RARA VEZ DESEABA ASESINAR A MI HERMANO. Zack no podía decir lo mismo por supuesto - proteger sus intereses y sacarlo de quicio son mis deberes como hermano mayor. Amo a mi hermano pero ahora mismo el venenoso pensamiento de que ser hijo único no puede ser tan malo ronda mi mente. Mi descontento con la interrupción es colosal pero hay una parte de mí que lo agradece.

Evidentemente, mi pene no era esa parte.

Mi hermano me devolvió brevemente a la agridulce realidad y eso fue suficiente para poner en pausa mis bajos instintos. Mi dignidad estaba casi intacta. Aún no le había dado a ella lo que quería, no todo lo que quería. Podía resistir a pesar de las promesas ardientes en sus ojos, el anhelo de sus labios separados, su elegante peinado desordenado, su cuello expuesto, la postura erótica de su cuerpo sobre el escritorio o la exigente forma en que sus piernas me sujetan contra su cuerpo, manteniéndome contra su...

"¿Por qué me estoy resistiendo de nuevo?", me esfuerzo por recordar.

Finalmente, Pastelito había dado muestras de estar interesada en mí o bueno, sostener relaciones sexuales conmigo. Evidentemente, yo estaba más que dispuesto a corresponder. Ni si quiera me aflige tener a mi hermano a pocos metros de distancia. No sería la primera vez que me escuche o a mi amante de turno en el acto –compartimos apartamento en la universidad después de todo. No quiero parar, no tengo porque hacerlo pero una parte de mí no deja de preguntarse: ¿qué viene después del sexo?

Nunca me había detenido a pensarlo y evidentemente, eso me habría evitado muchísimos problemas en el pasado.

—Bajaré en cinco minutos—dije al cabo de un rato.

Las cejas de Tanya se levantan, evidenciando su sorpresa.

— ¿Cinco minutos?—repite con voz sorna—.Eso es decepcionante.

Mi boca se abre y se cierra y luego, vuelve a abrirse. Sentí mis mejillas calentarse ante la evidente tomada de pelo. Aparentemente, los orgasmos la ponen de buen humor. Es bueno saberlo pero esto no es gracioso.

— ¡Por Dios! Dime que no estás con…

— ¡Cinco minutos, Zacharias!—recalque antes de que dijera algo más.

Intento alejarme de la pelirroja y terminar de apagar mi calentura, pero ella no me deja ir muy lejos.

— ¿A dónde cree que va, oficial?—pregunta, arrastrándome de vuelta hacia ella con pasmosa facilidad. Por la suave curva en sus labios diría que mi intento de resistencia le divierte —.No hemos terminado.

Aparentemente, a Pastelito tampoco le importa que mi hermano nos escuche. Definitivamente esta mujer es para mí, pero toda esta situación debe ser una especie de venganza karmática o algo así. No encuentro otra explicación para su repentina disposición y mi intensión de frenarla. Debí haber fastidiado a muchas personas en el pasado. Me aferré a mi determinación, que era como un mono en monociclo sobre una cuerda floja ahora mismo.

—Dijiste que esto entre nosotros sería "cosa de una vez", ¿recuerdas?

Me mira con la boca abierta y los ojos en llamas. Su descontento me hace sentir un poco mejor pero no borra el hecho de que soy el mayor damnificado aquí. Me había mantenido lejos de Tanya toda la noche, porque, además de estar molesto con su repentina escapada a sólo Dios no sabe dónde, se ve tan ardiente como el infierno en ese vestido rojo. En serio pensé que podría abstenerme de poner mis manos sobre ella si mantenía una distancia saludable o me distraía conversando con los invitados o leyendo ese libro, el santo grial de enfermedades en la piel. Evidentemente sobreestimé mi autocontrol.

Pastelito echa la cabeza hacia atrás para analizarme de pies a cabeza, dándome involuntariamente un apetitoso vistazo del valle de sus senos...

"¿Por qué demonios no los toque cuando tuve la oportunidad? Ah, cierto. Estaba demasiado distraído con sus piernas torneadas y perfectas…"

—Estás… Realmente estás hablando en serio.

Asentí. No confiando en mi boca para responder.

— ¿Saldrás de esta habitación así?—resopla sonoramente, repentinamente enojada. — ¿En ese estado?

Puse mi mano sobre la suya, la que estaba sujetando mi camisa. Era pequeña en comparación a la mía pero había tanta fiereza en ella. Una fiereza que contrastaba con la mujer diplomática de esta noche. Me gusta el contraste entre lo distante que se muestra con otras personas y lo intensa y directa que es conmigo.

Aclaro mi garganta antes de decir:

—El que siembra vientos cosecha tempestades por así decirlo.

Pastelito afloja su agarre en mi camisa lentamente hasta soltarme pero su mirada se queda en mi entrepierna. Puedo sentir el incómodo alargamiento del mi pene, pero retrocedo un poco. Aproveche el momento bajar la vista y subirme la cremallera. Un accidente con mi bragueta era lo último que necesitaba ahora mismo.

—No estarás considerando terminar esto con otra mujer, ¿cierto?

Levanto la cabeza, incrédulo por lo que acabo de escuchar. Estuve a punto de sacarla de su error, pero luego recuerdo que había sido denigrado de hombre a "comezón que rascar" y cambié de opinión:

—Bueno, dijiste que doy pie a coqueteos insulsos de otras mujeres...

— ¿Estás considerándolo? —pregunta bruscamente.

—Dijiste que sólo quieres sacarme de tu sistema—devolví.

Frunce el ceño.

— ¿Vas a lanzarme a la cara todo lo que he dicho?

Mi respuesta fue veloz pero sobre todo sincera:

—Por supuesto y haré énfasis en lo que me moleste.

Resopla exasperada mientras se toma un minuto para arreglarse el vestido. Casi puedo escucharla contar mentalmente hasta 10 o 1000 para no hacer de esta casa una escena del crimen. Joder. Mantenerme molesto sería más fácil si no se viera tan… hermosa, inclusive en su versión desaliñada. Una parte de mí desea saborearla nuevamente.

Desvié la mirada, intentado bloquear la imagen mental.

Debía darle otro uso a mi boca y volver a establecer la conversación. Tantear los límites de la contraparte es más sencillo cuando hay indicios de negociación, llámese diplomacia. La diplomacia conlleva trasgredir, lo cual detesto casi tanto como esperar que mis deseos simplemente sucedan, pero no encontraba otra manera de llegar a ella. Sin importar lo irritante que fuera aceptar sus condiciones, no podía perder de vista mi objetivo. Debía dar pasos de bebé para lograr un progreso con Pastelito.

—No pretendo que salgamos de aquí tomados de la mano y cantando Kumbaya, Tanya—comente, intentando suavizar un poco las cosas—.Pero estoy dispuesto a llegar a un arreglo en lo referente a nuestra… dinámica.

