La historia es una adaptación del libro de Vi Keeland y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. Si tienes la oportunidad te recomiendo que leas el libro original.


19

POV Bella

Mis nervios generalmente agitados estaban ansiosos mientras subía al vuelo de regreso a Nueva York la tarde del lunes. El equipo y la mayoría de los reporteros habían regresado después del juego de anoche, pero tuve que quedarme para entrevistar a un corredor de la universidad local que decían sería el número uno reclutado en la próxima temporada. Emmett había actuado bien cuando hablé con él más temprano, pero imaginaba que la derrota del equipo de ayer pesaba fuertemente sobre sus hombros. El mariscal de campo de segunda línea había lanzado cuatro intercepciones, cualquiera de las cuales le costó al equipo la pérdida.

Se escuchó la voz del capitán diciéndonos que el mal clima hacia el este había retrasado el despegue, y estábamos regresando a la puerta, aunque no íbamos a desembarcar del avión. Nos sentaríamos a disfrutar de una bebida de cortesía. Claro. Es fácil para ti decirlo. Estos cacharros obviamente no tenían el mismo efecto en él. ¿Por qué en todos los vuelos que se retrasaban tenían que mencionar el mal clima o algún otro escenario potencialmente catastrófico?

Una vez que estacionó y el aviso del cinturón de seguridad se apagó, hice un rápido viaje al baño de mujeres, luego rebusqué en mi bolso por mi celular para decirle a Emmett que llegaría tarde. La pantalla se iluminó, entonces apareció la imagen de un rayo con una batería vacía y procedió a apagarse.

―Maldición.

―¿Necesita ayuda con algo? ―Mi compañero de asiento probablemente estaba en sus sesenta. Pensé en preguntarle si podía usar su teléfono, pero no tenía ni idea de cuál era el número de Emmett. De hecho, nunca antes lo había marcado.

Alcé mi teléfono.

―Se murió, y no sé el número de la persona. Se supone que debo encontrarlo en mi apartamento, y supongo que llegaremos tarde ya que acaban de apagar el motor.

―Ah. Abstinencia al celular. Los efectos pueden ser tan difíciles como la heroína, eso dicen.

―¿No tiene uno?

―Nop.

―¿Alguien irá por usted al aeropuerto cuando aterricemos?

―Sí. Mi esposa.

―¿Ella tiene teléfono? ―Negó un poco divertido― ¿Cómo sabrá que está retrasado?

―Imagino que tomará un teléfono y llamará a la aerolínea, como lo ha hecho por los últimos cuarenta años. ¿Supongo que la persona con quien se tiene que encontrar no lo hará?

―Definitivamente no. ―Sonreí y volví a guardar mi bolso bajo el asiento― ¿Entonces, cómo pasa el tiempo sin Candy Crush?

―¿Candy qué?

Por la siguiente media hora, le expliqué las complejidades de un juego que no sonaba tan fascinante como cuando se estaba jugando. Mi nuevo amigo me regresó el favor explicando el arte del coñac. Cuando la azafata vino a ofrecernos un trago, pedimos solo dos vasos. Luego él sacó una botella de su bolso, y procedimos a probar el licor. Sabía a mierda, pero un pequeño vaso mezclado con mi medicación para volar y estuve muerta en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando finalmente aterrizamos, más de tres horas después, era exactamente la hora en la que Emmett me recogería en mi apartamento. Sabiendo que el tráfico sería una pesadilla, me detuve en los servicios cerca de la puerta y enchufé mi teléfono mientras usaba el baño y me arreglaba. Se iluminó de nuevo después de unos minutos, lo suficiente para escribirle un mensaje a Emmett.

Bella: Acabo de aterrizar. El teléfono se murió antes de despegar. ¿Estás ya en mi casa?

Emmett: Acabo de estacionar.

Bella : Lo siento. Probablemente tardaré una hora en llegar a casa. Espera dos minutos, luego ve al 3E. Garrett tiene una llave de mi apartamento. Le escribiré ahora y le diré que te la dé.

Emmett: ¿Por qué Garrett tiene una llave de tu apartamento?

Quería salir rápido del baño. Podríamos discutir la logística después.

Bella: Para abrir la puerta. ¿Para qué tiene llaves la gente?

Sonreí, sabiendo que no le gustaría esa respuesta, y luego le envié un mensaje a Garrett antes de desconectar el teléfono e ir a casa.

El tráfico fue sorprendentemente ligero, y llegué a casa en menos de la mitad del tiempo que por lo general me tomaba. Era extraño regresar tras un viaje de fútbol, y que Emmett estuviera esperándome en casa. Por lo general, los roles eran al revés.

―¿Hola? ―Todo estaba oscuro salvo la cocina. Mirando por el pasillo hacia el cuarto, vi que la luz del baño estaba encendida.

―Estoy aquí.

La puerta estaba abierta. Me detuve mientras entraba. La imagen era una de las cosas más graciosas que había visto.

―¿Qué estás haciendo?

―Exactamente lo que parece.

