Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.

Palabras: 4656.

25.- Incendio

Marinette se había encerrado en su habitación, dejándose caer sobre la cama. Ignoró a Tikki y sus preguntas y se concentró en sentirse miserable. ¿Por qué Luka no le dejaba dinamitar aquella maldita frontera que había establecido? Ya sabía que no había prisa, que tenían mucho tiempo por delante y que, tal vez, aún no estaba del todo preparada, pero quería probar, dejarse llevar hasta donde fuese capaz de llegar.

¿Qué problema podía haber? ¿La consideraba una cría? ¿Era poco atractiva? ¿O de verdad pensaba que seguía dudando entre Adrien y él? Le daba rabia, porque Luka estaba tan acostumbrado a controlar su expresión y lenguaje corporal por las crisis de Juleka que le costaba mucho entrever algo cuando se mostraba un poco alterada.

Le ignoró cuando llamó a su puerta, aguantó la respiración hasta que le oyó suspirar y alejarse de la puerta. Tikki le dijo que se estaba comportando como una niña y ella le replicó con un bufido cargado de amargura.

Se quedó dormida mientras lloraba, envuelta en el albornoz y con las bragas del bikini frías y empapadas porque no se había ni molestado en cambiarlas por algo que estuviera seco.

Se despertó entumecida, con la alarma del móvil chillando desde la mesilla de noche.

—Marinette…

—No quiero hablar, me voy a la ducha —refunfuñó.

No había acabado de sentirse miserable, no sabía si acabaría algún día de hacerlo. Y tendría que verle en unos minutos, no sabía si quería verle o si estaba lista para hacerlo, pero si no bajaba Rose y Juleka irían a buscarla y la arrastrarían. La única solución pasaba por espabilarse, bajar y dar con el modo de poder mantenerse alejada, al menos hasta saber si estaba enfadado con ella o si iba a dejarla.

Salió de la ducha, se secó y peinó y se vistió. Buscó las gomas de pelo acordándose de que se las había dejado en la habitación de Luka junto con la parte de arriba de su bikini. Se miró al espejo, tendría que olvidarse de recogérselo por el momento, cerca del hotel debía de haber alguna tienda en la que comprar unas nuevas.

Tomó la llave magnética y entreabrió la puerta para comprobar que en el pasillo no había nadie. Se metió en el ascensor y bajó hasta el comedor sorprendiéndose al ver que no era de las primeras en llegar. Adrien estaba sentado desayunando distraído, Rose y Juleka estaban llenando sus bandejas e Iván parecía estar al borde de un ataque mientras trataba de llamar la atención del camarero para que le preparara algo caliente.

Marinette tomó una bandeja vacía y se movió entre los aparadores repletos del bufé, todo tenía buena pinta, pero acabó decidiéndose por asaltar los cereales, se hizo con un chocolate caliente. Se quedó inmóvil al ver entrar a Luka, él le sonrió y ella sintió como un temor absurdo se instalaba en su pecho. Buscó la mejor ruta para llegar hasta la mesa y esquivarle, dio un amplio rodeo. Miró a sus amigos, ya sentados, había muchos sitios libres, pero se sentó entre Rose e Iván, impidiendo así que Luka tuviera espacio a su lado. Era absurdo y no sabía qué pretendía lograr con eso, pero fuera lo que fuese pareció no funcionar. Luka le dio un beso en la coronilla y con discreción deslizó sus gomas para el pelo hasta su mano.

Buscó el hueco libre que había junto a Adrien y se puso a desayunar como si nada pasase, mirándola de vez en cuando.

—Buenos días —bostezó Jagged uniéndose y sentándose con ellos.

Le miraron confusos, era la primera vez que le veían con la cara limpia sin una pizca de maquillaje, casi parecía otra persona, si no fuera por la voz les habría costado saber quién era.

—Te pareces mucho a Luka —soltó Rose tapándose la boca al darse cuenta de que lo había dicho en voz alta.

—Diría que es él quien se parece a mí, pero supongo que sí.

Luka ahogó la risa contra el borde de su taza de café.

—Ahora entiendo por qué en el contrato ponía que nada de fotos —murmuró Adrien esperando que aquella situación no se volviera incómoda.

—¿Seguro? —inquirió Jagged—. No es por parecidos, no me gusta que me hagan fotos, sobre todo cuando no estoy trabajando.

