Capítulo 17
Bigfoot
Respira Quinn, solo tienes que salir ahí y no pensar en nada. Nadie puede leer la mente. ¿Ok?
Ni siquiera lo dijo en voz alta. El intento de autoconvencimiento llegaba a su mente alto y claro, pero de sus labios solo salían un par de resoplidos, y algún que otro lamento con forma de insulto que ella misma se regalaba.
Y todo por el estúpido estado en el que había quedado tras el estúpido sueño que acababa de tener con Rachel. La misma que aún seguía en el interior de una de las cabinas. Quinn lo pudo descubrir tras asomarse con algo de dudas, y ver que la zona común de los servicios seguía en silencio. Se fue directa a uno de los lavabos, y sin pensarlo, bañó su rostro tratando de aliviar el sofoco que poco a poco iba invadiendo su cuerpo.
Un calor que aumentó en el instante en el que Rachel abría la puerta y aparecía tras ella, con una extraña mirada y tratando de evitar dirigirla directamente hacia los ojos de la rubia.
La morena se veía inmersa en una intensa lucha interior. Comprobar que su cuerpo había reaccionado de aquella manera con solo haber observado un par de minutos a Quinn durmiendo, era algo que le provocaba una vergüenza infinita. Tanto que estaba segura de que la rubia iba a percatarse por completo de aquello.
—Te…Te vas a desvelar —musitó ocupando uno de los lavabos contiguos para lavar sus manos.
—¿Qué?
—Si sigues echándote agua en la cara, te vas a despertar tanto que no vas a volver a dormir —explicó mirándola por una sola vez de reojo.
—Tengo el sueño fácil. Me dormiré igual y…
—¿Tienes calor? —cuestionó, y la rubia cerró el grifo con rapidez.
Sí, claro que tenía calor. Tanta que temía que porque en sus mejillas quedase visible el intenso rubor que sintió al cruzar la mirada con ella por una milésima de segundo.
—No. Estoy bien —soltó tras apartar el resto del agua que mojaba sus manos—. ¿Has terminado?
—Sí… ¿Nos vamos?
No respondió. Quinn asintió sin más tras terminar de secar sus manos, y Rachel se adelantó a sus pasos dispuesta a tomar la delantera. La vergüenza volvía a apoderarse de ella. De hecho, estaba completamente segura de que Quinn se había percatado de su estado de excitación. La forma extraña en que la miraba, y la tensión que se había creado sin motivo aparente entre ellas, era justamente por eso, porque probablemente se veía reflejado en su cara.
Cuanto antes regresaran a la carpa, antes volvería a la oscuridad total y podría camuflar su expresión. Apenas consiguió bajar uno de los escalones que separaban la cabaña del sendero, cuando supo que no iba a ser posible. O al menos no en ese instante.
Rachel dio un paso atrás completamente asustada, obligando a Quinn a retroceder hacia el interior de los servicios.
—¿Qué haces?
—Quinn…¡Mierda, mierda! —exclamó— ¡Ahí afuera hay alguien, hay algo!
—¿Qué dices? —preguntó confundida.
—Te lo juro —masculló escondiéndose tras la puerta—. He visto algo moverse muy rápido. Algo, algo muy grande, Quinn. Alguien nos está esperando.
—No digas tonterías, Rachel. Son las 3 de la madrugada, ¿quién va a haber ahí? —cuestionó incrédula al tiempo que daba un paso hacia la puerta.
—Hay alguien, Quinn —se removió inquieta.
—Shhh…—la interrumpió justo cuando decidía asomarse con cuidado al exterior, tratando de averiguar qué era lo que había provocado aquel gesto en la morena. El silencio absoluto del camping, se mezclaba con la oscuridad. Todo permanecía en calma— Rachel, aquí no hay nadie…
—Sí, sí que hay algo, Quinn —susurró acercándose a ella—. Te juro que lo he visto.
—Pues no sé, porque aquí está todo en…
No terminó la frase. Varios golpes llamaron su atención desde el lado derecho de la cabaña, y Quinn retrocedió rápidamente, volviendo a introducirse en los servicios.
—¿Qué ha sido eso? —preguntó Rachel asustada.
—Ni idea.
—Quinn… ¿Quién es? ¿Qué es eso? Te juro que se ha movido muy rápido.
—¿Será alguien de mantenimiento o del servicio de limpieza? —cuestionó tratando de convencerse a sí misma mientras volvía a cerrar la puerta.
