La isla de Thanedd se dividía en tres áreas principales: Loxia, Aretusa y Garstang. Las tres habían sido construidas por los elfos y estaban coronadas por Tor Lara o Torre de la Gaviota.

Por encima de Aretusa había tres terrazas llenas de maleza, más arriba de la pendiente de la montaña se hacía escarpada e inaccesible. Sobre la pendiente, se alzaba el Garstang.

Ciri sentía el peso del cuerpo del trovador sobre ella, él estaba mal herido. La sangre seca del doblete comenzaba a tomar olor, porque hacía calor entre las malezas del sendero que transitaban. Un sendero que ella visto por primera vez en sueños… pero ella siempre sabía hacia dónde ir.

Sintió el sonido del bravo mar a lo lejos golpear las rocas de la isla y fue consciente de que allí, entre paso y paso… Jaskier y ella estaban transitando la visión que Ciri ya había visto.

Jaskier vomitó y no por primera vez. – Lo siento… - murmuró el poeta con ojos cansados y marcada palidez en su rostro. Con debilidad, se limpió la boca, aunque solo había vomitado un poco de sangre.

Él estaba frágil, pero aún caminaba. Tenía su brazo izquierdo cruzado sobre los hombros ella, Ciri agarraba su mano con fuerzas y el brazo de la jovencita, atravesaba la espalda de Jaskier hacia el otro lado de su cintura, para tomarlo con fuerzas, evitando así que trastabillara. Él tenía su mano sobre la de Ciri y apretaba con fuerzas, tanta, que a Ciri le dolía.

Un temblor llegó de nuevo.

- Espera, espera… - rogó. Ciri se detuvo en seco y lo miró. Jaskier tenía los ojos cerrados en una mueca de dolor agobiante. – Espera… - suspiró. – Oh, por favor espera… Espera… - apretó más los ojos. Ciri permanecía quieta, pero él hablaba solo porque le era imposible cerrar la boca cuando estaba nervioso o herido, aparentemente. La pequeña bruja comenzaba a conocerlo más a fondo, poco a poco, y había percibido aquel rasgo distintivo. Le costaba callarse… - Espera… - notó que su frente se perló en una sudoración fría, por el dolor que sentía. - Tan solo espera un segund… - no pudo terminar la frase por la exacerbación de algún dolor agudo. – Argh…

- Shhh… - le dijo. – No hagas tanto ruido. Debemos ir con sigilo. No confiar en nadie.

- Lo sé… Lo sé, lo sé… - respiró agobiado - Solo necesitaba reponerme… - la miró, ella le sonrió, él asintió. – Sigamos… - Ciri volvió a dar un paso al frente, sosteniendo casi todo el peso de él. – Pero, por favor, noble Ciri… - la molestó con la voz entrecortada por el dolor. – Hagámoslo despacio… duele mucho…


El camino empedrado que conducía a Garstang y más allá, a la cumbre, se retorcía alrededor de la montaña como serpiente, pero Ciri sabía que había otro camino… el que había seguido en sus sueños. Era más corto, unas escaleras unían las terrazas y luego un túnel. Detrás de este último un puente, y finalmente unas escaleras que se clavaban profundamente en las montañas, se retorcían y seguían.

- ¿Por qué dijiste que me llevarías a Tor Lara, Jaskier? – preguntó Ciri mientras avanzaban lentamente.

- Me lo inventé. – le explicó. – Porque no sabía qué decir… Y Tor Lara o Torre de la Gaviota, es… Argh. – se quejó suavemente. – Según he… - respiró con dificultad. – …leído, se alza por encima de todas las demás estructuras de la isla. Es un sitio mágico, donde hay un portal. – se detuvo, Ciri sintió el temblor. – Argh… - su frente se perló una vez más. – No me hagas hablar, noble Ciri.

- Lo siento. Pero tú hablas solito. – sonrió con la mirada puesta sobre el camino de ambos. – Y no me digas "noble". – él sonrió cansado.

- Hay muchas formas de ser "noble", no solo con el linaje. No lo olvides… noble, Ciri. – le sonrió, pálido. Ella le devolvió el gesto y pensó que sería mejor no pelear con el bardo, herido como se encontraba.

Tor Lara… ¿Por qué siento un hilo que tira de mí hacia aquel sitio? Tor Lara…

Continuaron avanzando con marcada lentitud, dadas las heridas de Jaskier.


