Capítulo 28

Quarterback

—¡Rachel!, ya estamos en casa.

—¿Ya? —se escuchó desde la planta superior.

—¡Está nevando! —respondió Kate quitándole la bufanda a Emily—Hace mucho frio, y tu hija ha hecho el intento de perseguir a dos palomas.

—¿Otra vez? —respondía Rachel ya descendiendo las escaleras.

—Sí, otra vez—refunfuñó—Esta mocosa me la tiene jugada.

—He visto que nevaba desde el solárium, y te iba a llamar para volvieseis más pronto ¿Y ese gorro? —señalaba hacia la niña que portaba un divertido gorro de lana con orejeras.

—Apenas hemos podido jugar, hace demasiado frio. Y el gorro es un regalo.

—Es muy bonito. Ahora podemos jugar un rato tú y yo, ¿te parece? —miraba a su hija que asentía rápidamente.

—¿Hace mucho que has llegado?

—No, unos 15 minutos.

—No entiendo por qué tienes que trabajar hasta tan tarde en esta época, ya es de noche.

—Bueno precisamente por eso—respondía—El viernes es el último día antes de las vacaciones y quiero dejarlo todo perfectamente organizado.

—Ya, y seguro que llegan los días de descanso y tú sigues trabajando—masculló

—No, voy a cumplir mi palabra de pasar toda la semana con esta princesa, y jugar mucho—respondió tomando asiento en el sofá, esperando que su hija se lanzara sobre ella, para llenarla de cosquillas.

—Eso espero, porque es la época perfecta para disfrutar.

—Lo sé y por eso quiero dedicarme a estar con ella… Oye ¿De dónde le has comprado el gorro? Es muy muy divertido. —Se interesó con las orejeras del mismo mientras Emily luchaba por quitárselo.

—Pues no tengo ni idea de donde es el gorro—le respondió Kate tomando asiento frente a ellas—Yo no se lo he comprado.

—¿No me has dicho que era un regalo?

—Sí, pero no mío.

—Entonces, ¿de quién? —cuestionó confusa.

—De Quinn. —Respondió, y fue escuchar el nombre y Rachel desvió la mirada rápidamente hacia ella.

—¿De Quinn?

—Sí—le mantuvo la mirada—Fuimos a mi casa porque me había dejado el móvil y coincidimos en el ascensor cuando llegaba. Me pidió que la esperase en mi casa, que tenía algo para ella.

—¿Fue a tu casa?

—Sí. Dice que lo tenía guardado, pero que por falta de tiempo no había podido traérselo hasta aquí—musitó con algo de ironía.

—Pues que bien—fingiendo quitarle importancia, y centrándose de nuevo en su hija.

—Que detallista es, ¿verdad?

—Sí, muy detallista.

—Y agradable.

—Ajam…

—Se nota un montón que quiere mucho a Emily, no sabes como la miraba y la sonrisa que tenía cuando nos encontramos.

—Ya, imagino…

—No me lo vas a decir a menos que te lo saque, ¿verdad?

—¿Qué? —volvió a mirarla

—Rachel, no soy estúpida. ¿Qué te ha pasado con ella?

—¿Qué? —repitió de tratando de mantenerse firme— que yo sepa no sucede nada.

—Ya claro.

—No entiendo por qué dices eso, no ha pasado nada. Quinn tiene mucho trabajo—se excusó, pero el escrutinio al que la estaba sometiendo Kate con tan solo su mirada, la obligaba a procurar no mirarla a los ojos. —Está todo bien.

—¿Te crees que soy idiota?

—Ese vocabulario—la interrumpió recriminándole por la presencia de Emily junto a ella.

—Conmigo no te funciona—volvió a insistir— Sé que algo ha pasado entre vosotras, llevas días sin hablar con ella, y no solo no hablas con ella, es que no la mencionas, y eso sí que no es normal.

Tres días.

Habían pasado tres días desde que discutió con ella a escasos metros de su casa, y no había vuelto a dirigirle la palabra. Rachel aún no terminaba de asimilar lo que había sucedido con Quinn, y por qué su conciencia la convencía de que aquello era lo mejor que podía hacer para no terminar haciéndole daño.