―Estás… ¿tomando un baño de burbujas? ―Emmett estaba hundido en mi bañera, su cabeza inclinada hacia atrás contra la pared de azulejos. Toda la longitud de su alto cuerpo no cabía bien; sus piernas sobresalían sobre el borde. Las burbujas desbordaban la bañera y caían al suelo. Toda la habitación olía a jabón de baño.

―No hay bañera en mi habitación del hotel. Me gusta remojarme. Se siente bien para mis músculos.

―¿Y por lo general te remojas en un baño de burbujas? ―Apenas podía contener la risa.

―No tengo nada de esta mierda. Las instrucciones en la mierda rosa… ―apuntó a una gran botella de plástico que había estado llena cuando me fui, pero ahora estaba medio vacía―… decían que era buena para aliviar los músculos.

―Solo necesitabas una medida de la tapa.

―De verdad me sentía dolorido.

―Te ves… ridículo ahí.

―¿Qué? ¿No encuentras sexys las burbujas? Te vi en una bañera, y pensé que era jodidamente excitante.

―Solo es un poco… femenino.

Sumergió una mano en las burbujas y se tomó en ella, la cabeza de su pene semi erecto se asomó sobre el agua.

―¿Esto luce femenino para ti? ―Se acarició sin prisas.

Dejé de ver las burbujas. Lo único que podía ver era su fuerte mano alrededor de su grueso pene, lentamente frotando de arriba abajo. La visión era definitivamente erótica. Nunca había visto a un hombre masturbarse de cerca. Mis ojos permanecían fijos en su caricia.

―¿Alguna vez te has masturbado aquí, Bella?

Tragué y asentí.

―Quiero verte. Ver tus dedos deslizándose dentro de e}se coño mojado y que te hagas venir… mi polla está poniéndose dura de solo imaginarlo. ―La velocidad de su puño se aceleró. Aparté mis ojos y miré su rostro; su mandíbula estaba cuadrada y tensa. Cuando nuestros ojos se encontraron, tragó, su manzana de Adán se movió de arriba abajo por su garganta mientras sus pálidos ojos verdes se oscurecieron con lujuria. Lo único que necesité fue su mirada, no necesité que me tocara y mi cuerpo estaba zumbando de necesidad. Cuando habló de nuevo, su voz era baja, pero áspera y exigente―. Quítate la camisa.

Seguí cada instrucción que me dio, mis ropas desaparecieron lentamente, una pieza a la vez, hasta que estuve parada frente a él usando solo ropa interior y zapatos.

Miró mi tanga de encaje negro.

―Quítatela. Quiero ver cada centímetro de ti. ―Su mano se empuñó alrededor y acarició más rápido― ¿Estás mojada para mí, Bella?

Enganchando mis dedos en los costados del encaje, bajé mis bragas por mis piernas. Mi respuesta fue un susurro en el cuarto silencioso:

―Lo estoy. ―Salí del encaje y me agaché para quitar la última de mis prendas; los tacones negros con correas envueltas alrededor de mis tobillos.

―Déjalos puesto. ―Me detuvo y lo miré― Necesitarás la altura.

Se levantó en la bañera. Su cuerpo era precioso, una masa de músculos tallados y piel suavemente bronceada. Toda la longitud de su gruesa erección se presionaba contra su duro estómago. Inconscientemente, me lamí los labios.

―Quiero doblarte sobre el lavabo, tomarte desde atrás.

Dios, sí.

―Y quiero que te veas en el espejo. Voy a follarte duro hasta que te vengas. Luego empujaré con fuerza dentro de ti y llenaré tu coño con cada onza de mi semen.

―Dios, Emmett. ―Mis rodillas estaban medio débiles mientras se acercaba a mí. Girando mi cuerpo para enfrentar el espejo, apartó mi cabello hacia un lado y presionó sus labios en mi cuello desde atrás. Su pecho estaba mojado, pero cálido y duro contra mi cuerpo. Toda su longitud se empujó contra la parte superior de mi culo.

―Abre tus piernas para mí.

Lo hice.

―Más.

Lentamente frotó su cuerpo de arriba abajo desde atrás, su polla presionándose contra mi culo mientras llevaba una mano hacia delante para frotar mi clítoris.

―Jodidamente mojada para mí.

Se sentía tan bien, mis ojos se cerraron mientras levantaba mis brazos y rodeaba su cuello. Cuando deslizó dos dedos en mi interior, un gemido áspero escapó de mis labios.

Su otra mano giró mi barbilla hacia un lado, accediendo a mi boca, chocando sus labios contra los míos. Su beso era salvaje y terriblemente hambriento. Amaba que no fuera gentil, sus acciones expresaban emoción y necesidad. Acunó mis pechos y los apretó, pellizcando mis pezones tan fuerte que casi dolió. Enredé mis dedos en su cabello húmedo y tiré, queriéndolo más cerca.

Ambos estábamos jadeando, sin poder conseguir suficiente, cuando se alejó de mi boca, sus dientes tiraron de mi labio mientras nos separábamos.

