Yuri permaneció por unos segundos paralizado mirando a la chica que le devolvía la mirada de la misma forma. Al sentirse nervioso y notando que sus mejillas se iban acalorando un poco desvió la mirada a otro lado tapando su expresión con su flequillo. ¿Qué le había pasado? Se había quedado como un idiota mirándola por largos segundos solo pensando que era muy linda. Hace tiempo no había visto a una chica tan llamativa como ella sin conocer absolutamente nada de su persona.

—Oh, Yuko. Él es Yuri Plisetsky —lo presentó Yuuri mirando a ambos con una sonrisa.

—¡Hola! —saludó la chica ladeando su cabeza a su derecha sin dejar de sonreír. El nombrado al escucharla puso nuevamente sus ojos en ella y la misma sensación extraña de minutos atrás invadió su pecho. Frunció su ceño.

—Hola… —murmuró apenas moviendo los labios por lo avergonzado que se sentía para desviar nuevamente sus ojos.

Yuko era una chica de baja estatura que lo hacía sentir alto. Era delgada pero tenía un buen cuerpo muy llamativo. Su cabello castaño rojizo estaba amarrado en una desordenada coleta que dejaban libres varios mechones de cabello, no obstante eso la hacía ver más risueña. Poseía ojos grandes y de tonalidad marrón. Su piel se veía tan suave como el algodón y su color era como un melocotón rosa. Era una chica asiática por sus finos rasgos y sin duda era una de las personas más lindas que Yuri había visto en su vida.

En silencio miró a Katsuki junto a Yuko que se miraban de manera cómplice, en ese momento Yuri se sintió algo incómodo por cómo se apreciaban y rápidamente llegó a la conclusión de que quizás ellos dos tenían algo. Teniendo esa duda en su mente apretó más las correas de su mochila y separó sus labios sin pararse a pensar lo que diría.

—¿Son pareja? —inquirió agravando su voz mostrándose muy seguro, sin embargo por dentro se sentía como un idiota al preguntar eso, a él no le incumbía para nada la vida de Katsuki ni la relación que podrían tener los dos restantes, pero nuevamente su lengua fue más rápida que su cerebro dejándolo en una extraña situación.

—¿Eh? —Yuuri lo miró sorprendido para luego sonrojarse hasta las orejas. Esa reacción lo dejó con un mal sabor de boca por alguna razón.

Yuko por su lado se llevó su diestra a su boca para reír bajito dejando muy extraño a Yuri, no compendia que pasaba. ¿Había dicho algo gracioso?

—N-No lo somos —contestó Yuuri sonriendo avergonzando a la vez que Yuko secundaba sus palabras con una afirmación de cabeza.

—Nosotros somos primos —aclaró ella acercándose más a Katsuki para envolver con sus brazos el derecho de Yuuri.

Los quedó viendo atónito. Miró sus caras sin lograr encontrar algún parecido. Era notable que ambos fueran asiáticos, más específicamente japoneses, no obstante aunque los viera insistentemente no existía nada que los uniera como familia superficialmente.

"Después de todo creo que no todos los asiáticos son iguales… espera, ¿No eran los chinos iguales?... ¿Qué diferencia tendrán con los japoneses?" Aquella duda lo invadió tanto que se prometió investigar sobre sus diferencias al llegar a casa… o quizás algún día.

—¿Primos? —enderezó su espalda.

—¡Sí! —coreó Yuko sin perder su sonrisa, gesto que a Yuri le estaba gustando de apoco, pues era una sonrisa tan radiante que transmitía mucha alegría.

—Ya veo… —Yuri endureció su expresión nuevamente para luego apartar los ojos de la chica que hacía que su tonto corazón se desordenará.

—Yuuri, tenemos que irnos luego —dijo Yuko tirando levemente el brazo del nombrado, cosa que Katsuki asintió recuperando su color pálido en sus mejillas.

—Nos vemos mañana. Yuri.

—¡Nos vemos! —apoyó Yuko con las mejillas levemente sonrosadas mientras veía a Yuri.

Se encogió de hombros para luego darse la vuelta alzando levemente su mano en forma de despedida. Sin decir nada más emprendió su camino a paso normal aunque por dentro se sentía un tanto alterado por lo sucedido, hace ya un tiempo no se había notado perturbado por una chica pues había estado más pendiente en otras cosas como en su entrenamiento y estudios en vez de buscar una pareja… pero con ella definitivamente no pudo quedarse indiferente; Yuko era preciosa y se veía que era una mujer muy amable y alegre que llamaba mucho su atención. Sinceramente estaba contento sabiendo que no era pareja de Yuuri.