Lo que ella sintiese o dejase de sentir era su problema, y hasta que no lograse controlarlo de alguna manera, no iba a poner en riesgo su amistad con ella, algo que en ese instante ya era casi una utopía. Se las había ingeniado para no coincidir con ella en el teatro, y fue capaz incluso de presenciar algún ensayo sin que ninguno se percatase de su presencia, guardándose incluso las ganas de interrumpirlos para llevar a cabo algunas correcciones.

—Eso de que no hablo con ella, te lo acabas de inventar. La veo todos los días en el teatro.

—Rachel, sabes a qué me refiero—interrumpía—No sé lo que hablaras con ella en el teatro, pero desde que esa chica llegó a la ciudad, no habías parado de hablar de ella y ahora, de repente, es como si no existiera.

—Yo no hablaba de ella siempre—se excusó torpemente, y Kate la miró con los ojos abiertos como platos.

—¿Me estás jodiendo?

—¡Kate! Habla bien—volvía a recriminarle, a pesar de que Emily ya había dejado de prestarles atención, y se dedicaba a jugar con el gorro.

—Es que me sacas de quicio con tu actitud—le reprochó la pelirroja— Me estás negando algo que he vivido en primera persona. Se más de Quinn que del musical, así que ya me dirás si has o no hablado de ella.

—Bueno, ¿y qué? —masculló ante la apabullante verdad que soltaba Kate y que no podía refutar—Ahora tenemos más trabajo, ella tiene sus cosas, yo hago las mías y tenemos menos tiempo para vernos fuera del teatro. No pasa nada, no se acaba el mundo.

—¿Y por qué no te creo?

—Porque tú ves cosas donde no las hay.

—Oh, la culpa es mía.

—No digo que sea culpa tuya, digo que estás sacando las cosas de quicio cuando no pasa absolutamente nada.

—Ok… ¿Y qué tal le va?

—Pues, pues bien. ¿Cómo quieres que le vaya?

—No sé. ¿Qué tal con ese chico, el del gimnasio? ¿Está con él?

—¿Qué? No, claro que no—le respondió sin siquiera saber si estaba mintiéndole—Es Matt, y van al gimnasio a ponerse en forma para la obra. Nada más.

—¿Te lo ha contado ella? ¿O lo has averiguado?

—¿A qué viene esto? ¿Ahora me vas a cuestionar hasta la vida amorosa de Quinn?

—Solo quiero saber si ese chico sigue libre—se excusó. —Cada vez que lo veo, me quedo embobada. Creo que me estoy enamorando de él, y ni siquiera lo conozco.

—¿Cada vez que lo ves? —reaccionó ignorando el comentario— ¿Cuándo lo ves?

—En el gimnasio, suelo pasar por allí cuando vuelvo del laboratorio y da la casualidad que siempre coincido con ellos, con ambos—matizó esperando su reacción—¿Sabes? Mañana si los veo salir le diré a Quinn que me lo presente. Si está libre, no creo que le moleste.

—Pues muy bien—respondía de nuevo tratando de no mostrarse preocupada por tal hecho. Evidentemente lo estaba. Y mucho más al saber que Kate vigilaba al chico prácticamente a diario. Pero no era eso lo que le preocupaba, de hecho, que Kate se fijara en Matt podría ser incluso un alivio para su estado, la preocupación a Rachel llegó porque precisamente ella estaba haciendo lo mismo, y que existiera la posibilidad de que la pelirroja la descubriera de aquella manera, arruinaría todo su plan.

La estaba espiando. Ella, a Quinn, por supuesto. Pero no por celos, no porque se hubiese convertido en una acosadora, sino por lograr calmar el estado de nervios que la había estado acusando desde que discutieron. Saber que Quinn seguía con su vida, que su día a día no había cambiado por culpa de ella, le tranquilizaba. Que saliese a correr algunas mañanas, que acudiese al gimnasio o se detuviera a comprar su adorado café a la vuelta, le ayudaba a convencerse de que había hecho lo correcto.

