Capítulo 17

Aquel era el segundo día consecutivo que Ino se quedaba en su casa en lugar de ayudar con los entrenamientos a Choji y a Shikamaru. Por mucho que quisiera no pensar en ello, le había dolido enormemente que Naruto la mandara a casa a ceder por fin ante los deseos de su padre.

Sin embargo, aquello realmente no era algo que pudiera reprocharle a su maestro. Después de todo, sus propias acciones eran las que la habían dejado sola frente a su padre.

Seguía convencida de que había hecho lo correcto, pero eso no implicaba que doliera igualmente.

En aquel momento se encontraba en el patio principal de la mansión, allí se encontraba junto a una de sus tías, ayudándola a impartir clase a los más jóvenes del clan. Dar clase a los niños era una de las pocas tareas del clan que Ino soportaba.

Se trataba de once chicos y chicas que tendrían entre siete y doce años, todavía estaban aprendiendo algunos de los Jutsus más básicos que los Yamanaka habían creado. Ese tipo de instrucción duraba hasta la graduación en la Academia Shinobi.

Sin duda Ino estaba siendo de gran ayuda, los alumnos debían separarse en parejas para poder practicar los Jutsus mientras un adulto los supervisaba, por lo que al ser un número impar siempre había uno que se quedaba sin pareja de prácticas.

Ino se encontraba haciendo de pareja con el chico que más avanzado estaba frente a sus compañeros, se trataba de un chico de diez años que, por lo que Ino sabía, era hijo de una de sus primas lejanas.

La lección de aquella semana iba sobre construir defensas mentales para evitar espionaje, por lo que, por turnos, debían intentar acceder a los recuerdos de su compañero mientras este debía intentar evitarlo.

Cerró los ojos y puso su mano sobre la cabeza del chico, la oscuridad que la rodeaba pronto se cambió a una especie de celda oscura en la que Ino estaba encerrada. Frente a ella podía ver una puerta metálica protegida por cadenas y candados.

Ino suspiró, llevó su mano hacia la puerta y al aplicar un poco de Chakra esta simplemente se destrozó, dejando vía libre a la futura líder del clan.

Al salir de aquella celda, se sorprendió un poco al encontrarse en una sala mucho más grande y protegida por decenas y decenas de murallas, cadenas, sellos y puertas. Sin duda, las defensas mentales de aquel chico eran bastante impresionantes.

- Pero demasiado obvias… - Susurró Ino.

Concentró todo el Chakra que pudo y después lo liberó con todas sus fuerzas, provocando que cada defensa se desmoronara bajo su poder. Una vez todo cayó, los recuerdos del chico se volvieron visibles para Ino.

Aunque todas esas imágenes enseguida se detuvieron cuando el chico, asustado, se inclinó hacia atrás alejándose de la mano de Ino. Cuando ella abrió los ojos, pudo ver como su primo estaba sorprendido y algo asustado.

- ¿Cómo lo has hecho? – Preguntó el niño tratando de recuperarse.
- Fuerza bruta… me lo has puesto muy fácil. – Respondió Ino de forma sincera.
- Pero nunca nadie había logrado traspasarlas… - Dijo después mirando a sus compañeros.

Para Ino la respuesta era sencilla, era normal que un grupo de niños no pudiera traspasar aquellas defensas, incluso muchos adultos tampoco podrían hacerlo. Pero estaba segura de que en casi cualquier villa debía haber por lo menos cuatro o cinco personas capaces de lograrlo.

- ¿Te puedo dar un consejo? – Preguntó Ino.
- ¡Claro! – Respondió el chico algo sonrojado.
- Si alguien intenta entrar en tus recuerdos no querrá verlo todo. Las defensas estáticas no funcionan porque solo hay que derribarlas. Lo que tienes que hacer es esconder los recuerdos importantes entre recuerdos que a nadie le importen.
- ¿Una defensa dinámica? – Preguntó el chico sobándose el mentón.
- Exacto. – Respondió Ino, para tener diez años lo había entendido rápido. – Hagamos una prueba. Quiero averiguar qué es lo que cenaste anoche y tú tienes que evitar que lo descubra.