Jaskier y Ciri avanzaron a paso de tortuga a través de unos jardines colgantes unidos por una serpentina de escaleras. Él habría vomitado varias veces si le hubiera quedado algo en el estómago, por el vaivén que provocaba el viento. Para cuando llegaron al otro lado, Jaskier temblaba incontrolable y cubierto de una sudoración fría.

Ciri, con muchísimo cuidado, lo sentó sobre unos arbustos, los que le habían parecido más suaves, él permanecía con sus ojos cerrados. – Descansaremos aquí lo que sea necesario. – Jaskier no le respondió, solo continuó abrazándose y temblando por el frío. Ella se puso a su lado, en el que no tenía la herida punzante y se acurrucó contra él, guardando silencio y sintiendo miedo por el estado del bardo. Jaskier continuó temblando con sus ojos cerrados, concentrado en respirar, simplemente.

Finalmente, ambos se durmieron.


Ciri no estaba segura de cuánto tiempo se habían dormido, pero el sonido de un sollozo la despertó y miró el cielo, que aún tenía claridad… Así que no habían dormido tanto.

La jovencita aún estaba acurrucada al lado del poeta, él había cruzado su brazo sobre ella y la estaba sosteniendo sobre sí cuando ella abrió sus ojos. Sabía que quien lloraba a su lado era Jaskier, se giró con cuidado y lo miró. Lo más inmóvil posible para no provocarle dolor.

Él tenía la mirada al cielo y su rostro empapado de lágrimas. - ¿Te encuentras bien? – le preguntó ella, sin saber muy bien cómo actuar en aquellas situaciones.

Jaskier, lejos de avergonzarse por haber sido "descubierto" mientras lloraba, simplemente asintió y la abrazó con un poco más de fuerzas, acercándola a él. Sin embargo, a pesar de la cercanía y de lo que ella sentía por él, sabía que aquel gesto era un modo de sentirse acompañado en aquel momento. Jaskier era puro sentimientos, tan diferente a ella…

- Es solo que… pienso en mis compatriotas. Ya sabes… los que he asesinado. – le explicó, aun contemplando el cielo. – Arnold tenía familia ¿sabes?, quizás los otros cinco también… No lo sé. Pero en algún sitio, por mi mano, habrá personas extrañándolos… - Ciri apretó los dientes, no supo qué contestar.

- Lo siento. – murmuró y apoyó su cabeza sobre el torso de él.

- Yo también… - respondió Jaskier, perdido en sus pensamientos.

En Kaer Morhen ella siempre había ocultado sus emociones. Si quería llorar, lo había hecho a escondida, si algo dolía, había mentido que no. No sabía cómo mostrar sus sentimientos. Ni sabía cómo reaccionar cuando otra persona los compartía. – Por suerte, Dijkstra está vivo… - susurró, aunque se lo dijo así mismo.

Ciri dejó su cabeza apoyada sobre él y pensó con qué naturalidad Jaskier se dejaba consumir con la pena y, sin embargo, estaba convencida que con aquella misma facilidad volvería a reír cuando su consciencia se lo permitiera. Era un enigma, desde todo punto de vista. Seductor, charlatán, sin miedo al ridículo y, al mismo tiempo, sensible y desvergonzado de ello. Era tan diferente a ella, a Geralt, Yennefer y los brujos de Kaer Morhen… Se lamentó por haberlo puesto en aquella situación, por haberlo obligado a asesinar a sus compatriotas, si no hubiera sido por ella… él no estaría tan abatido y mal herido.

- Lo siento… de no haber sido por mí… - susurró ella, y se le cerró la garganta. Jaskier la miró de golpe.

- Nada de esto es tu culpa. – le dijo. Ella sintió ganas de llorar, pero por el miedo que le volvió al cuerpo al pensar que se podría haber repetido lo de Cintra o Angren… - Pero ¿qué dices? El único responsable soy yo, porque yo decidí actuar. Tú no me lo pediste, ni me obligaste. No sientas culpa por mis actos… - Ciri sintió que la sacudió levemente a su lado con su brazo, en un gesto animado. Al segundo de aquel movimiento, cerró sus ojos con una mueca de dolor. Pero pasó rápido. - Tú no debes sentirte culpable por mi pena, noble Ciri. – le sonrió, aunque fue fingido. – Yo supero de este modo los eventos traumáticos. Sintiéndolos, sufriéndolos, racionalizándolos… - le explicó. – Quizás para ustedes, los brujos quiero decir, tener sentimientos es impensado. Quizás les parece una situación rara o incómoda, pero yo estoy en paz con lo que siento. No me parece mal el sufrirlos… - se limpió los restos de lágrimas sobre sus mejillas, que ya no caían. – Me parece natural. Es el único modo de seguir adelante…

