Capítulo 25

Kagome buscaba a Inuyasha con la mirada pero no lograba encontrarlo, en ese momento se acercó su madre.

―No está aquí hija – dijo con serenidad – Se ha ido

― ¿Pero cómo? – Algo no andaba bien y ella lo presentía – Debo ir a buscarlo

Ella pasó a un lado de su madre, ignorando sus protestas, pero en ese momento alguien la tomó del hombro y la obligó a girar bruscamente y se encontró con unos ojos dorados que la miraban intensamente.

―Te dejo Kagome – dijo Sesshomaru, si iba aprovechar un momento para separarla de Inuyasha, ese sería el adecuado – No le importas, dijo que no quería saber nada de ti

―No – ella negó y las lágrimas comenzaron a salir – Tú mientes. Él me ama y lo sé, no se habría ido sin ninguna razón

―Lo que dice Sesshomaru es verdad hija – intervino Katherine – Me pidió que te dijera que ya no hay nada que los una, que no lo busques porque no estará dispuesto a recibirte

Con esfuerzo pudo liberarse de las garras de Sesshomaru, dio un paso hacia atrás.

―No les creo ni una sola palabra – muy en el fondo sabía que era mentira, Inuyasha la amaba y le pediría una explicación a todo esto – Mienten!

Y salió corriendo de ahí, solo para encontrarse con el cochero que los había llevado a la hacienda de los Taisho, subió al carruaje y le pidió que la llevara a casa.

Sesshomaru trató de ir tras ella, pero Katherine se lo impidió.

―Deja que vaya – dijo poniendo un brazo delante de Sesshomaru – Es mejor que se dé cuenta por si misma de que Inuyasha no quiere saber nada de ella

El corazón de Kagome latía con fuerza cada vez que se acercaba a la casa donde ella e Inuyasha vivían, en cuanto el carruaje se detuvo, ella salió y corrió hacia la puerta, en cuanto entró, se topó con Sango, que al verla se sobresaltó.

―Señora…― dijo llevándose una mano al corazón por el susto

―¿Dónde está Inuyasha?

Sango se mordió el labio, sabía dónde estaba, ya que cuando él llegó le explicó todo lo que había pasado y que preparara las maletas de Kagome ya que ella iba a regresar con su familia.

―No sé dónde está – ella negó

―Por favor Sango, sé que mientes. Así que dime donde esta

La joven tuvo que hacer un esfuerzo, por un lado no quería traicionar a su mejor amigo, casi a su hermano, pero por otro lado no quería ver sufrir tanto a ella como a Inuyasha, así que lo traicionó y le dijo a Kagome en donde lo pudiera encontrar.

Kagome salió y le pidió al cochero que la llevara a la dirección que le había dado Sango, pero en cuanto estuvo en la entrada de esa taberna, no sabía si debía entrar, pero con tal de verlo y pedirle una explicación, era capaz de todo. Y así fue, entró, en el lugar había puros hombres que al darse cuenta de su presencia se le quedaron viendo, pero eso a ella no le importó, con tal de encontrar a Inuyasha, no lo veía por ninguna parte, entonces escuchó su risa, su voz y en cuanto dirigió su mirada hacia un rincón de la taberna, lo vio, ahí estaba, sentado, bebiendo y….con una mujer en sus piernas!

Reunió todas sus fuerzas y se acercó a esa mesa.

―Inuyasha…

Inuyasha dejó de reír y volteó a verla.

―¿Qué haces aquí?

―Vengo hablar contigo

―No tenemos nada de qué hablar

Ella suspiró

―Creo que sí y no me iré sin hacerlo

Entonces él asintió y con una seña le hizo entender a la mujer que los dejara solos, Inuyasha se levantó y la tomó del brazo solo para salir de ese lugar, ya que una mujer como ella no debería de estar ahí.

En cuanto estuvieron afuera, Inuyasha se cruzó de brazos y se recargó en una pared.

―Bien, habla – dijo con frialdad

―¿Por qué te fuiste sin decir nada?

Inuyasha esbozó una media sonrisa, y aunque se moría de deseo de tomar a Kagome entre sus brazos y besarla, debía de contener ese deseo, por el bien de ella, por el bien de los dos.

―Ya veo – fue todo lo que pudo responder – A eso has venido

Ella trató de acercase pero Inuyasha se lo impidió.