—¿Una limpiadora a las 3 de la madrugada? Lo dudo.
—O un chico de mantenimiento…
—Quinn, no hay nadie despierto ahí afuera. Tú lo has comprobado al venir hasta aquí —dijo y de nuevo los golpes se hicieron presentes, asustando aún más a Rachel y desconcertando por completo a Quinn, que no tenía ni idea de lo que podía ser.
—Dios mio, Quinn. ¿Qué diablos es eso?
—No lo sé, pero tenemos que descubrirlo ya —espetó volviéndose hacia la puerta.
—¿Estás segura?
—Rachel, no podemos quedarnos aquí sin saber qué es —masculló volviendo a abrir la puerta con lentitud, tratando de observar el exterior sin tener que exponerse demasiado.
Esta vez los golpes sonaron con más fuerza, acompañados con un bramido que erizó la piel de las dos chicas.
—¿Qué es eso? —preguntó Rachel aterrorizada al tiempo que se pegaba a la espalda de Quinn, tratando de encontrar algún tipo protección.
—Parece un animal —respondió mientras seguía inmersa en la búsqueda del inesperado visitante que las tenía encerradas en los servicios a las 3 de la madrugada.
—¿Un Bigfoot?
—¿Qué? —la miró confusa— ¿Qué dices, Rachel?
—¿Y si es un Bigfoot? Todo el mundo habla de ellos, y si lo hacen es por algo…
—Rachel, ¿estás loca? ¿Como va a ser eso un Bigfoot?
—Pues si lo dicen las leyendas es por algo.
—Será algún animal, un pavo salvaje o un castor…
—¿Los pavos y los castores hacen ese ruido? —cuestionó con sarcasmo— Porque ha sonado a bestia, a monstruo, no a un pájaro o a un roedor.
—Rachel…Vamos a tranquilizarnos. ¿Ok? —susurró enfrentadose a ella por primera vez—. No podemos ser tan miedosas.
—A mí me da igual dormir aquí —respondió tras oír un nuevo bramido desde el exterior y algunos golpes más—. Y me da igual que consideres que soy una miedosa. Me, me da igual.
—No, no vamos a dormir aquí. Vamos a enfrentarnos a eso, sea lo que sea…Vamos allá —tomó valor tras ignorar la idea de la morena.
Quinn volvía a abrir de nuevo la puerta y daba un paso hacia el exterior, lanzando una exhaustiva mirada hacia la derecha, lugar de dónde parecía proceder el ruido. Rachel, tras ver como la rubia avanzaba, optó por seguir sus pasos, sujetándose con fuerzas a la cintura de la chica.
—Tengo miedo, Quinn —susurró.
—Si sigues pellizcándome así, es probable que sea yo quien te ataque.
—Me da igual lo que digas, no pienso soltarte. No voy a dejar que un Bigfoot me secuestre.
—¿Te secuestre? Ok, deja de imaginar cosas y vamos, vamos hacia la tienda —respondió comenzando el regreso lentamente, mientras se concentraba en detectar algún indicio de movimiento.
—Vamos, camina más deprisa —murmuró la morena—. Quiero llegar ya.
—Rachel —se detuvo—. Deja de clavarme las uñas, me vas a hacer daño…
—No te estoy clavando las uñas, solo intento…Oh dios. ¡Quinn, mira eso! —masculló señalando hacia el lado opuesto.
Justo en el lateral de la cabaña, el movimiento se hizo más latente y el ruido de unos pasos las dejó paralizadas, mientras esperaban impacientes distinguir la sombra que ya se vislumbraba entre los arbustos.
—Oh…oh…
—¿Es un alce? —añadió Rachel completamente desconcertada.
—Eso parece…
—¿Qué hace un alce por aquí? Estamos en verano.
—No lo sé, Rachel, pero tenemos que marcharnos de aquí ya —dijo segundos antes de comenzar a caminar de espaldas, sin apartar la mirada del animal que no parecía haberlas visto.
—Son peligrosos —murmuró Rachel realizando el mismo gesto que Quinn—. Mira los cuernos que tiene Quinn, si nos golpea con eso nos mata.
—Por eso, lo mejor idea es que ni siquiera nos vea. Así que, vamos, no te detengas.
—Si, vamos, vamos lento, sin hacer ruido.
—No se ha dado cuenta. No nos ha visto… ¡Aww!