Sus ojos vuelven a clavarse en mí, desconfiados. Considere su silencio como una oportunidad para exponer los puntos importantes:

—Quiero más que sexo contigo pero es lo único sobre la mesa ahora mismo, ¿cierto?

—Lo es—responde con cautela, entrecerrando los ojos. —Por ahora.

Ignoro la adición final, y añado:

—Y quieres exclusividad mientras dure.

Su mandíbula tensa y una nueva ola de miradas asfixiantes me golpean. No oculta su molestia pero tampoco niega mis palabras. Considerando las circunstancias bajo las que entré a esta habitación, esta es una pequeña victoria.

—Bien. Acepto lo que ofreces pero tengo una condición también.

— ¿La cual será…?

Esa era la cuestión. La mayor parte de mi cerebro aún estaba enfocado en lo molesto que es ceder de nuevamente. Por otro lado, mi cuerpo estaba a favor de un poco de sexo rudo y enojado. Descarto la idea rápidamente pues sería muy satisfactorio por un rato pero insuficiente para engancharla a mí. Necesitaba hacer algo más. En un intento por ganar tiempo y algo claridad mental, lancé una mirada por la habitación.

Un pequeño trozo de tela en el suelo llamo mi atención. Eran sus bragas de satín rosado. Están cerca de mis zapatos nuevos -cortesía de Alice. No sé cómo supo que me hacía falta un buen par de zapatos. Me inclino para agarrar las bragas, y aunque por un momento tengo el descarriado pensamiento de meterlas en mi bolsillo, no lo hago. En su lugar, descanso una rodilla en el suelo frente a la pelirroja con su delicada prenda en mi mano.

Tanya queda como una estatua. Su boca se abre y sus ojos parecen querer salirse de sus cuencas. Luce sorprendida pero más que todo, parece horrorizada. Juraría que está pálida.

Bueno, más pálida.

Incliné la cabeza, sin entender.

— ¿Las quieres devuelta? No tengo ningún problema en llevármelas y enmarcarlas si no las quieres.

Pastelito pestañea, saliendo de la impresión. Pronto sus labios tiemblan un poco. No entiendo por qué. No estoy bromeando.

—Eres tan colaborador.

Sonrió un poco.

—Me gusta ayudar.

Se recuesta al escritorio y levanta sus preciosas piernas para yo colocarle la prenda. Sentir su piel extraordinariamente suave con la punta de mis dedos es una jodida tortura. El contraste entre nuestras temperaturas es evidente pero no suficiente para indisponerme. Cierro los ojos para evitar sobreexcitarme otra vez pero el dulce olor de su excitación satura mi olfato. Sentirla estremecerse bajo mis manos, escucharla jadear cuando le coloco el delicado trozo de tela, tambalea mi determinación. Mis dedos presionan con firmeza sobre su tierna piel, negándose a soltarla incluso cuando me incorporo.

—Jack, —.jadea, haciéndome estremecer—dime qué es lo que quieres.

La quiero a ella. Debajo de mi o sobre mí, contra la pared más cercana o recostada en ese jodido escritorio, la quería sobre su estómago o su espalda. Todas eran buenas opciones. En un abrir y cerrar de ojos vuelvo a convertirme en una masa de carne y necesidad..

—Estoy esperando, John.

"Hijo de su… mala madre."

Apretando los dientes con frustración, me aparte de ella como si quemara. Se puede estar agradecido y cabreado al mismo tiempo. Soy una prueba viviente.

—Te lo diré cuando pueda pensar con claridad.

La débil carcajada de Tanya me descoloca un poco. El sonido es amargo, triste.

—Si pensaras con claridad alguna vez, no estarías aquí conmigo.

El comentario aviva el recuerdo de los últimos días. Había pasado horas diseñando un plan para derrumbar sus murallas de una buena vez y justo cuando tuve una idea decente y quise compartirla, ella no estaba. ¡Pufff! Se esfumó, llevándose mi tranquilidad junto con ella. La idea de adonde estaba o con quién o si iba volver a verla otra vez no dejo de atormentarme en ningún momento. La vulnerabilidad de la espera; la posibilidad de ser abandonado se sintió tan… familiar.

"Tan detestablemente familiar."

Mis manos tiemblan y la cosa dentro de mí se sacude, pataleando.

—Puede que tengas razón—.concedí entre dientes, sonriendo forzadamente—. Será mejor que lo medite con la almohada.

Levanto mi chaqueta del suelo sin mirarla y camino hasta la puerta. Mi piel hormigueaba, la presión en mis pantalones era terriblemente incómoda y me sentía expuesto. Tenía que salir de ahí antes de ponerme en una posición más vulnerable de la que estaba.

Justo cuando giro la manilla, la escucho murmurar:

—Tienes hasta la media noche.

—Tú también, Tanya—.No me gustaba nada lo débil y extraña que sonó mi voz al decir su nombre, había en ella algo nuevo, algo crudo, algo desesperado. —Tú también.

Dicho eso, salí de la habitación.


Caminé al baño más cercano mientras Zachary me daba una cantaleta sobre respetar casas ajenas y no manosear a la sobrina de su jefe.

"Bla, bla, bla…"

Cerré la puerta en su cara.

Amo a Zack. Siempre lo haré pero no estaba de humor para un regaño. Ahora que lo pienso, andaba muy corto de paciencia últimamente. Mi hermano debió haber percibido que estaba segundos de enterrarlo en el jardín de Esme porque no dijo palabra alguna mientras esperaba afuera. Me alegro por eso. Necesitaba tiempo para tranquilizarme.

Lavé mi cara y mis manos, intentando sacudirme la calentura. No funcionó. Aún podía olerla en mí, aún podía sentir su sabor en mi boca, y cuando cerraba los ojos, podía recordar lo bien que se sentía contra mi cuerpo. Nunca fui bueno esperando que lo que deseo simplemente suceda. Retrasar mi satisfacción sexual era complicado porque, aparte de ser un creatura hormonal con una libido gigante, soy un hombre impaciente. Margaret suele decir que Dios tiene un tiempo exacto para todo. Una vez más he confirmado que él y yo no estamos sincronizados.

Después de hacer respiraciones tan profundas que mis pulmones dolieron un poco, me resigné tener una erección el resto de la noche. Salí del cuarto de baño, sintiendo la piel hipersensible bajo mi ropa. Estar vestido era malditamente incómodo ahora mismo. Había escuchado que las drogas estimulantes como el éxtasis provocaban estos efectos en las personas. Esto es nuevo para mí, ella… lo que me hacía sentir era físico y emocional. Era fuerte y debilitante al mismo tiempo.

Estoy jodido a tantos niveles y ninguno de ellos era al que mi cuerpo quería ahora mismo.

Cuando giré por el pasillo para volver al pasillo, me encontré con mi hermano. Estaba recostado a la pared con una mirada contrariada en la cara.

—Tengo el presentimiento que me espera una venganza apoteósica.

— ¿Te preocupa que no te deje estar a solas con Leah nunca más?

