Mike Zacharias fue hacia su coche y sacó la llave de este. Pero cuando metió la llave en la cerradura y giró la cabeza se percató de algo: Había un puñal clavado en la rueda trasera izquierda. Lo sacó y con las pocas fuerzas que tenía entonces se apoyó en el coche.

Debido que Nanaba al intentar defenderse cuando la pegó por haber estado siguiéndole le clavó tres puñaladas (una en el tórax y dos en la espalda), se encontraba muy dolorido.

Lo peor entonces no era eso, sino que después de lo encontrado en su rueda, ya sabía quien estaba ahí también: Hanji.

Iknowyou'rethere, Hanji. Get out of where you are, pussycat. [Sé que estás ahí Hanji, sal de donde estés gatita] —llamó a la castaña, sonriente, incorporándose de donde estaba.

Hanji estaba tras una pared, de brazos cruzados, esperándole. Pero no era ahora cuando iba a salir exactamente. Mike, ignorando el hecho de que Hanji no salía, soltó la mochila y apoyó su espalda en el coche. Metió sus manos en los bolsillos de su abrigo y suspiró.

—Cómo imagino que ya lo sabrás todo, supongo que sólo queda una pregunta por hacerse: ¿Quién ganó el juego? ¿y en qué consistía? Para ganar, lo primero que hay que sabes es en que bando estás. Y en nuestra profesión esa es una cuestión similar a la de los agujeros negros y a la del ser o no ser. Luchas por hacer lo correcto cuando el día que menos te los esperas te das cuenta de que sólo has sido el ayudante de satanás.

» Irónico, las noticias les dirán que ya no habrá más secretos, pero tú y yo sabemos que eso no es cierto. El mundo está gobernado por los secretos. El que tenga esa lista tiene el poder, si no sólo eres un puto objetivo más.

» Así que, ¿qué he aprendido en todo este tiempo, después de todas esas noches sin dormir, mintiendo a mis amigos, a mi amante y a mí mismo, y jugando a este retorcido juego en esta retorcida ciudad llena de traidores y mentirosos deshonestos? Te diré lo que he aprendido, sólo una simple cosa —Mike se giró para encontrarse con Hanji en frente suya y con una pistola en la mano. Mike también llevaba una en la mano—... ¡ME FASCINA EL PUTO BERLÍN!

Hanji sin dudar apretó el gatillo y disparó al estómago a Zacharias antes de que él pudiese incluso levantar el arma, causando que cayese de golpe al suelo y soltase la pistola. Hanji se acercó a él y con el pie mandó la pistola de Mike debajo de un coche.

—No tenías por qué haberla hecho nada a Nanaba...

Mike rió con pocas fuerzas, intentando tapar la herida:

—...¿de repente resulta que tienes conciencia después de todo lo que has hecho? ¿te das cuenta de que a todos los que tú te acercas les acaba pasando algo grave joder?

—Le contaste a los Jeaguer y a Annie Leonhardt todo sobre mí, recurriste a ellos para quitarme de en medio. Te asustaba de cojones hacerlo tú sólo, ¿no?

—Eres lista, demasiado... Si esos capullos de los Jeaguer hubieran hecho su trabajo ahora mismo yo estaría en la punta del mundo rodeado de dinero. He visto esa lista... Hanji —entre débiles risas—, tú le das a todo cuando en realidad has sido una chica muy mala.

—¿Dónde está la lista Mike? No tengo todo el tiempo del mundo —dijo Hanji, ya harta.

—No la tengo... Ahora está de camino al MI6 donde debe de estar y —Mike se calló a la fuerza cuando Hanji clavó el tacón de aguja y la planta de su bota derecha en el perfil de su rostro, pegándole al suelo. Luego la castaña retiró el pie y sacó del bolsillo del pantalón de Mike el pen drive.

