CAP XVII

"Este tráfico solo va a atrasarnos más a este ritmo." Dijo el moreno un poco nervioso.

"Te he dicho que girases a la derecha en el cruce anterior, así que culpa mía no va a ser." Dijo la pelirroja cruzando los brazos.

"Oye, oye. Ha sido cosa tuya que me has avisado tarde." Se defendió él, intentando excusar su pequeño despiste.

Ella le mandó una fría mirada ante su comentario y él exageró un escalofrió, provocando que ambos riesen y dejasen de discutir. Estaba agradecida de poder tener una conversación con él sin tirarse uno encima del cuello del otro. Shinichi había pasado esta mañana a recogerla puntualmente para acompañarla a su cita con el médico después de insistirle pesadamente, aún diciéndole que era completamente capaz de conducir y que no era nada necesario. Él insistió y ella tampoco quería ser desagradable.

Shinichi subió la música para poder seguir el estribillo de la canción que ahora sonaba por la radio y el móvil de Shiho sonó en ese momento con la llegada de un mensaje de Kaito. Shiho lo leyó disimuladamente para que Kudo no lo viese y se incomodara.

He conseguido la tarde libre. ¿Te recojo a la clínica pasado el medio día y comemos juntos?

Ella ensanchó su sonrisa al leerlo y le contestó rápido antes de devolver el teléfono a su bolso. Estaba muy contenta por como iban las cosas con Kaito, su manera de ser y su carácter eran muy diferentes a Shinichi aunque de aspecto fuesen como parientes. No consideraba a ninguno mejor que el otro sin embargo, solo diferentes.

"¿Enserio te gusta esta canción?" Le preguntó Shiho, volviendo su atención a él al ver que tarareaba una canción pop pegadiza que dejaba mucho que desear.

Él se avergonzó por un momento provocado que se sonrojaran levemente sus mejillas, así que aprovechó que estaba conduciendo para centrar más su atención a la carretera y no mirarle al contestarle. "Es pegadiza." Acabó diciendo casi en un susurro.

Ella se callo por completo para emitir una fuerte carcajada, sus ojos empezaron a llorar de la risa y sus manos intentaban cubrir la sonrisa que tanto le gustaba para intentar dejar de reír.

"Oye, que no es para tanto." Dijo intentando mirarle seriamente.

Aprovechó el momento para mirarla de reojo y contemplarla como hacía mucho que no hacía. Despreocupada, alegre y por lo que podía apreciar podía decir que feliz también. Él había querido siempre hacerla sonreír y acabó siendo la causa que hizo apagársela.

Se sentía un pequeño paso más cerca.

Tener que esperar en la sala de espera no era nada que les vinera de nuevo, la sala estaba llena de parejas conversando alegremente y alguna que otra mujer que parecía ir por su cuenta. Ellos se sentaron a un lado de la sala en el que parecía estar más vacío.

Ella cogió la primera revista que vio encima de la mesa y se dispuso a ojearla para matar el tiempo. Su instinto no tardó en notar alguna que otra mirada sobre su acompañante, su popularidad y atractivo parecía empezar a llamar la atención de alguna que otra mujer. Shiho levantó la mirada para apaciguar esa sensación y volvió su atención a la revista, resoplando e intentando sonar más cansada que molesta.

"No tienes que ponerte así, cariño" Le dijo Kudo dulcemente, provocando que ella se girase sorprendida y fuertemente sonrojada al ser llamada de esa manera.

"¿Qué estás diciendo?" Dijo ella sin saber bien que decir. "Y no me llames cariño. Estamos divorciados." Dijo ella intentando volver su atención al articulo que leía para no seguir sonrojándose más.

Kudo rio por lo bajo y se acercó a ella, haciendo que ambas caras estuviesen tapadas por la revista ante el resto de la sala, para que ningún curioso les leyera los labios.

Shinichi le apartó un mechón de la cara provocando que ella se erizase a su tacto. "No tienes que ponerte celosa, sabes que siempre te voy a pertenecer a ti. Solo tienes que darte cuenta." Le dijo susurrando.

"No estoy celosa." Dijo ella levantando la cabeza e intentando apartarle un poco de ella ya que sus acercamientos le nublaban sus respuestas.

Kudo volvió a reír y abrió la boca para seguir rechistando pero una voz madura y varonil sonó por encima de la suya.

"¿Señorita Shiho Kudo?"

Shiho se levantó a regañadientes al seguir siendo llamada por su nombre de casada pero cruzó la sala dirigiéndose a la consulta, parando un segundo antes a la altura donde se encontraba el doctor. "Es Miyano ahora." Le dijo seriamente antes de finamente entrar.

Ambos se sentaron delante de la silla que ocupaba el doctor, que procedió a hacerle las preguntas que recitaba en cada visita. El doctor era un hombre rubio entrado ya en sus años, con una gran experiencia sobre los hombros y adoración por su trabajo. Hacía sentir cómoda a Shiho en todas las revisiones y eso le ponía más fácil las cosas.

