Disclaimer: Algunos de los personajes no me pertenecen, Stephenie Meyer los creo en su preciosa cabecita, yo solo juego un poquito con ellos. La historia es mía.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite . fanfiction)


Volvieron a Los Ángeles solo para resolver permisos en la universidad y asegurarse que las casas no tuvieran ningún problema. Pasarían todo noviembre en Nueva York, no es que eso fuera un problema, pero después de dos semanas ya extrañaba a California y su cálido clima.

Tal vez Nueva York en otoño era hermoso, como le había dicho Liam, pero una vez que el clima comenzaba a enfriar conforme se acercaban más a diciembre, era… horrible.

La nieve empezó a caer desde mediados de noviembre, lo que era un asco. Ellos, que estaban acostumbrados al calor de Los Ángeles y las esporádicas lluvias en invierno, sufrieron enormemente esa temperatura bajo cero.

Pero, sin duda, fue peor la convivencia en familia.

Todos se quedaron en el departamento de Isabella, lo que era una tortura. Al segundo día, Alice ya se quería deshacer de la Princesa mientras dormía. Si Isabella era insoportable como visitante en la casa de sus padres o de su abuela, en la suya daban ganas de ahorcarla. Cómo nadie le soltó la pregunta de si estaba hormonal, solo Dios sabía. Todas las comidas se servían a cierta hora, si alguien llegaba cinco minutos tarde, la mujer explotaba; pero, mucho cuidado con subir los pies con los zapatos a los sillones, o a la mesa de café, el uso de un portavasos era obligatorio, y más si eran vasos con agua fría o copas con vino tinto, una costumbre que Renée había adoptado y que, a las dos semanas, Alice imitó. Al final de un día más viviendo con una Princesa muy embarazada, era más que necesario.

Lo más interesante fue en Acción de Gracias, cuando Ilaria quiso probar sus inexistentes habilidades culinarias y arruinó la cocina del departamento cuando hizo explotar una salsa de vino tinto. Isabella tomó una tonalidad roja impresionante. Se rieron mucho esa noche debido a que Ilaria hizo un guisado vegetariano con demasiada pimienta. Bethany no salió del tocador en horas. Si no hubiera sido porque les prohibió a todos cocinar o encargar más comida, habrían tenido una cena de dioses, pero lo que dijera la novia.

Aparte de ese divertido, aunque desastroso día de Acción de Gracias, el resto de su estancia en Nueva York pasó sin mucha novedad. La familia se terminó odiando, pero eso era lo que causaba vivir bajo el mismo techo después de saber lo que era tener sus propias casas. Alice entendió por qué Jasper decidió mudarlos, los problemas serían mayores si continuaran viviendo en Hollywood, ahora su casucha en Los Feliz ya no parecía una desgracia.

Los días siguieron pasando y la boda se acercaba más. Alice se encontró emocionada mientras preparaban pequeños bolsos para su fin de semana en el Plaza, no sabía si por verdadera emoción por la boda o porque regresarían a Los Ángeles, a la tan deseada privacidad de sus propios hogares.

No había hablado con Liam desde la última semana de noviembre, principalmente por la falta de privacidad en ese penthouse que le parecía asfixiante con nueve personas y tres niños. Incluso, en las noches mientras Cynthia y Jacqueline dormían, se le hacía difícil mensajearse con él, temiendo despertar a su hermana y a la niña, que tenía un sueño tan ligero como el de la tía con la que compartía nombre. No podía arriesgarse a despertar a ninguna de las dos.

Pero, no todo era tan malo. Pudo vivir en Nueva York. Si bien, en invierno no la consideraba como esa épica ciudad prometida, sabía que era un lugar donde podía hacer su vida, lejos de todas las peleas con las gemelas y de la presión de ser la esposa del heredero.

Tal vez Jasper podía hacer lo que hizo Edward e independizarse de su familia. Nueva York tenía buenas escuelas para Tyler, la Universidad de Columbia para Cynthia, además una sede de Swan's Holdings no le vendría mal a la ciudad…

El portero del edificio les ayudó a bajar el ligero equipaje y los protectores con vestidos y trajes.

—¡Familia, andando! —vociferó Isabella desde la cocina.

