Disclaimer: los personajes de Twilight le pertenecen a Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Capítulo diecinueve

El viernes por la mañana, Emmett se despertó jadeando. Se quedó observando el techo, parpadeando esporádicamente para comprender el dolor debido a una patada en su vientre y la confusión por haber despertado. Giró su cabeza y sonrió.

Katie estaba riendo, pateando mientras dormía entre Emmett y Jasper. Fue solo un minuto después que Jasper se despertó con un grito, al haber recibido un manotazo en el rostro. Emmett sonrió.

—Cariño, —dijo él, su voz áspera del sueño—. Cariño, despierta. Nos estás dejando morados.

Él apartó suavemente su cabello despeinado de los ojos. Jasper acarició su espalda. Katie bostezó sin abrir los ojos.

—Lo siento, Emmy —murmuró y volvió a quedarse dormida.

Por segunda vez esa mañana, Emmett se sintió como si hubiera sido pateado. Echó un vistazo por encima de la cabeza de Katie y vio reflejada la misma agonía que sentía en los ojos de Jasper. Su esposo estiró un brazo y tomó su mejilla.

Los dos estaban de luto, sus terapeutas habían dicho. Era una muerte. En ese sentido, Emmett y Jasper suponían que tenían suerte. Su bebé no estaba muriendo. Iban a poder verla convertirse en una preadolescente con temperamento, en una adolescente obstinada, y en una hermosa mujer.

Su bebé no estaba muriendo, pero era una muerte. La muerte de sus sueños. La muerte de un camino que habían comenzado cuando entraron en las oficinas de Servicio Social, interesados en convertirse en padres sustitutos con la intención de adoptar. La muerte de una promesa que habían hecho cuando llevaron ese pequeño y delicado bebé a su casa. Jasper no iba a poder ayudarla en sus tareas de matemática avanzada. Emmett no iba a poder avergonzarla con "la charla". No iban a poder discutir cual de ellos la llevaría al altar.

Emmett cerró sus ojos, y Jasper se arrimó, cerrando el espacio entre los tres. Katie murmuró.

—Me están aplastando —se quejó.

Riéndose, Emmett presionó un beso en la frente de Katie y levantó su mirada, buscando a Jasper. Los dos compartieron una sonrisa agridulce.

~0~

Emmett siempre había encontrado reconfortante cepillar el cabello de Katie. Alguien una vez le había dicho que el trabajo de un padre era preparar a su bebé para vivir sin ellos. Una por una, todas las cosas que Emmett y Jasper hicieron por Katie, ella comenzó a hacerlas por sí misma. Solo tenía seis años, así que esa lista era limitada. Aun así, ella se vestía sola, iba al baño sola. Ella podía preparar su cereal y quitar los tallos de apio y zanahoria del refrigerador, junto con los aderezos.

¿Pero esto? Katie no podía hacerlo por su cuenta todavía. Katie se encontraba sentada al borde de la cama y él cuidadosamente desenredaba sus mechones. Jasper no podía hacerlo. Él siempre le hacía gritar. Solo Emmett era lo suficientemente amable.

Él se preguntaba si Edward o Bella tenían ese don.

Emmett tragó saliva fuertemente.

—¿Qué tal una trenza hoy, cariño?

—Está bien.

Su tono le llamó la atención.

—¿En qué piensas?

Ella estuvo callada, pensando.

—Mami y papi van a dejarme elegir todas las cosas para mi cuarto. —Jugó con el borde de su camiseta—. ¿Es bueno eso?

Emmett sabía alguna cosa o dos sobre los niños y sus lealtades. Al haber crecido en el sistema, él había visto un sinfín de padres manipular a sus hijos cuando los visitaban. No les costaba mucho. Como Marcus les había explicado hace unos meses, la mente de un niño era bastante manipulable. Sus padres eran sus dioses, y ellos querían complacer.

Él lo había visto una y otra vez como policía. Los padres susurraban cualquier versión de la verdad que los policías querían escuchar, y esa se convertía en la realidad del niño. Él podía hacerlo. No sería muy difícil. Ellos seguían siendo los dueños del corazón y el alma de Katie. Ella se encontraba confundida. Su lealtad estaba titubeando, pero ella seguía siendo de ellos.

