Disclaimer: Los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi, algunas escenas son de películas, y lo demás es mío.

¡HOLA! Ya sé que no tengo cara para venir aquí después de tres años de abandono, pero aquí ando. Y tengo la esperanza de terminar Collage pronto X'D aunque la mayoría de mis lectores ya crecieron y se fueron o dejaron fanfiction (sad) XDDD Quiero empezar a subir de nuevo, y me está costando, es como si fuera nueva de nuevo. D: Una de las razones por las cuales me tardé tanto fue porque no quería volver a empezar, pero tampoco me sentía bien dejando todo inconcluso. Es raro.

Volví a leer la novela de nuevo para ubicarme, y me di cuenta que el drama no es lo mío (gosh, en qué estaba pensando cuando hice tanto desmadre en esta historia) XDDD por eso mis demás novelas son de misterio haha. Bueno, Collage la empecé a escribir hace cinco años y hay muchas cosas que veo ahora de esta obra que no me encantan X'D pero bueeeno, intentaré terminarla con la misma esencia telenovelezca que tiene.

Subí un nuevo fic de mafia, donde Sessh es el sexy guardaespaldas de una tierna y adorable Rin XD Se llama Tentación Peligrosa ;)

Ayer subí el cap. 3 de Infiltrada

Mañana pienso actualizar HOF

Después SIRBY

Después Tentación Peligrosa, Infiltrada, Collage de nuevo, Hof, Sirby y así.

Espero que me perdonen por haberme ido, pero en ese entonces tenía muchos problemas personales. He vuelto, soy una nueva persona y quiero terminar mis fics X'D espero que les guste este capítulo. Un beso y un abrazo de disculpas por haberme largado de ese modo. Los amo.

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18

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Domingo 08 de noviembre, 2015

Sesshomaru llegó a la agencian muy temprano, Sólo estaban Hakudoshi y Sara discutiendo, en una de las salas de juntas con un montón de papeles regados por todos lados. Sesshomaru entró y ambos guardaron silencio. Desde afuera Sesshomaru pudo escuchar perfectamente como Hakudoshi reprendía a Sara por seguir interfiriendo en su trabajo, Sesshomaru recordaba haberla dejado con el equipo creativo, no sabía porque la joven lo desobedeció, pero estaba por averiguarlo.

—Sesshomaru —lo nombró la joven—. ¿Es cierto que viste a Rin en México?, ¿estaban en México juntos?, ¿qué pasó?, ¿qué te dijo?

El peliplata se desorientó por sus preguntas, ¿a ella qué carajos le importaba si la había visto o no?

—No tengo que rendirte cuentas a ti, recuerda que entraste a esta agencia por la relación que tengo con tu padre, pero puedo presidir de ti en cualquier momento.

La joven se quedó de piedra y giró su rostro en otra dirección.

—Te hace falta un arete.

—¿Qué? —preguntó Sara tocando sus orejas—. Debió haberse caído.

Sesshomaru y Hakudoshi empezaron a discutir lo que estaba pasando mientras Sara buscaba su arete, eran pendientes de oro con un zafiro incrustado por lo cual se le veía algo apurada en encontrar el par de su arete valioso.

Hakudoshi le informó a Sesshomaru que la marca de Miko's Clothes quería trabajar con Rin, Sesshomaru asumió que trabajarían con la otra agencia, que tenían el plan que Rin había desarrollado con su equipo, sin embargo, estaba incorrecto. Hakudoshi se entrevistó con los socios y le tenía noticias interesantes, sin embargo, el albino estaba cansado de trabajar a tientas. Si Sesshomaru no le decía lo que estaba pasando, Hakudoshi no podía hacer nada por él.

—Necesito que me expliques qué pasó con Rin. ¿Por qué renunció?, necesito saber, esto es un verdadero desastre sin ella aquí.

—Eso no es tu incumbencia.

—Lo es sí afecta mi trabajo, y su ausencia, los problemas con la marca de ropa y Sara metiendo sus narices en todos lados afectan mi trabajo, así que Sesshomaru, o me dices qué está pasando o nos vamos todos a la mierda.

Sesshomaru entendió que aquello ya no tenía remedio. Lo llevó a su oficina y le contó todo lo que pasó con ella. Hakudoshi lo veía con cierto asco mientras Sesshomaru le mostraba las supuestas evidencias contra Rin.

