Capítulo 18

Alzó la mirada y se encontró con el cielo nocturno. No iba a permitir que un hombre como Inuyasha Taisho la lastimara, no pensaría nunca más en él, además, estaba comprometida con otro Lord y había dado su palabra de matrimonio.

Lo más doloroso había sido declararle su amor, decirle que desde que era una pequeña estaba enamorada de él. Que tonta había sido al pensar que cuando regresara de Francia lo iba a conquistar, si, había rechazado muchos cortejos por ser fiel a sus principios de amor.

No más, esta vez no echaría todo por la borda, se casaría con Lord De la Rosa y se iría a España con él. Fin del tema.

Cuando entró a la casa, se sorprendió ver que aún había luz en la sala de estar, además una melodía se escuchaba en cada rincón, frunció el cejo y avanzó en esa dirección. Encontró a su tía sentada frente al piano mientras tocaba algo melancólico.

―Tía…

En cuanto ella escuchó a su sobrina dejó de tocar, giró sobre el banquito en el que estaba sentada y al verla ahí, justo en frente de ella, la tía Marian se levantó y corrió para abrazar a su sobrina.

― ¡Por Dios! – Exclamó al verla – Nos has tenido a todos preocupado. ¿Cómo te liberaron? ¿No te hicieron nada?

Kagome simplemente negó y se volvió aferrar a los brazos de su tía. Había deseado decirle que sí, que le habían roto el corazón esa noche, pero si lo haría, evidenciaría a Inuyasha y el amor que sentía por él.

Marian la llevó hasta un sofá y ambas tomaron asiento y de las manos.

―Cuéntame pequeña ¿Cómo te liberaron y donde esta Lord Taisho?

No sabía que es lo que iba a decir, si decía que Inuyasha había simulado un secuestro sólo para estar con ella se iban a desencadenar una serie de tragedias. Por un lado, que Lord De la Rosa retara a duelo a Lord Taisho y eso podría ser fatal y por el otro lado, Lady Andrews estaría en boca de todo Londres.

Suspiró, en estos momentos no deseaba hablar del hombre que había organizado todo un movimiento para secuestrarla para que después la devolviera con su familia.

Odiaba las indecisiones de ese hombre, su inseguridad y la manera poco peculiar de demostrar sus sentimientos.

¿La amaba o todo lo que hacía era un capricho?

¿Era ella un capricho?

―Tía no quiero hablar de eso – dijo ella – Lo que más deseo es ir a mi habitación y dormir, si no es mucho pedir.

―De acuerdo – asintió su tía Marian – Pero mañana muy temprano hablaremos. Tus padres han estado muy preocupados desde que te raptaron esos bandidos.

Se mordió el labio inferior, mientras ella estaba entre los brazos de Inuyasha y disfrutando de sus dulces besos, su madre había estado sufriendo la ausencia de su hija y nunca se le había cruzado por la mente ella. Aun no estaba muy bien de salud y cualquier emoción fuerte podría empeorarla.

― ¿Mi madre como esta?

―Ella está bien – respondió Marian con una sonrisa – Le hemos preparado un té y eso la ha tranquilizado – pero algo presentía, su sobrina no tenía el mismo brillo en sus ojos ― ¿Segura que estas bien, no te hicieron daño?

El único daño que me han hecho es romperme el corazón.

―No te preocupes – trató de ser convincente – Seguramente aún estoy nerviosa.

Inuyasha tomó la copia de las llaves de la casa que estaba oculta entre una maseta. Abrió la puerta y se encontró con el interior vacío, todos dormían sin imaginarse que él estaba en casa. Con pasos perezosos fue hasta su despacho y cerró la puerta tras de él. Al fondo estaba una pequeña cantina, por lo cual no dudo ni un segundo en ir hacia ella y servirse un poco de brandy.

Encendió una pequeña vela y fue hasta su escritorio y tomó asiento en la silla de cuero color café, subió sus largas piernas sobre la base de su escritorio y bebió un sorbo de su copa.

No podía dejar de pensar en esos ojos color chocolate, en esos labios rojos y carnosos que eran una tentación a ser besados, pero sobre todo no podía dejar de pensar en la mujer a la cual había decepcionado.

