—¿Cómo?
José se apuró en socorrer al Astrólogo. La forma en que lloraba y el cómo tuvo un cambio drástico de actitud fue preocupante.
—¡Cálmate, hombre! El cielo está así porque es de noche todavía, el cielo está oscuro porque...
—¡No entiendes, idiota!
Ajax se apartó. Había entrado en un estado psicótico que nadie podía comprender. Era un frenesí, una avalancha de emociones que no controlaba.
—¡Es que no lo entiendes! ¡He visto la nada! ¡Hay nada en el cielo!
Eso era algo que no entendían del todo.
—¡Ésta oscuridad no es natural! No lo es... hay ausencia de vida... las estrellas no brillan como solían hacerlo... estoy seguro que algo muy malo ha sucedido detrás de éstas paredes.
—¿No crees que estás exagerando, Ajax? No es la primera vez que el cielo es así. Tal vez estás tomando muy en serio tus habilidades. Recuerda que podemos cometer errores.
Sergei no creía lo que el moreno comentaba. Estaba escéptico por las palabras que éste decía.
—Quizá tenga que ver con los vídeos, Sergei. ¿Qué tal si no eran una mentira? ¡Solo mira a Ajax! Nadie sería capaz de hacer un escándalo por nada.
Juana no estaba de acuerdo con el ruso.
—¿Sabes, Ajax? Deberías ir a tu habitación y descansar un poco. No nos puedes decir nada en éste estado, porque estás alterado.
Asajú se ofreció a acompañar al joven hasta su habitación. Ambos abandonaron el invernadero y bajaron hasta el primer piso.
José, Sergei y Juana se quedaron atrás. Discutían lo que acababa de ocurrir.
—Enloqueció... ¿Habrá tenido algún tipo de visión quizás?
—No es posible, Juana... bueno, no sabemos. Toda ésta situación es extraña, no debes dejarte sugestionar por eso. Chicos, estoy cansado... y apuesto a que ustedes también. Yo me voy.
El paramédico se despidió y procedió a ir a su habitación a dormir. Lo que había pasado con Ajax lo dejó intranquilo.
Juana y José tuvieron la gran idea de ir a desayunar. No sabían por cuánto tiempo estaban conversando en la biblioteca.
Kimiko había despertado. Le tomó mucho trabajo recobrar el sentido. Estaba mareada y tenía ligeras náuseas.
El sitio en el que estaba era un salón de clases con todos sus compañeros. Ella sabía que estaba ahí, pero no podía controlar lo que decía ni los lugares a los que se dirigía.
Vió a un grupo de sus compañeros sentados en la mesa del profesor.
—¡Vamos, chicos! El festival será la semana entrante.
Kelly estaba muy contenta por el evento que iba a llevarse a cabo en tan pocos días.
—¡Sería genial que Nelly y Jerzain participaran! Apuesto a que la Novelista Criminal Definitiva y la Escritora Definitiva se quebrarán tratando de ganarles a sus trabajos.
Kimiko veía extrañada esa positividad en Darko, pues apoyaba a las gemelas y a Jerzain.
—¿Qué tal, chicos?
Kimiko habló sin pensar. En ése sueño tan lúcido todo parecía tan real.
—¡Kimiko! Estábamos hablando del festival. ¿Te vas a apuntar con Xian Liang y Eliza en el apartado de Ciencias?
Jerzain yacía abrazando a Jean Paul. Los dos estaban sentados en una misma silla, sólo que Jerzain se encontraba sobre las piernas del francés.
—¡Claro! Nos va a quedar divino. Por cierto... ¿Han oído los rumores? De los ataques por toda Japón.
Nishimura preguntó sobre la noticia del último momento.
No pudieron contestar porque habían llegado Callum y María. Entraban por la puerta del salón de clases.
—¡Miren! Qué bonitos se ven.
—¿Celoso porque mi novio me llevará a comer, Jerzain?
María sonreía por el comentario del filósofo.
—¡Y la vamos a pasar increíble! Mi chica y yo estamos pensando en hacer un viaje. Yo me uniré a ella en la visita a unos invernaderos y ella vendrá conmigo a conocer el ancho mar.
—¿Sólo el mar? Oh...
María hablaba desilusionada.
—¡Descuida! Hablaré con Ajax para poder llevarte a las estrellas, mi amor.