—Quinn, ¿qué haces? —preguntó asustada al tiempo que descubría a la rubia sentada en el suelo, tratando de asimilar la inoportuna caída que acababa de sufrir por culpa de un pequeño tronco dispuesto en el sendero, y que no vio al caminar de espaldas.
—Me he caído —se quejó.
—¡Oh, mierda Quinn! ¡vamos, corre! —exclamó al descubrir como el alce las descubría y fijaba la mirada sobre ellas.
—Ayúdame —le suplicó con el horror instalado en su rostro, y Rachel no tardó en tomarla de la mano y tirar de ella.
El alce comenzó a restregar sus patas sobre la tierra, dejando entrever que el ataque no iba a tardar en producirse, y ninguna de las dos lo pensó.
La carrera se produjo a una velocidad endiablada entre las carpas, cogidas de la mano y sin detenerse a mirar al animal, que al contrario de lo que ambas pensaban, ni siquiera se había movido del lugar.
—¡Corre Rachel, corre! —susurraba segundos antes de llegar a la tienda— ¡Vamos…vamos entra!
La morena se lanzó literalmente hacia el interior de la carpa y a continuación fue Quinn quien se introdujo en ella, cerrando rápidamente la cortina, como si aquella débil tela fuese la puerta más inquebrantable del mundo.
—¡Oh dios Quinn, Oh dios! ¿Y si viene? Si ataca a la tienda no vamos a librarnos, nos va a hacer daño.
—No creo que lo haga, no, no creo… ¿No? —cuestionó tratando de convencerse.
—Quinn, eso es un animal salvaje. Imagínate que empieza a embestir contra las demás carpas, va a ser una catástrofe. Deberíamos avisar al profesor —le dijo y Quinn se descompuso. No pudo evitar imaginar como el animal destrozaba el campamento al completo, incluida la tienda dónde ellas se encontraban—. Ese animal seguro que está buscándonos, y no parará hasta encontrarnos, da igual la carpa que se cruce en su camino.
—No, no, creo… ¿No? Seguro que estará buscando algún resto de comida, y se cansará y regresará al bosque. Si quisiera hacer daño, ya lo habría hecho —masculló tratando de convencerse de nuevo—. Seguro que se va. No, no va a pasarnos nada.
—Quinn…
—Rachel, cálmate. No va a pasar nada —añadió buscando su mirada, algo que iba a logra crear de nuevo un silencio atronador en el interior de la tienda, solo roto por la respiración agitada de ambas, y el terror asomándose en el rostro de la morena, que, tras varios segundos desconcertada, reaccionó como ninguna de las dos lo llegó a imaginar.
—Quinn, tengo miedo —susurró al tiempo que se abalanzaba hacia ella, y buscaba un abrazo que estuvo a punto de hacerlas perder el equilibrio.
—Cuidado Rachel, vamos a dejar caer la tienda nosotras —masculló tras chocar contra una de las lonas laterales.
—Me da igual. No quiero morir sola —replicó aferrándose aún más a ella, hundiendo su rostro en el cuello y obligándola a permanecer allí, recostada junto a uno de los laterales.
—¡Rachel, me vas a ahogar!
—Quinn no te quejes y abrázame. Si ese bicho viene a por nosotras, moriremos juntas.
—Rachel, por favor…—balbuceó cambiando su actitud. La situación era tensa, pero la reacción de Rachel consiguió provocar una sonrisa en la rubia, que a duras penas podía moverse tras el intenso abrazo al que se veía sometida—. Déjame que compruebe si vamos a morir a o no por culpa de ese alce. ¿Ok?
—¿Vas a salir? —preguntó enfrentándose a la mirada de la chica.
—Si me dejas…
Fue fugaz. Quizás apenas duró un segundo, pero algo sucedió en aquel instante entre las dos. Rachel mantenía el abrazo al tiempo que interrogaba a Quinn, pero aquella breve conversación hizo que ambas quedaran frente a frente, con Rachel sobre Quinn y Quinn, sin ser consciente, apartando los flequillos de la morena que no le permitían ver con claridad.
—Todo bien…—susurró.
—Sí —respondió de igual manera.
Aquel simple gesto y la sonrisa que mostraba Quinn, consiguieron poner más nerviosa a Rachel, que, con dificultad, fue separándose de la chica, permitiéndole que pudiese reincorporarse y solucionar aquella aventura con el alce.
