19.

Nos quedamos en silencio, creo que ni siquiera me atrevía a girarme.

-Sobre lo de hace un rato… -me sorprendí al comprobar que quien hablaba era yo – no quiero que te sientas incómoda.

Sentí que su mano se relajaba, entonces me giré para observarla. Ella clavó sus ojos en mí y negó enérgicamente con la cabeza.

-No es eso, Yamato.

-Oye… - haciendo un gran esfuerzo por vencer mi repentina timidez, me atreví a tomar su mano y guiarla hasta la escalera para tomar asiento en unos escalones que estaban unos metros más abajo, debajo de un foco que titilaba, a punto que quemarse. Ella me imitó, acomodó la falda del precioso vestido azul alrededor de sus piernas y apoyó los brazos cruzados sobre sus rodillas.

-Me siento rara.

-Está bien – al parecer las conversaciones coherentes que siempre habían fluido con naturalidad entre nosotros habían dado paso a diálogos sin sentido que solo manifestaban los nervios.

Apoyé mis codos sobre el escalón que tocaba mi espalda, quedando a la misma altura que ella.

-Yo… practiqué e imaginé mi discurso mil veces, pero nunca ensayé una respuesta adecuada por si no me rechazabas - Sora lo dijo con la vista fija en el cielo estrellado y yo me la quedé observando muy sorprendido. Así que ella no se había dado cuenta de la cara de idiota que se me quedaba cuando me hablaba.

-¿Por qué tendría que rechazarte? Y si de veras pensabas eso, ¿por qué me hiciste saber lo que te pasaba de todos modos?

Me sonrió y me miró con una expresión divertida.

-Bueno, en realidad pensaba en que con el rumbo que tomarán nuestras vidas luego de cerrar esta etapa, considerando tu vertiginoso ascenso hacia el estrellato y las giras no nos veríamos con tanta frecuencia, y me sería más sencillo inventar excusas para ocultar mi vergüenza hasta que se me pasara todo.

Lancé una carcajada y la vi fruncir levemente el ceño, cuestionándome con la mirada.

-No te lo tomes a mal, no me río de ti. En realidad yo habría actuado igual. – reflexioné en voz alta, sincerándome conmigo mismo por primera vez en bastante tiempo - Si esta noche me rechazabas, iba a tener una excelente excusa para procurar no verte durante un tiempo hasta que sintiera que iba recuperando mi dignidad.

-¿Tú? – ella abrió los ojos y alzó las cejas visiblemente sorprendida - ¿Tú ibas a…? – asentí - ¿Yamato Ishida se me iba a declarar y yo desaproveché la oportunidad de verlo? Tendría que haberme callado… -lo dijo con pesar, pero detecté un sutil tono burlón -el chico perfecto iba a rebajarse con una chica corriente.

-¿Corriente? – le dije sin entender mucho su comentario – Por favor. Si has tenido a tus mejores amigos enamorados de ti durante bastante tiempo.

-Lo de Taichi fue hace años, y además él no cuenta, es como mi hermano.

Asentí, recordando perfectamente aquel día. Curiosamente…

-Creo que esa fue la primera vez que te vi de otra forma. Quizás comenzaste a gustarme ahí. - fue un comentario hecho en voz alta. Ella me contempló en silencio. Noté que con un suave movimiento se había deshecho el peinado y ahora el hermoso cabello rojizo caía sobre sus hombros y espalda, ligeramente ondulado a causa de las largas horas en las que lo había llevado trenzado y recogido.

Me encantaba verla así.

-Tú siempre me gustaste. – ahora el sorprendido fui yo - Cuando éramos niños me ponía celosa de ti, tenías toda la atención de Taichi en ese entonces, me hablaba de ti en todo momento. Pero entonces te conocí y algo me llamó la atención. Eras muy tímido y todos te dejaban de lado, ignorándote. Me sentí culpable por haber pensado mal de ti, entonces me esforcé para demostrarte que no todas las personas tenían porqué rechazarte. Tenías algo especial, no sabía qué. Cuando comenzamos la secundaria te aislaste más, y luego tuviste tu primer banda. – volvió a enfocar sus ojos en la noche oscura mientras recordaba los tiempos de Ayzu - De repente esas personas que te habían dado la espalda te veían y apreciaban tu música. Las chicas comenzaban a hablar de ti como si te conocieran. Me enojaba mucho que solo miraran tu apariencia porque yo veía mucho más allá de eso. Lamenté que comenzaras a salir con Kurumi y me distancié de toda posibilidad de entablar un vínculo más cercano contigo, sabía que ella hacía mucho daño a su alrededor.-

Nunca, en todos los años que habían pasado, había notado la importancia que me daba Sora en su vida, nunca había reparado en ella.