Como padre adoptivo y policía, él había visto lo que les pasaba a los niños cuando se le quebraba la lealtad. Él podía susurrar en su oído todo lo que quisiera, pero él no podía quitar el hecho que Edward y Bella eran sus padres biológicos, que ellos la amaban, y que jamás la habían abandonado. El corazón y el alma de ella se quebraría. Confusión. Resentimiento. Furia.

Él podría arruinar a su pequeña y dulce bebé.

Las manos de Emmett temblaban mientras cepillaba su cabello. Intentó respirar profundamente por la nariz, deshaciéndose de su resentimiento y su furia. Ella era más importante.

—Sí, cariño, es algo genial. —Se aclaró la garganta. Le era difícil respirar cuando sus costillas amenazaban con aplastarlo—. ¿Acaso te he contado todo sobre el arte de la negociación?

~0~

La casa siempre estaba tranquila cuando Katie se encontraba con sus padres, pero hoy era peor. Hoy, Emmett sabía que no era cuestión de esperar hasta que llegara el momento en que Edward y Bella la trajeran de vuelta. Katie no iba a volver a casa. Él y Jasper no iban a ser los encargados de arroparla para dormir. Ellos no se despertarían con el sonido de sus juegos o ruegos para que le cocinen panqueques.

Emmett estaba muy consciente de que su esposo lo observaba. Ellos se encontraban en lados opuestos con respecto a su dolor. Emmett estaba ansioso, pero indiferente. Había comenzado una docena de proyectos y no había terminado ninguno de ellos. La cocina estaba limpia a medias. Incluso había comenzado a entrenar y simplemente… dejó de hacerlo. Ahora, daba vueltas por la sala, observaba por la ventana, levantaba cosas al azar y las volvía a bajar, encendía el televisor y lo volvía a apagar.

Jasper suspiró y cruzó la habitación. Quitó el control remoto de las manos de Emmett y lo guio hacia el sofá para que se sentara. Inclinó su cabeza para descansarla cerca de la de Emmett.

—Esto es todo, cariño —dijo él, con voz suave y rota—. Esta es la parte donde tenemos que descubrir cómo vamos a sobrevivir a esto.

Emmett cerró los ojos. Jasper era muy bueno en eso. Como si supiera que Emmett no podía mantenerse quieto porque si lo hiciera, si dejaba de moverse, el dolor enfermizo que le había estado pesando todo el día le afectaría por completo. Él era un hombre fuerte, pero sería derribado por ese dolor. Lo mataría.

—Esto no terminó todavía —dijo Emmett—. Ella va a venir a casa.

Jasper sacudió su cabeza, su nariz rozando la mejilla de Emmett.

—Esta no es su casa. Ya no. Tenemos que comenzar a aceptar eso, Em.

Emmett se hizo a un lado, lejos del abrazo de su marido, furioso y tan triste al mismo tiempo que podría ahogarse.

—¿Quieres que me aparte y deje que esos niños estúpidos críen a nuestra hija? Como si supieran lo que hacen —escupió las palabras, empuñando y desempuñando sus manos a sus costados—. Como si alguno de los dos pasó lo que nosotros pasamos. La van a arruinar. Lo van a hacer mal. Son unos niños estúpidos y egoístas —dijo con la mandíbula apretada—. ¿Qué diablos saben ellos sobre criar a un niño? Nosotros queríamos esto. Nos preparamos. Lo planeamos por años antes de encontrar a Katie.

Ellos habían tenido treinta y dos y treinta y cinco años respectivamente cuando Katie nació. Tenían carreras estables. Todo lo opuesto a una niña de diecisiete años y un chico de veintiuno a los que ni siquiera se les podía confiar el uso correcto de un contraceptivo.