Quinn lo hizo. Tras liberarse del peso de la chica, y sin dejar de lanzarle miradas, abrió lentamente la cremallera de la puerta de la tienda y se asomó con lentitud, tratando de no llamar demasiado la atención.
En el exterior, la calma lo inundaba todo. No había rastro alguno del alce y todos sus compañeros parecían dormir en calma, ajenos a lo que acababan de vivir las dos en aquella extraña y sorpresiva visita a los servicios.
—¿Dónde está, Quinn? —acertó a preguntar.
Había algo que no le permitía pensar con claridad. Rachel, cambió el miedo y la ansiedad que sentía por culpa del animal, por una extraña sensación que conseguía que su corazón bombease con tal fuerza y rapidez, que podía oírlo si permanecían en silencio. Y todo por culpa de aquél estúpido y simple gesto de Quinn con su flequillo, que le hizo recordar que antes de toda aquella odisea, se había excitado sólo por haberla contemplado dormir durante varios minutos.
—No está. Se ha ido —espetó regresando al interior de la estancia. y cerrando de nuevo la cremallera—. El Bigfoot no nos ha seguido —bromeó procurando que la tensión se desvaneciera, pero su sonrisa se esfumó por completo al descubrir el gesto que Rachel mantenía en su rostro.
La morena había ido retrasando su posición hasta quedar sentada en su lugar, dónde había estado durmiendo esa noche, y mantenía una extraña mirada hacia la rubia, un tanto avergonzada.
—¿Te pasa algo? Solo estaba bromeando —susurró tratando de entender el comportamiento de la morena.
—Sí…Ya lo sé.
—Entonces, ¿qué te pasa? —cuestionó acercándose un poco.
—No, nada —se removió inquieta—. Será mejor que volvamos a dormir si todo está bien. ¿No crees?
—Eh…Claro —respondió confusa. Sabía que algo le sucedía. Y lo sabía porque sus ojos evitaban mirarla en todo momento.
—Bien, vamos, vamos a dormir —murmuró al tiempo que se recostaba sobre el colchón, dispuesta a ocupar su zona y acabar con aquel bombardeo de imágenes que se agolpaban en su mente. Todas tenía relación con los movimientos sugerentes de Quinn mientras dormía, y aquel último gesto sobre su flequillo.
—Está bien —terminó aceptando mientras ocupaba el lado opuesto—. Buenas noches.
—Buenas noches, Quinn —respondió dándole la espalda.
La rubia no entendía absolutamente nada. No sabía si Rachel realmente seguía asustada, o le había sucedido algo más. Había cambiado su actitud en cuestión de segundos, y terminó confundiéndola hasta tal punto que ni siquiera podía conciliar el sueño.
Un sueño que la puso más nerviosa aún. Quinn comenzó a recordar que es lo que había soñado justo antes de que la morena la despertarse, y la sensación de sofoco volvía a aparecer en su cuerpo.
Una escena; Ella misma sentada en su rincón favorito de aquel bosque mientras a lo lejos, en el lago, Dave y Mel hacían el amor como si no existiera nadie más en aquel lugar. Como si nadie pudiera verlos excepto ella, que no comprendía por qué tenía que ser testigo de la escena. Hasta que de pronto, sentía como alguien la abrazaba por la espalda, y unas manos comenzaban a rodear su cintura. Unas manos que la hicieron descubrir que su cuerpo permanecía desnudo, y que ni siquiera se había percatado de ello. Y justo en ese instante, cuando sentía como las manos la acariciaban, volvía a lanzar una mirada hacia Dave y Mel, y descubría que se habían transformado en ellas. Que quienes hacían el amor en la orilla del lago, eran Rachel y ella.
Podía sentir como sus suspiros eran los que movían las hojas de los árboles, y su mirada seguía fija en el cuerpo de la morena junto al lago.
Las manos que acariciaban sus caderas no detenían el juego, subiendo y bajando, dejando suaves y enloquecedores roces sobre su piel. Tras un leve movimiento descubría las piernas de la persona que estaba tras ella. Dos piernas que se cruzaban sobre su cintura, calzando dos altas botas de cuero. Tenía la necesidad imperiosa de saber quién era la dueña de aquellas dos manos que estaban acariciándola, pero una fuerza no le permitía girarse. Y la frustración se mezclaba con el intenso deseo que comenzaba a inundar su cuerpo, cuando una voz, un susurro se dejaba oír junto a su cuello, con un eco que terminaba provocando una estampida de mariposas a su alrededor.