El desgraciado hace una mueca.

—No sabía lo que estaban haciendo—replica con urgencia—. ¡Ni si quiera sabía que estabas acompañado! Además, prometiste que no me dejarías solo durante la fiesta.

— ¿No puedes estar solo por 5 minutos? —.gruñí cabreado.

Mi frustración sexual se estaba trasladando en forma de rabia. Eso no era bueno.

—Llevabas más de 15 minutos arriba, Jack. Los invitados empezaban a preguntarse dónde estabas—se cruza de brazos, resoplando—. Además, sabes que no me gustan estos eventos pero dejaste que me involucraran. No tienes derecho a quejarte.

—Es una fiesta de cumpleaños, no una ejecución. ¡Relájate, Zacharias!

Frunce el ceño.

— ¿Así como te estás relajando?

"De acuerdo. Me atrapo en esa."

No había musculo en mi cuerpo que estuviera laxo. Me pasé las manos por el cabello, conteniendo por lo mínimo el impulso restregarme contra las paredes desesperadamente para aliviar un poco mi ansiedad de contacto. Sin nada inteligente que decir y pocas cosas apropiadas que hacer, me quede ahí, mirándolo con desgana.

—Es raro que retrases tu satisfacción—dice como si yo no me hubiera dado cuenta aún—. ¿En serio crees que la abstinencia te llevará a algún lugar con Tanya?

No deseaba discutir eso ahora, no en esta casa repleta de oídos agudos y curiosos. Además, tenía asuntos urgentes que atender. No podía bajar con mis hormonas despiertas y enojadas. No podía arriesgarme a dejarme llevar por mis instintos. Estaba tan caliente que la idea de proponer una urgía no era tan mala.

— ¿Necesitas una mano?

Fruncí el ceño.

—No estoy tan desesperado.

—No seas idiota. —dice con voz sorna—.Sabes a lo que me refiero.

Lo sabía y no me gustaba recurrir a eso. No en la dirección que mi hermano estaba sugiriendo. Compartir y disipar nuestras emociones por el tacto era una práctica recurrente antes de ser dejados de lado por nuestra progenitora. A partir de entonces, me rehusé a compartir con él todo lo que no fuera seguridad y calma. Mi hermano ya tenía suficiente con sus propias inseguridades y temores como para yo transferirle los míos.

—Vamos, sólo por esta vez—insiste, estirando su mano hacia mí amistosamente—.Considéralo un regalo especial por nuestro vigésimo quinto aniversario.

—Pudiste haber mejorado tu sincronización.

Una sonrisa hala de sus labios. Su sincronización siempre ha sido terrible. No estoy exagerando. No es la clase de persona que intenta atrapar a los demás con los pantalones abajo literalmente o figurativamente. Simplemente es bueno en ello.

—Intentaré conseguirlo para cuando tengamos 50.

Mantiene su oferta en firme. Miro su mano por un momento, dudando en tomarla. Poco dispuesto a arriesgarme a cometer una estupidez, estiro el brazo hacia él. Una vez nuestras manos entran en contacto pude sentir la lujuria y el calor infernal drenarse de mí. Su cuerpo se tensa mientras yo me relajo.

La neblina en mi mente se disipa, mi piel vuelve a su estado de sensibilidad normal rápidamente, mi pene está más cómodo en su prisión y yo… después de varios días en el infierno de la incertidumbre y la calentura, vuelvo a sentirme en control.

Esperaba que durara esta vez.

— ¿Qué fue lo que ella…? Olvídalo—añade, negando con la cabeza de forma errática—.No quiero saberlo.

Contengo una carcajada ante su expresión asqueada. Mientras me coloco el saco, recuerdo exactamente que hizo Pastelito. Desapareció por días sin decir nada, regreso luciendo extremadamente sexy, puso en duda mis sentimientos por ella y me dejo claro que no quiere una relación romántica conmigo. Y a pasar de todo eso, doblé mis rodillas por ella.

"—Ju nuk keni lindur për të gjunjëzuar."

[No naciste para arrodillarte.]

La sincronización de los recuerdos de esa mujer era casi tan mala como la de mi hermano. En el poco tiempo que compartimos, mi progenitora se esforzó por transferirnos su profundo desprecio hacia la debilidad. No pudo implantar del todo sus ideales radicales en nosotros pero uno que otro dejó caló profundo en mí.

— ¿Qué sucede?

Más profundo de lo que estaba dispuesto a admitir.

—Nada importante.

Compartimos una mirada de soslayo. Sé que no me cree pero me conoce lo suficiente como para no presionarme por información ahora mismo.

—Entonces, volvamos a la fiesta antes de que Alice venga a buscarnos.

—Oh, ¿le tienes miedo a Alice Cullen? —bromee un poco pero sus ojos se fijan en mi con seriedad.

—Cualquiera que haya conspirado para lograr todo esto, es digno de recelo.

No pude evitar reír. La idea de que alguien del tamaño, contextura y personalidad de Alice pudiera intimidar a mi hermano era demasiado divertido.


Al regresar a la fiesta fui incapaz de involucrarme en las conversaciones que iban y venían. Estaba demasiado ocupado buscando a Pastelito con la mirada, devorándola con los ojos cada vez que la encontraba. Ella mantuvo su distancia, siempre en la compañía de Rosalie - la única persona que superaba en malestar a mi hermano con respecto a esta fiesta. Era obvio que Tanya me estaba evitando con la misma persistencia con la que yo lo hice horas antes.

¿Una pequeña venganza? Bueno, supongo que lo merezco.

El problema es que empezaba a creer que lo que sucedió arriba había sido producto de mi calenturienta imaginación o peor, otro error de su parte, otro momento de debilidad.

Intenté ahogar esos pensamientos con alcohol pero sólo había un problema con ello, mi metabolismo de mierda lo hace imposible. Mi humor empeoraba conforme la fiesta avanzaba. Ni si quiera Kayla, quien se había mostrado bastante tolerante a mi parcial atención, pudo soportar los pesados silencios y mi compulsión por mantener mi copa llena.

Justo estoy por ir a llenarla cuando Emmett Cullen, Embry Call y mi madre me acorralaron en una esquina. Ella había alcanzado el punto en que comienza a rebelar los eventos más vergonzosos de nuestra niñez. Lo que para mí es vergonzoso, para Margaret es tierno. Los chicos estaban extasiados con mi evidente incomodidad. Como puede suponerse, rápidamente la situación se volvió insostenible.

—Entonces, correteaban descalzos por el vecindario. —la diversión teñía la ronca voz de Embry.

Mi madre asintió enérgicamente.

—Eso no era nada comparado con su desprecio por los pantalones—repone mi madre, viéndose muy alegre mientras entregaba mi cabeza a las hienas—. La directora de la escuela amenazó con expulsarlos más de una vez por enseñar sus partecitas.

—Sus partecitas…. —repite Emmett de forma jocosa.