Edward y Bella eran muy diferentes a Emmett y Jasper. Durante el pasado mes, muy a menudo Katie había vuelto a casa con una nueva actitud. Edward y Bella eran estrictos sobre cosas que Emmett no, y tolerantes en cosas que Emmett es oponía. Ellos simplemente eran diferentes. Lo estaban haciendo mal.

Pero eso, una parte distante de él reconocía, era exactamente por qué Edward se había puesto firme. Sin dudas, Edward y Bella tenían sus propias opiniones sobre cómo Emmett y Jasper habían criado a Katie. Ellos querían hacerlo de acuerdo a sus propias reglas, y eso significaba que sí, Katie tenía que ser de ellos.

Dejó caer sus hombros. Apoyó sus codos sobre sus rodillas y pasó sus dedos por su cabello fuertemente. Jasper tocó su brazo suavemente.

—Estoy aquí contigo —dijo él.

—Sí —respondió Emmett, su tono más amargo—. ¿Como hace unos meses que estabas tan furioso conmigo que no podías siquiera mirarme?

Por un momento, cuando todo comenzó, Jasper culpaba a Emmett. Él había sido el que salió corriendo por la puerta cuando escuchó sobre la prueba genética. Si él no hubiera asumido que Edward sabía que era el padre de Katie y, en consecuencia, que debía estar acechando a la niña o algo así, entonces nada de esto hubiera pasado.

Ante la acusación, Jasper se tensó. Se puso de pie y comenzó a dar vueltas frente a Emmett.

—Ya pasamos por eso. Ya hablamos de eso —dijo, su tono traicionado.

Lo habían hecho. Era una de las primeras cosas que habían discutido en terapia. Jasper no estaba realmente enojado con Emmett. Simplemente estaba enojado. No se les permitía estar enojados con Edward y Bella. Tenían que portarse bien, o la pareja tenía todo el derecho de quitarles a Katie.

Y ahora Emmett estaba enojado porque no podía detener esto, y se desquitaba con la única persona que menos se lo merecía. Él suspiró y se puso de pie. Envolvió la cintura de Jasper con sus brazos, llevándolo hacia su pecho.

—Lo siento.

Jasper se mantuvo callado por un largo minuto.

—Ella se preocupa por nosotros, ¿sabes?

—¿Katie?

—Sí. Ella me hizo un montón de preguntas la otra noche sobre qué íbamos a hacer sin ella.

Era una buena pregunta. Era una de las preguntas más temibles a las que Emmett no tenía la fuerza para enfrentar, no con todo lo que estaba pasando.

Sus terapeutas habían dicho más de una vez que era muy difícil para una pareja sobrevivir una pérdida. No se trataba de hacer el duelo juntos. Emmett y Jasper tenían que aprender a ser una familia de dos otra vez. Tenían que aprender a cómo definir lo que eran sin Katie.

—¿Recuerdas cuando viajamos a Nueva Orleans cuando ella tenía dos años? —preguntó Emmett, descansando su cabeza contra la de Jasper.

—Por supuesto. Pensamos que ella era demasiado pequeña como para darse cuenta que nos habíamos ido sin ella.

—Ella estuvo furiosa por dos días después de que volvimos. —Emmett tragó saliva con fuerza. Eso cinco días que ellos no estuvieron habían sido la mayor cantidad de tiempo que habían estado separados de su bebé desde ese entonces.

La casa estaba demasiado tranquila.

Justo entonces, Emmett vio algo que lo dejó horrorizado. Soltó a Jasper y se acercó a la parte trasera del sofá, sacando la manta de bebé de Katie. Cuando la sostuvo, los ojos de Jasper se ensancharon.

—Oh, no.

Emmett sabía lo que tenía que hacer.

~0~

—Esta no es una buena idea.

—Ya dijiste eso, cariño —dijo Emmett—. Y, aun así, te subiste al coche.

Jasper suspiró y se refregó los ojos.

—Deberíamos haber vuelto por los teléfonos. Van a estar furiosos de que vinimos sin avisar.