Muy metido en sus pensamientos se detuvo en una luz roja del semáforo de forma brusca sintiendo el corazón agitado por el susto, pues si no se hubiese dado cuenta de sus pasos hubiera pasado la calle atestada de vehículos en ambas direcciones. Recuperando su respiración normal después de aquel sobresalto se obligó a dejar de pensar tanto y concentrarse más por donde iba o tendría un accidente, y eso era lo que menos quería. Entre la gente tomó una postura digna fingiendo su descuido y miró al frente con cara de pocos amigos para que nadie se le acercara mientras trataba de olvidar a Yuko así centrándose en lo que hacía. Debía llegar al club sano y salvo para volver a desgastar su cuerpo como si no hubiese mañana… pensar eso lo desanimó por completo.

"Si tan solo estuviera Beka… sería más divertido"

Pensó agobiado para luego caminar con la luz verde y bajar al metro encontrando increíble el hecho de que Otabek apenas hace unos días se había marchado y ya lo extrañaba enormemente.

Al llegar al club vio a Leo entrenando unos golpes junto a Michele y decidió pasar de largo sin decir nada para ir a cambiarse rápidamente, si no se demoraba mucho, más luego saldría para llegar a casa a descansar y comer la rica comida de su abuelo. Después de unos minutos donde se cambió todo su vestuario y se amarró su cabello en una coleta alta que dejaba despejada su hermosa vista, Yuri salió del lugar para ir con Leo que ahora reía junto a Michele y Emil el cual tenía puesto unos guantes de boxear negros y se le notaba el sudor en su piel y ropas; al parecer había salido de una sesión de golpes en el cuadrilátero.

Ignorando el malestar que provocaba en él Emil por culpa de su personalidad tan extrovertida, terminó por ganarse al lado de Leo el cual al verlo sonrió de inmediato mostrándose algo sorprendido por su repentina llegada, la verdad había sido que nadie se percató de su presencia pues Yuri se había encargado de pasar desapercibido como un gato, pues no deseaba hablar mucho, sin embargo, ahora estando con ellos tenía presente que debía separar sus labios.

—Yuri, no te vi llegar —lo saludó Leo junto a los demás que le brindaron unas pequeñas sonrisas—. Vaya, ya te has cambiado, ¿Entonces empezamos?

—Sí —respondió mirando fijamente a Leo fingiendo estar concentrado, pero la verdad era que trataba de ignorar los persistentes ojos risueños de Emil sobre su persona.

—¡Perfecto! Pero esta vez debes abrigarte.

—¿Abrigarme? —inquirió extrañado, ni loco se iba a abrigar con la temperatura que tenía el club.

—Sí, esta vez saldremos a trotar —informó alborozado su emisor.

—¿Huh?

Aquellas palabras lo sorprendieron pues no se las esperaba. No muy conforme con la noticia miró en dirección a la puerta de la entrada para ver la blanca nieve adornar todo, según sabía no era nada bueno trotar con nieve ya que cualquier accidente podría ocurrir. Leo quizás observando su inquietud suspiró relajándose para luego volver a hablar viendo también la puerta.

—No trotaremos en la nieve, cerca de aquí hay un parque que tiene un camino techado. No tendremos ningún problema en trotar en ese camino de piedra —aclaró Leo con seguridad.

Yuri volvió a poner sus ojos en el mayor ignorando a los demás. Sus palabras lo habían tranquilizado un poco, pues no tenía muy buenos recuerdos de correr en la nieve ya que cuando era pequeño se había pasando cayendo muy feo por ser tan inquieto y sinceramente no deseaba caer más al suelo en su vida.

—Pero no tengo con que abrigarme, no quiero ensuciar mi uniforme —dijo Yuri al recordar que solo traía consigo un suéter y su chaqueta de la escuela, y esas prendas no debía ensuciarlas con tanto sudor al correr.

—No te preocupes, te pasaré un chándal de Otabek.

—¿Eh?

—Me dejó su llave del casillero para cualquier cosa, ven, vamos a buscarlo.

Leo se movió de su puesto y Yuri todavía procesando sus palabras en su mente se despabiló dándose cuenta que su "entrenador" lo dejaba atrás y se quedaba con los demás. Sin querer cruzar palabras con alguien despegó los pies del suelo para seguir al moreno que caminaba relajado con las manos en los bolsillos.