¿Por qué le resultaba difícil decir lo que sentía? ¿Qué no era más fácil demostrarlo?

Pero lo cierto es que él no había hecho ni una ni la otra cosa, todo lo había complicado y estuvo a punto de poner en peligro la reputación de una dama.

Si no hubiera sido por Bankotsu, era probable que él la hubiese tomado esa noche y después habría huido con ella al fin del mundo, pero en el fondo sabía muy bien que no era lo correcto.

Kagome Higurashi se merecía una boda, en la que la vieran caminar hacia el altar del brazo de su padre y ser entregada al hombre que la desposaría, para su fortuna él no sería quien la desposara, sino Lord De la Rosa, y él haría lo mismo, pero con Lady Andrews.

¿En qué momento todo se había complicado? ¿Por qué le pidió matrimonio a una mujer de la cual no estaba muy convencido a elegir como esposa?

Si, recordaba muy bien porque lo había hecho, fue el mismo día en que ese torbellino de emociones llamado Kagome Higurashi había defendido con pasión a Lord De la Rosa y encima le restregó en su cara que era su prometido, entonces, para no sentirse humillado y despreciado, no dudo ni un segundo en tomar una decisión en cuanto vio a Lady Andrews.

Sus acciones habían sido tomadas por un arranque de impulso o por una idiotez, pero sin embargo debían afrontar sus errores y hacerle frente a su prometida, porque aunque él no lo quisiera la única afectada en todo esto sería Lady Andrews.

Pero era inevitable no dejar de sentir las mil y un emociones que le causaba ver a Kagome. La primera vez cuando la vio deslizarse por las escaleras y al verla pensó que iba a caerse y por eso corrió hacia ella. La vez en que lo llamó ignorante sólo para defender a un animal, nunca en su vida había visto a una mujer preocuparse por los otros seres vivos de este mundo, Vanessa en cambio no, ella disfrutaba la caza y lo consideraba un deporte extremadamente emocionante.

¿Qué tenían en común estas dos mujeres?

Hizo una mueca, no había nada que pudiera comprarlas, ambas eran muy distintas la una a la otra. Una era aventurera, apasionada por las cosas, la otra… ¿educada, sumisa, servicial? ¿Qué era lo que diferenciaba a Lady Andrews?

Un ligero golpe se escuchó en una de las ventanas, giró la silla y se encontró con la sombra de una persona que se reflejaba a través de las cortinas blancas. Frunció el cejo y recorrió un poco la cortina y se encontró con el hombre a quien consideraba su rival en estos momentos.

Lord De la Rosa.

Él le hizo una seña de que saliera de la casa, así que sin dudarlo, lo hizo salió del despacho y se encamino hacia la puerta principal, donde ya lo esperaba el español recargado sobre un muro de piedra.

―Veo que ya has regresado – el español esbozó una media sonrisa mientras comentaba en forma sarcástica – O me supongo que te escapaste.

― ¿Qué quieres? – preguntó Inuyasha, cerrando la puerta tras de él ― ¿Cómo te enteraste que he regresado?

Entonces, la mirada de Lord De la Rosa cambio y su postura relajada se transformó en rígida.

―Muy bien. Vamos al grano – dijo él – Sé perfectamente que tú tuviste algo que ver en aquella intervención de esos bandidos. No trates de negarlo, porque…―hizo una pausa y esbozó una media sonrisa – Yo también hubiera hecho lo mismo con tal de estar con la mujer que amo.

Hubo un silencio entre los dos hombres, ambos se veían pero ninguno decía nada.

― ¿Qué sientes por ella? – preguntó de golpe Lord De la Rosa.

― ¿Por Vanessa?

―No seas idiota. Por Lady Higurashi ¿Qué sientes tú por mi prometida?

― ¿Si te lo digo, rompes tu compromiso con ella?

Lord De la Rosa esbozó una media sonrisa – Inuyasha, más vale que seas sincero y no conmigo. Sino contigo mismo. Estoy seguro que Lady Higurashi siente algo por ti y en un impulso dijo que era mi prometida. Debo confesarte que se lo propuse, pero en ningún momento me dio un sí. Sólo en aquel baile donde se desencadenó todo.

― ¿A dónde quieres llegar?

