Hola hermosas buenos días aquí me estoy reportando con otro capítulo de esta historia, espero que lo disfruten mucho y ya saben los personajes NO son míos, NO lo hago con fines de lucro y NO es apta para menores de edad. ¡COMENZAMOS!
EL HOMBRE QUE MÁS TE AMÓ
"Siempre escuché de las almas gemelas, más nunca había entendido su significado, me bastó con sentir como cada parte de nosotros encajaba, se complementaba y se compenetraba. Cada uno de esos detalles me bastó para comprender lo que escuchaba. Las almas que se encuentran y se reconocen, no se sueltan ni con la distancia ni con el silencio, ni con las vueltas que la vida te obliga a dar".
SOULMATES
CAPITULO XXI
El frío de la mañana mecía sus bucles al compás del aire, era muy temprano sin embargo había decidido salir a caminar un poco mientras comenzaba la actividad en su mansión. De pronto un ruido entre los arbustos que estaban cerca del jardín se hizo presente asustándola un poco.
-¿Quién anda ahí? – Preguntó confundida esperando escuchar la respuesta de alguien conocido, sin embargo el pensar que era aquel joven asqueroso que siempre estaba acompañando su hermano la hizo estremecer. Sintió que alguien cubrió su boca y sintió que la sangre se le fue al piso al sentir como la llevaban detrás de ese arbusto, pegando de patadas y arañazos a aquel que se había atrevido a tanto.
-Tranquilízate mi amor. – Le dijo en el oído al momento que se sintió atacado por ella. Elisa al momento de escuchar su voz el alma volvió a su cuerpo sintiéndose tranquila pero a la vez con miedo de que su padre o su madre se dieran cuenta de ello.
-¡Me asustaste! – Le dijo con esa manera tan peculiar de hablarle a le gente. - ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Estás loco? Puede verte alguien. – Le decía todo de golpe mientras Tom la llevaba más adentro entre los árboles para estar a solas con ella un momento, terminaron detrás de las caballerizas y a pesar de los reproches que había obtenido ella le seguía sin oponerse a ello.
-Ya tranquilízate. – Le decía mientras se abrazaba a ella para besarla con desesperación. – Te he extrañado como un loco. – Le decía mientras besaba sus labios.
-Cuidado Tom, nos pueden ver. – Le decía un poco molesta por el miedo que tenía de ser descubiertos. Sin embargo las insistentes caricias de su novio la llevaban a obviar lo peligroso que él estuviera ahí a su lado. - ¡Tom! – Le decía en un suspiro a su oído mientras el muchacho se entretenía en su cuello, buscando la manera de que no siguiera reclamándole el hecho de haber ido a verla.
-No te enojes amor, lo que pasa que ya no soportaba el no poder verte. – Le decía deteniendo sus caricias para verla a los ojos. Ella entendió la necesidad que tenía de verla porque ella estaba igual.
-Yo también tenía ganas de verte, pero sabes que es muy peligroso, mis padres jamás estarían de acuerdo en nuestra relación. Además…
-¿Además qué?
-Hay un hombre que está trabajando con Neal. – Le dijo animándose a hablar de aquel individuo que la acechaba.
-¿Te ha molestado? – Preguntó furioso al verla indefensa.
-Creo que te ha visto cuando entras a mi habitación. – Dijo con pena.
-¿Cómo que me ha visto? He sido muy cuidadoso con ello.
-Al parecer no tanto, me ha estado molestado y me ha dicho que… - Calló de pronto, sentía pena de revelarle a su novio que aquel fulano le había insinuado que si no quería que sus padres se enteraran le hiciera a él el mismo favor.
-¿Qué te ha dicho ese infeliz? – Preguntó de nueva cuenta ofendido por lo que ella le decía.
-Me ha dicho que si no quiere que se enteren mis padres, tengo que… - Calló una vez más no se animaba a mencionar lo que le había dicho aquel hombre.
-¡Imbécil! – Dijo Tom molesto por lo que le daba a entender su mujer, porque ella era de él y de nadie más, y no permitiría que nadie la arrancara de su lado.