—¿Seguras que no olvidan nada? —les preguntó Jasper a Alice y Cynthia mientras bajaban las escaleras.

Alice hizo una nota mental, enlistando todo lo que recordaba haber empacado: accesorios, zapatos, ropa para el desayuno en Loeb Boathouse del domingo, pijamas… No, no olvidaba nada.

—Si se da el caso, podemos regresar —les dijo Edward—, pero lo ideal sería que ya todos tuviéramos listo el equipaje para irnos a Los Ángeles después del desayuno…

—Sí, eso no va a pasar —rio Seth.

—Vamos. Los autos ya nos están esperando —dijo Isabella, tomando en brazos a Vanessa. A la niña malcriada solo le bastó con dar brinquitos enfrente de su mamá con los brazos arriba.

¿Otra de las maravillas de Nueva York? No necesitaban abrir una sola puerta. Era fantástico.

El gerente, los recepcionistas y todo el ejército de sirvientas esperaban a ambas familias en el lobby del hotel. Les asignaron sus habitaciones y las mejores sirvientas para ayudarles a desempacar.

La cena de ensayo fue organizada en un restaurante de la ciudad, pero antes, debían ir al ensayo en la catedral. Teniendo eso en cuenta, Alice decidió vestir de manera más modesta con un vestido de escote cerrado y mangas, además utilizó medias negras y plataformas.

Además, como no podía ser de otra manera, se colocó los aretes de Elizabeth, luciéndolos gracias a la coleta alta con la que decidió peinar su melena negra.

Cynthia también decidió acompañar su bonito vestido con medias y kitten heels.

Al bajar al lobby, Alice se topó con alguien que parecía ser Liam. Tanto así que tuvo que detenerse y llamarlo, porque era…

Diablos, sí era él.

Pero no estaba solo. A su lado había una chica hermosa, que lucía ligeramente como él, pero no tenía hermanas…

—Alice, Jasper —saludó, contento. La chica aguardó detrás de él—. Que gusto verlos. Oye, Nancy, ven un segundo. Ellos son los amigos de Los Ángeles de los que te he platicado.

—Ah, por supuesto. Los Swan, ¿no es cierto?

—Así es —respondió Jasper—. ¿Tú eres su novia?

—¡Oh, no! No, no, no, no. Somos primos.

—Por favor, discúlpenme —musitó Jasper—. Qué equivocación tan grande y vergonzosa.

—No es la primera vez que ocurre —rio Liam—. Ella vive en Australia, así que no muchas personas la conocen. Y yo tampoco voy contándole al mundo que tengo una prima modelo.

—Ah, eres modelo —dijo Alice.

—Sí. Principalmente en Australia, pero suelo hacer cosas en Europa. Esta semana me fotografiaron para mi primera campaña aquí en Estados Unidos. Toda mi familia estuvo aquí.

—¿Y a ustedes, qué los trajo hasta acá?

—Ilaria se casa mañana —dijo Jasper—. Tendremos un fin de semana atareado. Si nos disculpan… —musitó, tomando a Alice de la cintura. Al ver las miradas especulativas de las gemelas, Alice brincó. Tenía que deshacerse de Liam, y rápido.

—Olvidé mi celular en la habitación. Los veo afuera.

—De acuerdo —respondió Jasper.

Alice corrió al elevador, haciendo sonar a propósito sus tacones en el mármol del suelo para llamar la atención de Liam. Él se aseguró de que nadie lo viera para seguirla. Alice mantuvo la puerta del elevador abierta, con la esperanza que él no tardara. Al verlo abalanzarse contra la cabina, suspiró de alivio. Antes de poder decir una sola palabra, lo tomó del cuello, recibiéndolo con un gran beso.

—Hola —rio él.

—Me estás metiendo en problemas —le reclamó ella, sin soltarlo.

—Pues lo voy a hacer más a menudo.

—Tienes que irte. Pronto.

Liam rodó los ojos.

—No puedo. Vamos a pasar las fiestas aquí.

—¿Qué? Iba a hacer que te invitaran a la cena, Liam. Isabella está tan embarazada que nunca se iba a dar cuenta de tu presencia.