- No lo entiendo… - le dijo ella. – Porque yo…

- Ocultas tus sentimientos. – le dijo él. – Lo sé. – ella se ruborizó, pero mucho menos que las primeras veces que lo tenía cerca. Estaba aprendiendo a controlarlo, o es que quizás su presencia ya no le causaba la misma reacción que al principio. – Cada uno con sus mecanismos de defensa, Ciri. – sonrió. – Yo me quejo… - los dos rieron. – O lloro, como ahora. Luego escribo. – le guiñó un ojo. Ella sonrió.

- ¿No irás a hacer una balada de tu pena?

- ¡Por supuesto que sí! ¿Por quién me tomas? ¡No iré a sufrir todo esto para no sacar nada de ello! – Ciri rio con alegría y lo miró con su bella sonrisa, agradecida por la personalidad del poeta. - Solo espero que sea muy famosa. – rieron los dos. – Bien, pongámonos en camino. Ya me siento mejor y debemos estar en Garstang antes de la noche.

- De acuerdo. – dijo Ciri y se quitó el brazo de Jaskier de ella. Se puso de pie y le ayudó a hacer lo mismo.

El poeta se quejó, gruñó, tosió, respiró desesperado, pero finalmente cruzó su brazo sobre la jovencita y se prendió de su mano, como lo estaban haciendo desde que habían huido de Aretusa, y retomaron la marcha. Ciri sosteniéndolo casi por completo y Jaskier lidiando con un dolor agobiante, paso a paso.


Ciri no supo decir cuándo, pero finalmente llegó a Garstang con Jaskier a cuestas. Cuando estuvieron muy cerca, ya oyeron el griterío que se sucedía dentro, y ella supo que no sería sensato avanzar con él, malherido como estaba.

Intentó apoyar al bardo con cuidado, pero la mano se le zafó y cayó de golpe sobre el suelo. - ¡Argh! – gritó y se tocó donde tenía aquella herida punzante. – Oh, por favor… Cirillaaa… ¿un poco más de cuidado? Graaacias… - se lamentó, notablemente molesto. Sintió náuseas, hizo una mueca de vómito, pero no salió nada. – Oh, por lo dioses… - su rostro se volvió aún más pálido. Ella se abalanzó sobre él en un intento de borrar la torpeza de haberlo dejado caer, sintió que él la tomó por sus brazos y ella se sentó a su lado, cuando las voces de dentro de aquella sala los inundaron, ambos miraron en dirección a los sonidos y olvidaron el reciente golpe:

- Repito, ¡Vilgefortz es un traidor! – era la voz de Filippa. - Se ha aliado con Emhyr de Nilfgaard. Ha quebrado la Regla, ha cometido deslealtad con respecto a nosotros y los reyes...

- Poco a poco, Filippa. – la voz de una mujer respondió, pero ellos no estaban seguros de quién. - Ya sé que las mercedes con las que te regala Vizimir significan más para ti que la solidaridad de la Hermandad. Eso mismo te afecta a ti, Sabrina, porque juegas el mismo papel en Kaedwen. Keira Metz y Triss Merigold representa los intereses de Foltest de Temería, Radcliffe es una herramienta en manos de Demawend de Aedirn...

- ¿Qué tiene eso que ver, Tissaia? – Así que era una discusión entre Tissaia y Filippa…

- Los intereses de los reyes no tienen por qué coincidir con los nuestros. – respondió Tissaia. - Yo sé perfectamente de lo que se trata. Los reyes han comenzado a exterminar a los elfos y a otros inhumanos. Puede que tú, Filippa, consideres que es acertado. Puede que tú, Radcliffe, consideres adecuado ayudar al ejército de Demawend en las batidas a los Scoia'tael. Pero yo estoy en contra. Y no me extraña que Enid Findabair esté también en contra. Pero eso no significa traición ¡No me interrumpas! Sé perfectamente lo que planeaban sus reyes, sé que quieren empezar la guerra. Las acciones que podrían conducir a evitar la guerra puede que constituyan traición a ojos de tu Vizimir, pero a los míos no ¡Si quieres juzgar a Vilgefortz y a Francesca, júzgame también a mí!