—¿Enserio vas a mentir hasta el final? A mí no me engañas, tú aprovechaste tu relación con los Jeaguer para robarles la lista para tu propio beneficio, no para el MI6, es más, seguro que la MI6 ni siquiera sabe nada sobre la lista.

Mike se rió y se recostó por completo en el suelo.

—Ah, verdades y mentiras... la gente como nosotros no conoce la diferencia.

—Sí que la conocemos Mike, sólo que la ignoramos, ¿no es cierto, camarada Zacharias?

—¿Así es cómo tienes pensado hacerlo?

—Es un doble placer engañar a quién engaña, ¿no?

Con un último aliento, Mike dijo antes de ser disparado por Hanji en la cabeza:

—Bien jugado Zoe.

Hanji dejó ahí el cuerpo, lo miró una última vez pensando "Patético", y se marchó, sin importarla si alguien había visto algo.

—Misión cumplida, otra vez... —se dijo a sí misma, marcando el número de Erwin.

*DOS DÍAS DESPUÉS*

NUEVA YORK, 7 A.M.

HANJI P.O.V.

Me quedé sentada dentro de la bañera que yo misma llené con cubitos de hielo. Abrazé mis piernas y apoyé mi cabeza en las rodillas. Llevaba ahí desde hacía veinte minutos reflexionando y pensando en la misión. Volví de Berlín el día anterior agotada, y ese día tendría que dar reporte sobre la misión. Salí de la bañera y me cubrí con un albornoz corto que dejé al lado, me acerqué el espejo y vi las heridas de mi cara, pasándome la mano por la cara, notando el dolor. Bajé un poco mi albornoz y vi que tenía heridas en el pecho y espalda, sobretodo moretones. Me subí de nuevo el albornoz, me puse el pelo al lado y me coloqué unas tiritas en las heridas de los nudillos.

Salí del baño y al llegar a la cocina me serví un poco de vodka con hielo. Apoyada en la encimera tomé un corto trago y fui a mi habitación.

Dejé el vaso en la cómoda y fui a mi armario y de ahí saqué una falda de tubo gris (con su respectiva chaqueta) y una camisa blanca. Lo deje en el colchón de mi cama y me quedé mirando un momento el conjunto, con los brazos cruzados. Esa mañana tendría que contar absolutamente todo, lo que incluía que maté a Eren y Mike. ¿Y a que me llevaría eso?, a un gran lío.

«Aunque se lo tenían bien merecido», pensaba, mientras que me iba vistiendo. Tras hacerme una coleta alta frente al espejo, me senté al borde de la cama y encendí un cigarro. Tomé una calada y comencé a guardar mis cosas en el bolso: Un mechero, una cajetilla, mis gafas de ver, y un revólver pequeño bien cargado. La seguridad ante todo ¿no? Y sin olvidar tampoco el sobre que me dio Nanaba. Vi las fotos durante el viaje en avión y desde que vi su contenido las guardé con el sumo cuidado hasta entonces.

Una vez estaba lista me puse una gabardina, agarré mis cosas, me puse las gafas de sol y me fui derecha a las oficinas de la CIA. Cabe mencionar que cuando fui a meterme en el ascensor de mi piso me encontré con Connie y Sasha de nuevo.

—¿Que tal te fue el viaje, Hanji? -Preguntó contenta por verme Sasha, sujetando la jaula en la que tenía a Lil' Cinnamon para llevarle al veterinario, supuse.

—Bien... muy bien supongo.

—¿Y esa marca morada de tu cuello? —Connie señaló a mí cuello. Eso no era de una pelea exactamente, lo que hizo que de repente me acordase de Erwin...

Me cubrí un poco la zona con el cuello de la gabardina y respondí que no era nada. Ellos sonrieron, al parecer se lo creyeron. Salí del ascensor y me despedí de la pareja, y desde allí me marché a pie a las oficinas, las cuales están a unos escasos minutos de mi edificio.

