-Gracias por ayudarme en esto, chicas-
Mencionó, recostada en la cama. Se sentía muy mal, no quería imaginarse, como estaban tratando esos soldados a su hermana y amigas.
-Eres nuestra amiga, Leire- tomó la mano de ella y la apretó con fuerza -Por supuesto que íbamos a ayudarte en esto-
-De hecho, Deni... Nosotras, no somos amigas, bueno... Al menos no lo éramos, hasta que ustedes regresaron aquí-
La miraron desconcertadas. Tenían entendido, que eran amigas de las brujas blancas, sus recuerdos se los habían mostrado.
-¿A qué te refieres?- cuestionó la otra chica con el dragoncito durmiendo en su regazo -Según recuerdo, lo eramos-
Las miró conmovida. Esas chicas eran buenas personas y muy diferentes a sus antiguas ellas, tenían que saber la verdad.
-No, Gia. No lo eramos, de hecho, tu nos detestabas y principalmente a Amaia, porque es novia de Tristán y a ti, él te gustaba- Abrió sus ojos por la sorpresa -Con la única que siempre hablabas, era con Eyra, porque tu hermano está interesado en ella- indicó -Y a veces con Ivi, pero fueron contadas ocasiones-
-Lo siento... Nunca imagine que nuestra relación era así- se acercó a la cama -Lamento haber molestado alguna vez a tu hermana, si es que lo hice- se disculpó, arrepentida.
-No te preocupes, nunca le hiciste nada... Sólo te molestaba que estuviera cerca de él- ella asintió.
-De todas maneras, lo siento- hizo muecas con su rostro. Se sentía extraña cada vez que pedía disculpas -¡Esto es horrible! ¿¡Cómo pude haber tenido un flechazo por Tristán!? ¡Apenas me agrada!-
-Lo sé- sonrió -Y en cuento a ti, Deni. Solo venías al puesto para comprar productos que siempre te gustaban y te los vendían Ivi o Eyra. Después de eso, nuestra relación- señaló a ambas -Era de pura indiferencia-
-¿De verdad? ¿Y eso por qué?-
-¿Tu qué crees?- preguntó con retórica y ella la miró desorientada -¿No se te ocurre nada?-
Volvió a mencionar en el mismo tono.
-La verdad, no. Estoy consternada- retorcía sus dedos -Lamento eso, tu me agradas y mucho... No comprendo-
-Tu también me agradas- declaró sonriendo -Y ahora, más que antes...- aseguró sincera -Tu indiferencia conmigo, se debía al interés que Ciro tiene por mi, aunque yo, nunca le di motivos para eso-
-¡Dioses! ¡Que asco!- exclamó impactada -¡Es peor de lo que imaginé!- cubrió su rostro ante tal revelación -¡Ciro es espantoso! ¡Al igual que Seth!-
Sus amigas rieron. Estaba terriblemente horrorizada, por lo que le acababan de decir.
-Yo no diría eso, si lo vieras sin ropa...- explicó sugerente.
-¿En serio? ¿Y cómo es?- indagó la otra muchacha con interés.
-¡No quiero saberlo! ¡No quiero saberlo! ¡Yo vivo con él aquí!-
Gritaba y corría por la habitación de un lado a otro, tapando sus oídos.
-No te lo diré, Gia. Así que... Tranquilízate, Deni- ella se detuvo y se sentó junto a su prima -Pero, tengo una teoría de porque ustedes no son las mismas de antes...- tomó una mano de cada una una de ellas -Ustedes, sufrieron una sustitución de almas, ¿Verdad?-
Silencio, era lo único que se escuchaba en ese lugar después de eso. No sabían que decir, las había descubierto.
Dentro del bosque, precisamente, en el cuartel general de la policía militar. Tres hermosas jovencitas, estaban siendo interrogadas por el oficial superior, Paul Jhonson.
-A mi no me interesa que sean unas brujas...- habló serio e impertérrito hacía ellas -Lo que me interesa saber es...-
Fue interrumpido, sin ningún tipo de consideración a su rango oficial que merecía el mayor de los respetos, por una de las jóvenes presentes.
