al mando de Aro y Cayo. – Me detuve. Sabía que estaba a punto de decir algo que decidiría el orden de la reunión y, posiblemente, del orden vampírico a partir de ese momento. – Creo que usted, con ayuda, podría crear una nueva forma de ver las cosas.
Un jadeo generalizado llenó la sala. Pude escuchar el corazón de Eli en la planta de arriba, y eso me tranquilizó.
Marco pidió silencio.
- No te sigo. ¿Una forma diferente de hacer las cosas? ¿Qué ayuda?
- Un sistema mucho más justo. Algo más democrático. No digo que las anteriores leyes Vulturis estuvieran mal. – Me apresuré a añadir. – Pero nada de corrupción. Aceptar cuando las cosas no vayan bien y buscar soluciones juntos. No somos tantos en este mundo, no podríamos ni poblar una pueblo mediano. No puede ser tan difícil llamarnos a todos los interesados y someternos a votación, discutir los temas que nos atañen.
- ¿Sesiones parlamentarias? – Preguntó Marco, muy interesado.
- Algo en ese estilo, sí. – Acepté.
- Pero, si yo me encargo de eso, se convertirá en un totalitarismo, ¿no?
Ya había pensado en ello.
- Marco, las cosas están cambiando. – Lo dije lo más claramente posible. – Cada vez más de los nuestros quieren tener una vida semi humana. Ir a clase, aprender todo tipo de cosas nuevas, incluso fundar familias. – Hice un movimiento para abarcar a los Cullen. – Hay un nuevo orden. La vida ha cambiado mucho para los humanos en el último siglo y lo mismo nos está ocurriendo a nosotros. Hay que adaptarse. Usted necesita un compañero que sepa de estos cambios, que ayude a llevarlo todo.
Marco caviló unos segundos antes de responder.
- ¿Tienes ideas? – Me preguntó el anciano.
- Lo tiene a su lado.
Marco y Carlisle se miraron con los ojos como platos.
- ¿Yo? – Tartamudeó Carlisle.
- Eres el mejor ejemplo de lo que es el nuevo orden. No podría imaginar a alguien mejor.
- Pero yo…
- Nadie te va a impedir seguir siendo médico. – Le interrumpí. – No estamos hablando de jornadas completas. Con una nueva forma de ver las cosas, la ayuda os llegará a manos llenas.
Me callé mientras que dejaba que la idea calara en sus mentes. Yo, por mi parte, me balanceé en el sonido del corazón de Eli.
- Tenemos mucho de qué hablar. – Dijeron Carlisle y Marco al unísono. Ambos se rieron nerviosamente.
Eli ya estaba casi preparado para despertar; su rostro seguía siendo el que tenía como humano, pero algunos detalles habían cambiado, haciéndolo tan bello que me robaba las palabras cada vez que lo miraba. Era simplemente arrebatador.
Estaba sentada junto a él, pensando lo mucho que la vida podía cambiar en tan poco tiempo, cuando Jasper entró en la habitación.
- Hola. – Dijo.
- Buenas. – Respondí. - ¿Dónde están los demás?
- Marco quería probar a ir a cazar animales. Quiso que todos los de su ejército lo hiciera también.
Me permití reír un poco.
- ¿Todavía no ha entendido que el nuevo orden especifica que los demás pueden hacer lo que quieran, sin recibir órdenes?
- Creo que le costará un poco adaptarse. – Bromeó Jasper.
Ambos sonreímos para quedarnos en silencio.
- ¿Todo esto era parte de tu plan, verdad?
Suspiré. Sabía que alguien se acabaría dando cuenta, y que ese alguien sería con casi toda seguridad Jasper; aunque, la verdad, me había esperado tener un poco más de ventaja.
- Sí. – Contesté con sinceridad.
- Sabías que no podías dejar a los humanos desprotegidos. Que había de existir un orden, aunque este pudiera ser diferente.
Asentí sin responder.
- ¿Cómo supiste que Carlisle iba a aceptar?
- No lo sabía. – Reconocí. – Fue lo que supuse que ocurriría. Está en su naturaleza el ayudar a la gente.
- Edward dice que está entusiasmado, aún cuando no quiere reconocerlo en voz alta. – Coincidió Jasper.
- Formarán un buen equipo. Todo aquel que quiera puede ayudar a hacer nuestro mundo uno mejor.
Nos quedamos unos segundos en silencio.
- Emma, además… Verás, cuando te vi luchando contra Jane y Alec.
Lo miré.
- Sabías que Jane no podía derrotarte por lo que nos contaste. Aún así, se te notaba tensa. En cambio, cuando te enfrentaste directamente a Alec parecías muy segura de ti misma. – Hizo una pausa antes de continuar. – Eras plenamente consciente que su poder no es tan fuerte. Sabías que podías matarlo con relativa facilidad.
Me sentí maravillada.
- Eres muy perspicaz, Jasper. Llegarás muy lejos.
- La mataste, ¿verdad?
- No es algo de lo que me enorgullezca, pero tenía que averiguar hasta dónde debía llegar con Alec. – Respondí con total sinceridad. – Tenía que saber hasta qué punto podía morir antes de matarlo yo. Su poder me asustaba y tenía miedo de fallar. Me vi obligada a practicar.
Jasper no dijo nada, solo asintió.
- Después he pensado en que el clan rumano sería un problema. – Me miró. – Aunque supongo que también habrás tomado cartas en el asunto.
Reí.
- Por supuesto. No podía dejar ni un solo cabo sin atar.
Nos quedamos en silencio. El corazón de Eli daba sus últimos coletazos. Ya no le faltaba nada.
- Una última cosa.
- Dispara.
- ¿Cómo haces para que Edward no pueda leerte la mente? El tema lo frustra mucho.
- ¡Ah! Aprendí hace tiempo, gracias a un humano. Con él aprendí la técnica y luego seguí desarrollándolo por mí misma. Supongo que debería dejarle entrar… en un futuro.
No tuvimos tiempo de decir más, pues Alice entró como una tromba en la habitación junto con el resto del clan.
- Cuestión de minutos. – Dijo con vocecilla chillona.
Jasper la acunó en sus brazos mientras Carlisle y yo nos acercábamos a Eli, temerosos.
- ¿Eli? ¿Puedes oírme? – Pregunté en una octava demasiado aguda.
Esperamos con máxima expectación mientras Eli se desperezaba. Se medio incorporó con los ojos aún cerrados, abriéndolos justo a la altura de mi cara.
Todos los Cullen hicieron amago de saltar. Yo misma me vi obligada a permanecer anclada en el suelo.
Mi visión vampírica podía distinguir la fina línea de su iris, aunque estaba segura de que un humano nunca habría distinguido la diferencia entre su iris y su esclerótica: todo era de color blanco. La pupila era lo único que desentonaba con su habitual color negro, evitando que los ojos de Eli fuesen completamente del color de la tiza.
