Secretos
Todos tenemos algún que otro secreto.
A veces me pregunto si tener un secreto es como mentir. Al fin y al cabo, ¿qué es un secreto sino ocultar una verdad? Si nadie descubre que existe el secreto, no se trata de una mentira, pero en el instante en que se sabe de su existencia pasa a serlo, ¿no?
Hay secretos que tienen lógica. Hay secretos que existen por el bien común, otros para evitar herir a alguien que es importante para nosotros. Hay secretos que sirven para mantener un conocimiento peligroso a buen recaudo. Y luego, hay una última y desquiciante categoría. Yo la llamo: los secretos de Link. Son ese tipo de secretos totalmente ridículos, que no tienen ninguna razón de ser y sólo sirven para enfurecerme. Pero explicaré bien a qué me refiero con esto.
Al fin, Link, Lobo y yo llegamos a la región de Tabanta.
Ahí hacía mucho más calor durante el día, es una región más árida y donde el viento sopla con fuerza, erosionando las rocas y creando formas imposibles, como muñecos o construcciones de trazos imposibles.
"Link, ¿sabes cómo le dicen al Cañón de Tanagar?"
"¿Cañón de Tanagar?"
"Muy gracioso… lo digo en serio. ¿Lo sabes?"
"Uhm. Ya lo sé. Lugar peligroso al que Zelda no debería acercarse con la piedra sheikah entre las manos y caminando de espaldas."
"Sé bien dónde está el borde, y si no me giro hacia ti, ¿cómo voy a ver tu cara de bobo?"
"Zelda."
"Le dicen la Cicatriz de Hyrule.", resoplé girándome. Sabía de sobra dónde estaba el borde, aún quedaban por lo menos tres metros.
"Es una gran cicatriz."
"Mi padre me leía un cuento cuando era niña. Decía que unos gigantes habitaron la tierra, y uno de ellos clavó su hacha con fuerza, intentaba cazar para alimentarse él y sus hermanos. Y de esa forma, tras errar un golpe de hacha abrió la tierra en dos y le dejó una enorme cicatriz."
"En el templo perdido que hay en el fondo del cañón, descubrí una estatua de la diosa Hylia, la más grande que había visto jamás. Creo que es la más grande de todo Hyrule. Es tan gigante como los gigantes de tu cuento."
"¿Qué templo perdido?"
"Pues… esas ruinas del fondo del cañón."
"¿Has estado en el fondo del cañón? ¿Cómo has llegado hasta ahí? Jamás había oído de nadie que hubiese ido hasta el fondo del cañón."
"No es tan difícil."
Él nunca ve nada difícil. O peligroso.
Seguimos conversando un poco más, mientras buscamos un lugar para acampar. Link no quería que cruzásemos el puente de Tabanta hasta el día siguiente, ese día hacía demasiado viento y se nos haría tarde para buscar refugio si intentábamos hacerlo en el otro extremo del cañón.
La Posta de Tabanta estaba a poca distancia de nosotros. De nuevo surgió la duda de si dormir ahí, de qué haría Lobo, de las incomodidades del camino. Link insistió un par de veces en quedarnos en una cama confortable por una noche. Lobo había desaparecido para cazar algo, así que fue la excusa perfecta para entrar y registrarnos en la posada.
El lugar no tenía nada que ver con la Posta de Idilia. Era una posta mucho más desangelada que la otras que he podido visitar. Sólo estaba regentada por un anciano y su hijo, que se encargaba de los establos. El único huésped aparte de nosotros dos era un tipo que vestía con harapos viejos y afilaba una espada con cara de desconfianza. Link me regañó por quedarme mirando, pero juro que no lo miré con tanto descaro como él insinuaba.
"En las posadas hay gente rara, Zelda, mejor no llamar la atención."
"Por eso mismo me hiciste aparecer en la última despeinada y cubierta de barro."
"Eso es."