Marinette recordó el incidente con Vincent Aza, a Penny sacándolo del hotel bruscamente y su posterior akumatización.

—No me extraña que no quieras fotos con esa nariz —farfulló AURORA dejándose caer en la silla libre junto a Iván.

—Ya, buenos días a ti también.

—Estáis incomodando a los chicos —intervino Penny.

—¡Ah Penny! ¿Dónde estabas? Te he estado buscando. —Jagged hizo ademán de levantarse, pero se arrepintió, mal disimulando la incomodidad tomó la bandeja con el desayuno que portaba Penny dejándola a su lado sobre la mesa—. ¿Qué te ha pasado en la mano?

La agente movió la mano vendada con el ceño fruncido y se sentó con las mejillas sonrojadas.

—Un pequeño accidente en el gimnasio.

—Para que luego digan que hacer deporte es bueno —farfulló Jagged mordisqueando una tostada.

—Es mejor que estar tirado en un sofá sin hacer nada.

Jagged la miró de reojo tragándose las ganas de decirle que cuando estaban en el sofá no era "nada" precisamente lo que hacían, pero había niños y nadie sabía que estaban juntos. Penny le estrangularía si soltaba algo así.

—Y qué, chicos ¿habéis dormido bien? —preguntó el rockero paseando la mirada por ellos.

—La cama es enorme —soltó Rose.

—Y muy cómoda —añadió Juleka.

—Y hay mucho silencio —musitó Iván.

—La habitación es fantástica —declaró Adrien—. He dormido muy bien.

Marinette sintió la mirada de Jagged fija en ella, rió nerviosa, no podía soltarle que había pasado una noche horrorosa buceando en la miseria.

—Sí, es genial —murmuró.

Luka no contestó, no le pasó por alto. ¿Habría pasado tan mala noche como ella? Deseó que Jagged le preguntara, pero supuso que la relación entre ellos no era lo suficientemente relajada como para eso.

—¡Eh! Eres esa monada del gimnasio. —La mano de un desconocido se apoyó sobre la mesa entre Penny y Jagged—. ¿Cómo está esa manita? Siento haberte golpeado, no ha sido a propósito.

—Está bien, gracias —contestó con tono seco sin molestarse en mirarle—. Si no te importa estamos desayunando.

—Deja a estos críos y a los dos viejos y ven a pasártelo bien conmigo.

Penny soltó un suspiro molesto.

—Tentador, pero piérdete.

—Penny, ¿quién es este idiota? —inquirió Jagged.

—Es evidente que un gilipollas sin educación y que no sabe entender el significado de un "no" —contestó AURORA.

—No es nadie —se apresuró a contestar Penny.

—Mira, nena, tengo una entrada de sobras para el concierto del año, si te portas bien conmigo es tuya.

Penny se concentró en ignorarle, esperando que el resto hicieran exactamente lo mismo.

—Es una entrada de las buenas, te lo prometo, no es de la reventa.

—No me interesan los conciertos.

—No es un concierto cualquiera, es el de Jagged Stone, ¿sabes cuánto tiempo hace que se agotaron las entradas?

La mirada de los chicos se clavó de manera automática en Jagged que había puesto los ojos en blanco. Odiaba a ese tipo de gente.

—No me interesan los conciertos, especialmente los de Jagged Stone.

El hombre soltó una risa sardónica.

—¿Por qué no la dejas tranquila? —intervino Luka.

—Cierra la boca, mocoso, nadie está hablando contigo.

El brusco carraspeo hizo que Penny se olvidase de mirar fijamente la bandeja para girarse. El gerente del hotel estaba allí plantado sujetando con firmeza una correa negra.

—Señorita Rolling, no puede dejar que el cocodrilo ronde por el hotel, me prometió que no habría ningún problema.

—Lo siento mucho —se disculpó tomando la correa de Fang—. La puerta debe de haberse quedado mal cerrada.

—¿¡Eres Jagged Stone!? —gritó el chico dando un paso atrás sorprendido.

Fang se removió incómodo abriendo la boca amenazante.

—No deberías gritar a Fang le molestan los sonidos fuertes —susurró Jagged agachándose para rascarle la cabeza a su compañero—. ¿A qué sí, Fang? Buen chico, buen chico.