Esa era su única intención al controlarla, aunque pudiera resultar realmente perturbador. Pero si Kate también estaba observando a la pareja, su pequeño secreto corría peligro. Tener que cuidar de Emily era su as bajo la manga. Siempre y cuando la pequeña estuviera en la casa, una de las dos debía estar con ella, por lo que era físicamente imposible que coincidieran en el mismo lugar. A menos que se hubiera tomado la libertar de salir a pasear con su hija. Esa era la única forma que tenia de descubrir lo que había estado haciendo, y tenía dos opciones para afrontarlo; una, confiar en que no sabía nada, que simplemente estaba jugando con ella tratando de sacarle información, y la otra, confesar y no hacer más el ridículo tratando de excusarse continuamente con mentiras.

—¿Te has molestado? —Cuestionó Kate tras varios segundos en silencio.

—Kate… ¿Qué quieres saber? Te he dicho que ellos dos no son pareja, al menos por lo que yo sé.

—Quiero saber qué diablos te pasa con Quinn, y no me digas que nada porque no te creo. A ella también se lo he notado.

—¿Qué le has notado? ¿Te ha dicho algo?

—No, pero cuando nos encontramos antes de entrar en el ascensor, se puso pálida. Y esperó que tu aparecieras detrás nuestra, como siempre.

—Pero eso es normal, sabe que es lo que hacemos y…

—No sabía si hablarle a Em, Rachel.

—¿Qué?

—Tu hija se volvió loca cuando la vio, quería incluso que la tomara en brazos, y ella me miraba sin saber qué hacer. Fue extrañísimo.

—Tal vez porque no sabía cómo tú ibas a reaccionar. Es algo lógico, no habéis estado juntas con ella y no sabes cómo…

—Rachel—la interrumpió cansada por las excusas—Cuando fue a entregarnos el gorro, me preguntó si creía que a ti te iba a molestar, —hizo una pausa—y perdóname por pensar mal, pero si pregunta eso es porque algo teme, y si algo teme es porque algo sucede.

—Ahora eres como Sherlock Holmes—respondía tratando de seguir prestándole atención a Emily— Es absurdo, no sé por qué te ha dicho eso.

—Ok. ¿Vas a seguir sin decírmelo? ¿tengo que seguir investigando por mi propia cuenta?

—Estamos enfadadas—soltó cansada del cuestionario—¿Contenta?

—Pues no ¿Cómo voy a estar contenta de saber que te has peleado con Quinn, sabiendo lo que ella significa para ti? —se mostró seria.

—¿Qué sabes tú de lo que significa para mi Quinn?

—Tal vez porque es la única persona que ha entrado en esta casa sin ser tu familia, después de mí. ¿Me vas a negar que eso no es motivo suficiente para saber que esa chica es realmente importante para ti? —le dijo dejándola en silencio por algunos segundos— ¿Por qué estáis así?

—Cosas mías—respondía desganada.

—Ok, ya me he cansado—masculló— Mira que es complicado, pero creo que eres de las pocas personas que logra hacerme perder la paciencia. —Le recriminó levantándose del sofá y dejando boquiabierta a Rachel.

—¿Dónde vas?

—A mi casa…

—¿Y ya está? Se supone que está hablando conmigo.

—Rachel ¿Está escuchándote? Eres como una cría, te estoy preguntando qué diablos te pasa con Quinn y me dices que nada, cuando consigo que hables algo, me dice que son cosas tuyas ¿Qué quieres que haga? ¿Qué te suplique que me cuentes lo que te sucede? ¿Piensas que lo hago por curiosidad? Pues no, te estoy insistiendo porque quiero te desahogues si es lo que necesitas—hizo una pausa—Pero la verdad, ya me he cansado. Mira por donde, entiendo que Quinn se haya alejado de ti—soltó molesta— Estás insoportable.