―Inclínate. ―Con su mano en mi espalda, me inclinó hacia adelante, doblándome por la cintura― Sujétate de los lados. ―Mis manos se curvaron alrededor del granito del tocador, sus manos se envolvieron alrededor de ellas― Levanta la mirada. ―Mis ojos se alzaron para ver su reflejo mirándome en el espejo. Emmett tenía razón: el nivel era perfecto con los centímetros extra de mis tacones. Mi piel estaba sonrojada, mi cabello se encontraba revuelto y salvaje, y mis ojos estaban llenos de flagrante deseo― Jodidamente hermosa.

Frotó su longitud a lo largo de mi humedad un par de veces antes de empujar adentro. Una vez que se aseguró que estuviera lista para él, hizo exactamente lo que prometió. Me folló con fuerza hasta que me vine duro. Luego se envainó profundamente dentro de mí y soltó un carnal rugido.

Unos minutos después, Emmett me cargó y me llevó a la cama deslizándose detrás de mí. Me acurruqué contra él, y su cuerpo se moldeó alrededor del mío.

―Mmmm… podría acostumbrarme a esta clase de bienvenida a casa.

―Eso es bueno, bebé. Porque tiré el vibrador que se encontraba en el último cajón de la mesa de noche.

Me congelé, insegura de si bromeaba o no.

Emmett se rió y me acercó más.

―Relájate, estoy bromeando. Pero qué bueno saber que hay uno ahí. Me gustaría usarlo contigo alguna vez. Mejor aún, creo que me gustaría ver cómo lo usas tú.

―Tu mente va en un solo sentido.

―Así es. Todo sobre el coño de Bella. Todo el tiempo.

Le di un codazo, y ambos nos reímos. Se sentía bien tener a Emmett en mi cama. Hablamos durante poco más de una hora en la oscuridad, poniéndonos al corriente de los últimos días. Se sintió tan… normal. Doméstico. Natural. Correcto.

Casi era media noche cuando nos callamos, y comencé a quedarme dormida.

―¿Emmett?

―¿Mmmm? ―Besó mi hombro.

―¿Estás haciéndome cucharita? ¿Emmett Mccarty hace cucharita?

―Solo a ti, cariño. Pero no te sorprendas si te despiertas con mi tenedor después. Hay un trasero que planeo agarrar. Estoy lejos de haber acabado contigo.

Inhalé profundamente y sonreí, dándome cuenta que estaba lejos de haber acabado con él, también.

Durante la semana siguiente, pasamos cada noche juntos. Algunas noches le preparaba la cena mientras hablábamos de deportes, otras noches comíamos de nuestros envases de comida sentados en la sala de estar mientras aprendíamos cosas sobre el otro: música favorita, comida favorita, comida que no nos gustaba. Gracias a las interesantes elecciones de preguntas de Emmett, también sabíamos qué disfraces usamos para Halloween cuando teníamos ocho años y qué animal elegiríamos si pudiéramos convertirnos en uno (Emmett sería un león. Yo, un delfín). Pero terminaba cada día envuelta en sus brazos.

El señor CUM estuvo molesto porque no llevé la noticia del vestuario a WMBC. No se podía negar que tenía razón cuando me llamó la atención por cómo mi relación personal con Emmett había influenciado mi juicio para reportar una historia. Aunque dos días después se calmó cuando se dio cuenta que había una forma de explotar esa relación personal. Emmett aceptó hacer una entrevista exclusiva si su equipo pasaba las eliminatorias. Eso me sacó del banquillo con mi jefe… por ahora.

Una mañana, Emmett se fue temprano a su práctica tras su suspensión. Mis cojines rojos estaban esparcidos por el suelo de la sala de estar desde que nos pusimos a ello en el sofá la noche anterior. Levanté las dos almohadas rojas con monogramas, luego la marrón rectangular que había tenido desde la secundaria. Pasando mis dedos a lo largo de las letras que deletreaban AMOR, brevemente pensé en el chico que me la había dado hace tanto tiempo. Sentí culpa por comenzar a dejar ir a Jacob, pero era una decisión que sabía que debía tomar. Demasiados años de mi vida habían pasado en un borrón desde el accidente. Esta era la primera vez que no quería quedarme de pie y verlos pasar. Quería vivirlos.

Después de una larga ducha, me alisté para trabajar. Estaba sentada en el borde de mi cama, subiendo el cierre de mis botas de cuero hasta la rodilla, cuando la pequeña foto enmarcada de Jacob que estaba en mi mesa de noche me llamó la atención. Emmett nunca había dicho nada sobre ella, incluso aunque era imposible que no la hubiera visto. Miré al primer chico del que me enamoré y cerré mis ojos, pensando en los buenos recuerdos. Hasta ahora, siempre había pensado en Jacob como mi amor, no como mi primer amor. Darme cuenta que él podría haber sido mi primer amor pero probablemente no mi último, fue un momento monumental para mí. Me puse en pie, sosteniendo la foto, luego hice algo que jamás creí que haría… guardé la foto en una caja dentro de mi armario. Jacob siempre tendría un pedazo de mi corazón, pero finalmente había espacio para alguien más.