El chico asintió y repitieron lo mismo de antes. Sin embargo, esta vez Ino necesitó casi media hora para encontrar por fin lo que estaba buscando. Aunque al final había logrado su objetivo, él parecía contento al haber logrado que Ino tardara tanto en vencerle.

- Es divertido aprender algo nuevo por fin. – Dijo el chico sonriendo.

Ino pudo sentir algo de frustración en sus palabras. Para ella todo fue muy fácil, todo lo que aprendió lo hizo directamente con su padre mientras que aquel chico se veía lastrado por sus compañeros que no podían seguirle el ritmo.

- Nana-San. – Dijo Ino acercándose a su tía.
- ¿Sí?
- Voy a llevarme a Ichiro para darle clases particulares. Creo que será lo mejor.
- Ah… bueno. Como quieras.

No parecía muy convencida de ser desautorizada de aquella manera como instructora de los más jóvenes, pero lo último que quería hacer era llevarle la contraria a la hija de Inoichi y futura líder del clan.

Ino y su nuevo aprendiz particular se marcharon de allí, le había puesto demasiado triste ver a aquel chico con tanto talento alegrarse tanto por haber aprendido algo tan simple, por lo que se iba a asegurar de que al final le estallara la mente de todo lo que iba a enseñarle a continuación.

Caminaron por los pasillos de la mansión hasta llegar a la biblioteca principal, habitación que solía estar casi siempre vacía. Era bastante amplía y estaba abarrotada de estantes llenos de libros y pergaminos. Allí no solo se encontraba la historia y secretos del clan, también había una extensa colección de libros de gran variedad de temas. La iluminación era tenue, generando un buen ambiente para el estudio.

- ¿Qué más sabes hacer a parte leer la mente y construir defensas mentales? – Preguntó Ino con curiosidad.
- Mi padre me enseñó el Shintenshin no Jutsu el año pasado.

Ino definitivamente se sorprendió, lo normal era aprender aquella técnica más o menos al mismo tiempo que la graduación, el chico lo había hecho con cuatro años de antelación.

- ¿Y qué opinas de esa técnica? – Preguntó Ino después.
- Bueno, está bien… pero siempre me preocupa que mi cuerpo se quede desprotegido.
- Ya veo…

Ino caminó hacia uno de los estantes, de donde cogió un pergamino que contenía las instrucciones para el uso y aprendizaje de una de las técnicas del clan.

- Existe una técnica similar, quizás no es tan potente… pero no te obliga a sacar tu consciencia de tu cuerpo. – Le dijo Ino entregándole aquel pergamino.

El chico no terminaba de creérselo, por lo que abrió el pergamino y comenzó a leerlo. Se trataba del Shinranshin no Jutsu, una técnica avanzada del clan que consistía en introducir Chakra en el sistema nervioso del enemigo, permitiendo al usuario controlar su cuerpo prácticamente a voluntad.

La única pega que tenía dicho Jutsu era que el objetivo podía resistirse aplicando sobre su propio sistema nervioso más Chakra del que el Yamanaka introducía, por lo que solía ser más efectiva contra enemigos que estaban desprevenidos.

Ichiro comenzó a leer el pergamino mientras Ino se limitaba a supervisarle, por si tenía alguna duda al respecto. Pasaron unos cinco minutos hasta que Ino se sintió observada, ladeo su cabeza hacia la entrada y pudo ver que su padre estaba tras la puerta observando la situación.

- Dame un minuto. – Dijo Ino levantándose.

No tenía demasiadas ganas de hablar con su padre, pero era mejor despacharlo pronto que tener que continuar bajo su atento escrutinio.

- ¿No se encarga Nana de estas cosas? – Preguntó Inoichi cuando su primogénita llegó hasta él.
- Yo no hay nada que Nana pueda enseñarle a este chico. – Respondió Ino. - ¿Te parece mal?
- No, en absoluto. Es buena idea granjear aliados entre estas paredes, incluso entre niños que de aquí a dos o tres lustros serán Shinobis de Elite.