—Ya entiendo porque no te interesan mis entradas, muñeca. Sólo tienes que ponerte de rodillas cuando quieres una.

El músico se incorporó rápidamente, cerrando el puño sobre la camiseta de aquel cretino dispuesto a partirle la cara para que captase el mensaje.

—Jagged, no —susurró Penny poniendo la mano sobre su pecho intentando apartarle.

—Por favor, este es un hotel serio —protestó el gerente.

—No me parece muy serio cuando se permite que basura como este tipo le hable así a Penny.

—Caballeros, no perdamos las formas, se lo ruego, están molestando a los otros clientes.

Jagged lo soltó de mala gana, le arrebató la correa de Fang a Penny de entre las manos con delicadeza.

—Penny, recuérdame que no volvamos a este hotel nunca más. El trato al cliente es lamentable.

El gerente entró en pánico, meneó la mano indicándole a uno de los camareros que sacasen al alborotador de allí a rastras de ser necesario y caminó tras Jagged, que farfullaba cosas entre dientes, tratando de convencerle para que no dejase de alojarse allí cuando estuviese en Londres. Alguien dispuesto a alquilar una planta entera, aunque sólo ocupasen una o dos habitaciones tenía que suponer una suma importante de dinero.

—Lo siento —se disculpó Penny.

—¿Por qué? No has hecho nada malo aparte de no darle una buena patada en las pelotas —soltó AURORA.

Penny rió con los nervios crispados.

—Lo tendré en cuenta para la próxima vez.

»Dejemos eso… Tenemos que hablar de trabajo, esperaba que Jagged estuviera con nosotros —musitó intentando sonar calmada y despreocupada.

»Hay que estar en la sala de conciertos a las siete, haremos algunas pruebas de sonido y de iluminación, las puertas se abrirán a las ocho, a y media saldréis vosotros, actuaréis entre treinta y cuarenta y cinco minutos y después lo hará Jagged.

»Podéis quedaros a ver el concierto si queréis o volver al hotel.

—Nos quedaremos, ¿verdad? —exclamó Rose emocionada.

—No hay ningún problema con eso —contestó AURORA—. Nos moveremos con el bus de la gira, no tenéis que preocuparos por el transporte. Saldremos de aquí a las seis, no lleguéis tarde, nada de excusas. Esto es trabajo, no una excursión del instituto.

»Y ahora largo, relajaos y preparaos para esta noche.

Los chicos obedecieron conscientes de que ni Penny estaba tranquila, ni AURORA quería que escucharan lo que iba a decirle. Se montaron en el ascensor en tropel parloteando de qué hacer hasta las seis. Adrien les dijo que tenía clase de chino y que se quedaría en la habitación repasando las partituras cuando acabase; Iván daría una vuelta por la ciudad para comprarle algo bonito a Mylène porque le había prometido llevarle algo único de cada lugar que visitaran y que después hablaría con ella por videollamada; Juleka y Rosa explicaron su gran plan para el día de hacer turismo y hacerse un sinfín de fotos para darle envidia a todo el mundo colgándolas en sus redes sociales. Antes de que Marinette o Luka pudieran decir nada las puertas se abrieron en la planta donde se alojaban.

Aquello pareció una cursa para ver quien salía más rápido y llegaba antes a su habitación. Marinette se encontró sola en mitad del pasillo con Luka, con aquel silencio extraño e incómodo sobrevolando sus cabezas.

—Marinette, ¿podemos hablar o vamos a seguir ignorándonos hasta que volvamos a París?

—Hablemos —aceptó casi porque ya no soportaba más el silencio que porque se sintiera con fuerzas para hacerlo.

Se quedó quieta muerta de miedo.

—¿Podemos ir a otro lado o tiene que ser aquí? —preguntó Luka viendo que no hacía ademán de moverse.

—Luka... ¿vas a dejarme?

—Claro que no, ¿por qué iba a hacerlo?

Marinette sacó la llave magnética de su bolsillo, caminó hasta su puerta y la introdujo en la cerradura, se abrió con facilidad.

—Entra.

Luka obedeció permitiendo que la puerta se cerrase a sus espaldas con un susurro seco.

—Creo que tú y yo tenemos que hablar.

—Eso suena a que vas a dejarme —declaró Marinette.

