La brisa oceánica golpeaba Yokohama desde los cuatro puntos cardinales, el sol brillaba y las nubes blancas flotaban tenues sobre el cielo. La isla estaba sumida en una paz de la que no se disfrutaba desde hacía meses debido a los diversos acontecimientos que casi siempre llevaban excepciones consigo. Los humanos parecían tener una memoria a corto plazo y la gran mayoría de la población se encontraba en las calles, disfrutando de un buen clima, trabajando, comprando, paseando… Y en ningún lugar se detectaba a la Port Mafia o al gobierno haciendo de las suyas.

Sin que nadie se diera cuenta se había llegado a un "pacto" de paz con el diablo. El gobierno esperaba una orden para empezar la guerra mientras los miembros de la mafia se preparaban para el peor de los escenarios posibles. Las muertes innecesarias eran algo que ambos lados querían evitar y aquellos que eran llamados monstruos estaban buscando la solución que los llevara a una victoria sin pérdidas importantes.

Con lo que no contaban los estirados hombres de la "ley" era con la intervención de la tercera agencia residente de Yokohama. Los detectives liderados por Yukichi Fukuzawa. A pesar de que habían mantenido un perfil bajo durante aquel conflicto, los engranajes del reloj habían empezado a girar desde el momento en el que el tigre había aparecido, y por fin era la hora de que ellos también desenvainaran espadas.

Ese día en la antigua mansión japonesa se encontraba aquel severo hombre de cabellos platinados reunido con los miembros de su agencia. Todos estaban consternados por el repentino cambio por parte de su líder, excepto el súper detective que sonreía complacido desde su puesto justo a la derecha de Yukichi.

La agencia de detectives era conformada por las excepciones: Junichirou Tanizaki, Kenji Miyazawa, Akiko Yosano además de Ranpo y Fukuzawa. También contaban con Naomi Tanizaki la hermana de Junichirou, que aunque no era una excepción, les colaboraba con trabajo de escritorio. Por supuesto, tenían distintos informantes y ayudantes anónimos entre sus líneas también, gracias a ellos podían moverse libremente por la ciudad sin caer en trampas.

—Presidente, no es que lo esté dudando, pero ¿es realmente lo correcto que entremos en este conflicto? —habló Yosano Akiko, el "ángel de la muerte", una mujer de cabello corto, negro y de orbes magentas. Hasta hace poco prestaba ayuda a la policía como forense. Era una excepción cuya sombra le permitía regenerarse a sí misma o a sus aliados si estaban en peligro de muerte. Se encontraba sentada a un lado de Kenji con las manos alrededor de una taza de té verde. Su oscuridad se ocultaba a simple vista en forma de una mariposa dorada decorando su cabello.

—Ciertamente comprendo su escepticismo ante mi repentina decisión, pero la situación lo amerita —Fukuzawa mantenía su katana enfundada y una posición relajada sobre sus piernas. Seguramente sus invitados estarían más cómodos en sillas, pero le gustaba lo tradicional. Su habilidad era también su lema: "Todos los hombres son iguales" le permitía influenciar las sombras de sus aliados y potenciarlas. Algunos pensaban que no era de ayuda, pero él no necesitaba una habilidad ofensiva, su propia agilidad era más que suficiente.

—Si el presidente dice que es así yo pienso que deberíamos apoyarlo~ —Kenji Miyazawa el rubio alegre y pecoso de la agencia simplemente sonreía. Sus inocentes orbes ambarinos siempre estarían del lado del presidente. Mientras sus acciones ayudaran a la ciudad, todo estaba bien. Era la excepción de una sombra que le permitía adquirir fuerza y resistencia sobre humana. "Invicto por la lluvia" le llamaban.

—Mientras pueda estar con nii-san no tengo ningún problema —Naomi Tanizaki abrazó a su hermano frotando el rostro contra el hombro de éste con emoción.

—Jejeje… Realmente estaré de acuerdo con lo que digan —Junichirou Tanizaki simplemente frotó su nuca con el brazo libre, sintiéndose avergonzado por la actitud cariñosa de su hermana. Siempre era igual.

Fukuzawa suspiró suavemente mientras asentía, agradecía el apoyo ciego que la mayoría de sus compañeros le tenía—. Muy bien, entonces… Ranpo, explícales la situación actual.

