Los personajes de Candy Candy son propiedad de Mizuki e Igarashi, TOEI Animation, Tokio 1976, usados en este fic sin fines de lucro.
Capítulo 20
Ut Renati
Patty estaba sentada con sus piernas flexionadas hacia su pecho en el amplio columpio de madera del el kiosco del jardín trasero de su casa. Podía escuchar el paso del viento a través de las copas de los árboles y se deleitaba con el suave crepitar de la lluvia golpeando suavemente contra el piso de mármol de las escaleras del kiosco y contra el pasto. Pronto caería la noche, pero a ella le gustaba disfrutar del frío, de la lluvia, del olor a tierra mojada y del arrullo del agua cayendo libremente. La tarde era fría y ella había traído un tarro de café para servir en su taza favorita. Usaba un mullido suéter de punto, cuyas mangas cubrían la mitad de sus manos mientras sujetaba la taza cerca de su rostro para beneficiarse del calor
Patricia se debatía entre sus pensamientos. Para ella sus sentimientos eran claros y preciosos, había amado a Alistar Cornwell por años, incluso, su luto a causa de la pérdida se prolongó más de lo normal, al menos eso fue lo que todos sus amigos opinaron continuamente. Ella sabía que seguía enamorada de Stear, por eso se sentía confundida cuando respondía con entusiasmo a las cada vez más frecuentes visitas de Paul.
Cuando estaba con Paul todo parecía estar mejor. De alguna manera Paul lograba hacerla reír incluso a carcajadas, sin importar que estuviesen en algún lugar público; aunque eso, en algunas ocasiones le había provocado cierto grado de culpabilidad al imaginar a Alistar esforzándose en soledad y aislamiento por vencer sus demonios para estar con ella. ¿Era eso muy egoísta? ¿Se había convertido en un ser insensible, incapaz de compenetrarse con el sufrimiento de Stear? Tenía que aceptar que ella disfrutaba reír con Paul… quizás sí: Quizás era egoísta, y mucho. Aunque, por otra parte, había noches interminables, noches en que no podía cerrar los ojos, noches en que su corazón se precipitaba hasta una clínica de Galena, a cientos de kilómetros de donde se encontraba. Durante esas noches de insomnio, le era imposible controlar los deseos de su cuerpo; ella, otra vez, quizás de forma egoísta, solo quería que Stear estuviese sano, que fuera dado de alta para que volviera pronto a estar con ella, lo quería en su vida, lo anhelaba en cada logro, lo necesitaba incluso en su cama. Stear había estado internado en la clínica ya un año. El médico era muy optimista con el avance y había propuesto el alta de su paciente en un par de ocasiones, pero el joven insistía en estar completamente recuperado, o al menos, tan recuperado como le fuera posible.
Habían pasado un par de semanas desde la última vez que lo visitara. Ella había procurado estar con él al menos una vez por semana, sin embargo, en esta ocasión habían pasado ya dos semanas sin poder escaparse de su proyecto. Pronto la misión 2020 sería liberada y su jefe la estaba presionando más que nunca. Patricia había pasado las últimas dos semanas frente al monitor de su computadora desarrollando los cambios de ingeniería necesarios antes de la última prueba. Esa tarde finalmente había terminado el prototipo y al día siguiente sería el gran día de la liberación. Por lo menos había terminado antes de la hora habitual y ahora tenía esas valiosas horas solo para ella.
Pronto descubrió que había iniciado su tarde pensando en Paul, pero, irremediablemente, era Alistar quien se apoderaba de todo sus pensamientos y deseos al final del día. Suspiró con nostalgia; era fin de semana y ella no podía viajar a Galena, tenía que presentarse en su trabajo al siguiente día para la famosa prueba. Esperaba que no tuviese problema alguno. Había sido muy exigente consigo misma para el resultado final; de lo contrario, si su jefe recibía un nuevo requerimiento de cambio, ella tendría que volver a sacrificar un fin de semana más, lo que significaba que habría pasado un mes sin poder visitar a Stear.
-Por favor – dijo mirando al cielo -, que ya no haya no conformidades, que todo esté tal como lo requirieron.
Iba a servirse otra taza de café cuando descubrió que su teléfono tenía la pantalla encendida. Vio que era una llamada de Stear pero cuando estaba a punto de aceptar la llamada se interrumpió. Entonces miró las notificaciones y descubrió que Alistar la había llamado más de 15 veces en las últimas cinco horas.
-¡Rayos! Olvidé que había silenciado mi teléfono en el trabajo.
De inmediato regresó la llamada y tan pronto Alistar respondió, ella se descubrió dando explicaciones.
-Lo siento, Stear, olvidé poner el volumen a mi teléfono después del trabajo. Debía terminar un prototipo y enviarlo, además, mis compañeros también necesitaban silencio…
-Patty – a Stear le parecía que no importaba cuán exitosa fuera su novia, de alguna manera la jovencita insegura del colegio de vez en cuando encontraba un camino para escaparse. Eso le gustaba, porque él la adoraba también, en cada faceta.