Ino únicamente lo había hecho para ayudar a aquel chico y encontrar algo con lo que ocupar su tiempo durante sus días de descanso. Para Inoichi parecía que solo las motivaciones políticas eran válidas.

- ¿Necesitas algo? – Preguntó Ino tratando de acabar con aquello.
- No, solo quería saber en que estabas ocupada. Se me hace raro que pases tanto tiempo en casa. – Dijo Inoichi, Ino se mantuvo en silencio. – Os dejo a solas.

Inoichi se dio la vuelta, dispuesto a marcharse. Ino miró la espalda de su padre por unos instantes, luego suspiró.

- Ya está hecho. – Dijo Ino haciendo que Inoichi se detuviera.
- ¿El qué? – Preguntó dándose la vuelta de nuevo.
- Lo que me pediste. – Respondió Ino de forma criptica.

Inoichi asintió, había entendido por fin a que se refería Ino. Ella esperó que su padre mostrara algo más de alegría o entusiasmo por aquella noticia. Lo que ella no sabía es que todo aquello le asqueaba tanto que ni salirse con la suya era suficiente. Para él, cualquier escenario que no implicara matar a Naruto Uzumaki era una derrota.

- Veo que esto marca un antes y un después. – Dijo Inoichi mirando al pequeño Yamanaka que estaba estudiando un nuevo Jutsu. – Ya era hora de que aceptaras tu lugar en el clan, supongo que pronto estarás preparada para que hablemos de tu futuro.

Ino sabía perfectamente que significaban aquellas palabras, después de todo Inoichi ya había pospuesto mucho la elección del futuro marido de su hija.

- Ahora no es un buen momento. – Dijo Ino mirando al interior de la biblioteca.
- Lo sé. – Respondió Inoichi. – Pronto.

No dijo nada más, simplemente se marchó dejando a su hija a solas con sus pensamientos. Antes de volver a entrar a la sala de estudió suspiró una vez más, intentaría no pensar demasiado en aquello por ahora.

- ¿Cómo lo ves? – Preguntó Ino al entrar en la biblioteca.
- Bien… creo que ya puedo empezar a practicarlo.

Ino agarró una silla y la colocó frente a su pequeño alumno, luego se sentó frente a él.

- Intenta que me levante de la silla utilizando el Shinranshin. – Dijo Ino quedándose quieta.

Pasó una hora después de aquello, Ichiro estaba totalmente agotado de haber estado lanzando aquel Jutsu una y otra vez. Tras tomar una gran bocanada de aire, volvió a lanzarlo y el dedo anular de la mano izquierda de Ino se movió ligeramente.

- ¡Es imposible! – Grito Ichiro totalmente frustrado.
- ¿Te rindes ya? – Preguntó Ino.
- Con el Shintenshin es facilísimo, pero así no hay manera. – Se quejó Ichiro.
- ¿Y no va siendo hora de que dejes de intentarlo tu solo y preguntes la diferencia entre ambas técnicas?

Ichiro no respondió, aunque el silencio lo dijo todo. Ino se levantó de la silla y fue hasta una de las estanterías, de la que sacó un libro que tenía la tapa de color azul. Luego se acercó de nuevo a Ichiro y dejó el libro frente a él.

Se trataba de un libro de medicina en el que explicaba el funcionamiento del sistema nervioso y como se relacionaba con el sistema motriz.

- Con el Shintenshin es fácil ya que al final simplemente es como si te movieras tu. Para hacerlo con el Shinranshin debes conocer a la perfección como se mueve el cuerpo humano. Para que tu Chakra pueda imitar los impulsos eléctricos que el cerebro manda a los músculos a través del sistema nervioso.

La explicación de Ino fue bastante didáctica y, sin duda, remarcaba la complejidad de aquella técnica. Se trataba de un Jutsu que requería grandes conocimientos específicos de medicina que poco tenían que ver con el mundo ninja.