—Hey ¿De qué hablas? No voy a consentir que me insultes porque no permita que te entrometas en mis asuntos. —Le replicó alzando la voz, provocando que Emily regresara a ellas un tanto asustada.

—¿Te das cuenta, Rachel? Ahora hasta me gritas, y, por cierto, no te he insultado, solo te he dicho que estás insoportable.

—Tú haces que me ponga así—volvía a recriminar tratando de bajar el tono de voz—Eres tú la que has empezado esto, yo estaba feliz y tranquila pensando en pasar lo que queda de tarde jugando con Em. Gracias por estropearme el día.

—Ok, perfecto. La culpable soy yo, si eso te hace bien, adelante, piénsalo. Ya no te molesto más, que tengas una buena noche—se despedía dejando un beso en la cabeza de la pequeña, que asustada, era testigo directo de la discusión de ambas.

—Espera Kate—reaccionó al ver como realmente pretendía marcharse y dejarla allí, con el sentimiento de culpabilidad y la presión en el pecho—espera.

—¿Qué quieres?

—No te vayas así, por favor.

—Rachel, de verdad, me estoy enfadando y no quiero. No quiero terminar importunándote, y encima enfadada.

—Siéntate, por favor—suplicó dándose por vencía—Tienes, tienes razón, necesito hablar con alguien y no creo que haya nadie mejor que tú.

—¿Estás segura? ¿No vas a volver a excusarte?

—No, vamos por favor, siéntate…

—¿Te tienes que sentar? —se burlaba Quinn a escasos 200 metros del hogar de Rachel. —¿No aguantas más asaltos?

—Hey, te recuerdo que he estado golpeando el saco duro, ese que tú no pudiste ni mover—le replicó Matt exhausto.

—Excusas, cualquier cosa con tal de no reconocer que tengo suficiente aguante.

—Bueno, la verdad es que sí, has mejorado mucho. Ya casi, casi, parece que boxeas—bromeó, y Quinn le regaló un pequeño golpe en el hombro mientras tomaba asiento a su lado, en una de las banquetas. —Hey, cuidado, que me vas a hacer daño.

—Tú sigue riendo, que dentro de poco podré enfrentarme a ti en un combate.

—No quiero quitarte la ilusión, pero me temo que aún necesitas algunos entrenamientos más.

—Un par de días, y besarás la lona—soltó provocando la carcajada en el chico, que ya se disponía a retirar las vendas de sus manos tras el intenso entrenamiento.

Entrenamientos que Quinn empezaba a agradecer, y a notar en su cuerpo y su estado de ánimo, y sobre todo porque había logrado que sucediera algo que no estaba segura de poder lograr con él, tras los últimos acontecimientos; empezar de cero.

Quinn era plenamente consciente de los sentimientos de Matt hacia ella, pero aquella actividad que compartían fuera del teatro, estaba logrando que su amistad se afianzara, que el chico se sintiera más relajado y comenzara a verla de una forma distinta.

—Deberías empezar a golpear el saco grande, si quieres que eso suceda. No te lo voy a poner fácil.

—No, no, dejemos el saco grande para más adelante—se negó de forma divertida—El blando es mucho mejor, mis dedos aún siguen perfectos y eso ya es un premio para mí—lanzó una mirada hacia su mano.

—Al menos en eso no me quitas la razón, aunque tengo que admitir que realmente has mejorado mucho, y golpeas con más técnica y fuerza. Hoy, de hecho, me ha dado un poco de miedo verte. Parecías enfadada con el saco.

—¿Sí? Pues no sé, lo hago por inercia.

—Apuesto a que te imaginas la cara de alguien en ese saco y por eso le golpeas así.

—¡No! —exclamaba golpeando de nuevo con dulzura su hombro—no soy agresiva, ya deberías saberlo, igual si me hubieses conocido con diecisiete años, te daría la razón, pero ahora no soy para nada así.

—¿En serio? ¿Eras agresiva de adolescente?

—Bueno, tampoco es que fuese una salvaje, pero era la capitana de las animadoras…

—Uhh, no. Ok entiendo lo que significa.