-¡Huye conmigo! – Le decía ansioso buscando la manera de convencerla de una vez por todas. – No tengas miedo, nos casaremos inmediatamente. – Le decía insistente para convencerla de una vez por todas. - ¿Estarías dispuesta a irte conmigo? – Le preguntaba mirándola fijamente a los ojos.
-No lo sé Tom. – Le decía dudosa, no porque no lo amara, sino porque en el fondo tenía miedo de que él no pudiera darle los lujos con los que había crecido toda su vida, era una chica muy materialista, lo sabía bien, pero también sabía que ese joven era el único y el primero que le había mostrado sus sentimientos sinceros, ella lo amaba de eso no tenía duda, por eso había dado el gran paso de entregarse a él demostrándole con su cuerpo todo lo que lo amaba, sin embargo el miedo seguía ahí, más cuando su madre deseaba verla casada con alguien rico y con poder.
-¿Cómo que no lo sabes?– Preguntó ofendido, con miedo, temiendo volver a sufrir lo que había sufrido en el pasado junto a la otra pelirroja que le había pisoteado el corazón. -¿Acaso no me amas? –Le preguntó dolido.
-¡Claro que sí! – Le dijo buscando su rostro para verlo a los ojos. -¿Acaso no te lo he demostrado? – Le pregunto sorprendida, sintiendo angustia en su pecho al sentir que él dudaba de su amor.
-Ahora no estoy tan seguro. – Le dijo volteando su rostro de lado. Elisa comenzó a sentir que su corazón se paralizaba.
-Te amo, sabes bien que te amo, has sido el primer hombre en mi vida, me entregué a ti por amor. – Le decía mientras la molestia se mezclaba con la tristeza.
-Entonces huye conmigo, ¡vámonos de aquí! - Le decía impaciente. - ¿Qué es lo que te detiene? ¿El dinero? – Preguntó de nuevo. Elisa bajó su rostro apenada al sentirse descubierta, sí, era el dinero lo que la detenía, tenía miedo de pasar carencias, pero también tenía miedo de perderlo a él. Tom sintió su mundo derrumbarse una vez más, por un lado entendía que tuviera miedo de huir con él, sabía que era una chica muy fría y materialista, pero los últimos meses había cambiado, ya no era altanera cuando se dirigía a él al contrario era hasta cariñosa y siempre lo recibía en su cuarto y lo llenaba de besos y caricias ansiosa por volverlo a ver y sentir. – Entiendo. – Dijo dolido ante la mirada de asombro de Elisa y la de decepción de Tom. – Creo que me equivoqué una vez más. – Dijo serio queriendo darse la vuelta para irse de una vez por todas, sin embargo Elisa lo tomó por los hombros y lo giró hacía ella encontrándose de frente con su boca, quien se la ofrecía deseosa que la besara como solo él sabía hacerlo. Él no supo contenerse y aceptó su boca una vez más deseoso de volver a probar sus labios y enredarse en su cuerpo.
Elisa se abandonaba a las caricias de Tom queriendo demostrarle cuanto lo amaba y que al haber estado dispuesta a ser su mujer se había arriesgado bastante a ser repudiada no solo por la sociedad sino también por su familia. La hizo suya una vez más, la tomó a su antojo y disfruto nuevamente su cuerpo saboreando por completo su tersa piel, ahí detrás de las caballerizas, en ese lugar donde se arriesgaban a ser vistos por los empleados del lugar, sin embargo la pasión que los envolvía en ese momento los había cegado una vez más, delirando sus cuerpos ante la demostración de amor que los envolvía en ese momento. Elisa terminaba delirando de placer, sintiendo como su cuerpo se tensaba antes de llegar a la culminación de su acto y Tom la llenaba por completo haciendo que ambos se estremecieran al terminar su encuentro.
Elisa terminó enredada entre sus ropas buscando la manera de acomodarlas deprisa, mientras Tom se acomodaba el pantalón en silencio sintiéndose un idiota por haber caído una vez más en los brazos de aquella que decía que lo amaba pero que no era capaz de irse a su lado, solo por el maldito dinero.