-Vi que tengo varias llamadas tuyas, no sé cómo es que no me di cuenta… - sintió el rubor apoderarse de sus mejillas y su corazón latir a mil por hora. La voz de Stear era suficiente para que ella quisiera cantar, incluso.
-Patty…
-Te prometo que seré más cuidadosa…
-Patty…
-Voy a programar una alarma para la hora que salga del trabajo… o no… eso no será posible porque siempre me quedo más tiempo. No tengo hora de salida…
-Patty O´Brien…
-Bueno, quizás pueda programar un nuevo software para que el volumen suene solo cuando seas tú… -la pobre chica tenía los nervios de punta, sus palabras eras atropelladas, Stear la ponía nerviosa.
-Patricia O´Brien, puedes seguir dando todas las explicaciones que quiera, pero primeo, por favor, ven a abrir la puerta porque la lluvia me tiene empapado…
-Sí, yo creo que será fácil. Con mis habilidades voy a hacer una aplicación… -ella seguía dando forma a su idea…
-Patty, ven por favor, ven a la puerta…
Ella entonces detuvo su parloteo. Ni siquiera pensó en abrir el paraguas que tenía a la mano. Sus ojos se abrieron emocionados y corrió con el teléfono en la mano hacia su casa, jamás supo cómo atravesó el pasillo principal hasta llegar al control de seguridad de su puerta y mirar por la cámara. Sus dedos estaban nerviosos que tuvo que introducir la clave un par e veces antes de que Alistar escuchara el abrir de la puerta principal. Le esperaba un largo camino hasta la casa y a ambos les pareció eterno. Mientras caminaba vio la figura de Patty que lo esperaba en la puerta, entre dos lindas macetas de pinos enanos, ella lucía sencillamente maravillosa. Tenía una desconcertada sonrisa en sus labios, en sus ojos se asomaban un par de lágrimas y sus piernas se movían desesperadas. Entonces, la vio correr hacia él bajo la lluvia; esta vez sí llevaba un enorme paraguas en sus manos. Su sonrisa fue la mejor recompensa a las llamadas sin contestar. Alistar apresuró su paso, ya no podía esperar más para abrazarla. Detrás de sus sonrisas había alguna traviesa lágrima emocionada. Él no podía esperar más, tan pronto la tuvo al alcance de su brazo, la atrajo hacia él y la ciñó con fuerza hacia su cuerpo. Las manos de Stear se posaron en su cintura, ella tuvo que ponerse de puntitas para responder a la fuerte atracción de su novio rodeando el varonil cuello con sus brazos.
Stear buscó sus labios nervioso. La besaba cada vez que la tenía cerca, pero esta ocasión habían pasado dos semanas sin verla, así que él la quería más cerca todavía. El impacto del beso fue tal, que Patty tiró el paraguas, quería sus manos libres para ceñirse más a él. Sintió su corazón apresurarse a recibirlo, sintió la calidez de sus labios bailando en una danza desesperada de fusión, percibió las lágrimas que se confundían con las gotas de la lluvia. Sabía que ambos estaban sonriendo, sabía que eran felices, que se sentían plenos. No tenía idea de cómo Alistar Cornwell estaba en el patio de su casa besándola bajo la lluvia, pero ella no preguntaría ahora. Por el momento, solo quería beberse su aliento, recibir su calidez y vivir la pasión de su beso. El beso perduró por varios minutos, él quizás se cansaba, o quizás se cansaba ella, pero su deseo era más fuerte; ninguno de los dos era capaz de dejar probar el mutuo sabor de sus besos.
Finalmente la cordura los invadió e interrumpieron su beso para caminar del brazo hacia la casa.
-¿Qué sucedió, Stear?
-El doctor dijo que ya no puedo mejorar más. Dijo que estoy bien, que puedo rehacer mi vida.
Patty no podía dejar de sonreír. Sus ojos lo dijeron todo y Alistar lo entendía.
-Fui a Chicago solo a tomar el jet. ¿Sabes que ni siquiera fui a ver a Archie? Antes de llegar al aeropuerto lo llamé para pedirle que le ordenara al capitán que esperara por mí.
-Stear… debiste habernos avisado para recibirte.
-Ni siquiera yo lo sabía. Cuando me vi libre, lo primero que quise hacer fue verte – la mirada y la voz de Alistar fueron tan profundas que Patty se estremeció.
-Será mejor que te cambies antes de que te resfríes – Patty abrió la puerta del cuarto de huéspedes – o si lo prefieres, puedes darte un baño.
-Sí, creo que es lo mejor. Una mujer despistada no abría la puerta de su casa – Stear disfrutó con el sonrojo de Patty.
-Entonces te compartiré el baño de mi habitación, en este no hay agua caliente – ella lo tomó de la mano para conducirlo a su recámara. Sintió su corazón apresurarse cuando los brazos de Stear la rodearon desde la espalda y caminó con ella recargando su cabeza en el hombro femenino.