―Quiero que me digas que sientes por ella.

Inuyasha se quedó pensativo por unos minutos, no decía nada, sólo de vez en cuando cruzaba miradas con Lord De la Rosa.

―No lo sé – se encogió de hombros.

Lord De la Rosa agachó la cabeza y negó.

―Esa es una respuesta incorrecta – dijo él ― ¿Qué sientes por Lady Andrews?

Volvió a pensarlo, lo pensó y de nuevo lo pensó.

―Que será una buena esposa, creo que es comprensible.

―Otra respuesta incorrecta Lord Taisho – volvió a decir Lord De la Rosa con una media sonrisa – Pero en algo difiero con contigo. El primer consejo que te doy como amigo es que averigües quien es en realidad tu prometida y la doble vida que ha llevado.

― ¿Doble vida? – Frunció el cejo ― ¿Qué estas tratando de insinuar?

―De eso mi estimado amigo, debes darte cuenta por ti mismo.― hizo una pausa y prosiguió ― Mira, aunque no lo quieras reconocer, sé que estás enamorado de Lady Higurashi, sólo que tu orgullo te impide reconocerlo. Yo en cambio, debo decirte que me siento profundamente atraído por tu prima – vio que Inuyasha fruncía el cejo una vez más y el asintió – Así es. Pero no puedo ir más allá porque mi palabra me lo impide. Estoy comprometido con Kagome y si tú no te das cuenta de tus sentimientos, te aseguro que más de uno saldrá lastimado en todo esto. Por eso, investiga quien es en realidad Lady Andrews y lo que hace cuando sus padres no están en casa. Por cierto, mañana no estarán y regresaran dentro de dos días.

Dicho esto lord De la Rosa giró sobre sus talones y comenzó a dar pasos en dirección hacia la salida, dejando atrás a un confundido marqués que por primera vez no sabía lo que en realidad deseaba.

"Averigua quien es en realidad tu prometida"

¿Qué le había dado a entender con estas palabras? ¿Acaso Lady Andrews no era la persona quien decía ser? Lo más seguro era que tal vez el duque Andrews estaba en la ruina y necesitaba un marido rico para su hija y así conseguir que su nombre estuviera en la cima.

Pero las palabras de Antonio habían sido claras y refiriéndose a Lady Andrews.

Averiguar quién era y lo que hacía cuando sus padres no estaban en casa.

Era simple de averiguar, una dama educada como ella tal vez organizaba alguna partida clandestina de cartas en su casa o podrían incluso hasta fumar y beber siempre y cuando sus padres no estaban en casa.

A la mañana siguiente los padres de Kagome se alegraron de ver a su hija y como era de esperar le preguntaron cómo había logrado escapar, algo que simplemente ella comentó que tanto el Lord Taisho como ella habían logrado escapar de sus captores.

Sin duda, quien no le había creído nada era su padre, pues la había notado nerviosa con cada una de sus preguntas.

La primera en bajar a desayunar fue la tía de Inuyasha y en cuanto la anciana vio a su sobrino, sentado y desayunando como era habitual verlo, no dudo en correr tras él y obligarlo a ponerse en pie para abrazarlo.

―Hijo – Kaede derramó unas cuantas lágrimas de felicidad – No tienes idea de lo preocupada que he estado – lo examinó de pies a cabeza ― ¿Cómo estás? ¿No te hicieron nada esos bandidos? ¿Cómo lograste escapar? ¿Lady Higurashi está bien, no le hicieron nada?

Inuyasha esbozó una sonrisa, era normal en su tía bombardearlo con tantas preguntas, le dio un beso en la frente y la ayudó a tomar asiento en una de las sillas, justo al lado de él.

―Son demasiadas preguntas ¿No crees tía?

―Tonterías. Tanto tú y Lady Kagome me han tenido preocupada. No sabía lo que les pudiera pasar.

El ambarino extendió una mano hacia su tía, la tomó y se la llevó a los labios.

―No hay nada de que te puedas preocupar. Lady Higurashi y yo logramos escapar, después la dejé en casa.

― ¿Y cómo logaron escapar? – preguntó Kaede, no muy convencida con la corta versión.

