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Sigo sobrellevando la cuarentena trayendo otra actualización para ustedes, ya deseo acelerar esta historia.

Hace unos días me enteré que falleció el suegro de mi prima por el Covid-19, duele saber que esto ha llegado a mi familia. Aunque dolió más no estar con mi familia en estos momentos.

Espero de todo corazón que ustedes y sus seres queridos se encuentren bien.

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Capítulo 29: El Cazador de Furias Nocturnas (I)

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-¿Quién más sabe que estás aquí? –preguntó entre besos.

Astrid pasó sus dedos entre el cabello de él, apretando la cabeza contra su cuello. Se separó un poco de él para quitarse las mangas de su atuendo y abrir el chaleco de él.

-Esta noche, sólo tú. –reveló, besándolo nuevamente.

Hiccup tomó una sabia decisión en el momento en que dejó de hablar, para ayudarle a su lady a despojarse de sus ropas y quitarse las propias, para después caer en la cama que compartirían hasta el cansancio durante las siguientes horas.

-Te amo tanto, Astrid.

-Y yo te amo a ti, Hiccup.

Ta vez no fue la disculpa que ambos querían dar ni merecían, pero al menos esa noche les ayudó a disipar cualquier rastro de duda, de enojo, de molestia, incluso de irritabilidad para poder comprobar lo mucho que se amaban y necesitaba mutuamente.

Había sido una noche perfecta para ambos. Todas las molestias e irritabilidades habían sido borradas con caricias y besos desesperados que se dieron con todo el amor que se profesaban.

Incluso la tensión por no estar en Berk, ni la preocupación ante los saqueos y ataques que había en ese lado del archipiélago. Por unos momentos se dieron el lujo de ponerle pausa a todo, a sus coronas, a sus mandatos, a la guerra incluso. En esa noche sólo fueron un hombre y una mujer que se extrañaban a morir, y sobretodo que se amaban con todo el corazón.

En esa habitación no había ventanas grandes, sólo una que había cerrado con cuidado durante la noche, pero al mirar la pequeña rendija, asumía que ya pronto terminaría de amanecer o al menos intuía eso gracias a los cantos de los gallos y de los terrores terribles que revoloteaban alrededor de la fortaleza.

Pero nada de eso le importaba, para él, su mundo entero estaba a su lado, recostada, laxa, abrazándolo con delicadeza (una delicadeza que ambos reservaron durante las horas pasadas) sin ser consiente aun del día que les esperaba, pues dormía plácidamente recostada boca abajo.

Hiccup se permitió observarla. Prestó atención a cada detalle de su cabello enmarañado, expandido por su espalda, tapando los lunares y pequeñas marcas de nacimiento que poseía, de los cuales sólo él tenía acceso.

Esa mujer lo volvía loco.

Astrid, por su parte, le estaba costando despertar, por primera vez en varios meses había podido dormir sin resentimiento, aunando al suave y gentil toque de su esposo por toda su espalda; mientras éste acomodaba su cabello haciéndole permanecer en una especie de trance, hasta que sintió un par de cosquillitas en cuello.

-Buenos días, dormilona.

Le hubiera encantado que todas sus mañanas fueran así.

-Buenos días. –para deleite de Hiccup, Astrid abrió sus ojos azules, fascinada.

Se miraron enamorados unos segundos.

-Me encanta que estés aquí. –susurró, llevando sus labios a los suyos.

-A mí también. –coincidió, abriendo sus brazos para acercarse a él.

-¿Cuánto tiempo te quedarás? –preguntó entre besos.

La rubia dejó de colaborar en la acción, aspecto que llamó la atención de él.

-¿Astrid?

La reina se movió en su lugar, para mirar el techo y resoplar.

-Le dije a tu mamá y a Gobber que sólo un día. –confesó. –De hecho iba a venir Gobb, pero insistí que debía ser yo.

-No sería agradable tenerlo a él en la cama. –bromeó, recibiendo un golpe a cambio. –Hey.

La fémina se burló por las palabras de él.

-Tiene que ver con lo que escribiste en la carta, ¿no?

Ella asintió, enderezándose, invitando a que su esposo hiciera lo mismo.

-Sí. Tiene todo que ver en realidad. –cambió el semblante de su rostro.

La ojiazul iba a continuar con su explicación, pero un ruido en su estómago hizo burlar a Hiccup.