—Eso es jugar mucho con nuestra suerte, ¿no crees? Tal vez Isabella no se daría cuenta, pero ¿y su marido? ¿Ilaria? ¿Y tu marido? La conozco lo suficiente para saber sus truquitos.

Alice suspiró. Tenía razón. Isabella nunca daba un paso en falso, y menos cuando se trataba de ella, la mantenía vigilada como un halcón.

—En ese caso, ya no te aparezcas así, de la nada. ¿Tienes idea del susto que me metiste?

—Lo sé, lo siento. No creí que estuvieran hoy aquí, pensé que llegarían hasta mañana.

—La boda civil es temprano. Teníamos que estar aquí hoy.

—¿Qué vas a hacer el domingo?

—Es el almuerzo post boda —respondió. Liam rodó los ojos—. ¿Qué? Yo no planeé nada de esto, y no es como si pudiera librarme tan fácil. Lo sabes.

—Está bien, está bien. En ese caso, te veré hasta el siguiente año —dijo. Alice asintió, presionando de nuevo el botón del lobby en el elevador. Liam rio—. ¿Qué le dijiste?

—Que había olvidado mi celular, pero aquí está —dijo, sacando el aparato de uno de los bolsillos del abrigo de tweed.

—Diviértete —musitó, dándole un beso en la mejilla.

—Lo dudo —masculló, despidiéndose con la mano.

Jasper, Cynthia y los niños la esperaban fuera del hotel. Siguieron al resto a pie hasta la catedral. No quedaba muy lejos, pero, de saber eso, no habría usado zapatos tan altos.

Lo primero que hizo al llegar a la catedral, fue sentarse. Cynthia, que supo prevenirse, le tendió un par de zapatos de piso, ella le agradeció con una sonrisa.

El ensayo consistió en asegurarse que todos supieran cuáles iban a ser sus posiciones durante la ceremonia, sobre todo los niños. Tyler y Vanessa serían parte del cortejo junto con las dos hijas de uno de los primos, las mismas que sirvieron como niñas de las flores en su boda y en la de Isabella. Esta vez, ese puesto se apartó especialmente para Vanessa, que iría acompañada por la niña más pequeña. Tyler y la niña mayor estarían juntos.

Después de muchas repeticiones para los niños, el sacerdote dio por finalizado el ensayo, asegurándoles que todo estaba en brillantes condiciones para la boda.

Cruzaron la calle hacia el restaurante donde sería la cena. Se encontraron con el resto de los invitados para esa noche.

Mientras se quitaban los abrigos para dárselos al encargado, algo llamó la atención de Alice: el vestido de encaje de Isabella. Incluso aunque se alejaba de su figura sin revelar nada más, ella podía ver el bulto que se asomaba. No podía ser.

—Eso no es disimular en lo absoluto —murmuró en su oído. Isabella suspiró.

—Es lo mejor que pude hacer. No esperaba amanecer hoy con el bultito, contaba con algunos días más… Incluso tenía otro vestido, pero no podía usarlo.

—Alguien se va a dar cuenta.

—Ya lo sé, pero ¿qué puedo hacer?

—Anunciarlo. A Ilaria y Raoul no les va a molestar. Además, está esa coreografía…

—No. Ya decidimos que será el domingo, ese día saldrá el anuncio para la prensa, es nuestro límite. La boda habrá pasado, será el almuerzo familiar…

Alice se encogió de hombros.

—Bueno, está claro que no puedo hacerte cambiar de opinión. Solo ten cuidado mañana, ¿de acuerdo? Ya ves lo que me pasó a mí…

—Lo tendré. Gracias, Alice —le dijo, colocando la mano sobre el hombro de ella. Alice asintió, retirándose como si el toque de su cuñada le diera una descarga eléctrica. Fue extraño tener esa charla civilizada con ella.

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—Ah. Es una lástima —musitó Jasper al teléfono, rodando los ojos. Las hermanas se miraron, confundidas—. Sí, madre, yo me encargo, no te angusties. Dile a Illy que la amamos.

—¿Qué pasó? —preguntó Cynthia, cuando Jasper regresó a la mesita de la habitación para continuar con su desayuno.