―Esperamos a que los bandidos se durmieran, aproveché para desatar mis manos y liberar a la señorita Higurashi, después robamos uno de sus caballos y regresamos directo a casa yo la dejé en la mansión Higurashi y yo regrese a casa.

Con esa respuesta su tía debía quedarse conforme algo que a la anciana lo le agrado.

Pero su tía no tenía un pelo de tonta y esa historia no se la creía ni él mismo.

En el transcurso de los segundos, Kaede le había mencionado a su sobrino que los duques Andrews no se habían dignado en reunirse en la mansión de los condes Higurashi, en cambio a eso, el padre de su prometida sólo había mencionado:

―Cuando tengan noticias del marqués, avísenos.

―Tía, no quiero que nadie sepa que he regresado.

― ¿Por qué hijo?

―Yo sé porque, no quiero que nadie lo sepa aun ¿Entendido?

―Si – asintió su tía – Entendido hijo.

Simplemente no quería que nadie estuviese enterado de su llegada, en cuanto menos lo supiera la mitad de Londres sería mucho mejor.

Inuyasha se llevó una mano a la barbilla, su rostro era pensativo y serio.

―Hijo ¿Aun estás seguro con tu compromiso?

―Tía, yo….

―Sé cuál va ser tu respuesta – lo interrumpió ella – Pero quiero decirte que puedes huir de Londres he irte a otro lugar para rehacer tu vida.

El ambarino soltó una carcajada que se escuchó en todo el comedor.

―No haré eso tía, soy un hombre de palabra y se la di al padre de Lady Andrews.

Indignada por la respuesta de su sobrino, la anciana se levantó del comedor.

―¿A dónde vas? – preguntó el ojidorado.

―De pronto se me ha quitado el apetito – hizo una reverencia – Hasta luego, hijo.

Poco después se unieron Kikyo y Koga. Su prima al verlo saltó de felicidad y no tardó en hacerle muchas preguntas sobre su secuestro y huida.

Elizabeth no tardó en recobrar su alegría, y quiso que Darcy le contara cómo se había enamorado de ella:

––¿Cómo empezó todo? ––le dijo––. Comprendo que una vez en el camino siguieras adelante, pero ¿cuál fue el primer momento en el que te gusté?

––No puedo concretar la hora, ni el sitio, ni la mirada, ni las palabras que pusieron los cimientos de mi amor. Hace bastante tiempo. Estaba ya medio enamorado de ti antes de saber que te quería…

Kagome suspiró y cerró de golpe el libro ¿Por qué era tan masoquista y leía este tipo de novelas? El señor Darcy era parecido a su marqués de orgulloso, pero en lo que se diferían era que Inuyasha era un hombre indeciso incluso experimentaba cambios de humos drásticamente.

Una mujer del servicio entró y dejó el servicio de té sobre la mesa, después de hacer una reverencia se retiró y Kagome prosiguió con su lectora, sólo para que en unos segundos el mayordomo interrumpiera anunciando la visita de Lord De la Rosa.

En cuanto escucho ese nombre se puso en pie, colocó un separador en la última página donde se había quedado y salió de la biblioteca en busca del joven.

Lord De la Rosa estaba de espaldas, mirando por la ventana, tenía los brazos cruzados por detrás de su espalda. Al sentir la presencia de su prometida, giró sobre sus talones y sus ojos verdes se encontraron con la dama.

―Hola – saludó él, su voz era serena y tranquila.

―Hola.

Él extendió una mano hacía ella y la guio hacia un sofá para que pudiera tomar asiento y después él se sentó a lado de ella.

― ¿Estas bien, mi hermosa rosa inglesa?

Kagome lo miró y asintió.

Se sentía culpable al ver esos penetrantes ojos verdes mirándola. ¿Cómo confesarle a su prometido que estuvo a punto de entregarse a otro y más aún, que confesó amarlo?

¿Qué diferencia había entre ellos dos hombres?

Uno, había sufrido la pérdida de una esposa y un hijo, pero a pesar de ese golpe tan duro, siguió con su vida de la manera como pudiera llamarse "normal". Siempre era atento, además era seguro de sí mismo y no dudaba a la hora de tomar una decisión.