Después de eso ambos comenzaron a llamarle y a dejarle mensajes por todos los medios posibles, sin recibir respuesta de la joven. La única forma de no perder lo que llevaban con Miko's Clothes era con Rin a la cabeza del proyecto.

—Sara —llamó Sesshomaru, la joven que estaba como loca buscando su arete en todos lados donde se le pudo caer, alzó la vista al peliplata que la llamaba desde su oficina—. Necesito que busques en la computadora de Rin esa propuesta de Miko's Clothes, si no la encuentras, te despido.

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Ayame se sentía muy triste debido a la reciente confrontación con Koga, sentía una presión en su pecho. Quizá, al final del día Koga no estaba interesado por ella de manera romántica. Él se lo había dicho en pocas palabras, le generaba un poco de lástima, como un cachorro o algo así. Pues bien, tampoco estaba desesperada por su atención. Esa mañana recibió la llamada de Ginta, quien al parecer sí era real, y no sólo eso. También quería salir con ella. Así que ahí estaba arreglándose para salir a una cita con Ginta, el amigo de Koga al que quizá sí le gustaría ella, según Koga.

Se sintió tonta una vez que el moreno del bar la rechazó de esa manera, pero él tenía razón en una cosa. Pareciera como si sus clases no hubiesen servido de nada porque había vuelto a cometer el error de asumir cosas por culpa de "señales". En cambio, la llamada de Ginta era algo tangible, el primer movimiento lo dio él, así que Ayame estaba dispuesta a salir con el chico y conocerlo, quizá ese era el hombre que había estado buscando, el que sí la llamaría.

Estuvo horas con una toalla enredada en el cuerpo mientras metía y sacaba ropa del armario, no encontraba algo que realmente le llamara la atención, y no podía pedirle ayuda a nadie. Rin no contestaba el teléfono y Kagome seguía cuidando del abuelo con Yuka.

—Bien, esto no debe ser tan difícil.

Comenzó a probarse ropa hasta que encontró una blusa sin tirantes que le gustó y unos jeans negros entubados, se probó varios pares de zapatos hasta que se decidió por unos tacones discretos y después encontró el abrigo perfecto. El clima comenzaba a sentirse muy frío en esa época del año.

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Koga convocó a sus empleados a una junta esa mañana, todo el mundo estaba incómodo debido a sus recientes errores en cuanto a horarios, turnos, nombres, todo. Koga no entendía por qué no podía concentrarse, se sentía muy extraño y las miradas de sus empleados, cuestionando todo, le impedían poner orden en su cabeza.

—Entonces, Tairon, tú cubres de cuatro a seis y apóyame con los ebrios si los hay.

—No, espera, ese no es mi turno, he trabajado dieciocho meses de ocho a diez.

—Ay, discúlpame —Koga se talló el puente de la nariz, tomó su pluma y tachó algo en su libreta. Todo lo que estaba diciendo y haciendo estaba mal.

—Louis —llamó—. Tú cubres de cuatro a seis entonces.

Las carcajadas no se hicieron esperar. La única que no reía era Yura quien lo veía bastante preocupada.

—Renunció —contestó Tairon—. Se fue hace como diez meses.

—¿Alguien sabe por qué los convoqué a esta junta? —todos negaron, algunos con pesadez, otros con tonos burlones—. Entonces, am, pueden irse a trabajar.

Todos comenzaron a irse, Koga alcanzó a Yura.

—Oye, Yura, ¿me llamó alguien?

—Desde que me preguntaste hace once minutos, no. Ni una sola llamada —la joven observó curiosa la actitud del moreno, revisaba su celular con desesperación e incluso verificaba si tenía o no señal. Una sonrisa surcó sus labios—. No puedo creerlo —Koga la miró—. ¿Quién es?

—¿Qué? —preguntó sin entender sus acusaciones.

—La chica, Koga —contestó como si fuese lo más obvio del mundo.

—No hay chica —contestó el moreno serio. Ella se carcajeó.

—No puedes esconderlo, conozco a los que caen, y a ti ya te flecharon —desvió su mirada y acomodó los menús que tenía enfrente. Él también comenzó a reír, nervioso.