—¿De veras?

—Dime, ¿tu instituto tenía equipo de futbol o de baloncesto?

—De futbol.

—Uff, mucho peor.

—¿Qué tiene que ver eso?

—Apuesto a que tenías a medio instituto amenazado para que no se interpusiera entre tú y el quarterback del equipo—le dijo y lo miró sorprendida. —Tu cara lo dice todo, es un sí en mayúsculas. —Sonrió.

—¿Cómo lo has adivinado?

—Porque yo fui quarterback del equipo de mi instituto—le explicó—y sé lo que es la presión de que la capitana de las animadoras decida que tú eres el novio perfecto.

—Oh dios, ¿de veras? ¿Fuiste el novio de la capitana de las animadoras de tu equipo?

—No… He dicho que sé lo que es la presión, pero no que fuese su novio.

—Oh, tú eras de los que se resistía a caer en el tópico.

—Mas o menos. Y eso que la tentación era bastante.

—¿Ah sí? ¿Era muy guapa?

—Muchísimo, y ya sé que no está bien decirlo, que hay cosas más importantes aparte del físico, bla, bla, pero con 17 años solo piensas en lo que piensas, y esa chica tenía loco a medio equipo, y a gran parte del instituto.

—¿Y por qué no fuiste su novio?

— Porque yo prefería complicarme la vida enamorándome de otra chica, que ni siquiera sabía que existía—le respondió lamentándose con gracia.

—Vaya, pues lo siento, pero esa situación también es típica de nuestra adolescencia. Aunque no lo entiendo muy bien, ¿qué chica no habría querido salir con el quarterback del equipo de su instituto? Y más aún, si ese chico eras tú.

—¿Eso es un halago?

—No, es ser realista—le sonrió—Supongo que habrás cambiado algo desde tu adolescencia, pero imagino que serias el chico guapo. ¿No?

—Pues ella se resistía a mis encantos—bromeó y Quinn volvió a reír—Aunque tengo que confesar que logré algo meritorio con ella. Conseguí que me acompañara al baile de graduación, y fuimos rey y reina de la promoción. Luego no volví a saber nada mas de ella, pero bueno… Guardo un buen recuerdo de ese día.

—Sin duda, es un gran recuerdo. Es difícil olvidar esa noche.

—¿Tú fuiste reina de la promoción alguna vez?, supongo que sí ¿No?

—Solo una vez.

—Oh, bueno, no está mal.

—En realidad fui, pero no fui reina.

—¿Cómo? No te entiendo.

—Me pasé toda la secundaria luchando por conseguir ser reina, y lo logré justo en el mi último año de instituto, pero no llegué a ponerme la corona. —Le explicó sin poder evitar lanzar la memoria al pasado. —Terminé cediéndola.

—¿La cediste? ¿A quién?

—A alguien muy especial, a una amiga que ni siquiera se había presentado como reina.

—Pues menudo regalo. Imagino que le encantaría, ¿no?

—Sí, aunque le sorprendió tanto que creo que aún no ha sido capaz de asimilarlo—volvía a sonreír—Imagínate que te convierten en rey sin siquiera estar interesado.

—Pero le gustó que hicieras eso por ella.

—No sabe que yo lo hice.

—¿Qué?

—Una amiga y yo nos encargamos de contar los votos, gané por uno solo… Y justamente ella me confesó que había votado por mí. No teníamos una relación demasiado buena, sin embargo, ella quiso hacerme ese regalo de convertirme en reina. Y yo le devolví el gesto.

—¿Y no te dijo nada? Quiero decir, si estabas a cargo del recuento de votos, supongo que algo debió intuir.

—Siempre me ha preguntado si yo realmente gané, pero nunca se lo he confesado—sonrió—Prefiero que ella no sepa quien le cedió esa corona.

—Espero que al menos lo disfrutase esa noche. Es un gran sacrificio que la capitana de las animadoras haga algo así.

—Pues sí, y más aún cuando el rey de aquella noche fue mi ex, que justamente salía con ella.