En cambio Inuyasha, era un arrogante con cambios de humor. Si el destino los uniera –cosa que dudaba mucho― estaba completamente segura que siempre vivieran en constante guerra. Pero en el fondo, arrogante o no, indeciso o no, trastornos de humor o no, era un buen hombre y para prueba de ello, era ver como mimaba a su tía Kaede y como se preocupaba por sus primos.

En el fondo, ambos eran una buena elección.

Ambos no hablaban, Lord De la Rosa paseaba su mirada de ella y de la habitación. Había ido con el único propósito de romper su compromiso con ella, pero la fragilidad con la que la encontró fue lo que se lo impidió.

― ¿Cómo te sientes?

Las palabras dulces de su prometido y su mirada de preocupación bastaron para que la joven se derrumbara en lágrimas. Lord De la Rosa no hizo más que consolarla en ese momento, abrazándola y atrayéndola hacia él.

― ¿Te obligaron hacer algo que no deseabas?

No quería hacerle esa pregunta, pero debía, si Inuyasha se había atrevido a tocarla lo retaría a duelo con tal de defender el honor de su prometida, aunque eso significara que Kikyo lo ódiese por el resto de su vida.

―No…

La oyó susurrar y eso le tranquilizó mucho.

Una vez ya más tranquila, Antonio la tomó de las manos y la miró fijamente.

―Escucha, si lo deseas podemos suspender la boda mientras te repones…

―No – respondió rápido, antes de que él continuara – La boda seguirá su curso. Al menos que usted haya cambiado de opinión.

La miró ¿Cómo decirle a su prometida que estaba cambiando de opinión? Que otra mujer lo atraía como un imán.

Sólo esperaba que ese maldito de Inuyasha se diera cuenta de una vez la clase de mujer que era Vanessa y esperaba que el plan que había trazado diera resultado.

― ¿En realidad te quieres casar con un español he irte a vivir a España, alejada de la sociedad de Londres? Es muy diferente.

―Lord De la Rosa, le di mi palabra de matrimonio.

―Las palabras vale menos cuando se hace con el corazón.

―Si – asintió – Le digo de corazón que si deseo casarme con usted.

Lord De la Rosa suspiró, era igual de orgullosa que Inuyasha Taisho, se negaba a confesarle que en realidad no deseaba casarse con él y además no demostraba sus verdaderos sentimientos, a pesar de que sus ojos decían más que miles de palabras.

―Bien – dijo él, sonando convincente – La boda seguirá su curso.

Kikyo se encontraba bordando en su habitación, cuando escuchó que alguien llamaba a la puerta. Se levantó del pequeño taburete y cuando abrió la puerta se encontró con su primo.

― ¿Podemos hablar un momento? – preguntó serio.

La joven asintió y se hizo a un lado para dejarlo pasar, pero Inuyasha prefirió el aire libre, así que sugirió dar un paseo por el jardín, una vez ahí, cobijados bajo la sombra de un árbol, Kikyo preguntó.

―Tú dirás primo ¿De qué quieres hablar?

― ¿Qué hay entre Lord De la Rosa y Tú?

Esa pregunta fue directa y no se la había esperado, la joven se había puesto roja como un tomate y su tono de piel la había delatando ante su primo.

―No sé a lo que te refieres – negó ella.

― No nací ayer. Si no hubiera nada entre tú y él no te habrías puesto roja ¿Te tocó?

―¡No ― exclamó indignada – Jamás ha habido algo entre ese hombre y yo. Somos diferentes, además, él se va a casar con Lady Kagome.

―Vamos Kikyo, será que mejor me lo digas todo, él estuvo aquí y me habló de lo interesado que estaba de ti.

―Es porque está loco.

―Prima, no me estas convenciendo.

De pronto sentía como se estuviera metiendo en su vida privado, en su corazón― frunció el cejo, la que debía hacer las preguntas era ella.

―En ese caso ¿Secuestraste a Kagome?

Ahora quien quedaba sorprendido era él.

―No – su respuesta fue tajante.

―No mientas, sé perfectamente que inventaste todo lo del secuestro sólo para estar con ella. ¿Qué hubo? ¿La tocaste? – ahora era el turno de ella de hacer las mismas preguntas.

―Kikyo, esas no son preguntas que debe hacer una jovencita.