La habitación de Patty era cálida. La luz era amarilla y los muebles eran de estilo vintage. Archie siempre le decía que tenía que dejar su estilo victoriano y darle una buena remodelada a su casa, pero ella prefería mantener los recuerdos de su abuela.
Ella caminó hacia el baño, estaba a punto de abrir la puerta cuando Alistar la obligó a girarse para mirarlo, la acorraló entre la puerta y su cuerpo y la besó con delicadeza. Ella correspondió al continua escrutinio de su novio, aún no asimilaba la sorpresa de tenerlo en casa, sus besos la mareaban y al mismo tiempo la energizaban.
Stear tenía atrapado el cuello de Patty con una de sus manos, mientras que con la otra recargaba su peso en la puerta. Patty rodeó la cintura de Alistar con sus brazos y se acercó a él tanto como pudo. Ya no estaba pensando, había esperado mucho tiempo guardando sus emociones y añorando las caricias y los besos que Alistar le estaba prodigando. Cuando se sintió satisfecho, Alistar disminuyó su beso; sus labios, sin embargo, estaban a poca distancia. Se llenó de la mirada de Patty. Ella estaba turbada, deseosa, en sus ojos había pasión y cautela al mismo tiempo.
Después de un rato de escrutinio Patty reunió el valor para decirle a Stear que iría a buscar su maleta mientras que él se preparaba para bañarse. Stear sonrió satisfecho, con cierto aire de expectativa.
Patty encontró la maleta de Alistar justo en la puerta. Él no había querido introducirla para dejar que el agua de la lluvia se escurriera. Era una maleta pequeña, él le había dicho que la clínica enviaría sus pertenencias a la casa Archie. En unos minutos ya estaba de regreso en la habitación.
-Stear, aquí está tu maleta – ella se quedó de una sola pieza cuando vio que Alistar recién se despojaba de su camisa.
Ya su gabardina y su suéter lucían desordenados sobre la cama Alistar solo tenía que terminar de sacar los brazos de su camisa. El espectáculo de su pelo mojado goteando sobre su pecho y abdomen perfectamente trabajados logró que Patricia se paralizara y ruborizara. Stear sonrió con complacido y se acercó a ella para quitarle la maleta de la mano. Su camisa estaba nuevamente sobre sus hombros pero conservaba la desnudez de su pecho.
Iba a agradecer por el gesto de traer su maleta, sin embargo, con sumo sigilo comenzó a deslizar el suéter de Patty para despojarla de él. Sabía que ella era algo tímida, así que decidió besarla para obligarla a cerrar los ojos. Ella no tenía suficiente de él. Colocó los brazos sobre el pecho de Alistar y le permitió que hiciera lo que quisiera. Alistar descubrió que bajo el top que aún la cubría ella no estaba usando sostén, así que esperó un poco más… continuó besándola… quería despertar en ella el deseo de ser desnudada. Para su beneplácito, las manos de Patty terminaron la tarea que él había dejado inconclusa con la camisa. Fue hasta entonces que Stear se abrió camino para despojarla del top; sus manos temblaban ligeramente, no podría confesarle que jamás había estado con una mujer y no estaba muy seguro de lo que estaba haciendo. Decidió que debía dejarse guiar por sus instintos. Tener los pechos desnudos de Patty frente a sí lo llevo al cielo mismo. Fue inevitable llevar su mano para acariciarlos. Estaban firmes y su botón rosa estaba erguido; Stear disfrutó de acariciarlo mientras seguía bebiendo la pasión de los labios de Patty.
De pronto lo asaltó un pensamiento: No estaba seguro si se estaba precipitando; era obvio que este era el primer día que estaba a solas con ella, pero también era obvio que había esperado demasiado tiempo para cumplir su más íntimo deseo de hacerla tuya… casi quince años… entonces… quizás no… quizás no era precipitado.
Su respuesta llegó cuando Patty comenzó a desabrochar su cinturón. Al parecer ella estaba aún más nerviosa, porque sus ligeras manos de pronto eran torpes. Él disfrutó con acercarla aún más posando sus manos en la desnudez de la espalda de Patty, ello solo lo puso en evidencia porque el cuerpo femenino descubrió la natural excitación masculina. Por un momento Stear tuvo miedo, no quería asustarla, pero ella no era más una chiquilla. Se sintió complacida y finalmente terminó la tarea en el cinturón y la bragueta del pantalón de Alistar. Entonces fue su turno: Stear también desabrochó los jeans de Patty y luego, en un arranque, la tomó para cargarla a ahorcadas y depositarla suavemente sobre la cama. Se desnudaron mutuamente, liberando la pasión en cautiverio. Alistar le hizo el amor gran parte de la noche: besó cada rincón del cuerpo de Patty y ella hizo lo mismo. La amó primero con delicadeza y luego con pasión casi desenfrenada; después otra vez con delicadeza; hasta que cayeron rendidos en los brazos del otro.