-Bueno, me parece que tienes hambre. –opinó, levantándose de la cama, ajustando la prótesis y poniéndose el resto de su ropa después. -¿Quieres ir a desayunar o traemos algo aquí?

La rubia sabía que si los dos salían de la habitación se rompería ese momento de intimidad que podían disfrutar, también sabía que serían escasos, y por lo mismo es que ella deseaba atesorar los más posibles.

-Mejor aquí. Sirve que hablamos sin que nadie escuche.

A Hiccup le encantó la idea de almorzar con su esposa. Le dio un beso en la frente después de vestirse.

-Ahora regreso.

En cuanto el varón salió del cuarto, Astrid se recostó de nuevo en la cama, realmente estaba agotada.

Con sigilo fue al establo de los dragones, le dio una buena dotación de pescado, vio que Stormfly seguía dormida, de seguro por las largas distancias recorridas el día anterior, aunque a ella le dejó pollo.

La ventaja de ser tan temprano es que aún no había mucha movilidad de personas, por lo que pasó completamente inadvertido que llevaba doble ración de pan, huevos, miel y leche fresca.

Ingresó a su cuarto de nuevo, notando que Astrid veía por la ventana que ahora estaba abierta, quien se había puesto una de sus camisas la cual le llegaba a media pantorrilla y vaya que se le veía tremendamente bien. Cerró la puerta con cuidado y dejó la charola en la mesita que usaba para escribir sus notas.

Se dirigió hasta su querida rubia, abrazándola por la espalda, hasta acariciar su vientre, besando su cuello al mismo tiempo.

-Llegué a pensar que no querías ni hablarme. –susurró en su oído, antes de besarle con ternura.

La rubia se retorció contra él.

-No quería. –confesó. –Pero quería más estar contigo. Como ya te dije, entiendo tus motivos, y sé que fueron los correctos. Ya lo habíamos dejado claro, es sólo que seguía resentida Ya dejemos eso de lado.

-Esto pasará pronto, y podremos estar juntos de nuevo. –garantizó el jefe.

Astrid se giró, rodando su cuello con sus manos y también aprisionando su cintura con sus fuertes piernas.

Hiccup la sujeto y tras una breve petición desde la mirada accedió a besarla apasionadamente. Claro estaba que su esposa le correspondió con la misma intensidad.

-Ya traje la comida, mi lady. –susurró el jefe, sin dejar de besarla por el cuello.

Se detuvieron un poco, sólo el suficiente para que Hiccup se apartara, manteniendo el equilibrio, dándole oportunidad a Astrid de removerle la camisa.

-La comida puede esperar. –musitó con seducción. –Nosotros no.

El rey la cargó hasta la orilla de la cama, donde la dejó caer, posicionándose él encima.

Al parecer, para ambos, una noche no era suficiente.

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Un rato después de amarse físicamente, se quedaron recostados, Astrid aprovechó para contarle a su esposo lo que ocurría en Berk con los asaltos a las flotas que llevaban las islas.

-Por eso pienso que me parece raro que hayan asaltado nuestros navíos. –finalizó, jugando con su mano encima del pecho del su esposo.

El castaño empezó a considerar lo que ella explicaba.

-¿Qué más han hecho para averiguar?

La rubia resopló, acostada ahora por completo en la cama, tapada gracias a una manta.

-La última entrega que mandamos fue la prueba. No tenía nada de valor en esta ocasión. Incluso había vigías que mantenían distancia, alcanzaron a contar que los asaltantes sacaban el pago y lo arrojaban al mar.

-Querían dañar en lugar de robar. –concluyó el jefe, mientras peinaba a su lady.

Astrid asintió con preocupación.

-Mandé una carta a Escalofrío dando la nueva ruta de comercio. Sólo la debía recibir Fass, pero aunque la cambiemos vuelven a emboscarnos.

El jefe meditó por un segundo. –Iremos por aire, será más rápido, mandaremos el pago por medio de los dragones.

-¿Iremos? –preguntó la fémina, mirándolo fijamente.

El castaño le tomó su mechón y lo puso detrás de la oreja, sin apartar la mano de su mejilla. –Regresaré a Berk, quiero ver cómo está el pueblo y también para guiar esa expedición. No quiero que volvamos a perder mercancía. Sólo iré un par de días para hacerme presente, ¿te parece?