―¿Pero tú si a mí? ― se cursó de brazos y miró a su primo – Hazme un favor. Piensa que es lo que realmente sientes por ella, no es justo que juegues con sus sentimientos de esa manera, que la secuestres una noche y la regreses a las dos horas. Espero que me digas lo que pasó en realidad, porque tu historia de la huida no te la cree nadie. Y si ya no tienes más que preguntarme, me retiro.

Dicho esto, pasó a un lado de él, pero antes de que se fuera, Inuyasha la sostuvo del brazo.

―No tan rápido jovencita – dijo severo – No has contestado a mi pregunta. ¿Qué sientes tú por Lord De la Rosa?

―Ya te lo dije primo. Nada. Ese hombre se va a casar con alguien más. En lugar de meterte en la vida privada de los demás…

―Me meto porque soy tu primo – comentó.

―Lo sé y mi hermano no reaccionaría de esa manera.

―Es porque Koga es muy ingenuo y confía demasiado en ti sin saber en los problemas en los que te puedas meter.

―En algo estoy de acuerdo, él confía mucho en mí porque me conoce y sabe que no iría más allá. En cambio tú…―lo miró de arriba abajo –Deberías preocuparte más por tu vida que por la de los demás. Como averiguar la clase de mujer que tienes por prometida. Ella sí que no te conviene.

Inuyasha soltó a su prima y ésta salió como alma que lleva el diablo.

No era porque tenía más que decirle, sino que el impacto de las mismas palabras que le había dicho Lord De la Rosa lo habían dejado confundido. Ambos le sugerían averiguar más de su prometida. ¿Acaso era tan malo?

Harto de sus dudas y de esos consejos, decidió que esa misma noche averiguaría todo, al cabo Lord De la Rosa le había dado un indicio, los padres de Lady Andrews por lo que era el momento de verlo por sus propios ojos.

A través del carruaje de alquiler se quedó contemplando la mansión de los duques Andrews, la mansión estaba en penumbras y comenzaba a arrepentirse, era evidente que nadie se encontraba en casa y que nada pasaría esa noche.

Era suficiente, no se iba a quedar toda la noche espiando la casa de su prometida, así que golpeó el techo indicándole al cochero que siguiera el curso, pero cuando pasó por un callejón distinguió una figura que trepaba la barda de la mansión y saltaba hacia el otro lado. Esa figura no era femenina, sino masculina.

―Alto – gritó.

Al instante el carruaje se detuvo. Entonces, bajó del él y le pagó al cochero.

―Gracias, recuerde, nunca me vio ¿De acuerdo?

―Si señor – asintió el cochero.

Entró por el mismo callejón y trepó la barda, antes de saltar inspeccionó si no había nadie, pero alcanzó a ver dos figuras que desaparecían por detrás de la casa con dirección a los establos.

Esto estaba mal, tal vez una de las mujeres del servicio había citado a un amante en una noche como esta. Eso era lo primo que se le venía a la mente mientras saltaba al otro lado y caminaba en dirección hacia esas dos figuras.

Siguió a esas figuras hacía los establos y alcanzó a distinguir una melena rubia y larga. Su corazón latió con fuerza y se detuvo atrás de un árbol para no ser visto.

En cuanto entró a los establos todo estaba en penumbras, sólo se alcanzaba a distinguir una luz tenue que sobresalía en uno de los cajones y por consiguiente risas, suspiros y gemidos de pasión.

Siempre me ha encantado ese camisón querida. Nunca dejas nada a la imaginación de un hombre.

¿Qué esperas para quitármelo? Estoy ansiosa de ti.

Inuyasha siguió las voces, esa voz le resultaba familiar, pero hasta no ver no creer.

Tranquila, será mejor que guardemos silencio si los criados no escuchan…

No te preocupes por ellos. Les he puesto un somnífero en su cena y no despertaran hasta mañana.

Eres una picara. Déjame besar esos labios rojos que tanto me encienden…oh tus senos son deliciosos.

Ahhh… no pares…

Y lo que vio lo dejó completamente paralizado.

Un hombre arriba de Lady Andrews desnuda y ofreciéndole sus senos gustosa, enredando sus piernas alrededor de la cintura del desconocido.

―Los ejercicios a mitad de la noche son peligrosos…