Rodeé los ojos.

—Debió ser muy difícil corregir ese hábito. —supone Embry sin ocultar su sonrisa.

—Lo fue. Siempre había que vigilarlos—.suspira Margaret—.Se quitaban los pantalones en cuanto tenían la oportunidad.

Un brillo malicioso enciende los ojos de Emmett.

—Entonces, siempre ha sido difícil que mantengas los pantalones puestos, ¿eh?

Le lancé una mirada que esperaba que el Tanque Cullen considerara amenazante. Su sonrisa se extendió. Sentí molestia pero sobre todo pena por Tanya. Si este tipo estaba fastidiándome con esa clase de comentarios frente a mi madre, no puedo imaginar lo que le espera a Pastelito cuando me vaya. Una risita contenida de Embry me hizo sospechar que era consciente del contexto detrás de aquel comentario.

— ¿Qué tenías contra los pantalones? —pregunta el chico antes de que yo tuviera la oportunidad de indagar.

—Me hinchaban las pelotas justo como ustedes dos ahora mismo.

— ¡John!

La reprimenda de Margaret, aviva las carcajadas de mis burlones amigos. Rodando los ojos, me retiré para que las hienas terminaran de devorarme. Pocas cosas podía decir para mantener mi dignidad de todos modos.

Siete pasos y medio después me encontré de frente con la mente siniestra detrás del evento. Me enteré menos de 24 horas antes. Conseguí la confesión de Shawn tras encañonarlo en el baño del precinto. Estaba actuando tan raro que pensé que había asesinado a alguien o algo así. Lo desconcertante fue que ni si quiera había pasado un minuto desde su confesión cuando Alice ya estaba llamado a mi móvil, pidiéndome que ir a su casa al día siguiente para arreglar mi traje -traje que me regaló junto a los zapatos. Todo parecía haber sido fríamente calculado.

— ¿Te gustaría salir a caminar conmigo?

No estaba seguro de ser una buena compañía ahora mismo para alguien pero una ola de optimismo choca contra mí de imprevisto. Bueno, puede que yo no sea una buena compañía pero Alice lo era. Tras compartir una mirada rápida con su rubio acompañante y recibir una pequeña sonrisa de su parte, acepté.

Jasper tomo mi copa y su esposa mi brazo, arrastrándome hacia la salida más cercana. Me sorprendió un poco ver que Jasper se quedara adentro pero no pensaba quejarme. Él me desconcertaba un poco. Tal vez sea la combinación de su silencioso comportamiento, la mirada indescifrable y las cicatrices en su rostro. Su presencia contrastaba tanto con su esposa que me sorprendía que estuvieran justos. La mujer en cuestión se veía tan frágil y amigable en su vaporoso vestido de los años 20.

Caminamos hasta el parqueo improvisado a las afueras de la casa. No habían personas alrededor, todos estaban adentro o revoloteando en el jardín de Esme. Afuera estaba a un par de grados. Me quite la chaqueta y lo puse alrededor de sus pequeños hombros sin decir nada. Alice sonríe en agradecimiento. Al ver que ella no daba indicios de querer hacerme saber porque quería que saliéramos a caminar, inicié la conversación:

—Aún no he podido descifrar cómo orquestaste todo esto, ¿sabes?

—Tengo mis medios pero pienso que pude haberlo hecho mejor, —.afirma con una sonrisa misteriosa—. Me superaré a mí misma en la fiesta de Nessie.

Parpadeé sorprendido.

— ¿Nessie cumplirá años pronto?

—El 11 de setiembre—.revela sin pestañar—Como podrás imaginar, tengo reservado el derecho a organizar cualquier evento importante en la familia.

—Alice, no puedes hacer algo así todos los años.

Sus ojos se encienden divertidos.

—Claro que puedo.

—Olvida la logística—comenté, pues estaba claro que es capaz de hacerse cargo de lo que sea—. ¿Quieres dejar a tu familia en la quiebra?

No quiero ni imaginar cuánto dinero estaba invertido en este evento. Pensar en que piensa hacer algo aún más grande para Renesmee era un poco chocante.

—El dinero no es un problema.

Aquello pinchó mi curiosidad.

— ¿A qué te dedicas, Alice?

Ahora que lo pienso, desconozco a qué se dedica Tanya. Es una de las muchas cosas que tendré que preguntarle si acepta el trato. Campanita se encogió de hombros.

—Hago inversiones a largo plazo en la bolsa.

—Te imaginaba haciendo algo más creativo—admití, relajándome un poco—. Diseñando ropa u organizando bodas o algo así.

—Esos son mis pasatiempos—.admite con entusiasmo—. ¿Cuáles son los tuyos? Ya sabes, además de atormentar a Tanya.

Sonreí un poco.

—No lo llamaría un pasatiempo pero acepto que es una práctica recurrente.

— ¿Sueles hacer lo mismo con las otras mujeres con las que sales?

Incliné la cabeza hacia un costado, sin entender.

"Alice y el resto de los Cullen están enterados de mi dinámica con Tanya, ¿no?"

—No estoy saliendo con nadie. —repliqué, ganándome una ceja arqueada de forma discrepante. —Técnicamente, Tanya y yo no estamos saliendo.

—Técnicamente, lo están. —señala como si fuera un hecho.

Me encogí de hombros y miré hacia el cielo ennegrecido.

—Es una cuestión de perspectiva supongo.

— ¿Es tu relación con Jessica Stanley una cuestión de "perspectiva" también?

Mi garganta se cerró ante la mención de ese nombre. Mis ojos amenazaron con salir disparados de mi cráneo. No me atreví a mirarla.

— ¿La conoces? —intento sonar desinteresado pero mi sorpresa me traiciona.

—Sólo hay una preparatoria en Forks, Jack.

Hice una mueca al recordar aquello. La espantosa posibilidad de que Alice y Jessica fueran amigas o peor, que Jessica fuera amiga de Tanya, me provoco deseos de regurgitar el champan y los bocadillos de salchicha y queso que había ingerido minutos antes.

—Relájate, Jack. Tuve el presentimiento de que hubiera sido una terrible idea invitarla a venir hoy—comenta con ligereza. Campanita tiene una forma bastante curiosa de lograr lo que quiere; primero te pone en jaque y luego lo pide amablemente: — ¿Me dirás que sucedió con Jessica o deberé enterarme por Tanya?

Por un breve momento, me sentí muy alivio. No parece que sean amigas cercanas. Si lo fueran, Alice no me estaría preguntando porque ya lo habría escuchado de la Señorita Stanley. ¿Tal vez eran conocidas? Considerando la actitud de la mujer ahora mismo, diría que tiene más curiosidad que malas intenciones.

—Salí con ella una vez, antes de conocer a Tanya.

—Y olvidaste dejarle claro que no estabas interesado en más citas. —sugiere como si fuera la respuesta más obvia.

—En realidad, pensé ingenuamente que se daría cuenta por sí misma.