Al llegar voy totalmente recta, me abren la puerta y giró a la izquierda, donde hay un pasillo que daba a un ascensor (con dos guardias a la entrada, los cuales aunque paso yo no hacen nada).

Al salir del ascensor voy directa a una sala en concreto: La sala de interrogatorios. A la entrada está Moblith el cual, gentilmente como siempre, se levanta y me saluda.

—Buenos días, Hanji. Deja que tome tu abrigo y llamo para que te abran la puerta.

Yo le saludé con amabilidad y le di mi abrigo. Él lo dobló, se lo puso en el brazo, y me acompañó a la entrada, pasando una tarjeta para que se pudiese abrir la puerta. Una vez abierta, se puso al lado de la puerta y me dejó pasar, no sin antes despedirse de mí con la mirada.

Yo al entrar rodeé la mesa donde ya estaba sentado mi tío Niles, leyendo una carpeta en la que había escrito grande en rojo "ALTO SECRETO". Me senté en la silla enfrente suya y levantó la mirada. Mientras que yo me quitaba la chaqueta y después cambiaba mis gafas de sol por las de ver, me habló con tono neutro al ver mi ojo morado.

—Eso ojo tiene muy mala pinta —comentó, y volvió a mirar la carpeta.

—Es una larga historia... ¿dónde está Zackly?

—Debido a los recientes acontecimientos, ni Darious Zackly ni Erwin Smith podrán estar aquí ahora mismo.

Yo, para nada convencida, miré al extenso espejo que había a mí lado y fruncí el ceño con los brazos cruzados.

-Sí, ya veo...

Al otro lado del espejo, Darious Zackly, sentado en un sillón al lado de Erwin Smith, el cual se quedaba de pie y de brazos cruzados, al igual que su compañera al otro lado. Él y todos los presentes escucharían la partir de entonces la versión de Hanji de lo ocurrido en Berlín, y pidieron exclusivamente a Smith que estuviera ahí por si tenía que comentar algo, mientras que Moblith junto con otro grupo grababa toda la conversación para luego ser guardada con el máximo secreto.

-Tú comenta lo que quieras chico -dijo Darious, Erwin bajó la cabeza para encontrarse con Zackly-. Nosotros podemos verla y escucharla; pero ella a nosotros no.

Erwin volvió a mirar al espejo, fijándose simplemente en la castaña, y asintió.

—El funeral de Mike Zacharias se celebrará pasado mañana en Londres —comentó Niles.

—Vaya, ¿tenía familiares cercanos?

—Sus hermanos y su madre. Su padre está en chirona, por lo que oí.

—Ajá. Oí que encontraron su cuerpo en un patio de un conjunto de edificios de Berlín, con una bala en toda la cabeza.

—En efecto. ¿Estabas ahí cuando lo mataron? —preguntó Niles, interrogante.

—No. Lo conocía, pero tampoco es que interesase por él.

—Lo supuse —respondió Niles, cerró la carpeta y la dejó en la mesa.

Niles pulso al botón rojo de la gran grabadora de voz de la mesa al mismo tiempo que la puerta se abría dejando pasar a un hombre de pelo y barba castaña.

—Las voces de la grabación son las siguientes —Niles comenzaba a nombrar a las tres personas de esa sala—: Yo mismo, el subdirector Niles Duck, nuestro invitado británico Kitz Weilman, del MI6, y la agente de operaciones estadounidense Hanji Zoe.

—Señor antes de continuar, ¿puedo solicitar que el señor Weilman abandone la sesión informativa? -Interrumpió Hanji.

—Petición denegada.

—Lo que tengo que contar no es algo que el MI6 deba de escuchar.

—Hanji, tú eres el tema de esta sesión informativa, no tienes ningún... —Hanji interrumpió a su tío.

—Señor Duck, prescindo de total... —protestó Hanji. Entonces Kitz habló, cortando la discusión entré los otros dos.

