Volvieron a estar a solas.

En la habitación de hotel donde habían estado a punto de violar a Stiles.

El chico se habría sentido mucho más incómodo, sino fuera porque seguía en esa fantástica nube de atontamiento a la que la curación de Derek le había llevado.

- Creo que me has drogado – musitó Stiles mientras Derek cerraba la puerta, tras haber despedido a Mizuki.

Y justo en ese momento, un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

Y supo perfectamente a qué se debía.

Hacía menos de una hora había oído ese mismo ruido. Justo antes de que Jack le obligara a abrir la boca.

- Puedo dejarla abierta – comentó Derek. No le había pasado desapercibido el escalofrío del adolescente.

Stiles miró al hombre con ojos vidriosos. Más a causa del embotamiento que otra cosa.

- Da igual – murmuró, apenas sin separar los labios – Si quisieras, podrías hacerme lo que te diera la gana… No es que pueda escapar.

Derek recorrió la distancia hasta la cama, y se sentó en el borde de la misma. Contempló a Stiles en silencio unos instantes.

- Crees que te haría daño – preguntó con voz grave.

- No lo sé – respondió muy lentamente. Como si fuera un radiocaset al que se le estaban apagando las pilas, y todo sonaba a menos revoluciones de las normales – Ni si quiera sé lo que ha pasado – se mojó los labios a cámara lenta, tratando de aliviar lo pastosa que tenía la boca – Sólo que un tío al que hace tres días no conocía, ha intentado violarme y me ha roto el brazo.

- Siento que pasara esto.

- Por qué… No ha sido culpa tuya.

- Debí vigilarle más. Llevaba tiempo comportándose de un modo especialmente agresivo.

- Porque no le gusta que seas el segundo al mando de la manada.

El Beta tardó unos segundos en responder, apretando los labios.

- Supongo.

- No te llega ni a la suela de los zapatos – murmuró con una media sonrisa – Es normal que te tenga envidia.

- Tal vez. Pero no es justo que tú pagues por ello.

Stiles se quedó mirando al hombre lobo durante unos segundos, luchando por mantener los ojos abiertos.

- Será mejor que te metas en la cama – comentó Derek entonces, poniéndose en pie para abrir un lado de la colcha – Te vendrá bien descansar.

El chico sólo pudo obedecer. O, mejor dicho, sólo pudo dejar que Derek le moviera a su voluntad, hasta que estuvo dentro de la cama. Le colocó boca arriba, y medio apoyado en el cabecero para que el brazo estuviera en una posición cómoda.

Una vez le tuvo como quería, fue al baño y volvió al segundo con un vaso lleno de agua. Sin decir nada, acercó el vaso a los labios de Stiles.

- Bebe – le ordenó, colocando la otra mano tras la nuca del chico, ayudándole a que apoyara la cabeza – Te quitará el mal sabor del vomitado.

Stiles bebió sin oponer resistencia, quedándose un par de segundos más de la cuenta apoyado en la mano del hombre.

- Duerme un poco – susurró Derek entonces, colocando el vaso en la mesilla, y ayudándole a tumbarse un poco mejor.

- No hace falta que te quedes.

- Ya te lo he dicho. Lo voy a hacer y no es discutible.

- Podrías pedirle a Cora que viniera…

- Prefieres que se quede ella.

- Prefiero que se quede alguien que quiera quedarse.

- Cora no sabe nada de lo que ha pasado – explicó Derek, en lugar de intentar corregir al muchacho – Le contaré todo por la mañana, cuando los ánimos se hayan calmado.

El suspiró que soltó Stiles entonces, resonó en la quietud de la habitación. Derek temió que fuera a causa del brazo, y ya estaba acercando su mano a la nuca del chico para mitigar el dolor… cuando Stiles le miró con los ojos muy abiertos.

- Lo siento – musitó con voz rota. Y Derek supo que no era a causa del dolor.

- Por qué.

Stiles abrió la boca para responder. Lo intentó varias veces, teniendo que tragar saliva para poder pasar el nudo de nervios que se le había formado de repente.

Finalmente, comprendió que jamás podría hablar si los claros ojos de Derek le estaban mirando tan fijamente.

Así que apartó la mirada, centrándola en su propio regazo, y musitó con voz apagada.

- Porque iba a marcharme sin despedirme de ella.

Derek sintió que se le encogía el pecho al oír las palabras.

Palabras que significaban un millón de cosas, cada una más importante que la anterior.