Ambos se abrazaron y se dieron un beso en la mejilla.
—¿Saben dónde están los demás y por qué no han entrado a clases?
Darko estaba preocupado por la ausencia de sus amigos.
—Sergei tomó el día libre. Dice que han estado haciendo muchos accidentes... no creo que lo veamos en un tiempo.
Kelly contestó.
—Lo sé porque lo llamé ésta mañana.
—Algo raro ha estado ocurriendo.
Nelly dió inicio a un tema extraño.
—Cancelaron el evento donde Dalilah iba a participar. Cerraron los teatros. Juana me dijo que no podía recibir dinero de unas comisiones de New York porque estaban saturados los bancos... y ¿Les dijiste ya lo que los asesores nos recomendaron, Kelly?
La Cineasta pensó en el mensaje por correo que les llegó esa mañana.
—Los asesores le dijeron a Nelly y a mí que éste mes y los próximos no eran óptimos para publicar libros ni películas. Al parecer hay un... "Colapso".
—Qué raro...
Jean Paul veía extrañado a Jerzain.
—¿Y saben por qué José no está aquí? No lo veo a él, a Eliza... Xiang tampoco está aquí.
—No tenemos idea, Kimiko. Deben estar ocupados, o algo. Recuerda que la asistencia no es necesaria.
Darko explicó.
—Según oí... se dice que...
Cuando Nelly hablaba, no se escuchaba su voz. Kimiko no comprendía lo que decía.
Fue ahí que todos miraron a Kimiko, con rostros vacíos. Las pupilas de sus amigos estaban dilatadas, y sus pieles eran pálidas.
Parecían cadáveres.
Una gran pesadez la invadió. Cayó al suelo y volvió al mundo real.
Despertó agitada. Estaba sudando frío. Le tomaron unos segundos volver a respirar con tranquilidad. Cuando se calmó quería ver cuánto tiempo había dormido.
Asustada tomó el despertador y vió que la hora indicaban la 13:49 p.m.
—Ah...
Nishimura se sentó en el borde de la cama, talló sus ojos y optó por tomar una ducha.
No quería ir por ahí estando sucia, sintiéndose rara y con la ropa pegajosa.
Se desvistió, acomodó las prendas con cuidado en el cesto de ropa sucia y se metió en la bañera. Abrió los grifos y esperó que el agua fría cayera.
No sabía cuánto tiempo pasó en ese lapso en el cual cerró los ojos. Le había apaciguado sentir las gotas chocar contra su cuerpo. Quería estar así siempre.
Al acabar, tomó unas prendas nuevas. Llevaría a la lavandería las anteriores al meterlas en una bolsa negra.
Esa ocasión dejó su cabello suelto. No tenía ganas de hacer su típico estilo atado en forma de cebolla.
—Buenas tardes, Kimiko. ¿Estabas cansada?
Sergei saludó a su amiga. Ella sonrió. Escondió la bolsa negra con sus prendas ya que le daba incomodidad.
—Totalmente. ¿Han investigado ya las demás salas? ¿Han encontrado algo?
—Respecto a eso...
—¿Sí?
Había confusión.
—Ajax se sintió mal. Tuvo un ataque de pánico.
—¿Qué?
Kimiko se sorprendió por ello.
—¿Qué ocurrió? ¿Hay otro cadáver?
—¡No! No... gracias a Dios no. Él vió el cielo, hay unos paneles y techos de cristal que dejan ver el cielo. Ajax dijo que algo muy malo había ocurrido... y colapsó.
—¿Especificó qué?
—¿Cómo qué? No creo mucho en la superstición... creo que sólo exageraba.
—Hablaré con él después... puede que diga algo estando tranquilo.
Kimiko se despidió y caminó a la lavandería, dejando ahí la ropa. Creyó ideal empezar a lavarla, por lo que sacó las memorias que tenía el abrigo que había dejado dentro y metió la ropa en ellas.
—¡Kimiko! Hola.
Jean Paul había ingresado con un gran cesto de ropa.
—¿Vienes a lavar? ¡Curioso! Yo también, jeje...
—Claro. ¿Te puedo dejar un momento aquí? Necesito salir.
—Adelante. Yo te cuido la ropa.
Kimiko agradecida abandonó la lavandería y fue a la habitación de Ajax. Lo que Sergei le dijo la había preocupado. Si eso le ayudaba a evitar otro asesinato, entonces tendría que hacer esfuerzos en evitar que esa situación desesperara a Ajax.