Cool…Ohio…girl.
Para su sorpresa, recordar el sueño la volvió a llevar a él, dejándola completamente dormida cuando Rachel apenas conseguía llegar al número 50 de la cuenta regresiva en la que ya estaba inmersa, y que también la dejó completa y profundamente dormida.
1, 2, 3…4 horas pasaron hasta que el movimiento de la tienda y varias risotadas sacaron a la rubia de su sueño.
—¡Vamos Quinn, despierta de una vez! —Dave se encargaba de despertar a los más perezosos de la forma más divertida que podía, a puro grito.
El sol ya había salido aquella mañana, y la claridad en la carpa terminó por despertarla, cuando completamente malhumorada buscaba la reacción de Rachel tras aquel despertador particular que tenían en el campamento.
Pero la morena no estaba a su lado. Su pijama permanecía perfectamente doblado sobre su saco de dormir, y supuso que, como el día anterior, Rachel se las había ingeniado para salir a ducharse antes que nadie.
Y no se equivocó.
Quinn salía de la carpa con su toalla y la ropa, dispuesta a dirigirse hacia las duchas cuando se encontró con Mel, que estaba esperándola mientras hablaba con Dave.
El campamento ya comenzaba a tomar vida por las idas y venidas de los chicos, los cafés que comenzaban a circular en pequeños termos, y una gran caja de rosquillas que Dave repartía a cada uno, cortesía del profesor Miller.
—¿Dónde está, Rachel? —preguntó Mel tras no verla por el camping.
—Ni idea, debe haberse levantado más temprano —respondía aun con los ojos entrecerrados.
—Vamos primita, despierta. Mira que buen día hace —espetó acercándose a ambas con la caja de rosquillas—. Vamos, coged una.
—Luego. Antes voy a ducharme.
—Yo también…
—Por cierto, Dave, el próximo día que me despiertes a así, te juro que no respondo de mis actos.
—Tan temprano y ya estás de mal humor. Eres insoportable, primita —se quejó el chico—
—Que te despierten a voces no es agradable. Espero que algún día te lo hagan a ti.
—Te quejas de todo. ¿Sabes? La próxima vez dejo que te despierte el alce —masculló llevándose una de las rosquillas a la boca.
—¿El alce? ¿De qué hablas? —preguntó alertándose.
—¿No te has enterado de lo que ha sucedido en el campamento esta noche?
—¿Qué ha sucedido?
—Al parecer, un alce se ha escapado de la reserva que hay cerca de Northbrooks, y ha estado merodeando por aquí.
Quinn se sorprendió. Por un momento, al despertar, incluso había llegado a pensar que todo lo vivido por Rachel y ella la noche anterior, había sido uno de los tantos sueños que tuvo. Pero el comentario de Dave le hizo ver que fue real, que la aventura fue cierta.
—¿Un alce? Pero eso es peligroso —intervino Mel sorprendida.
—¿Lo han capturado? —preguntó Quinn preocupada.
—Sí, ya lo han llevado hasta su zona… ¿Te imaginas que nos lo encontramos por aquí?
Sí, me lo imagino, pensó Quinn, que consiguió relajarse por fin. Aunque como era de esperar, esa relajación duró poco en su cuerpo.
El tiempo que transcurrió desde que Mel la invitó a que la acompañara a las duchas y se encontrasen con Rachel antes de llegar a la cabaña.
La morena aparecía por uno de los senderos junto a Miller, con unas enormes botas de montar, y una sonrisa que ocupaba casi la totalidad de su rostro. Mel se sorprendió al verla llegar, pero Quinn literalmente se quedó petrificada. No solo por la sonrisa, sino porque aquellas botas que calzaba, la hicieron recordar de nuevo el dichoso sueño. Tan iguales que empezó a temer estar viviendo un Deja Vú.
Rachel caminaba directa a ellas, si apartar la mirada sobre Quinn.
—Buenos días —espetó sonriente antes de llegar a donde estaban situadas.
—¿De dónde vienes? —preguntó Mel al verla aparecer. Quinn permanecía en completo silencio observándola, tratando de acabar con las escenas del sueño que seguían revoloteando en su mente.
—De ayudar a Miller con los caballos —respondió completamente emocionada.
—Guau…Yo también quiero.