—Ay, por favor —comenzó a andar hacia su oficina, ello lo siguió.

—No puedo creerlo. No puedes concentrarte, ¿no es cierto?, te pone nervioso el teléfono, además revisas tu mail cien veces al día, deseando escribir canciones… —Koga sólo reía más mientras huía a la seguridad de su oficina, pero Yura no le dio tregua—. Sientes la imperiosa necesidad de nombrarla en cualquier conversación —Koga entró en su oficina y se giró a la chica para que no entrara, ella se quedó en el umbral de la puerta, con las manos evitando que él pudiera cerrar—. Siempre es lo mismo, y a ti ya te pasó amigo mío.

La cara de Koga se deformó al darse cuenta de que Yura tenía razón.

—Ay, no…

—Bienvenido a mi mundo, tarado. —él entendió que eso último se debía a su última charla—. ¿Te cierro la puerta? —ella enarcó una ceja y cerró sin más.

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Tener a Byakuya y a Jakotsu peleando en el desayuno-comida, no era precisamente como deseaba pasar su domingo. Aunque seguía siendo mejor que ver a Sesshomaru, todavía le resultaba increíble que se toparan en México. Se comportó como una tonta, siguiendo el juego con el joven Alex. Era lindo saber que despertaba el interés de hombres atractivos y exitosos, eso le ayudó a mejorar su autoestima, y ver a Sesshomaru celoso le gustó, tal vez demasiado.

—No sé cómo pudo desconfiar de ti de esa manera —comentó Jakotsu mientras devoraba un sándwich, sus asperezas con Byakuya quedaron de lado una vez que ella empezó a contarles su historia—. Aunque esa llamada que le mostraron debió estar muy bien hecha como para que se lo creyera, Sesshomaru aparenta ser un hombre muy listo, supongo que a veces las apariencias engañan.

—Dijo que llamó a telefónica y que le dieron el mismo audio —suspiró Rin—. He pensado en hablar también y ver qué pasa.

—¿De verdad no piensas perdonarlo cuando todo esto se solucione? —quiso saber Byakuya—. La tensión entre ustedes es muy evidente querida.

—Lo sé. A pesar de ya no ser nada, no me puedo controlar si se trata de él —sus labios se curvaron, pero la sonrisa no le llegó a los ojos.

—¿Por eso coqueteaste tanto con Alex? —Byakuya enarcó una ceja acusatoria en su dirección. Rin se sonrojó demasiado—. Le causaste un gran impacto.

—No, él era amable conmigo porque era la única mujer de sus invitados, además no le coqueteé, sólo dejé que fuera amable conmigo —contestó, intentando ocultar sus verdaderas intenciones, seguía avergonzada por ello.

—¿No te invitó a quedarte en México? —Byakuya tenía oídos en todas partes.

—Claro que no —contestó a la defensiva—. Creo que él entendió toda la situación —o al menos eso quería creer. Alex la dejó sola con Sesshomaru en varias ocasiones, Rin creía que adrede.

—Eso no contesta la pregunta —le acusó Jakotsu—. ¿Piensas que puedes olvidarte de él y seguir con tu vida? Por más que se lo merezca, eso te va a herir mucho a ti, porque lo quieres.

Como si no estuviese herida ya.

Después de discutir el tema con los chicos, Rin se quedó pensativa mientras Jakotsu recogía la mesa. ¿Podía vivir una vida sin Sesshomaru? Si le había costado mucho superarlo cuando se fue cinco años atrás, ¿cómo iba a superar su reciente relación? Siendo esa última mucho más intensa, profunda y seria que la primera. No iba a ser imposible, vivió muy bien antes de recordar su existencia, antes de la llamada de Ayame. Así que sí, estaba segura de que iba a reponerse.

—Lo superaré —contestó por fin—. Mi único asunto personal con él es limpiar mi nombre.

Byakuya se acercó a ella y le puso la mano en su hombro.

—Rin, la verdad se defiende sola. Sólo necesita paciencia para saber cuándo…

—Gracias —contestó sin levantar la vista.

Jakotsu puso un plato hondo lleno de helado de mala manera enfrente de ella. Después colocó sus brazos en jarra y la miró aparentando estar muy molesto.