—Papá, Bella y Raoul fueron al Bronx —respondió. Alice torció el gesto, adivinando a dónde iba la historia—, y regresaron con las manos vacías.

—Bueno, al menos lo intentaron.

—Es muy importante que me escuchen con atención: Ilaria no puede enterarse de esto, ¿de acuerdo?

—Claro —respondieron las hermanas al unísono. Jasper asintió.

Otro secretito que guardar. Esto se estaba convirtiendo en una mala costumbre…

Después de desayunar, comenzaron a arreglarse para la boda civil. Jasper se enfundó en el traje asignado para los padrinos, mientras Alice vestía a Tyler con una camisa blanca, pantalones rojos con tirantes y una tierna pajarita roja, para después colocarse ella el vestido negro y beige a la rodilla. Jacqueline era una lindura con el esponjado vestido rojo que Ilaria y Raoul le compraron, hasta ella tenía que aceptarlo. La bebé era tan tierna con esa carita que combinaba todo lo mejor de los Swan, incluyendo sus ricitos rubios. Cynthia, por su parte, se decidió por un vestido estilo carpa con mangas de campana en verde turquesa. Nada demasiado elegante, solo era la boda civil.

En el salón comenzaban a llegar los invitados, mostrando las invitaciones a los guardias de la entrada. Kebi revoloteaba por ahí, apenas con el tiempo para saludarlos cuando los vio entrar.

Isabella también llegó apresurada, con Edward y Vanessa detrás. Antes de acercarse a su hermano y su familia, dio algunas instrucciones a uno de los meseros.

—Ya vienen —avisó, después de los saludos. Dios, qué embarazada estaba, si ese día nadie lo adivinaba, todos estaban ciegos. Pero, la Princesa no era tonta. Usaba el chal rojo para cubrir esa parte.

Era demasiado brillante.

Sin embargo, quizá no había sido tan necesario, pues la amplitud del vestido ayudaba un poco a disimular el bultito que no estaba dispuesto a ocultarse más.

La ceremonia civil fue rápida, así como el almuerzo. Aún tenían una tarde apurada por delante.

Las estilistas de uno de los mejores salones de Manhattan fueron asignadas para las madres, Alice y Cynthia, pero solo porque Peter y sus asistentes estarían con Ilaria y sus damas.

El vestido de Alice era estilo veintes, previamente aprobado por Ilaria, por lo que consideró que un bob falso sería ideal para su cabello. Cynthia, por otro lado, decidió alaciar su cabello y recoger hacia atrás algunos mechones como un crepe en la coronilla.

Un asistente de Kebi los fue a buscar. Dejaron a los niños con Elise y se fueron a la catedral.

Renée y Edward los esperaban para bajar. Al hacerlo, el gerente del hotel los saludó efusivamente, pero lo que llamó su atención fue la presencia de la familia adoptiva de Ilaria, que se adelantaron hacia ellos.

—Señores, por favor, su auto los está esperando —animó el gerente, casi empujándolos hacia la salida, mientras los Vulturi les gritaban que los dejaran asistir a la boda. Alice se sostuvo fuertemente del brazo de Jasper, repentinamente asustada. Sentía que en cualquier momento la situación podía ponerse incómoda.

—¿Qué acaba de pasar? —inquirió Jasper en cuanto estuvieron seguros en el auto.

—No. La pregunta real es: ¿qué hacen ellos aquí? —soltó Renée—. Declinaron su invitación dos veces. ¿Ahora quieren estar presentes?

—Afton tuvo algo que ver, suegra —le dijo Edward.

—¿Por qué? —preguntó Alice.

—¿No lo viste en el almuerzo? No sé cómo Bella aceptó que estuviera —renegó Edward. Alice lanzó unas risitas mudas, alzando una ceja hacia él. Edward asintió, rodando los ojos.

Con el embarazo, Isabella se estaba ablandando. Esto era un sucio desastre hormonal.

—¿Qué? —musitó Jasper, al notar el gesto cómplice de Edward y Alice.

Edward la miró de reojo, pidiéndole ayuda.

—Es que me parece ridículo que Bella haya sido quien lo dejara estar en la boda civil.