Entraron a los vestuarios y se posicionaron en el casillero de Otabek. Yuri parado unos pasos más atrás para que la puerta no le diera en su rostro, miró expectante los movimientos de Leo el cual se dedicaba a abrir el casillero con una pequeña llave. Con un sonido de "clic" la puerta cedió y Leo la abrió dejando así expuestas las cosas ordenadas de Otabek. Por lo que pudo apreciar había varios cambios de ropa junto con productos de limpieza corporal que él apreció antes cuando puso su pequeño bolso en el lugar.

Antes no lo había notado ni parado a pensar, pero Otabek parecía ser alguien muy ordenado al contrario de él. Yuri era alguien verdaderamente desordenado y poco le importaba mantener el orden de sus cosas, si no fuera por su abuelo que lo mandaba y le exigía orden él tendría su habitación hecha un caos entre tantas cosas tiradas.

—Ten, quizás este te quede —dijo Leo pasándole un chándal rojo en los brazos y negro en el torso, se veía abrigador y grande. Yuri tomó la prenda sin decir nada para luego ver como Leo dejaba cerrado nuevamente el casillero del kazajo—. Iré al baño, encontrémonos afuera —informó el mayor saliendo del lugar tarareando una pequeña canción.

Yuri asintiendo se quedó solo en el lugar y volvió a pegar su vista en la prenda de sus manos. Era muy grande para él, después de todo Otabek era un par de tallas más.

Sujetando la prenda con una mano alzada, abrió el cierre del chándal dejando que el sonido de la cremallera siendo dividida se adueñara del lugar. Una vez abierta pasó sus delgados como adoloridos brazos por las mangas y se acomodó la ropa con lentitud; repentinamente un olor ya familiar para él invadió su nariz al volver a cerrar el cierre y sin pensárselo ningún segundo acercó el cuello del chándal hasta sus fosas nasales. Olía a limpio, no obstante el perfume de Otabek estaba fusionado en la tela produciendo que Yuri sonriera inconscientemente. Era como estar con el kazajo nuevamente, el olor era tan perfecto que cerró sus ojos imaginándose estar nuevamente entre los fuertes brazos de su amigo, sin preocuparse de nada a la vez que recibía suaves caricias en su cabello. Era la paz absoluta, una de las mejores sensaciones que conocía en la vida.

Después de unos segundos abrió sus ojos encontrando extraño su actuar. Se había quedado apreciando su perfume como si se tratara de una chica enamorada y eso lo hizo sonrojar. Asustado por lo acontecido se dio palmadas en sus mejillas para tratar de aclararse y a continuación carraspeó su garganta mirando para todos lados verificando que estaba solo. Por suerte lo estaba, de lo contrario no hubiera sabido explicar su acción ya que ni el mismo lo comprendía.

¿Qué había sido eso? Se preguntó demasiado intranquilo. Era verdad que le gustaba el perfume de Otabek y que esa fragancia se había vuelto una de sus favoritas, pero ese no era motivo para quedarse como un idiota oliendo la prenda imaginándose a su amigo cerca de él ni menos pensando o deseando volver estar sobre él acurrucado mientras descansaban… ¡Eso era muy raro! Y lo dejaba inquieto, con una sensación muy rara en el cuerpo.

Sonrojado hasta las orejas y sintiendo su estúpido corazón agitado como si ya hubiese ido a correr, se miró al espejo para encontrarse con su pequeño cuerpo cubierto por la grande ropa de Otabek, el chándal le llegaba casi hasta las rodillas y por unos segundos se sintió como un niño. ¿Estaba bien ponerse la ropa de él? Dudó levantando un poco sus brazos notando que las mangas le quedaban largas, por lo que tuvo que doblarlas un poco para dejar a la vista sus manos.

Se miró nuevamente al espejo acomodando la gran prenda de ropa y cuando ya pensó que era suficiente o que ya se estaba demorando mucho, se dio media vuelta para salir de ahí sin llegar a controlar sus dudas y el sonrojo de su rostro.

—¡Yuri! —Leo al verlo lo llamó a la distancia.

El nombrado lo vio cerca de las puertas de entrada con dos botellas de agua en las manos. Respirando profundamente se acercó a él ignorando a todos los otros miembros del club que se dedicaban a sus cosas y a escasos segundos llegó con el moreno; quien le entregó una botella con amabilidad. Yuri la recibió sin decir nada.

—¿Preparado? —Leo abrió las puertas saliendo primero y Yuri lo siguió mentalizándose para lo que venía.