-Tom, no puedes negar que te amo. – Le dijo con miedo al ver el semblante en su rostro, viendo con miedo que tal vez aquella había sido una despedida. El vaquero no decía nada tan solo terminó de acomodar su pantalón y ajustar su cinto, y se retiró hacia donde había atado su caballo. - ¡Tom! – Gritó asustada, desesperada sin importarle que alguien la escuchara y la encontrara en esa situación tan embarazosa, sin embargo aquel vaquero azuzó a su caballo para animarlo a correr a todo galope, solo volteando a verla con dolor en su mirada, la vio tan desvalida enredada en su vestido que estaba todo desacomodado, sin darle la oportunidad de levantarse siquiera para que lo alcanzara, salió corriendo a todo galope, mientras ella le gritaba con un inmenso dolor en su pecho, iba tan herido que ni siquiera reparó en lo que le había dicho de aquel hombre que la había estado acosando.
Elisa se levantó de ese lugar y se dirigió a su habitación encerrándose en ella, diciendo a sus padres que estaba enferma para así poder dar rienda suelta a ese dolor que se había instalado en su pecho, sin embargo su orgullo y su altanería la consolaba pensando que él volvería a rogarle que no podía vivir sin ella y que volverían a estar juntos una vez más. Sin embargo el paso de los días y las semanas iban avanzando y no había vuelto a tener noticias de su vaquero. Se sentía tan mal que ya hasta estaba pensando en ir ella misma a buscarlo.
-¿Pero a dónde? – Nunca le dijo donde vivía, no sabía dónde podía buscarlo, solo aquel hogar de Ponny de donde había salido la estúpida huérfana esa, sin embargo los únicos que podían llevarla eran sus primos y no sabía el paradero de ninguno de ellos.
Anthony observaba como Tom seguía triste y de mal humor, nadie había querido insistir en su comportamiento, nadie, ni siquiera Candy se había atrevido a indagar el motivo de su pena, solo Anthony tenía una idea de lo que había pasado y se sentía muy mal porque él lo había presentido, sin saber el rubio que tanto su hermano como su prima estaban sufriendo en carne propia esa separación.
-¿Estas bien Tom? – Preguntaba Anthony a su hermano, ambos estaban en la llanura vigilando al ganado.
-Si Tonny, me encuentro bien. – Le decía sin voltear a verlo, sabía que si lo hacía obtendría el famoso "te lo dije", sin embargo Anthony no era capaz de decirle eso a su hermano.
-No lo parece ¿No quieres contarme? Tienes semanas así y aún no has querido hablar. – Decía con tiento no quería ofenderlo o forzarlo a decir algo si no quería. Tom simplemente seguía sin verlo de frente, mirando a lo lejos los pastizales y al ganado alimentarse. Lanzó un fuerte suspiro.
-Es Elisa. – Dijo por fin sintiendo la necesidad de hablarlo por fin con alguien, sino ese sentimiento lo ahogaría en el alma.
-Me lo temía. – Dijo Anthony con molestia, Tom volteó a verlo con su mirada de enojo, no quería que le advirtiera eso. – Lo siento. ¿Te ha humillado?
-No propiamente, sino que no quiere huir conmigo. – Le dijo por fin soltando lo que le quemaba el alma.
-¿Huir? ¿Le has pedido que huya contigo? – Preguntó Anthony confundido. Tom asintió. -¿Pero te has vuelto loco? – Le preguntó de nuevo.
-¿Por qué? Yo la amo, ella me ama, sus padres nunca aceptarán nuestra relación, lo lógico es que huya conmigo y casarnos lo más pronto posible. – Anthony lo escuchaba y tenía lógica lo que decía, sin embargo no estaba muy convencido de que huir fuera la solución.
-¿Has hablado con sus padres?
-¿Qué caso tiene? Ella no quiere huir conmigo, hemos terminado. Tiene miedo de que yo no pueda darle los lujos que se merece.