—No voy a dejarte —repitió sentándose sobre la cama—. Lo que pasó ayer, he estado pensando en ello y no entiendo por qué reaccionaste así.

—Yo…

—Sé que quieres algo más que besos, pero…

Marinette soltó un suspiro. Tenía que ser sincera con él dejar de ocultarse tras su estúpida inseguridad.

—Está bien, te diré la verdad —susurró sacando su móvil del bolso—. Llevo un par semanas recibiendo mensajes raros.

—¿Qué tipo de mensajes?

—No lo sé, empezó como una estupidez, pero se han vuelto molestos.

»Creo que es alguien que te conoce.

—Marinette, ¿qué tipo de mensajes?

Desbloqueó el teléfono, abrió su perfil de Instagram y se lo ofreció a Luka. Leyó el hilo de aquel chat privado que empezaba con un «admiro tu trabajo» y desembocaba en un «¿quién iba a sentirse atraído por un cuerpo de cría como el que tienes?».

—Voy a matarla.

—¿Sabes quién es?

—Es Cléa, es su perfil de vigilar al rival. ¿Por qué no la bloqueaste cuando empezó a meterse contigo?

—Yo… bueno, tenía la esperanza de descubrir quién era y pararle los pies.

—Cariño, ninguna de esas cosas que te ha dicho es cierta —aseguró devolviéndole el teléfono.

—¡Pero siempre me detienes! ¿Por qué ibas a hacerlo si te atraigo?

—Por supuesto que me atraes. ¿Sabes lo que me cuesta no tocarte o mantener la cabeza fría? —inquirió revolviéndose el pelo, incómodo—. ¿Sabes la cantidad de duchas frías que he tenido que darme en los últimos meses?

Estuvo a punto de preguntarle si se les había estropeado el calentador del Liberty cuando el significado real de aquella frase la golpeó por sorpresa.

—Entonces ¿cuál es el problema, Luka?

—Quiero que estés totalmente segura de que lo quieres, Marinette. No quiero que un día mires atrás y te arrepientas de ello.

—Es imposible estar cien por cien seguro de algo, Luka —musitó atreviéndose a recortar la distancia con él—. Pero sé que nunca me arrepentiría de estar contigo, porque lo que siento por ti es de verdad.

»A lo mejor dentro de un tiempo se acaba y seguimos caminos diferentes, o acabamos odiándonos, o acabamos siendo un par de abuelos comiendo galletitas en el sofá rodeados de kwamis, no lo sé... Pero ahora mismo, lo único que quiero, es estar contigo.

—Nunca podría odiarte —susurró.

—Quiero decir que, no importa lo que pueda pasar, importa lo que estamos viviendo ahora y no sé si puedo aguantar hasta cumplir los dieciocho o me volveré loca antes.

—No quería detenerte.

—¿Qué?

—Quería decirte que no tenías que hacer nada que no quisieras y que me parases si te sentías incómoda.

—Oh…

—Pero es evidente que no fue el mejor modo de hacerlo.

—No, diría que no —replicó riendo.

Marinette se movió de nuevo arrimándose a él para poder besarle. La temperatura subió rápido, pero ambos se esforzaron en tener la situación bajo control. En pocas horas saldrían al escenario y antes de eso tenían que comer, prepararse y, tal vez, dar un paseo para calmar los nervios.

Acabaron tirados sobre la colcha comiéndose a besos, susurrándose cosas y riendo, hasta que les dio hambre. Bajaron al comedor, asaltaron el bufé libre y comieron en una mesa para dos. No se encontraron a los demás, ni se los cruzaron. Regresaron a la habitación de Marinette y continuaron allí donde lo habían dejado.

—Marinette, Luka ¿estáis ahí? —la voz de Rose se dejó oír entre los toquecitos contra la madera de la puerta—. ¿Marinette? ¿Luka?

Luka le echó un rápido vistazo al reloj sólo para comprobar que quedaban dos horas hasta que tuvieran que bajar para ir a la sala de conciertos y que no habían perdido la noción del tiempo.

—¿Abrimos? —preguntó Marinette.

—Espera —susurró.

—Parece que no están aquí —pronunció Rose.

—Ya te lo he dicho, habrán salido —dijo Juleka.

—Pues peor para ellos, vamos a pasárnoslo bien nosotras.

El muchacho respiró aliviado al saber que Juleka estaba bien y que sólo buscaban divertirse.

