Los días pasaron, ya apenas quedaban señales de la última batalla que se había librado en las calles de la ciudad.
Aunque, en el gran parque, Eriol tenía muchos más compañeros descansando bajo tierra junto a él.
Pero todos se sentían más libres, el peligro había pasado y la ciudad era aún más segura.
Cada pocos días seguían llegando humanos o vampiros dispuestos a dejar de matar y a unirse a ellos.
Syaoran y Meiling, que podían correr más rápido que nadie, se habían dedicado a recorrer los alrededores de la ciudad pintando antiguos carteles.
Desde entonces, en esos carteles se podía leer que la ciudad de Tokio era segura y que todos serían bien recibidos allí.
Las donaciones de sangre seguían siendo suficientes, por suerte en la ciudad el número de humanos era cuatro veces superior al número de vampiros.
Pocos días después de la batalla, la barriga de Sakura ya era tan notoria que todo el mundo descubrió que estaba embarazada.
Y desde entonces Syaoran recibía muchas miradas hostiles, la gran mayoría pensaba que había condenado a esa pobre chica a una muerte segura y le culpaban por ello.
El vampiro se limitaba a ignorar esas miradas y seguía intentando que Sakura aceptara tomar su sangre para convertirse en vampira, sin resultado.
Ese bebé iba a tardar muy poco en nacer, parecía que el embarazo iba a durar algo más de un mes antes de que tuvieran que sacárselo.
Meiling y Syaoran interrogaban a todos los vampiros que se encontraban en sus patrullajes alrededor de Tokio, intentando averiguar algo sobre la persona que había mencionado Chiharu.
"Ella", lo único de lo que estaban seguros es de que sería una vampira.
Pero nadie había oído hablar de una vampira que fuera peligrosa y tuviera un ejército bajo su mando.
Tomoyo seguía entrenando a los alumnos en la escuela, pero Sakura empezó a encontrarse siempre muy cansada y tuvo que dejar de hacerlo.
Según decía Meiling, el bebé ya casi tenía el tamaño de un embarazo de 9 meses y había empezado a alimentarse de su sangre, por eso ella se sentía débil y agotada.
Syaoran y Meiling acordaron que en 3 días le harían una cesárea a Sakura para sacar al bebé.
Pero claro, esta no sería una cesárea normal.
Meiling les había contado a los tres que, cuando nació su primo, la membrana que lo envolvía era tan dura que tuvo que romperla ella misma con sus dientes.
Sakura les había pedido que no hablaran del tema delante de ella, estaba cada vez más nerviosa y empezaba a darse cuenta de que su vida iba a correr mucho peligro cuando ese momento llegase.
Los médicos de la ciudad no iban a poder ayudarla de ninguna forma, todo dependería de Meiling y de Syaoran.
Sakura se despertó porque algo frío le estaba rozando la cara.
Al abrir los ojos, vio que era la mano de Syaoran lo que la estaba acariciando suavemente.
El vampiro se sentó a su lado en la cama cuando la vio despierta.
-¿Cómo te sientes?- preguntó, preocupado.
-Igual... estoy muy cansada y me duele- murmuró ella con la voz entrecortada.
Syaoran la destapó y levantó su camiseta para observar la enorme barriga.
Estaba completamente llena de moretones.
Se maldijo a sí mismo por lo que le estaba pasando a Sakura por su culpa.
Justo cuando estaba tocando su barriga, sintió una patada que venía desde dentro y vio que Sakura cerraba los ojos con fuerza y apretaba los labios para no gritar.
-Ya basta, no puedo soportarlo más-.
Sakura abrió los ojos sorprendida.
-¿Qué quieres decir?-.
-Te está haciendo daño, ya es lo suficientemente grande para sobrevivir si lo sacamos. Hoy mismo nos iremos a la torre, allí tenemos todo el material que necesitamos para intentar salvarte. Y no aceptaré un no por respuesta- dijo el vampiro con voz dura.
Sakura asintió, temerosa.
-¿De verdad crees que ya está formado?-.
-Estoy seguro, ya ha empezado a alimentarse de tu sangre y es inmortal. Voy a hablar con Meiling y Tomoyo, ellas también querían venir. Vístete y prepárate- murmuró el vampiro antes de correr hacia la puerta de entrada y bajar la escaleras del edificio.
Sakura suspiró y se levantó de la cama con algo de dificultad.
Se quitó el pijama y se puso ropa cómoda.
No había terminado de ponerse los zapatos cuando aparecieron ante ella Syaoran y Meiling.
