18- Las cicatrices que llevamos

Merlín y un Arthur de unos 11 años se encontraban en las afueras de un pequeño poblado, las historias de los lugareños decían que un monstruo salía de la antigua mina y devoraba a las doncellas o a los niños, por eso todos los habitantes del pueblo tenían prohibido acercarse a aquel lugar.

-Señorita es muy peligroso que usted y su hijo anden tan tarde por estos rumbos- les dice un anciano deteniendo su carruaje con verduras- Puedo hacerles un poco de espacio y llevarlos hasta una posada- agrega amablemente, mientras Arthur con su pequeña armadura pone cara de molestia, ya que no le gustaba que la gente pensara que Merlín era su madre, eso lo hacía sentir un chico débil.

-Muchas gracias por el ofrecimiento, pero estamos aquí en una misión- dice la pelinegra.

-¿Es qué no saben los rumores?- les dice entonces preocupado- Hay un monstruo que devora a los infantes y a las mujeres hermosas como usted.

-Lo sabemos- le dice Arthur con su habitual tono despreocupado y dándole una mirada a Merlín, solo para comprobar lo que él aquel hombre decía, que su maestra era una mujer muy hermosa- Es lo que hemos venido a buscar, nosotros encontraremos y derrotaremos a ese monstruo.

-¿Qué?- le dice sorprendido el anciano.

-Así es- responde Merlín- Nosotros nos haremos cargo, ahora con su permiso debemos apresurarnos.

Ambos se despiden y se dirigen al camino que conduce a la mina, Arthur con la espada que Merlín le había dado y ella guiándolo hasta llegar a la entrada de aquel lugar.

-Se ve aterrador, ¿verdad?- le dice ella observando la actitud de Arthur quien se para firmemente observando hacia el interior del lugar.

-Sí, pero no tengo miedo- le dice con seguridad.

-Por las descripciones, debe tratarse de algún tipo de troll, no deberías tener problemas después de lo que has entrenado. Recuerda sé rápido para esquivar y apunta tu espada hacia su cuello o pecho, un golpe certero será suficiente.

-Bien- responde Arthur empezando a caminar.

-Y una cosa más- dice usando un hechizo para hacer aparecer una pequeña esfera luminosa que sigue los movimientos de la espada de Arthur- Esas criaturas odian la luz, así que esto te servirá para guiarte y encontrarlo. Si las cosas se salen de control recuerda que puedes llamarme.

El niño se había adentrado en aquel lugar en busca del troll, cuando los ojos de Merlín pierden de vista el destello de magia había tenido cierta sensación de culpa, usar a Arthur como señuelo de una criatura que ya había asesinado a otros niños le parecía algo demasiado vil. Pero había llegado a la conclusión de que poner en peligro la vida de su pupilo sería la forma más fácil de obligarlo a despertar su poder mágico, además él había estado de acuerdo, porque su sueño era volverse fuerte y un ser con poca inteligencia como un troll y cuya ventaja era únicamente la fuerza bruta, no debería suponer una prueba difícil para el pequeño ahora que llevaba un tiempo entrenando con ella.

Dentro de la cueva los restos de animales y personas que habían sido devorados guían a Arthur hasta su destino.

-Vaya, encontrarlo fue más fácil de lo que pensé- dice mientras observa un amplio espacio apenas iluminado por las luces de aceite de la antigua mina, al centro una criatura humanoide de unos 3 mts de alto, musculosos brazos y colmillos afilados descansa despreocupadamente.

El peliambar analiza la situación y se da cuenta que sería difícil acercarse sin ser visto, ya que el troll se encuentra en un área demasiado abierta. Pero con un rápido vistazo nota los gastados simientos, con unos golpes aquella estructura podría colapsar y esa sería una forma fácil de derrotarlo, pero antes debería enfrentarlo cara a cara y usar la fuerza de la criatura en su contra.

-Bien, aquí vamos- dice bajando por el borde desde donde observaba la situación llamando de inmediato la atención del monstruo, quien al sentir el olor del pequeño se saborea y toma una actitud feroz- ¿Así que quieres comerme?- lo reta- Veamos si me atrapas.