—Y, encima lo invitó esta noche —escupió Edward. Alice apretó los labios, reprimiendo unas risitas. Podría restregarle a Liam en la cara y ella nunca se iba a dar cuenta.

—Algo se trae la Princesa —dijo Jasper, cuando el auto se detuvo frente a la catedral. Edward miró a Alice con los ojos abiertos de par en par.

—Lo que se trae la Princesa es un estrés del tamaño de Europa. No te hagas ideas, Jasper —le dijo Alice. Edward le agradeció con la mirada. Después de esto, la Princesa y su príncipe le iban a deber una grande.

Recibieron a los invitados con Raoul e Isabella, charlando en ocasiones entre ellos, sin esperar más drama esa tarde. Pero, estaban equivocados.

Cuando Elise llegó con los niños, Alice se volvió a sostener de Jasper, porque no iban solos. Los Vulturi estaban con ellos. Todos miraron a Isabella con interés en saber qué era lo que ella iba a hacer ante esa situación.

Alice le lanzó una mirada de diversión a Edward cuando esa familia no los saludó. Él esbozo una sonrisa socarrona.

—Esta es la última vez que los vemos, ¿verdad?

—Oh, puedes apostarlo —respondió Edward, sabiendo que su esposa no iba a dejar esto sin represalias.

Alice lanzó unas risitas. Eso si el embarazo no terminaba con todas sus neuronas funcionales, pero no se lo dijo a Edward. Amaba su vida.

El auto de la novia dio vuelta en la calle. De inmediato, se apresuraron a meter a Raoul a la iglesia, Alice entró detrás de él, siguiendo al asistente personal de Kebi hacia su asiento.

Poco a poco el cortejo comenzó a caminar por el altar, caminando como si estuvieran dando un paseo por el parque, por esa razón, la procesión fue lenta, armónica.

Cuando la música cambió, todos se pusieron de pie, mirando con emoción hacia la entrada, Alice incluida. Esa era su parte favorita en todas las bodas.

Charlie e Ilaria caminaron por el altar lleno de pétalos de rosas blancas y rojas. Como hiciera en la boda de Edward e Isabella, Alice le dedicó a Raoul un rápido vistazo. Ahí, frente a ella, había otro hombre enamorado. Era así como debía verse un hombre en su boda. Justo como Raoul. O como Edward, que hasta lloró un poco…

Por medio de la ligera capa de tul y encaje del velo de Isabella, se podía ver el rostro sonrojado de Ilaria. Su vestido era perfecto, tanto como fue el suyo, o el de Isabella, las tres perfectamente representadas en un simple pedazo de tela.

Cuánto amaba las bodas…

La ceremonia duró tanto como lo hizo la de Edward e Isabella, fue tradicional de cabo a rabo, y preciosa.

Los autos avanzaban uno tras otro cuando salieron al frío invierno de Manhattan. Alice no supo cómo, pero ella, Seth, Cynthia y los cuatro niños tuvieron espacio más que suficiente en el auto que los llevaría de regreso al hotel. Eso estuvo bien. Mientras más gente, menos frío.

Al llegar al hotel, Alice comenzó a ponerse nerviosa. Esperaba que el disparate que se le había ocurrido a Ilaria dos semanas atrás no fuera un verdadero desastre, porque estaría muy enojada con ella. Para su tranquilidad, Kebi fue quien llevó la canción con el DJ. Ella y Alice analizaron el espacio que había en la pista. ¡Era muy pequeña!

Se encomendó a todos los dioses para que eso saliera bien. Pero antes, tenía que ir al coctel y las fotografías.

Se encontró con Charlie, pidiendo una copa de champagne sin alcohol. Alice lanzó unas risitas, tomando un martini.

—Que bien, no soy la única —musitó. Charlie la miró confundido, ella señaló con los ojos la copa que le acababan de dar. Charlie sonrió.

—Tú lo sabes, también —rio. Alice asintió.

—¿Saber qué? —preguntó Jasper. Ese hombre era tan oportuno… y curioso.

—Nada de lo que debas enterarte aún. Ve a rescatar a tu hermana y a darle esto, por favor —le dijo Charlie. Isabella se había quedado sola con Aro y Riley.