Tocó un par de veces la puerta y esperó paciente.
Ajax la recibió. Él lucía distinto, no tenía una mirada normal. Estaba pálido y tenía una presencia enferma.
—Ajax.
—Kimiko... hola.
—Me han contado lo que te pasó ésta mañana... ¿Estás bien?
Ajax se sentía halagado.
—Eres la primera persona que viene y me lo pregunta... no... no lo estoy.
Él salió y platicaron en el pasillo.
—Anoche ví algo... pude sentirlo, Kimiko. El cielo tiene escrito un mensaje... uno muy malo. Pero la gente me toma como un loco... ¿Tú lo harás también...?
—¡No, Ajax! Precisamente he venido aquí. Quisiera saber qué viste.
—Vamos a platicarlo en un lugar más privado... ven conmigo.
El griego llevó a Kimiko hasta su sala de recreación. Ahí estaban varias cartas de tarot, un plano gigante de cada uno de los signos del zodiaco y una mesa de trabajo con muchos planos de diversas estrellas y constelaciones.
—¿Qué viste, Ajax?
Kimiko volvió a preguntar.
Ajax comenzó a llorar. Fue un llanto intenso.
—Kimiko... he visto a la muerte. Nos deparan cosas horribles... ¿Sabes...?
Él hizo una pausa.
—He visto la muerte. Ayer el cielo estaba vacío, no había nada. La oscuridad de la noche, la ausencia de luz... la aparición de ciertas estrellas poco después... y el cómo estaban posicionadas...
—¿Crees que otro asesinato ocurra?
—No... Kimiko. Creo... creo que no habrá un asesinato... serán varios...
—¿Que? ¿Sabes cuántos? ¿Sabes quiénes morirán?
—No lo sé, Kimiko... pero ya que tomaste de tu valioso tiempo en venir conmigo... déjame decirte que debes cuidarte la espalda si no quieres ser la próxima.
Kimiko estaba consternada.
—Pero no pueden haber asesinatos... Monoduck lo prohíbe.
—Prohíbe que sean más de dos asesinatos... quizá ésto sea lo que el cielo me dijo. Dos de nuestros amigos morirán... o quizá hasta seamos tú y yo. No lo sé... no quiero pensar en eso.
—Ya veo... por cierto, Ajax. Tuve un sueño... lo sentí muy real.
—¿Qué soñaste?
El griego preguntó curioso.
Kimiko trataba de recordar.
—Estaba en un salón de clases... habían muchos de nosotros ahí. Al parecer íbamos a realizar un festival o algo...
—Mmm... mira, no puedo decirte el significado. No soy mi amiga Babette LeBlanc, la Oniróloga Definitiva... pero ella me dijo algo muy importante.
Ajax procedió a tranquilizar a Nishimura.
—Los sueños pueden ser en realidad recuerdos. Quizá sea una memoria reprimida... puede que eventualmente recuperes parte de tu pasado.
—¿Crees? En ése caso... espero haber tenido un sueño errado...
Kimiko estaba triste.
—¿Por qué lo dices?
Ajax mostró preocupación por el cambio drástico en su rostro.
—Porque en el sueño Callum y María eran novios... y todos éramos amigos.
—Oh... eso es triste. Pero recuerda, no sabemos si son recuerdos reales, o tú inconscientemente creaste un mundo así. Deberías distraerte con otras cosas, Kimiko.
—¿Crees? Ah... bueno. Te haré caso. Y Ajax... gracias por contarme ésto. Te agradezco la confianza.
—Gracias a tí por escucharme. Por cierto... no le digas ésto a nadie. No debes sembrar ésta... duda en tus compañeros.
—Aún sin creen o no... te haré caso. Ésto queda entre nosotros.
—Voy a quedarme aquí un momento. Puedes irte si gustas Kimiko...
Nishimura lo abrazó y le dijo que todo estaría bien. Ella volvió a la lavandería para terminar lo que había comenzado. Jean Paul seguía ahí.
—¡Hola! Sergei te estaba buscando.
—¿Sí? Oh, será después. Ahora debo acabar ésto.
Kimiko y Jean Paul iniciaron una amistosa conversación. Platicaban de sus metas a futuro, de lo que harían una vez escaparan y cómo todo volvería a la normalidad.