La criatura se lanza hacia él, pese a su tamaño era bastante rápido, pero Arthur era como un ratón escurridizo que lo esquiva fácilmente, con su espada lanza un ataque hacia el troll hiriendo uno de sus brazos lo que lo hace enfurecer y comienza a golpear el suelo salvajemente para arremeter de nuevo contra el niño. Arthur lo guía hasta una de las gastadas columnas donde espera paciente a que la criatura dirija un golpe y lo esquiva en el último momento, para que rompa la viga de madera.

-¡Eso es!- le grita emocionado mientras corre hacia el siguiente soporte, está vez con aquel monstruo a pocos metros de él.

Repitiendo la hazaña una columna de polvo se esparce en aquel espacio, restando visibilidad y entonces Arthur se da cuenta de la pequeña falla de su plan, si el techo colapsa no está seguro de poder ver bien hacia dónde huir, además de que pequeños escombros comienzan a caer.

La distracción del pequeño le cuesta caro pues sin darse cuenta el troll ahora enfurecido salta en el aire para aterrizar casi sobre él, sus reflejos lo salvan al último segundo, pero ahora todo es un caos, el polvo, los escombros y el aceite de las lámparas que comienza a derramarse e incendiarse.

El corazón del niño late a mil por hora esquivando al monstruo, Arthur trata de abandonar su plan y correr hacia la salida, pero el gigante le cierra el paso.

-Tendré que seguir el plan original- dice yendo entonces hacia el último pilar y cargando su espada, él no tenía la fuerza de aquel ser, pero un golpe aplicando la fuerza correctamente sin duda rompería la gastada madera.

El niño corre atraves del fuego y los escombros, tomando todo el impulso posible y con su espada desenvainada y el troll a escasos metros de él, golpea con todas sus fuerzas la viga, sin embargo no es suficiente y la espada se atasca a mitad del corte.

-¡Maldición!- exclama el niño mientras un golpe se hace presente en su espalda y lo envía a volar varios metros hacia el frente.

Al estrellarse contra el piso Arthur escucha la madera romperse y comenzar a ceder y de pronto todo comienza a colapsar, el monstruo es derribado por un bloque gigante de piedra cuando sus garras están a punto de alcanzarlo. Entonces su instinto de supervivencia se activa y se levanta antes de ser aplastado también, entre el humo, los escombros, el polvo y los restos de carbón apenas logra llegar a la parte más alta, pero la onda expansiva del derrumbe y la explosión de los gases liberados lo arroja de nuevo varios metros y un trozo de metal impacta contra su pierna.

Herido y con la respiración agitada, se aleja hasta que el dolor lo hace caer, toca su pierna y nota la sangre, y entonces escucha el crujir de las paredes.

-¡Merlín!- grita entonces desesperado, notando como está punto de ser soterrado- ¡Merlín!- la llama de nuevo con desesperación y entonces ella aparece.

-¡De prisa!- le dice ella ofreciéndole su mano y el niño reúne todas sus fuerzas para lanzarse a sus brazos, mientras ambos se teletrasportan fuera, al tiempo que la vieja mina termina de colapsar- Lo hiciste muy bien- felicita Merlín, quién había observado todo mediante la luz mágica y había esperado hasta el último minuto para intervenir.

El rostro de decepción de Merlín por no haber podido despertar el poder de Arthur es reemplazado por uno de preocupación, cuando el niño se aferra con fuerza a ella, sus piernas a cada lado de torso, sus manos alrededor de su cuello y su rostro hundido sobre su hombro, donde finalmente comienza a llorar.

-Arthur…- susurra suavemente, mientras acaricia su pelo e instintivamente comienza a mecerlo mientras lo carga- Todo está bien, vamos a descansar.

De vuelta en el poblado y después de haber quitado la armadura de Arthur y atendido rápidamente la herida del pequeño, Merlín llega hasta una posada, donde renta una habitación. Una de las mucamas le ofrece ayuda al verla llegar con un niño en brazos.

-¿Quiere ayuda señorita?- le dice amablemente- Su pierna está herida, debería verlo un médico.