- ¿De qué guerra se está hablando aquí? – la voz de un hombre sonó. - Mi rey, Esterad de Kovir, ¡no apoya ninguna actividad de agresión contra el imperio de Nilfgaard! ¡Kovir es neutral, y seguirá siéndolo!

- ¡Eres miembro del Consejo, Carduin, y no embajador de tu rey!

- ¿Y tú lo dices, Sabrina?

- ¡Basta! - otra vez la voz de Filippa. - Satisfaré tu curiosidad, Carduin ¿Preguntas quién está preparando la guerra? La está preparando Nilfgaard, que planea atacarnos y destruirnos. Pero Emhyr var Emreis recuerda el Monte de Sodden y esta vez ha decidido asegurarse por el método de enrolar a los hechiceros en el juego. Por ello trabó contacto con Vilgefortz de Roggeveen. Lo compró prometiéndole poder y honores. Sí, Tissaia. Vilgefortz, héroe de Sodden, ha de convertirse en vicario y gobernante de todos los países norteños conquistados. Es Vilgefortz, ayudado por Terranova y Fercart, quien ha de gobernar las provincias que surjan en lugar de los reinos vencidos, él ha de agitar el bastón nilfgaardiano sobre los siervos que habiten estos países trabajando para el imperio. Y Francesca Findabair, Enid an Gleanna, ha de convertirse en la reina del estado de los elfos libres. Se tratará, por supuesto, de un protectorado nilfgaardiano, pero a los elfos les basta con esto si el emperador Emhyr les da mano libre para matar.

Ciri sintió unos pasos. – ¡Viene alguien! – dijo y quiso tomar la espada sobre la vaina en su espalda, pero Jaskier no la liberó de su agarre.

- No, Ciri. No.

- Yo soy bruja… y hechicera. – le dijo. – No poeta. La muerte será mi camino. – Jaskier sonrió.

- Si eso es lo que crees, pues entonces no has aprendido nada de Geralt. – Él fue el primero en decirme que matar destroza el alma del hombre, y yo no se lo creí. Hasta que me tocó matar a mí… Y quisiera, ahora, haberle oído antes.

Una mujer de cabellos oscuros, ondulados y ojos violetas pasó agachas por delante de ellos, que estaban ocultos entre las malezas de aquel sitio. Yennefer…

Ciri se levantó y fue corriendo hacia la hechicera. No, Ciri, no. No sabemos si Yennefer no sabía sobre todo esto…

"¡Yennefer!", escuchó el grito de Ciri, la mujer se giró de golpe y corrió hacia la niña, tomándola en brazos y sonriendo aliviada. "¿Dónde estabas? ¿Qué te ha sucedido? Ohh, Ciri, me alegra que estés bien… Oh, ¡qué alivio! ¡Qué gran noticia!", escuchaba Jaskier, intentando ponerse de pie para rescatar a la pequeña. No está con Geralt, ¿dónde está Geralt? ¿Por qué demonios no está con él? Está solo… Solo sin ninguna de las dos…

"Jaskier me rescató de unos espías redanos. Ven por favor, él está conmigo. Necesita medicina. Está mal herido". No hubo respuesta inmediata por parte de la hechicera, pero al poco tiempo sintió los pasos de ambas.

Jaskier vio que la hechicera levantó las hojas de las malezas y al verlo abrió sus ojos con sorpresa. Sin decir nada desagradable se agachó con rapidez a su lado, inspeccionó su rostro. – El gusto es mío… - dijo él, ella no le hizo caso, solo tomó con una mano ambas mejillas y lo giró de un lado al otro.

- ¿Alguna herida?

- Varias, pero sé que no se notan… están todas ocultas por la ropa. La sangre que ves es… magia… no es real… - Yennefer no le hizo caso por el sarcasmo.

- ¿Qué sucedió?

- El destino dijo que aún no era mi día…

- ¿Quién te atacó?

- Dijkstra y sus secuaces. – ella lo miró con sorpresa.

- No me dirás que tú lo venciste. – él se quejó por el dolor cuando Yennefer tocó donde tenía la herida de daga. – Deja de llorisquear ¿Acaso Ciri ha...?

- No. No. Ella no mató a nadie… - él bajó la mirada. – Solo yo…

- Bueno, ya iba siendo hora de que te hicieras hombre. – le dijo secamente. – No quiero que te pongas mal por acabar con la vida de unos buenos para nada que intentaban poner las manos encima a Ciri. Lo que has hecho, es lo que se tenía que hacer. Te felicito.

- Pero ¿qué te voy a explicar yo a ti respecto al respeto por la vida del otro? – murmuró él.