- Es una locura… es imposible… - Se quejó de nuevo Ichiro.
- ¡Shinranshin no Jutsu! – Gritó Ino haciendo el sello con sus manos y dejando totalmente paralizado al chico.

Ino logró, sin demasiado esfuerzo, que Ichiro se levantara y abriera el libro que le había dado. Luego empezó a pasar las paginas ante la incrédula mirada del propio chico que veía como su cuerpo se movía solo.

- Página setenta y tres, te recomiendo empezar por aquí. – Dijo Ino deteniendo el Jutsu cuando llegó a dicha página.

Sin duda había sido una demostración práctica muy impresionante, lo suficiente como para motivarle de nuevo.

- ¿Te la sabes de memoria? – Preguntó Ichiro moviendo sus brazos, los notaba algo extraños después de la técnica.
- Tuve que leerme ese capítulo más de diez veces hasta entenderlo por fin. No podría olvidarme. – Respondió ella rápidamente.

Ichiro debió reconocer que siempre pensó que Ino era una afortunada que vivía ajena a las realidades del resto de miembros del clan al ser la heredera. Sin embargo, en ese momento comprendió que ella también se había tenido que esforzar mucho para llegar a donde estaba y para aprender todo lo que sabía.

Haber visto a Ino poner en práctica la técnica que él consideraba imposible en ese momento le motivó para esforzarse diez veces más.

- Estudia bien ese libro y ven a buscarme cuando sientas que puedes volver a intentarlo. – Dijo Ino al final. Ichiro asintió con la cabeza.

Ambos se despidieron, ya llevaban varias horas de entrenamiento y se acercaba la hora de la comida, por lo que Ichiro se marchó a su casa, la cual se encontraba en esa misma calle.

Prácticamente todo el clan vivía en aquella calle de Konoha, con la mansión en el centro sirviendo de punto reunión. Hasta las tiendas de la zona eran regentadas por miembros del clan y servían, casi en exclusiva, a otros Yamanaka.

Aquello era lo normal entre casi todos los clanes de la villa, el máximo exponente de aquello fue el Clan Uchiha, quienes llegaron a disponer de un barrio entero para ellos solos. Todo aquello sin duda remarcaba el enorme poder que tenían los clanes en Konoha. Juntos, representaban cerca del 50% del poder militar de la villa.

Ino fue a la cocina a servirse la comida, era raro que la familia comiera unida, por lo que se limitaría a llevársela a su cuarto.

La chica llevaba especialmente triste dos días, aunque se esforzaba para no mostrarlo en público. Solo en su habitación se permitía dejar de sonreír y lamentarse por las decisiones que se había visto forzada a tomar.

Si algo tenía claro es que su lealtad hacia la Villa Oculta de la Hoja era inquebrantable, estaba dispuesta a sacrificar su propia felicidad para garantizar que la paz continuara reinando en su hogar.

Era irónico que, para demostrar su lealtad a la villa, tuviera que alinearse de aquella manera con los viejos del clan, a los que en aquel momento los veía como potenciales traidores y enemigos de Konoha. Las declaraciones de su padre sobre provocar una guerra en la villa la habían asqueado y, si algo tenía claro, es que cuando tomara las riendas de la familia muchas cosas iban a cambiar.

Ino suspiró, cuando terminó de comer se quedó mirando la ventana de su habitación. Luego caminó hacia ella y saltó, aterrizando sobre la calle colindante a la del clan Yamanaka. Sin demasiada prisa se dirigió al exterior de la villa, a los campos de entrenamiento.

Se sorprendió al ver que no había nadie, realmente esperaba encontrarse a su equipo entrenando. Por mucho que hubiera prometido alejarse todo lo que pudiera, tampoco era tan extraño que pasara unas horas por la tarde con ellos.

Pensó que el entrenamiento del día anterior debió de haber ido muy bien si no necesitaban continuarlo al día siguiente. Pensó que, en parte, aquello implicaba que lo más probable es que aprobaran. Ino prometió que seguiría con ellos hasta que todos ascendieran, pero ya había decidido que en cuanto eso pasara abandonaría el grupo para aceptar su primer equipo de Genins.

