IMPORTANTE!
NO poseo los derechos de autor, simplemente me divierto. Los personajes pertenecen a S. Mayer y la historia es de Federico Moccia.
Espero lo disfruten!
Capitulo 17
Eres la mejor madre del mundo, quizá porque yo te elegí. Me lo has enseñado todo y me habría gustado mucho ser la hija que querías, y tal vez lo sea si sólo tienes en cuenta el amor que siento por ti. Mejor dicho, soy mucho más, quizá sea como un par de gemelos porque mi amor vale el doble.
Te lo debo todo, Olga, cada una de las notas y todos los acordes más hermosos de mi vida. Tú me has hecho ver la poesía de la música, la importancia de la vida, la belleza de todos nuestros gestos, y tus lecciones, o regañinas, si lo prefieres, me han enseñado mucho, incluso a que no desperdicie nada en mi vida, como anoche.
Viktor podría haberme regalado todas las partituras de este mundo, pero la comandante Olga, acertadamente, ya lo había condenado. No sé cuándo volveremos a vernos, pero puede que ya sólo decirlo no sea la mejor manera de expresarlo. Porque yo te llevo siempre conmigo, en mi corazón. No habría soportado despedirme de ti o, peor aún, que me acompañaras, porque habría llorado demasiado. Lo que voy a hacer ahora es hacerte caso, de modo que no quiero llorar, sólo quiero ser feliz.
Gracias, tu hija,
Bella
Olga no consigue retener las lágrimas, las ve deslizarse por las mejillas como un aguacero.
—Oh, no, se está mojando la palabras de Bella alcanzadas de lleno se esparcen por la hoja, tiñéndolo todo de azul a su alrededor. Olga se levanta, coge una toalla nueva que todavía huele a recién lavada y la pone con delicadeza encima de la carta, intentando secarla todo lo posible. Acto seguido, la dobla y la mete en el cajón del escritorio, donde guarda todos sus recuerdos más preciados, como si esa carta fuera la partitura más valiosa de su vida, su personal y original sonata de la que sólo existe esa única copia.
Mucho más lejos, ya al otro lado del continente, tras haber viajado muchas horas y haber hecho escala en Moscú, Bella está a punto de aterrizar. El fuerte chirrido de los neumáticos del Airbus 420 y el anuncio del comandante le dan la bienvenida a Roma. Poco después sale por las puertas automáticas e inmediatamente una suave brisa le recuerda el aroma a mar de Fiumicino. Bella se pone a la cola y, apenas un par de personas después, sube a un taxi.
—¿Adónde la llevo?
Se sorprende ante ese chico educado, de aspecto atildado e incluso con un italiano impecable. Se esperaba el típico y tópico romano.
—Via dei Serpenti, 35. —Y añade para ayudarlo—: Barrio Monti.
—Sí —sonríe el joven taxista—, conozco bien la calle.
Bella casi se disculpa mientras el taxi parte hacia su destino. Entonces conecta el teléfono y mira qué hoteles hay cerca. Al final encuentra el Anfiteatro Flavio, que está a apenas cuarenta metros de su casa. De su casa... A Bella le dan ganas de reír. «Hace ocho meses que no hablo con Jacob. Puede que ya no viva allí. Sólo nos hemos cruzado algunos mensajes y el último fue hace un mes.»
Ante la duda, llama por teléfono.
—Hola, ¿Anfiteatro Flavio?
—Sí...
—Buenas tardes, quería saber si tienen habitaciones disponibles.
—¿Para esta noche?
—Sí.
—Un momento, por favor... Sí, no hay ningún problema.
—Bien, gracias.
Bella cuelga. «"Ningún problema." Eso significa que por lo menos tienen dos habitaciones libres y yo dentro de una hora ya sabré en qué situación estoy. —Entonces se fija en que el taxista la está mirando por el espejo retrovisor—. A lo mejor ha oído la llamada —piensa Bella—, y ahora se estará preguntando: "¿Qué hace?, ¿primero me da la dirección y ahora está buscando una habitación en un hotel? Así pues, ¿qué tengo que hacer? ¿Dónde tengo que dejarla?".
Bueno, la verdad es que la situación no parece estar muy clara.» Al final, el chico no aguanta más, la curiosidad lo corroe.
—Disculpe...
—Sí, dígame.
Bella está dispuesta a darle una explicación, aunque en realidad le molesta que alguien se meta en sus asuntos y además que haya escuchado su llamada telefónica, pero por otra parte en Rusia o en Italia o en cualquier otra parte del mundo los taxistas son así.
—¿Usted no es la pianista Bella Swan?
Ella se ruboriza, en realidad y sobre todo por ser tan mal pensada.
—Sí, soy yo.
—Ya me lo había parecido... —El chico le sonríe—. Hace unos años fui a verla a via della Conciliazione.
—¿Fue un buen concierto?
—Hizo que me emocionara, la felicito sinceramente. —Entonces la mira una última vez por el retrovisor—. Espero poder escucharla de nuevo. Bienvenida.
Gracias por leer.
Besos!