-Perdón, pero la única bruja aquí, es Ivette- señaló con el pulgar a su hermana junto a ella, que la miró ofendida -En cuanto a mi...- se señaló a ella misma -Soy considerada una mujer de ciencia, que también se conoce como alquimista- indicó erudita -Y también, cabe aclarar que, mi amiga aquí presente, es una de las últimas guerreras del clan protector de Xerxes- apuntó a la rubia a su lado -Así que, conéctese un poquito con la vergüenza que debe sentir en este momento, ante tal error e ignorancia sobre el uso de esos términos-
El oficial se veía aturdido. Parecía que ella, se estaba burlando de él de una manera muy inteligente. Por otro lado, su amiga y su hermana, hacían muecas para no reír como maniáticas, ya que estaban perdiendo el tiempo allí.
-Lo que sea...- contestó recompuesto -Todas son brujas para mi...- caminó alrededor de ellas -En especial, tu...- acarició los rizos de la hechicera que lo miraba asqueada -Como les decía, en cuanto a la desaparición de Roy Brown, ¿Qué hicieron con él? ¿Dónde esta?-
Preguntó serio, queriendo inculcarles miedo, pero ellas, lo miraron con sorna e hipocresía.
-En el espíritu del mundo-
Respondió la hechicera, mirándolo.
-¿Ustedes mataron a Roy Brown?-
Miró a las tres en busca de respuestas sólidas.
-Oh, si... Un par de veces- respondió la rubia del grupo, arrojando las esposas sobre la mesa -Después de que Ivi lo maldijo y que intentará abusar de Eyra, otra vez-
Frotaba sus muñecas adoloridas.
-Así que, lo mataron buscando venganza, ¿No es así?-
-No, lo matamos, porque tenía que ser castigado-
Volvió a hablar la hechicera. Miró sus manos esposadas sobre la mesa, entrecerró sus ojos y estas, se abriron por arte de magia, produciendo chispas rojas alrededor.
-Ahora, no le hará daño a ninguna otra persona, nunca más- su hermana levantó sus manos esposadas al oficial -¿Esto es necesario?-
Preguntó irónica al sujeto que las miraba, entre asustado y anonadado. Juntó sus palmas y un brillo azul, rodeó las esposas, desintegrandolas.
-Estan conscientes de que, todo lo que me dijeron e hicieron en este momento, las condena a la horca, ¿Verdad?-
-Lo sabemos- contestó Amaia, indiferente, otra vez -Estábamos seguras que algún día iba a pasar- sus amigas asintieron.
-Eso es cierto- indicó y volteó a ver a su mejor amiga -Nunca nadie nos quiso en este cochino pueblo- negó con la cabeza apretando sus labios -Tendríamos que haber ido directamente a Amestris, cuando salimos del orfanato-
Tenían una conversación a meno, ignorando completamente a la autoridad frente ellas.
-Es verdad, pero Leire, no quiso hacerlo... Tiene muy malos recuerdos de ese país- agregó a lo que dijo su hermana y suspiró cansada. Un carraspeo, las interrumpió -¡Oh! ¡Si! Discúlpanos, ¿En que estamos, Paul?-
Preguntó seductora, apoyando su codo en la mesa y mirándolo a los ojos. Esa mujer, siempre le había encantado. Aunque su hermana era idéntica, ella tenía ese extraño magnetismo exótico, que dejaba a cualquier hombre a sus pies, haciendo su voluntad con solo mirarlo. Él trago saliva e intentó no caer en su encanto, recordando, que estaba trabajando.
-Mañana al amanecer, serán ejecutadas y luego, capturaremos a su amiga que se nos escapo-
-Perfecto, ¿Algo más?- cuestiono ella y se puso incorporó
-No, es todo...-
-Momento... - la rubia volvió a hablar, deteniendo a su amiga y al oficial -Ahora es mi turno de hacer preguntas aquí...- sentó a la hechicera de un tirón y el hombre, la miró sin comprender -¡Siéntese!- ordenó y él, obedeció -Eyra, has lo tuyo- la alquimista, juntó sus manos y las apoyó sobre la mesa, esposando al oficial a esta. Ella sacó una daga de su bota y se acercó a él, amenazante -Esperó que me diga, ¿Quién fue el que nos entrego? Porque sino, aquí va a correr sangre-
Acercó su daga al pómulo de él, mientras sus amigas, hacían guardia en la puerta de la sala por si aparecía alguien. Había llegado el momento de escapar, Tristán, pudo ingresar al cuartel sin ser visto, antes de que fueran interrogadas y les informó sobre el plan. Pero ellas, no iban a esperar hasta mañana, usarían de cómplice a la oscuridad.