Alice libera una carcajada sorprendida.

—De verdad no conoces a Jessica.

Sonreí un poco.

— ¿Cómo podría? Sólo salimos una vez.

Ella se río y me da una palmadita en el brazo en son de broma. El impacto fue sorprendentemente penetrante. Mi antebrazo se adormeció un poco y estaba seguro que me acaba de dejar un buen moretón pero ella no parecía consciente de ello o simplemente no le importo de cualquier forma, mi sonrisa se amplió.

Alice es rara pero en el buen sentido de la palabra. Ella me agrada.

— ¿Y qué hay de otra chica?—.pregunta sin perder la sonrisa o el tono amistoso. — Mmmm… ¿Kayla?

— ¿Es tan obvio?

Se encoge de hombros.

—Ella lo es.

—No hay mucho que decir—.aseguré, encogiéndome de hombros también—Nos conocimos hace poco.

— ¿Han salido o coincidido en uno que otro lugar?

Entrecerré los ojos, intrigado por aquella pregunta. No me había detenido a pensar en ello hasta ahora. Cada vez que fui al taller de Jacob o a la casa de los Swan, Kayla siempre arribaba o cuando fui invitado a algún lugar relacionado con la Reservación, ella ya estaba ahí. Es un patrón difícil de ignorar pero mi mente había estado demasiado ocupada los últimos días pensando en Tanya y su escapada como para prestarle atención a esos detalles.

Hice una mueca de fastidio.

—Ahora que lo mencionas, creo que no has sido la única que ha estado conspirando a mis espaldas los últimos días.

Como si no tuviera suficiente con Jessica Stanley y su negación permanente, algunos de mis amigos de la Reservación estaban conspirando para meterme a una niña por los ojos. No podía imaginarme a alguno de ellos actuando por su cuenta a espaldas de los otros. No. Esto es trabajo en equipo altamente sincronizado. Tendría que averiguar quién es el cabecilla para desarticular el operativo de raíz.

Cuando regresé mi atención a Alice, ella tenía expresión vacía en su rostro. Estaba mirando en mi dirección, pero no me estaba mirando realmente. Di un paso hacia ella, preocupado. Puse mis manos sobre sus pequeños hombros.

— ¿Alice, estás bien? —pregunté, inclinándome un poco para buscar su mirada perdida.

La susodicha parpadea rápidamente un par de veces.

—Por supuesto—comenta rápidamente—. Sólo estaba pensando en que serviremos la próxima vez que nos visiten. ¿A tu familia le gusta la comida italiana?

Asentí lentamente, aunque sin entender su línea de pensamiento.

Carlisle Cullen había sido clave para éxito de esta operación. El jefe de mi hermano había invitado a nuestra familia a cenar como una fachada para atraer a Zachary al inmueble. Carlisle, al notar la cara de pánico de Zack al darse cuenta de la situación, se sintió algo culpable y Esme, siendo una maravillosa persona, quiso subsanar la situación para ambos hombres. Aquello se tradujo en una invitación a cenar la próxima semana.

Horas antes de la invitación le había dicho a Tanya que le daría su espacio, pero ¿quién podía rechazar la amabilidad de Carlisle Cullen o a su adorable esposa? Nadie puede negarse a Esme sin sentirse como una mierda después. Ella es un arma infalible de persuasión.

—Bien. Italiana será.

Sonreí un poco.

— ¿Podrías al menos terminar de disfrutar esta fiesta antes de empezar a planear esa cena?

—Podría… —dice con sus labios curveándose en una sonrisa radiante— Si prometes ser un buen chico y no atormentar a Tanya hasta que la cena se lleve a cabo.

No sé porque pero hay una parte de mí que sospecha que Alice Cullen ya conoce la respuesta a esa solicitud.

Le dedique la mejor de mis sonrisas.

— ¿Vino tinto o blanco?

Su suave risa se extiende por el espacio libremente. Las pequeñas campanadas resuenan mágicamente en mis oídos.


Mi humor mejoró después de hablar con Alice pero no apagó mi ansiedad. Después de llenar mi copa por vigésima vez en la noche, me encontré lanzando miradas a las 12 en punto recurrentemente. Ahí estaba Tanya junto Rosalie y sorpresa, sorpresa… Annie. Mi sobrina estaba sobre el regazo de Pastelito, conversando animadamente con la rubia mientras que la pelirroja la peina con una trenza estilo Lagertha de Vikingos. Al parecer a la rubia le agrada mi sobrina tanto como yo le disgusto, lo cual es muchísimo. En fin, ya había perdido la cuenta de cuantas veces me encontré deseando que la Pastelito mirara hacia mí.

Es casi… patético. Nunca pensé llegaría a utilizar aquella palabra para referirme a mí mismo pero es un adjetivo bastante preciso. Me estoy deshaciendo por una mujer que está desesperada por sacarme de su sistema o lo estaba hace unas horas. Ahora no estoy seguro si lo que dijo fue por el calor del momento o simplemente me estaba tomando el pelo. De lo único que estaba seguro es que me siento necesitado y patético.

Y me detesto por eso pero no puedo evitarlo.

Ella es mi cielo y mi infierno en un envoltorio delicioso. El escote elegante que acentuaba la suave piel del cuello y las clavículas y la tela roja pegándose perfectamente a esos pechos increíbles. La falda le llegaba justo por debajo de los tobillos y era lo más sexy que había visto en mi vida. No era provocativo en sí mismo, pero había algo que mantuvo fantaseando con quitarlo con los dient...

—Jack, irás conmigo, ¿cierto?

Pestañé hacia la chica, repentinamente consciente de donde estaba. Había evitado participar activamente de cualquier conversación pero de alguna forma terminé en medio de una discusión entre Nessie y Jacob.

—Eh… ¿A dónde quieres ir exactamente?

—A Cherry Bomb —contesta Jacob con repulsión—. Ya le dije que ese tipo de ambiente no es para ella y que no se está perdiendo de nada al no ir.

No sé cómo lo logró. Jake sonó más como un padre deseando proteger a su hija del mundo exterior que un potencial novio. Una salida al mejor bar de Port Angeles era una oportunidad de oro para que Jacob intente avanzar un par de casillas en su relación con Ness. Le daría la oportunidad de hacer una que otra cosa sin la supervisión continua de los Cullen, en especial los ojos de si-la-tocas-te-mato de Edward. No entiendo porque rechaza la idea.

Miré a los ojos esperanzados de Nessie y luego busqué la mirada opresiva de Jake, y después, volví a mirar hacia la chica.

— ¿Te parece bien mañana a las 7?

Ambos me miraron boquiabiertos por un momento aunque por razones muy distintas.

— ¡Por-Por supuesto!

—Genial—dije antes de mirar de reojo a Jacob. El hombre proyectaba un intenso deseo de partirme en dos ahora mismo. Sonreí ampliamente—. ¿Me recogerás antes o después que a Nessie?