Para ella todo sería más fácil si se separaba definitivamente de su equipo de siempre y comenzaba una nueva meta profesional al convertirse en Sensei. Aunque seguiría haciendo misiones de forma eventual con ellos, pasaría la mayor parte del tiempo con su nuevo equipo, lo que haría todo mucho más fácil.

Al final, se había entristecido por encontrarles allí, aunque en el fondo sabía que era lo mejor. Shikamaru le seguiría recriminando lo que había hecho, Choji diría alguna cosa que seguramente no querría escuchar y a Naruto debería tratarle como si solo fueran amigos, algo que a estas alturas se le hacía demasiado difícil.

Tras volver a suspirar, algo que hacía muy a menudo últimamente, se sorprendió al verse observada por dos personas que conocía, se trataba de Kakashi Hatake y de Sai. Se preguntó cuánto tiempo llevarían detrás de ella.

- Mmm… hola… - Dijo Ino extrañada, la situación era algo extraña.

Si se los hubiera encontrado en la villa seguramente les habría saludado de forma más amigable. Sin embargo, la forma en la que le habían abordado sin duda implicaba que no había sido un encuentro fortuito.

- Buenas tardes, Ino. – Contestó Kakashi de forma amigable.
- ¿Queríais algo? – Preguntó Ino, esta vez a la defensiva.
- Si, la verdad es que sí. – Dijo Kakashi. – Sai y yo nos hemos pasado toda la noche pensando que miembro del clan Yamanaka era lo suficientemente habilidoso como para llegar hasta Naruto y alterar sus recuerdos. – Añadió después haciendo que el corazón de Ino se detuviera. – Al final nos dimos cuenta de que el único Yamanaka capaz de acercarse tanto… eras tu.

Tras aquella declaración, las pulsaciones de Ino comenzaron a aumentar drásticamente. Incluso podía sentir como le faltaba el aire, aunque se esforzó para que no se notara.

- No se de que habláis. – Respondió Ino tratando de esconder su nerviosismo. Aquello era lo último que esperaba aquella tarde.
- No te hagas la tonta. – Dijo Sai hablando por primera vez. – Me temo que Naruto nos contó hace tiempo el tipo de relación que él y tu manteníais, y por suerte es algo que decidió no contarte.

Se hizo un silencio incomodo, a Ino ya no se le ocurría ni una mala excusa para intentar de hacer ver que lo que estaban diciendo no tenía sentido. Ino cerró los ojos y se mordió el labio, estaba frustrada.

- ¡Shinran Enbu no Jutsu! – Gritó Ino mientras hacia un sello manual a gran velocidad.

Tanto Kakashi como Sai se quedaron totalmente quietos, aquella técnica se trataba de una versión avanzada del Shinranshin no Jutsu, permitiendo controlar a distancia los movimientos de más de una persona al mismo tiempo.

Ino se abalanzó hacia ellos dos, su única esperanza era poder ponerlos a dormir lo antes posible y hacer desaparecer los recuerdos que aquellos dos tenían sobre la naturaleza de la relación que habían tenido Naruto y ella.

Cuando llego a ellos, sacó de su estuche un potente somnífero que se había fabricado con las flores que se cosechaban y vendían en la floristería familiar. Sin embargo, antes de que pudiera completar sus intenciones el cuerpo de Kakashi Hatake se deshizo en relámpagos que se dispersaron en todas direcciones, golpeando en el proceso el cuerpo de Ino y entumeciendo su cuerpo.

- "Un clon…" – Pensó Ino mientras intentaba recuperarse de la descarga.

El verdadero Kakashi salió del suelo sujetando firmemente los tobillos de Ino. Al mismo tiempo, Sai se colocó tras ella y, tras un rápido movimiento, Ino terminó bocabajo en el suelo mientras el Shinobi de la Raíz estaba sobre ella inmovilizando sus brazos.