-Y así fue, como terminamos aquí-
Culminó de narrar la pequeña cazadora, todos los acontecimientos que llevaron a ella y a sus amigos, a esa época.
-¡Vaya! ¡Es algo increíble!-
Exclamó con emoción, mirándolas. Después de todo, ella y su hermana tenían razón.
-Por eso ahora tenemos que volver hacia Valtandhers, antes de que hagamos algo que afecte el curso del tiempo- indicó la otra muchacha.
-Comprendo, pero el curso ya fue cambiado al ustedes venir aquí, ¿No creen?-
-No lo creo, aún los acontecimientos más relevantes de la historia, no han ocurrido- volvió la narradora.
-Si, lo sé... Pero ustedes cuatro, han interferido en la historia, ¿No han pensado en eso?- señaló a ambas -Me refiero a que, todos los acontecimientos que están sucediendo ahora, quizás, no tendrían que estar pasando y ocurren, porque ustedes están aquí- pensó un poco más -Se volvieron nuestro presente-
-¡Por la Dama del Caos! ¡Tienes razón!- se incorporó del suelo en donde estaban -Leí el libro millones de veces y todo lo que esta pasando ahora, jamás sucedió- sus manos temblaban. Había entrado en crisis -¡Ivi, tenemos que volver!-
Su prima se acercó a ella y la zamarreó por los brazos.
-¡Controlaté, Eyra! ¡Si no quieres que te golpee!- asintió un poco más calmada y la soltó -¡Tu nos trajiste aquí!- ahora zamarreaba al dragoncito en sus manos -¡Ayúdanos! ¡No puedes traernos a este lugar y mirar todo como si fueras un simple espectador cobarde!-
El animalito chillaba, estaba molesto.
-Se volvieron locas-
Murmuró, mirando a la cazadora maltratadora de animales, que esquivaba las mordidas lanzadas por ese pequeño dragón hacia su rostro y a una vidente inquieta, que hablaba entre dientes, buscando una solución posible para todo lo sucedido.
-¡Chicas!- el capitan, abrió la puerta del camarote, estrepitosamente -Acaba de llegar Tristán y... ¿Qué esta pasando aquí?-
Indagó, mirando a las dos muchachas que estaban muy nerviosas.
-No lo sé...- respondió su novia, acercándose a él -¿Qué sucede? ¿Paso algo con las chicas?-
Cuestionó preocupada y las dos muchachas, los miraron al escucharlos.
-Acaba de llegar Tristán... Ingresó al cuartel sin ser visto, habló con tu hermana y las demás- respiró tranquila -El plan empieza ahora, usaremos a la oscuridad como aliada- le acarició el cabello con ternura -Prepárense... Los chicos están afuera esperándolas. Ellos les explicaran todo-
-Perfecto, tu te quedas aquí...- le entrego el dragón a su amiga -Después terminaremos con nuestra charla...- llevó dos dedos a sus ojos que habían cambiado de repente y lo apuntó, amenazante -¡Silencio!- exclamó a nadie en particular, pero dedujeron, que era al pequeño -Vámonos, Deni-
Tomó a la vidente del brazo y salieron juntas de allí.
-¡Adiós chicos!- los despidió -¡Todo saldrá bien!-
Mencionó feliz, sus ojos también habían cambiado. El capitán, miró a ambas muy perturbado. Solo había dos personas que él conocía que podían hacer eso y eran muy poderosas ¿Por qué ahora ellas también?
-Bien, quiero que me expliques lo que acabó de ver, Leire-
Señaló a las dos chicas que salieron del camarote.