—Señorita Zoe, yo ahora estoy aquí con toda la autoridad ejecutiva de Duck. ¿Que ocurre? ¿Te sentirías más cómoda si estuviese tras el espejo, con los demás? He oído que eso está abarrotado...

Hanji se calló, frunció el ceño y mientras que agarraba una cajetilla de cigarros y un mechero del bolso murmuró:

Cocksucker… [Soplapollas]

—¿Cómo has dicho? —preguntó, molesto, Kitz a Hanji, la cual con toda la naturalidad del mundo contestó.

—Yo no he dicho nada.

Niles, que se encontraba revisando unos papeles, al oír a su sobrina alzó la cabeza, extrañado.

—Disculpa, ¿Hanji has dicho algo?

—¿Me ha oído decir algo?

—Yo sí te he oído —acusó Weilman a la castaña.

—¿Qué ha dicho? —preguntó Niles.

—Ha dicho... —Kitz no se atrevía a decir lo mismo que Hanji.

—¿Qué? —preguntó Hanji. Y automáticamente pasó de tema— Bueno... ¿escuchamos la grabación? —señaló con la mano con la que sostenía la cajetilla y el mechero a la grabadora.

Mientras que Hanji ponía un cigarro en sus labios y lo encendía, al otro lado del espejo Erwin sonrió levemente. Le resultó cómica la soltura de Hanji para evitar la situación. Zackly lo vio, pero no dio importancia alguna.

Volviendo a la sesión, Hanji volvió a preguntar—: Bien... ¿Comenzamos? —la castaña echó el humo y miró a los hombre en frente suya. Niles comenzó.

—Berlín, febrero de 2018. ¿Qué pasó?

Hanji sostuvo el cigarro con los dedos índice y corazón y se la vinieron todos los recuerdos desde el miércoles anterior hasta entonces, como si fuera un película en cámara rápida.

—Sí, Berlín... -Hanji soltó una risilla, captada por todos los presentes (incluyendo a Erwin) y echó la cabeza hacia atrás, extendiendo los brazos a cada lado— Ufff... —levantó la cabeza de nuevo y miró a la mesa— joder.

La cosa era sencilla, ¿no? Yo narraba mi versión de lo ocurrido y ellos iban comentando lo que yo iba diciendo.

Llegamos a la parte en la que yo conocía a Erwin, y lo único que se les ocurrió preguntar fue:

—¿Cual fue tu primera impresión de Erwin Smith? —preguntó Kitz.

—¿Erwin?... —cuestioné. Entonces, salió de mí una media sonrisa—. Era guapo, después de todo. Medía un metro ochenta y ocho aproximadamente, treinta y algunos, y se parecía bastante a Chris Evans.

Kitz se extrañó cuando dije lo último y Niles respondió por mí.

—Es un actor estadounidense.

—Ajá —Kitz asintió con la cabeza.

—Nunca le llegué a preguntar pero en mi opinión parecía ser popular con las mujeres —Mujeres como tú, pensé en ese momento.

Llegamos entonces a la parte en la que Erwin y yo hablamos con Armin e Historia.

—¿Os sirvió de algo la conversación con los chicos Arlert y Reiss? —preguntó Niles.

—La verdad es que sí. Por eso no quería que estuviese el MI6 presente —contesté, mirando a Weilman. Encendí mi tercer cigarro y continué—. Según Armin e Historia, esa lista que decían contenía las identidades y afiliaciones de todos y cada uno de los agentes infiltrados clandestinamente por cada país. Incluyendo sus trapos sucios —remarqué la última frase, haciendo de entender la gravedad de asunto—. Fue ahí cuando mi prioridad pasó a ser la lista, ya que si encontraba la lista encontraría también a Levi y Mikasa. Pero para Erwin era distinto, la prioridad de Erwin entonces era sacar cuanto antes a Armin e Historia. Comprendo su situación, cuanto antes nos quitásemos ese problema antes podríamos continuar.