A la mañana siguiente la despertó el olor al café. Se levantó envuelta en la sábana; aún olía a Stear, olía a sexo, olía a pasión. Se dirigió cautelosa a la cocina y se detuvo en la puerta para admirar la espalda de Stear que estaba desnuda. Stear terminaba de lavar los utensilios que había usado para hacer el desayuno. Patty sostenía la sabana al frente con sus manos, mientras que el resto caía sin preocupación arrastrando por el piso. Stear no pudo resistir la tentación cuando la descubrió; la despojó de la sábana y la amó salvajemente una vez más ahí, de pie, en un rincón de la cocina.
-Parece que no tengo suficiente de ti, Patty – le confesó ardientemente mientras besaba su cuello.
-Espero que nunca te canses – respondió correspondiendo las embestidas de Alistar, fuertes y decididas.
Cuando terminaron, Patty anunció que debía ir a trabajar, así que se apresuraron a desayunar y después de un baño ella estuvo lista para salir corriendo. Stear se quedó embriagado de ambos aromas: el aroma de su sexo y el aroma de su perfume antes de salir a trabajar. Dudó por unos instantes en meterse a la regadera; él quería conservar ambos aromas, así que decidió escribirle un mensaje de texto para confesarle su disyuntiva.
Patricia estaba por iniciar la prueba del prototipo de su software cuando abrió el mensaje y todos los colores se le subieron al rostro. Aún así se tomó su tiempo para responder:
-No temas tomar un baño. Puedo devolverte ambos aromas tan pronto llegue a casa.
Alistar no pudo menos que emocionarse. Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, disfrutando también del calor en sus mejillas.
-Te estaré esperando ansioso. No tardes. Ven directo a casa.
Tan pronto envió el mensaje recibió una llamada de Archie.
-Stear, estoy preocupado por ti.
-No tienes nada de qué preocuparte, Archie. Por favor, hermano. Dame oportunidad de volver a ser el hermano mayor. Déjame volver a ser yo quien cuide de ti.
Archie no estaba preparado para lo que sintió con la respuesta de su hermano. Por muchos años había tenido que ser fuerte. Por muchos años se había puesto una careta de todopoderoso para esconder los daños de su corazón; había, incluso, cargado con pesares que encorvaban su espíritu, pero de pronto, su amigo, su cómplice y aún más, su soporte, tomaba su lugar correspondiente para decirle que ahora podía descansar. Ahora podía volver a ser el mismo. Ahora podía ayudarle nuevamente con sus cargas y responsabilidades.
Hubo, por tanto, un silencio en la línea. Archie tenía un nudo en la garganta y no quería que su hermano lo descubriera.
-¿Archie, sigues ahí?
-Sí, sí… aquí estoy. ¿Cómo reaccionó Patty? – a Archie le preocupaba que Patty desconfiara de la decisión médica de terminar el tratamiento, sin embargo, no lo confesaría.
Ahora el silencio fue del otro lado de la línea. Stear, tuvo pensamientos nada castos cuando su hermano le hizo recordar las reacciones del reencuentro.
-Ella está bien, Archie.
-No fue eso lo que te pregunté. Quiero saber cómo reaccionó cuando te vio.
-Archie… bueno… Patty… - Stear clareó su garganta – bien, ella se alegró mucho de verme. Voy a pasar unos días aquí con ella.
Ahora quien se clareó la garganta fue Archie. No quería ser entrometido, sintió mucho júbilo por ellos pero trató de ser discreto.
-Me parece muy bien, Stear – quería darle algunos consejos. Quería decirle que fuera atento, que no abusara de su hospitalidad, que la cuidara mucho… pero entonces recordó que Alistar era su hermano mayor y que justo le había pedido que le permitiera volver a tomar su rol; sintió que darle consejos que no había solicitado sería como tratarlo como un niño.
-Archie – la voz de Stear sonó un poco indecisa – gracias por la tarjeta que me diste; he verificado mi banca electrónica y he visto que está vinculada a nuevas cuentas bancarias; veo que te has encargado de que mi dinero regrese a mis manos.
-Hablaremos de ello cuando nos veamos. Tu dinero está intacto, Candy y Patty no tuvieron inconveniente de devolver la parte de su herencia.
-No debiste pedirla de regreso…
-No lo hice. Ellas tomaron la iniciativa, pero ya te dije que hablaremos de ello cuando vuelvas. Por el momento, toma un tiempo para poner tus pensamientos, ideas y planes en orden.
-Lo haré.
-Dale un beso a Patty de mi parte.
Archivald colgó su teléfono y reclinó su espalda en su sillón. Tenía una amplia sonrisa en su rostro. Estaba tan concentrado en la felicidad que notaba en Stear que no reparó en el silencio casi sepulcral de su oficina.
-El sargento Cornwell… - Paul tomó aire para preguntar – el sargento y Patty… - por mucho valor que quisiera darse, no lograba formular su pregunta.
Archie contempló la turbidez de su asistente y decidió ayudarlo un poco. Él era su amigo y lo apreciaba profundamente. Le dolió que pudiese sufrir nuevamente. Ya había renunciado a Candy y ahora tendría que renunciar a Patty. De pronto un sentimiento incómodo invadió también los ojos de miel de Archie, más se esforzó por controlarse.