"¿Qué diablos quieres decir con eso es? ¿No deberías haberme avisado para que al menos pudiese lavarme la cara o recogido mi pelo?"
"¿Qué parte de es mejor no llamar la atención no entiendes?"
"Lo que no entiendo es que me dejases aparecer como una pordiosera, sentí vergüenza de mí misma, Link."
"Diosas", resopló. Yo no entendía nada, y él tampoco parecía de humor, así que me tocó a mí a llevar los caballos al mozo de cuadras y él se encargó de pagar las camas y la cena.
El muchacho que cuidaba los caballos me cayó bien. Era flaco y huesudo, y vestía unas ropas muy gastadas por el tiempo y el uso. Pero era muy agradable y a pesar de tener el cobertizo más maltrecho y humilde que yo pueda haber visto jamás, estaba muy limpio y ordenado. Había un caballo viejo que golpeó cariñosamente con el hocico al muchacho y éste respondió con una caricia.
"Le gustan las manzanas", me confesó, "pero padre no me deja darle. Las guardamos para nosotros. Son caras, y no llegan muchos carros con manzanas hasta Tabanta."
"¿Por qué? Si Hyrule está lleno de algo es de manzanos.", dije. Acepté de su mano un cepillo y le ayudé a desensillar y cepillar a nuestros caballos.
"No en Tabanta", sonrió él. Me sorprendió el mimo con el que cuidaba a los animales y sin querer se me escapó una sonrisa. "A la gente le asusta viajar por aquí. Tenemos pantanos al norte, donde habitan los monstruos. Al sur están las tierras de las tormentas y la cordillera gerudo. Ha sido territorio Yiga durante muchos años y ha habido muchos asaltos en la zona. Y al este están las colinas. Allí las rocas están peladas como la cáscara de un huevo, nada crece en las colinas."
"Puede que cambie, con el tiempo. Seguro que las mujeres gerudo querrán parar aquí a descansar. Y los orni, en su paso hacia el centro de Hyrule. Además, los Yiga ya no son tantos, ¿no? Y hay menos monstruos. Tendrás a muchos más viajeros, ya lo verás." , sonreí, tratando de animarle.
"Los viajeros suelen parar en la posta orni, o arriesgan con alargar el trecho un poco más al norte, hasta Idilia. Es lo habitual. Casi nadie elige Tabanta."
"Vaya…"
"Oh, no pretendía dar lástima, por favor, no deje de sonreír por eso. Es difícil ver una sonrisa como la suya, señorita, mucho más difícil que ver manzanas."
Sentí que me ardían las mejillas, pero me forcé a corresponder su cumplido con una sonrisa más. Después cayó el sol y di una vuelta por los alrededores de la Posta por si Lobo aparecía antes de que fuese noche cerrada. Tenía algo de comida para él, pero estaba claro que había decidido procurarse algo por sí mismo, pues aunque lo llamé un par de veces no apareció.
Link compró leña y el muchacho de los establos nos encendió un fuego (yo le dije que no hacía falta, pero él insistió) cerca de una de las mesas exteriores que había en la posada. La noche era fría, pero bueno, supongo que la costumbre de estar siempre al aire libre hizo que Link y yo prefiriésemos cenar afuera. El huésped andrajoso siguió afilando su espada lejos de nosotros, y sólo dejó de afilar cuando el dueño de la posta le sirvió un plato de estofado y una cerveza. Link y yo elegimos lo mismo para cenar. Más tarde nos sentamos alrededor del fuego.
"Estás muy callada."
Eso lo dice el rey del silencio, claro está.
"Me preocupa la reconstrucción de Hyrule.", confesé. "Hay mucho que hacer. La gente debe perder el miedo a viajar, debemos darles seguridad para que puedan hacerlo. Si viajan podrán comerciar, y lugares como esta posta no estarán tan abandonados. Pondrán tener manzanas para los caballos si así lo desean. Ésta podría volver a ser una Posta próspera si muchos viajeros deciden elegirla."