Tomoyo se bajó de la espalda de Meiling y se acercó a Sakura para abrazarla.
-Traigo comida para las dos, no sé cuántos días estaremos allí- dijo Tomoyo mientras le mostraba a Sakura la mochila que llevaba colgando en su espalda.
-Cuando lleguemos lo prepararemos todo y hoy mismo lo sacaremos- gruñó Syaoran con el ceño fruncido.
Sakura volvió a suspirar.
-De acuerdo- respondió en voz baja.
-Este va a ser el embarazo más rápido de la historia, no va a llegar ni a mes y medio- murmuró Tomoyo, sorprendida.
Syaoran se acercó a Sakura y la cogió en brazos intentando no moverla mucho.
Aun así, Sakura hizo una mueca de dolor.
-Nos vemos allí- dijo el vampiro, empezando a correr a toda velocidad.
Las calles de Tokio se convirtieron en un borrón de colores alrededor de ellos dos.
Sakura cerró los ojos para no marearse y se sujetó con fuerza al cuello de Syaoran.
Sabía que en menos de una hora estarían en la torre, aunque ese lugar estaba a unos 200 kilómetros de Tokio.
-Syaoran... si me pasa algo creo que no esbuena idea quevuelvas a Tokio, podrían intentar algo contra ti- murmuró en voz baja.
El vampiro sonrió.
-Que se atrevan- se limitó a decir mientras seguía corriendo.
Syaoran corría entre los árboles a toda velocidad, había hecho tantas veces ese camino que se lo sabía de memoria.
Podría correr hasta la torre con los ojos cerrados y estaba seguro de que no chocaría contra nada.
Sintió que Sakura se estaba removiendo y aminoró un poco el paso para observarla.
La vio muy incómoda y jadeando.
-¿Qué te pasa?- le preguntó sin dejar de correr.
-Siento mucha presión aqu...- empezó Sakura.
De repente ambos escucharon un crujido que a Syaoran le heló la sangre.
El grito de Sakura resonó por todo el bosque, su cadera acababa de partirse.
-Joder... ¡Joder!- gruñó Syaoran, volviendo a correr a toda velocidad.
Sakura seguía gritando en sus brazos cuando por fin se detuvo en la puerta de la torre.
Echó una mirada rápida hacia atrás, él podía correr algo más deprisa que Meiling por lo que la vampira tardaría un par de minutos en alcanzarlos.
Abrió la puerta y subió a la primera planta.
Sakura se mordía el labio para no volver a gritar, y se sorprendió mucho al ver que estaban entrando en el cuarto de los padres de Syaoran.
Hasta ese momento nunca había estado allí.
Pudo ver que no había cama, en su lugar había una camilla de hospital y todo estaba lleno de material quirúrgico.
Syaoran dejó a Sakura en la camilla y empezó a moverse con rapidez alrededor de ella, poniéndole una vía con suero y atando sus brazos y sus piernas.
-¿Por qué me atas?- preguntó Sakura con la voz entrecortada.
-Porque lo que voy a hacerte va a doler mucho y necesito que no te muevas- respondió él sin dejar de buscar todo lo que necesitaba.
Sakura gimió de dolor, sentía como si la estuvieran desgarrando por dentro.
Syaoran sacó una bolsa de un líquido y se acercó para ponerla en el gotero.
-¡Espera! ¿Qué es eso?- preguntó Sakura, deteniéndolo.
Syaoran puso los ojos en blanco y le mostró el líquido transparente un momento.
-Lo he traído del hospital, es para aliviarte un poco el dolor aunque no creo que ayude mucho- murmuró mientras lo colgaba en su sitio y lo conectaba con la vía de Sakura.
Sakura jadeaba apretando los puños, intentando controlar su respiración.
Syaoran se acercó a ella y levantó su camiseta, dejando a la vista la barriga llena de hematomas.
-Lo siento, no puedo esperar más. Tengo que cortar ya- murmuró Syaoran, observando como el medicamento apenas había entrado en el torrente sanguíneo de Sakura.
Sujetó un bisturí con la mano derecha y empezó a abrir una raja horizontal en el vientre de Sakura.
Ella se retorció con los ojos apretados, reprimiendo los gritos.
La sangre empezó a salir y los ojos de Syaoran se volvieron rojos.
El chico separó despacio la piel de Sakura, dejando a la vista la membrana que cubría al feto.
La tocó, comprobando que era casi tan dura como una piedra.
-Joder, voy a tener que romperla a mordiscos como hizo Meiling conmigo- gruñó, alterado.