Edogawa Ranpo por fin dejó el té y los distintos dulces sobre la mesa. Sus ojos normalmente cerrados se abrieron levemente, dándole aquel aspecto gatuno del que estaba tan orgulloso—. Muy bien, antes de que sigan hablando. El escenario al que nos dirigimos es una guerra que podría destruir nuestra isla —se levantó para acercar una pizarra que había preparado con anterioridad—. En estos momentos la Port Mafia está a la espera del primer movimiento gubernamental y éstos a su vez esperan una aprobación para erradicar a cada excepción de la isla —levantó la mano, deteniendo las palabras de todos—. Esperen. Cuando acabe mi exposición podrán hablar todo lo que quieran —Ranpo carraspeó suavemente—. La fuerza que posee la mafia es suficiente como para evitar la destrucción de la isla pero no la innecesaria cantidad de muertes. Por eso, he ideado un plan conjunto que podría detener al gobierno indefinidamente y evitar ataques futuros. La colaboración será la base para salvar Yokohama.

Yosano se quedó en silencio al escuchar la explicación y terminó por suspirar—. Entonces vamos a unir fuerzas con la Port Mafia. Sinceramente con la cantidad de excepciones que tienen junto a las nuestras, podríamos suprimir las acciones del gobierno por completo —su sombra se removía inquieta, parecía ansiosa por mostrar de lo que era capaz.

—Si hubiese otra, no se los plantearía de esta forma, pero pienso que es la mejor manera de mantener nuestra isla a salvo —Yukichi Fukuzawa iba a colaborar en un loco plan con su viejo conocido Mori Ougi—. Por supuesto, ir a la guerra no es nuestro objetivo. La operación conjunta tendrá por final dar a conocer el poder que poseen las excepciones de la isla y dejar en claro que una guerra solo culminará con el fin de la humanidad.

—Suena bien por mí~ —Kenji realmente no prestaba demasiada atención, si salvar la isla era el objetivo ayudaría sin ninguna duda.

—Pero… ¿No cree que eso podría tener el efecto contrario? Podrían darse cuenta de que somos una amenaza latente y eso solamente apresuraría sus acciones en nuestra contra —Naomi era perspicaz, por eso era ayudante en la agencia.

Por su parte, Junichirou no tenía demasiado que aportar. Incluso si estaba nervioso ante la posibilidad de morir iba a aceptar lo que decidieran.

—Claro que consideramos esa situación —Ranpo movía su marcador alrededor de la pizarra trazando un montón de números inentendibles para los demás pero que él entendía muy bien. Ajustó sus lentes, siendo rodeado por un suave remolino que en breve desapareció—. Estas son posibilidades. Y déjenme decirles que es muy poco probable que nos ataquen. Si el plan sale como debería, ellos se darán cuenta de que no importa qué truco usen, no podrán hacer nada.

—Hmph… Si esta es la única opción, estoy dentro. No voy a permitir que nuestra isla sea destruida por los mismos desgraciados que han querido jugar con nosotros desde el principio —Yosano se decidió en ese momento a dar hasta la última gota de sangre en su cuerpo por la causa.

—Nosotros también estamos dentro —anunció Naomi jalando en un abrazo a su hermano mientras sonreía animadamente. Aunque ella no era una excepción, había tenido que vivir observando el sufrimiento de Junichirou al crecer. Todo porque era diferente y especial.

—Yo igual~ —canturreó Kenji con una sonrisa mientras movía sus manos hacia los lados con emoción.

—Y este tipo también —Ranpo hizo una señal y cierto rubio de lentes atravesó una de las puertas que daban hacia otra de las habitaciones. Kunikida Doppo había ido en los días anteriores en busca de redención y aunque a Ranpo le parecía un inútil… Yukichi había decidido darle la oportunidad.

—Sí —Kunikida se sintió un tanto incómodo ante las miradas de los otros miembros de la agencia, sin embargo, todos parecieron ignorar la sorpresa como si se hubiesen esperado algo parecido.

—Es una decisión inteligente la que has hecho Kunikida, en este lugar por lo menos no vas a morir —Yosano sonrió ladinamente. Sabía que ese estirado rubio era amigo de Dazai… Era cuestión de tiempo para que terminara pidiendo asilo como el rechazado que era.