—Pues venga, no tardéis y vestiros. Que están listos —respondió cuando ya llegaba junto a ellas, y no detenía el paso. De hecho, tras alcanzar el lugar exacto dónde Mel y Quinn se habían detenido para hablar con ella, ésta sorteó a Mel, y se dirigió hacia la rubia, que esperaba varios pasos más atrás.
Quinn no lo vio venir. Simplemente se quedó quieta, sosteniendo su ropa y la toalla entre las manos, y preguntándose si lo que acababa de suceder fue real o no.
La sorpresa en el rostro de Mel lo confirmó.
Rachel se acercó a la rubia y tras regalarle un buenos días acompañado de una no menos espectacular sonrisa, terminó entregándole un dulce beso en la mejilla, y un guiño de ojos a continuación que terminó por desconcertarla aún más.
—No tardes, quiero que conozcas a Patrick —musitó sonriente al tiempo que se alejaba, y seguía su camino, tras los pasos de Miller.
Quinn no acertó a responder. Toda su cordura quedó anulada con aquel gesto, y fue Mel quien la incitó a que siguiesen su recorrido hasta las duchas, sacándola de aquel breve shock en el que se hallaba.
Media hora más tarde, ambas junto a Dave y el resto de chicos del campamento, seguían los pasos de Miller hasta llegar a una de las cuadras, dónde una decena de caballos esperaban impacientes con algunos de sus cuidadores preparándolos a conciencia, y Rachel, completamente embelesada acariciando a uno de ellos.
Le fascinó tanto verla junto al enorme y espectacular caballo de un blanco radiante, que no dudó en detenerse unos metros antes, y como siempre solía hacer, inmortalizar la escena con su móvil, sin que Rachel fuera consciente de ello. De hecho, no se percató de su presencia hasta que llegó junto a ella.
—Hey… ¿Quién es este príncipe? —le dijo acercándose, sin apartar la mirada del caballo.
—Es Patrick…—respondió sonriente Rachel— Va a ser nuestro príncipe.
—¿Nuestro?
—Sí. A menos que no quieras montar conmigo. Hoy nos vamos de ruta con ellos —añadió señalando al resto de los caballos, y como Miller ya se esmeraba en repartir a sus compañeros en pareja.
—¿Tú sabes montar?
—Ajam…Te recuerdo que soy hija única y adoptada. Tenía suficientes recursos para conseguir que mis padres me llevasen donde quisiera —sonrió divertida—. Y siempre he sido muy caprichosa.
—Ok. Entonces si acepto ir contigo. Yo sola no me atrevo.
—¿No has montado nunca?
—No. Y el año pasado no tuvimos esta actividad, así que…Va a ser mi primera vez.
—Bien pues, prometo que será inolvidable.
Volvía a hacerlo. Rachel conseguía que Quinn se quedase bloqueada por segunda vez aquella mañana.
La morena estaba radiante, completamente distinta a la última imagen que tuvo de ella antes de volver a dormir tras la odisea del alce.
Rachel parecía incomoda en aquella situación y ahora, aparecía como si hubiese vivido la mejor de las experiencias, como si algo extraordinario hubiese sucedido mientras ella dormía.
Casi 15 minutos más tarde, y tras recibir todas las explicaciones de los cuidadores de los caballos y Miller, cada uno procedía a montar sobre el caballo adjudicado.
Rachel invitaba a Quinn a que fuese la primera en subir, ayudada por uno de los chicos que sujetaban las riendas del caballo.
—No me vayas a dejar sola— se excusó Quinn justo antes de colocar el pie sobre el estribo, y conseguir montarse en el animal—. No…no sueltes las riendas, por favor —le suplicó al chico al ver como el caballo se movía un tanto inquieto.
—Tranquila, Patrick es el mejor —le respondió el chico.
—Ok. Ahora me toca a mí —intervino la morena que, tras prepararse, conseguía subir también a lomos del animal, colocándose detrás de la rubia.
—¿Por qué te has puesto detrás? —preguntó inquieta.
—Porque vas a llevar tú las riendas —respondía acomodándose.
—No…No Rachel, yo no sé.
—Tranquila. A ver, atiéndeme.
Rachel se posicionó, y tras acoplar sus pies en los estribos, tomó las riendas del caballo pasando sus brazos alrededor de la cintura de Quinn, que por un instante volvía a recordar el sueño de la noche anterior, dónde alguien, supuestamente Rachel, acariciaba su cintura de aquella forma, y mostraba unas botas como las que Rachel llevaba en aquel instante.