-Luego terminaron y reconozco que fui feliz, tanto como Taichi de verte libre de esa chica tan tóxica. Pero comenzamos la preparatoria y no sabía como acercarme a ti. No hablábamos con mucha frecuencia, aquella tarde en la que te vi abrazando a Mimi en la playa, Taichi hizo una broma y me sentí muy mal. Creí que te gustaba, yo no podría hacer nada al lado de una chica tan guapa como ella. Cuando se organizó el primer festival, fui yo quien propuse al Consejo de Estudiantes que se hicieran shows musicales, porque Taichi estaba orgulloso de que Akira y tú hubieran recuperado su amistad y me había confiado ese secreto, él quería que lo ayudara a darte un pequeño empujón para que superaras todo el dolor de Wolves. Sabía lo mucho que ese proyecto significaba para ti luego de verte forzado a dejar tu otra banda. Pero mi nombramiento como Vicepresidenta era bastante reciente y algunos no estaban conformes con eso, yo solo tenía dieciséis años y opinaban que había alumnos más calificados para serlo. Me llevaron la contra en todo, negándose a cooperar conmigo. Finalmente me harté de que se la pasaran hablando todo tipo de cosas malas sobre mí y aislándome. Estaba furiosa conmigo misma porque no había logrado ayudarles. Recuerdo sentirme horriblemente culpable en ese entonces. Ni siquiera estaba segura de que lo que me estaban haciendo fuera legal. Casi convenvieron a Jyou de desvincularme de mis tareas.

Ahora muchas cosas encajaban. Fue como volver tiempo atrás a esa tarde en la sala de profesores, en la que me enfurecí ante la injusticia y me sorprendí de verla llorar, precisamente a ella, a quien estaban presionando demasiado. Ella había soportado todo tipo de actitudes por causa nuestra y yo ni siquiera lo había sabido en ese momento.

-Cuando me salvaste de ese robo y me acompañaste a casa, descubrí que mis sentimientos de niña hacia ti seguían intactos. Esa tarde te había decepcionado, intentaron robarme y además había rechazado a Taichi, no sentía que nadie quisiera estar a mi lado ni mirarme siquiera. Sin embargo me acompañaste y me dijiste palabras que me tranquilizaron. Decidí que te merecías estar tocando con tu banda pese a lo que la gente del Consejo dijera. Al otro día los enfrenté con todas esas pruebas contra Fuji y mucho enojo por todo lo que había vivido Mimi por su culpa. Al final Jyou se puso de mi lado. Cuando pudimos darles esa noticia, sentí que había comenzado a recuperar tu respeto. Necesitaba sentir que no estaba sola. Taichi no podía estar para mí porque no se sentía bien teniéndome cerca, así que te descubrí como amigo.

El resto de la historia la conocen. Sora se quedó en silencio.

-Lamento lo que pasaste aquel día por apoyarnos a Akira y a mí, y gracias por apostar a nuestro proyecto.

-Me alegra haber podido revertir esa injusticia – dijo Sora encogiéndose de hombros - yo solo recuerdo el alivio que sentí cuando apareciste en el momento en el que esos tipos me abordaron para robarme.

Le sonreí y ella me devolvió el gesto.

Me puse de pie y descendí un escalón, obligándola a levantarse y quedando a mi altura. Nos miramos a los ojos, ahora con franqueza.

-Quiero que sepas que yo también me ponía celoso cada vez que alguien se te acercaba. También sentía alivio cuando rechazabas a los chicos que se interesaban en tí – me detuve unos segundos – no quería dejar de verte, pero dudé mucho en hablarte estos días por la gira que tendré durante los próximos meses, quiero salir contigo antes de que se terminen estos días libres, cuando tú lo prefieras, ya sabemos que no tenemos que morirnos de vergüenza por lo que piense el otro.

-¿Vergüenza? – se rió – mañana ya lo sabrá toda la preparatoria. Especialmente porque Jun nos vio y Taichi se encargó de disipar todas las dudas que pudieran haber con respecto a nosotros gritándolo en plena fiesta.