Una vena en su mandíbula palpitó. No había forma de que este hombre me permita llevar a esa bella e inocente chica a un bar repleto de lobos hambrientos por carne fresca. Será divertido ver cómo se las ingeniará para salir de ahí sin traspasar los límites de la friendzone.

—Después, Jack—escupe entre dientes, sus manos forman puños de forma intermitente—. Después.

— ¿Por qué no ahora? —reté con las cejas arqueadas.

Chocar puños un rato y liberar un poco de testosterona no era una mala idea. Sin duda necesitaba liberar algo de mi estrés y ya que la usual ruta de escape está actualmente cerrada –el sexo-, debía ponerme creativo.

— ¿Por qué no se lo preguntas tu misma?

La voz de Tanya se eleva y me distrae de la potencial amenaza que es Jacob Black ahora mismo. Observo sin parpadear como un mar de personas se abre poco a poco para permitirle desplazarse con mi sobrina en brazos. A pesar de lo delgados que son sus brazos, no parece tener problemas para cargar a Annie. Se mueve con garbo, tanto garbo que deseo aplaudir. Sus ojos están sobre mí y los bocadillos que había ingerido se sentían extrañamente ligeros, como si estuvieran flotando y chocando unos con otros contra las paredes de mi estómago.

Cuando entro a su alcance, la niña hala de mi saco, demandando mi atención.

— ¿Jacky?

— ¿Sí?

— ¿Vas a morir?

En algún lugar detrás de mí podía escuchar a varias personas ahogándose con sus bebidas. Sonrió para ella.

—No pienso morir pronto, pequeña ogra.

—Tía Sami dijo que si no te casas pronto, morirás solo—.bueno, al parecer alguien estuvo escuchando a escondidas mi conversación de esta mañana con Samira. El hecho que llame a mi mejor amiga y terapeuta "Tía Sami" sigue siendo desconcertante porque a mí no me llamaría tío ni aunque su vida dependa de ello—.Entonces, ¿cuándo te casarás?

"Wow."

—Algún día supongo.

La niña estaba mortalmente seria cuando negó con la cabeza.

—No puedes esperar a ponerte viejo—colocó sus manitas sobre mis hombros—. Necesitas casarte pronto para tener hijos.

La risa a penas contenida de Jacob me dijo que su humor empezaba a mejorar. Aquello era malo para mí.

— ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

La niña me mira como si yo fuera un idiota.

—Si no te casas, no podrás tener bebés.

Eso sonaba familiar... y muy conservador.

Lancé una mirada al otro lado de la habitación, justo a donde se encontraba Margaret. Había cambiado a los carroñeros de Embry y Emmett por los bondadosos de Esme y Carlisle. Estoy tan feliz de que ninguno de ellos ande por aquí ahora mismo. Volví a mirar a la niña.

—El matrimonio no es necesario para tener hijos, Annie.

—Oh—.dice algo confundida, inclinando un poco la cabeza hacia Tanya—Entonces, ¿pueden tener bebes sin casarse?

La pelirroja volvió la cabeza hacia mí de golpe, con una expresión de que-carajo-le-has-estado-diciendo-a-tu-sobrina en los ojos. Lo escalofriante de todo esto es que no le he dicho nada. Para hacer más incómoda la situación, las miradas expectantes de Jacob, y Nessie iban y venían entre nosotros. Aquello parecía un hábito recurrente cuando Pastelito y yo interactuamos en un lugar público.

— ¿Por qué te interesa el matrimonio y los bebés? —pregunté a mi sobrina, esquivando la pregunta—.Tienes 6 años. Aunque quisieras no podrás casarte o tener hijos hasta dentro de muchos años.

"Muchísimos años."

No parecía segura de cómo responder aquello por lo que supuse que la ronda de preguntas incomodas había terminado.

—Creo que Annie tiene razón. Ya estás en edad de sentar cabeza, Jack—comenta Jacob, luciendo malditamente despreocupado—. Tal vez deberías darle un primo con quien jugar, Jack.

Los ojos de Annie se iluminaron, maravillada con la idea.

—Un primo…

"Judas Black me ha vendido."

—Annie, no creo que sea una buena idea.

— ¿Por qué? —no espera a que le responda. Se gira hacia Pastelito con ojos grandes e inocentes—. Cuando las personas se aman, hacen bebés, ¿cierto, Tanya?

Esa pregunta fue maquinada desde la inocencia pero el hecho de que se lo haya preguntado precisamente a Pastelito, me recordó que la pequeña ogra era demasiado perceptiva para su propio bien. Al cabo de unos largos segundos de incómodo silencio, la pelirroja asiente con una sonrisa tensa. Siento a la niña girándose hacia mí, rebosante de confianza pero yo seguí mirando a la pelirroja.

— ¿Ves?

Casi podía leer su mente: "Quiero un primo. ¡Ahora!".

—Es complicado. —digo, sin saber qué otra cosa añadir.

— ¿Por qué? ¿Cómo se hacen los bebés?

Por tercera vez, en menos de cinco minutos, una niña de 6 años me desarma. Annie conoce los ingredientes pero no los tecnicismos detrás de la procreación y mientras dependa de mí, así seguirá. Dios sabe que no tendré esa conversación con ella. Para eso están sus padres, aunque su madre no ande por aquí por el momento…

Entonces, tuve una brillante idea para salir de esta situación.

Estiro mis brazos hacia el pequeño engendro y de inmediato, aunque sin entender, posa sus brazos alrededor de mi cuello. La abrazo contra mi cuerpo, mirando la pelirroja con una sonrisa. Pastelito me observa con cautela, como si supiera lo que pasaba por mi cabeza.

— ¿Ves a esa mujer de vestido azul que está bailando con tu papi? —susurro en su oído, consciente de que su padre y Leah estaban justo frente a su campo de visión ahora mismo.

— ¿Leah? —murmura confundida.

—Seah, Leah. —confirmé, alejándome un poco para mirar a mi sobrina a los ojos antes de soltar la bomba: —.Ella y tu papi saben más que yo sobre cómo hacer bebés. ¿Por qué no les preguntas?

La niña parpadea un poco, antes de asentir con entusiasmo. En cuanto la puse en el suelo, Annie se fue rápidamente hacia donde su padre y su futura madrastra se devoraban con los ojos.

"Oh, tan inocente…. No tienen idea de lo que estaba por caerles encima."

—Tendrás que dormir con un ojo abierto después de esto—.advierte Jacob, el fatalista.

Me encogí de hombros, mirando fijamente a Tanya,

— ¿Qué es la vida sin un poco de emoción en ella?

Los deliciosos labios de Pastelito se curvearon un poco. El distractor calor del cuerpo lánguido de Nessie atrajo mi atención. Ella se recostó a mi hombro.

—Dudo que Zack y Leah lo vean de esa forma.

Su temperatura era alta en comparación a la mía pero extrañamente reconfortante también.

—Ya veremos—digo mientras vuelvo mi atención hacia mis familiares.