Pasé a hablar de Nanaba, de cómo nos conocimos y en qué me ayudó.

—Hay algo que no comprendo —dijo Kitz, interrumpiéndome—: Sí teníais los contactos de Jean Kirstchein, ¿por qué accedisteis a hablar con la agente Ferrec?

—Pensábamos que tenía información valiosa, nada más —encojí los hombros.

—¿Y la tenía, Hanji? —ahora habló Niles.

—Según parecía, la lista también desenmascararía a un agente doble del SVR, el mismo que elaboró la lista, conocido como "Boucher". Nanaba ya sabía quien era Boucher, y tenía pruebas que me mostró.

—Entonces... ¿Quién era Boucher, Hanji? —preguntó Niles.

—La mujer que me estuvo siguiendo y observando desde el principio, desde que pisé Berlín: Annie Leonhardt. Ella estuvo compinchada a Eren Jeager desde hacía unos meses atrás es más, ella fue una de las responsables del secuestro de los agentes Ackerman. Tras sacar a Armin e Historia Erwin y yo decidimos ir cuanto antes a por Leonhardt ya que nos llevaría hasta la lista y hasta los secuestrados.

» Pero surgió un leve percance: La lista había desaparecido, alguien asesinó a Zeke Jeager, y Eren nos condujo hasta él.

Entonces luego la parte en la que tuve que contar que asesiné a Mike. Kitz y Niles no estaban para nada contentos, por lo que pude ver.

—... Mataste a Mike Zacharias —dijo Niles, incrédulo.

—Mataste al uno de los mejores, un agente de la corona británica —Kitz parecía el más molesto de los dos.

—Hanji más te vale tener una buena excusa y pruebas porque...

—¿Quién es usted para juzgar mis actos? —interrumpí a mí tío.

—Hanji, soy tu superior —yo reí cuando Niles dijo eso.

—Sí... "mi superior"... para su información, yo les salvé el culo mientras que ustedes se tocaban las narices. Me enviaron a un puto avispero, y encima eliminé dos amenazas que ni siquiera conocían...

—Bueno... es tu trabajo ¿no?

—Aún así, a pesar de su incompetencia, yo gané donde ustedes pensaban que fracasaría. Rescaté a Levi y Mikasa, destapé a un traidor de la MI6 y le apliqué el castigo que merecía: Una bala.

Saqué de mi bolso el sobre que me dio Nanaba y solté las fotos de las múltiples reuniones de Mike y Zeke, contando con el asesinato de Zeke Jeager. Ellos las cogieron y las miraron una por una.

.Aquí tienen. Las fotos de los numerosos encuentros entre Mike Zacharias y Zeke Jeaguer. Él contrató a los Jeaguer para quitarme de en medio y quedarse la lista para él solito. La verdad, aún no me imagino cuanto dinero costaría en el mercado negro un documento con tal información...

Niles y Kitz miraban una por una las fotos detenidamente, nerviosamente.

—¿Dónde está la lista? —preguntó Niles con preocupación, no contesté y Niles preguntó con más nerviosismo— ¿dónde está la lista Hanji?

Subí los hombros y puse cara y tono de no haber roto nunca un plato:

-No lo sé —mentí.

—Mierda, esto no le va a hacer ni pizca de gracia al presidente —Zackly se levantó y fue a la salida—. Muchacho, ven conmigo —llamó a Erwin, este asintió y se fue con Darious a la sala donde estaban los demás.

Al llegar Erwin se apoyó de brazos cruzados al lado de la puerta, Zackly se acercó y apagó la grabadora, y luego dio un toque a Niles en el hombro para que cogiera sus cosas y se levantara, Kitz hizo lo mismo y se marchó junto con Niles.