- Ha sido un buen intento. – Dijo Kakashi sacudiéndose el polvo.
- ¡Suéltame! – Grito Ino intentando zafarse del agarre de Sai.
- Ino… solo queremos hablar. Asume que no vas a derrotarnos y te soltaremos. – Dijo Kakashi haciendo que Ino se tranquilizara.
- Está bien… - Contestó Ino frustrada.

Kakashi le hizo una señal a Sai para que la soltara. Luego se incorporó avergonzada por haber intentado atacar a dos shinobis a los que consideraba amigos y, especialmente, por haber sido derrotada de manera incuestionable. Sin duda Kakashi Hatake no era un objetivo cualquiera.

Si había podido derrotarla con un simple clon implicaba que, o bien había podido crear el clon en el instante anterior al ataque de Ino o que Kakashi ya sabía desde el principio que ella le iba a atacar y ya estaba preparado. Cualquiera de las dos opciones implicaba que, sin duda, Ino no podría hacer nada contra alguien como él.

- ¿Qué es lo que queréis? – Preguntó Ino frustrada.
- Solo queremos saber porque lo hiciste. – Dijo Sai una vez se hubo levantado.
- Sabéis perfectamente que si lo he hecho es porque me han obligado. – Contesto Ino tan enfadada que incluso tenía ganas de llorar.

Debía reconocer que le había molestado descubrir que Naruto le había contado todo a aquellos dos a espaldas de ella, pero eran sus dos mejores amigos, al fin y al cabo. Cuando borró sus recuerdos lo hizo tratando de respetar su privacidad. Estuvo tentada de espiarle y conocer de primera mano los pensamientos de Naruto, pero incluso en aquel momento decidió que aquello no estaba bien.

Se limitó a eliminar sistemáticamente todos los recuerdos y pensamientos que Naruto tenía sobre ella para, después, sustituirlos por recuerdos e ideas similares a las que podía tener cuando no eran más que maestro y alumna.

- Sabes que Inoichi no tiene ningún derecho real a obligarte. – Dijo Kakashi tratando de comprender a Ino.
- Kakashi-Sensei… amenazó con matar a Naruto… le da igual lo que diga la ley. – Contestó Ino frustrada.
- Ino-San… Inoichi-Dono no tiene la capacidad de asesinar a Naruto y no dejar rastro. – Dijo Sai, la explicación de Ino parecía no satisfacerle.
- Mi padre lo sabe… ese es el único motivo por el que Naruto sigue vivo. Pero también dijo que, si no lo hacía, mataría a Naruto por cualquier medio… incluso aunque implicara declarar la guerra a la Hokage.
- Ya veo… - Dijo Kakashi sobándose el mentón. – El resto de los clanes apoyaría al clan Yamanaka, es lo más lógico. Y puede que también… - Esto último lo dijo mirando directamente a Sai.

Kakashi sabía que no podía preguntarle nada sobre Raiz a Sai de forma directa, eso implicaría que el propio Danzo descubriría que Sai estaba trabajando de agente doble para la Hokage. Sin duda los Jutsus de sellado a los que había sido sometido eran muy eficaces.

- Pero aun así no importa, no está bien que Inoichi se salga con la suya. – Dijo Kakashi muy serio. – Aunque implique una guerra… aunque implique que buenos ninjas mueran… no podemos permitir que un clan de Konoha actúe de esta manera.

Kakashi estaba muy frustrado, en Konoha siempre habían existido poderes en la sombra que, en más de una ocasión, habían incluso tenido mayor poder que el propio Hokage. Que ahora hasta los clanes actuaran así era algo intolerable.

- No hace falta que suframos una guerra. – Dijo Ino casi desesperada. – Cuando mi padre muera… yo seré la líder… y lo cambiaré todo. Las cosas no volverán a ser como antes. Solo hay que… esperar…

Se hizo un silencio incómodo. Para Ino era lógico, por mucho que la forma de actuar del clan Yamanaka fuera muy reprochable, solo debía asegurarse de no imitar el comportamiento de sus antecesores.