Significaba que Stiles, por si lo había dudado en algún momento, siempre sería alguien leal en quien poder confiar. Alguien para el que la amistad era sin duda lo más importante, y debía sentirse orgulloso porque Cora formara parte del selecto grupo de personas a las que Stiles consideraba amigos.

Pero sus palabras también significaban que, pese a lo importante que Cora era para él (y sabía que el sentimiento era recíproco), estaba dispuesto a marcharse sin despedirse de ella. Aun sabiendo lo mucho que dolía algo así, pues él lo había sufrido en carne propia.

Y significaba que, si era capaz de hacer algo así, era porque Derek le había obligado en cierto modo a marcharse antes de tiempo.

Derek intentó que no se reflejara la decepción que sintió al ser consciente de que, si Jack no hubiera atacado y él no habría ido a asegurarse que estaba bien, ahora mismo Stiles estaría de camino a California. Y que lo habría hecho sin dignarse a decirle adiós.

Sabía que no tenía ningún derecho a cabrearse por ello. No cuando él había sido el culpable de que quisiera tomar aquella decisión.

Pero ahora que le veía tumbado en la cama, herido y todavía aturdido por la mezcla de dolor y los efectos de la curación; no podía creer que le hubiera tratado así. Que le hubiera comparado con un crío estúpido, cuando había sido capaz de hacer frente a un hombre lobo casi el doble de grande que él.

Y no era justo que gente tan increíble como era aquel chico, acabara pagando los platos rotos por lidiar con gente como él.

- Intenta dormir un poco – murmuró al fin Derek. Deseaba que cerrara los ojos y no seguir siendo testigo de la tristeza y dolor que había en ellos.

Esta vez Stiles le hizo caso. Cerró los ojos lentamente, y al segundo ya se había dormido.

El descanso no duró mucho.

No debían haber pasado ni tres horas, cuando un gruñido proveniente de la cama puso en alerta al hombre lobo. Se levantó de la silla en la que se había sentado para hacer la guardia, y corrió hacia donde Stiles seguía removiéndose inquieto.

Con miedo de que se hiciera más daño en el brazo, colocó una mano en el hombro y la otra en el pecho, inmovilizándole sin apenas esfuerzo. Pero como había intuido, apenas sintió que estaba siendo sujetado, aún en sueños, el chico gimió de nuevo.

- Stiles – susurró el Beta, apenas alzando la voz – Stiles, soy yo. Derek.

El chico no reaccionó a su voz, y el gemido se trasformo en un gruñido de dolor cuando se removió entre las sábanas.

Sabiendo que no tenía otra alternativa, Derek apoyó con firmeza la palma de la mano sobre el pecho de Stiles. Y al segundo, nuevas líneas negras salieron del pecho para llegar hasta su mano, llevándose el dolor con ellas.

Bajo él, el chico soltó un gemido de alivio. Y unos cuantos segundos más tarde, tanto la respiración como el latido se habían relajado visiblemente.

Sin embargo, Derek no apartó la mano.

En un principio se dijo que sólo era por si volvía el dolor. Pero en seguida comprendió que era estúpido darse excusas a sí mismo, cuando Stiles estaba inconsciente y no se estaba enterando de nada.

Así que la dejó un tiempo ahí, disfrutando del calor que desprendía su piel, al tiempo que apartaba un mechón que había caído sobre sus ojos, mojado a causa del sudor.

- Lo siento – murmuró en el silencio de la habitación.

La siguiente vez que Stiles se removió en la cama, fue completamente distinto.

Derek se había quedado medio dormido, apoyado en el cabecero de la cama y con la mano todavía descansando en el pecho del chico. Y el gemido que soltó Stiles en sueños, esta vez no era de dolor… Sino de miedo.

Stiles despertó de golpe.

Lo hizo como un resorte. Un segundo estaba tumbado en la cama, respirando agitadamente; y al siguiente estaba incorporado sobre ella, los ojos muy abiertos y mirando a todos lados.

- Stiles.

La voz de Derek, pese a ser tan baja que apenas se oyó, logró que Stiles soltara un grito al descubrir que no estaba solo.

Derek le observó con preocupación, pero no dijo ni hizo nada. Sabiendo que aún debía estar un poco desorientado después de la pesadilla, le dejó tiempo para que se recuperara a su propio ritmo. Prefirió por ello ir al baño a llenar un vaso de agua.