—Los que necesitan rescate son ellos, no la Princesa —masculló Jasper, alejándose.

—¿Cómo supiste? —le preguntó Charlie—. No creo que te lo hayan contado solo porque si…

—Si dependiera de ellos, habría sido la última en enterarme, lo sabes —le dijo Alice. Charlie asintió—. Supongo que fue mi sexto sentido. Cuando llegamos a Seattle para la fiesta de compromiso y se quejó de sentirse mal, lo supe. Prácticamente la obligué a hacerse la prueba.

—Bueno, te lo agradezco. —Alice se encogió de hombros—. De no ser por ti, esa niña tendría un gran problema de estrés en este momento. ¿Por eso regresaron a Los Ángeles después de la fiesta?

—La excusa del trabajo fue excelente, hasta yo lo creí, no te sientas mal.

Charlie rio.

—Es más fácil cuando piensas en su comportamiento estos meses y el hecho de que no ha bebido desde su cumpleaños. Sabes cómo es ella con el champagne.

—Y normalmente no es así de neurótica. Creí que le sacaría los ojos a Ilaria en Acción de Gracias —soltó, entre risas. Charlie asintió, divertido.

—Que bueno que no lo hizo. Pásala bien, Alice.

—Tú también, suegro.

Kebi llamó a la familia para tomarse las fotografías ahora que Ilaria y Raoul habían regresado de su sesión en Central Park. Se apresuraron a tomar sus lugares en las escaleras del lobby, después a otro salón. No les tomó más de veinte minutos completarlas.

—¿Estás nerviosa? —le preguntó Cynthia, divertida, en cuanto tomaron sus lugares en el salón.

—Estoy aterrada —respondió—. Ilaria no podría estar más loca.

—Creo que todo va a salir bien. ¿Te imaginas a Edward bailando?

Alice lanzó unas carcajadas.

—No. Y aún no puedo verlo. Es extraño. Él es tan serio y solemne… Definitivamente, haría lo que sea por Bella.

—Yo creo que por la familia. Esto es por Ilaria, no por Bella. Igual que Jasper, él tiene dos pies izquierdos y aun así hará esto… Eso es lo que más me gusta de la familia Swan —dijo. Alice asintió. Esa era la magia de ellos. Los Swan podrían hasta matar por su familia, algo que los Brandon nunca podrían hacer, y no se diga de una coreografía ideada en dos horas. Si le hubiera pedido algo parecido a sus primos, la hubieran mandado al demonio.

El alivio que la embargó cuando la coreografía salió bien —sin que Isabella se cayera, o nadie, en realidad— solo podía compararse con la recuperación de una enfermedad. Estaba feliz.

Para su sorpresa, la hicieron ponerse de pie para así agradecerle su ayuda. No esperaba que eso ocurriera, pero estaba contenta de que así fuera, que la reconocieran. Fue fantástico.

La cena fue servida no mucho tiempo después.

La noche estaba siendo más que perfecta. Cualquiera que viera esa impresionante fiesta, nunca se imaginaría que tuvieron solo tres meses para prepararla.

Lo lograron. Lo hicieron de nuevo. ¿Es que no había una sola fiesta que no les saliera bien? Ahora podían irse a casa y preparar la cena de Año Nuevo.

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Alice había tenido una grandiosa idea, que debía agradecerles a los hermanos de Raoul.

Cuando se tomaron esa linda y divertida fotografía antes de la partida del pastel, sin incluirla a ella —algo que no le sorprendió debido a la pésima relación que había formado con los hermanos Parker—, supo que podría aprovechar ese pequeño desaire para librarse del brunch post boda y ver a Liam. Solo tenía que averiguar cómo ejecutarla sin que la descubrieran.

Ya le había escrito a Liam para que él también se librara de lo que sea que estuviera por hacer esa mañana. Debían ir a un lugar lejos de Manhattan, donde nadie los reconociera. Para ella eso iba a ser difícil. Con la boda, sabía que su rostro iba a estar presente en todos lados, pero estaba dispuesta a aceptar el riesgo si eso significaba alejarse de otra reunión familiar como las que habían estado teniendo los últimos meses.

—¿Aún no te vistes? —inquirió Jasper al verla aún acostada—. Se nos hace tarde, andando.