- Ino-San… podemos buscar una solución. Debes devolverle los recuerdos a Naruto-Kun. Solo imagínate que diría… que pensaría si no tuviera la oportunidad de ayudarte. – Dijo Sai pensando en su mejor amigo.

Ino se quedó callada, aquello era demasiado triste. Sus ojos se aguaron de nuevo, aunque se esforzó por no llorar.

- Sai… no lo entiendes… no escondí los recuerdos de Naruto. No es algo que se pueda devolver… destruí los recuerdos de Naruto… los cambié por otros diferentes. – Confesó Ino totalmente frustrada. Pensar en aquello le dolía demasiado.
- No puede ser Ino… no existe ningún Jutsu así. – Dijo Kakashi extrañado. Conocía todas las técnicas del Clan Yamanaka, nunca había oído hablar de una así.
- Kakashi-Sensei… puedo prometerte que si… si existe. Pero Konoha no lo sabe… de hecho… ni siquiera el clan lo sabe. Solo mi padre y yo… - Confesó Ino.
- Un Jutsu que solo heredan los lideres del clan. – Dijo Sai, de aquella forma era muy viable mantener una técnica en el más estricto secreto.

Kakashi se quedó en silencio, empezó a pensar en todo lo que aquello implicaba. Que alguien como Inoichi tuviera a su disposición una técnica capaz de alterar los recuerdos de alguien y manipularlos a voluntad sin dejar rastro era demasiado peligroso. No pudo evitar preguntarse cuantas veces lo habría utilizado ya.

- Kakashi-San… lo dije hace tiempo… al final la única solución es asesinar a Inoichi-Dono. – Dijo Sai de una forma tan fría que incluso heló la sangre de Ino. – Un Jutsu así pone en peligro la estabilidad de la Villa y que los Yamanaka lo hayan mantenido en el más estricto secreto solo implica que es un Jutsu que se utiliza contra Konoha.

Esta vez Kakashi no dijo nada, incluso para él empezaba a parecer la única solución valida. Ino simplemente se limitó a reír de forma incrédula.

- Mi padre es el mejor ninja sensor de la villa… puede que hasta del mundo. ¿De verdad esperáis poder asesinarle? – Preguntó Ino tratando de devolverles a la realidad. – Mi padre tiene impuesta una barrera sobre la mansión… sabe perfectamente quien sale y quien entra. ¿Cómo lo haríais? Y os puedo asegurar que fuera de la mansión es aún más paranoico…
- ¿Estás segura? Naruto una vez me contó que cuando estabais entrenando con el Suiton te llevó a tu casa, hasta tu cuarto, porque te desmayaste. – Dijo Kakashi dudando de la versión de Ino. - ¿Inoichi no debería haber entrado en colera? Con lo que odia a Naruto…

Ino se quedó en silencio por un momento.

- Cuando tenía quince años… cree un punto muerto en la barrera. Por él puedo entrar y salir de casa sin que mi padre lo sepa. – Confesó Ino. – No es que la barrera tenga un agujero allí, mi padre lo sabría. Más bien… es un punto que no se puede activar al mismo tiempo que simula que todo está normal…
- Entonces no es imposible. – Dijo Sai rápidamente. – Pero no podemos hacerlo solos. – Añadió después mirando a Ino.

Ella pensó en todo lo que había pasado, pensó en la historia que su madre le contó sobre como la familia había asesinado a su novio, pensó en el chantaje al que su padre le había sometido, pensó en el odio visceral que sentía por Naruto y pensó en cuantas veces había podido socavar el interés general de Konoha en beneficio del clan a través de un Jutsu que jamás debería haberse inventado.

- Está bien… os ayudaré… os ayudaré a matar a mi padre. – Dijo Ino.

Incluso sintiendo un odio tan profundo hacía su progenitor como el que ella sentía, esa frase sonaba demasiado pesada y dolorosa. Pero si algo sabía es que era lo mejor, una vez tomara las riendas del clan las cosas serían muy diferentes.

CONTINUARÁ...