Pero una vez lo tuvo lleno, esperó hasta que el latido del corazón de Stiles se hubiera calmado.

Se sentó a los pies de la cama. Lo suficientemente lejos para no invadir su espacio personal, pero teniéndole cerca en caso de que necesitara su ayuda.

- ¿Estás mejor? – preguntó al tiempo que le acercaba el vaso.

Stiles lo cogió sin decir nada, y bebió el agua de un trago. Pero cuando hubo terminado, no le devolvió el vaso. Lo colocó sobre su regazo, jugando con él con la mano izquierda.

- ¿Te duele el brazo? – preguntó cuando los segundos pasaron y Stiles no parecía muy dispuesto a hablar.

Y por mucho que Derek Hale apreciara el silencio, no se sentía del todo cómodo cuando era Stiles quien no estaba hablando.

Corrección: Cuando un Stiles visiblemente asustado y dolorido, era quien no estaba hablando.

Y cuando Stiles se limitó a negar con la cabeza, y ni siquiera le miró a la cara, empezó a preocuparse de verdad.

- Intenta volver a dormir – comentó al final, cogiendo el vaso de entre las manos temblorosas.

- No hace falta que te quedes.

La voz de Stiles sonó mucho más apagada que antes.

Tanto, que por un instante Derek deseó que hubiera seguido callado.

Mientras que dejaba el vaso en la mesilla de noche, el Beta aprovechó para fijarse en el adolescente. Incluso concentró su sentido del olfato, buscando las emociones que podía captar su parte de lobo.

Y lo que captó fue miedo. Pero junto a ello, había una sensación de intranquilidad y nerviosismo muy intensa. Los dedos de sus manos, ahora que no sujetaban el vaso, eran bien visibles, así como el temblor de los mismos.

Pero Derek fue consciente entonces, de un detalle en el que hasta ahora no se había fijado.

- Hace cuánto que no has tomado tu medicina.

- Qué – preguntó en seguida Stiles, habiéndole pillado la pregunta por sorpresa.

- Para la hiperactividad – se explicó mejor – Adderal era, ¿no? Ya habrán pasado los efectos del alcohol, y te ayudará a dormir.

- No la he traído yo… Hace meses que no la tomo.

- ¿Por qué no?

- Es… - se mordió el labio inferior, indeciso - Pensé que me vendría bien no tomarla por un tiempo – la ceja alzada de Derek le indicó que aquella respuesta le había dejado con más dudas – Llevo tomándola desde hace años… Quería intentar algo nuevo.

- Medicina alternativa.

- Algo así… - susurró, rehuyendo de nuevo la mirada del hombre – Empecé a hacer footing. Corro todos los días un par de horas.

- Se nota – dijo en seguida Derek. Y pese a que las mejillas se le sonrojaron por una fracción de segundo, se obligó a continuar – Has ganado músculo.

Stiles se mordió de nuevo el labio, y se rascó el cuello con nerviosismo.

- Ya estoy mejor. No hace falta que te quedes – susurró, mirándole de reojo – Seguro que tienes cosas importantes que hacer.

- Sólo son las cinco de la mañana.

- Entonces querrás dormir.

- Por qué no quieres que me quede – preguntó con una mezcla de curiosidad y molestia. Pero entonces captó un olor extraño emanando del chico, que le dejó asombrado. Porque era el olor de la humillación – ¿Te avergüenzas de que te haya visto así? – preguntó con lo que esperaba fuera entendido como preocupación y curiosidad, en vez de reproche.

El silencio de Stiles fue toda la respuesta que necesitó para saber la verdad.

Derek se levantó de los pies de la cama, y se colocó cerca del cabecero. Estuvo tentado de posar una mano sobre el hombro de Stiles, pero al final lo dejó pasar. No era el mejor momento.

Y tampoco es que tuviera derecho a hacerlo.

- Stiles – apretó los labios con fuerza, buscando las palabras exactas – Lo que te ha ocurrido es horrible. Aunque podría haber sido mucho peor, es normal que tengas miedo. Y que tengas pesadillas – esperó a que el chico dijera algo, pero éste sólo se encogió un poco sobre sí mismo. Como si intentara hacerse más pequeño – Pero te aseguro que nadie volverá…

- No ha sido eso - le interrumpió.

- Qué.

- La pesadilla… - miró de reojo al hombre, con la cara enrojecida. Avergonzado de haber dejado escapar su último comentario – No ha sido por lo de Jack.