-Sí, Paul. Stear y Patty están juntos.
-¿Pero estás seguro, Archie? ¿Quizás solo… solo… solo está de visita?
-Paul, conozco a mi hermano y te aseguro que por su tono de voz descubrí que Patty y él han retomado su relación. Stear me dijo que planea pasar unos días con ella… - arrastró la última frase para que Paul comprendiera su significado implícito.
-Comprendo – los hombros de Paul cayeron con cierta derrota.
-Vamos, te invito un trago – Archie colocó su mano en el hombro de Paul para infundirle ánimo.
-¿Un trago, Jefe? ¿A esta hora? – Archie se sintió feliz cuando vio una sonrisa en su amigo.
-Sí, anda, vamos.
-¿Pero, qué va pensar Candy? Va a decir que soy una mala influencia.
-Candy es incapaz de decir eso; lo sabes. Ella comprenderá.
-Bueno, pues parece que al final yo salí ganando. Creo que la llegada del sargento Cornwell me ha devuelto a mi compañero de parrandas. Quién diría que volveríamos a un bar a esta hora, tú y yo…
-Espera… no vayas tan rápido.
-Vamos, Archie, no negarás que te hace falta relajarte un poco.
-Solo un poco, recuerda que soy casado.
-No te preocupes, yo me encargaré de que vuelvas a casa en tus cinco sentidos.
-Me parece perfecto.
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Unos meses más tarde Paul y Archie esperaban sentados cómodamente en el lounge del Burj Khalifa. Archie no entendía por qué su tío se empeñaba en hacerlo viajar a Dubai. Estaba seguro que él y Stear se traían algo entre manos, pero habían sido renuentes a hablarlo con ellos por teléfono, así que no había tenido mejor alternativa que despedirse de Candice y cruzar el Atlántico y luego el Mediterráneo. Las fuentes de Dubai bailoteaban rítmicamente a esa hora de la noche y Archie se concentró en contemplarlas sin darse por enterado de las miradas femeninas que atraía aún con su rostro serio.
-Jefe, me parece que eres popular – le susurró Paul en el oído mientras le acercaba una nueva copa de whisky.
Archie ignoró el comentario y se acomodó pacientemente en su lugar mientras consultaba la hora en su viejo reloj de oro, herencia de su bisabuelo.
-Stear y Albert ya deberían estar aquí.
-Tranquilo, jefe, deben estar por llegar.
-No comprendo qué quieren decirnos.
-En realidad no hablaremos aquí, hermanito… - la jovial voz de Stear se escuchó desde su espalda. Vestía con firmas exclusivas, pero de una manera casual, con toda la clase de su clan. Tenía un cabello desenfadado y profundamente negro que contrastaba perfecto con el color claro de su atuendo.
No había terminado de hablar cuando ya estaban fundidos en un abrazo.
-En realidad no queríamos que se aburrieran mientras nos esperaban, por eso les pedimos vernos aquí, pero hay algo que queremos mostrarles – Albert también abrazó a Archie y luego a Paul.
-Pues no perdamos más el tiempo, estoy realmente curioso.
Los cuatro caballeros abandonaron el bar bajo el escrutinio de la mirada de varias señoritas que se sintieron decepcionadas por perder la oportunidad de conocerlos.
Stear y Albert guiaron a Archie y Paul al ascensor y presionaron el 148, la planta asignada al mirador "The new deck".
-¿Archie, tú sabes cuál es la principal entrada del PIB de Dubai?
-Pues hasta hace algunos años era el petróleo, sin embargo, sé que aunque es el máximo productor de los Emiratos Árabes, este rubro representa solo el 1% de su PIB.
-Así es Archie – Albert extendió la mano para señalar un parque de luces que se encendían muy a lo lejos, en el desierto.
El Burj Khalifa es el edificio más alto del mundo. Mide 828 metros de altura y, desde el piso 148, Archie podía apreciar perfectamente la inmensidad de las luces que descansaban sobre la arena.
-Esas luces pertenecen al famoso parque solar que comenzó a construirse en 2013, utiliza energía fotovoltaica, ahora produce 10MW pero no terminará de construirse hasta el 2030, cuando se espera que produzca 5000MW al año. El gobierno espera que el 75% de la demanda de energía sea cubierta con energía renovable para 2050. ¿Sabes lo que eso significa, verdad, Archie? – Stear no podía esconder su entusiasmo.
Archie guardó un poco de silencio. Quería ser cauteloso. Obviamente sabía lo que significaba; había estado el último año en el negocio energético y aún recordaba la advertencia que le hizo a su padre cuando aceptó estar al frente de Cornwell Petro "Yo prefiero las energías alternativas" -había sentenciado-. Sin embargo, comprendía perfectamente el paradigma de su padre para continuar en un campo que conocía bien. Temía arriesgar su patrimonio, temía al cambio… Stear parecía adivinar sus pensamientos.