—No voy a ir —dijo, más divertida que molesta, pero disimulándolo bastante bien.

Jasper rodó los ojos.

—¿Y ahora qué?

—¿Tú crees que fue muy divertido para mí ver cómo ustedes hacían su teatrito sin mí?

—¿Te refieres a…? Por Dios, Alice, fue solo una fotografía.

—Una fotografía familiar, Jasper. Si hubieran sido solo tú e Isabella, no me habría molestado, pero Edward también estuvo ahí. ¿Cómo crees que me siento?

—¿Y qué esperabas? Claramente, tú tienes la peor relación con mis hermanas, y no se diga de Santiago y Bethany. No has demostrado ni un poco de esfuerzo para integrarte, prefieres…

Oh, esto se estaba poniendo bueno.

—¿¡Integrarme!? ¡Ustedes son los que me excluyen todo el tiempo!

—¡Porque vemos que no quieres estar con nosotros! —respondió Jasper—. Siempre tienes esa cara de molestia, como si nos estuvieras haciendo un favor al estar ahí. Somos una familia, Alice, y tú eres parte de ella, incluso si no quieres. Ahora, levántate y vístete.

Guau. Eso había sido… Guau. Era la primera vez que Jasper le hablaba de esa manera, recordándole que era una Swan, que su matrimonio la había hecho una Swan. "Incluso si no quieres", le había dicho, como si adivinara que ella estaba harta de la familia, harta de las cenas, de las fiestas, de una vida para la que no estaba hecha. Era una Swan y así permanecería por el resto de su vida.

Aceptando ese hecho, se vistió con un par de jeans blanco, blusa de manga larga y cuello alto, un suéter tejido rosado y una chamarra blanca, que acompañó con un gorrito del mismo color y botas bucaneras grises.

Al salir se encontró con Jasper, Cynthia y los niños, los cuatro listos para salir a la nieve.

—Perdón por la tardanza —dijo.

—Andando —indicó Jasper, tomándola de los hombros para animarla a salir.

Se despidieron del gerente del hotel, pues esa tarde después del brunch regresarían al departamento para preparar su vuelta a Los Ángeles.

Su auto era el único que esperaba en la calle. Al subirse, Alice vio a Liam regresando al hotel, pero no hizo nada para llamar su atención. No podía.

—Ya era hora —masculló Seth cuando llegaron a la Casa de las Barcas.

—¿Aún no llegan Ilaria y Raoul?

—No, pero ya no deben tardar. Yo diría que llegaron justo a tiempo.

—Claramente así fue —musitó Isabella, acercándose.

—Buenos días, hermanita —la saludó Jasper con un beso en la mejilla.

—Hola. Bueno, hay lugares asignados, como siempre. Empezaremos a comer cuando lleguen los recién casados.

—Esto te quedó excelente, por cierto —le dijo Cynthia. Isabella suspiró.

—Hice lo que pude. Nunca habíamos tenido un brunch después de la boda, pero al parecer eso es lo que se suele hacer aquí. Y ya sabes lo que dicen: a donde fueres, haz lo que vieres.

—Pues en vista de que no se irán de luna de miel pronto, esto es un buen sustituto.

—Ya vienen —avisó Kebi, animando a los hermanos a tomar sus lugares. Raoul e Ilaria entraron, tomados de las manos. Fueron recibidos por fuertes aplausos de su familia y amigos reunidos esa mañana.

Se encargaron de agradecer, rápidamente, a todos por acompañarlos durante el fin de semana, además de hacer especial mención a Renée, Isabella y Kebi.

—No sé qué hubiera sido de nosotros sin ustedes, tal vez hubiéramos terminado en Las Vegas —soltó. Todos rieron ante la reacción de miedo que tuvo Isabella. Alguien de su familia se casaría en Las Vegas sobre su cadáver. Mientras ella siguiera viva, todos estaban seguros que cada novia Swan tendría la boda más hermosa y maravillosa que se hubiera visto—. Qué bueno que no fue así. Ustedes nos ayudaron a hacer posible nuestra gran noche y evitaron que se convirtiera en el desastre que estaba destinado a ser. Nunca planeen una boda en tres meses, es una trampa mortal. Aunque, después de ver como lo logramos, no creo que… —Raoul le apretó la mano, interrumpiendo su diatriba. Jasper se cubrió la boca, sofocando unas risitas. Ay, sus hermanas.