—Rin ¡aunque estés triste deja de bajar la cabeza! —Jakotsu le levantó el mentón rápidamente—. ¡Que no ves que se te hace papada y se ve horrible!

Ni Rin ni Byakuya pudieron evitar la sonora carcajada que salió de ambos. Rin sintió que verdaderamente estaba preocupando a sus amigos, y era así porque la apreciaban, así que tomó una de las cucharas y comenzó a comer helado, siendo imitada por el peculiar par que le hacía compañía en esa situación tan difícil.

Cuando terminaron de comer el enorme plato de helado, ya habían dado las cinco de la tarde. Entre su desayuno-comida, plática paso a paso de su situación y el helado, les había dado el atardecer. Rin se dignó en ese momento a prender su celular. Tenía un montón de llamadas perdidas, tanto de Sesshomaru como de Hakudoshi. Al igual que un sinfín de mensajes, los cuales prefirió no abrir. Ese día no.

Redacto una respuesta al horario que el ambarino le había mandado, con los horarios que a ella mejor le convenían. Se disculpó por no atenderlo ese día, y volvió a apagar su celular.

Algo debió pasar para que insistiera tanto en hablar con ella, pero Rin no quería conocer el motivo.

El timbre sonó sacándola de sus cavilaciones, temiendo que fuese Sesshomaru no contestó, se levantó y usó la mirilla de la puerta. No había ningún Sesshomaru, era Hakudoshi, veía solo. Habían hablado un poco en México y el desconocía por qué razón Sesshomaru la había echado.

La castaña abrió la puerta.

—¿Hola? —saludó ella, el chico no mostraba ninguna expresión.

—¿Podemos hablar?

Rin asintió saliendo de su departamento, cerrando la puerta tras de sí. No quería que Jakotsu y Byakuya escucharan la charla. Realmente Hakudoshi era de su agrado, aunque en el fondo sentía que no podía confiar en nadie de esa empresa, ¿así se habría sentido Sesshomaru?, ¿a ciegas?

—No contestaste llamadas ni mensajes.

—Es domingo y mi celular está apagado —contestó Rin—. Le mandé apenas un correo a tu jefe para ponernos de acuerdo en cuanto a la empresa mexicana respecta.

Miko's clothes no quiere que la otra agencia maneje sus campañas de mercadotecnia.

Rin entendió que incluso si no se hubiesen presentado problemas, la propuesta de Hakudoshi hubiese vencido a la suya, aquello era interesante, seguramente se había esforzado mucho para vencerla. Sonrió.

—Felicidades.

—Pero quieren tu propuesta —la interrumpió—. Uno de los socios que tuvo trato contigo reconoció tu trabajo, aunque lo presentara alguien más —según lo que recordaba de su discusión con Sesshomaru, su información la tenía otra agencia. Por eso la había corrido tan violentamente. Además de acusarla de sabotear otros proyectos más—. La agencia les presentó tu trabajo, uno de los socios lo reconoció y preguntó por ti, en la agencia intentaron manchar tu nombre diciendo que tú misma la habías proporcionado. Los de Miko's Clothes no lo creen así, quieren trabajar sólo contigo y con tu trabajo y la agencia no puede hacer que tú te presentes a pesar de decir que les diste ese trabajo, extraño, ¿no te parece? Desconozco cómo fue que lo perdiste, pero a diferencia de Sesshomaru, yo creo que eres inocente.

Era la primera vez que Hakudoshi hablaba con tanta seriedad, no se veía ni divertido ni molesto, ni menos altanero como generalmente se mostraba.

—Así que es por eso —murmuró Rin más para ella misma, que para Hakudoshi. Por esa razón a Sesshomaru le urgía contactarla, porque ella era su boleto para trabajar con esa marca. La veía como una herramienta para su agencia, no como a la chica que hizo pedazos con sus hirientes comentarios.

—Tu trabajo se recuperó, Sesshomaru hizo que Sara lo rescatara del respaldo de la computadora, así que sólo falta que termines los presupuestos.

Rin cerró los ojos y negó con la cabeza. ¿En serio Sesshomaru creía que ella iba a hacer ese trabajo para él? La conocía muy poco.