-Se cayó jugando- le dice mientras él sigue dormido en sus brazos- Estará bien por la mañana, acabo de comprar medicina para curarlo- le señala la bolsa que lleva en su espalda- Todo esta bien- En algun momento de la historia humana, estoy segura de que si alguien me viera llegar con un niño en estas condiciones, tendría graves problemas- piensa Merlín mientras le sonrie a la chica y se dirige a la habitación.

Después de haber curado y limpiado a Arthur, lo acomoda en la cama y entonces las orbes violetas la ven con tristeza.

-Perdón por haberte preocupado- le dice cansado- La próxima vez entrenaré más y podré despertar mis poderes.

-Está bien- le susurra ella- No tenemos prisa, descansa unos días hasta que recuperes fuerzas- termina sentándose a su lado en la cama y entonces el niño se levanta para abrasarla- ¿Seguro quieres seguir entrenando conmigo?- le pregunta nerviosa.

-Si- le responde entonces él con una gran sonrisa- ¡Claro que quiero seguir a tu lado Merlín!- agrega ilusionado- Fue aterrador, pero también fue muy emocionante- dice despreocupado, porque así es siempre Arthur, siempre está feliz de ser su conejillo de indias y ella le regresa la sonrisa, pensando en que gracias a él podrá lograr su plan.

-Bueno- dice mientras ambos se acomodan- Suficientes aventuras por hoy- agrega abrazandolo para dormir a su lado, haciendo que él se sienta un poco nervioso.

-No tienes que cuidarme tanto Merlín- dice sonrojado y esquivando su rostro.

-¿Te incómoda?- le pregunta entonces.

-No- dice colocando su mano sobre la de Merlín- Si tú quieres puedes quedarte- agrega mientras su presencia lo reconforta y desea que ese momento pueda extenderse eternamente, la pelinegra apaga la luz y finalmente su pequeño cuerpo se rinde y cae en un profundo sueño.

***/

Los ojos dorados de Merlín se abren con los primeros rayos de sol, ese sueño, esa había sido la primera vez que sintió empatía real por Arthur, sin embargo ni eso había bastado para detener su ambición, años más tarde había observado como Hendrickson le daba una paliza frente a sus ojos, de nuevo sin intervenir, esperando liberar el poder de Arthur.

-¿De qué estas hablando? Me duele mucho...- le había dicho el chico mientras el poder del caos tomaba posesión de su cuerpo- Ayudame Merlín- agrega confundido y desesperado, mientras busca el apoyo de su maestra y ella permanecia inmutable a pesar de saber las consecuencias de lo que estaba por pasar.

-Esa no era la forma correcta de tratar a un niño- se dice con arrepentimiento- Mucho menos a aquel que confiaba ciegamente en tí.

Un movimiento llama su atención y al girarse observa como Arthur se encuentra a su lado, su brazo rodeándola y su rostro tan dulce como el de aquel niño que recordaba. Aunque ahora es mucho más alto que ella.

Un rubor recorre sus mejillas al percatarse que había pasado la noche en su habitación, en su cama, con él y recuerda que el joven se había sentido mal el día anterior y ella había vuelto a esa fase maternal. Aunque en este momento es ella quien se siente reconfortada por ese cálido abrazo.

Merlín cierra los ojos nuevamente y de pronto los sonidos a su alrededor parecen cambiar, la calidez de aquel cuerpo parece desaparecer y pronto una sensación de vacío la invade.

**/

Asustada abre los ojos de nuevo y tarda unos segundos en reconocer el lugar donde de encuentra. Su habitación habitual en el sombrero del jabalí, a la cual había huido en cuanto se despertó en la cama del rey y un día más tarde había comenzado a sentirse mal.

-¿Un sueño?- dice reflexionando- No más bien eran recuerdos- agrega mientras se descubre un poco- Supongo que yo tengo la culpa de que Arthur sea como es- suspira cansada- Y estoy segura que la vida alguna vez me castigará por eso.


Un pequeño capítulo recordatorio de la dualidad de Merlín, si sabemos que ha cuidado de Arthur, pero tambien se ha aprovechado del pobre. Hasta que Nakaba me confirme lo contrario incluso puedo apostar que ella sabía que terminaría "muerto" por luchar contra Meliodas, pero tambien le doy el beneficio de la duda por lo preocupada que estaba cuando no sabía su paradero.