- ¿No?

Stiles negó en silencio, e inspiró con fuerza. Como si estuviera tratando de mantener la calma. Pero cada vez le resultara más difícil. El temblor de sus dedos se hizo aún más evidente, y empezó a propagarse por el resto del cuerpo.

A Derek no le gustaba nada lo que estaba viendo.

Porque, pese a lo ocurrido, ese no era el Stiles al que estaba acostumbrado.

Aquel era un chico aterrorizado, que no tenía ni idea de cómo solucionar el problema.

Y sabiendo que el problema, al parecer, no era Jack; Derek necesitaba saber cuál era.

- Quieres hablarme de ello.

Stiles se tensó de golpe. Aguantó la respiración durante unos instantes, y finalmente negó con la cabeza.

- Para qué – susurró. Y por increíble que fuera, su voz cada vez sonaba más apagada – No va a cambiar nada.

- Cómo estás tan seguro.

- Porque lo sé.

- Aun así – trató de no sonar exigente - Me gustaría saberlo.

- ¿Por qué? – preguntó con rabia. Pero aquella pregunta pareció llevarse la poca energía que le quedaba, porque en seguida recuperó esa voz de chico asustado, casi perdido, con la que había estado hablando desde que despertó – En dos días me iré y no volverás a verme… Qué más te da.

Y esta vez Derek no pudo evitarlo.

Porque una cosa era comportarse como lo hacía, por una especie de cabezonería y absurdo orgullo propio; y otra muy distinta que ese comportamiento siguiera haciendo daño a un chico que no se merecía nada de aquello.

- No debí hablarte como lo hice esta tarde – dijo con calma. Sin plantearse que probablemente era la primera vez que pedía perdón a alguien – Lo siento.

- Tenías razón… Sólo soy un crío estúpido que desespera a todo el mundo.

- Los dos sabemos que eso no es verdad.

En vez de responder o quejarse, Stiles volvió a guardar silencio.

Así que, de nuevo, tuvo que ser Derek quien retomara la conversación.

- La pesadilla que has tenido… ¿Ya la habías tenido antes?

El chico soltó un respingo, y por un instante miró a Derek con los ojos muy abiertos.

Era como si llevara mucho tiempo esperando a que alguien le hiciera justo esa pregunta.

Finalmente asintió. Y cuando lo hizo, fue como si le quitaran un peso de encima de los hombros… Aunque ello no hizo que siguiera sintiéndose agotado.

- ¿Quieres contármelo?

Derek vio cómo Stiles respiraba hondo varias veces. Había vuelto a apartar la mirada de la suya, pero algo le decía que estaba intentando coger fuerzas para hablar. Y por eso aguardó en silencio, dándole todo el tiempo que necesitara.

- Ni siquiera sé si es una pesadilla – musitó entonces – Estoy en el agua, sumergido. Está a oscuras, y no sé si estoy en el mar o en una piscina o… - se mordió el labio con fuerza – Y algo me está sujetando…

- ¿Algo? – preguntó cuando Stiles no se decidió a seguir.

- No sé qué es. No hay nadie a mi lado, y tampoco estoy atado pero… No puedo moverme. No puedo salir a la superficie y… Y…

- Tranquilo – colocó una mano sobre la de Stiles sin pensar, apretando sus dedos con la fuerza perfecta – Ahora no estás ahí. Estás a salvo.

- Veo a alguien a través del agua… Es una persona… Está justo encima de mí y me está mirando pero… - lamió sus labios temblorosos - Pero no hace nada para ayudarme a salir…

- ¿Sabes quién es?

- No… - dio un respingo para alejar las lágrimas que habían empezado a salir, porque no quería limpiárselas con la mano. Ello implicaría alejar su mano de la de Derek, y no quería eso – Sólo distingo una silueta…

- Qué ocurre entonces.

- Nada – volvió a dar un respingo - Intento pedirle ayuda, pero la boca se me llena de agua y no puedo respirar… Entonces me despierto.

Cuando Stiles terminó de relatar la pesadilla, hubo un denso silencio en la habitación.

Derek sabía que tenía que hacer algo. Que tenía que decir algo para que Stiles dejara de temblar. Lo que fuera.

- Estuviste a punto de ahogarte en la piscina – explicó entonces en voz baja - Cuando creíamos que el Kanima iba a matarnos. Es normal que de vez en cuando sueñes con ese momento.

- No es por eso.