Quería pensar que no le iba a tomar mucho el trote, después de todo debían volver al club para hacer los ejercicios ya conocidos y dominados para él, sin embargo todas sus esperanzas se fueron por un precipicio cuando Leo le informó —llegando al parque— que iban a trotar por media hora. Con solo saber eso quiso tirarse ahí mismo en el suelo y clavarse clavos en los zapatos para no moverse ningún centímetro… Creyó que iba a morir con lo que debía hacer.

—No te preocupes iremos despacio, cualquier cosa solo me dices y descansamos un poco —lo alentó Leo con su típica sonrisa refrescante.

—Siento que te odio —musitó mirando el camino a la vez que maldecía los ánimos de su acompañante, pues se notaba que no iba a desistir de la idea de trotar.

Después de hacer unas flexiones ante ojos de las pocas personas que pasaban por ahí, empezaron a trotar después de que Leo prendiera el cronometro. Su desplazamiento fue lento. Los primeros cinco minutos Yuri los resistió bien al lado del moreno, sin embargo llegando cerca de los diez ya sentía que su cuerpo lo comenzaba a traicionar. Sus piernas dolían y temblaban como nunca y su pecho lo sentía arder por el calor corporal y por el frío aire que entraba por su boca o nariz. Sentía ganas de vomitar y su cabeza bombeaba punzante logrando marearlo un poco. Leo percatándose de eso lo hizo aminorar el paso para caminar lentamente hasta que Yuri logró recuperar algo de aire.

Ya sintiéndose mejor volvieron a trotar mientras Yuri maldecía a Leo, a su cuerpo y al mundo entero por lo que estaba haciendo. El odiaba trotar. Se estaba muriendo. Ahora odiaba a Leo.

En el momento que cumplieron los treinta minutos, Yuri se dejó caer al piso queriendo poner su cara acalorada en el frío suelo de piedra, pero se contuvo de hacerlo para no llegar a parecer un idiota. Leo al lado de él miraba el cronometro con una expresión alegre y de satisfacción. No tenía en su semblante rastro de cansancio, solo el sudor junto a su respiración agitada y su cabello revuelto delataban que había hecho ejercicio físico, si no fuera por eso nadie se daría cuenta que había corrido por treinta minutos, pues su felicidad era como si hubiese comido muchos Pirozhki… En ese instante a Yuri se le antojó comer unos Pirozhkis y deseó tener poderes telepáticos para hacérselo saber a su abuelo y así su familiar le llegara a preparar algunos.

—¿Cómo te sientes? —inquirió Leo a los segundos mirándolo para abajo.

—Me quiero tirar en la cama por el resto de mi vida y comer pura chatarra hasta morir —respondió resoplando el aire frío que repentinamente se levantó como una pequeña ráfaga que despeinó más sus hebras desordenadas.

Leo asintió con una sonrisa y luego le ofreció una mano para ayudarlo a levantarse.

Yuri sin ser capaz de despegarse por sí solo del suelo, pues sus piernas las sentía como plumas, aceptó la ayuda y de un tirón seguro logró ponerse de pie.

—Volvamos caminando, así podrás relajarte un poco —recomendó el moreno, sonriendo.

—Ya —Yuri solo deseando volver luego a casa lo siguió sin expresar su desagrado por ponerse en movimiento nuevamente.

Durante el camino se rehidrató con la botella con agua que le entregó Leo al salir; también hablaron, o más bien Leo le contó como llevaría a cabo el mes de entrenamiento con él. Yuri escuchando todo con una expresión neutral asintió encontrando todo bien. Leo le había informado que durante esta semana solo saldrían a trotar para luego volver al club a estirar unos minutos y después lo dejaría libre para poder irse. Eso no lo gustó demasiado ya que el trotar no era de sus fascinaciones, pero si le agradó saber que en la segunda semana como en todas las restantes Yuri asistiría al club solo tres veces por semana, pues no debía desgastarse tanto físicamente y tampoco podía descuidar sus estudios. Pensar que muy prontamente iba a poder descansar día por medio, le agradaba.

Al llegar al club comenzaron a estiran de forma inmediata y luego Yuri se fue a los vestuarios con Leo siguiendo sus pasos. Una vez ahí Yuri le preguntó que podía hacer con el chándal de Otabek, este había quedado sudado por el ejercicio y no deseaba dejarlo así, por lo que antes de que Leo le respondiera, Yuri dijo que lo llevaría a casa para lavarlo y luego devolverlo, ya que después de todo él debía traer sus propias prendas.

