AQUI LES TRAIGO MI NUEVA ADAPTACION ESPERO LES GUSTE

Los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer al final les digo el nombre del autor


Capítulo Dieciocho

Edward

Ha pasado una semana desde que llevé a Bella a casa y la bañé. Una semana desde que la toqué, olí su dulce aroma, o incluso la vi. Ser sacado de la ciudad inesperadamente al otro lado de los Estados Unidos es probablemente lo mejor y lo peor que nos pudo haber pasado.

La distancia es la única cura para la fiebre que se extiende entre Bella y yo. No hay forma que yo pudiera haber roto las cosas después de la noche que pasamos juntos. Ella es demasiado tentadora, demasiado dulce, demasiado descarada y atrevida para resistir. Puede que tenga que quedarme aquí en Camp Pendleton permanentemente.

Es hermoso California. El calor es más seco y el cielo parece más azul y los insectos son más pequeños. El tráfico es una mierda, pero me he dado por vencido por completo a conducir, así que estar atascado en el tráfico es una oportunidad para hacer algo de trabajo. Lo único que Cali no tiene es a Bella.

La extraño, y no solo su cuerpo, sino también su risa y su personalidad descarada. Si alguna vez se hizo una mujer para mí, ella es la elegida. Si no me estuviera quedando ciego, llegaría tan lejos como para decir que la haría mía permanentemente si ella aceptara serlo. Y ella lo haría, yo me aseguraría de eso.

Me ha llamado todas las mañanas desde que me fui y me ha enviado mensajes de texto todas las noches antes de irse a la cama. No he respondido ni una sola vez a pesar que sus mensajes hacen que mi pecho duela y me hacen recordar nuestra noche juntos.

Sus textos siempre son de una palabra. La primera noche: ¿Lejos?

La segunda fue, ¿Estacionado?

Después Solitaria, y la siguiente llegó: Cabreada. Esa fue agridulce.

Necesitaba estar enojada. La ayudaría a seguir adelante, aunque eso no es lo que realmente quiero.

Han pasado ocho días y estoy acostado en la cama a las 22:00 horas esperando su mensaje de texto como un adolescente enamorado. Ella es joven y se merece mucho más de lo que yo podré proporcionarle. La prueba de que estoy tomando la decisión correcta vino ayer cuando estaba caminando fuera con otro oficial. Tuve que detenerme y recuperar el equilibrio cuando ocurrió el cambio, y el Oficial Call, que me ha estado mostrando los alrededores, me agarró el brazo y evitó que me cayera.

El punto en mi visión se volvió más oscuro y ligeramente más grande, bloqueando más la luz, y restringiendo mí visión más que nunca. Anoche, fue evidente que nunca podré avanzar más allá de mi rango actual de Mayor a Teniente Coronel. No hay manera que pueda pasar mi próximo examen físico sin esta parte de mi vista.

Esta mañana se me ocurrió que retirarme a la Costa Oeste podría ser la solución a mi adicción a Bella. No es lo ideal para mí, ya que estoy familiarizado con mi entorno en casa. La vida en un pueblo pequeño sería mejor para mí también. Aprender a vivir sin mi vista será difícil al principio, pero tener todo lo que necesito a poca distancia es conveniente.

Sin embargo, la idea de que Bella viva en la casa de al lado y vea mi decadencia es desgarradora. No soporto saber que ella me estará observando mientras aprendo a ser un discapacitado. Me enferma físicamente. Soy demasiado orgulloso para dejar que me vea de esa manera. No dejaré que suceda.

Mi teléfono zumba en mi mano y levanto la pantalla para poder verla con el rabillo del ojo. Es de ella, lo que puedo decir porque su foto acompaña su nombre en la cabecera de mi pantalla, pero el mensaje es borroso. Lo acerco y giro el teléfono hasta que puedo leer la palabra de esta noche.

Asustada.

Me siento y muevo las piernas hacia un lado de la cama para levantarme, pero no sé adónde creo que voy. Ella está a miles de kilómetros de distancia y no estoy en condiciones de ayudarla, pero está asustada y no puedo ignorar eso.

Toco el botón de audio de texto y hablo al teléfono:

—¿Asustada, de qué?

Segundos después de pulsar Enviar, mi teléfono suena.

—¿Bella? ¿Qué está pasando?