—No pienso regresar a la empresa de Sesshomaru —contestó Rin—. Vamos a trabajar en línea para la textil mexicana y sólo cuando sea necesario, tendremos alguna que otra junta.

—Lo sabemos —dijo Hakudoshi—. Pero de todos modos vine a decirte que Miko's Clothes está de tu lado. Sesshomaru me contó lo que pasó, bueno lo que él cree que pasó, la razón por la que te corrió de la agencia. Yo no quiero esto, no quiero este puesto de esta manera.

Rin sonrió, quería aferrarse a las palabras de Hakudoshi. Él creía en su inocencia, pese a la evidencia que seguramente Sesshomaru le mostró. Eso la hizo feliz. Muy feliz.

—Hakudoshi, ¿sabes quién le dio a Sesshomaru las supuestas pruebas inculpándome? —Rin lo miró a los ojos, sentía como se le hacía un nudo en la garganta y sus ojos comenzaban a aguarse.

—Además de mí, a quién más no soportas en la oficina.

—Sara —contestó Rin.

Hakudoshi asintió.

Perfecto, aquello era perfecto. Sara se portaba con ella demasiado bien, tanto como para Rin pensara de buenas a primeras que ella tenía algo que ver. Había jugado bien sus cartas, pero ¿por qué ella? Rin no recordaba haberle hecho algo tan malo como para que se desquitara de esa manera. Aun así, todo se lo había dejado muy fácil, demasiado. Sara entraba y salía de su oficina a su antojo, y era una experta en computadoras. Todo estaba demasiado claro en ese momento para ella. ¿Cuántas llamadas había contestado en su presencia? O la había grabado o tenía su teléfono intervenido. De cualquier forma Rin fue un blanco fácil.

—Fui tan tonta —se dijo llevándose las manos a la cabeza.

—Rin —hablo Hakudoshi, seguía en un tono muy serio—. Sesshomaru no confía en nadie, ¿por qué sería diferente con alguien con quien salió apenas un par de meses?

Rin frunció el ceño. Ellos ya se conocían de antes, aunque en un punto tenía razón, casi no sabían nada el uno del otro.

—Confió en Sara.

—Confió en las pruebas que ella le dio que es distinto.

—Tú confías en mí —replicó Rin volteando a verlo.

—Me voy a arrepentir de esto —murmuró Hakudoshi para sí—. Yo no soy Sesshomaru, mi infancia no se dio en medio de una batalla de traiciones e infidelidades de mis padres. Yo sí me puedo dar el lujo de confiar en castañas caprichosas.

—Gracias —contestó Rin con sarcasmo.

Se dio cuenta que conocía muy poco a Sesshomaru, todo en su relación era buen sexo, salidas lujosas y trabajo. Si Rin conocía a Irasue y sabía de sus infidelidades en sus matrimonios era porque ella se había plantado de frente para conocerla. Sesshomaru no le habló mucho de su familia, sabía por Ayame que Kagome era su cuñada, o algo parecido, y que tenía un medio hermano llamado Inuyasha. Fuera de eso él conocía sobre sus padres por su expediente en la universidad. Y ya, eran dos extraños que tenían una fuerte tensión sexual.

—En algún momento se dará cuenta de su error, quizá ya está cerca. ¿Qué harás al respecto?

—Nada —contestó Rin sincera—. No tengo fuerzas de hacer nada.

—Lo tendré en cuenta —contestó Hakudoshi, mostrando por primera vez su arrogante sonrisa.

Rin le sonrió de vuelta, con cansancio y el chico le dio la espalda para irse. Rin regresó al departamento, apenas abrió la puerta el par de amigos que tenía dentro trastabillaron cuando su soporte en la puerta se movió.

—¿A ustedes qué les pasa? —quiso saber Rin, ambos retrocedieron y se hicieron los desentendidos.

—No sé de qué hablas, mejor bajo a ver cómo está mi departamento.

Jakotsu se escapó, pero Byakuya estaba allí.

—Yo debería buscar un hotel, no sé cuánto tiempo requieres que me quede aquí, pero mi presupuesto se está acabando.

—No te quedes en un hotel, quédate aquí conmigo —le pidió Rin—. Byakuya si no estás conmigo no voy a ser capaz de volver a ver a ese hombre. Por favor.