—Bienvenido, Kunikida, ya verás que lo harás bien aquí~ —Kenji mantenía su sonrisa usual. Le parecía bueno que un nuevo compañero se uniera a sus filas.

—Por ahora y hasta el final del plan nuestras acciones parecerán individuales y sin relación a la Port Mafia. Debemos ser cautelosos para no ser detectados hasta que el momento llegue. Así mostraremos al mundo que las excepciones también estamos vivas. No somos simples herramientas de la humanidad y mucho menos sacrificios para satisfacer su ego —Fukuzawa le indicó a Kunikida que tomara asiento.

Ranpo cerró sus ojos apenas se quitó los lentes—. Los detalles del plan y su rol se los haré llegar por escrito con instrucciones precisas sobre cómo debe ser su proceder de ahora en adelante. La agencia de detectives tendrá un papel protagónico en esta operación —y es que ya era hora de quitarle los reflectores a Dazai, ese maldito no iba a ser mejor que él—. ¿Estás preparado para lo que viene, inútil detective?

—Más de lo que piensas —Kunikida Doppo había dejado de lado la lástima por sí mismo y después de varios días de soledad por fin había escuchado claramente la voz de su sombra. "Musashino" la había llamado y ésta le había proporcionado una habilidad: "Poeta Doppo" la que le permitía volver tangible las cosas que escribiera en su libreta. Aunque todo poder tenía limitaciones y esta era que el tamaño no podía ser más grande que su cuaderno—. Lo haré bien.

—Ya que se te ha dado esta oportunidad, es lo menos que puedes hacer —aseguró Yosano mientras se encogía de hombros. No tenía problemas con el detective rubio, pero si iba a cubrirle la espalda en algún momento necesitaba confiar en él.

—Voy a hacerlo bien, no te preocupes por eso, Yosano —Kunikida se acomodó los lentes. Por supuesto no esperaba que todos confiaran en él de inmediato. Le bastaba con que lo hubiesen aceptado y no intentaran matarlo.

—Es bueno tener ese entusiasmo~ ya verás que te acostumbraras pronto al ritmo que llevamos —comentó Kenji con una sonrisa alegre. No le preocupaba la adición de un nuevo miembro, al contrario, siempre era bueno tener nuevos amigos.

—Kenji tiene razón. Hasta este momento has trabajado con la policía, así que ya tienes la experiencia por así decirlo —Junichirou no estaba para nada preocupado. El presidente Fukuzawa nunca se equivocaba y si había permitido que ese hombre se uniera a ellos, tenía que haber una buena razón.

—Si nii-san dice que estarás bien, así será —Naomi estaba demasiado concentrada en frotar el rostro contra el brazo de su hermano de manera melosa.

—Gracias —asintió suavemente ante los ánimos de todos los presentes. Aún no se sentía completamente cómodo, había estado odiando a las excepciones durante tanto tiempo… Y ellos ni siquiera se preocupaban por eso, le abrían las puertas de su grupo y lo trataban como igual. Eran buenas personas, sí, porque ahora no los veía como monstruos… eran diferentes y eso no era malo.

Ranpo había dirigido su mirada hacia el detective rubio que parecía estar adaptándose tan bien como lo esperaba—. Eso ha sido todo por ahora, continúen con sus actividades cotidianas. ¡Oh! Cierto, será mejor que vayan y disfruten de la tranquilidad mientras dura. Estaremos ocupados por un tiempo cuando nuestro plan inicie. Una sonrisa se formó en sus labios apenas uno a uno se iban despidiendo y abandonando el lugar. Era lo mejor, quería relajarse con Yukichi.

Pocos minutos después todos se retiraron a excepción de Kunikida que se mantenía con la mirada alta hacia Fukuzawa…

—Puedes retirarte a descansar, Kunikida. Mañana ven temprano para que empieces a entrenar junto con Yosano. No debes preocuparte por nada más —Fukuzawa esperaba muchas cosas por parte del ex detective rubio. Había hablado con Dazai y éste le había asegurado que ese hombre podría defenderse sin problemas. Iban a necesitar sus habilidades, era un hecho.