-Maravilloso motivo por el cual esperé hasta el último día – murmuré. Podía imaginar el desastre que hubiera sido para Sora el ser acosada por mis fans.

Sentí su cercanía y me abracé de nuevo a su cintura.

-¿Te dije que el azul te hace lucir genial? – dije cuando ella rodeó mis hombros con sus delgados brazos.

-Sí. En aquel rodaje del video de Knife Of Day. ¿Por qué crees que elegí este color para esta noche especial?

Me alejé un poco para observarla y ella me sorprendió con un corto beso. No fue intenso como el que habíamos compartido horas antes, pero sí me hizo sentir eufórico. Al final había sufrido por nada. Claro, ahora era todo más sencillo al tener otra perspectiva.

-¿Alguien sabía lo que sentías por mí? – pregunté dudoso.

-Si. Mimi. Y se las ingenió varias veces para dejarnos solos o insistirme en que te hablara, pero yo no me atrevía, no quería que esos sentimientos interfirieran en nuestra amistad.

-Ya veo.

-Y a Hikari se le escapó frente a Taichi hace algunos días, así que él estaba bastante pendiente de mí, especialmente cuando veíamos a Jun acercarse a ti.

-Por supuesto – ahora el asunto me causaba gracia.

Volví a mirarla y a acercarme para besarla, cuando nos separamos con lentitud, la detuve para que no se marchara tan rápido. Tomé su mano y coloqué sobre ella el botón de mi chaqueta.

-No pude dártelo antes, pero me lo quité yo mismo para salvarlo de las garras de Motomiya.

Sora lo contempló unos instantes, me dedicó su sonrisa más deslumbrante y me abrazó con fuerza, haciendo que mi cuerpo no quisiera separarse del suyo por nada del mundo, pero ya era hora de irme.

La seguí con la mirada mientras subía los escalones para dirigirse a la puerta de su departamento.

Aguardé a que entrara para girarme y comenzar a caminar con las manos en los bolsillos y mi sonrisa más estúpida pintada en el rostro.

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Pocos días después ya todos se habían acostumbrado a vernos juntos. Solía ir a buscar a Sora a la academia donde se preparaba para su examen de ingreso a la universidad, cenábamos juntos en algún restaurante y además salíamos a hacer ejercicio con ella y Taichi, que para ese entonces había normalizado totalmente la forma en la que nos dedicábamos sonrisas o intercambiábamos miradas, aunque de todos modos nos hacía notar visiblemente cuando lo dejábamos por fuera de nuestro mundo.

Una historia aparte era su madre.

Toshiko siempre me había parecido estricta y seria, así que manejé varias evasivas durante un mes antes de verme obligado a ir una tarde al departamento de Sora para que me presentara incluso ante su padre.

En mi caso aún seguía distanciado de Natsuko así que no podía siquiera plantearme un escenario favorable para que ella la conociera, aunque por el hecho de ser amiga de Takeru probablemente supieran una de la otra.

Aquella tarde había estado ensayando varias horas con los chicos y estaba bastante cansado, el tiempo apremiaba y ya me encontraba en la fase de revisión de las letras de las nuevas canciones. Me había quedado hasta altas horas de la noche anterior despierto para finalizarlas, pues ya era inminente mi enfrentamiento con el preciso y exigente micrófono del estudio que me traería bonitos dolores de cabeza.

Con un notorio mal humor llegué al bloque donde vivían Sora y Taichi y procuré tranquilizarme para cambiar mi estado anímico hacia uno más propicio para conocer al padre de mi novia y enfrentarme al ojo crítico de mi suegra.

¿Por qué diablos existían esas formalidades en su familia? Sora había logrado escaparse de gran parte de las tradiciones antiguas que su madre tanto amaba, sabía que la relación entre ambas era bastante tormentosa a veces y ella solía ser bastante rebelde, pero aún así podía tornarse complaciente con Toshiko alguna vez.

Supuse que era porque siempre se habían tenido la una a la otra para aprender a sobrellevar la distancia con el señor Takenouchi que residía en Kioto.

No lo había notado antes, pero el hecho de que Sora hubiera crecido siendo parte de esa estructura familiar era algo sumamente positivo, especialmente si lo analizaba desde la perspectiva que tendríamos que enfrentar en un futuro cercano, con meses sin poder vernos a causa de la gira y la distancia. Tampoco era una chica celosa como lo había sido Kurumi o alguna otra con la que yo hubiera salido, y ese era a mi entender uno de los mejores aspectos de nuestra relación. Aunque yo a veces sí lo era, no era algo que me volviera loco, podía confiar totalmente en ella.