- Cierra el pico. Déjame trabajar. – algo hizo ella. Le costó bastante, Jaskier se sorprendió que le hubiera resultado difícil. – Aquí es muy complicado hacer magia. – le explicó. – Ya está. Ya estás fuera de peligro.

Eres una caja de sorpresas, bardo. Tenías múltiples heridas graves. – Yennefer le tomó las manos y lo puso en pie. Jaskier sintió su cuerpo entero por primera vez desde la huida de Aretusa.

- Oh, esto es genial. – sonrió. – Gracias, gracias, Yennefer… - ella sintió que él intentó abrazarla, pero Yennefer no estaba de humor para demostraciones de cariño, así que le puso una mano sobre el pecho y le frenó el acercamiento.

- Tendrás que darte un buen baño. Tienes sangre por todos lados. – le dijo. - ¡Ciri! ¡Vamos allí dentro! Necesitamos detener esto. – ella quiso avanzar, pero él la tomó de la muñeca.

- ¿Dónde está Geralt? – Yennefer lo miró. Jaskier estaba serio, molesto por la ausencia de su amigo.

- No lo sé, cuando desperté ya no estaba a mi lado. - ¡Qué conveniente que nunca sepas qué es de él! ¡Qué conveniente que no te importe! Qué conveniente que siempre lo dejes solo…

- No te llevarás a Ciri a ningún sitio. Menos allí dentro, ¡con todos esos hechiceros!

- Tú no me dirás qué hacer, bardo. – se quitó la muñeca de su agarre.

- Yennefer, espera. – dijo Ciri. – Jaskier me ayudó a sobrevivir. Si no fuera por él estaría en manos de hombres de Vizimir. No lo trates así. – Yennefer miró a la jovencita y sus ojos relampaguearon. Ciri tembló levemente, pero la enfrentó.

- No, Ciri. – intervino Jaskier. – No hace falta que te pongas de parte de ninguno de los dos. Esto lo resolveremos ella y yo.

Yennefer se acercó a Ciri y la tomó de los hombros. – Sabes que nunca haré algo que te haga mal, hija mía. – los ojos de Ciri se humedecieron.

- Lo sé. Pero no lo trates así. No sabes todo lo que ha sufrido… - rogó Ciri, a Jaskier se le partió el corazón cuando dijo aquello.

- Está bien. Seré amistosa con el bardo. – sonrió. No solo ha comprado la lealtad de Geralt, sino también la de Ciri, ¿qué tiene ese maldito bardo que atrae a los brujos de ese modo?

Yennefer giró su rostro y lo miró, él asintió, dándose ambos, una tregua, por Ciri. – Pero tenemos que ir allí dentro. Tienes que mostrarles quién eres, la vidente que eres. Después de todo era a lo que habíamos venido aquí, ¿no? Para que estudiaras en Aretusa. – Jaskier se sorprendió, él no sabía nada de aquello. Geralt no le había dicho que tenían pensando encerrar a Ciri en la escuela para magos.

Ciri asintió. Yennefer la soltó y se acercó a Jaskier. – Cuando se trata de eventos arcanos, yo sé lo que hago, Jaskier. Confía en mi juicio.

- Pero es que me he enterado demasiadas cosas esta noche, Yennefer. Como que los miembros del Consejo complotaron contra el Capítulo. Tú eres miembro del Consejo, ¿sabías algo de esto?

- ¡Por supuesto que no! ¿Crees que no se lo habría dicho a Geralt? A ti, claro que no. Pero a Geralt sí. – No lo sé, no lo sé, Yennefer. Los dos se cruzaron de brazos al mismo tiempo.

- Deja de leer mis pensamientos. – pidió el poeta.

- Deja de dudar de mi palabra. – lo enfrentó.

- Has hecho mérito para que tenga dudas.

- Jaskier, yo en verdad te aprecio… y hasta te estoy agradecida. - susurró la hechicera de cabellos oscuros y le sonrió, maliciosa.

- Pues lo habías escondido hábilmente hasta ahora. Incluso me encontré con la opinión, y cito, de que me aguantabas peor que a una epidemia de peste. – le sonrió Jaskier con maldad, ella le devolvió el gesto. Geralt se lo había dicho una vez, y él no lo había olvidado. - ¿Puedo preguntar por qué ahora me aprecias? ¿Qué ha cambiado?

- Puedes, pero no es importante la respuesta. – dijo ella.