—Mira, tienes que sujetarlas así, con firmeza —Rachel hablaba apoyando su mandíbula sobre el hombro de la rubia—. Si hay que girar a la derecha, no tienes más que tirar un poco de aquí…Ves —la morena tensó un poco las riendas y obligo a que el caballo se moviera hacia ese lado—. Si es para la izquierda, pues haces lo mismo.
Quinn no perdía detalle de las manos de Rachel y la reacción inmediata del caballo.
—Los caballos son como las personas, si tú estás tranquila, él lo estará. Solo hay que ser pacientes y tratarlos con dulzura. ¿Ok?
—Ajam…
—Bien. Por los pies no te preocupes, yo me encargo de los estribos.
—Ok…
—Ok…Pues toma las riendas —le dijo permitiendo que sus manos se aferrasen más a las suyas.
—Pero… ¿Tú vas a soltarlas?
—Claro.
—No, no. Yo las tomo, pero tú no las sueltes aún. Deja que me acostumbre.
—Ok, vamos. Tómalas —insistió y Quinn deslizó sus manos sobre las riendas, y terminó tomando el lugar que Rachel ocupaba. Mientras, la morena, cambiaba de posición y colocaba sus manos sobre las de Quinn, permitiéndole que tuviese las riendas, pero con la tranquilidad de saber que podía manejar cualquier inconveniente que surgiera desde ese lugar.
—¿Estás cómoda? —preguntó mientras esperaban a que el profesor diese la orden para emprender el paseo.
—Un poco nerviosa, pero bien —respondía lanzando una leve mirada hacia atrás.
—Bueno, pues tranquilízate. Estoy aquí —susurró.
—Estás de muy buen humor ésta mañana…
—He dormido bien —respondió sonriente. Aunque lo que realmente había conseguido ponerla de buen humor fue un mensaje de Kurt, en el que le explicaba que Finn había estado hablando de ella durante toda la noche, y parecía que el chico estaba por la labor de acabar con la estúpida discusión que les mantenía alejados.
—Eso es bueno… ¿Te has enterado que han encontrado el alce?
—Sí, ésta mañana me lo dijo Miller.
—¿Has vuelto a ducharte sola? ¿No te daba miedo ir sola a los baños? —masculló provocando una pequeña carcajada en la morena.
—Un poco, pero necesitaba ducharme. Tenía mucho calor.
El tono utilizado por la morena sorprendió a Quinn, que de nuevo volvía a recordar el sueño vivido, y aquel susurro que estuvo acompañándole durante toda la noche.
—Oye… ¿Crees que he convencido a Mel tras darte los buenos días con un beso? —preguntó divertida.
—¿Lo has hecho por eso? Oh dios, ¿cómo no me he dado cuenta antes? — murmuró.
—¿Qué querías que hiciera? No he encontrado una mejor excusa para poder saludarte de esa forma. Me gusta dar los buenos días con besos.
—¿Y por qué no los das? No necesitas excusas como esas para dar un beso en la mejilla, Berry. Solo es un saludo.
—Jamás imaginé que iba a poder tener la oportunidad de darle los buenos días a la capitana de las animadoras, con un beso en la mejilla. Tenía que buscar una buena excusa.
—Pues conmigo no es necesario —insistió—. Te recuerdo que ya no soy capitana de las animadoras.
—Tienes razón. Ahora eres una mortal mas.
—Exacto.
—Entonces, para asegurarnos, ¿no te ha molestado que te haya saludado así?
—Para nada. De hecho, esos gestos hacen que cambien mi mal humor de despertar. Y créeme, estaba realmente enfadada. Dave me ha despertado a gritos.
—Ok. Lo tendré en cuenta para la próxima vez.
—Perfecto —susurró buscándola de nuevo tímidamente con la mirada. Gesto que Rachel le devolvió acompañado de una sonrisa.
—Bien chicos… ¿Estamos listos? —la voz de Miller rompía la divertida conversación y el cruce de miradas que mantenían, provocando la atención del grupo entero. Que ya sobre los caballos, se posicionaban para emprender la ruta.
—¿Estás lista? —murmuró Rachel aferrándose a sus manos para que sostuvieran con firmeza las riendas de Patrick.
—Más que nunca.
—Genial… Allá vamos.