-Pero dices que ella te ama.
-Sí Tonny, ella me ama, lo sé, lo siento, al hacerla mía me lo demuestra una y otra vez, sin embargo eso no es suficiente para ella. – Decía seguro de sus palabras.
-¿Por qué no le das tiempo?
-¿Para qué? ¿Para qué me olvide? Mejor que me olvide de una vez, así como yo he decidido olvidarla.
-¿Entonces no lucharás por ella?
-¿Qué caso tiene si ella no quiere estar conmigo?
-Creo que deberías entenderla, ella siempre fue una niña mimada y caprichosa, está impuesta a que todos hagan lo que ella dice a su antojo con solo mover un dedo, en parte no es culpa de ella, sino de sus padres que así la educaron.
-Ya no es una niña.
-Eso es cierto, pero debe de tener miedo de perder la estabilidad que siempre ha tenido, eso es normal, uno se siente perdido al comenzar una nueva vida, y te puedo asegurar que si Elisa te ama como dices pasará a un segundo plano tu situación económica, además no es como si fueras pobre, tienes el dinero suficiente para darle los lujos a los que está acostumbrada. ¿Por qué no se lo dijiste?
-Porque quiero que ella esté conmigo a pesar de todo, tal vez no me ama tanto como dice hacerlo. – Decía molesto comenzando a caminar de nuevo para volver a su rancho.
-O tal vez tú no la amas como dices hacerlo. – Le dijo el rubio haciéndolo voltear.
-¿Qué dices? Ella es mi vida, la amo y no me importaría que no tuviera un solo centavo.
-¡Pero tú eres hombre! Tuviste la desgracia de quedarte sin padres y luchaste desde muy pequeño por sobrevivir, ella nació entre sábanas de seda y nunca ha tenido la necesidad de hacer algo para obtener dinero, es como decimos una niña mimada, es normal que tenga miedo a perder todo eso.
-¡Si lo entiendo! Pero ¿Por qué no confía en mí?
-Tal vez no la dejaste hablar. – Tom se quedó muy serio y recordó como la había dejado sentada en el pasto detrás de las caballerizas de su mansión. Un silencio se hizo presente en ambos jóvenes y ambos siguieron su trabajo sin volver a hablar.
Anthony se dirigió al hogar de ponny directo de su jornada de trabajo, no se tomó la molestia de ir a cambiarse, necesitaba ver a su novia inmediatamente la plática que había tenido con su hermano le había dejado una sensación de tristeza, quería mucho a su hermano y deseaba verlo feliz, pero él sabía que involucrarse con Elisa Leagan no era buena idea y resulta que había resultado que así era.
-¡Tonny! – Gritó Candy al verlo dejando a sus amigas sentadas en aquella banca donde se encontraban.
-¡Cuánto amor! – Dijo Patty haciendo un poco de burla a la rubia quien ansiosa se ponía de pie para mover su mano en forma de saludo para recibir a su rubio amor. Anthony disminuyó el galope de su yegua y se bajó apurado para recibirla en sus brazos al ver que la rubia corría a recibirlo.
-Están muy enamorados. – Decía Annie con una sonrisa al ver como su hermana salía corriendo a recibir a su novio.
-Candy se ve más feliz que nunca Annie. – Decía Patty.
-Tienes razón Patty y el brillo que tiene Candy en sus ojos nunca lo había visto, y ¿te digo una cosa? – Patty asintió. – Tonny me cae mejor que Terry, él me daba miedo. – Confesó la pelinegra.
-Creo que a todos Annie. – Dijo Patty aceptando que ella también tenía miedo de aquel rebelde, más cuando se molestaba o no sabían cómo iba a reaccionar con algo que no estuviera de acuerdo haciendo más de una vez que ambas saltaran del susto cuando contestaba enojado por algo que había ocurrido. Sin embargo Tonny era diferente, también tenía un carácter fuerte, pero desde que ellas estaban ahí no les había tocado ver que se molestara con Candy, una que otra discusión sin importancia y siempre era Candy la que salí airosa de ellas. – Pero tienes razón, a mí también me cae mejor Tonny. – En las semanas que llevaban ahí habían podido conocerlo mejor.