-Archie, heredamos una compañía del siglo pasado. Cornwell Petro estaba bien entonces, pero ahora es el momento de renovarse o morir. Mira a nuestra competencia, hermano: ellos lo han entendido, y eso que tienen reservas de combustibles fósiles suficientes para mantener su estilo de vida por varios años… sería así si las corrientes conservaran su cauce, sin embargo, sabes bien que no es así. Si no competimos ahora con ellos, en unos pocos años más Cornwell Petro será historia.
-Stear tiene razón, Archie – Albert se atrevió a entrar en la conversación – las energías alternativas son el futuro. Esto surgió como una charla de sobremesa entre nosotros y no hemos querido avanzar, no hemos querido darle forma a un proyecto sin antes invitarte a formar parte de él.
-¿Entonces, ustedes ya lo han decidido? – Archie sintió un vacío en el estómago, como si lo hubieran hecho a un lado.
-Sí, Archie, lo hemos decidido -confesó Stear – pero no le hemos dado forma. Es algo que deseamos hacer contigo. Tú eres visionario, compartes la idea del tío del desarrollo sustentable, eres un monstruo en los negocios y además, estoy seguro de que sabes cuál es el futuro de la compañía de papá.
-¿Cuál es su plan? – preguntó aún con recelo.
-¿No lo has entendido, Archie? No tenemos aún un plan. Queremos que lo que nazca en esta noche, en esta torre, sea de los tres. Queremos que tú concibas las ideas con nosotros. Al inicio pensamos en hacer una división de Cornwell Petro, después pensamos en la renuencia de papá, entonces nos dijimos que, si él se niega, podríamos entonces iniciar nuestra propia compañía, sin descuidar, por supuesto, Cornwell Petro. ¿No fue ese el trato que hiciste con papá? ¿No te dio carta abierta para que lo dejaras si esa era tu decisión final?
-Pero no pienso abandonar a papá. Él confía en nosotros.
-Entonces, demostremos que podemos atender su legado, mientras nos esforzamos por desarrollar el nuestro, a nuestra manera, con nuestras ideas e innovaciones.
-Eso es justo lo que papá quiere que invirtamos en CP.
-Y lo haremos también, pero no puedes negar que las energías alternativas sustituirán a las energías fósiles, y no falta mucho para eso. Si lo seguimos pensando, nuestros competidores seguirán avanzando y nosotros seguiremos mirando cómo responden a los cambios que nosotros nos negamos a atender.
-Archie – dijo Paul – si me lo permites, la verdad es que es una idea muy buena. Tú tienes habilidades para los negocios y si te rodeas de personas capaces, podrás invertir en un nuevo proyecto sin descuidar el legado de tu padre. Albert es tan hábil como tú, o quizás más, y con el soporte técnico y operacional de Stear, no habrá quién pueda negar que tienen futuro en este proyecto que ponen delante de ti.
-Archie, no te entrené para que tuvieras límites – ahora Albert sonaba más cómo el líder de negocios que como el tío – estoy seguro que no necesitas de grandes explicaciones para pronosticar las ventajas que ponemos delante de ti, así que haz lo que debes hacer. Paul conoce muy bien Cornwell Petro y George sabe lo que hay que hacer en Andrew Bank, no estaremos solos, podemos hacerlo. Recuerda que una de las principales funciones de un líder es saber delegar.
De pronto a Archie le brillaron sus ojos. Stear estaba cumpliendo su promesa. Hacía varios meses que no tenía que preocuparse por él y hoy por hoy su mente brillante se había actualizado con todos los avances tecnológicos que se habían cruzado en su camino. Stear se había puesto al día; a sus previos conocimientos de mecánica había agregado mecatrónica y robótica, así que no faltaban compañías que incluso lo buscaran. Stear era nuevamente su estoico hermano.
-Vamos… regresemos a lounge, esto merece una celebración – dijo renovado, con sus ojos brillantes. Suspiró profundo, sintió su cabello revolotear con el viento, sonrió y caminó de regreso al ascensor mientras sentía el brazo de su hermano rodear sus hombros con mucho optimismo.
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Habían pasado ya ocho años y la vida de Archivald Cornwell no tenía nada que ver con el vacío que lo había acompañado durante los años previos a su precipitada visita a Great Can.
Continuaba siendo un magnate en los negocios, las mujeres lo seguían deteniendo sus miradas para complacerse en observarlo, ya fuese en un restaurante, en un aeropuerto, en centros de negocios o todavía, frente a sus pantallas, disfrutando de algún encuentro de esgrima.
En sus cuarentas era sumamente atractivo y seductor.
La vieja espada del colegio continuaba en el lugar de honor de su sala, ahora tenía a la misma hermosa rubia durmiendo en su cama y desde unos años para acá, siempre en su cumpleaños, se encargaba de que un ramo de dulces candies estuviera siempre al lado de otro ramo de orquídeas. Él, que jamás regalaba rosas, por Candy había olvidado su regla.
En ocasiones no solo dormía con la pierna de la rubia sobre su regazo, sino que una pequeña de pelo lacio y castaño claro también lo aprisionaba con su pierna y aunque se sentía sofocado por las horas de soportar ambos pesos, era justo en esos momentos en que se sentía el hombre más afortunado y pleno del mundo.