―No Kagome, no quiero que te acerques a mí

―¿Por qué? ¿Acaso no me amas?

Reunió todas sus fuerzas para responder a esa pregunta, se supone que su madre se encargaría de eso, pero a lo que veía no supo que decirle a su hija, bien, si ella no había sido cruel en sus palabras, él lo sería y se le daba muy bien.

―¿Crees que pueda amar a la hermana de la mujer que me hizo daño? No Kagome, nunca te amé. De hecho, quería vengarme de Kikyo utilizándote a ti, pero como ella está muerta, ya no tiene caso seguir con esta farsa

―Pero tú me dijiste que me amabas – sus lágrimas comenzaron a brotar

―Mentí , en este tiempo que llevábamos juntos jamás sentí nada por ti

―Eres cruel

―Y puedo serlo mil veces más si no te vas de aquí. Regresa con tu familia, eres libre

―Pero yo quiero estar contigo – ella se acercó a él, lo abrazó y se aferró

Inuyasha se moría por abrazarla, por besarla, por tomarla entre sus brazos y llevarla a un lugar lejos de aquí para hacerla suya, pero en lugar de eso, sólo la apartó de él.

―Pero yo no – dijo mirándola a los ojos – No eres el tipo de mujer con la que quiero estar

La tomó del brazo y la obligó a subir al carruaje.

―Así que te pido que no me busques más – miró al cochero – Llévala a la hacienda de los Taisho – y cerró la puerta

El cochero asintió, cuando vio que el carruaje alejarse.

―Perdóname

Kikyo se puso una ropa que le había dado esa mujer, mientras se cambiaba pensaba en las mil y un formas de cómo vengarse de Kagome, Sesshomaru, de todos los que le habían hecho daño, en especial de Inuyasha.

―Mi venganza será terrible y comenzaré primero contigo Kagome, por haberme quitado lo que más amo

El carruaje se detuvo en frente de la entrada de la hacienda Taisho, y en cuanto ella se bajó fue recibida por su madre.

Kagome no pudo seguir oprimiendo más ese deseo de llorar y lo hizo en el hombro de su madre.

―Tenías razón madre, me dejó, no me amaba

―Te lo dije hija, pero no me hiciste caso

Entraron y la llevó a una de las habitaciones para que descansara, mientras que ella regresaba al velorio de Kikyo, al estar sola se recargó más en la cama se quedó completamente dormida, más tarde, Katherine regresó después de haber enterrado a su hija, bueno, aunque no había cuerpo que velar, se le hizo una lápida.

Vio a Kagome dormida y no la quiso despertar, pero ella sintió su presencia y despertó.

―¿Cómo te sientes?

Kagome roló los ojos, le ardían por tanto llorar

―Mal – respondió con un nudo en la garganta

―Vámonos de aquí. ¿Qué te parece si pasamos una temporada en Londres? Solo tú y yo

―Si – ella asintió – Está bien

Tal vez salir de aquí y conocer nuevos lugares se haría bien, aunque no sabía cuánto tiempo su corazón tardaría en sanar.

Inuyasha llegó borracho a su casa, subió las escaleras y sus pies lo llevaron hasta la habitación en donde había hecho suya a Kagome, aquella habitación donde le había confesado su amor, aquella habitación que ahora era testigo de su sufrimiento.

Que estúpido había sido al creer que con ella todo iba a ser distinto, justo en el momento en que amaba de verdad, tenía que desprender ese sentimiento de todo su cuerpo, iba ser difícil olvidarla, su aroma estaba en la habitación, pero no solo estaba ahí, sino que lo acompañaba a todas partes, lo tenía impregnado en su propia piel y no sería fácil olvidarla.

Sango entró a la habitación y lo vio tumbado en la cama.

―¿Qué ha pasado? – preguntó Sango

―Nada – dijo muy a duras penas

―Vamos Inuyasha, te conozco

―No es nada! – Gritó – Prepara las cosas de Kagome y llévalas a la hacienda de los Taisho. No preguntes nada, solo hazlo

La joven no quiso preguntar más y asintió para después comenzar a recoger todas las cosas de Kagome que iban a ser llevadas la hacienda.

A Kagome se le destrozó el corazón cuando vio a Totosai bajar sus maletas, era evidente que Inuyasha estaba dispuesto a sacarla de su vida.