"Se pueden volver a montar patrullas para los caminos, como existían antes. Y hay algunas vías y puentes que reforzar. El propio puente de Tabanta es un peligro en sí mismo, lo verás cuando tengamos que cruzarlo mañana."
"¿Tú podrías encargarte de ayudar a montar esas patrullas?"
"Claro que sí, si se me da la oportunidad de hacerlo."
Hacen falta patrullas, mejores caminos. Y ánimo para seguir adelante. Y voluntad de trabajar, como la de ese muchacho, el que hace cada cosa bien y esforzándose al máximo, aunque viva en el lugar más remoto de la tierra, y aunque sólo tenga tres huéspedes y unos establos a punto de derrumbarse. Lo importante es la voluntad de hacerlo bien. Eso me llena de esperanza.
"No te preocupes más de lo necesario", me dijo Link. Supongo que le inquieta verme frunciendo el ceño cuando normalmente es él quien lo hace.
"Sólo quiero ayudar."
"Lo haremos. Ya lo verás."
Link se puso en pie y husmeó los alrededores. Parecía que afilaba la vista en medio de la negrura, había luna nueva y apenas te separabas un poco de la luz de la hoguera y todo alrededor se desvanecía en una cortina de oscuridad.
"No veo a Lobo, pero estoy seguro de que andará bien."
No respondí nada. Me desagrada dormir lejos de Lobo, somos como una familia nosotros tres. Bueno, nunca he admitido esto delante de Link, no sé qué pensará él, pero yo lo siento así. Sin embargo, fue Link quien insistió en pasar la noche en la posta a pesar de haber visto algunos sitios en los que podríamos haber acampado los tres sin problema, así que tampoco quiero ser quien monopolice las decisiones en cuanto a lugares para pasar la noche. Él también debe sentir que me adapto a sus decisiones, es lo justo.
"Si quieres, puedo sentarme ahí."
Link señaló con la barbilla un hueco invisible a mi lado. Yo llevaba un rato absorta en mis pensamientos y no me había percatado de que él permanecía observándome de una manera que sólo puedo definir como rara. O rara si lo comparo con el modo libre y despreocupado en que él actúa normalmente, sin preguntar ni pedir permiso.
Me moví un poco a un lado como invitándole y él se sentó junto a mí. Estuvimos un rato en silencio, mirando cómo el fuego se consumía poco a poco. El tipo andrajoso ya no estaba en su posición, debía haberse ido a dormir, y tampoco se veía en los alrededores ni al dueño de los establos ni a su hijo. Yo sentía que el sueño empezaba a tocar a la puerta, pero Link estaba inquieto, no parecía encontrarse del todo relajado. Tonta de mí. De repente me di cuenta del porqué. La Espada Maestra yacía frente a nosotros, en el sitio donde antes se había sentado Link, y él tenía las manos cerradas en un puño.
"Link, ¿quieres que te sujete la mano?"
Antes me habría costado horrores preguntarle algo así, pero a lo largo de este viaje he aprendido que él también es vulnerable. Y necesita no sentirse solo, aferrarse a algo. Sé que lo del otro día no le desagradó y también sé que, si se ha sentado a mi lado, es porque sigue necesitándolo.
"Bueno, si tú quieres", murmuró, y sin esperar mi respuesta fue él quien me agarró la mano.
Esta vez fue él quien secuestró mi mano en la suya y decidió explorar su tacto. No puedo ni describir la sensación cálida y agradable que eso me hizo sentir, es muy distinto sentir su mano rugosa aprendiéndose la mía que al contrario. Son las mismas manos, el contacto debería ser igual, ¿no? Pues no. Fue una experiencia totalmente distinta y nueva. Y me hizo sentirme bien, y algo tembló en todas partes y en mi estómago cada vez que uno de sus callos rozaba algunas partes sensibles de mi mano. Inexplicable. Y lo atesoraré por siempre.