El Spider había sido conservado y lo usaba solamente con su hija, la pequeña Teresa. Era algo así como un territorio padre e hija, que Candy ni siquiera intentaba profanar. De hecho, a Candy le encantaba saber que su pequeña tenía un lugar especial con su papi.
Esta mañana el despertador sonó, pero los tres se acurrucaron nuevamente. Archie abrazó a sus mujeres percibiendo la mezcla de aroma de su cabello; el de Candy olía a fresa y durazno y el de la pequeña Teresa tenía un aroma a goma de mascar.
-Cinco minutos más – dijo Candy alcanzando el pequeño brazo de su hija al otro lado de Archie. Pero la pequeña no se había dado por enterada del sonido.
Archie besó la frente de Candy, luego tomó a la pequeña en brazos para llevarla a su cama. Regresó pronto, sonrió con picardía y le hizo el amor a su esposa. Se sentían felices y plenos.
Esa mañana todos estarían en un evento deportivo de la pequeña Teresa, así que después de su pasional encuentro, se apresuraron a tomar un baño, luego despertaron a su hija y, mientras que Archie la vigilaba para que estuviera lista, Candy se aseguraba de que el desayuno fuera preparado.
Teresa estaba en la edad de explorar de todo un poco. Sus padres no le exigían nada en particular. La vez que lo intentaron, Archie compró un delicado piano, luego Patty se encargó de hacerle llegar un violín fabricado por un famoso luthier italiano; sin embargo, sus múltiples ocupaciones les impedía impartir clases personalmente, así Candy se dio a la tarea de inscribirla en una academia de música; lo interesante fue que su hija fue directo a la sala de batería y guitarra eléctrica.
-El piano está bien para papi y el violín para tía Patty… - explicó la pequeña.
Después, cuando se interesó por el deporte, Archie y Candy iniciaron su éxodo por varios clubes.
Archie sonreía en especial cuando recordaba su paso por el Taekwondo; su hija, en ese entonces tenía solo seis años y él se abrumaba cuando le ponía el dobok, pero, cuando en los torneos la contemplaba con su careta, con su peto, sus rodilleras y coderas él tenía muchos sentimientos encontrados; le divertía verla vestida así, pero no soportaba que la golpearan. Archie quería interrumpir los combates y llevarse a su hermosa Teresa. Durante los entrenamientos, su sabunim la motivaba a patear con fuerza el gojiny y ella se esmeraba. Archie la miraba con su carita decidida levantar su piernita y pegar fuerte, y luego, una vez que terminaba el feroz movimiento, ella caminaba hacia el siguiente ejercicio con tal gracia y delicadeza que parecía una bailarina interpretando el lago de los cisnes. Había heredado la miel de los ojos de su padre, de hecho, Albert siempre decía que, la niña era un clon de su padre.
Luego, se interesó en el ballet clásico, ahí desenvolvió toda la elegancia y el porte que había heredado. Archie adoraba verla con su tutú, pero ella dijo que quería cuidar sus pies y antes del primer recital la niña ya no quiso continuar sus clases.
Fue durante una visita de su padrino Terrence un año atrás, que la niña vio una maravillosa demostración esgrima. Estaba sentada al lado de su tío Stear y fue él quien descubrió los ojos emocionados de su sobrina.
-Archie – le dijo a su hermano – Teresita no está hecha para la fuerza bruta de las artes marciales, ni tampoco para la delicadeza extrema de una bailarina. Teresita quiere bailar con un florete en la mano, quiere mostrar su determinación con la elegancia que trae desde la cuna. A Teresita le va a ir bien en la esgrima.
-¡Cómo no se me ocurrió! – se reprochó mientras la abrazaba emocionado.
-Archie, tú siempre tan despistado – Terry sacudió con cariño la cabellera de su ahijada.
-Papá Terry – dijo Teresita - ¿Tú me vas a enseñar a usar un florete?
Candy se había esforzado por enseñarle a su hija a llamar "padrino" a Terry, pero ella decía que "papá Terry" era más fácil de decir y ni Archie se sentía amenazado, ni Terry se sentía molesto. Adoraba a su ahijada.
Afortunadamente, ya había pasado esa edad del complejo de Elektra, en que las niñas dicen que se casarán con sus papás cuando crezcan, porque Teresita siempre decía que se casaría con papá Terry. Eso sí le disgustaba a Archie, por muy inocente y natural que fuera el comentario, él se ponía celoso. Terry aún recordaba las tardes de estudio para aprender a tratar esta etapa de su ahijada.
Terrence también se había casado con una bondadosa mujer de la corte inglesa que, para el beneplácito de su esposo, se esforzaba mucho por no llamar la atención de la prensa. Ahora tenían un hijo que era tan solo un par de meses menor que Teresita; Albert era su padrino y el pequeño llevaba su primer nombre, él era William Grandchester, Marqués de Pemberly, y heredero aparente del Duque de Grandchester.