―Muy bien Inuyasha, yo también te arrancaré de mi vida – se limpió las ultimas lágrimas y juró no volver a llorar por él nunca más …

Meses después

Sango observaba a Inuyasha desayunar, en los meses pasados no le mencionó nada sobre Kagome, solo pudo decirle que ella se había ido al día siguiente a Londres con su madre y sólo tuvo como respuesta "qué bueno", por eso ya no hablaba de ella delante de él, aunque bien sabía que en el fondo se moría por saber de ella.

Escuchó que alguien llamaba a la puerta y se apuró en ir a ver quién era, seguramente era Koga que venía a visitarlo, pero esbozó una sonrisa amplia al encontrase con Miroku.

―Hola – dijo ella

―Buenos días señorita – respondió Miroku entregándole un ramo de flores

―¿Qué haces aquí tan temprano?

―Pues pase por aquí y quise venir a visitarte, además para decirte que mi madre y Kagome hoy regresan

―¿Regresa Kagome? – preguntó feliz

―Así es – asintió Miroku – Pero por favor te pido que no le digas nada a Inuyasha, te conozco

―Te prometo que no diré nada – dijo con una sonrisa en los labios

Miroku le dio un beso en la frente – Bien, dile que llega hoy a mediodía

―Claro

Miroku sabía que para Sango e Inuyasha no había ningún secreto y estaba seguro de que ella tarde o temprano se lo iba a decir.

―¿Qué quería Miroku? – preguntó Inuyasha al ver a Sango

―Vino a decirme que Kagome regresa hoy al mediodía…por si este interesado en saber – y salió con una amplia sonrisa del comedor

Era mediodía, Inuyasha esperaba en un rincón de la hacienda de los Taisho esperando a ver a Kagome y tal y como lo había dicho Miroku, un carruaje se paró en frente de la entrada, Inuyasha frunció el cejo al ver a Sesshomaru.

Sesshomaru salió del carruaje primero y después la madre y por ultimo Kagome, el joven trato de ofrecerle el brazo a la ella.

―No gracias. Puedo andar yo sola – y pasó por un lado de él

Pero la que si recibió el brazo de Sesshomaru fue Katherine.

―¿Por qué me rechaza?

―No te preocupes hijo, te aseguro que tarde o temprano Kagome te aceptara

―Eso espero

Inuyasha analizó muy bien cada muro de la hacienda y encontró una forma de cómo entrar y salir sin que nadie lo viera, así que regresaría por la noche y secuestraría a su aún esposa.

En la noche, todos se encontraban en el comedor, Kagome se sentía sofocada por el calor, por la plática aburrida, así que se levantó y se disculpó, diciendo que quería tomar aire fresco.

―Voy contigo – dijo Sesshomaru

―No, quiero estar sola

Katherine, Sesshomaru e Irasue la vieron salir de ahí.

―Está cansada – comentó su madre

―Lo entiendo, el viaje debió agitarla – dijo Irasue

―Voy a buscarla

―Déjala hijo – volvió a decir Irasue – Los jardines no son peligrosos, ni un demonio podría entrar

Pero eso alarmó a Sesshomaru y no quiso correr el riesgo de que Inuyasha pudiera entrar y se la llevara, así que se levantó de sus silla y fue tras de ella.

Sus pies la llevaron justamente hacia aquel árbol donde había comenzado todo, puso la palma de su mano en el tronco y comenzó a recordar aquél día en que había cambiado su vida, aquel día que se sacrificó por un supuesto amor que sentía por Inuyasha, pero estaba equivocada, ya que el verdadero amor había llegado estando junto a él.

Ahora que estaba de regreso no sabía si se encontraría con Inuyasha, pero deseaba que no fuera así, habían sido unos meses muy largos, en los que analizaba su vida, un día Sesshomaru había llegado con una carta de nulidad de su matrimonio por la iglesia, ahora no había nada que la atara a Inuyasha .

De pronto puso los ojos en blanco al sentir el aliento de una persona de tras de ella, una mano la rodeó por la cintura y la atrajo hacia sí.

―¿Kagome?

Escucharon la voz de Sesshomaru, Kagome estaba desesperada, aunque se moviera esa persona la tenía bien sujeta, le cubrió la boca con un pañuelo blanco y todo para ella se volvió negro.