—¿Qué? Espera, espera—mustió tratando de recomponer sus pensamientos, mientras Quinn no podía evitar sonreír por su gesto—¿Le cediste la corona de reina a la que era novia de tu ex?

—Algo así. En realidad, ella y yo no nos llevábamos demasiado bien, pero después de esa noche, algo cambió. Les puse en bandeja la mejor noche de graduación de sus vidas.

—Guau… ¿Y eso fue agradable para ti? ¿Te llevabas bien con tu ex?

—No tenía más opción, de hecho, te confieso que me importaba más la amistad de ella, que la de mi ex. Ella siempre había estado enamorada de él—susurró tratando de evitar que la melancolía se reflejara en su rostro—O eso pensaba. Solo quería que fuera feliz, y salir del instituto haciendo algo bien, aunque fuese la última vez.

—¿Y funcionó? ¿Sigues siendo su amiga?

Silencio.

Era la pregunta que ella misma se había estado haciendo durante aquellos días tras la discusión. Realmente no tenía ni idea de en qué situación se encontraban, ni del hecho que las había llevado a estar así.

Era consciente de que su orgullo le estaba ganando la partida a la paciencia, pero también entendía que debía ser así. Rachel no cedía, ni siquiera por Emily, y si no cedía era porque no le interesaba, o no creía oportuno que la situación cambiara entre ellas. Era Rachel quien tenía en sus manos el acabar con aquella fase en la que se encontraba su amistad. Mientras tanto, ella tenía que conformarse con intentar no pensar demasiado, y seguir creyendo que era su amiga.

—Sí, claro.

—¿Os veis a menudo?

—De vez en cuando. Ella, ella tiene mucho trabajo y no tiene demasiado tiempo. Pero si, de vez en cuando, nos vemos.

—Pues eso es genial. Yo tengo a todos mis amigos en Memphis, y la verdad es que se echa de mucho de menos cuando estas en una ciudad nueva, y tienes que empezar de cero.

—Sí, la verdad es que sí. Soy una afortunada por poder contar con ella más a menudo.

—Pues si—susurró observándola con curiosidad. — Me alegro que ese impulso altruista de entregarle la corona tuviese tan buen resultado, supongo que la amistad vale más que eso y que cualquier quarterback.

—Totalmente. Lo volvería hacer una y mil veces.

—¿Volverías al pasado?

—Sin duda—respondía rápidamente—Y cambiaria muchas cosas.

—¿Menos la corona?

—Menos la corona—le sonrió— Es más, si me diesen la oportunidad, me habría presentado yo como rey, y así evitar que mi ex se llevase los honores aquella noche—bromeó.

—¿Habrías hecho eso?

—Pensándolo ahora, sin dudarlo. Eso sí que habría dejado huella.

—¿Estaba permitido en tu instituto que una chica se presentase como rey?

—No estaba permitido, pero rompíamos las normas. Yo la rompí al ceder mi corona a Ra… A quien no se había presentado, un compañero fue reina del baile el año anterior, y una amiga mía se presentó como rey para poder estar con su chica. Éramos bastante rebeldes.

—¿Y tú habrías hecho eso por tu amiga?

—Ojalá hubiese sido valiente para hacerlo.

—Oh, espera… Creo que me he perdido ¿Te gustaba esa chica? —preguntó confuso.

—No… Claro que no.

—¿Entonces? no lo entiendo. ¿Por qué no te habría importado ser su reina? —cuestionó, y el silencio se apoderó de Quinn, que no pudo evitar rememorar en su mente todo lo vivido desde aquella noche.

Graduación, mudanzas, compañeros nuevos, Nueva York, visitas, conversaciones, NYADA, Londres, el musical, Emily.

Todo relacionado con ella, con Rachel. La vida de la morena había sido toda una odisea desde que aceptó aquella corona en el baile de graduación, y Finn, su rey de aquella noche, había sido clave para que todos aquellos acontecimientos sucediesen.