-Esta bien...- bufó -Pero prométeme, que no te enojarás con Seth-
-No voy a prometerte eso...- aseguró, saliendo juntos hacia la cubierta del barco -Si es lo que estoy pensando, lo mataré cuando regrese-
Las tres cautivas, estaban disfrutando mucho del sufrimiento de ese hombre, en especial, una de ellas.
-Por favor, cariño...- habló seductora, sentada en las piernas del oficial, acariciándole el rostro con su dedo índice -Dime, ¿Quién fue el culpable de que yo este aquí?-
Lo tomó del rostro con una mano y rozó sus labios con los de él, que tragó saliva como un idiota embobado. La alquimista reía, su hermana siempre hacía eso con los hombros para conseguir lo que quería y en cambio, su amiga, negaba con la cabeza un tanto exasperada.
-¡Ya me canse de este absurdo jueguito!- apartó de un tirón a la chica del regazo de él. Ella era muy fuerte, ese era su poder de guerrera -¡Escúchame bien! ¡Estúpido!- lo tomó del cabello y tiró de su cabeza hacia atrás, colocándole su daga en la garganta -¡Te daré tres segundos para que me digas! ¿¡Quién demonios nos entregó!? ¡O empieza a despedirte de este mundo! ¡Y puedo jurarte, que nos reencontraremos en el infierno, dentro de muchos años y te sacaré la verdad allí!-
El oficial superior, temblaba como una hoja, esa chica de grandes ojos azules y una larga cola de caballo, causaba pavor.
-¡No te lo diré!- gritó con pánico y ella lo golpeó en el rostro con fuerza -¡Cuando salga de aquí, yo mismo de mataré!-
Le había rotó el labio y volado un diente.
-¡Uno...!- contó y la daga volvió a su cuello.
-¡Pudrete!- exclamó él.
Ella la apretó con fuerza.
-¡Dos...!- le hizo un pequeño corte -¡Dímelo!- le exigió a la cara. Él gritó una vez más, negándose -Bien... No fue un placer haberte conocido...- mencionó malévola -¡Tres...!-
-¡Fue Serena!- confesó derramando lágrimas -¡Esa prostituta las entregó! ¡Fue ella!- la muchacha lo soltó de golpe -Las vigilaba todo el tiempo y cuando Roy no volvió por ella, dedujo, que ustedes lo habían matado- levanto su mirada -¡Malditas brujas!-
-¡Esa prostituta!-
Dijo entre dientes, guardando su daga. El oficial, gritaba y exigía que lo soltaran.
-¡Callate! ¡Maldito llorón!- junto sus manos, para luego señalarlo y arrojarlo contra la pared, cubriéndole la boca con alquimia -¡Tu fuiste el primero que se burlo de mi! ¡Cuando el monstruo de tu amigo intentó lastimarme!- ahora podía decirlo por su nombre, ya no dolía -¿Qué fue lo que dijiste esa vez?- preguntó irónicamente y muy tranquila -Espera...- pensó un momento -Nadie quiere ayudar a una bruja blanca, eso dijiste ¿Verdad?- él asintió, derramando lágrimas de terror -Pues... Nadie quiere ayudar a un oficial- juntó sus manos, señalando hacía arriba y cuando las separo, el techo de la sala colapso sobre él, aplastándolo -¡Estúpido! ¡Tu también merecías ser castigado!-
Habló a los escombros con rencor. Su amiga la abrazó por los hombros, dándole ánimos. Eso la ayudaba a mitigar su dolor, ya nadie se burlaría o la despreciaría, nunca más.
-¡Ahí vienen!- aplaudió feliz la hechicera, cerrando la puerta de entrada -¡Llegó el momento de jugar!-
Exclamó con emoción, frotando sus manos entusiasmada. Un grupo de soldados, llegó a la sala al escuchar la explosión del derrumbe. Pero no imaginaron que dentro de ese lugar, conocerían el infierno.
-¡Esa es la señal!-
Indicó el vidente a sus compañeros, pero todos estaban estáticos, nadie movía un músculo.
Una gran explosión de energía, hizo vibrar el lugar, junto con la caída de escombros por todos lados. Gritos de dolor y agonía, se escuchaban por doquier.