Candy terminó de llegar al lado de su rubio y se abrazó a él pero de pronto sintió un mareo al momento que él la abrazó.
-¿Estas bien amor? – Le dijo cuando sintió la desestabilidad del cuerpo de su novia.
-Sí, no te preocupes, lo que sucede es que me levanté de golpe en cuanto te vi. – Le dijo demostrándole que ya se sentía bien.
-¿Estás segura? – Candy asintió con una sonrisa. - ¿Te he dicho que cada día te ves más hermosa? – Le decía mientras besaba sus labios con dulzura.
-Mmmm hoy no me lo habías dicho. – Le respondía coqueta esperando que la mimara un poco más.
-Pues déjeme decirle bella dama que usted es la señorita más hermosa que mis ojos han visto. – Le decía coqueto, mientras ella le devolvía la mirada de la misma forma. Llegaron junto a las otras damas y ellas lo saludaron muy contentas de verlos tan felices.
-Buenas tardes señoritas. – Les decía quitándose su texana para saludar a ambas chicas.
-Buenas tardes Tonny.- Decían las dos muchachas respondiendo el saludo.
-¿Dónde están los Cornwell? –Preguntó Anthony ya que se le hacía raro que no estuvieran con ellas.
-Yo creo que esperaban que tu llegaras por ellos amor. –Dijo Candy notando que él venía del campo y no de su rancho.
-Tienes razón hermosa, tal vez me estén esperando.
-¿Hablaste con Tom? – Preguntó Candy. Anthony asintió.
-Sí, por eso me vine directo a verte, necesitaba verte. –Le dijo mientras las chicas se sentían de pronto un mal tercio, intentando dejar a la pareja a solas.
-No se preocupen muchachas, el que se va soy yo. Tengo que ir a cambiarme y traer a aquel par que debe estar ansioso por verlas. –Le dijo ante la sonrisa de felicidad que aquellas damas mostraban. Las veía muy enamoradas de sus primos y eso le daba mucho gusto. – Más tarde hablamos amor. – Le dijo dándole un rápido beso para volver a montar a Tormenta y dirigirse a su rancho para cambiarse y volver de nuevo a su lado. Candy se quedó parada observando a su príncipe retirarse de ahí, embobada, enamorada.
-Veo que alguien está muy enamorada. – Dijo Annie ahora a Patty sonriendo la de anteojos al ver que Candy volteaba con una cara graciosa a verlas.
-Creo que es la misma cara que ponen ustedes cuando ven a sus tórtolos. – Les dijo en su defensa.
-No lo creo Candy, tienes un brillo muy especial en tu mirada, nunca te habíamos visto así, tan enamorada. – Le decía Patty quien la observaba a los ojos.
-Tienen razón chicas, hacía tanto tiempo que no estaba así tan enamorada. - Decía Candy y las chicas pensaron que se refería a aquel rebelde, pero ambas coincidían que ni siquiera a él lo había visto de aquella forma. Ninguna de sus amigas sabía que ella se refería al mismo chico que años atrás la había enamorado profundamente.
-¿Y has pensado en lo del estreno de la obra? – Preguntó Annie incómoda, no quería arruinar la felicidad de su amiga pero sabía que al regresar a Chicago el actor volvería a buscarla una vez más.
-No he querido pensar en ello, estoy tan concentrada en la fiesta de compromiso que no quiero que nada empañe mi felicidad.
-Tienes razón Candy, lo siento. – Dijo Annie apenada por haber recordado a su amiga ese detalle.
-Pues la fiesta ya es mañana. – Dijo Patty traiéndolas de vuelta a la realidad de la futura novia.
-Es cierto Candy ¿No estás emocionada? – preguntaba Annie, con emoción en su rostro recordando el día que ella había anunciado su compromiso.
-¡Me parece un sueño! ¡Soy tan feliz! – Dijo Candy muy contenta mientras las dos chicas la veían feliz y la abrazaban rodeándola compartiendo su dicha.