Ahora Rachel tenía una vida que quizás no soñó, pero si tenía a alguien la hacía completamente feliz. Emily era todo lo bueno que podría haberle pasado. Mucho más que los premios o las nominaciones, mucho más que una fulgurante carrera llena de éxitos.

Su hija era el mayor premio que iba a recibir en su vida, y todo comenzó en aquella noche. Todo comenzó con su corona, con su empeño en demostrarle que podía brillar cuanto quisiera. Tal vez era caótico pensarlo, pero su gesto altruista, como lo había llamado Matt, fue probablemente el empuje que Rachel necesitaba para no conformarse con lo que Finn le ofrecía a su lado.

—¿Estás bien? —Matt rompió el silencio tras observar el gesto de Quinn, y ésta le sonrió por inercia.

—Las reglas están para romperlas—le dijo— Si llego a saber todo lo que iba a suceder después de ese baile, yo misma me habría presentado como su rey, sin dudarlo. Pero el destino es sabio, y cada uno tenemos nuestro lugar en la historia. El mío aquella noche fue el de ser testigo de cómo ella bailaba con su primer amor.

—Y supongo que ese destino es lo que ahora te ha traído hasta aquí.

—Ojalá que sea así.

—¿Y quién sabe? A lo mejor ahora encuentras a tu rey—sonrió—O reina.

—Reina del drama, eso es lo que eres—espetó Kate tras escuchar atentamente a Rachel.

—¿Yo?

—Sí tú, ¿cómo te enfadas por eso? Si no te pudo aceptar la llamada es porque estaría ocupada.

—Lo sé… Y no sabes lo que me arrepiento por haberme portado así—musitó vencida—pero me sentó fatal, y no pude evitarlo.

—O sea, que le montaste un numerito en mitad de la calle solo porque no pudo aceptar una llamada que más tarde se tomó la molestia de devolverte, ¡bien hecho, Rachel! —aplaudía con sarcasmo—Y dices que no eres la reina del drama. Pobre Quinn, a saber, lo que habrá pensado.

Eso mismo pensó Rachel, pobre Quinn.

Se había atrevido a contarle todo lo sucedido entre ellas a Kate, evidentemente, omitiendo algunos detalles, como que se moría de celos al creer que Quinn estaba con Matt o que no sabía lo que le sucedía con ella. Detalles que prefirió guardarse porque era incapaz de afrontarlo como debía. Como una mujer madura.

—¿Crees que es lógico que actuaras así? —volvía a cuestionar Kate.

—No, ya te lo he dicho, pero Quinn es orgullosa y yo también. Sé que está enfadada conmigo y…

—Está enfadada con razón, Rachel. Yo habría hecho lo mismo, bueno yo es que no te habría aguantado la primera reprimenda, eso está claro. Demasiada paciencia tiene Quinn. Y no entiendo como no lo has arreglado ya, ¿a qué esperas?

—No creo que ella esté por la labor, ni tampoco es justo que después de soltarle todo lo que le dije, vaya a buscarla como si nada. La conozco, y es probable que necesite su tiempo para olvidarlo todo.

—¿Olvidarlo? Rachel, no sois crías. Cuanto más tiempo lo dejes pasar, peor. No creo yo que Quinn tenga tiempo ni ganas para andar con peleas de adolescentes. Tienes que ser más madura.

—¿Tú me vas a dar consejos sobre madurez? —esgrimió con sarcasmo.

—Yo al menos no discuto con mis amigas porque no me hayan aceptado una llamada a las 9 de la mañana. Por amor de dios, Rachel, no seas imbécil—susurro evitando que Emily la escuchase—Quinn no se merece algo así y lo sabes.

—Ya veré lo que hago.

—Tú sabrás—se levantó del sofá dispuesta a marcharse—pero no deberías atrasarlo más, igual luego es tarde.

—¿Tarde? ¿Por qué iba a ser tarde?

—Porque la gente tiene su vida, Rachel. Y esa chica no ha dejado de ofrecerte su ayuda desde que llegó.

—Yo no le he pedido ayuda y no necesito esa ayuda…

—Pero sí necesitas una amiga ¿O es que acaso no te importa? —cuestionó seria.