En ese momento su prima entró en la habitación, dejando a Tomoyo en el suelo.
-¿Qué ha pasado?- preguntó, colocándose al lado de Syaoran.
-Le está rompiendo los huesos, hay que sacarlo ya- contestó él mientras ponía sus manos sobre el vientre de Sakura.
Se oyó otro crujido y Sakura gritó con todas sus fuerzas.
Tomoyo estaba junto a ella, sujetando una de sus manos y aguantando las lágrimas.
-Voy a hacerlo, Mei. Ponte a su lado y prepárate para darle tu sangre en cuanto lo haya sacado- dijo Syaoran, acercando su rostro a la membrana.
Meiling asintió y se puso cerca de la cabeza de Sakura, con un brazo levantado, preparada para morderlo con rapidez.
Syaoran clavó los dientes en la membrana sin dejar de mirar a Sakura.
Ella no pudo más con tanto dolor y se desmayó.
Todo se quedó en silencio, solo se escuchaban los sollozos de Tomoyo y los mordiscos de Syaoran.
Los dos vampiros estaban atentos al pulso de Sakura, que cada vez se sentía más débil.
El siguió mordiendo sin parar, intentando abrir un agujero en la maldita membrana por el que pudiera sacar lo que había en su interior.
-Syaoran, date prisa. Su pulso se debilita cada vez más- murmuró Meiling con preocupación.
El vampiro gruñó y siguió mordiendo.
Se apartó con la cara llena de sangre y observó el agujero.
Se podían ver dos manitas ensangrentadas asomando por él.
Frunció el ceño y metió las manos dentro, intentando agarrar al bebé.
Sacó la cabeza y los dos brazos y se quedó helado al escuchar que el corazón de Sakura había dejado de latir.
-¡Dásela ya!- gritó.
Meiling se mordió el brazo y le abrió la boca a Sakura con la otra mano, poniendo su muñeca sobre sus labios para que la sangre cayera en su boca.
Intentó mover a la chica para que se la tragara pero no había respuesta.
Syaoran consiguió finalmente sacar al bebé, aunque había sido demasiado tarde.
Ni siquiera lo miró, se acercó a Tomoyo y lo dejó en sus brazos.
Ella lo cogió y salió de la habitación, ese bebé estaba cubierto de sangre y tenía que limpiarlo un poco.
Syaoran miró a Meiling, que seguía intentando reanimar a Sakura golpeándola en el corazón y haciéndole el boca a boca.
Meiling se apartó de ella, aguantando las lágrimas.
-Syaoran... no he podido hacer nada, está muerta-.
Se acercó y abrazó a su primo, que parecía una estatua.
Tomoyo entró con el bebé envuelto en una toalla y corrió hacía Meiling para abrazarla.
Los tres se quedaron en silencio, solo se escuchaba el goteo de la sangre de Sakura que caía al suelo y los sollozos de Tomoyo.
El bebé hizo un ruido y Meiling lo miró.
-¿Es un niño?- preguntó en voz baja.
Tomoyo asintió, intentando secarse las lágrimas.
Se lo dio a Meiling para que ella lo sujetara y corrió a abrazar a Sakura.
-Lo siento tanto... al menos ahora estarás con Eriol- murmuró en el oído de su amiga mientras le acariciaba el pelo con cariño.
Le dio un beso en la mejilla y volvió junto a Meiling, sin poder parar de llorar.
-Deberíamos enterrarla- dijo Meiling mientras le volvía a dar el bebé a Tomoyo.
Syaoran, que todavía no había hecho ningún movimiento, giró la cabeza y miró a su prima con los ojos rojos.
-No- gruñó.
Meiling suspiró.
-Sé que esto es muy duro para ti pero no podemos dejarla así-.
Syaoran frunció el ceño y apretó los puños.
-Tomoyo... deberías salir de aquí, mi primo puede explotar en cualquier momento y te podría hacer daño sin querer- murmuró la vampira.
Tomoyo miró de reojo a Syaoran y salió de la habitación, bajando las escaleras hasta el salón.
Meiling se acercó a su primo y le sujetó de un hombro.
-Syaoran... tienes que reaccionar-.
El vampiro seguía con los ojos rojos fijos en el cuerpo de Sakura.
-Grita, rompe algo, destroza la torre entera si quieres. Pero reacciona- pidió Meiling.
Syaoran siguió sin moverse y sin apenas pestañear, mirando el cuerpo de la humana a la que tanto quería.