Respiré hondo. Decidí que ya me encontraba más animado para ir hasta la puerta del departamento y aguardar a que la temible señora Takenouchi me abriera.

Luego de golpear suavemente con los nudillos apareció Sora, con una bonita sonrisa me hizo un gesto para que yo entrara y así lo hice.

Cuando ingresé en la sala principal, luego de besarla y quitarme el calzado, divisé en el sillón las siluetas de los padres de mi novia. Estaban de espaldas a nosotros y miraban la televisión mientras comentaban algo. No me apetecía para nada interrumpirlos, así que me limité a quedarme de pie procurando no hacer ruido hasta que sentí la mano de Sora aferrando la mía mientras me arrastraba para colocarme frente a ellos.

Nos observamos mutuamente y el señor Takenouchi se puso de pie seguido por su esposa. Me sonreía y tenía un semblante alegre, reconocí algún rasgo de su hija en aquel rostro que me observaba risueño y pude comenzar a sentir que aquello no era una mala idea. Toshiko no parecía tan severa como yo recordaba, noté su evidente buen humor al saludarme.

-Yamato ¿cómo estás? Hacía tiempo que no te veía.

Aquello era cierto, no me había sentido particularmente inclinado a pasar al departamento en los últimos tiempos, en realidad al terminar con las clases había tenido motivos sobrados para no pisar ese lugar, o para ser más preciso, no cuando ella estuviera allí.

La velada no fue tan mala como había llegado a imaginar, Sora se había encargado de dejarme en claro que su padre no era un hombre particularmente problemático con los asuntos de su adorada hija única, y me quedó claro que así era.

Nada de molestos cuestionarios ni expresiones cargadas de desconfianza, muy por el contrario, el señor Takenouchi estaba muy interesado en lo que yo le explicaba de mi música y la banda. Me encontré mostrándole mi bajo que traía del ensayo y estaba intrigado por la armónica y la forma en la que yo lograba sacarle sonido. Además me dijo que su padre había sido un conocido intérprete del koto (N/A: instrumento típico de la música tradicional japonesa) y que siempre le gustaba acompañar sus actividades con música. Él trabajaba en desarrollo de software para una gran corporación en Kioto y había sido ascendido hasta un cargo muy alto, lo que le había obligado a mudarse a aquella ciudad.

Toshiko y Sora nos escuchaban de a ratos mientras intercambiaban algunas ideas sobre la decoración para la tienda de Ikebana, al parecer la señora Takenouchi quería hacer algunas reformas y estaba concentrada en buscar diseños interesantes. Al final lo pasé genial y salí a cenar fuera más tarde con Sora.

-Te llevaste muy bien con mi padre – decía ella mientras jugaba distraídamente con el resto de comida que había en su plato

-Si. No sabía que tu abuelo había sido músico. Se me pasó volando el tiempo con esa charla, hasta me olvidé del miedo que le tenía a tu madre – ella me dio un leve golpecito en el brazo fingiendo molestarse para que inmediatamente nos echáramos a reír. Observó el paisaje nocturno a través de la ventana.

-Oh si, no conocí mucho a mi abuelo, falleció cuando era pequeña, pero he visto vídeos de él y sus interpretaciones, amaba su koto y era lo que más le hacía feliz, papá siempre me dice que soy tan idealista como él. – me sonrió complacida cuando habló de aquel hombre.

-Mi abuelo materno fue quien me regaló la armónica – dije mientras extraía el instrumento del bolsillo de mi jersey y lo contemplaba – no sé qué estaría haciendo hoy sin esa influencia que tuvo en mí hace años. Fue en Francia, el verano antes de que mis padres se divorciaran.

-Nunca me hablaste de eso – ya había finalizado su cena y había apoyado los codos sobre la mesa, a la vez que me observaba sonriendo mientras descansaba el mentón sobre sus manos.

-No es algo que haya hablado con alguien alguna vez, Takeru era muy pequeño, mamá necesitaba un espacio para pensar y nos llevó con ella. El problema siempre fue mi padre y su severa adicción al trabajo. Creo que ya estoy tan acostumbrado a eso que lo he normalizado, pero no es algo muy agradable. Me he criado más bien solo, apenas lo veo, creo que si no se suicidó luego del divorcio fue porque yo estaba ahí.