Annie ya estaba formulando su petición.

La expectativa de los testigos alcanza su clímax cuando presenciamos como tanto la sonrisa de Leah como la de mi hermanito se congelan y sus rostros adquieren un color rojo casi irradiante. Mis acompañantes se ríen con carcajadas, ganándose las miradas extrañadas de quienes nos rodean. Mis ojos; sin embargo, estaban únicamente sobre Pastelito.

Sin la sombra de la desconfianza o la cautela, se veía tan… despreocupada… Tan libre. Me gusta verla así. Me prometí darle más momentos así. Bueno, se los daría si me da la oportunidad, si acepta al menos uno de los tratos… si me deja acercarme a quien ella es realmente.

—Jacky dijo que…

"Uh-Uh"

Rara vez termino bien parado cuando Annie comienza una oración con la frase: "Jacky dijo que…". Y con una mirada rápida hacia mi hermano, supe que esta no sería una excepción.


Cuando la fiesta está por llegar a su fin, me escabullí al patio. La familia anfitriona se estaba encargando de las despedidas formales así que no era necesario quedarme en el ojo de la atención por más tiempo. Caminé hasta que los sonidos de la casa se acallaron un poco. Había sido una noche divertida pero agotadora. La atención incesante siempre resulta agotadora.

—Ya pasó la media noche y aún no me has dicho que es lo que quieres.

Mi corazón da un salto. Una intensa ola de sentimientos me golpean cuando al voltearme encuentro a menos de un metro de mí. No la escuché aproximarse. Ella mira más allá de mí, hacia la oscuridad del bosque. Su peinado elegantemente elevado, alargaba más su cuello, levantando la interrogante de cómo se sentiría morderla justo ahí. Duramente. Había sido una de mis fantasías recurrentes durante la noche, una que las muchas.

Definitivamente, todo era mucho mejor antes de saber lo que me estaba perdiendo. Por muy horrible que fuera entonces, ahora era un millón de veces peor ya que podía imaginar lo delicioso que sería...

Sus ojos dorados se fijaron en mí, cortando la fogosa línea de pensamiento.

—Tampoco me has dicho si aceptas el otro trato o no.

—Si lo acepto, ¿me dirás lo que eres?

Parpadeé. Ahí estaba esa pregunta de nuevo. Otra vez, por el modo en que me miraba, parece estar repasando en su cabeza una lista de posibilidades. Me preguntaba que ideas rondan su mente, cuáles eran esas posibilidades. Parece que Tanya tiene conocimiento del que Zack y yo carecemos pero aun así desconoce lo que somos. No podría saberlo.

Ni si quiera nosotros lo sabemos.

—Te diré lo que sé mientras respetes los términos.

Fingir saber más de lo que realmente sé es algo que se me da bastante bien pero era consciente que en cierto punto no podría responder muchas de sus preguntas. Ese trato, el primero que ofrecí, era lo más diplomático a lo que podíamos aspirar para lidiar con los secretos entre nosotros hasta que confiáramos lo suficiente en el otro.

—De acuerdo. Lo acepto. —declara con firmeza.

"Va uno. Falta el otro."

Respiré profundamente, intentando no lucir tan aliviado como me sentía.

— ¿Aceptas el otro también?

—Depende de qué quieras. —replica con renovada cautela.

— ¿Es mucho pedir que aceptes sin saberlo? Es mi cumpleaños y no me has dado un regalo aún…

—Todavía no te he estrangulado, Jack.

No puedo evitar la sonrisa que viene a mis labios. Aguda. Rápida. Tengo que pensar antes de hablar con ella.

—Al menos podrías haberme dado el tarro anti-cinismo que prometiste.

—Oh, estupendo. No sólo padeces de un oído selectivo, también tu memoria altera la realidad— Pastelito negó con la cabeza, sonriendo. Joder… no había estrella más brillante que ella—.El tarro fue una sugerencia.

No tiene miedo a exponer su punto y defender su posición pero ahora está siendo más accesible, amistosa. El extraño sentimiento de completa adoración me abrumó y quise besarla. No porque ella sea la mujer más hermosa del mundo, y lo es, o porque yo la deseara desesperadamente como lo hago sino porque quería demostrarle mi afecto de alguna manera.

—Entonces, ¿qué me darás para mí cumpleaños?

—Ya te di algo―.susurra, convirtiendo su sonrisa amistosa en una devora hombres ―.Te permití saborearme. ¿Acaso ya lo olvidaste, cumpleañero?

La sangre corrió tan rápido hacia mi cara que pensé que iba a tener un derrame facial. Mi corazón se aceleró bruscamente recordando la sensación de mis manos sobre ella, de mi boca sobre ella… Los momentos previos estaban teñidos de enojo y lujuria pero recuerdo claramente habérselo pedido. Joder… No fue sólo eso. Había expuesto mi necesidad; había expuesto mi debilidad por Pastelito.

—Bueno, el marcador va 1 a 0. —añadí, en un esfuerzo por recobrar algo de control sobre la situación.

— ¿Eso es lo que quieres? ¿Reciprocidad en todos los sentidos?—se detuvo por unos segundos, dejándome arder en mi propia incertidumbre. Estaba a un "no" de ponerme en posición fetal y sentir mucha autocompasión.—.Mientras el trato esté en pie y respetes mis términos, yo respetaré los tuyos.

Dos victorías me proporcionaron confianza para tantear sus límites.

—Si agregas tu número de teléfono, lo consideraré.

Niega con la cabeza, pero una sonrisa se filtra.

—Estás tentando tu suerte, Jack.

—Las formas más efectivas para comunicar al otro nuestra disponibilidad son el móvil y la telepatía—. me esforcé por sonar lógico, en vez de emocional—.No sé leer mentes, ¿tú sí?

No responde inmediatamente. Por un momento pensé que diría que sí. Nada me parecía demasiado descabellado últimamente.

—De acuerdo, pero será exclusivamente con ese fin—.aclara con firmeza—. Sin mensajes de "buenos días" o "ten un buen día". Tampoco llamadas ociosas para preguntarme cómo estoy o qué estoy haciendo.

—Bien.

— ¿Bien? —repite con ojos entrecerrados.

—Sí, de acuerdo. Sin mensajes ni llamadas que delaten que me importas. Entiendo…—Ya encontraría otra forma de utilizar la tecnología a mi favor—.Ahora sólo debemos abrazarnos para cerrar el trato.

— ¡¿Qué?!—.exclama con voz extrañamente aguda, justo como cuando la tomaba con la guardia baja—. ¡Por supuesto que no!

Su reacción fue tan exagerada que cualquiera que nos estuviera viendo pensaría que acabo de pedirle que me masturbara un poco en medio del bosque. Me sorprendió lo incomodo que me hace la idea de que para ella sea aceptable tenerme entre sus piernas pero no compartir pequeñas muestras de afecto. Poco dispuesto a ceder más de lo que ya lo había hecho, estiré ambos brazos a los costados tanto como me fue posible.