-Me parece muy bien, entonces yo me quedaré aquí. –bromeó con él sólo para ver su reacción, haciendo reír al jefe.

Pero se volvieron a besar, ignorantes que la puerta se abría sorpresivamente.

-Buenos días, hijo mío. –saludó Tuffnut, entrando con Ruff y Gallina, descaradamente, prácticamente sin tocar.

La rubia alcanzó a taparse con la sábana, pasando desapercibida.

-Ay dioses. –exclamó el castaño, tapando a su lady, quien empezaba a colocarse con mucha discreción.

-¿Sigues acostado? –preguntaron extrañados.

-Eh, sí, sí, me desvelé. –dijo apurado, acomodándose los pantalones, debajo de las mantas.

-Pensé que habías dicho que iríamos temprano al reconocimiento del Estrecho de Balder. –recordó el gemelo. –Supuse que estarías listo.

-Eh, sí, creo que iremos después de mediodía. –cambió los planes.

Ambos se encogieron de hombros. –De acuerdo. –se dispusieron a marcharse, pero antes de eso…

-Por cierto, buenos días, Astrid. –saludó Ruffnut, como si nada.

La reina gruñó, sacando la cabeza afuera de las mantas, molesta. -¿Cómo es que supieron?

-Elemental, mi estimada lady. –dedujo el gemelo. –Anoche mi hijo me sacó de la habitación antes de que cenara, en cualquier otra situación ella me habría hoy por la mañana no hizo su acostumbrado vuelo matutino, por el contrario, tomó el desayuno en doble porción, lo trajo a su cuarto y miren la evidencia. –señaló la comida. –No la han tocado.

Los jefes se miraron incrédulos, la atmosfera de privacidad que tanto les costó, no la iban a recuperar.

-Además. –agregó el gemelo. –Investigamos, hay un nuevo inquilino en los establos, un Nadder Mortífero. –dijo mientras acariciaba a la gallina. –Y no cualquier Nadder, es un Nadder comepollos, y todos en La Orilla del Dragón saben que el pollo ESTÁ PROHIBIDO.

-No está prohibido. –aclaró el jefe, molesto por la intromisión, mientras Astrid terminaba de acomodarse la camisa, debajo de las mantas también.

-Así que usando mi lógica, deduje que había dos posibilidades. –dijo mostrando tres dedos con su mano. –O Hiccup estaba con una amante, o Astrid estaba de visita conyugal.

El gemelo, orgulloso se enderezó, sacando el pecho.

-En realidad vimos tu ropa. –la gemela señaló la silla donde la ropa de la mencionada, misma que Astrid dobló y acomodó mientras el jefe iba por la comida. –En fin, es bueno verte Astrid, y es excelente ver que al parecer Hiccup ya es mejor en la cama, sino no hubieras venido hasta acá por una sesión de apareamiento.

-¡Ruffnut! –regañó la mujer, nunca los dejarían olvidar lo que ocurrió en la noche de bodas.

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Un par de meses antes, lejos del archipiélago barbárico, un hombre veía el mapa. Varios puntos estaban tachados por la cantidad de pérdidas territoriales.

-No puede ser. –golpeó el de ojos rasgados. –Hemos perdido en tres meses lo que nos costó casi quince años obtener.

-Todo por el maldito hijo de Stoick. –expresó la mujer, arrojando lejos las piezas de lo que parecía ser el antiguo juego de mazas y garras.

En la oscuridad, un hombre de cabello albino se divertía viéndolos batallar.

-¿Para eso me mandaron buscar? –preguntó burlón. –Tengo mejores cosas que hacer.

Ragnar, uno de los lords de la guerra, lo detuvo. –Escucha Grimmel, te vamos a pagar muy bien para que nos traigas un Furia Nocturna. Él es el Alfa, derrotó al Salvajibestia de Drago. Tú serás recordado como el cazador que logró extinguir la especie más difícil de todas, atrapando al Alfa.

-¿Qué dices? –preguntó Griseld. –Atrapas al dragón, te pagamos y nosotros nos quedamos con él.

El hombre se vio tentado.

-¿Aceptas? –preguntó Chaghatai.

El hombre sonrió malévolamente.

Acabada esa sesión, iniciaron con los planes de ataque. Por un lado retomarían las acciones para recuperar el territorio perdido, asustando y jugando con la seguridad de las islas.