Kimiko tomó las memorias que había dejado encima de una mesa para planchar ropa y tomó sus prendas. Las colgaría en unos tendederos especiales que había en su baño.
—Una secadora y... creo que estará como nueva.
—Yo me quedo otro ratito. Jerzain debe tener ropa limpia.
—¡Eres muy lindo con él! Estoy contenta de que hayas encontrado a una persona en la cual apoyarte.
El francés lucía contento por el comentario.
—Es un hombre maravilloso. Cuando escapemos... vamos a dominar el mundo con nuestros conocimientos.
—¿Qué?
—No, nada...
Eso fue incómodo para ella. Salió en cuanto pudo.
Kimiko regresó a su habitación y dejó su ropa para secar. La colgó en unos ganchos e hilos. Tenía algo más importante en mente.
Ella salió y se dirigió al tercer piso, a la Sala de Computación. Necesitaba mirar el contenido de esas memorias.
¿Qué habría en ellas? ¿Qué encontraría en esos archivos? Por algo estaban puestos ahí. No sé lo esperó más y con cierta desesperación subía apresurada las escaleras. Al fin encontraría respuestas.
Al entrar habían varios monitores puestos sobre escritorios. Una gran pantalla se hallaba al fondo.
En su búsqueda de información encendió una de los ordenadores tras conectar el cable a la corriente. Conectó la memoria en los puertos USB de la CPU y esperó a que el sistema la reconociera.
Los nombres de las memorias tenían los nombres del estudiante en ellas, justo y como la pequeña cinta pegada en ellas con las iniciales del alumno.
Kimiko abrió varios archivos que la memoria que Dalilah le regaló. Estaban fotos encriptadas, documentos escritos en un idioma que no podía entender, y algunas carpetas que necesitaban una contraseña para poder abrirse.
—¿Qué haces aquí, Kimiko?
Una voz sonó a las afueras de la biblioteca, se trataba de Jerzain.
—Jerzain... hola.
Kimiko volvió a lo suyo. Cuando hizo click en una fotografía... ésta se abrió.
Eran ella y Dalilah abrazándose. Parecían estar en un restaurante compartiendo papas fritas.
—¿Cómo?
Levi se acercó y vió extrañado la imagen.
—¿Qué carajos? ¿De dónde sacaste ésto, Kimiko?
Por fortuna Kimiko tenía un modo de ocultar la existencia de las otras memorias y usó un argumento válido.
—Fue la memoria que Dalilah me dió... no recuerdo habernos tomado ésta foto...
—¿Y qué hay de los demás archivos? ¿Hay más?
Jerzain tomó una silla y empezó a divagar por los archivos y ficheros.
—Tienen una contraseña... pero no puedo abrirlos...
—Mmm... creo que te podría ayudar. ¿Sabes? tendría que investigar las propiedades de la memoria... pero ésta fotografía... ¿Dalilah y tú se conocían?
—¡No lo sé, Jerzain! No sé... no recuerdo nada...
—Vale vale... bien... no sé cuánto tiempo tomará, pero podría jugar con las herramientas del sistema y arrojar algo de interés. ¿Te parece ideal dejarme trabajar con la memoria?
—Claro. Puedes hacer lo que gustes... ¿Sabes también de computadoras?
—Estás hablando con el Criminal Definitivo, cielo. Yo abarco muchos conceptos... Ya veo... algunas contraseñas son dígitos... ¡Oh joder!
Jerzain se asustó al ver que el sistema estaba eliminando los archivos. Todos estaban siendo borrados automáticamente a petición de un comando superior.
—¡Mierda! ¡Carajo!
—¿Qué ocurre?
Kimiko preguntó algo alterada.
—¡Maldito seas Monoduck! ¡El cabrón borró la información de la memoria!
—No...
Ahora jamás sabrían lo que había en los documentos.
—Perfecto... la memoria está vacía. ¡Ahora ya no tenemos modo alguno de iniciar una investigación propia! ¡Carajo!
—¡No te exaltes! Ésto iba a pasar conociendo que Monoduck quiere mantener todo en secreto... voy a ordenar una junta.
Nishimura mandó un mensaje al chat del MonoDroid, todos los alumnos vieron la notificación.
"Kimiko: ¡Todos reúnanse a la brevedad posible en la cafetería! ".