-¡Ojalá Stear me propusiera matrimonio! – Decía Patty suspirando al ver a sus dos amigas lucir ambas su anillo de compromiso. Suspiro un poco triste al decirlo.
-No te preocupes Patty, ya verás que pronto el bobo de mi primo te lo pedirá. – Le dijo Candy entusiasmada.
-No lo creo Candy ni siquiera me ha pedido que sea su novia de nuevo. – Decía desanimada.
-¿Cómo no son novios? – Preguntó Candy sorprendida. Patty negó cabizbaja.
-No... la última vez que lo vi rompió relación conmigo y me dijo que era libre de elegir. – Decía con pesar.
-Pero yo los he visto… -Dijo Annie poniéndose de todos los colores al haber descubierto que en más de una ocasión los había visto muy acaramelados platicando y dándose sus besitos.
-Ya lo sé. - Decía Patty avergonzada.
Ninguna de las chicas se había dado cuenta que los tres Andrew ya estaban detrás de ellas mientras ellas estaban de espaldas al rancho, viendo Archie y Anthony a Stear con cara de desaprobación al escuchar que aún no volvía a pedirle que fuera su novia. Entre los dos se lo llevaron detrás de la pequeña iglesia que estaba en el hogar y lo acorralaban a preguntas.
-¿¡Cómo es posible que no hayas pedido a Patty que sea tu novia!? – Decía molesto Archie. - ¡Dijiste que lo harías!
-¡Ya sé! Pero creí que cuando la besé de nuevo ya había quedado claro entre nosotros que volvíamos a ser novios. – Decía nervioso y más al comprobar que ella no estaba aún segura de lo que había entre ellos dos.
-Pues acabas de escuchar que no es así. – Le decía Anthony también en un tono no muy contento que digamos.
-Lo siento, hablaré con ella, se los prometo y también le pediré que sea mi esposa. – Les decía ilusionado
-Creo que primero tendrás que esperar que te acepte como su novio de vuelta.
-Eso no será problema Tonny, Patty está muy enamorada de este bobo. – Decía Archie simulando darle un zape mientras Anthony se reía.
-Eso es verdad. – Decía Anthony seguro de los sentimientos de su futura prima, había notado lo transparente que era la muchacha.
Después del breve correctivo que ambos muchachos habían dado a Stear llegaron con sus respectivas damas. Sonriendo una vez más Anthony de ver a Candy, con esa sonrisa soñadora y Candy lo miraba con ese brillo tan especial que se formaba en sus ojos al verlo.
-Buenas tardes chicas. – Dijo Stear un poco apenado recordando la situación en la que había caído con su hermano y su primo. – Patty querida ¿Podemos hablar un momento? – Le dijo sin poder evitar el sonrojo que le salía de su rostro. Patty asintió y tomó la mano que Stear le extendía en ese momento, llevándola a lo alto de la colina de Ponny para poder hablar sin ser interrumpidos.
Anthony y Archie lo miraban complacidos mientras sus novias los veían a ellos preguntándose que se traía entre manos aquel inventor.
-¿Ustedes saben de qué quiere hablar Stear? – Preguntó Candy curiosa volteando a ver a ambos chicos.
-No tenemos ni idea. – Dijo Archie ante la mirada inconforme de Candy quien conocía bien a ambos muchachos y se imaginaba que estaban perfectamente bien enterados de lo que Stear haría.
Mientras tanto Stear caminaba con Patty enseguida de ella, no se animaba a tomarle la mano después de lo que había escuchado, cuando regresó de la guerra volvió más decidido de tomar lo que por amor le correspondía, abrazaba con mayor confianza a Patty, le tomaba de la mano e incluso la había besado por primera vez en el primer atardecer que pasaron juntos, había decidido no volver a desperdiciar más tiempo y aprovecharía cada minuto que tenía con Patricia porque se había dado cuenta de lo frágil que era la vida.