—Sí, está bien presidente —con una leve reverencia Kunikida abandonó también la habitación. Ciertamente la sonrisa en el rostro de Ranpo era algo incómoda de soportar pero por primera vez en mucho tiempo… sentía que pertenecía a un lugar.

Ranpo suspiró apenas los demás miembros de la agencia abandonaron la sala—. Fue una reacción bastante apática por parte de los demás —Vaya decepción, esperaba dramas, gritos, tal vez uno que otro golpe. Pero, bah, lo mejor era lo que ocurría. El gran detective se dejó caer sobre el suelo y volteó a ver a ese hombre que tan bien lo conocía.

—Era de esperarse, ya estaban enterados de que llegaría una nueva incorporación. Y a pesar de su procedencia lo aceptaron bastante pronto —Fukuzawa se mantuvo inexpresivo aunque sentía ternura al ver al castaño retorcerse como un gatito sobre el suelo. Dejó escapar un suspiro, la paz de la que habían estado disfrutado pronto terminaría.

—¿Tú crees? Hubiese disfrutado de ver un poco más de negación. Pero tal vez tengas razón, como miembros de la Agencia deben mostrar una capacidad de adaptación rápida —sentenció el detective abriendo levemente sus orbes. Las cosas se habían vuelto un tanto tensas y difíciles de prever gracias a cierto gran felino.

—Dependiendo de la forma que tome el curso de esta historia, van a necesitar esa adaptabilidad si quieren sobrevivir —sinceramente como líder de esa organización esperaba que sus "niños" nunca tuvieran que correr peligro pero en ese mundo algo tan fácil no existía. Todo lo que ocurriera de ahora en adelante sería por acción directa del tigre… Ellos sólo podían esperar y actuar de la manera en la que las excepciones se vieran menos afectadas.

Aprovechándose del rostro concentrado de su pareja, Ranpo se levantó para dejarse caer nuevamente, esta vez con el rostro apoyado en el hombro de Yukichi—. Estarán bien, todos lo estaremos. Somos la Agencia Armada de Detectives. No cualquier tonto podrá acabar con nosotros —sonrió el de orbes verdes mientras frotaba su rostro contra el cuello del presidente.

—Hmph… —fue todo lo que expresó ante las palabras de ese pequeño y astuto gato—. Si dependiera de nosotros no estaría tan preocupado, pero esta situación nos supera —cerró los ojos por un momento. Necesitaba visualizar los posibles panoramas de batalla.

—Deja de preocuparte. Lo acabas de decir, esta vez se sale de nuestras manos —comentó el ojiverde antes de presionar el entrecejo de su pareja con los dedos. Sonrió complacido al verlo abrir los ojos y robó un corto beso de sus labios. Estaba listo para escapar, pero un fuerte abrazo lo retuvo, llevó su cabeza a recargarse en ese firme pecho—. Mejor.

Una leve sonrisa se formó en los labios de Yukichi, tenía un pequeño gato adorable—. Espero no escuchar quejas mañana, es tu culpa —sin mucho esfuerzo cambió de posiciones con el detective, disfrutando de ver esos ojos verdes que tanto le gustaban.

La sonrisa de Ranpo se hizo más amplia, ah… Claro que sabía cómo obtener lo que quería cuando se trataba de su amante. Llevaban juntos muchos años—. Los dices como si alguna vez me quejara, no me subestimes —rodeó el cuello ajeno con sus brazos.

—Siempre te quejas —aseguró el lobo plateado mientras besaba lentamente esos labios que mantenían una persistente sonrisa la mayor parte del tiempo.

Ranpo correspondió el beso, liberando un suave suspiro apenas sus labios se separaron—. Tendrás que compensarme cuando toda esta basura acabe —apenas escuchó el "por supuesto" de parte del contrario, sonrió satisfecho y simplemente lo abrazó. Esperaba que las cosas fueran de la mejor manera y no tuvieran pérdidas.

Fukuzawa se dejó caer al lado del contrario con la vista fija en el techo. Los días siguientes definirían el resultado de una batalla que profesaba dejar más pérdidas que ganancias.

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La sombra de la maldad ha cubierto la isla

El brillo de la luna parece no ser suficiente para ganar

Las excepciones empiezan a reunirse en el centro

¿Esperanza o desesperación es lo que encontrarán al final del túnel?