—Claro que me importa, por supuesto que me importa, por eso me cuesta ceder y hablarle ¿No lo entiendes?

—No, no lo entiendo—respondía colocándose el abrigo—Sinceramente, más que una discusión entre amigas, parece una discusión de pareja.

—¿Qué? —palideció—No seas absurda.

—Es lo que parece, Rachel. Tú llamas a tu amada y tu amada no te responde, te montas una película en esa cabecita complicada que tienes, y cuando la ves le montas un número de celos que termina en discusión—respondía acompañando las palabras con algunos gestos de sus manos—Y ahora el orgullo para ver quien da el primer paso, cuando estás deseando darlo. Mira, es una escena tan típica de pareja, que hasta me asombra que no te des cuenta.

—¿Qué estás insinuando? —se levantó rápidamente del sofá persiguiéndola hasta la salida—¿Qué me gusta Quinn?, porque si es eso, estás muy equivocada ¿Me oyes? Es mi amiga, solo fue una discusión, una absurda discusión sí, pero eso no significa que me suceda nada con ella como para querer tenerla controlada, porque, porque no me pasa nada ¿Entiendes?

No parecía entenderlo. Kate miraba completamente confusa a Rachel y trataba de asimilar el sermón que acababa de soltarle sin apenas respirar.

—¿De qué hablas Rachel? —reaccionó.

—¿Yo? De nada, eres tú la que estás insinuando que me gusta Quinn.

—Yo no he dicho eso, yo solo he dicho que has discutido con ella por algo estúpido y que parecéis una pareja que se enfadan por culpa de los celos y…—Se detuvo. Kate se escuchaba hablar y asimilaba al mismo tiempo el nerviosismo que mostraba Rachel frente a ella, y supo que algo se le había estado escapando todo ese tiempo.

—¿Qué pasa? —inquirió Rachel desconcertada por el silencio de la pelirroja—¿No me has entendido?

—Sí, sí que te he entendido—murmuró sin dejar de mirarla—Tranquila, ok. Solo te digo que no seas idiota y hables con ella ante de que os distanciéis más—respondía aun con la contrariedad marcada en su rostro.

—¿En qué piensas? —se puso nerviosa.

—En nada, no pienso en nada—mintió. Y Rachel lo sabía.

—Vamos, Kate… ¿No pensarás que a mí me…?

—Rachel—la interrumpió esbozando por primera vez una sonrisa—Me tengo que ir, me están esperando para cenar y no quiero llegar tarde.

—No, no, espera… Dime que estás pensando o me voy a terminar enfadando contigo también—amenazó al ver como la chica ya abría la puerta.

—Rachel, no estoy pensando en nada, y en el caso de que lo estuviese haciendo—hizo un pequeño silencio—no creo que quieras saberlo.

No supo que contestar.

Aquella actitud de Kate la conocía a la perfección. Si había algo por lo que se caracterizaba aquella chica, era por sacar conclusiones y acertar en los pronósticos con un porcentaje bastante elevado, por mucho que le fastidiase y que le negara con la excusa de que siempre veía cosas que no existían.

Lo que estuviese rondando por su mente en aquel instante le preocupaba demasiado, básicamente porque tenía que ver con ella y Quinn, y todas las conclusiones a las que podía llegar, iba a hacerla sentir insegura.

Lo único bueno que sacaba de ello, era que Kate solía permitirle treguas cuando ganaba una batalla, y sin duda de aquella había salido vencedora.

—¿Te vas? —susurró.

—Buenas noches, cielo—miró hacia Emily, que ya hacía rato que miraba los dibujos animados en la televisión—Te veo mañana, ¿ok? —volvió a ella, y Rachel asintió dándose por vencida, sabiendo que aquella noche de nuevo, no volvería a dormir por culpa de sus pensamientos. —Por cierto, solo una cosa más—se detuvo para volver a mirarla antes de cerrar la puerta tras ella—Hay que vivir con corazón, aunque te lo rompan en mil pedazos.