—No podemos escondernos aquí para siempre —susurró Marinette.

—¿Ah, no? ¿quién nos lo impide?

—El hambre y vuestro concierto.

—Lástima… porque estar aquí contigo es todo lo que quiero ahora mismo.

—Idiota —susurró riendo.

Continuaron hablando, entre besos y risas, hasta que el tiempo empezó a echárseles encima y tuvieron que separarse para arreglarse.

Se encontraron de nuevo frente al autobús de la gira de Jagged. La dejó subir primero encontrándose con una escena extraña: Rose y Juleka no estaban sentadas juntas.

—¿Te importa sentarte con Rose?

Marinette la miró y después a Luka.

—No, claro —contestó, aunque esperaba poder seguir con los mimos.

—Gracias.

Luka le dio un corto beso en los labios y fue hasta Juleka que no había despegado la vista del punto indeterminado de la calle que miraba, se sentó a su lado, acariciándole el pelo. Marinette se dejó caer junto a Rose que la miró con gesto infantil.

—¿Os habéis peleado?

—Juleka tiene una de sus crisis.

—Oh… creía que lo tenía superado, en la tele lo hizo bien.

—En el estadio habrá mucho público, esperan a Jagged, le da miedo desafinar, equivocarse y que se rían de ella.

—Pero si Juleka es muy buena.

—Me siento tan inútil —musitó dejándose caer sobre el regazo de Marinette—. Yo no sé cómo ayudarla.

—Tú también la ayudas, Rose —replicó observando a los dos hermanos susurrar—. Cuando éramos pequeñas siempre la defendías cuando Chloé se ponía grosera con ella.

Marinette le acarició el pelo a Rose, entendiéndola a la perfección, dándose cuenta de que ella se había sentido igual frente a AURORA.

—Apóyala en lo que sabes que puedes hacerlo y deja que Luka lo haga con ese miedo escénico.

No sabía qué fantasma era el que acosaba a Juleka, pero sí que no era un simple miedo escénico.

Jagged se montó en el autobús con cara de pocos amigos y se dejó caer en los asientos del fondo, Penny entró tras él, pero no se sentó a su lado.

Con todos a bordo, el conductor arrancó y puso rumbo a la sala de conciertos. La distancia era relativamente corta, para cuando el vehículo estacionó, Juleka, parecía bastante más tranquila que cuando se montaron.

AURORA les indicó que tenían que salir ellos primero para empezar a prepararse.

Marinette les ayudó con el vestuario, Juleka con el maquillaje y, una vez vestidos y arreglado, Rose soltó aquel discurso motivacional que era como una especie de mantra para el grupo. Después habló Luka con aquel aplomo y firmeza de quien sabe lo que hace, dándoles ánimos para hacerlo bien, calmando lo nervios de Juleka.

Marinette le tomó la mano cuando se disponía a saltar al escenario.

—Lo harás genial —susurró acomodándole el cuello de la chaqueta.

—¿Estarás bien aquí sola?

—Estaré con AURORA y Penny, no te preocupes. Sal ahí y demuéstrales lo que vales.

—Te quiero.

—Y yo a ti, superestrella.

Luka rió besando su rostro.

—Estoy muy lejos de eso.

—¡Luka! —llamó a voz en grito Rose—. ¡Vamos! ¡Que tenemos que salir!

—¡Voy!

—¡Lo eres para mí! —gritó cuando estaba a punto de salir al escenario, la miró un instante, le sonrió y se puso la máscara.

Marinette aguantó la respiración hasta que las primeras notas empezaron a sonar, el sonido era extraño desde allí, pero sonaban bien sin rastro de dudas. Algo más tranquila se movió hasta plantarse al lado de AURORA que los miraba con el ceño ligeramente fruncido.

—¿Algo no va bien? —se atrevió a preguntar.

—Se está conteniendo, no tiene que contenerse.

—¿Qué? ¿quién?

—Tu novio, parece que esté tocando en el coro de la iglesia, ¿qué demonios está haciendo?

Ella no lo definiría como tocar en el coro de la iglesia, pero sí que parecía menos enérgico que de costumbre.

—A lo mejor… le intimida tanta gente.

AURORA se giró lentamente para mirarla como si fuera idiota de remate.