Ella sorbe por la nariz y sé que ha estado llorando.

—Recibí otro video el día que te fuiste, fue un destello de esa noche, sólo unos segundos, pero parecía… —Duda y su voz se atasca.

—¿Parecía, qué?

—Parecía que yo estaba en la cama, pero no en mi cama.

—¿Había alguien contigo? —Mi jodida sangre está hirviendo, si alguna vez pongo mis manos en quien le hizo esto, le ahogaré lentamente y lo torturaré. El jodido waterboarding(11), arrancarle las uñas, choque eléctrico, torturas.

—Fue demasiado rápido, no podría decirlo.

—¿Por qué no me llamaste y me lo dijiste enseguida?

—No sabía dónde estabas y cuando intenté llamarte no contestaste.

Pensé, yo… no sé lo que pensé.

Por supuesto que no, porque la dejé en la estacada sin ninguna explicación. Estoy seguro que Riley le dijo que tuve que dejar la ciudad inesperadamente para entrenar en Cali, pero aparte de eso, permanecí fuera de la red.

—Respira hondo, nena, y dime por qué estás molesta ahora mismo.

Si ese video llegó la semana pasada, ¿qué te está asustando ahora?

—Acabo de llegar a casa del trabajo y la puerta estaba abierta. Cuando la abrí, oí un ruido en la casa. Riley no está. Está ayudando a un amigo a arreglar su coche.

—¿Saliste de la casa? Por favor, dime que estás fuera de esa casa.

—Sí, no sabía adónde ir, así que estoy sentada en tu porche a oscuras.

—¿Ves algún movimiento en tu casa?

—Está encendida la luz de mi habitación, pero no recuerdo que la dejara encendida cuando me fui a trabajar hoy.

—Escúchame bien, Bella, hay una llave enterrada bajo el tercer rosal frente a la casa. Está en una bolsa Ziploc y está enterrada profundamente, y puede que se haya movido porque nunca he tenido que usarla, pero quiero que la desentierres y entres. Joder, arranca el rosal del suelo si es necesario, pero consigue esa llave ahora, ¿entiendes?

—Uh, huh, no cuelgues. Voy a dejar abierto el teléfono mientras lo hago.

—No voy a ir a ninguna parte, chica hermosa, sólo coge la llave.

Sin embargo, me voy a algún lado, a casa. Comencé a tirar cosas en mi equipaje de mano tan pronto como ella dijo que estaba en problemas. Me siento y abro mi ordenador portátil para encontrar un vuelo de ojos rojos(12).

—¿Estás bien? ¿Llamaste a Riley y le dijiste que volviera a casa?

—No respondió, pero le envié un mensaje de texto.

Jodidamente genial, el Sr. Sobreprotector está desaparecido cuando más lo necesita.

—¿Qué hay de los vecinos, nena? ¿Alguien todavía tiene las luces encendidas? —Estoy usando mi tono más tranquilo para evitar que entre en pánico. Ella solloza y me duele por la necesidad de ayudarla, pero no puedo y eso me enfurece.

—No, creo que todos se han ido a la cama.

—¿Ya encontraste la llave?

—El suelo está tan duro, Edward, que no creo que pueda llegar a ella. —Se está poniendo frenética, necesito hacer algo para detener su creciente pánico.

—En mi porche hay un banco con un cojín debajo de la ventana,¿lo ves? Mira en el porche.

—Um, sí, lo veo.

—La parte superior se levanta, y dentro hay algunas herramientas y guantes de jardinería, ve a buscar los guantes y la pequeña pala de mano y arranca ese arbusto de la tierra. La manguera está enrollada junto a los escalones, también, si necesitas ablandar la tierra.

—De acuerdo. —La oigo hurgar por ahí mientras consigue lo que necesita. Ya no está llorando, tiene una misión que cumplir y su mente está en eso—. Edward —susurra, y puedo decir que se quedó quieta.—¿Qué, nena?

—Vi a alguien pasar por mi ventana. Dios mío, hay alguien ahí dentro.

—Concéntrate en conseguir la llave, sigue cavando, tienes que entrar en mi casa.

—Vale, pero, ¿y si me ve…?

—No te preocupes por eso. Sólo toma la maldita llave.

La oigo dejar el teléfono y cavar en la tierra dura. Ha sido un verano seco y no he estado en casa para regar nada durante más de una semana.