- Cómo estás tan seguro.

Stiles miró en silencio al hombre lobo durante unos segundos. Parecía dudar entre decírselo o no. Y sabía que daba igual lo que dijera, porque no iba a cambiar nada. Ni el hecho de que siguiera teniendo pesadillas, ni que en dos días regresaría a Beacon Hills y no volvería a ver a Derek.

Pero, de nuevo, él era el único al que le había hablado de la pesadilla. Y el único que había preguntado por ello… Así que supuso que era lo mínimo que le debía.

- Porque empecé a tener esa pesadilla desde la noche en que tuvimos que sumergirnos en el agua, para averiguar dónde estaba el Nemeton.

El Beta sintió un escalofrío al oír mencionar aquel tocón que tantas veces se había cruzado en su vida. Y siempre para llenarla de malos recuerdos.

- Eso no tiene por qué significar que…

- Y porque cuando pasó lo del Kanima – le interrumpió Stiles – la pesadilla que tuve era distinta – calló para mirar a Derek a los ojos, esperando a que hiciera la pregunta que sabía que quería hacer… Pero era Derek después de todo, y podía esperar sentado toda la eternidad – Entonces soñaba que eras tú el que se estaba ahogando. Y que era yo el que no podía llegar hasta ti para salvarte.

Derek sintió que se le encogía el pecho al oír aquello. Al verle como ahora le estaba viendo: tan desolado pero tan dispuesto a abrir su corazón de aquel modo tan horriblemente sincero.

Y no podía decir que le pillara de nuevas: Desde hacía mucho que sabía que Stiles sentía algo por él. Pero nunca pensó que llegara a esos extremos. Hasta el punto de que un incidente que en su vida de hombre lobo era algo casi cotidiano, para él se hubiera convertido en foco de preocupación constante. Preocupación por un hombre que nunca le hizo caso.

No. Era peor que eso. Porque si Derek se hubiera limitado a no hacerle caso, Stiles habría acabado superándolo, sabiendo que no tendía ninguna posibilidad con la persona a la que quería.

Pero en vez de ello, Derek se fijó en él. Y creyendo hacerle un favor, le ofreció probar algo que sabía había estado esperando durante mucho tiempo. Primero una fría y rápida masturbación en su cuarto, luego un pasional beso en la estación abandonada… y finalmente una noche de sexo salvaje.

Lo hizo pensando que se alegraría de tener algo así. De cumplir por fin su fantasía.

Y Derek se esmeró de lo lindo para que ese momento fuera, cuanto menos, inolvidable para un impresionable chico virgen.

Pero no había hecho nada de eso. Sólo había dado alas a un sueño que durante mucho tiempo Stiles creyó que sería inalcanzable.

Lo que hizo fue jugar con él…

Exactamente a como se juró que jamás haría, porque sabía lo doloroso que era estar en el extremo opuesto.

Pero ahora ya nada podía hacer. No podía dar marcha atrás a algo que ya no tenía solución.

Sólo podía intentar ofrecerle el mínimo consuelo. Darle al menos un poco de paz… Para que al menos uno de los dos encontrara ese poco de paz.

- Lo que vivisteis fue algo para lo que nadie está preparado – musitó con voz grave - Es normal que tengas pesadillas de vez en cuando.

- Todos los días – gimió Stiles. Y Derek sintió como si le hubieran disparado otra vez – Sueño eso todos los días desde hace cinco meses.

Esta vez ni siquiera encontró palabras falsas con que animarle. Dejó que Stiles siguiera hablando.

- Por eso dejé de tomar la medicación – soltó aire despacio, obligándose a seguir - Si consigo estar calmado y concentrado, aunque sólo sea un minuto, mi cabeza va hasta esa imagen y… Y es como si estuviera debajo del agua otra vez… Y no puedo respirar.

- Qué te ha dicho Deaton.

- Nada… No lo sabe.

- ¿Qué?

- Está muy ocupado ayudando a Scott a ser un buen Alfa y… Todo el mundo está muy ocupado.

- ¿Tampoco lo sabe tu padre? – preguntó, casi escandalizado.

- Las cosas han estado muy raras desde hace un tiempo… Desde que les salvamos y… te fuiste…

- ¿Es por el hecho de que sabe que hay hombres lobo?