—Vamos a enterrar esto, Zoe y Smith —dijo Darious. Erwin y Hanji conectaron sus miradas un momento y luego miraron a Zackly—. Esta conversación no ha existido —Zackly los miró a los dos—, vuestra misión nunca tuvo lugar. Vais a cogeros los dos una baja con carácter de inmediato y Erwin, mañana mismo vuelves a Berlín. Comenzaremos de nuevo en mayo, bien descansados.

—Hey Darious —llamó Hanji al nombrado aún sentada. Este se giró y la castaña encendió otro cigarro—, ¿al final voy a tomar el té con la primera dama? Es para ir eligiendo modelito

Entonces, Hanji rió mientras que Zackly se marchó, para nada sorprendido, ignorando la pregunta.

Una vez que Erwin y Hanji se quedaron solos, Hanji levantó la cajetilla de cigarros.

—¿Gustas? —preguntó ella, con tranquilidad. Erwin se sentó en la silla que tenía al lado suyo, agarró un cigarro y el mechero de Hanji.

—Una de las cosas que más me gusta de ti es cómo, y lo digo con todo el respeto, parece como si todo te la sudase —encendió el cigarro y paso el mechero a Hanji.

—Es un don, supongo —dijo la castaña, extendiendo los brazos.

—Eres tan única...

—Gracias

Hubo un silencio entre los dos, de repente Erwin rió, sorprendiendo a Hanji.

—¿Soplapollas? ¿enserio? -Hanji entonces esbozó una risa

—Sonó bien, ¿no?. A todo esto Erwin...

—¿Sí?

Hanji rió—: ¿Crees que Zackly, en verdad, estará enfadado con nosotros? —se reclinó en la silla y apoyó la mano con la que sostenía el cigarro en la mesa— ¿Y Pixis? Já, seguro que ahora está tan ocupado con su "hora feliz" que ni le habrá dado importancia.

—Quizá sí que esté enfadado, nos han metido una baja de tres meses.

—Aunque bueno, quizá estén más cabreados conmigo que contigo...

—Están igual con los dos —Erwin quitó el cigarrillo de sus labios y puso sus dos manos en la mesa—, yo te dejé que matases a Mike así que estará molesto con ello.

—Bah, mejor que nos metan una baja. Se pueden considerar "vacaciones", ¡y encima de tres meses, eso son cómo unas vacaciones de verano! —Hanji hizo las comillas con los dedos de la mano que tenía libre.

—Por cierto, ¿qué era eso que le acabas de preguntar a Darious?

—Ah, eso. Antes de que me marchase después de que Zackly me hablase de mi misión dijo —Hanji pasó a imitar la voz de su superior—: "Sí sigues así, quizá acabarás tomando el té con pastas con la primera dama en la Casa Blanca ".

Erwin y Hanji rieron, para después acabar lentamente en silencio, fue entonces Hanji la que habló, sugiriendo—: ¿Nos vamos?

—Sí, marchémonos ya —asintió el rubio.

Ambos apagaron los cigarrillos en el cenicero que había en el centro de la mesa, Hanji agarró su bolso, se puso su chaqueta y se marchó con Erwin, no sin antes que Moblith le devolviese el abrigo. Cuando se metieron en el ascensor y este se cerró Hanji miró a Erwin y preguntó.

—Bueno, ¿entonces? Mañana mismo vuelves a Alemania, ¿No?

—Sí —Erwin y Hanji se giraron para acabar uno enfrente de otro, a escasos centímetros—. Te voy a echar de menos Hanji.

—Y yo a ti Erwin. De verdad, si pudiésemos estar juntos, sólo un tiempo más... —comenzaron a acercar sus rostros. Estaban a punto de unir sus labios cuando el timbre del ascensor les interrumpió, causando que se separaran bruscamente y volviesen a estar cómo antes hasta salir del ascensor y luego del edificio.

Ya una vez fuera, Erwin y Hanji se quedaron de nuevo uno enfrente del otro en la calle.