Mi software de audio en mi computadora dice que ha encontrado un vuelo que sale en una hora y le digo que lo reserve y abandono mi habitación de hotel.

—La tengo, Edward. Encontré la llave. Voy a entrar.

Dejo escapar un suspiro aliviado y presiono el botón del ascensor para el vestíbulo.

—Bien, entra y cierra la puerta. No enciendas las luces. ¿Crees que puedes comprobar las cerraduras de las puertas y ventanas en la oscuridad? Todo debería estar cerrado, pero quiero que lo compruebes para estar seguro.

Ella está jadeando en el teléfono y la estoy imaginando en mi vestíbulo mirando alrededor de la sala de estar escasamente decorada. Sólo ha estado allí una vez, pero debería ser fácil moverse en la oscuridad, está diseñada para eso después de todo.

—Sí, estoy dentro. La puerta está cerrada y… —Suena como si estuviera alcanzando y agachándose— las ventanas de la sala de estar están cerradas con pestillo. Voy a revisar la puerta trasera.

Mi ascensor suena, salgo y camino rápidamente hacia la recepción. Los ojos de la empleada se abren de par en par cuando me ve acercarme. Todavía vestido con mi uniforme, lleno de autoridad y le digo que llame a un coche para que me lleve al aeropuerto de inmediato.

—Es una emergencia —agrego, y ella tira a tientas del teléfono cuando lo coge.

—¿Vas a volver a casa?

—Sí, vuelvo a casa. ¿Me estás tomando el pelo? Claramente no estás a salvo ahí con el idiota de tu hermano dejando las llaves de la casa afuera como si fueran invitaciones y no estando disponible cuando estás en problemas.

—La puerta trasera está cerrada.

—Muy bien. Escucha atentamente, ¿sabes cómo usar un arma?

—¿Un arma? Edward, no creerás que vendrá aquí, ¿verdad?

—No sé qué va a hacer ese cabrón, pero si se te acerca, quiero que le dispares, ¿entiendes?

—¿Con qué?

—En el cajón del medio en la cocina, hay otra llave. Abre mi caja de armas que hay bajo mi cama. Llévate la llave arriba y saca mi Glock de la caja.

—La encontré.

—Bien, bien, vete arriba.

Oigo sus suaves y rápidas pisadas corriendo por los pisos de madera y subiendo los escalones. Se detiene repentinamente y mi corazón se acelera. Me detengo en medio del vestíbulo del hotel y espero a que me diga algo, pero sólo oigo su jadeo superficial en la línea.

—¿Bella? ¿Qué es lo que está mal? ¿Por qué te detuviste?

—Para mirar por la ventana —dice Bella.

—¿Qué ventana?

—La del rellano que da a mi casa. Oh, Dios, creo que él puede verme —dice, asustada.

—Estás imaginando cosas, él no puede verte en la oscuridad a menos que tenga visión nocturna. Agarra mi arma, apúrate.

Cierro los ojos y escucho con atención su pisoteo por el resto de las escaleras y en mi habitación, donde cierra la puerta por detrás de ella.

—No la veo. Edward, no puedo encontrar ninguna caja.

—Está ahí. Sigue buscando —La animo.

—No, no lo está, no hay nada aquí. —Su voz es frenética y respira más fuerte. ¿Dónde está mi maldita arma? Debe estar nerviosa. Tiene que estar ahí, nunca muevo esa caja.

—Usa la linterna de tu teléfono para mirar debajo de la cama, pero mantenla hacia abajo. No quieres que él vea dónde estás.

—De acuerdo, linterna. Mantenerla baja. Buscar la caja. —Está repitiendo mis instrucciones, pero su voz es inestable y suena como si se estuviera volviendo loca.

—No está aquí, Edward, no hay nada aquí. Imposible, debe estar equivocada.

—Cariño, cálmate y respira hondo. Olvídate de la caja, tengo otra pistola en el armario, en una caja fuerte.

—Tengo miedo, él me estaba mirando, te lo juro por Dios, Edward, no estoy imaginando cosas.

—Te creo. Concentrémonos ahora en la otra arma, ¿de acuerdo?

—¿Me crees? —Suena como una niña de cinco años perdida en el supermercado. Nunca he sentido tanta ansiedad y he estado en dos destinos en Afganistán. Mi instinto de mantener a esta mujer a salvo sin importar lo que sea, es abrumador. Estoy demasiado lejos. Necesitamos ayuda.

—Sí, cariño. Ahora ve —la instruyo.

Giro mi teléfono hacia un lado y punteo para abrir de nuevo un cuadro de texto. Apenas puedo ver lo que estoy haciendo, normalmente uso mis mensajes de texto automatizados en estos días, pero estoy al teléfono con Bella y no puedo colgar, así que tendré que escribirlos en el teclado.

Cuando escribo con éxito el nombre de Riley, le envío un simple mensaje.

¡Bella está en problemas y necesita ayuda AHORA!Presiono Enviar justo cuando ella pide la combinación de la caja fuerte.

—Dos a la derecha, seis a la izquierda, seis a la derecha, dieciocho a la izquierda, veintiuno a la derecha.

Escucho como los clic de la cerradura de combinación ruedan de un lado a otro.

—Maldición, la cagué, dímela de nuevo —dice. Repito la combinación y escucho el clic de apertura del seguro. Más vale que mi jodida pistola esté ahí, nadie conoce esa combinación.

—La tengo, está aquí.

—Bien, ahora trata de calmarte un poco, no quiero que te dispares en el maldito pie.

La oigo dejar el teléfono y meter el cargador en la pistola y se atasca la corredera. Casi dejo caer mi teléfono.

—¡Bella! —Ella se acerca a recoger el teléfono cuando me oye gritar—. ¿Qué acabas de hacer?

—Tengo tu arma, me dijiste que le disparara, no puedo hacerlo sin munición.

—¿Sabes cómo manejar una Glock?

—Por supuesto, crecí con Marines.

Sí, por supuesto, qué estúpido por mi parte. Riley le habría enseñado a disparar y manejar un arma correctamente. Es un tirador experto.

—Quiero que dejes el teléfono y te concentres en el arma en tus manos. Ponme en el altavoz. No voy a decir nada. Quédate en el armario con la puerta cerrada hasta que Riley llegue.

—¿Va a venir?

—Le envié un mensaje de texto. Espera, déjame ver si contestó.

—¿Mayor Cullen, señor? —dice una voz detrás de mí.

—Sí —contesto.

—Su coche está aquí.

—Gracias. —Sigo al botones hasta el taxi y le digo que me lleve al aeropuerto.

Hablando del diablo, mi teléfono suena cuando Riley responde.

Estoy de camino. ¿Dónde estás? pregunta.

—Está en camino, nena, quédate quieta hasta que llegue —le digo.

—Estoy dejando el teléfono en el suelo, estás en el altavoz —dice ella.

Le escribo a Riley para decirle dónde encontrar a Bella y que hay alguien en su casa.

¿Por qué está en tu casa?

Un gruñido sale de mi garganta. ¿Por qué está haciendo preguntas estúpidas?

¿Por qué no estás TÚ en TU casa protegiendo a TU hermana? Le devuelvo el tiro. Ella me oye gruñir y susurra mi nombre.

—¿Edward?

—Shhh, no es nada.

—No, quiero decirte algo.

—Nena, tienes que estar en silencio.

—Te echo de menos. Te extraño tanto que me duele, y estoy asustada —dice Bella en voz baja.

Joder, si mi corazón no se rompe en dos. Si pudiera arrastrarme por el teléfono, marcharía a la puerta de al lado y le dispararía al maldito intruso, volvería a casa, encerraría a Bella y la mantendría en mi cama para siempre.

Nunca he amado a nadie más que a mis padres. Nunca dejo que nadie se acerque lo suficiente. Ninguna mujer me ha hecho sentir las cosas que Bella me hace sentir.

Ella es la única que tiene la llave de mi negro corazón de piedra y ahora mismo sé que la amo.

Maldita sea la puta ceguera. Yo la amo. Daría mi vida por ella, mataría por ella, mentiría, engañaría, robaría, incluso dejaría el Cuerpo por ella.

—Yo también te echo de menos, cariño. Estoy volviendo a casa.


11 N. T.: una técnica de interrogación que simula la experiencia de ahogamiento, en la cual una persona está amarrada, boca arriba, a una tabla que se inclina hacia abajo en la cabeza, mientras que grandes cantidades de agua se vierten sobre la cara en los conductos respiratorios.

12 N. T.: Vuelo nocturno.