En un momento, todo fue silencio y el cuartel, se desintegró por completo, generando, una gran nube de polvo.
Los tres grupos de jóvenes en diferentes flancos del lugar, miraban el espectáculo de escombros y luces, atónitos, esperando que la nube de polvo desapareciera, para poder entrar.
Lo único que podían apreciar entre el polvo era, a una pequeña silueta, correr de un lado a otro, aniquilando de un solo movimiento a cualquier soldado que quedará en pie y que osara enfrentarla.
-Hermano, ¿Esa es...?- murmuró el menor de los ladrones.
-Amaia...- respondió él, mirando a su novia que arrojó una daga a un soldado, que la había atacado y pretendía huir, matándolo -Maldito poder despertado-
Murmuró bajando la mirada y sonriendo orgulloso. Una daga pasó volando sobre su cabeza, incrustándose en el árbol detrás de él.
-No maldigas, Tris- mencionó ella con voz alegre, acercándose a él con una gran sonrisa -Tu sabes que no me gusta que lo hagas-
Sonrió, pero el gritó de un soldado detrás y que pretendía atacarla, no le permitió acercarse más.
-¡Amaia!-
Exclamó con pánico corriendo hacía ella y que aún se encontraba lejos.
-¡Cuidado!- exclamó el primer oficial del navío.
No pudieron avanzar más, una figura, paso velozmente junto a ellos y chocó espadas con el soldado, empujando a la chica a un lado.
-¡No te atrevas a lastimar a mi hermana!- ese soldado era fuerte, pero no más que ella -¡Ahora verás!- sacó una daga de su cinturón y lo apuñaló en el corazón -¡Nunca te metas con una guerrera!- sacó la daga del pecho de su víctima y se la arrojó a otro soldado que se acercaba, cayendo muerto en un instante -¡Dioses! ¡No terminan de salir nunca! ¡Son como seres vivos unicelulares!- rió por su locura -Hola, Ami- tendió una mano hacia ella y la jaló, para ponerla de pie -Vamos al barco- les dijo al resto -Me escapé de Ciro, necesitamos volver rápido- miró hacia atrás -Las chicas estarán bien-
Se encaminaron hacia el navío, apresurados. Lo que ella decía, era cierto, sus amigas estaban más que bien. El polvo se había disipado y las dos, apoyaban espaldas una con la otra, dentro de lo que antaño, fue un cuartel militar.
-Bien- mencionó una jadeante Ivette -Creo que ya podemos irnos tranquilas-
Se sentía mareada y sin saber porque.
-Si, vámonos... No quedó nadie- respondió su hermana, agotada, aunque no tanto como ella -Sostente de mi, hermanita- Asintió, pero un destello, las distrajo.
-Permiteme- el vidente se materializó frente a ellas y la cargó en sus brazos -Adiós-
Desaparecieron los dos del lugar.
-¡Genial!- acotó irónica -¡Gracias por llevarme a mi también, Aren!- mencionó en el mismo tono, pateando una roca -Ni modo, tendré que caminar hasta el barco-
Refunfuño molesta y cruzando los brazos.
-Yo puedo llevarte-
Propuso el cazador, apareciendo delante de ella como un rayo. Lo pensó por un instante, se sentía agotada y no quería caminar.
-Está bien, pero ¿Podrías ir despacio?- él sonrió gustoso -Me dio náuseas la última vez-
-Por supuesto, bonita- le dió la espalda -Sube...-
Ella subió de un salto y juntos, se encaminaron hacía el barco.
-Eso fue... Eso fue... Sádico-
Hablo trémulo y traumado, el joven hechicero de ojos azules, por todo lo que vió esa noche.
-Recuerdenme... Que nunca las haga enojar-
Todos asintieron de acuerdo con el alquimista de fuego.
-Bien, vámonos... Ya no hay nada que hacer aquí-
Dijo la cazadora. Observando con orgullo, la destrucción de las hermanas y la masacre de las guerreras. Eran un gran equipo, sabían defenderse bien entre las cuatro.
-Si, vámonos...- secundó su prima -Hay algo que tenemos que contarles- caminaron hacía su destino -Y creanme, no les gustará-