—Toca clásica, toca en una orquesta con el conservatorio, ¿de verdad crees que un montón de fans del rock le iban a intimidar? Los ricos perfumados envueltos en joyas intimidan, esta gente no.

—No lo sé —admitió, pero si no era eso qué iba a ser.

—¿Os habéis peleado?

—No, estamos bien.

Los mensajes de Cléa ¿y si era ese el problema? Si le preocupaba cómo podía sentirse por lo que pasase encima de ese escenario se estaría autocensurando.

—Si grito algo ¿me oirán?

—Luka y Adrien seguro, tal vez Rose también, Iván y Juleka no lo creo, ¿por qué?

—¿Y el público?

La mánager miró a los espectadores que no estaban disfrutando de aquel espectáculo tanto como cabría desear.

—¿Con esos altavoces? Sería un milagro si llegasen a oír a quien tienen al lado.

—Vale, allá voy.

Marinette inspiró hondo llenándose los pulmones.

—¡Luka! ¡Enséñales cómo se hace! —Vio como fallaba la nota por la sorpresa, aunque a diferencia de Adrien no desvió la vista para mirarla—. ¡Haz que se vuelvan locos por ti!

Tocó dos notas fuera de la partitura cuyo significado Marinette conocía y que significaban «vale». La posición de su cuerpo cambió, se dejó ir. AURORA quitó aquel ceño fruncido y sonrió dándole un par de palmaditas en el hombro.

—Buen trabajo.

Marinette se concentró en disfrutar del trabajo de sus amigos, procurando que el griterío que se desató con el solo de guitarra de Luka no la afectase, porque ya sabía que iba a pasar, que era sólo cuestión de tiempo que empezase a acumular fans. Tocaba bien, tenía carisma y sabía moverse. No podía dejar que eso la paralizase o entorpeciese aquella relación por la que ambos estaban apostando.

Penny se les había unido a media actuación y al final lo hizo Jagged también, preparado para saltar al escenario y acabar de satisfacer a aquel público entregado.

Cuando la última nota se extinguió Jagged entró en escena, saludando con la mano desatando los gritos de los fans. Le dio las gracias a Kitty Section pidiendo un aplauso para ellos y les tomó el relevo.

Marinette abrazó a Juleka con fuerza, felicitándola porque lo había hecho aún mejor que en la tele y, después, se refugió entre los brazos de Luka riendo cuando él le dijo que estaba loca por haber gritado de aquel modo haciendo que se equivocara.

El concierto de Jagged duró algo más de dos horas. Al acabar parecía haber recuperado su buen humor como si por la mañana no hubiese habido ningún altercado en el comedor.

El regreso al hotel estuvo dominado por el parloteo eufórico, Jagged se había sentado delante con ellos y participaba en la conversación casi como si fuera un adolescente más. Bajaron todos juntos y se metieron en el ascensor. Luka le susurro que podían verse más tarde si quería, pero que necesitaba darse una buena ducha.

Marinette se metió en su propia habitación, también le convenía darse una ducha, no sabía que entre bastidores pudiera hacer tantísimo calor. Se dejó el pelo suelto para que pudiera secarse por sí mismo y salió al pasillo para ir a la suite de Luka, llamó a la puerta y esperó a que se asomase.

—¿Puedo pasar?

Luka abrió del todo, tenía el pelo empapado y la piel algo húmeda.

—El concierto. Has sido increíble.

—Eso ya me lo has dicho en el autobús —musitó divertido.

—Bueno, quería estar segura de que recibías el mensaje.

—¿Hay algún otro mensaje para mí?

—Puede, si te acercas te lo daré.

Se acercó con sigilo, inclinándose hacia adelante para que no tuviera que ponerse de puntillas. Marinette alcanzó sus labios con un punto de timidez.

—Creo que no lo he oído bien —susurró Luka—. ¿Me lo puedes repetir?

Y ella lo repitió varías veces perdiendo la timidez poco a poco.

—¿Te quieres quedar a dormir?

—Sí.

—Ve a por el pijama y…

Las manos de Marinette tiraron de su camiseta, se la dejó quitar mientras ella le besaba.

—Ahora tengo una camiseta, me las arreglaré —siseó sin apenas separarse de sus labios.

—Muy bien, ladronzuela.