Tiempo después

Ninguno de los tres lords contaban con la astucia de los nuevos jefes de Berk, ni siquiera alcanzaron a llegar a territorio Hooligan, los atacaron y DERROTARON antes de tiempo establecido para la pelea.

Cuando decidieron ir por Berk nuevamente se dieron cuenta de otra cosa importante y de obstrucción a sus plans: un nuevo punto de ataque (el cual no había sido identificado) les dio como bienvenida la entrada al archipiélago.

Era más inteligente de lo que esperaba.

Pero dejó descuidado Berk, y en ese punto es donde se apoyarían.

-Se supone que vas a tomar al Alfa, ya han pasado meses y no has hecho nada. –reclamó Shagathai.

Grimmel sólo se dedicaba a pelar una manzana con despreocupación. –Ustedes son los que quieren atacar sin ver la debilidad. Así sólo van a perder, igual que Drago. Por un niño que juega a ser un jefe.

Los lords se ofendieron por la actitud del cazador.

-Entonces, si es tan fácil, ve y demuestra cómo debe ser esto. Te presto mis mejores hombres, irán contigo para que…

Grimmel se empezó a reír. -Descuida, descuida, yo no necesito tanto armamento. Debes entender que todo se consigue con paciencia. Debes definir el objetivo, ¿cuál es?

Ragnar levantó la mano, queriendo participar con ánimo.

-Dime Ragny. –con sarcasmo invitó.

-El Alfa.

Grimmel se irritó. –No, en realidad el objetivo en Berk. Por tontos descuidos de Drago, la isla se recuperó de un perfecto asedio que la isla tenía, perdieron grandes cazadores y ni hablar de los malditos dragones que ahora han sido liberados y los tratan como iguales.

-También perdiste a la Furia Nocturna Albina. –provocó Griseld, recordándole que ésta escapó meses atrás.

Grimmel se irritó de nueva cuenta.

-Digan qué es lo que ustedes quieren, de una vez.

-Ya te dijimos, tomar Berk. –repitió Ragnar. –Aunque por ahora es más importante atravesar el estrecho sin que hundan nuestros barcos.

-¿Qué harás? –preguntó el de ojos rasgados.

El cazador sólo sonrió con malicia, mirando a sus dragones pronto verían de lo que era capaz.

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Esa misma tarde, en el mirador, los jefes se preparaban para despedirse.

-Entonces irás en una semana. –confirmó la rubia, separándose del abrazo que ambos se daban.

-Así es, también quiero ver a mi mamá. –le besó las manos.

La rubia asintió, Valka también lo extrañaba.

No ocupaba la ayuda de Hiccup para subir a su dragón, pero la aceptó por mera cordialidad.

-Te estaré esperando. Ten cuidado. –pidió Astrid, mientras veía a Gobber sujetar la bolsa con cartas para los aldeanos de la isla.

Snotlout y Eret serían la escolta de la reina por insistencia de Hiccup.

-Tengan cuidado. –pidió el jefe, por última vez, viendo como emprendían vuelo.

La rubia lo miró agradecida por esos pequeños momentos que pasaron en la Orilla del Dragón. Acompañada por Eret y Snotlout emprendió. –Vamos Stormfly. –invitó a su dragona a que alzara vuelo.

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Las batallas bálticas no dieron tregua, en las siguientes semanas. Los lords de la guerra estaban dispuestos a conseguir lo que habían dejado pendiente, no se rendirían, pero tampoco los vikingos de las islas que acaban de ser liberadas.

Los dragones pelearon en conjunto con todos los hooligans, berserkers, defensores del Ala... todos fueron un perfecto equipo que poco a poco fue derribando a las flotas de los lords, sin embargo, aún quedaba el más escurridizo de todos, él no tenían flotas a su cargo, y no se sabía mucho de él, sólo que quería a Toothless, y eso nadie, mucho menos Hiccup, lo iba a permitir.

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Notas de la autora:

Espero que la actualización les haya gustado, en lo personal me divertí con las ocurrencias de los gemelos.

Recuerden que lo que se escribe en cursiva lo narra otra persona, ¿quién será?

Gracias nuevamente por sus comentarios a KatnissSakura y a Mar GL, siento que escribo para ustedes nada más jeje.

Quédate en casa, esto pasará.

Gracias por leer!

**Amai do**

-Escribe con el corazón-

Publicado: 16 de abril de 2020