- Me gustaría saber, bella Yennefer.

- ¿No lo sabes? Tú, que por lo general de todos sabes y de todos cantas. Incluso de asuntos tan íntimos como los sentimientos de alguien.

- Aquí vamos de nuevo… - murmuró él. – La poesía, tiene sus reglas. Nadie debiera sentirse ofendido. – ella rio.

- Oh, Jaskier. Pero si tú y yo haremos las paces en estos momentos, hay ciertas cositas que me gustaría dejar en claro.

- ¿Pero te parece oportuno el momento?

- Espero nunca encontrar momento oportuno, poeta. Porque eso implicaría que tú y yo, tendríamos tiempo para tomar unos vinos y charlar apaciblemente. Y si he de ser sincera, no nos veo de ese modo.

- Pensé que me apreciabas y hasta me estabas agradecida. – le sonrió. – Yo también te estoy agradecido. Por salvar mi vida, de nuevo. – le dijo, pero esta vez sin burlas de por medio. – Gracias por curar mis heridas.

- No fue nada. – miró a Ciri, que los observaba interactuar en silencio. – Dos personas queridísimas así lo habrían querido. No es nada. Es lo mínimo que puedo hacer. – ella volvió su rostro a él, pero no lo miró. – Por todo lo que haces por ellos. – Jaskier guardó silencio. Se irá otra vez, por eso me está dando tregua. Lo dejará sin noticias, sin aviso… sin que pueda despedirse. Me está avisando que es mi turno de acompañarlo. Oh, Geralt… te va a romper el corazón, una vez más, ¿qué es lo que no nos estás diciendo, Yennefer?… - Demasiado te aprecio y demasiado te debo, Jaskier. Aunque no parezca.

- Es la segunda vez que lo dices, ¿qué me debes?

- Ibas con él… - dijo por fin con tristeza - Gracias a ti no estaba solo. Fuiste su amigo. Estuviste con él. – también era la segunda vez que ella decía aquello, y por segunda vez Jaskier volvió a responder.

- Y seguiré estando a su lado cuando tú tengas que… - los dos se miraron. – Apartarte. No te preocupes. – le sonrió, a modo de tregua y tomó la mano de Yennefer y se la apretó con fuerzas. Sin abrazos, había comprendido que la hechicera no los quería. – No te preocupes, Yennefer. Buscaré el modo en que las cosas entre tú y yo también funcionen. – los dos sonrieron. En los ojos de Yennefer había pena. Se irá de nuevo. Y no le ha dicho nada. Pobre Geralt, le partirá el corazón, una vez más. Se apartará sin explicación y el sufrirá buscando sentido a su nueva ausencia...

- Gracias por haberte jugado la vida por Cirilla. – dijo y lo miró. – Pero si no te encontraba aquí, no hubieras vivido un día más. Tenías hemorragias internas y la herida de la daga, sin antibiótico, habría generado un absceso y finalmente un derrame pleural. Estuvo a escasos centímetros de perforar tu pulmón, en ese caso, la historia habría sido otra. Habrías muerto. – él se estremeció y apretó la mano que sostenía de la hechicera. – El destino ha estado de tu lado en este día, Jaskier. - ¡Y que se lo dijera! No encontraba otro modo de explicar cómo demonios él había sobrevivido al ataque con los espías redanos.

- Entonces, estoy en deuda contigo.

- Nada de eso. Cualquier deuda entre tú y yo estará saldada siempre que estés al lado de ellos dos. – Jaskier asintió. A pesar de sus extrañas formas, Yennefer los ama. A pesar de su amor tan hiriente, ella lo ama. Pero no tiene idea de cómo lo deja cada vez que se va. No tiene de cómo lo daña con cada ausencia. No tiene idea cuánta capacidad de sentir tiene Geralt y lo mal que ella le hace… - Pero bueno, creo que tenemos que retomar lo que hemos venido a hacer.

- Iré allí dentro porque así ha de ser. – Respondió Ciri. Yennefer asintió. Él la miró preocupado. – Yo soñé con esto, Jaskier. Lo soñé, por eso supe por dónde ir. – él la miró sorprendido.

- No me dijiste nada.

- Es que la mayor parte del tiempo estuviste tiritando y sudando, luchando contra el dolor y la hemorragia. No quería preocuparte.

- Lo siento, Ciri.

- La has salvado. No pidas perdón cuando has hecho lo correcto. – dijo Yennefer. – No fue un sueño, Ciri. Fue una visión. Vayamos dentro.