- Ojalá fuera sólo por eso – trató de bromear, pero al final se quedó en un suspiro ahogado – También es porque no sabe cómo comportarse después de dejar más que claro que no confía en su hijo… Y porque Allison no puede mirarme a la cara después de que dejara a mi mejor amigo por Isaac… Y porque yo no soy capaz de mirar a Isaac a la cara.

Derek alzó una ceja ante el último comentario.

- Por qué no.

Stiles tardó en responder.

- Por lo que te dijo.

- ¿A mí?

Asintió.

- Cuando Cora estaba muriéndose y tú te quedaste con ella, Isaac te echó en cara que no estabas haciendo nada. Que sólo te habías acostado con una asesina y… Y te acusó de haberles convertido sólo porque te aburrías y te sentías sólo.

- Tenía razón.

- ¡Qué!

- Mientras intentabais salvar a vuestros padres, no hice nada.

- Eso es mentira – respondió, como si el ofendido fuera él - Atacaste a Deucalion. Y te enfrentaste a Jennifer. - Esperó a que Derek dijera algo, pero el hombre se limitó a mirarle con los labios muy apretados - Por qué les defiendes ahora, después de todo lo que te hicieron. Seguimos siendo esos críos estúpidos de los que anoche te quejaste.

El Beta resopló por la nariz.

Desde el momento en que recibió el mensaje de que "un tal Stiles" preguntaba por él, había temido que llegara aquel momento. Que preguntara lo que acababa de preguntarle, y Derek no tuviera más remedio que decirle la verdad. Porque con él siempre acababa diciendo la verdad.

Puede que acabara haciéndolo después de poner en práctica todos sus mecanismos de defensa: Primero guardar silencio, esperando a que el chico se cansara de preguntar. Luego escudándose en una red interminable de mentiras o medias verdades, siempre aderezadas con insultos y desprecios a todo aquel que le rodeaba.

No era ni mucho menos la primera vez que pasaba aquello. Y como recordatorio tenía los empotramientos contra paredes y volantes, las amenazas con arrancarle la garganta, los insultos constantes y el millón de veces que le había exigido que se callara.

Pero nunca había funcionado. Daba igual cuántas veces lo intentara, nunca conseguía que Stiles dejara de presionar. De querer saber.

Y al final, siempre le contaba la verdad.

Lo hizo la noche que Derek se presentó en la residencia Stilinski, en teoría para asegurarse de que estaba bien y para darle las gracias. Pero también porque había sido sincero: Se merecía que le pasara algo bueno… Los dos se lo merecían.

Y también lo hizo cuando fue Stiles quien se presentó por sorpresa en la estación, preguntando por Boyd y Erica. Entonces, las ganas de no romper el beso fueron superiores a sus fuerzas.

Porque quería tener aquello.

Aunque fuera por un insignificante segundo, quería sentir que era él quien tenía el control… Que no se le escapa de las manos absolutamente todo.

Pero no funcionó. Ni con él, ni con Jennifer…

Jennifer.

Aun era incapaz de decir ese nombre sin sentir un vértigo atroz… Otro nombre para la lista.

Y, por último, acabó siendo sincero después de haberse acostado con Stiles. Cuando le confesó el millón de sensaciones que tenía cada vez que cerraba los ojos y sentía los agujeros dejados por sus Betas.

Pero ahora no podía.

Ahora no podía empezar a ser sincero… Porque entonces nunca pararía.

Por ello, aun sabiendo que Stiles se cabrearía y con motivo, hizo lo que mejor sabía hacer: Esquivar el tema.

Sin responder, se levantó de la cama. Y al hacerlo, tuvo que soltar la mano del chico, que aún había mantenido sujeta entre sus dedos.

Al romperse el contacto, Derek tuvo la sensación de que era como si le quitaran la red de seguridad. Como si estuviera a metros de altura sobre un cable de acero y, de pronto, la cuerda que le impediría estrellarse en caso de que perdiera el equilibrio, acabara de ser cortada.

Fue una sensación horrible. Una muy similar a la que tuvo la noche en que se encontró huyendo con Laura en mita de la noche, dejando Beacon Hills atrás.

Una vez de pie, sacó el móvil del bolsillo trasero de su pantalón, y empezó a desplazar el dedo por la pantalla. Desde su posición, apoyado en la pared más alejada de la cama, Stiles no podía averiguar si realmente estaba mirando algo importante, o si sólo hacía que miraba algo.

Aunque realmente daba lo mismo. Tanto si era una cosa como la otra, la intención había sido clara: La conversación había terminado.