-Tú dirás Stear. –Le dijo Patty una vez que llegaron a la cima de la colina, sacándolo de sus pensamientos, provocando sorpresa en el rostro del muchacho que la miraba como si no tuviera idea que estaban haciendo en ese lugar.
Stear le dio la espalda y ella se sintió confundida, no había pensado en la posibilidad de que él la rechazara ya que desde que había vuelto a verlo se portaba mucho más romántico con ella y aunque no le había pedido ser su novia de nuevo, la trataba incluso como si fuera su prometida.
-Patricia, yo quiero pedirte una disculpa. – Le decía ante la sorpresa de la chica, mientras seguía viendo hacia el horizonte.
-¿Una disculpa? – Pregunto con el corazón comenzando a acelerar su ritmo. - ¿Por qué una disculpa? – Pregunto confundida. - ¿Acaso tú…? – Tenía miedo de completar esa pregunta.
-No debí suponer que aún eras mi novia. – Patty lo miraba aún más confundida, acababa de tocar el tema con las muchachas, ¿Será que él habría escuchado algo? – Desde que salí de ese infierno me di cuenta que la vida es muy frágil y pensé que había desaprovechado cada uno de los minutos que había pasado a tu lado, en más de una ocasión llegué a pensar que no volvería a verte y mis pensamientos siempre me llevaban a lo mismo. – Le decía sincero con el corazón el mano, pero sin verla aun directamente a los ojos.
-Yo también siempre temía el no volverte a ver. – Le decía Patty acercándose a él para tocar su hombro, sin embargo no se animó a hacerlo, quería saber qué era lo que tenía que decirle.
-Mi pensamiento siempre era el mismo, la hubiera besado más, la hubiera abrazado más, le hubiera demostrado de una y de mil formas que ella es y siempre será el amor de mi vida. – Patty sintió que le cortaron la respiración de golpe al escuchar esa confesión que siempre había anhelado escuchar, Stear siempre la abrazaba y la tomaba de la mano, sin embargo los besos que le daba a escondidas eran rápidos y con vergüenza, sintiéndolos ella misma un poco forzados al desear que fueran un poco más apasionados, como el de toda pareja de enamorados. – Porque es así, Patty querida, tú eres el amor de mi vida. – Le decía enamorado ahora sí viéndola a los ojos, se había girado para ver sus bellos ojos a través de esos cristales los cuales le impedían ver la belleza de los mismos por el reflejo que la luz provocaba en ellos, se los quitó y los guardó en la solapa de su camisa. Patricia lo miraba encandilada escuchando atenta sus palabras sin querer interrumpirlo para que continuara con esa dulce melodía que salía de sus labios. – Siempre lo supe, pero el temor a que te sintieras ofendida me hizo actuar prudente y hasta un tanto frío contigo, sin embargo al ver que mis amigos morían uno tras otro, todos teníamos el mismo pensamiento "deseo besar una vez más a mi novia hasta que me duelan los labios". – Decía el guapo inventor. Observando una vez más esa boca que nunca le había negado ninguno de los besos que le había propinado.
-Stear… - Le decía apenas, no podía hablar las palabras de su amado le daban vueltas por la cabeza sintiéndose inmensamente dichosa.
-Te amo Patty, me fui amándote a esa guerra infernal, luché amándote y recordándote a cada instante y regreso a ti amándote más que nunca. – Las lágrimas de Patricia seguían su curso mientras él seguía contemplándola encontrando en sus ojos ese amor que solo ella tenía para darle, no era ese amor que un día había buscado en los ojos de Candy, ese amor era un amor diferente, más maduro, ya no era el amor adolescente de cuando se conocieron, era el amor de una mujer que se desvive por su hombre y ese era el amor que Patty demostraba en los ojos a Stear. El amor que solo una mujer podía darle a un hombre era ese amor el que ella le proporcionaba a él.
-Yo también te amo Stear. – Le decía enamorada, sin dejar de llorar de la felicidad que le embargaba el alma.