"¿Has sentido alguna molestia durante este par de semanas?" Preguntó aguantándose las gafas mientras leía con el dedo indicé.

"Si vomitar cuando huelo algo raro no se considera molestia, no, entonces no." Contestó ella un poco cansada de ello.

"En poco dejarás de preocuparte de ello, tienen que desaparecer en breve. Por lo que veo has entrado en el segundo trimestre recientemente, podríamos proceder a la ecografía y por los documentos que me constan podéis saber el sexo del bebé si quereís." Dijo el médico leyendo.

"¿Ya?" Preguntó Kudo indeciso al mirar de reojo el vientre poco abultado.

"En la ecografía no se puede percibir por el momento, pero con los análisis que se hicieron en la otra visita ya puede saberse. Los cromosomas son diferentes." Acabó explicando.

"No queremos saberlo por el momento, gracias." Le cortó Shiho a Shinichi antes de que tuviese opción a decidir algo.

Él se quedó mirándola curioso, pero cerró la boca sin ser capaz de rechistar. El se moría de los nervios por saberlo, bueno, más que saber confirmar lo que él creía que era, pero parecía que los planes de la pelirroja iban por una camino diferente. No quería cambiar el buen humor que llevaba así que decidió que ya tendría tiempo a preguntarle más tarde.

Ella y el medico se levantaron para dirigirse al otro lado de la sala, dónde había una gran buraca y unos cuantos aparatos médicos los cual desconocía la mayoría de sus utilidades. El rubio apretó un botón y encendió un monitor y al poco rato, después de ponerle ese gel azulado pudo ser capaz de ver por primera vez a su hijo en movimiento.

Se puso ambas manos en la boca para no chillar y acentuó sus oídos para poder escuchar mejor ese pequeño pulso que latía dentro de ella. Su bello se erizó y por un momento no pudo escuchar que hablaba el doctor con su exmujer. Todo lo que querían percibir sus oídos era ese sonido rítmico que le marcaba la vida en crecimiento. Adoraba ese sonido.

Sus ojos se quedaron mirando fijamente al monitor hasta que la dulce voz de Shiho le sacó de su trance.

"¿Lo escuchas, Kudo?" Le preguntó la pelirroja suavemente, con los ojos brillantes por la emoción y las lágrimas al borde de sus pestañas.

Shinichi asintió, sin querer hablar para romper esa armonía que se había creado. Su pecho se sentía ligero y sentía bienestar al notar que ella derribaba su muro ladrillo a ladrillo.

Al salir de la consulta Shinichi se ofreció rápidamente a acercarla a su casa pero ella se negó intentando ser amable.

"¿Puedo acercarte a algún otro sitio?" Volvió a preguntar él insistiendo.

"No es necesario, también me va bien andar. "Le respondió sonriendo. " Mi destino está cerca, nada de que preocuparse."

Kudo asintió un poco resignado y la contempló marcharse disimuladamente antes de dirigirse a su coche. Después de los años que habían pasado juntos, aún sentía extraño que se despidiesen de esa manera, y que después, cada uno marchase a una dirección diferente.

Solo esperaba que el tiempo pusiese todo de nuevo en su lugar y que el pasado desapareciese de una vez por todas.

Shiho giró la esquina y con ella desapareció esa sensación que sentía cuando Kudo la observaba, él se pensaba que no era capaz de percibirla, pero lo hacía siempre, solo disfrutaba todos esos deci de ella sin decirle nada.

La cafetería donde trabajaba Kaito se encontraba relativamente cerca de ahí, podía coger un autobús perfectamente pero con el buen día que hacía prefirió descartar esa opción y continuar su camino andando.

Volvió a comprobar el móvil buscando algún mensaje de él, pero su pantalla seguía vacía. El camarero no había vuelto a ponerse en contacto con ella des de buena mañana y su reloj de muñeca ya le marcaba casi el medio día. Sabía que cuando tenía faena no le contestaba hasta al cabo de un rato, pero al aproximarse la hora de su salida y no saber nada más de él decidió pasarse a su trabajo para recogerlo. Trabajaba en una pequeña zona de ocio y restaurantes así que podían escoger cualquier sitio agradable para comer cerca de ahí.

Shiho hizo sonar la campanita de la puerta al cruzarla, pero esta vez nadie se giró a saludarle. Sus ojos buscaron al moreno por el recinto hasta encontrarlo medio recostado en una punta de la barra, ya vestido con su ropa de diario y hablando entretenidamente con la joven del otro día, que por la ropa que llevaba puesta parecía que había empezado a trabajar ahí recientemente.

Una pelota de celos se creó en el estómago de la pelirroja y decidió dar media vuelta, y en vez de acercarse a él decidió salir del establecimiento para esperarle fuera. Un poco más tranquila gracias a la cálida brisa que le acompañaba.