Marinette se coló en el baño para sustituir la ropa que llevaba por la camiseta de Luka. Descartó la idea de dejarse puesta sólo la camiseta sabiendo que no se sentiría cómoda y que podría malinterpretarlo.

—Deberías quedártela, te queda mejor que a mí.

—A lo mejor lo hago.

—¿Quieres hablar un rato?

Ella disintió, lo último que quería en aquel momento era hablar. Quería comérselo a besos y continuar con lo que habían empezado en su habitación.

Luka correspondió con intensidad al beso que ella había iniciado, dejando que sus manos vagasen por su cuerpo colándose bajo la camiseta, pero dejando que fuese ella la que marcase el ritmo y las normas. Con los dedos temblorosos desató el cordón de los pantalones cortos de Luka para poder tirar de ellos hacia abajo, deseando que desaparecieran de su camino sin oponer resistencia, él la ayudó, empujando la prenda con el pie cuando llegó al suelo.

Le acarició con libertad, explorando su cuerpo, sin que Luka la detuviera en ningún instante, ni siquiera cuando tiró hacia abajo de sus calzoncillos para quitárselos. Se atrevió a tocarle, pero no a mirarle. Tratando de disimular, que se estaba muriendo de vergüenza, obligó a Luka a moverse hacia la cama. Se sentó a horcajadas sobre él y le miró a los ojos con las mejillas rojas.

—Luka, te quiero mucho.

—Y yo a ti. Muchísimo.

Reunió todo su valor para quitarse la camiseta de Luka y permitirle ver su torso desnudo.

—¿Puedo tocarte?

Ella asintió mordiéndose el labio, desatando un torbellino de caricias, besos y sensaciones nuevas que le hacían rodar la cabeza. Intentó poner orden en todo lo que sentía y atrapar las sensaciones, pero se escurrían entre sus dedos sin permitirle comprenderlas.

No supo en qué momento habían acabado tumbados sobre la colcha con Luka dispensando atención a cada milímetro de su piel. Los labios en su cuello, su mano jugueteando con la única prenda de ropa que llevaba. Le ardía la piel, cada músculo de su cuerpo parecía estar envuelto en llamas, como si su cuerpo fuese el foco de un intenso y descontrolado incendio.

—¿Puedo quitártelas? —jadeó en su oído.

Marinette tragó saliva, pero alzó las caderas deseando que sus piernas fuesen más estables de lo que las sentía. Las manos de Luka tiraron de la prenda con cuidado atento a cualquier muestra de arrepentimiento. Marinette se echó a reír cuando notó que la suave tela se deslizaba por sus tobillos para que Luka pudiera dejarla caer sobre la cama.

—¿Qué es tan divertido?

—Es que me da mucha vergüenza —soltó tapándose la cara con las manos como si con ello pudiera desaparecer.

—¿Quieres que paremos?

Separó los dedos para poder lanzarle una mirada tímida y desconcertada.

—No, quiero seguir.

—Sabes que no hay prisa, está bien si no te sientes preparada para continuar.

Le atrapó entre sus brazos, enredando los dedos en los mechones azules del pelo de Luka.

—Estoy preparada y quiero continuar

Y Luka se dejó llevar dispuesto a tirar abajo aquella última frontera. Enredados se quisieron, perdieron el miedo y se permitieron conocerse sin barreras ni temores.

Marinette se abrazó a él con fuerza mientras trataba de recuperar el ritmo de su propia respiración. Se sentía desbordada por todo lo que había ocurrido, por todo lo que había sentido. Sintió como un nudo se formaba en su garganta.

—Luka… —un sollozo le rompió la voz.

Le tomó el rostro entre las manos, preocupado, viendo como una lágrima resbalaba por su cara.

—Lo siento, ¿he hecho algo que no querías? —Marinette negó con la cabeza—. ¿Te he hecho daño?

—No, bueno un poco, pero no.

—Entonces ¿qué ocurre?

—Tus manos… lo que ha pasado…

—¿Qué?

—Nunca me había sentido tan amada.

—¿Por eso estás llorando?

—Y porque te quiero.

Continuará

Notas de la autora:
¡Hola! Al final la parejita se ha decidido a dar el paso definitivo, porque ninguno de los dos iba a ser capaz de aguantarse las ganas dos años.
Otro capítulo largo, los siguientes es posible que sean más cortos, aún no lo sé seguro porque los tengo a medias (no escribo en orden).