Cambiándose rápidamente de ropa mientras Leo escribía por móvil con alguien que quizás se trataba de su novio, pues sonreía como un enamorado mientras permanecía sentado en una de las bancas, Yuri ordenó todo lo suyo y acomodó la ropa de su amigo en su mochila. Una vez listo se lo informó a Leo el cual le sonrió y lo despidió deseándole buenas noches. Yuri salió del recinto teniendo su cuerpo más adolorido que horas atrás. Definitivamente este simple pero agotador entrenamiento había sido uno de los más duros.

.

.

.

Una vez en casa después de afrontar el horrible transporte público donde viajo con su cara pegada al vidrio del vagón de metro, Yuri se fue a duchar de inmediato para después bajar a comer junto a su abuelo. Para su pesar no habían Pirozhki, pero sí recompuso sus energías perdidas con un rico caldo que lo hizo relajarse y recuperar su temperatura corporal después de la ducha.

Después de pasar tiempo con su abuelo y Potya, se fue a la cama pidiéndole al mayor que durmiera con Puma Tiger Scorpion ya que él no se sentía capaz de hacerlo, pues estaba tan cansado y adolorido que temía que su gato se subiera a su cuerpo y lo hiciera sufrir por sus músculos azotados de cansancio. Una vez en su habitación hizo una pequeña tarea y luego se tiró en la cama tomando su móvil para ver que se cocía en las redes sociales, pero al no ver nada de interés ni tener un mensaje de Otabek, pues el moreno estaba muy ocupado en su trabajo, Yuri dejó su móvil en su velador y luego apagó la luz para poder dormir de una buena vez. No demoró más de tres minutos en quedarse dormido, el mundo de Morfeo se abrió ante él dejándolo descansar en su regazo sin llegar a preocuparse por nada. Se sentía flotando en una nube esponjosa muy feliz.

.

.

.

Cerca de las cuatro de la mañana Yuri despertó abriendo sus parpados lentamente, sintiendo nuevamente su cuerpo pesado se dio vuelta de forma suave en la cama dispuesto a dormirse otra vez, sin embargo tuvo que parar sus movimientos al notar una fuerte molestia y presión bajo su boxer negro. Frunció su ceño ante eso pues lo que más deseaba era dormir hasta el amanecer, pero tenía presente que no sería capaz de hacerlo hasta liberar su hinchado miembro que le estaba rogando por atención.

Algo frustrado por interrumpir su sueño se sacó lentamente las mantas de su cuerpo y miró con enojo su miembro tras su ropa interior. Una de las cosas que no le gustaba mucho de ser hombre es que en cualquier momento una erección podía aparecer jodiendo mucho hasta llegar a calmarla. Suspirando y no queriendo perder más tiempo de su preciado sueño se bajó lentamente su boxer y conteniendo la respiración transportó su mano derecha a su erecto pene.

Arrugando levemente sus cejas Yuri hizo un poco de presión en su miembro y recorriendo todo su tronco con suavidad comenzó a mover su mano se arriba a hacia abajo provocándole miles de sensaciones en su cuerpo. Soltó el aire contenido mirando fijamente su miembro entre la oscuridad de la noche y agradeció mentalmente que Potya no se encontraba en la habitación o no hubiese sido capaz de liberarse en la cama por lo incomodo que se hubiera puesto.

Tragó con dificultad al mover un poco más fuerte su mano y un pequeño gemido se le escapó de la boca haciéndolo enrojecer y tensarse. De inmediato apoyó su cabeza en la almohada y selló sus labios con su mano libre para impedir que más gemidos que se formaban en su garganta se le volvieran a escapar.

Lo que menos quería ahora era llamar la atención de los demás habitantes de la casa, deseaba terminar rápido para así volver a descansar, sin embargo las deliciosas sensaciones auto-brindadas en su hombría comenzaban a nublarle la mente desorbitando sus pensamientos y prioridades.

Apretó más su mano en la boca ya que los gemidos de placer iban en aumento junto con los movimientos de su otra mano en su aún erecto y palpitante pene. Se mordió los labios en un intento desesperado de acallar sus gimoteos pero le estaba costando bastante, hace ya un tiempo no se tocaba por lo que su cuerpo estaba mucho más sensible y reaccionaba por cualquier roce de su ropa o sabanas.

En desesperación se tapó su rostro con su almohada a la vez que con su otra mano jugaba más y más con su miembro endurecido. Sus delgados dedos los ubicó en la punta brindándose pequeñas caricias que lo volvieron loco. Su cuerpo comenzó a calentarse sofocándolo y una capa delgada de sudor lo cubrió por completo.