-¿Quieres ser mi novia? – Preguntó por fin nuevamente, él no había creído necesario el formular esa pregunta nuevamente, había dado por hecho que aquel beso con el cual habían terminado aquella tarde era más que suficiente para hacerlo ver, sin embargo el corazón de una mujer no es igual que el de los hombres y lo que para ellos es una confirmación para ellas es tal vez un quizás.
-Sí, Stear, si quiero ser tu novia. –Le dijo feliz aferrándose a su cuello ofreciendo sus labios una vez más para que los tomara libremente y sin contemplaciones, aceptándolos el chico con emoción y con la pasión contenida por tantos años, demostrándole con ese beso que sí la deseaba, que sí la veía como mujer, que no solo era una niña buscando jugar a los novios, la tomó entre sus brazos aferrándola a su cuerpo por la cintura al mismo tiempo que lo hacía con sus labios, mientras ella se aferraba de puntitas a su cuello disfrutando de ese contacto tan pasional que se había desatado entre sus bocas, despertando sentimientos que jamás habían pensado que podrían sentir.
A lo lejos una pareja de rubios los veían complacidos, felices de que por fin hayan aclarado sus diferencias y de que por fin demostraran sin miedos ese amor que se profesaban con las miradas.
-Veo que ya está todo arreglado. – Decía Anthony mirando a Candy quien se encontraba sentada junto a él.
-Tú sabías de lo que hablarían ¿Verdad? – Le dijo viéndolo a los ojos esperando su respuesta.
-Escuchamos cuando Patricia les decía que Stear no le había pedido ser su novia. – Dijo delatándose ante la mirada divertida de Candy, esperando que él continuara lo que tenía que decir. – Y digamos que le dimos un pequeño correctivo. – Dijo Anthony sonriendo con travesura al ver a su novia.
-Me alegra verlos así, Patty es una chica muy especial. – Le decía apegándose a su pecho.
-Lo sé mi vida, me alegra mucho que mis primos por fin hayan superado ese enamoramiento que tenían por ti. – Le dijo abrazándola por la cintura aferrándola a su cuerpo como reclamándola suya.
-Eso fue hace mucho tiempo. – Dijo Candy lanzando un suspiro. – Ellos son el uno para el otro, así como Archie y Annie también son el uno para el otro.
-Estoy de acuerdo contigo amor. – Dijo Anthony quien volteaba a ver también a su otro primo y veía que estaba en la misma situación que Stear, besando a su prometida con verdadera pasión. Sonrió satisfecho y recordó a su otro hermano quien estaba bastante desilusionado lanzando un suspiro. – Ellos son almas gemelas, como tú y como yo.
-¿Nosotros somos almas gemelas? – Preguntó Candy con una sonrisa divertida al verlo a los ojos y acercar sus labios a de él.
-¿Tienes dudas? – Le preguntó siguiéndole el juego a la rubia. Ella negó en el acto, abrazándolo por el cuello, ladeando su rostro y cerrando sus ojos para recibir aquel contacto que tanto le gustaba sentir sobre sus labios.
-Tú y yo fuimos almas gemelas desde siempre mi amor. – Le dijo cerrando por fin esa distancia, tomando Anthony lo que por amor le correspondía, los labios de su pecosa, besándolos con dulzura, lentamente, con ternura y a la misma vez con una pasión que solo ellos sabían experimentar en sus jóvenes cuerpos.
Las tres parejas en diferentes lugares se demostraban con ansias su amor, disfrutando cada chico los besos que les eran otorgados con infinito amor.
Continuará…
Quiero aclarar que este capítulo tiene el título en inglés (cosa que yo nunca había hecho) porque en español la palabra SOULMATES son dos palabras "Alma gemela" y como habrán notado siempre utilizo solo una palabra para el título, así que me permití usar esta para describir lo que son las parejas que hay en la historia aunque una por ahí tiene problemillas por lo caprichosa que es la dama y lo mulo que es el caballero jajajaja.
Espero hayan disfrutado el capítulo, a mí me gusto escribirlo. Les deseo de todo corazón que estén muy bien, sanas y protegidas en sus hogares. Les mando un fuerte abrazo y mis bendiciones.
Saludos.