En algún momento debí quedarme dormida y Link me despertó. Ambos nos retiramos a dormir y una vez dentro de la posada él se despidió de mí con la cabeza, en un gesto tan despreocupado como las veces que me despierta con un puntapié. Fue como si ese momento de intimidad de hacía sólo unos minutos no hubiera existido. A lo mejor sólo ha existido para mí, ¿quién sabe?
Conseguí conciliar el sueño, pero al poco tiempo me desvelé.
No sé si es que ya no volveré a ser capaz de dormir en una cama normal, como todo el mundo. No sé si era el olor a madera húmeda de la vieja posada, o los ronquidos del tipo andrajoso que, a pesar de dormir a varias camas de distancia, hacía retumbar las paredes.
Abrí los ojos y me sorprendió descubrir que había luz y un murmullo de voces. Con mucho sigilo me puse en pie y me arrastré en silencio hacia la luz. Provenía del cobertizo, así que me eché la capa por encima y salí de la posada a la calle, donde una bocanada de aire frío me hizo encogerme. Había voces en el cobertizo del heno de los caballos. La voz de Link se mezclaba con la del posadero y su hijo. Me puse de puntillas para asomar sólo la nariz por la pequeña rendija que daba al exterior, no se puede decir que fuese una ventana, sólo una rendija para airear el heno acumulado.
"Levanta más el brazo, por encima del hombro", decía el posadero.
"No, no puedo más", respondió Link, con una mueca de dolor en la cara.
Por todas las diosas, tenía todo el costado tan negro como la noche. Al verle malherido, maltrecho, un Link totalmente distinto al que había estado apenas hacía unas horas a mi lado, fue como si algo me oprimiese el cuello para ahogarme, y sin querer se me saltaron las lágrimas.
"Dos costillas rotas al menos, además de daños en el hombro", dijo el posadero. "Tienes suerte, no suelen pasar por aquí muchos comerciantes, pero tenemos ungüento curativo de la última vez. Eso sí, no te saldrá barato."
"Eso no es problema, sólo pon un precio."
"¿Cómo se ha hecho eso, señor?", preguntó el joven mozo de cuadras.
"Un hinox me golpeó.", dijo Link, "Esperaba que se curase solo, pero no ha sido así. Esa mala bestia me hizo más daño del esperado."
"Sin un buen ungüento la curación puede ser muy lenta.", intervino el posadero, que había terminado de frotar el costado de Link con un paño empapado en algún líquido.
"Lo sé, pero no tenía nada en el equipaje. Fue un error no pensar en llevar algo para el camino."
"Halthred, ve adentro y trae todo el ungüento que quede para nuestro huésped."
Salí corriendo hacia mi cama y me metí dentro antes de que me descubriesen. El corazón me latía a toda velocidad contra el pecho, y en las sienes.
¿Por qué? ¿Por qué no me ha dicho que estaba herido, que necesitaba descanso en una cama, un ungüento? ¿Por qué no confía en mí? ¿Por qué lo mantiene en secreto?
Link me hizo sentir ridícula, y de repente me vi a mí misma suplicándole para acampar bajo las estrellas y hacerle dormir, torturado, en un suelo de dura roca.
Los secretos de Link son ridículos.
En la Posta de Tabanta, con una especie de lágrimas calientes de rabia quemándome la cara, cuando todos ya han vuelto a dormir a sus camas,
-Zelda B.
Nota:
Este capítulo es una especie de metáfora de muchas cosas.
La reconstrucción es posible, volveremos a viajar con seguridad, y aquellos que dependen de sus pequeños negocios y proyectos personales, podrán recuperarse.
Y aunque tardemos un tiempo en volver a cogernos de la mano, siempre habrá algo a lo que aferrarnos ;)
Un abrazo, cuidaos mucho!
-Nyel2/23-Juliet