—Bueno, ¿Por dónde íbamos? —preguntó Hanji, con coqueteo. Erwin lentamente acercó su rostro al de la castaña, estaban a punto de besarse hasta que...

—¿Tío Erwin? —una voz, femenina y dulce, surgió detrás del nombrado, el cual se giró para encontrarse con una rubia joven de pelo largo y ojos azules, vestida totalmente informal (a juzgar por sus pantalones rotos, su jersey una talla mayor tosa y sus guantes negros) verdaderamente sorprendida, quitándose los auriculares. Erwin también se sorprendió mientras que Hanji no comprendía que ocurría ni quien era la jovencita que acababa de aparecer.

—¿Grace? —es lo único que dijo Erwin para girarse del todo. La chica, presumiendo, puso su mano derecha en el pecho mientras que la otra la tenía apoyada en la cadera.

—Mejor llámame "Agente Grace Madison Smith", de la CIA.

—No me digas que...

—¡Entré! —exclamó la chica abrazando a Erwin con fuerza— ¡Te dije que lo haría!

—Confiaba plenamente en ello. Te felicito sobrina —Erwin puso su mano en el hombro de la rubia.

—Erwin, esto... —interrumpió Hanji.

—¡Ah! Disculpa Hanji. Te presento a Grace, mi sobrina.

—¡Encantada de conocerte, Hanji! —Grace extendió su mano a la castaña sonriente. Hanji asintió y se la estrechó agradablemente- ¿De qué os conoceís?

—Erwin y yo trabajamos juntos, nada más —respondió Hanji. Pero Grace ya veía entre ellos una clara conexión.

-Yo me tengo que ir adentro, me han llamado por una cosa de no se qué. ¿Nos volveremos a ver tío Erwin? -Preguntó la rubia con un deslumbrante brillo de ilusión en sus ojos azulados.

—Pues, siendo sincero, no sé cuándo nos volveremos a ver, mañana vuelvo a Berlín —dijo Erwin, desilusionado. El brillo de Grace disminuyó, estaba disgustada, pero no quería mostrarlo.

—Oh, ya veo... pero supongo que esta no será la última vez que nos veamos, ¿no?

—Pues claro, dame un abrazo sobrina —Erwin abrió los brazos y Grace se abrazó a él una última vez. Luego fue y se despidió de Hanji.

—Adiós Hanji, ha sido un placer conocerte. ¡Bye! —levantó la mano y la sacudió mientras que marchaba al entrando al edificio, luego miró su reloj y nerviosa corrió a alguna zona del edificio. Llegaba tarde a algo seguro, supuso el dúo.

—No me dijiste que tenías una sobrina —dijo Hanji.

—Supongo que se me olvidó contártelo, pero tampoco es para tanto. Es más, seguro que a partir de ahora coincidís más a menudo...

Volvieron a quedar uno enfrente de otro. Hanji habló:

—En fin. ¿Te apetece que quedemos más tarde y así nos despedimos? Te puedo dar la dirección de mi casa si quieres que quedemos ahí...

Erwin captó el doble sentido de su propuesta. Aún así no iba a negarse a pasar sus últimos momentos en América —hasta un buen tiempo— con Hanji, fuese como fuese.

—Vale, ¿quedamos por la noche?

—¿A las nueve de la noche te parece bien?

—A las nueve estaré allí —Erwin besó la frente de la castaña.

—Ok. Te mando mi dirección por whatsapp, ¿no?

—Si te viene bien... —antes de irse cada uno por su lado, Hanji agarró a Erwin por el cuello de la camisa y juntó de una vez sus labios. Ya era hora joder, pensaron los dos.

—Qué sepas que pase lo que pase no voy a dejar de quererte rubio —dijo Hanji, soltando la camisa de Erwin para que ahora se fuese cada uno.

—Ni yo a ti, bombón —dijo Erwin, antes de que Hanji se marchase. Ella le tiró un beso y se marchó, Erwin la sonrió una última vez y se fue alejando.