—Katie necesita su manta. Sabes que ella no puede dormir sin ella. —Eso no era del todo verdad. Katie había dormido los más bien sin su manta muchas veces, pero cuando ella la quería, despertaba toda la casa para buscarla. De todas formas, Emmett presentía que esta sería una mala noche para su bebé. Si todo lo que podía hacer era asegurarse que Katie tuviera su manta si la quería, entonces iba a hacerlo.

Por supuesto, por mucho que quería que Katie fuera feliz, el pensar que ella estuviera perfectamente contenta lejos de él y Jasper lo aterraba. ¿Y si la encontraban feliz de estar en su casa nueva con sus padres nuevos? Sería maravilloso para ella, pero le rompería el corazón.

Él no necesitaba preocuparse. Cuando se acercaron a la entrada, podían escuchar el llanto. Katie lloraba y gritaba. Intercambiaron una mirada y Emmett golpeó a la puerta.

Edward la abrió un minuto después, su expresión preocupada. Sus ojos se abrieron de par en par cuando los vio.

—¿Qué diablos hacen aquí?

Emmett no respondió. Con la puerta abierta, podía escuchar lo que Katie estaba gritando.

—¡Quiero ir a casa! ¡Quiero ir a casa! Quiero a mi, mi, mi… No los quiero a ustedes.

Emmett pasó por el costado de Edward, necesitando tener a su bebé en sus brazos hace cinco minutos, pero el otro hombre lo agarró, empujándolo hacia atrás.

—No pueden subir hacia allí.

—Ella nos necesita —discutió Emmett. Él sabía que era lo suficientemente fuerte como para zafarse del agarre de Edward. De hecho, deseaba demasiado apartar a ese hombre lejos de él. Le estaba costando toda su sanidad el poder mantenerse quieto. Tragó saliva fuertemente.

—Yo… Vinimos a darle esto. —Levantó la manta—. Deja que se la demos. Deja que la calmemos.

Él dio un paso hacia adelante, pero Edward se ubicó frente a él, mirando entre él y Jasper, que parecía estar a segundos de correr hacia las escaleras.

—No pueden. Ella no puede saber que están aquí.

—Ella nos quiere —dijo Jasper.

—Por supuesto que los quiere. Es por eso que no pueden estar aquí. —Edward lucía tan furioso como Emmett se sentía. Llevó sus manos frente a él, pareciéndose al niño de la película del dinosaurio, tratando de domesticar a un raptor—. Por favor, váyanse.

—¿Qué rayos te pasa? —preguntó Emmett con dientes apretados—. Ella nos necesita. Llamamos a Bella cuando Katie la necesitaba. Llamamos. Debieron habernos llamado. —Los llantos de Katie se habían transformado en gritos incoherentes, y a Emmett le estaba haciendo pedazos.

—Eso fue diferente. Saben que fue diferente. Ella no creía que Bella fuera real. Esto es solo un berrinche.

—Eso es más que un berrinche. No sabes. No la conoces. Ella jamás ha sonado así. Deja que la ayudemos —dijo Jasper, y se movió hacia adelante.

Edward colocó una mano en el pecho de Jasper, empujándolo hacia atrás firmemente. Emmett vio rojo.

—Aparta tus malditas manos de mi marido.

—Salgan. De. Mi. Casa —dijo Edward, su tono feroz—. No hagan esto. Todos sabíamos que iba a ser feo. Ella tiene que saber que no van a venir a rescatarla de nosotros. Ella tiene que saber que esta es su casa, y nosotros sus padres. —Se golpeó el pecho—. Nosotros. No ustedes. Si entran aquí y salvan el día, vamos a tener que pasar por esto de nuevo. Necesitan. Irse.

Todos se miraron con furia. Había demasiado que Emmett quería decir. Quería llamar monstruo al joven hombre. Quería hacer a un lado a Edward y correr hacia su bebé, porque no podía soportar escucharla sentir tanto dolor por otro segundo. ¿Irse? Seguramente Edward tenía que estar loco si creía que simplemente se iba a ir.

—Diablos. —Emmett golpeó la pared con tanta fuerza, que el yeso se quebró. Tomó a Edward del cuello y lo sacudió—. Maldito imbécil. Maldito imbécil. ¿Crees que sabes lo que ella necesita? Cretino estúpido, mira lo que le has hecho a mi familia. Mi familia. Estás lastimando a mi bebé, y te voy a lastimar.