Ver la fluidez de su conversación y la manera que se trataban, le creaban distorsiones desagradables en su cabeza. El engaño de Kudo le había hecho que perdiera bastante seguridad en si misma, que tampoco tenía muchas antes de eso, y que la mayoría de cosas por las que antes no se molestaría ahora le creaban ciertos miedos.

Sacudió la cabeza e intentó no aferrarse a cosas sin sentido que no podía demostrar. Solo hablaba con una compañera de trabajo, no podía crear un mundo con esas cosas tan simples. Los celos eran normales y ella solo debía empezar a aprender a digerirlos.

Volvió a mirar de reojo hacía el interior de la cafetería, disimuladamente para comprobar si el mago se había percatado de su presencia, pero parecía tan absorto en lo que estaba hablando que no parecía ni ser consciente del tiempo. Sus ojos se entrecerraron un poco al ver que la conversación parecía dar un giro inesperado al notar como Kaito empezaba a sonrojarse, se veía que intentaba ocultarlo, pero esas cosas no se le daban bien. Kaito escuchaba más que hablaba a la joven y su sonrojo no pasaba desapercibido por Shiho. ¿Qué conexión tenían? No acababa de hacerle gracia que otra mujer pudiese hacerle provocar de esa manera.

El mago apartó la mirada nervioso y un poco avergonzado de la morena, y en ese momento vio a la pelirroja esperando en el exterior del establecimiento. Su sonrojo desapareció al acto, comprobó la hora de su reloj maldiciendo por lo bajo y se excusó rápido con su compañera para salir junto a ella.

"Shiho, perdona. Me he puesto a hablar por los codos sin darme cuenta al acabar la jornada y se me ha olvidado llamarte. Tenía pensado pasar a recogerte cuando acabases… Pero veo que llego tarde." Se excusó el mago avergonzado.

"Bueno, ya estoy aquí ahora." Dijo ella un poco seria. "Parece ser que ya tienes nueva compañera de trabajo."

El se incomodó un poco pero habló naturalmente. "Sí, tiene bastante experiencia y necesitábamos a alguien con urgencia." Le incomodaba un poco el tema pero le gustaba de cierto modo ver a Shiho de esa manera. "¿Qué estás celosa?" Preguntó con retintín.

"¿Celosa?¿Acaso tengo motivos para estarlo?" Preguntó ella monótonamente, evitando sonrojarse y observándole disimuladamente.

"No, no, no." Dijo Kaito muy rápido y moviendo las manos de un lado a otro.

Puso sus manos en sus bolsillos y cambió de tema rápido para evitar ciertas preguntas. "¿Dónde quieres que vayamos a comer entontes? ¿Te llama la atención algún sitio en especial?"

La científica le miró de reojo un poco extrañada pero decidió no intentar indagar más y buscar un buen restaurante donde poder parar. Mentiría si dijese que no tenía hambre.

Decidieron parar y sentarse en la terraza poco ocupada de un restaurante tradicional bastante acogedor. Pidieron un par de menús en cuanto apareció la sonriente camarera a pedirles la comanda, le devolvieron las cartas a la chica y Shiho se quedó mirando como Kaito se veía ligeramente tenso. Ya lo conocía lo suficiente cómo para descifrar depende que expresión que mostraba, no podía engañarla así de fácilmente.

Shiho se sirvió el agua y empezó a hablar tranquilamente mientras le observaba de reojo. " Parece agradable chica que ha empezado a trabajar contigo."

"¿Aoko? Sí, es una buena chica." Dijo él desviando la mirada.

"Kaito." Shiho puso su mano encima de la suya. "Puedes confiar en mí, si quieres contarme algo estoy aquí para escucharte. No voy a juzgarte por nada."

Ella intentó ser comprensiva, sentía que él se estaba guardado algo para si mismo y no sabía silo que le frenaba era el miedo o había algo detrás de todo eso.

"Me gustaba mucho en la adolescencia y se fue con un amigo mío íntimo a otra ciudad poco después de enterase de lo que sentía." Acabó confesándole muy brevemente mientras recordaba sus últimos encuentros. No iba a mentirle a la pelirroja con algo que nunca había llegado a suceder, la realidad es que eran amigos de siempre. Nada más. "El tiempo ha pasado y las cosas son muy diferentes ahora." Le dijo acariciándole con el pulgar.

Shiho no pudo evitar ponerse alerta ante esa confesión pero agradecía que se abriese a ella de esa manera.

"Esta bien, somos adultos Kaito." Dijo ella mandándole una sonrisa tranquilizadora y acercándose él, que ahora la miraba con cariño, para poder susurrarle pícaramente. " El problema está en su sonrisa encantadora. Romperás muchos corazones si sigues sonriendo de esa manera a las chicas con las que hablas."

Él soltó una risa floja y sonrío con brillo en los ojos. "El único corazón que no me perdonaría romper, sería el tuyo."

Ella se sonrojó a más no poder y el mago aprovechó la reacción de sorpresa de la pelirroja para acercase y cerrar el poco espacio que quedaba entre ellos con un dulce beso. "Te quiero, Shiho."