—Lo que creo que Ilaria quiere decir es que ustedes tres son malditamente brillantes —continuó Raoul. Ilaria asintió—. Nos salvaron la vida, y les agradecemos mucho. Ahora, ¡a comer!

Alice dejó salir un resoplido de alivio, no solo porque ya podían comer, sino también porque Raoul se abstuvo de expresar sus opiniones con respecto a las tradiciones de los Swan. No quería dramas ese día. O, bueno, más.

—Por favor, dime que no solo yo me aterré cuando Raoul empezó a hablar —murmuró cuando se encontró con Edward en la mesa de bebidas.

Edward lanzó unas risitas.

—Ya estaba listo para interrumpirlo en cualquier momento.

—Eso hubiera sido divertido…

—Ya lo creo que sí —le dijo él, alejándose.

Alice volvió a la mesa, acompañada de Cynthia.

—Últimamente estás muy platicadora con Edward y Bella… —le dijo. Alice asintió.

—Ya sabrás por qué.

Cynthia alzó ambas cejas.

—¿Algo que quieras contarme?

—Lo harán ellos hoy. Espero.

Así fue. Justo después de comer, Edward e Isabella anunciaron que estaban esperando a su segundo bebé. Ilaria declaró que ya lo sabía, explicando que sus sospechas comenzaron en Acción de Gracias. Todos comenzaron a sospechar ese día. La Princesa no era así de neurótica normalmente, tenía sus momentos, pero… no esos momentos.

Hubo muchas felicitaciones hasta que se dio por terminado el brunch y tomaron destino hacia el departamento.

Tenían casi todo listo para viajar a Los Ángeles, pero decidieron quedarse hasta el día siguiente. El fin de semana había sido difícil, necesitaban descansar un poco.

—¡Sorpresa! —exclamó Isabella, después de un par de minutos, parándose de perfil para mostrar su bultito.

—Te lo voy a preguntar de la manera más seria y calmada que puedo —musitó Ilaria—, ¿cómo lograron mantener el secreto tanto tiempo?

—Alice nos ayudó —respondió Isabella. Todos miraron sorprendidos a la aludida, quien les sonrió, apretando los labios—. De hecho, ella me obligó a hacerme la prueba casera en Seattle y aceptó guardar el secreto.

—Alice… —dijo Raoul, sorprendido.

—Sí, yo. Y, por cierto, no fue divertido hacerlo, sobre todo cuando te ponías más insoportable que de costumbre —soltó.

—Se acabó la tregua —masculló Edward, divertido.

—Dudo que creyeras que iba a durar —rio Jasper. Alice lo miró con ironía.

¿Cuál tregua? No hubo ninguna.


Hola, hola, ¿cómo están? ¿Les gusto el cap? Se acabo el secreto y con él, la tregua. Esa ha sido una de mis partes favoritas, al tener un pequeño vistazo de lo que era la amistad de Bella y Alice antes de todo el drama. Además, quería llevar a la familia al espectacular Upper East Side y que la Princesa de verdad los hiciera volverse locos, que Alice estuviera a punto de meterse en problemas, que Jasper y el resto de la familia fueran tan tontos como para no darse cuenta de lo que ocurría frente a sus narices... Y esas verdades que Jasper le dijo a Alice... Creo que es lo que todas pensamos, ¿no?

Voy a extrañar mucho a esta familia cuando termine con ellos jajaja.

Gracias a saraipineda44, Yoliki, piligm, Tecupi y Dara por sus reviews en el capítulo anterior, y al resto de ustedes por leer. Si todo sale como espero, el siguiente capítulo sera el ultimo mensual y estaremos llegando, ahora si, a la recta final de la Princesa.

Espero y deseo de todo corazón que se encuentren bien. Esto pasara pronto, ya lo verán. ¡Ánimo!

Sin besos ni abrazos esta ocasión, pero si un saludito. Nos vemos en el siguiente y en los reviews.

Annie. 3