—Emmett. —Jasper colocó una mano sobre su hombro, siempre siendo la voz de la razón.

Pero Edward no parecía asustado. Lucía feroz. Protector. No levantó una mano, ni levantó su voz.

—Por favor, váyanse, y dejen que cuide de mi hija.

Emmett lo miró a los ojos y vio todo lo que él sentía reflejado allí. Edward era un papi decidido a proteger su familia, a su bebé. También podía ver el dolor allí. No quería que Katie sintiera esto. No iba a retroceder con algo que creía que era correcto.

Tomando aire profundo, Emmett lo soltó. Dio un paso hacia atrás y echó un vistazo a su alrededor. Levantó la manta de donde había caído.

—Esto puede que ayude —dijo, ofreciéndosela a Edward.

—Gracias —contestó Edward, tomando la manta. Sostuvo la puerta abierta.

Jasper enlazó sus dedos con los de Emmett.

—Vamos, Em —dijo, su voz temblorosa. Los llantos de ella los estaban haciendo pedazos.

Fue la cosa más difícil que Emmett había hecho. Puso un pie frente al otro. Un paso a la vez. Lejos de su hija. Se sintió innatural y horrible. Lo hizo. De alguna forma, lo hizo.

De alguna forma, volvió al coche, lo encendió y condujo lejos del sonido atormentante de Katie. De alguna forma, logró alejarse una cuadra cuando tuvo que detenerse.

Fue entonces cuando todo el peso de lo que había estado esquivando lo impactó con fuerza. Comenzó a gritar y no pudo detenerse. Comenzó a golpear el salpicadero y el volante. No le importaba que Jasper estuviera gritándole que se detuviera. No le importaba que estuviera asustando al hombre que amaba. Había demasiado dolor, y no podía contenerlo más en su interior. No estaba hecho para esto. Al crecer en el sistema, se había prometido a sí mismo que tendría una familia algún día, y que la apreciaría y la protegería. Había formado una hermosa y pequeña familia. Los había amado, cuidado, hecho todo en su poder para que sean felices. Su pequeña niña, incluso ahora, estaba gritando por él, y él debía alejarse.

Cuando no tuvo más aliento para gritar, se dejó caer sobre el volante, sollozando. Jasper tocó su brazo, y Emmett tuvo la energía suficiente como para moverse y envolverse alrededor de su marido en vez del volante.

—Te necesito —susurró en el oído de Jasper, su voz un sonido rasposo, tembloroso y débil.

Jasper temblaba tanto como él.

—Estoy aquí.

~0~

Pasó una hora antes de que fueran capaces de volver a casa. Emmett jamás había estado tan cansado en su vida. Entró por la puerta y se detuvo en el vestidor, incapaz de juntar la energía suficiente para dar otro paso. Todo su interior se encontraba machacado, excepto su corazón. Allí, se sentía vacío.

Echando un vistazo alrededor de su casa que estaba llena de la risa de su hija, la felicidad de su familia, Emmett pensó que comenzaría a llorar otra vez. Jasper se detuvo a su lado, enlazando sus dedos, como si estuviera pensando lo mismo que Emmett. ¿Cómo iban a sobrevivir a esto?

Emmett tragó saliva.

—Quiero mudarme —dijo, rompiendo el silencio después de unos minutos.

Jasper se sobresaltó.

—¿Qué?

—Quiero decir, cuando este ya no sea su hogar, su verdadero hogar. Cuando llame la casa de ellos su hogar, quiero mudarme. No lejos. No lejos de ella. Simplemente lejos de aquí.

Casi esperaba que Jasper se negara. ¿Por qué deberían quitarle también esto a Katie? Ella vendría de visita. ¿Acaso ella no querría saber que algo se mantendría igual?

Jasper lo acercó hacia él y lo envolvió en sus brazos.

—Está bien —dijo.

Era algo.

Era un comienzo.