Byakuya era una persona que detestaba el drama, y para él aquella situación era muy dramática. Si Rin no fuese realmente importante para él, ya estaría regresando a su casa. Sin embargo, Rin sí era importante y no podía dejarla en esa situación tan incómoda.

—Me voy a quedar, sólo porque sé que me necesitas.

—Gracias.

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Ayame caminaba al lado de Ginta, acababa de tener la mejor de sus citas en años. Ginta era amable y muy divertido, estaba interesado realmente en conocerla, además era guapo. Ella se sentía soñada, aunque no quería emocionarse y pasarse el resto de la semana esperando otra llamada suya. Se dijo que sería diferente, si las cosas fluían entre ellos, ella se dejaría llevar por la corriente. Y sí que las cosas fluían. Ningún otro chico había mostrado tanto interés en sus gustos, su trabajo, sus pasatiempos como Ginta. ¿Realmente le estaba gustando a alguien? Estaba realmente feliz.

Abrió la puerta de su departamento y entró, girándose hacia él, quien tenía la misma sonrisa boba que ella.

—Un placer conocerte —le dijo con las mejillas arreboladas.

—Gracias Ayame, fue una tarde inolvidable —Ginta se acercó para darle un abrazo que ella recibió gustosa.

—A ti. Buenas noches.

El chico se alejó un poco y se despidió con un movimiento de mano. Ayame cerró la puerta, se quitó el abrigo y se dirigió a la cocina por un vaso de agua, vería un rato televisión antes de irse a dormir, también tenía que hablarle a Kagome para saber cómo seguía su abuelo. Dos golpes se escucharon en la puerta. Sonrió pensando que Ginta había regresado a decirle algo más, y se apresuró a abrir.

—¿Olvidaste al… go? —no se molestó en ocultar su sorpresa al ver a Koga enfrente de ella.

—Sí —contestó el moreno.

Ella se cruzó de brazos a la defensiva. Era desconcertante verlo.

—Ah, ¿sí?, ¿qué se te olvidó?

Koga rebuscó en el bolsillo de su abrigo, y sacó el bolígrafo que ella le había dado cuando inventó que ese objeto pertenecía a Hakkaku. La vez que se conocieron en su bar. El causante de todos fue ese bendito objeto.

—Esto.

Ella sonrió.

—Así que estás aquí pasadas las once de la noche sólo para devolverme un bolígrafo? —preguntó al tiempo que lo tomaba, aún tenía una discreta sonrisa.

—Sí, sí… Creí que necesitaba presentarme con una buena excusa al venir —la miró con una sonrisa lobuna—. ¿No es así como se hace?

—A veces —murmuró intentando ocultar su alegría.

—No puedo dejar de pensar en ti, es un problema y a menudo vengo, a veces llamo y luego cuelgo, me estoy convirtiendo en…

—En mí —terminó Ayame, él asintió.

—Ja, sí.

—Un sabio me dijo que, si un chico quiere estar con una chica, hará lo posible sin importar nada.

—Es cierto —confirmó.

—Pero, cuando se me ocurrió abalanzarme sobre ti —Ayame agachó la cabeza—, no pareciste muy convencido.

—Sí, es cierto —confirmó el moreno acercándose a ella—. Te lo explicaré. Estaba acostumbrado a mantener mi distancia con todas las mujeres y tener el poder. No sabía lo que se sentía cuando uno se enamora de una mujer. No lo sabía.

—Okay, salí con Ginta —interrumpió Ayame.

—Sí —Koga lo vio salir del conjunto de departamentos y supuso que eso había pasado, cometió el error de darle su número.

—El podría ser justo lo que necesito sin tanto drama. Llama y hace lo que dice.

—Yo podría hacerlo —dio un paso hacia la pelirroja, mismo que ella retrocedió.

—Pero no lo hiciste —exclamó con molestia—, y el mismo sabio me dijo que yo soy la regla y que debo dejar de pensar que todos los chicos cambiarán, y que debo dejar de pensar…

Ayame no pudo terminar porque Koga calló sus quejas con sus labios, dándole un tierno beso que la dejó perpleja.

—Yo soy la excepción —murmuró cuando Koga se alejó apenas.

—Tú eres mi excepción —contestó él volviendo a volcar sus labios sobre los de ella.

Ayame sintió que sus piernas le fallaban y se aferró al moreno. Nunca nadie la había besado así jamás. Una calidez la invadió y sabía que simplemente no podía resistirse a Koga, él estaba allí, demostrando lo mucho que le importaba y ella no podía hacerse la tonta. Lo quería, de verdad. Aquello era sólo el principio de algo mucho más grande.

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Lunes 09 de noviembre, 2015

Sesshomaru estaba colérico en su oficina. Rin había ignorado todos sus mensajes y llamadas, seguramente mantenía el móvil apagado. Entendía perfectamente por qué ella no quería cruzar palabras con él, sin embargo, sentía que podía hacerla cambiar de opinión, aquella oportunidad era buena para ambos.

—Señor Sesshomaru —Kaede entró a su oficina—. ¿Podemos hablar?

Sesshomaru no contestó, le señaló una de las sillas delante de su escritorio, la señora se sentó.

—Ya me han informado por qué razón Rin ya no trabaja aquí —mencionó la señora, sin decirle quién, aunque no era algo muy difícil de saber, el único que lo sabía era Hakudoshi—. Rin fue uno de los mejores elementos de la empresa desde que su padre se retiró.

—Era una farsa, estaba saboteando a la empresa desde adentro —espetó molesto. No tenía idea de por qué la señora estaba ahí, después de que su vida se tornara un verdadero martirio, de pronto todos quería echarle sal a la herida.

—Joven Sesshomaru, usted lo cree así por las palabras de la señorita Sara... —Kaede dejó escapar un suspiro—. Realmente llegué a temer que se quedara solo toda la vida —soltó sin miramientos—, y cuando le vi con ella juré que estaba soñando, ella le hacía feliz, señor Sesshomaru. Ya no veía más a aquel hombre frío y poco expresivo —lo meditó un momento—. Bueno seguía siendo así, pero diferente. Rin lo suavizaba.

—Quería mi confianza —y la tuvo, calló.

—Y se la dio y no tiene nada de malo —Kaede arremetió en su contra—, ella es dulce y fiel a sus creencias, en cambio Sara…

—Es la hija de Daishi.

—¿Sabía que sus padres están separados? —Sesshomaru no conocía ese detalle—, ¿es consciente de que ella se crio con su madre? —Sesshomaru elevó una ceja sin comprender sus referencias—. La madre de Sara fue una de las amantes de su padre cuando empezó con la agencia de publicidad, es irónico que esa mujer tenía el mismo puesto que Rin tuvo. Cuando Inu Taisho decidió separarse de Irasue para quedarse con la madre de su medio hermano... Bueno, ¿quién cree que fue la primera en perder su trabajo por haber tenido una aventura con su señor padre?

—Insinúas que Sara tuvo algo que ver con la traición de Rin...

—No insinúo nada, se lo digo de frente y sin pelos en la lengua —Kaede frunció el ceño, algo muy raro en la señora—. Sara es la traidora, y que me parta un rayo si miento.

—Kaede, tus acusaciones no tienen ningún fundamento.

—Ella fue la más beneficiada con el despido de Rin, pues no sólo ganó un lugar en su empresa sino también su confianza, y mientras usted acusa a Rin, está dejando que Sara tire su agencia por la ventana, y encima todavía sigue pensando que Rin es la mala del cuento —Kaede robó una bocanada de aire—. Yo dudaría más de sus valores Sesshomaru, que de los de Rin. Y, ¿sabe? Si yo fuera Rin no se perdonaría, pero ella es muy blanda... Quizá demasiado buena para usted y por eso el destino la movió de su camino —la señora se puso de pie—. Para que no pudiera dañarla más de lo que ya ha hecho —le dio la espalda sin dejarlo contestar.

El peliplata se quedó pensando en las palabras de la señora Kaede. Esa señora trabajó con su padre muchísimos años, seguramente conocía todos los detalles de su vida privada. No se sentía molesto con ella, aunque debería estarlo, por la manera en la que le habló. Sin embargo, sopesó todas sus palabras. Quizá, Sara buscaba vengar a su madre.

Salió de su oficina, Kaede estaba haciendo su trabajo, la pasó de largo, Yuka se encontraba recogiendo todas sus cosas, no había podido hacerlo porque el abuelo de Kagome, su cuñada, había tenido un ataque y ella se había quedado con Kagome y Ayame a cuidar del viejo. Esa era una de las razones por las cuales su agencia estaba de cabeza en ese momento. Ayame se presentó ese día a trabajar, sin embargo, Yuka fue sólo a recoger sus cosas.

—Yuka —la llamó.

—Dígame señor —contestó la joven, deteniéndose.

—¿Cuántas veces viste a Sara en esta oficina? —señaló la oficina de Rin.

—Varias veces, se quedaba esperando a Rin dentro, y también se quedaba ahí cuando ella salía. Decía que estaba aprendiendo mucho de ella.

Sesshomaru entró. Aquella oficina ya estaba ordenada, y no había nada de Rin dentro, seguramente Yuka o Ayame habían recogido sus pertenencias, Hakudoshi estaba guardando sus propias cosas para habitar esa oficina, así que ya no sería más la oficina de Rin. El peliplata salió de ahí, pero no regresó a su oficina. Fue directo al estacionamiento, había alguien a quien debía ver para obtener más información.

Manejó hasta llegar a la agencia de Bankotsu, se presentó en la recepción, lo más esperado era que lo echaran del lugar, no obstante, la joven recepcionista lo hizo pasar y le indicó cómo llegar a la oficina del moreno. Sesshomaru esperó cerca de diez minutos antes de que Bankotsu lo hiciera pasar.

—¿Puedo ayudarte? —preguntó algo altanero. Sesshomaru permaneció de pie.

—¿Cómo obtuvieron la información de mi empresa? —directo al grano—. Ya sé que Rin es inocente —se obligó a decir, aunque una parte de él aún lo seguía dudando, la vio subirse al carro del moreno cuando salió de su agencia.

—No sé de qué hablas —Bankotsu se puso de pie y le dio la espalda para mirar la ciudad mediante la pared de cristal—. Todo lo que tenemos llegó del correo de Rin.

Claro, Sara era una experta en computadoras, mandar la información mediante la computadora de Rin seguramente fue lo más sencillo del mundo para ella. Sesshomaru iba a seguir con un interrogatorio minucioso, pero algo en el escritorio del moreno llamó su atención. Un objeto que probaba la culpabilidad de Sara, aunque realmente no pensaba encontrarlo en la oficina de Bankotsu, se llevó una sorpresa al verlo dentro del cenicero de éste. Su objetivo era hacerlo hablar, y no hizo falta.

Ese arete era la prueba que necesitaba. Si Sara quería jugar con fuego, él mismo la llevaría al infierno. Su postura respecto a Rin cambió, aunque eso no iba a cambiar las cosas entre ellos. Él había sido un imbécil. Y Sara, ¿acaso creía que era un estúpido? Seguramente sí, después de caer en sus trucos no le sorprendía que medio mundo lo viera así y aquello hería su orgullo más que cualquier otra cosa.

Sesshomaru hizo un rápido movimiento antes de que el moreno regresara su vista hacia él.

—Es suficiente para mí —el peliplata salió de la oficina sin más, dejando a Bankotsu aturdido.

El moreno bajó la vista hacia su escritorio, el cenicero estaba vacío, el cenicero de cristal donde puso el arete que se le cayó a Sara el día que lo dejó con las ganas en esa oficina.

—Al parecer están por descubrirte, Sara.

Sonrió, su plan había fracasado en todos los sentidos. La marca de ropa los tachaba de deshonestos, la cabeza de Sara estaba por rodar y Rin nunca le dio ni siquiera su número.

—Bueno Sara, ya te hundirás sola.

Bankotsu ya no pensaba seguir con ese estúpido plan, pero le sería divertido ver cómo Sara fracasaba hasta el final.

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Hasta aquí el capítulo. Aunque no soy una persona que le encante el drama, me ha salido una novela demasiado dramática X'D bueno, yo los dejo para seguir escribiendo. Espero que la lectura mejore su cuarentena! Cuídense mucho, espero leerlos pronto.

Recuerden que Collage participa en la campaña de Elixir Plateado, con voz y voto, porque leerme y no dejar review es como manosearme y salir corriendo, dejen por lo menos su número 7u7r