Capítulo 20: Una confesión y un pedrusco.
La mañana fue ajetreada: apenas media hora después de que Harry y Ron se hubiesen reunido en el despacho, este último marchó como alma que lleva el diablo y no regresó hasta la hora de la comida, durante la cual evitó hacer mención, ante Hermione y su hermana, de a dónde había ido o qué había estado haciendo. Tampoco Harry soltó prenda, después de haber pasado la mayor parte del tiempo enviando mensajes urgentes, que no habían parado de revolotear entrando o saliendo de su despacho. Varios aurores se encerraron con él a lo largo de las horas, y el resto rebulleron en sus mesas, inquietos, presintiendo que algo muy grande se estaba preparando. Hasta el momento, el secreto era impenetrable. Y de ese modo debieron aceptarlo las novias de ambos aurores.
La comida transcurrió rápidamente y pronto los dos hombres se marcharon de nuevo al Ministerio de Magia, con caras de funeral. Al quedarse solas, Ginny tuvo una idea.
—Hermione, ¿qué puedes decirme sobre una tal Lilith? —preguntó a su cuñada con impaciencia.
—Lilith… Lilith… ¿De qué me suena ese nombre? —la castaña caviló—. ¡Espera! ¡Lilith! Ese es el nombre de la compañera de Harry y de Ron que murió hace poco más de un año —recordó, de pronto—. ¡Sí! ¡Un par de meses antes de que Harry te dejara! —terminó con excitación.
—¿Cómo? —Ginny se mostró totalmente sorprendida—. Yo no sé nada de eso. ¿Cómo es posible?
—No sé qué decirte. Tampoco yo sé mucho más sobre el tema, no creas. Ron jamás ha querido contarme qué pasó. Y Harry no quiere ni oír hablar del asunto. Desde hace un año, en la vida de Harry ha habido dos nombres tabú: hasta ahora, Ginny ha sido uno de ellos. Y el otro ha sido Lilith —explicó con tristeza—. ¿Por qué me preguntas sobre ella? ¿Dónde has escuchado su nombre? —quiso saber, extrañada.
—Esta mañana, Harry lo ha pronunciado antes de venir al trabajo. Y luego ha sido Ron. Y cada vez que lo pronuncian, ambos se muestran nerviosos, como si hubiese un oscuro secreto tras él. Harry no estaría saliendo con esa chica a mis espaldas… —sospechó.
—¿Pero qué dices? ¿Estás loca? —Hermione le reprochó, ofendida—. Es cierto que, durante la época en que la muerte de su compañera sucedió, Harry se había sentido solo, en cierto modo abandonado. Pero de ahí a pensar que él te sustituyó por otra mujer... Él jamás te traicionaría. Antes rompería su compromiso contigo, como hizo finalmente. Pero ten por seguro que ese no fue el motivo de vuestra ruptura. De hecho, Lilith llevaba ya dos meses muerta cuando él te dejó. ¿Cómo puedes dudar de su honradez? ¡Por Merlín! ¡Es Harry! ¡Nuestro Harry! ¡Tu Harry! ¡No puedo creer que estés dudando después de…! —Se interrumpió bruscamente, no queriendo añadir aquel reproche que, sin quererlo, siempre había guardado en su interior.
—Después de cómo lo traté. Sí, termina, no te cortes. Sé cómo lo traté —acabó la frase por su amiga —. Me di cuenta de ello cuando lo perdí.
—Lo siento, Ginny. —La abrazó con cariño—. No pretendía culparte de nada. Es sólo que Harry no merece que dudes de él. Es mi mejor amigo. Y el hombre más bueno y honrado que conozco, aparte de tu hermano.
—Tienes razón. Soy una imbécil por habérmelo planteado, siquiera —aceptó, arrepentida—. Pero, entonces, ¿qué pasó?
—Sólo Harry puede responder a esa pregunta. O Ron, si consigues hacerle hablar. Yo no puedo ayudarte. Y es la primera vez que no puedo hacerlo; la primera vez que Harry se ha negado a confesarme qué le pasa. Estoy segura de que Ron calla también por él. Es extraño que, después de tanto tiempo, ese nombre vuelva a aparecer —dijo para sí, reflexiva.
Ambas se miraron, preocupadas y llenas de curiosidad.
Oooo HP oooO
Al final de la tarde, Ron y Harry recogieron a las chicas y los cuatro se encaminaron hacia una de las numerosas chimeneas que servían de enlace a la red flu, para aparecer juntos en La Madriguera.
—Mis padres van a alucinar cuando les deis la noticia —Ron afirmó, en tono jocoso—. Ya puedo visualizar la escena —afirmó, perfilando el marco de un cuadro con un gesto teatral—: Mamá os llenará a ambos de besos y de abrazos y luego os regañará por lo mucho que les habéis hecho sufrir. Y papá os felicitará con voz amable, intentando disimular la enorme emoción que sentirá —describió—. Y George se burlará de ti; del que dijo que jamás sería pescado —añadió, mirando a Harry con malvado deleite, encantado.
—No me toques las narices, Ron. Sabes porqué dije eso —él se defendió.
—No lo sé. ¿Por qué? —preguntó con candidez, fingiendo no haberle comprendido.
—Eso, ¿por qué? —Hermione se sumó a la pregunta, con picardía.
—Sois un par de capullos —los acusó, mortificado—. ¿Qué queréis oír? ