CAPÍTULO 18:
POCIÓN MATALOBOS
–¡Crucio! –Una ráfaga de luz fue lanzada hacia el cuerpo de Bellatrix Lestrange haciéndola retorcerse de dolor. – ¿Cómo es posible que un niño se les halla vuelto a escapar? –Gritó furioso.
–Mi Señor, no fue culpa mía. Fue de Cissy, ella los dejo entrar. –Chilló Bellatrix en el suelo apuntando a su hermana Narcissa.
–Pero que falta tan grave has cometido Narcissa. Eres igual de inútil que Lucius. –Siseó. – ¡Crucio! –Voldemort castigó a Narcissa. – ¡Tú provocaste que ellos escaparan! ¡Confringo! –Destruyó una estatua que había dentro de la Mansión.
– ¡Mi Señor! Fue mi culpa, yo levanté el hechizo de seguridad, pensé que ya no sería necesario. –Lucius farfulló en el suelo del gran salón.
–¿Por qué Lucius? ¿Por qué siempre logras decepcionarme más? –Voldemort se acercó a él y le miró con asco. –¡Crucio! ¿Al menos saben por qué Harry Potter vino a ésta casa?
–No, mi Señor. Al parecer todo está en su sitio. –Dijo Lucius con la cabeza agachada.
– ¡Bella! ¡La Copa! ¿En dónde está? –Caminó hacia ella lleno de furia.
– ¡No se preocupe, mi Señor! Está a salvo en Albania. –Dijo con una actitud sumisa y nerviosa. –No entiendo por qué es tan importante mi Señor, es solo una simple copa. –Bellatrix empezó a divagar.
– ¡Crucio! –Le castigó de una forma impresionante. – ¡Potter siempre ha sido un maldito obstáculo en mis planes! Estoy convencido que él no sábelo mucho qué significa para mí, pero solo necesito que ésa copa esté a salvo.
– ¡Lo está mi Señor! –Se acercó a sus pies para besarlos, pero Voldemort le miró con asco y se retiró. – ¡Vámonos, Nagini!
En la casa de Harry, todos estaban recuperando el aliento. Permanecieron en la sala y Hermione sacó de su bolso el verdadero guardapelo de Salazar Slytherin.
–¿Es él real? –Preguntó Ron. –¿De verdad es el real?
–Creo que si lo es. –Harry lo inspeccionó con determinada atención, intentándolo abrir pero no pudo.
– ¿En verdad es el guardapelo de Salazar Slytherin? –Draco se acercó para admirarlo más. – ¿Por qué lo necesitan? –Interrogó Draco con desconfianza.
–Eso no algo que debas de saber. –Harry se colocó el medallón debajo de su camisa.
–Si estás seguro de que es el verdadero, debemos destruirlo. –Añadió Hermione tratando de minimizar la tensión que se había generado entre Harry y Draco.
–Pero ¿Cómo? A menos que en ese bolso lleves veneno de basilisco, Hermione. –Harry le contestó con pocos ánimos.
–En el Ministerio. –Los tres voltearon a ver a Ron. –Mi padre me dijo que en el Departamento de Seguridad Mágica, existe un apartado en dónde tienen toda clase de artefactos prohibidos, los pusieron ahí después de que Voldemort irrumpiera en el Ministerio, ahí los mantendrían a salvo. Puede que ahí encontraremos algo de veneno.
Pero antes de que Harry pudiera decir algo, un rayo plateado en forma de lince atravesó la habitación y se postró delante de todos. La voz de Kingsley salió disparada del Patronus corpóreo que había lanzado y dijo:
Remus seguirá en la Unidad de Captura de Hombres lobo hasta mañana por la noche, después será enviado a Azkaban. A Nymphadora la están acusando de ser cómplice en proteger a un licántropo y al añadirle nuevos cargos, su audiencia se cambió para mañana por la tarde. Moody, Arthur y yo, estamos tratando de hacer lo posible para liberarla.
–No pueden hacerle eso, ellos no han hecho nada malo. –Dijo Ron con indignación.
– ¡Remus! –Hermione vociferó. – ¡Él sigue encarcelado en el Ministerio! Harry debemos de hacer algo. –Harry se quedó pensativo.
–Ella tiene razón. En cualquier momento pueden mandarlo a Azkaban o peor, pueden hacer que los Dementores le roben el alma. –Intervino Draco, aun sosteniéndose el brazo izquierdo. –Así también ayudaríamos a Tonks.
– ¿Cómo lo lograríamos? –Preguntó Harry. –Si queremos hacerlo, debemos de tener un buen plan. Estamos hablando de entrar al Ministerio.
–Hermione. ¿Aún tienes poción Multijugos? –Ella asintió. –Podemos usarla y hacernos pasar por miembros del Ministerio. –Musitó Ron.
–El Ministerio está un muy lejos de aquí. Podemos llegar al amanecer y escondernos en una casa muggle, luego podríamos buscar a algún trabajador del Ministerio para que podamos entrar. –Respondió Draco.
–Suena bien. –Dijo Harry. – ¿Ron?
–Creo que si no hay otro plan, esto podría funcionar. –Miró con recelo a Draco.
–Será mejor que descansemos un poco. Si mañana queremos irrumpir en el Ministerio, debemos descansar hoy. –Harry se levantó del sillón y se dirigió a las cocinas.
– ¿Comerás algo, Hermione? –Preguntó Ron dándole la mano a Hermione.
–No, iré a ducharme y me quedaré un rato en mi cuarto. Después bajo a comer algo. –Le sonrió y subió sin dirigirle ni una sola palabra a Draco.
Después de bañarse, se dirigió a su cuarto y se sentó en su cama, tomó una venda que tenía en el cajón de su mesita de noche y le colocó algo de gotas de díctamo para cubrir la cicatriz que tenía en su mano, aunque sabía que eso no le ayudaría en nada.
–Jamás me dijiste como te hiciste eso. –Le dijo una voz fría que venía desde la entrada de su cuarto.
–Solo es una herida. –No le mostró importancia. Draco se colocó en cuclillas frente a ella, entregándole una taza de café caliente.
–Noté cuando escapamos de mi casa que te dolió. –Dijo impertérrito.
–Posiblemente al estar buscando el guardapelo, me volví a lastimar con algo.
Draco le tomó la mano y le quitó el vendaje que se había colocado. La cicatriz a la que Hermione no le prestaba tanta importancia, ahora se encontraba remarcada en un color negro brillante.
–Hermione me pareció muy extraño que te doliera esa cicatriz cuando huíamos. –Hermione retiró su mano de la de Draco y se colocó rápidamente el vendaje. –A mí me dolió al mismo tiempo que a ti. Por eso me di cuenta.
– ¿De qué hablas? ¿Cuál cicatriz? –Hermione le miró confundida.
Draco se arremangó la camisa vieja y desgastada de Ron que llevaba puesta y dejó al descubierto la marca tenebrosa.
–Cuando convocaron a Voldemort, sentí que mi brazo se quemaba. Supongo que fue así porque mi lealtad ya no es hacia él, antes cuando llamaba a sus seguidores, solo sentía un ligero picor. –Dijo mirando su brazo izquierdo con desprecio. – ¿Cómo es que te afectó cuando él convocó a sus seguidores?
Hermione estuvo a punto de contarle sobre la Diadema de Ravenclaw pero se detuvo. Aunque Draco parecía realmente interesado en ayudar, ella había prometido a sus amigos que él no debía saber nada acerca de los Horrocruxes.
–Pero primero contéstame algo. –Farfulló tratando de cambiar el tema de la conversación. Draco exhaló con decepción.
–Si no me vas a decir no te insistiré, pero de verdad quisiera saberlo. –Le insistió. – ¿Qué querías preguntarme?
– ¿Por qué insististe en tomar esas cosas de tu habitación? –Le preguntó con una inocente curiosidad. Draco se sentó en el suelo a un lado de ella.
–Esa colonia siempre la he usado, me recuerda lo que soy y quería tenerla conmigo. Y mi ropa, pues en realidad quería tener algo que vestir de verdad. No puedo pasar otro día con la ropa de Weasley. –Se quedó en silencio unos segundos.
Hermione se bajó de la cama y se sentó en el suelo junto a él.
– ¿Por qué no quisiste decirle a tu madre que estabas vivo? –Cuestionó amablemente.
–Claro que quería. Tú la viste Hermione, estaba destrozada. Parecía que ya no le importaba nada. –Confesó lúgubremente.
– ¿Por qué no decidiste revelarte frente a ella?
–Por qué no es seguro y de verdad creo que ella está mejor sí piensa que sigo muerto, así solo se preocupará por salvarse ella y no salvarme a mí. –Murmuró. – ¿Tú no extrañas a tus padres?
–Claro que lo hago. Pero ellos por el momento no lo hacen. –Draco la miraba de soslayo.
– ¿Por qué dices eso?
–Les hice un encantamiento desmemorizante. Eliminé todos sus recuerdos acerca de que tenían una hija. Así ellos se deslindarían de mí y los puedo mantener a salvo. –Confesó con voz trémula. –Pude despedirme y después borrar su memoria, pero si lo hacía, no tendría el valor de hacerlo.
Él no supo que decir y solo se limitó en tomarle la mano. Por su parte, Hermione recargó su cabeza sobre su hombro. Pasaron un largo tiempo en silencio, disfrutándose en completa serenidad, por un momento parecía que nada iba mal.
– ¡Hay problemas! –Ron tocó fuertemente la habitación de Hermione. Ambos miraron hacia la puerta y Hermione fue a abrir la puerta. – ¿Qué hacen juntos?
– ¿A caso te importa? –Expresó Draco con desagrado.
– ¿Qué sucede, Ron? –Preguntó Hermione con apuro.
–Bajen, ambos. –Le soltó una última mirada reprobatoria a Hermione y se fue.
Tanto Draco como Hermione bajaron rápidamente a la sala y se encontraron con algo con lo que no contaban. En medio de la sala se encontraba Remus, Tonks, Moody y Shacklebolt. Remus estaba recostado en el sillón sumamente lastimado y Tonks parecía que estaba a punto de llegar a la locura a un lado de Remus.
– ¿Pero cómo? –Preguntó Hermione atónita.
–Arthur, Bill, Shacklebolt y yo, fuimos a rescatarlos. –Dijo Moody con algunos raspones en la cara.
Hermione levantó su varita y de pronto su bolso llegó volando desde su habitación. Lo abrió y sacó algunas cosas que estaban en el interior.
–Esto te ayudará con las heridas abiertas, Remus. –Hermione comenzó a ponerle algunas gotas de esencia de Díctamo.
– ¿Cómo lo hicieron? –Preguntó Ron impaciente. – ¿Dónde está mi padre y Bill?
–Todos usamos poción Multijugos, no solo ustedes pensaron que tener una reserva sería de gran ayuda. –Confirmó Moody moviéndose a través de la sala para sentarse. –Tuvimos muy poco tiempo para entrar y sacarlos de ahí. Arthur regresó al trabajo para no levantar sospechas y Bill regresó con Fleur.
–Hicimos que Remus bebiera un poco de poción para poder sacarlo sin que se dieran cuenta. –Señaló Shacklebolt. –Tuvimos mucha suerte, si el efecto de la poción se hubiera terminado antes de tiempo, posiblemente estaríamos.
– ¿Qué hay de ti, Tonks? –Preguntó Hermione.
–Volvieron a cambiar mi audiencia. Creí que me mandarían a Azkaban, pero Shacklebolt pudo abogar por mí. Me dejaron ir, pero estoy a prueba y posiblemente me despidan. –Dijo Tonks murmurando.
–Harry. –Moody le tomó del hombro y se lo llevó de la sala hacia el comedor, los demás siguieron atendiendo a Remus y a Tonks. –Muchacho, debo insistir en que ayudes a Remus. Estoy seguro que el Ministerio ya está revisando las casas de los miembros de la Orden y si lo llegasen a encontrar ahí, sería fatal. Esta casa está oculta ante todos y Remus necesita descansar. –Moody le miró directo a los ojos.
–Por supuesto que puede quedarse aquí. –Harry no dudó ni un segundo en aceptar ayudar a alguien que estimaba demasiado.
–Pero debo de advertirles algo, en un par de semanas, llegará la luna llena. Y sabes lo que conlleva eso. Nosotros trataremos de venir a ayudarlos, pero con esto de que Remus ha escapado, a todos los que saben que somos sus amigos, nos mantendrán ocupados en el Ministerio para que nos estén vigilando.
–Está bien, nosotros lo mantendremos a salvo. –Harry asintió. Ambos regresaron hacia dónde estaban todos.
–Dora ya vámonos. Te quedarás por un tiempo con los Weasley, ya que posiblemente la casa de tus padres esté siendo vigilada. Y no queremos que te acusen con más cargos falsos. –Comentó Moody.
Nymphadora seguía a un lado de Remus acariciando su cabello.
–Quisiera quedarme con él. –Dijo Tonks con la voz quebrada y los ojos vidriosos.
–Ya hablamos de eso, Tonks. Si mañana no llegas a trabajar, podrían mandarte a Azkaban. –Kingsley le dijo con voz afable.
–Te veré luego, Remus. Te amo. –Tonks se levantó de un lado de él y caminó hacia Moody y Shacklebolt, para salir de la casa de Harry.
Después de que los demás abandonaron la casa, Harry se llevó a Ron con él hacia las escaleras, mientras que Hermione seguía atendiendo a Remus y Draco le ayudaba.
–Tenemos un problema. –Comentó Harry. –Remus…
– ¿Qué sucede? –Hermione llegó hacia ellos junto con Draco. Harry dudó en decir algo, pero ellos también debían de saberlo.
–Bueno, no sabemos en cuanto tiempo logre recuperarse por completo.
–Pero eso no es problema, Harry. A nadie le molesta que Remus esté aquí. –Interrumpió Ron.
–No es eso, Ron. A mí tampoco me molesta, pero pronto llegará la luna llena y entonces ahí, no sé lo que haremos. –Harry dijo con tono de preocupación.
Todos se miraron con expresión fatídica.
–Entonces debemos hacer algo, podemos dejarlo en una habitación y encerrarlo ahí. –Dijo Ron.
–Destrozaría todo a su paso, Weasley. Piensa un poco. –Le contestó Draco irritado.
– ¡Tú no puedes opinar nada aquí, hurón despreciable! –Se impulsó hacia adelante para incomodar a Draco.
–Suficiente. –Vociferó Harry. –Por lo pronto debemos llevarlo a una habitación.
Harry y Hermione, estuvieron parte de la noche vigilando a Remus, por si necesitaba algo o empeoraba su salud. No lo podían dejar solo, ambos lo apreciaban mucho. Al día siguiente Ron fue quién le llevó el desayuno. Al tercer día, Remus se veía un poco mejor, ya estaba consciente y podía hablar.
Hermione estaba sentada a un lado de él y le cambió los vendajes de algunas heridas que tenía. Harry estaba del otro lado, Ron se encontraba sentado al pie de la cama y Draco estaba en el marco de la puerta.
– ¿Qué fue lo que te hicieron, Remus? –Preguntó Hermione con mucho pesar.
–Cuando me capturaron. Me torturaron con el maleficio Cruciatus por todo un día. Trataban de sacarme información sobre la Orden y sobre ti, Harry. Pero creo que todo el sufrimiento que me causa transformarme, hizo que aguantara un poco más. –Confesó con un poco de humor. –Ella estaba ahí, Umbridge fue quién mandó a capturar a los licántropos. –Continuó dando un sorbo a su taza de té.
– ¡Esa mujer es detestable y ruin! –Hermione dijo febrilmente. A Hermione le afectaba mucho la caza que dirigía Dolores hacia los magos mestizos y criaturas mágicas que ella no consideraba dignas para el mundo mágico.
Le hicieron compañía por un rato y después lo dejaron descansar un poco más.
–No soporto verlo así. –Harry le confesó a Hermione. Él cargaba varios libros que le iba pasando Hermione.
–Nadie, Harry. No puedo ni imaginar cómo la está pasando Nymphadora sin saber nada de él. –Continuó buscando algo en los estantes de la biblioteca.
– ¿Qué es lo que buscas? –Preguntó Harry observando la cantidad alarmante de libros que Hermione le estaba haciendo cargar.
–Harry, aún debemos destruir dos Horrocruxes y no tenemos la forma de lograrlo. Debemos encontrar veneno de un Basilisco y entrar al Ministerio no es una opción, por lo menos no por ahora. –Hermione se sentó en un sillón que se encontraba cerca y comenzó a leer.
– ¡Kreacher! –Gritó con entusiasmo. –Él estuvo en la casa de los Malfoy, él podría saber si ellos tienen algo así en la Mansión y podría traerlo.
– ¿Crees que quiera ayudarnos? –Le cuestionó Hermione.
–No me importa si quiere o no. Soy su amo y debe de obedecer. –Afirmó Harry.
– ¿Cómo puedes decir eso Harry? Ellos también tienen derechos y no le pertenecen a nadie… –Hermione se enfureció.
– ¡Eso no importa ahora, Hermione! –Salió de la biblioteca sin importarle su amiga.
Hermione se quedó dentro de la biblioteca tratando de calmar su enojo leyendo los libros. Al cabo de unas horas no pudo encontrar nada y se sintió demasiado frustrada. Cerró el libro que estaba leyendo y se recostó en el suelo de la biblioteca.
– ¿Qué estás haciendo? –Draco se paró frente a ella y se inclinó para que pudiera verlo.
– ¿Cómo puedes ser amigo de alguien con quién no compartes la misma ideología? –Le preguntó irritada.
– ¿Lo preguntas por qué te peleaste con alguno de tus amigos? –Se recostó a un lado de ella.
–A veces Harry y Ron, no me toman en serio cuando intento defender a los elfos domésticos. –Dijo con poca esperanza.
– ¿Por qué los defenderías? –Le cuestionó levantando una de sus cejas.
– ¿Cómo que por qué? Malfoy, a los elfos los explotan, los tratan horrible, como si fueran esclavos. Aunque bueno, no creo que tú lo entiendas. –Su voz se apagó.
–Sí lo dices por Dobby, la mayor parte del tiempo lo ignoraba. –Le dijo con su voz fría. Además, yo no he conocido a ningún elfo que quiera ser salvado, ellos viven felices teniendo una familia a quién servirle. Déjalos en paz.
– ¡Pero eso no está bien! Solo porque te digan que algo está bien, no significa que lo sea. No pueden tratarlos así. –Hermione se alteró mucho más.
–Si estás tan convencida de eso, preséntame a por lo menos a cinco elfos que quieran cambiar miles de años de herencia por una vida libre. –Comentó Draco para amenizar la situación.
– ¡Lo haré! Llevo años tratando de convencer a los elfos que trabajan en Hogwarts para que luchen por sus derechos, algunos están convencidos y otros ya casi lo están. Y también logré que Dumbledore pudiera pagarles, él siempre estuvo a favor de los derechos de los elfos. –La mirada de Granger se entristeció.
Draco no le dijo nada más. Ella notó de inmediato que todo se volvió incómodo. Sí quería salir de ése momento tan oscuro con Draco y comenzar a sanar, debía enfrentar las cosas. Ella se levantó y Draco lo hizo después de ella.
–Draco. Sé que ha pasado tiempo y creo que ya es tiempo de que hablemos. Me siento preparada. –Añadió con voz trémula.
Sin dejar de mirarla a los ojos, él le contó todo lo que pasó, todo lo que no le había dicho y se había guardado solo para él.
–Después de que mi padre fue mandado a Azkaban, Voldemort me convirtió en Mortífago. Al principio pensé que era un honor que el Señor Tenebroso me escogiera para ser uno de sus seguidores, pero al poco tiempo me di cuenta que lo hacía para castigar a mi padre por defraudarlo. Durante todo el verano me obligaron a ver las torturas que cometían hacia los muggles para que yo pudiera endurecerme. Antes de volver a Hogwarts para el sexto curso, Voldemort me señaló para llevar a cabo la misión de matar a Dumbledore, si no lo hacía, Voldemort mataría a mis padres y luego me mataría a mí. Pero no pude hacerlo, no soy un asesino, Hermione. –Le tomó las manos para que sintiera su sufrimiento. –Después de que no lo logré, huí de nuevo a la Mansión, Voldemort me torturó e hizo que los demás Mortífagos también lo hicieran, también me quitó mi varita para terminar de humillarme. –Hermione no podía ni emitir algún sonido, le dolía todo lo que Malfoy le decía. –Cuando ataqué a ése Mortífago para evitar que te lastimara, él me delató y Voldemort mandó a que me asesinaran. Cuando estuve a punto de recibir el beso del Dementor, alguien me ayudó y pude conjurar un Patronus. Lo demás creo que ya lo sabes, me escondí hasta que fui a la boda a advertirles.
Temblando un poco y con algunas lágrimas a punto de salir de sus ojos, ella le abrazó justo cuando terminó de hablar. Apreció la sinceridad que le regaló.
–Todo lo que pasaste fue horrible. Y de verdad me siento terrible por dejarte pasar por esto solo. –Le murmuró en el oído mientras seguía abrazándolo con fuerza.
–Tú no sabías nada y tampoco tenías que pasar eso conmigo, tú no entrabas en ningún sitio. –Le dijo con voz ronca. –Quiero superar esto. En verdad quiero estar contigo.
Hermione se acercó a él y le besó tiernamente, con devoción hacia él, entregándose totalmente, trataba de que su beso expresara más de lo que sus palabras podían explicar.
Por el resto de la noche se quedaron en silencio, haciéndose compañía el uno con el otro. Draco tomó la cobija que había en el sillón de la biblioteca y la usó para que ambos pudieran dormirse cerca de la chimenea.
Cuando despertaron por la mañana, siguieron platicando un poco antes de bajar a desayunar.
–Estuve pensando. –Le dijo Hermione. –Podríamos ayudar a Remus de otra forma.
– ¿Cómo? –Le preguntó Draco.
–La poción Matalobos. –Él le miró con mucho interés.
–Eso es una excelente idea, Hermione. Pero no crees que sí vas y compras la poción, sea muy peligroso y puedan alertar al Ministerio. –Le dijo Draco tratando de no sonar tan rudo.
–Solo era una idea. –Hermione forzó una sonrisa, pues no había pensado en eso. –Bajemos, hay que desayunar. –Draco asintió.
– ¿Has visto a Hermione? La fui a buscar a su habitación y no la encontré. –Le dijo Harry a Ron. Ambos estaban en las cocinas haciendo el desayuno.
– ¿Crees que haya ido a comprar comida y no nos haya avisado? –Le contestó Ron.
–No lo creo, nos lo hubiera dicho. –Tomó la pimienta que estaba a un lado.
Pocos minutos después, Hermione y Draco bajaron hacia el piso principal. Pasaron primero hacia la sala para ver a Remus, pero él se encontraba en el comedor. Se veía mucho mejor, parecía que se había recuperado muy rápido.
– ¿Cómo sigues Remus? –Preguntó Hermione con una actitud positiva.
–Mejor, gracias Hermione. En verdad ya estoy listo para salir de esta casa. Necesito ver a Tonks y ayudar a los demás. –Le dijo a ambos mientras tomaba una taza de té.
–Ella debe de estar bien. Moody dijo que estaría con los Weasley. –Le contestó Draco.
– ¿Haz dormido bien en tu cuarto? ¿Hay algo que podamos hacer por ti? –Le dijo Hermione tiernamente.
–Para nada Hermione, todo está perfecto. –Le regresó una sonrisa amable. Remus pocas veces era tratado con respeto debido a su condición.
–Oye Remus, ya no hay suficiente pan, así que hicimos gachas de avena. –Le dijo Ron subiendo las escaleras hacia el piso principal.
– ¿Ya no hay suficiente comida? –Preguntó Remus. –Yo no desayunaré entonces, ustedes háganlo.
–No Remus, debes de comer. –Intervino Harry.
–Sí, además eres mucho más importante que Malfoy, tu mereces más la comida. –Dijo Ron mirando lascivamente a Malfoy.
– ¡Ron! –Hermione le reprimió con una mirada reprobatoria. Se acercó a Remus. –No te preocupes, Remus. La comida la compré hace un mes, es hora de reabastecernos. Ya voy yo.
– ¡Yo voy contigo! –Dijeron Ron y Draco, al unísono.
–Tú no puedes salir. Sí alguien te reconoce, pondrías en peligro a Hermione. –Ron dejó la bandeja de comida en la mesa.
–Por lo menos yo sí podría defenderla, comadreja. –Draco le dijo con voz exánime.
– ¡Basta! Ya iré yo sola si siguen discutiendo. –Dijo Hermione irritada, estaba muy cansada de que esos dos discutieran por todo, tal vez ahora entendía a Harry cuando ella peleaba con Ron.
Hermione se duchó y se arregló, cuando bajó, ambos estaban listos para acompañarla. Pero antes de que Hermione llegara hasta ellos, Harry le llamó desde el comedor.
– ¿Quién te acompañará? –Le interrogó Harry mientras miraba el Mapa del Merodeador.
–Pensaba decirle a Draco que me acompañara. ¿Por qué? –Hermione se sentó en una silla.
–Me parece bien, en realidad te iba a pedir que él te acompañara. –Cerró el mapa y le apuntó con su varita. –Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. –Le prestó más atención a su amiga y le dijo. –Quería hablar con Ron y Remus sobre unas cosas y quería tener un poco de privacidad. Cuando regreses, también hablaré contigo. Toma, aquí hay más dinero mágico para que compres lo que sea necesario.
–Sí. –Hermione se dirigió a la puerta del comedor, pero no salió, se volvió hacia su amigo. –Harry, le entregaré su varita. Yo responderé por él, además yo creo que él ha demostrado que podemos confiar.
Harry se quedó en silencio por algunos segundos que para ella fueron una eternidad.
–Yo todavía no logro hacerlo y sé que Ron tampoco lo hace. –Harry estaba distante. –Sé que no podré hacerte cambiar de idea, solo espero que sepas lo que haces. –Granger asintió. –Por favor ten cuidado Hermione.
Hermione salió del comedor y Draco se encontraba recargado en la escalera, mientras que Ron estaba a un lado de Remus.
– ¿Nos vamos? –Ron se levantó con prontitud del sillón y camino directo hacia Hermione, estaba seguro de que él sería quién la acompañaría.
–Lo siento, Ron. Está vez irá Malfoy. –Hermione tomó su varita y apuntó hacia su bolso. –Accio capa. –La capa de Harry salió del bolso y ella la tomó con una mano, caminó hacia Draco y se la entregó. –Póntela antes de salgamos de la casa.
Malfoy le restregó una cara de triunfo a Ron y siguió de cerca a Hermione hacia la puerta principal para salir. Pero ella se detuvo antes de abrirla.
–Toma. –Le entregó su varita y ambos salieron.
– ¿Los demás están de acuerdo en que yo tenga mi varita? –Le preguntó confundido.
–No, pero creo que deberías de estar preparado para cualquier cosa. –Fue todo lo que le dijo Hermione.
Siguieron caminando hasta llegar a un pequeño mercadillo. Hermione siguió la misma ruta que la vez pasada, primero compró la comida en el mercadillo muggle y después siguieron hacia el pasadizo de la estatua.
–Espera, Hermione. Vamos hacia atrás de esos árboles, será raro que hables con alguien que no se puede ver. –Hermione le siguió. –Tal vez no podemos comprar la poción Matalobos, pero estoy seguro que podemos hacerla.
– ¿Estás bromeando? –Le dijo Hermione con una sonrisa. –No podemos hacerla, Malfoy. Tú escuchaste al profesor Slughorn, hacer esa poción es sumamente complicado para lograr hacerla si no tenemos experiencia. Y si no la hacemos correctamente podría tener repercusiones fatales para él que la beba. –Le dijo Hermione con un poco más de seriedad.
–Sí, es una poción muy difícil de lograr, pero también espero que recuerdes quienes eran los mejores de su clase. Podemos hacerla, debemos intentarlo por Remus. –Le dijo Draco con tono desesperado.
–Pero los ingredientes son muy caros y no aceptan dinero muggle. Harry solo me dio un poco para comprar pociones indispensables. –Le dijo Hermione muy desanimada.
–Puedo ayudar con eso. –Hermione estaba desconcertada. –Hubo algo más que tomé de mi casa. –A través de la capa, Draco le entregó un reloj de oro incrustado con algunas piedras preciosas. –Me lo regalaron mis padres en navidad, no te lo quise decir porque no quería que lo malinterpretaras, pero lo tomé porque si lo vendemos nos darían dinero para otras cosas que podríamos necesitar.
–Malfoy, yo no puedo pedirte que lo vendas, es tuyo. Te lo dieron tus padres. –Le dijo Hermione volviéndoselo a entregar.
–Ellos siempre me dan un regalo más caro que el anterior, no significa mucho en verdad. En cambio sí lo vendemos, podría ayudarnos. –Le dijo Draco con tono firme.
– ¿Está seguro? –Hermione lo volvió a tomar.
–Sí. Hay que buscar un lugar en dónde puedan recibirlo. –Le dijo Draco.
–Entonces será mejor que ya entremos por el pasadizo de la estatua. –Le dijo Hermione y caminaron ambos hacia el pasadizo. – ¿Alguna vez habías estado aquí? –Le preguntó Hermione a Draco con murmullos.
–No, jamás. –También le murmuró. –Hermione mira a tu derecha, tal vez ahí podamos venderlo. –Entraron a una tienda de artículos mágicos.
– ¿En qué puedo ayudarte? –Le dijo un hombre de aspecto tosco.
– ¿Quisiera saber sí aquí podría vender un reloj? –Le preguntó Hermione un poco intimidada y le entregó el reloj para que él mago pudiera verlo.
–Es muy exquisito. ¿Dónde lo compraste? –Le preguntó.
–Fue un regalo. –Farfulló Hermione.
– ¿Y por qué la inscripción dice ''D.M''? –Volvió a preguntar con desconfianza.
–Era un regalo para mi ex novio Dean McLaggen, pero antes de que pudiera dárselo, él rompió conmigo. Resultó que me engañaba con una chica llamada Pansy. –Dijo Hermione fingiendo estar triste.
–Tranquila, querida. Al menos no perdiste el reloj. –Sacó dinero de la registradora y se lo entregó. –Te podría haber dado menos, por la inscripción que tiene, pero me conmovió tu historia, tengo una hija de tu edad y no quisiera que le hicieran lo mismo.
–Gracias. –Hermione salió del local con una gran sonrisa, pues le dieron mucho más dinero de lo que pensó que valdría el reloj.
– ¿Qué fue todo eso? Te dije que entre Pansy y yo no había nada. –Le reprochó Draco.
–Tenía que sonar convincente. –Hermione le dijo con un tono frío. Aunque no lo aceptara, a Hermione le seguía molestando un poco. –Hay que ir a ésa tienda de pócimas, ahí fue dónde compre los ingredientes de la poción Multijugos.
– ¡Courtney, volviste! –Comentó casi con gritando el empleado de la tienda de pociones.
Hermione se quedó paralizada pues no había recordado que le había mentido sobre su identidad.
–Hola. –Le sonrió afablemente. –Dije que volvería. ¿Cierto?
– ¿Por qué te llamó Courtney? –Le preguntó Draco pero Hermione no le respondió.
– ¿Vienes por la poción de seguridad? –Le preguntó mientras sacaba unos frascos de un cajón de madera.
–Sí. –Hermione tomó una canastilla y se dispuso a tomar todos los ingredientes que necesitaba. Por suerte, ella ya había estudiado la poción Matalobos y sabía que ingredientes debía de llevar.
–Siempre llevas ingredientes poco comunes. –Le dijo Henry acercándose a ella.
–Yo… –No sabía que decirle sin sonar sospechosa.
¡Crash! Una botella se cayó de la parte de atrás de la tienda. Henry fue a ver de qué se trataba.
–Creo que con eso se mantendrá alejado por unos segundos. –Le dijo Draco a Hermione. –Sí te vuelve a preguntar, dile que tú creas las pociones y las vendes a magos que no saben hacerlas. Así evitarás más preguntas. –Hermione siguió tomando todas los demás ingredientes que le faltaban.
–Solo era un frasco que se cayó por una corriente de aire. ¿Todo listo? –Le dijo afablemente Henry. –Wendy ¿Podrías ayudarme con este cliente? –Una chica de cabello negro, salió de la parte de atrás de la tienda. –Yo le cobraré mientras tú empacas los ingredientes. –La chica colocó los ingredientes en una caja grande.
– ¿Acónito? –Wendy se desconcertó. –Es un veneno muy potente. ¿Qué clase de poción harás?
Hermione no sabía que decir, no podía decir la verdad sin exponerse. Pero Wendy fue mucho más rápida que Hermione y le apuntó con la varita.
– ¡No! –Hermione extendió los brazos para que Draco entendiera que no podía revelarse para ayudarla.
– ¿Quién eres? ¿Eres una seguidora de –Quién-Tú-Sabes? –Wendy se mantuvo firme.
– ¡Basta Wendy! –Henry se interpuso entre las dos. –Ella no es seguidora de nadie, baja esa varita. –La chica la bajó.
– ¿Cómo lo sabes? –Le preguntó Wendy furiosa.
–A mí me pagan por hacer pociones para gente que no puede hacerlas correctamente. –Agregó Hermione con rapidez.
– ¡Lo ves! Discúlpate con ella. –Henry le dijo con voz firme.
–Lo siento. –Dijo con pocos ánimos y salió hacia la parte trasera de la tienda.
–No pasa nada. –Murmuró. Henry terminó de empacar los ingredientes y le entregó su compra a Hermione. Quién no podía cargar la caja por sí sola.
– ¿Puedo ayudarte con eso? –Le dijo Henry señalando la gran caja que cargaba Hermione.
–No será necesario, gracias. –Hermione se dirigió a la puerta. Henry se adelantó y le abrió la puerta.
–Insisto, por el mal entendido con mi hermana. –Le dijo con mucha insistencia.
–Está bien. –Le respondió Hermione no muy convencida.
–Disculpa el comportamiento de mi hermana. Ella es sobreprotectora, además no confía en muchas personas. –Le dijo él mientras atravesaban los locales de aquella comunidad mágica.
–No te preocupes y en verdad no la culpo. Creo que en estos tiempos no se debería de confiar en nadie. –Dijo ella con notable tristeza. Antes de llegar a la estatua para salir al mercadillo muggle, Hermione se detuvo. –Está bien aquí. Alguien vendrá por mí.
– ¿Estás segura? –Henry miró a los lados y no había nadie cerca.
–Sí. Gracias por ayudarme, pero será mejor que regreses a su tienda. –Hermione le sonrió con nerviosismo.
–Adiós. –Le entregó la caja. –Escucha, ¿Tal vez algún día podríamos vernos para tomar el té? ¿Te parece? –Le preguntó el de ojos verdes.
–Tal vez. –Hermione volvió a forzar una sonrisa y Henry se fue caminando de nuevo a su tienda.
Hermione abrió su bolso e introdujo toda la caja en él.
– ¿Qué fue eso? –La voz de Draco se hizo presente.
–No sabía cómo deshacerme de él y no quería ser grosera. –Hermione se mostró firme y caminó hacia la estatua.
Al llegar a la casa, prepararon un poco de comida para todos y después Hermione subió a la su habitación.
– ¿Podemos pasar? –Harry tocó a su puerta, Ron estaba atrás de él.
–Entra. –Harry se sentó en el sillón cerca de ella.
–Hermione tenemos una respuesta para poder destruir los Horrocruxes. –Dijo Harry con entusiasmo.
– ¿Cómo? –Hermione se emocionó al igual que él.
– ¡La espada de Gryffindor! Cuando ustedes se fueron, le preguntamos a Remus si sabía en dónde podríamos conseguir algo de veneno de Basilisco, lo cual le resultó una locura porque es algo imposible de conseguir. –Dijo Ron desviándose totalmente del tema.
–El punto es que Remus me recordó de la pelea que tuve en la Cámara de los Secretos, yo maté al Basilisco con la espada, Hermione. –Harry comentó alegremente.
–Al ser fabricada por la magia de los duendes, la espada es indestructible y absorbe todo lo que todo lo que la hace más fuerte. –Ron dijo con prontitud.
– ¡Son asombrosos, ambos! –Hermione embargada de emoción abrazó a sus dos mejores amigos. – ¿Cuándo iremos a buscarla? –Preguntó.
–Eso será el problema. Sabemos que la espada está en Hogwarts y aparecerá a un estudiante de la casa de Gryffindor, pero no creo que la espada logre aparecer fuera del castillo. –Arrastró las palabras.
– ¿Entonces será nuestra próxima misión? ¿Encontrar la espada de Gryffindor? –Preguntó Hermione extasiada.
–Sí. Primero hay que mantener a Remus a salvo de sí mismo y después iremos a por la espada. –Le contestó Harry decidido.
–De hecho tengo que contarles algo que creo que podrá ayudar a…
Se escucharon algunos golpes en la puerta y está se abrió dejando a Draco a la vista de todos.
–Hermione. –Se detuvo al ver a los demás que se encontraban en su habitación. –Es hora.
–Sí. –Le contestó a él. –Es de lo que quería hablarles, creo que nosotros…
–Hermione de verdad no queremos saber nada de lo que hagan ustedes dos juntos. –Dijo Harry y Ron se salió de la habitación sin decir nada, Harry le siguió.
– ¿Estás bien? –Le preguntó Draco.
–Quería hablarles sobre la poción Matalobos, no me dejaron terminar. –Dijo con una actitud lúgubre.
–Son unos idiotas, no deberían de tratarte así solo porque me odian a mí. No deben de desquitarse contigo. –Le dijo él. – ¿Quieres que lo dejemos para mañana?
–No, solo faltan algunos días para la luna llena, si vamos a hacerlo, hay que hacerlo ahora. –Se mantuvo firme.
– ¿Dónde lo haremos? Tiene que ser un lugar tranquilo. –Le dijo mientras caminaban por el pasillo del segundo piso rumbo a la habitación de Draco, pues ahí habían dejado los ingredientes.
–Podemos ocupar algún otro cuarto, si vamos a la biblioteca nos interrumpirían demasiado y si haremos esto, necesitamos la máxima concentración. –Le comentó Hermione. –Escoge un cuarto vacío, iré por los libros de pociones que hay en la biblioteca, ya vuelvo.
Hermione fue con paso decidido hacia la biblioteca y comenzó a buscar los libros que necesitarían.
– ¿Están juntos? –Hermione se sobresaltó, pues no escuchó entrar a Ron a la biblioteca.
– ¿De qué hablas? –Intentó fingir que no sabía de lo que hablaba y continuó tomando los libros.
–Tú y Malfoy. ¿Están juntos? –Ron le quitó el libro que sostenía en su mano, se puso frente a ella.
–No, Ron. No lo estamos, en realidad no sé lo que sucede. –Draco estuvo a punto de entrar a la biblioteca para preguntarle algo a Granger, pero no lo hizo después escuchar su nombre, se quedó en silencio escuchando la conversación detrás de la puerta de la biblioteca.
–No me mientas, Hermione Jean Granger.
–Y no lo hago, en verdad no sé lo que pasa entre nosotros. –Se acercó a Ron y le tomó la mano. –Ron, en verdad le quiero, pero creo que no podré sobrevivir si sigo divida. –Le dijo con total sinceridad.
Ron se sintió terrible y la abrazó, no le dijo nada y se fue de la biblioteca. Draco al escuchar los pasos de Ron, salió del pasillo y regresó a la habitación dónde había instalado las cosas.
Hermione se tomó algunos minutos más para retomar la compostura y salió con los libros que había escogido.
–Estoy segura que tú también has leído acerca de la poción, pero para estar más segura hay que revisarlo de nuevo. –Hermione le pasó dos libros y ella se quedó con tres.
Draco se acercó a ella y le entregó su varita. Hermione la vio y luego lo miró a él.
–Guárdala por mí. –Le dijo y volvió a sentarse en el sillón rojo que tenía a un lado de ella.
– ¿Por qué? Draco, no. Yo te la di porque debes tenerla contigo. No necesitas hacer esto. –Se la puso en el bolsillo delantero de su camisa de seda negra.
–Hagamos un trato. Cuando sea necesario la tendré conmigo. Dentro de la casa no la utilizaré y podrás guardarla por mí. –Le comentó Draco con firmeza.
– ¿Y qué ganas tú? –Le miró con desconfianza.
–Nada. –Levantó el libro y comenzó a leer.
Hermione también continuó leyendo y de vez en cuando, ambos se miraban de soslayo.
Narcissa Malfoy seguía la misma rutina de siempre, miraba por la ventana de la habitación de su hijo y algunas veces salía a caminar por su marchito jardín. Le dolía seguir en esa casa tan grande y vacía. Sus pensamientos la seguían atormentado, creía que ya había perdido la cabeza, en su mente seguía rondando el vago pensamiento de creer que su hijo estuvo en su casa junto con Harry Potter, pero temía que si se lo decía a Lucius, él no le creería en lo absoluto.
Lucius Malfoy con un aspecto deplorable, se recargó en el inicio del marco de la puerta del cuarto de su hijo. Con pesar lo recorrió con una mirada lúgubre y después fijó su vista sobre su esposa.
–Sigues aquí. Sabes que te hace mal, Cissy. –Caminó sobre la alfombra gris y se mantuvo a un lado de su esposa.
–Yo no puedo seguir así, Lucius. No pudimos proteger a nuestro único hijo. –Volteo hacia Lucius con lágrimas recorriendo sus pálidas mejillas como la nieve. – ¿Por qué seguimos obedeciéndolo? ¿Cuál es el punto?
–Cissy. –Lucius se arrodilló frente a su esposa y le tomó de las manos. –No pude proteger a Draco, pero sí nos vamos de su lado, él nos matará. No puedo perderte a ti también.
–Ni siquiera nos entregaron un cuerpo para honrar. No pude decirle adiós a mi propio hijo. –Narcissa rompió en llanto y Lucius reposando su cabeza en la falda de su esposa, también comenzó a llorar sin control alguno. Él no había llorado, por lo menos no frente a su esposa, siempre se mostró impertérrito.
– ¡Perdóname, Cissy! Debí ofrecer mi vida por la de mi hijo, todo el peso que recibió fue por mi culpa. Él solo era un niño y yo se lo entregué a Voldemort. –Farfulló entre sollozos e incontrolable llanto.
–Oh Lucius. –Narcissa estaba totalmente conmovida, jamás había visto a su esposo de la forma más vulnerable posible.
–Siempre lo extraño, siempre pienso en él. Sabes, hace unos días podría jurar que estuvo aquí. –Confesó Lucius limpiando sus lágrimas y tratando de calmarse un poco. Narcissa sintió un escalofrío que recorrió su espalda.
– ¿Cuándo? –Le preguntó con firmeza.
–Cuando entró Potter a la casa. –Lucius levantó la mirada y encontró a Narcissa totalmente atónita. – ¿Qué sucede, Cissy? ¿Estás bien? ¿Dije algo incorrecto?
–Lucius. –Ella se sentó en el suelo junto a él para mirarlo a los ojos. –Yo también creí que Draco estuvo aquí ése día. Cuando estaba aquí mismo, sentí su presencia pero era imposible porque no había nadie en la habitación.
–Cissy ¿Tú dejaste entrar a Potter? –Narcissa negó con la cabeza. – ¿Tú quitaste la protección mágica de la casa? –Y ella volvió a negar.
–Pensé que tú lo habías hecho, eso le dijiste al Señor Tenebroso. –Se quedó pasmado.
–Lo dije porque pensé que tú lo habías hecho. –Se puso una mano sobre su cabeza. – ¿Cómo pudieron entrar entonces? Sabes que solo alguien que haya vivido aquí puede abrirles la puerta a los demás.
– ¿Tú crees que Draco esté vivo? –Narcissa sollozando se cubrió la boca.
–Es posible. –Cissy dejó escapar un chillido y abrazó a su esposo, su esperanza se había elevado pero sí descubría que no era cierto, eso la mataría. –Nadie debe de saberlo, sí descubren está vivo, lo matarán. –Cissy asintió en silencio. –Posiblemente Potter lo tenga capturado y lo utilizan para llegar a Voldemort. –Dijo con una actitud febril.
…
Pasaron un par de días, Remus lucía totalmente diferente, pero conforme el tiempo pasaban, más quería salir a ayudar a los demás de la orden y ver a Tonks.
Hermione y Draco, pasaban la mayoría del tiempo tratando de hacer correctamente la pócima, cuando uno dormía, él otro debía vigilar la poción, estaban muy cansados, pero a ambos los motivaba saber qué sí la poción funcionaba, podría ayudar a Remus. Cuando por fin la terminaron, de la poción surgió un tenue humo de color azul, el indicativo para saber que la poción estaba lista para beberla.
Terminaron tan cansados que ni siquiera pudieron regresar a su habitación, ambos decidieron quedarse en esa misma habitación para descansar. Terminaron compartiendo la cama y se sintieron en paz por primera vez desde que se volvieron a reunir.
– ¿Estás despierto? –Le acarició el cabello con ternura. Asintió. –Bajemos a desayunar. –Ambos fueron a ducharse y después bajaron al primer piso.
–Ya te alcanzo. –Le dijo Draco a Hermione y ella bajó a las cocinas.
–Escucha, Remus. –Lupin bebida café y leía un libro. –Creo que te debo una disculpa y ya es hora de que lo haga. –Tomó un poco de aire. –Lo siento por cómo me comporté cuando fuiste mi maestro de Defensa Contra Las Artes Oscuras, mi actitud fue reprobable e inmadura.
–Acepto tus disculpas, pero para ser sincero, eso quedó en el pasado. No hay resentimientos, Draco. –Continuó con una sonrisa amable.
– ¿Hay té? –Preguntó Hermione a sus amigos que estaban haciendo cocinando tocino.
–Sí. Ahí está. –Le señaló Harry sacando el tocino del sartén.
–Sabes Hermione, creemos posible hacer una habitación apta para Remus. –Le dijo Ron con entusiasmo. –Pero necesitamos de tu ayuda.
– ¡Claro! En realidad Draco y yo, tenemos una buena noticia. –Dijo con una gran expresión.
– ¿Podría ser después del desayuno? No quiero tener dolor de estómago antes de comer. –Le dijo Harry, Ron no comentó nada.
Hermione no hizo caso del comentario negativo de Harry y subió las demás cosas del desayuno.
– ¡Remus tenemos buenas noticias! –Dijo Hermione a la mitad del desayuno.
– ¿Qué sucede Hermione? –Harry y Ron se mostraron atentos, comiendo sus huevos revueltos.
–Draco y yo, logramos hacer poción Matalobos. Puedes empezar a tomarla hoy. Falta exactamente una semana para que la luna llena empiece. –Le dijo Hermione, Remus no supo que decir.
– ¿Poción Matalobos? Esa poción es muy peligrosa si no se prepara de la forma correcta. –Comentó Harry escéptico.
–Lo es. Pero ambos estudiamos muy bien la preparación y salió perfecta. –Miró directo a Remus. –Pero claro, si tú no estás convencido y no quieres hacerlo, no importa, lo entendemos. –Draco asintió.
–Chicos, los ingredientes para la poción son demasiado caros. ¿Cómo pudieron pagarlos? –Les preguntó Remus confundido.
–Fue gracias a Draco. Él vendió su reloj para poder comprarlos. –Dijo ella con alegría.
–Muchas gracias, chicos. Confío en que ambos la hicieron perfectamente, la beberé. –Remus estaba realmente conmovido. – ¿Ya está lista?
–Sí, puedes beberla en este momento, la tenemos en un caldero en la habitación qué está a un lado de la biblioteca. –Dijo Hermione. Ambos se levantaron de la mesa y subieron a la habitación donde habían dejado lista la pócima.
Los demás continuaron desayunando sin inmutarse.
–Escuchen. –Draco rompió el silencio. –Debemos de tratar de llevarnos un poco mejor. Sé que me odian y yo también lo hago, pero Hermione no la está pasando nada bien.
–Piensa un poco, la vida de Hermione se volvió turbia desde que tú apareciste. –Le dijo Ron arrastrando sus palabras.
–No creo que el solo fingir que nos llevamos bien haga la gran diferencia. –Dijo Harry mostrándose desinteresado, tomó su taza para darle un sorbo a su café.
Draco golpeó la mesa con furia, estaba harto de que no lo tomaran en cuenta para nada y que siguieran tratando mal a Hermione como si fuera su culpa. Harry y Ron, lo miraron sorprendidos.
– ¿Por qué no pueden dejar esta estúpida riña por ella? ¿Qué no es su mejor amiga? ¿No pueden tratarla con decencia? –Draco lucía sonrosado de lo molesto que estaba.
– ¡Jamás dudes de la amistad que tenemos! –Ron se puso de pie frente a Draco. – ¿Qué hay de ti? Nosotros estamos con ella desde el primer año, en cambio tú, siempre la ofendías con tus tontas creencias de la sangre pura. –Ron le gritó febrilmente. – ¿Quieres que arreglemos esto de una vez por todas?
–Adelante comadreja. –Draco añadió con desprecio. Harry se levantó de su asiento y le envió una mirada fulminante.
– ¡Levicorpus! –Exclamó Ron, pero Draco se abalanzó sobre una silla para evitar el impacto del hechizo.
Draco no tenía su varita, su único objetivo era el evitar ser golpeado por un maleficio.
– ¿No puedes pelear sin usar tu varita? –Dijo Draco con clara intención de evitar un duelo mágico. Ron fue directo hacia él, pero Harry lo tomó del brazo para evitar que golpeara a Draco.
– ¡Arresto Momentum! –Los tres se quedaron inmovilizados por algunos segundos y cuando recuperaron el movimiento, observaron a Hermione sobre la escalera, con una mano mantenía levantada su varita.
Hermione no dijo absolutamente nada, solo los miró con una tremenda ira que se desbordaba por sus grandes ojos marrones.
–Hermione… –Musitó Draco dando un pequeño paso hacia ella. Pero ella no le hizo caso, se dio la vuelta y subió las escaleras rápidamente. Ron trató de seguirla pero Remus lo impidió colocándose en medio del inicio de la escalera.
–Espera, Ron. En este momento no creo que sea buena idea que alguno de ustedes la siga. Yo hablaré con ella más tarde, por ahora hay que dejarla a solas. –Remus se dio la vuelta y caminó a la sala.
Primero Remus habló con los chicos y un rato después, subió a la habitación de Granger.
– ¿Hermione, puedo pasar? –Dijo Lupin después de tocar.
–Adelante. –Cuando él entró a la habitación, Hermione estaba mirando por la ventana, limpiando sus lágrimas para que Remus no se diera cuenta.
–Sabes que no puedes hacer que esos tres se lleven bien de la noche a la mañana. ¿Qué no? Y eso no es tu culpa. –Le puso su mano en el hombro.
– ¿Qué pasa sí jamás se llevan bien? ¿Qué pasará si me piden elegir entre mis mejores amigos o la persona que quiero? No puedo dividirme y no puedo hacerlos felices a los tres. –Hermione dijo lúgubremente.
–No tienes que hacerlo, Hermione. Debes imponerte así cómo lo has hecho antes, ellos son los que se tienen que adaptar. Puedes mantener en tu vida a tus dos mejores amigos y a la persona que quieres. Sé que los tres van a reaccionar, ellos te aman y estoy seguro que no quieren ver a una brillante bruja llorando. –Remus se sorprendió al recibir un abrazo impulsivo de Hermione.
–Gracias, Remus. –Sonrió.
–Hablé con ellos, creo que solo necesitan dejar sus diferencias atrás, pero poco a poco. Sabes, cuando fui maestro en Hogwarts, por un breve momento pude compartir agradables conversaciones con Snape, tal vez así suceda con ellos, nada es imposible. –Remus dijo con tono afable.
–Remus, ahora sé porque Dumbledore te escogió para ser prefecto de Gryffindor. –Le dijo Hermione.
–Ya se los había dicho, quería que mantuviera vigilados a James y a Sirius. –Le dijo sonriendo.
–No creo que solo fuera por eso, eres muy sabio, inteligente y amable. No eres cruel, ni te crees superior aunque seas un mago muy poderoso, no haces menos a las demás criaturas mágicas. –Le dijo Hermione con aire orgullosa. –Eso fue lo que vio Dumbledore en ti.
–Creo que solo tú piensas eso, Hermione y Tonks también. –Remus rió, como si fuera una casual platica de amigos sin ninguna preocupación.
– ¿No has considerado hacer algo más grande para ayudar a la comunidad mágica? –Inquirió precavidamente.
–Me encantaría, Hermione, de verdad. Pero por mi condición es imposible mantener un buen trabajo y también sería imposible entrar al Ministerio. Espero que haya un mejor futuro para mis iguales cuando todo esto acabe, por lo pronto, solo queda sobrevivir. Tranquila, lo malo no dura para siempre. –Remus salió de su habitación y Hermione se quedó descansado, lo necesitaba después de todas esas noches en vela preparando la poción.
…
Durante los siguientes días de la semana, Remus siguió tomando la pócima que le ayudaría a no perder su lado humano cuando se convirtiera en hombre lobo, pues para que ésta funcionara, debía ser bebida cada día de la semana anterior a la luna llena.
Harry y Ron, seguían evitando a Hermione y ella decidió darles el espacio que Remus le dijo que necesitaban.
– ¿Harry? –Ron estaba acostado en el sillón del cuarto de Harry. – ¿Crees que debimos escuchar a Malfoy?
– ¿Por qué lo dices? –Él vigilaba el Mapa del Merodeador, en busca de Ginny Weasley.
–No sé tú, pero yo estoy harto de siempre estar peleando con él. Y me preocupa Hermione. –Con pesar y con algo de madurez, se expresó Ron.
–Yo también estoy harto de siempre pelear, Ron. Podríamos tratar de no estar siempre a la defensiva, tal vez eso ayude a calmar la tensión del lugar. ¿Crees que podamos hacerlo? –Le cuestionó Harry escéptico.
–Supongo. –La cara de Ron reflejó un claro disgusto.
–Deberíamos ir a disculparnos con Hermione. –Le dijo Harry, abandonando el mapa sobre su cama y caminando hacia el cuarto de Hermione.
–Hermione… –Draco se encontraba con ella, estaban tomando el té sobre la alfombra aterciopelada de color azul. Pero en vez de tomar una actitud agresiva cómo lo hubiera hecho con anterioridad, Harry optó por empezar a ser más cordial. – ¿No los interrumpimos? ¿Podemos pasar? –Hermione sonrió y les hizo una seña con la mano para que ambos entraran.
–Hermione. Harry y yo, queríamos disculparnos por nuestro comportamiento. Malfoy, tienes razón, deberíamos empezar a tratarnos con un poco más de decencia.
Ron fue el primero que le ofreció la mano a Draco, pues cuando Malfoy intentó hacer las paces, fue Ron él primero en rechazarlo. Malfoy se levantó y también le ofreció la mano, pero justo cuando iban a estrecharla, Draco se presionó su brazo izquierdo al sentir una sensación de ardor muy intensa.
– ¿Qué sucede? ¿Te encuentras bien? –Pero con prontitud ambos se dieron cuenta que Hermione también se presionaba su mano con dolor.
– ¿Qué pasa? –Gritó Ron, exasperado. Draco estaba a punto de desmayarse se retorcía de dolor y Hermione no podía hablar.
–Creo que es la marca tenebrosa. –Dijo Remus, quien llegó directo a la habitación después de escuchar los gritos. Ron y Harry, se miraron desorientados, pues no entendían como eso también le afectaba a Hermione.
Luego de unos minutos de intenso dolor, Hermione y Draco, pudieron descansar.
–Voldemort llamó a sus seguidores. –Dijo Draco dirigiéndose a Hermione.
–Pensé que los Mortífagos solo sentían una quemazón muy ligera. –Remus le preguntó a Draco y le ofreció un vendaje con algo de hielo al igual que a Hermione.
–Después de que mi lealtad abandonó a Voldemort, el dolor es insoportable. –Dijo respirando con dificultad. –Pero esto se sintió diferente, creo que él está enojado o no sé, fue muy intenso, el dolor recorrió todo mi cuerpo y no solo mi brazo.
–Sentí lo mismo, antes el dolor se confinaba a mi mano, ahora lo sentí por todo mi cuerpo. –Hermione se presionaba el hielo sobre su mano, aunque no sentía mejoría.
– ¿Ya te había pasado? ¿Por qué no nos dijiste Hermione? –Le regañó Harry. – ¿Cómo es posible que a ti también te afecte?
–Porque jamás había sido tan intenso. –Hermione trató de desviar el tema. –Tengo un mal presentimiento, Harry. –Comentó arrastrando las palabras. Ella esperaba lo peor. –Creo que algo muy malo va a pasar.
…
¡Hola! Gracias por seguir leyendo el fic. Sigo tratando de subir un capítulo por semana. ¡Espero lo hayan disfrutado! ~Expelliarmus x