-Seguramente fue duro para ambos, pero especialmente para ti, eras un niño.

-Si. En realidad… creo que nunca le di mucha importancia a lo que pasaba a mi alrededor, simplemente me aislé y evadí toda la rabia que eso me provocó. Y así crecí hasta que llegó Taichi. Y el muy idiota realmente me ayudó a ser más sociable.

Ella se rió.

-Claro que sí, así es él.

-Por supuesto -bebí un sorbo del vaso que tenía en la mano y lo apoyé en la mesa antes de proseguir -A veces me sigue pesando ver a mi padre estando tan solo. Al principio me culpé mucho por el divorcio, que mi madre se marchara con Takeru y no me diera una explicación me sigue molestando, ¿acaso no se le ocurrió pensar en cómo me lo podría tomar yo? Sentía que había algo malo en mí, que por eso no me había permitido irme con ella. Cada vez que los visitaba envidiaba su departamento limpio y la atención constante que tenía mi hermano.

-¿Nunca pudiste decírselo a ella?

-No. No sé cómo, aún tengo demasiado resentimiento. Creo que por eso fui tan grosero la otra vez. Que no se atreva a hablar de ella como si se tratara de mi familia, las familias no hacen eso. – Sora apoyó una mano sobre la mía y me di cuenta de que yo estaba a punto de llorar, de pronto me dolía la cabeza.

-No tienes que seguir hablando si no quieres, no sabía que aún era un tema tan delicado para ti.

-Creo que lo he encerrado tanto dentro mío que no me di cuenta. Desde que discutí con mi madre me he sentido muy culpable y no quiero acercarme a ella.

-Creo que deberías hablarlo en algún momento. Evadirlo nunca va a funcionar.

-Tienes razón. Aunque no me da la cara para ir a visitarla.

-Es tu madre, podrá entenderte si quiere, quizás nunca pensó que todo esto iba a afectarte así.

-A veces siento que nos abandonó a ambos, a mi padre y a mí. Que no dudó en irse sin mirar atrás.

-Yo sentí algo muy similar cuando mi padre tuvo que irse a Kioto. Casi nos mudamos los tres a esa ciudad, sin embargo mi madre no estaba dispuesta a ceder porque no quería cerrar la tienda que heredó de su familia, ni abandonar su pasión y a todos sus clientes. Discutían bastante hasta que al final decidieron intentarlo a distancia. Logramos un equilibrio y la realidad es que se echan mucho de menos. Cuando papá está aquí a ella le cambia la cara, sé que la hace muy feliz, es como volver a ser una familia normal. Pero les funciona así.

-Debe estar contenta de verlo, imagino que nunca terminas de acostumbrarte a eso.

-Puede ser. De todos modos creo que es maravilloso para alguien como yo haber aprendido que no necesito tener una persona al lado para ser feliz. Antes no podía manejar la soledad como ellos, hasta que me di cuenta de que no estaban realmente solos, se tenían el uno al otro aunque había distancia física. Pero hablan siempre por teléfono y cuando se encuentran se llevan muy bien, creo que es todo cuestión de perspectiva.

-Mi padre sí que está solo. Si yo me voy, no sé cómo se las arreglará sin mí. Quiero decir que siempre he limpiado la casa y cocinado para los dos, siempre mantuve nuestro departamento habitable, a veces sentía que el niño era él. Si queda solo es probable que se descuide, espero que no se deprima más de la cuenta.

-No tiene porqué hacerlo. Se tienen el uno al otro de todos modos, con distancia de por medio y todo – me sonrió – estoy segura de que realmente quiere que cumplas tu sueño y que seas feliz haciendo lo que amas. Y creo que tu madre en realidad solo está preocupada por tu futuro y no quiere que pierdas el tiempo. ¿Cuándo fue la última vez que te tomaste una tarde para explicarle todo lo que ha sucedido con Knife Of Day? Recuerda que ella te alertó sobre la familia Fuji, tú me lo dijiste, ella estaba preocupada y te vio sufrir. ¿Alguna vez le explicaste todo lo que significa KOD para ti? ¿Le has hablado de tus compañeros de banda?

-Ni siquiera le he hablado de ti.

Sora se echó a reír. Sus palabras me habían quitado un peso enorme de encima.

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