William Grandchester y Teresa Cornwell eran grandes amigos. El pequeño William trataba a Teresita con mucha consideración y la protegía continuamente; decía que su papá le había enseñado que siempre debía ser así con sus amiguitas pero que a Teresita la quería más que a todas juntas. Archie solo lo miraba con ojos fulminantes cada vez que el niño decía tal cosa.
-Parece que los Grandchester insisten en no dejarme en paz – mascullaba por lo bajo y como respuesta Terry le daba un par de palmaditas en la espalda.
-Tengo grandes expectativas con mi hijo – le decía mientras sonreía orgulloso.
Stear y Patty estaban embarazados por primera vez y no estaban seguros de querer saber qué les traería la cigüeña. Mientras que William Albert estaba tratando de armarse de valor para pedirle matrimonio a su novia, una hermosa médico que había conocido en su último proyecto con el programa de Médicos sin Fronteras.
Teresa hizo un papel destacado en su encuentro. Aún había un par de contrincantes que tenían una mayor experiencia y que impedían su triunfo total, pero ella estaba segura de que llegaría el día en que podría derrotarlos. Su papá y su padrino le habían prometido que la continuarían apoyando, así que ella se sentía muy animada.
-Tío Archie – el pequeño William se acercó hasta él llevando de la mano a Teresa, aprovechando que estaba con Candy – me pregunto si permitirías que Teresa pase el fin de semana con nosotros. Me gustaría llevarla al hípico para que conozca la nueva yegua que papá me regaló antes de que se embarque hacia Londres.
Archie se puso en su papel de padre sobreprotector; no dejaba de mirar las manos unidad de los niños; estaba a punto de negar el permiso, pero Candy adivinó sus intenciones y se adelantó:
-Archie – le dijo Candy – Teresita también querrá visitar a Athos; este mes no ha podido cabalgar por su entrenamiento de esgrima. Seguramente su caballo la extraña.
-Candy… – iba a protestar, pero Candy le habló al oído.
-Déjala ir, Archie, hace tiempo que no estamos solos, verás que te recompensaré – su voz fue de completa seducción.
-¿Es una promesa o es una amenaza?
-Por supuesto que es una amenaza – sonrió seductora mientras le hablaba todavía en el oído logrando que todos los sentidos de Archie se encendieran. Otra vez quiso ser un neandertal y tomar a su esposa del cabello para llevársela y poseerla en ese mismo instante.
Recuperó la cordura y luego se clareó la garganta.
-La quiero el domingo a las cuatro de la tarde…
-Tío, por favor, a las ocho de la noche…
-¡No, William! – por un momento Archie se sintió complacido - ¿Cómo crees que a las ocho de la noche? – la protesta de la niña lo tomó por sorpresa – Papi, por favor, déjame llegar a las 10.
-De ninguna manera jovencita. A las seis de la tarde, o no vas.
-Ya escucharon, niños – Terry apareció para poner un poco de paz – no te preocupes, Archie, llevaremos a esta hermosa señorita a las seis de la tarde del domingo a casa. Aprovecharemos para despedirnos. Tenemos que volver a Londres.
Los adultos notaron un velo de tristeza en William y Teresa, siempre la pasaban mal cuando tenían que despedirse.
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Durante ese fin se semana Archie amó a Candy de todas las maneras posibles. Jamás se cansaría de todas las facetas de su esposa. La había amado desde que era casi un niño y tenerla en sus brazos, hacerle el amor, escucharla llegar al climax a su lado, era para él la vida misma. Ella lo había sacado de su infierno para conducirlo al cielo, incluso más allá de la cama.
Se arrepentía de algunas cosas, pero jamás de haber tomado el desafío de su tío de ir hasta Great Can.
FIN
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De mi escritorio: ¡Finalmente, terminé! Ni siquiera tengo la menor idea de si aún alguien lee esta historia, pero tenía el compromiso de acabarla, así como tengo el compromiso de terminar el resto de mis historias inconclusas.
Gracias por leer.
Creo que se darán cuenta que es un final distinto a lo que las tengo acostumbradas, pero quise que fuera así para darle más peso a Archie, para quien finalmente escribí la historia. En este fic la protagonista no fue Candy, sino Archie, así que quise mantener esa línea y la mejor forma que encontré fue a través de Stear y de su vida como padre, ya que la historia comenzó con un Archie completamente solo, triste y enojado.
Si alguien estuvo esperando el final, pues mil gracias por su paciencia. No había logrado concentrarme en nada con esta pandemia.
Sobre Juego Limpio: No he renunciado a esa aventura, sé que está inconclusa desde hace tiempo, pero en verdad, no he renunciado a terminarla, yo sé que debo hacerlo.
Sobre Mauritania de Su Gracia: Tengo un problema, todas mis notas sobre Maury las perdí con mi anterior computadora. Ahí tenía planos, fotografías, colores, historias, hechos, noticias, lugares, fechas… tengo que volver a hacer mi investigación antes de continuar.
Leo todos y cada uno de sus reviews, aunque me tardo, los leo.
¡Un abrazo!
Maly.
Torreón, Coahuila, México, 29 junio 2020.