— ¿Vas a negarle un abrazo amistoso al cumpleañero? —pregunté, dando un paso hacia ella.

Ella retrocede, como si yo fuera un animal apunto de atacarla.

— ¿Vas a usar la carta del cumpleañero conmigo? ¿En serio?

Sonreí pero me quede ahí, inmóvil con los brazos extendidos hacia ella.

— ¿Puedes culparme, Pastelito?

—Tienes que dejar de llamarme así.—exige exasperada.

—Eso no pasará,— hice énfasis en el sobrenombre—Pastelito.

Me fulmina con la mirada.

—Eres un... eres como un... niño.

Podría discutir aquello haciendo un comentario sobre mis "partecitas" pero aquello era innecesario. Si Tanya me considerara un niño no habría aceptado ninguno de los tratos que propuse. Si ella realmente pensara que soy insoportable, no me habría dejado poner mi boca sobre ella. Si ella realmente no quisiera estar conmigo, no estaría aquí. Conmigo. Después de un rato, rueda los ojos exasperada pero se acerca a mí.

Me rodea con sus delgados brazos y reposa su frente sobre mi pecho. Mis brazos la rodean automáticamente, deseando ahuyentar la frialdad de la noche de su cuerpo.

— ¿No fue tan difícil o sí?

—мудак. —murmura contra mi pecho.

Me reí, hundiendo mi nariz en su cabello rubio-fresa. No sabía que significaba esa palabra y tampoco importaba. Aunque la situación no era del todo lo que yo quería, estaba satisfecho con el progreso de hoy. Esto era suficiente.

Por ahora.


Una vez volvimos a casa el cansancio acumulado de días anteriores comenzó a afectarme. Mi hermano por otra parte, al tener sus brazos ocupados con su niña durmiente, tuvo que retrasar mi ejecución para acostar a su vástago. Aproveché el breve momento de paz para lanzarme sobre mi colchón y cerrar los ojos. Más rápido de lo que deseaba, escuché los pasos de Zacharias acercarse a mis aposentos y luego a mi cama… Entonces, ocurrió un milagro. Mi hermanito no intenta romperme las piernas o el cuello por lo que supongo que está demasiado cansado como para pelear o ya perdió la motivación.

—Eres un idiota. —dice justo antes de dejarse caer a mi lado.

Su hombro choca con el mío. Hubo un tiempo en que cabíamos en una cama individual, ahora somos demasiado grandes como para compartir la cama matrimonial.

—Tienes que buscarte nuevos insultos. Ese se está volviendo viejo.

—Seguirá estando vigente mientras sigas haciendo estupideces—.señala con las orejas y mejillas rojas—. Espero que te hayas divertido con tu represaría.

—Oh, aquello no fue una represaría. — "¿Por qué me vengaría si evito que le diera a Tanya justo lo que quería?" Había postergado ese momento y eso no lo habría hecho sin su colaboración—.Sólo quería evitar una conversación muy incómoda con tu pequeño engendro.

— ¿Redireccionando la incómoda conversación hacia mi novia?

—Se la habría pasado a Lucy de haber estado presente. —aclaré, imaginando a la ex de mi hermano fulminándome con sus enormes ojos azules.

Suspira resignado, clavando su mirada ceñuda en el techo.

— ¿Cómo es que aún no te he estrangulado?

Me reí un poco.

—Creo que Tanya también se pregunta lo mismo.

Después de un rato, vuelve a mirarme.

—No entiendo porque te apegaste tanto a ella—señala con evidente sorpresa—.Esme me dijo que se irá en un mes.

"¿Qué?"

—Oh, no lo sabías. —susurra con ojos muy abiertos.

No oculté mi reacción. No puede hacerlo. Fui incapaz de controlar la repentina oleada de desesperación que me recorría el cuerpo. Había logrado un avance pero me había engañado al pensar que era suficiente. Nada será suficiente mientras ella aún considere marcharse y la única referencia que tenía era el cumpleaños de Renessme: el 11 de Septiembre. Me despedí de las horas de reposo que ingenuamente pensé que tendría esta noche.

— ¿Por qué ella? —.pregunta Zachary de la nada, ganándose mi mirada confundida—. Quiero entender qué la hace diferente todas las demás chicas con las que te has involucrado.

—Ella es diferente—.confesé, sintiéndome algo aliviado al decirlo por en voz alta—.Es el tipo de mujer que se da su lugar, ¿sabes? No se conforma con menos de lo que desea ni se acongoja al decir lo que piensa. Es determinada y de alguna forma consigue que yo ceda todo el tiempo. Siempre estoy pensando en ella. Es como si en el momento en que nos separamos, estoy deseando verla de nuevo.

—Puedo entender eso. —admite con una sonrisa boba.

—Por supuesto que lo entiendes. Estás fuera de tus sentidos por Leah.

Me clava el codo en las costillas. Me encogí un poco a pesar de que la sensación era más incómoda que dolorosa.

—El punto es que Pastelito simplemente me sorprende todo el tiempo...—.sonreí de forma sugestiva antes de añadir: —.De muchas maneras...

—No quiero saberlo. —replica de inmediato.

Me reí un poco ante su disgusto. Mi hermano rueda los ojos pero hay diversión en sus ojos. Mientras mis carcajadas se apagan, había olvidado nuestra tradición. Había estado tan concentrado en Tanya y en mis sentimientos locos por ella que lo había pasado por alto.

—Gezuar ditelindjen, Khaled.

[Feliz cumpleaños, Khaled.]

Técnicamente, ya había pasado nuestro cumpleaños pero la intensión es lo que cuenta. Una sonrisa melancólica se forma en sus labios, evocando un recuerdo feliz.

Rara vez utilizamos en nuestro idioma materno, inclusive entre nosotros. Era todavía más raro emplear nuestros nombres originales. Nuestro cumpleaños era el único día en que nos permitimos esa excepción. Se trataba de un breve momento para recordar lo felices que éramos en aquella isla de arena blanca y olor a lavanda. No recordamos el nombre de la isla en que nacimos, aquella mujer nunca nos lo dijo, pero sé que aquel fue el único lugar donde fuimos libres. El único lugar en donde no teníamos que ocultarnos.

—Gezuar ditelindjen, Malek.

[Feliz cumpleaños, Malek.]


¡Hola gente! Espero que estén muy bien y sus familiares también. Lamento muchísimo el atraso con este capítulo. Una semana después de iniciar en mi trabajo (gracias a Dios aún lo tengo), y nos enviaron a todos a la casa para prevenir casos el COVID-19. Esto complico mi adaptación a las tareas y sumo estrés a mis días TT_TT Agradezco su paciencia y comentarios positivos. Espero que el capítulo sea de su agrado pues me costó mucho dejar de editarlo y dignarme a publicarlo XD

Como siempre, comenten por favor.

Nos vemos el próximo mes.

XOXOXO