Ahogándose se quitó la almohada de la cabeza para luego tomar una bocanada de aire y volver a mirar su hombría. Su mano encargada del trabajo pesado volvió al tronco y bajó lentamente su prepucio brindándole más placer.

Soltó gemidos fantasmales al aire caliente que lo rodeaba y no pudiendo soportar tanta excitación por sí solo, cerró los ojos para tratar de hallar algo en su mente que lo ayudara a llegar al máximo éxtasis.

Pensó en varias revistas pornográficas que alguna vez ojeó como adolecente curioso, pero nada de sus difuminados pensamientos le ayudaba en su objetivo. Trató nuevamente en pensar en mujeres hermosas que había visto alguna vez, traje de baños, algunos videos XXX que sus compañeros de escuela veían a escondida de todos… pero nada le funcionaba.

Abrió sus ojos otra vez para ver su pene aún erecto rogando la liberación. Apresuró su movimiento en él sacándose nuevamente otro gemido de excitación, de goce. Volvió a poner su cabeza en la almohada y se retiró varios mechones húmedos de su frente. Suspiró con deleite mezclado con frustración y lo intento nuevamente, pero esta vez fue con calma dejando que su cuerpo lo dirigiera a alguna fantasía que lo ayudara. Dejó en blanco su mente mientras seguía con sus exquisitos movimientos que le brindaban muchas cosquillas en el su parte baja del estómago.

A los segundos comenzó a mover la cadera junto a su mano simulando estar embistiendo algo. Apretó sus labios en una línea impidiendo que su voz llegara a presentarse en la habitación. Su zurda comenzó a recorrer su cuerpo creando en su piel líneas imaginarias que erizaban cada poro cuando las yemas de sus dedos los tocaban. Con esos movimientos y aumentando más y más el ascenso y descenso en su miembro, Yuri encontró lo que andaba buscando en su mente confusa y sus labios se encargaron de soltar aquello sin discriminación.

—Beka… —susurró con la voz pequeña envuelta en lujuria.

En ese instante el dolor de su cuerpo se desvaneció dándole paso completo al placer mientras Yuri recordaba vivamente el perfume del kazajo que lo descolocaba por alguna razón. Recordó su voz grave cuando le hablaba a la vez que seguía masturbándose marcando más sus movimientos en su anatomía y soltaba suspiros.

—Mgh… ah… Be-Beka… —gimoteó muy bajito, perdido por completo en el placer.

Su mente estaba desconectada a su razonamiento, en esos instantes solo la excitación era dueña de su ser, por lo que no se detenía por nada.

Luego de unos minutos en que sus ojos se llenaban de lágrimas por el gran goce de su cuerpo, Yuri apretó sus parpados fuertemente y ahogó un sonoro gemido al encontrar el punto máximo del placer. Con su mano libre se aferró a las sabanas de la cama de forma brusca y arqueó su espalda mientras elevaba su cadera sin soltar su miembro. Se corrió a los segundos sintiendo miles de descargas eléctricas por su pequeño ser sudado. Su semen que salió en pequeños chorritos manchó su estómago descubierto pero poco le importó.

Después de unos segundos se acostó completamente en la cama y comenzó a respirar profundamente para recuperar el aire perdido en el clímax vivido. Su mano derecha manchada por completo de semen la dejó caer en su vientre encontrándose así con más de su esencia. Sonrió ya que esa había sido la corrida más excitante y buena que había tenidos en su vida, sin embargo a los segundos se quedó completamente helado al recuperar la razón.

De un movimiento brusco se sentó en la cama con los ojos muy abiertos y con el corazón agitado hasta el tope.

—¿Qué demonios…? —murmuró asustado al recordar más claramente que había tenido todo esos minutos a Otabek, a su amigo… a un hombre… en su mente mientras se daba placer.

Salió de la cama cayendo al piso por los temblores de sus piernas, no se quejó ni se levantó, estaba demasiado aterrado con lo sucedido que hasta le costó respirar.

—¿Qué mierda me pasa? —se preguntó empuñando sus manos conteniendo el miedo que lo comenzaba a invadir por competo.

¿Por qué había pensado en Otabek justo en ese momento?

.

.

.

~(***)~

Hola, gatitos.

Un capítulo quizás algo corto pero lleno de "sorpresas" 7u7

¿Qué les pareció?

Besitos a todo y gracias por su compañía. Los adoro.

Bye!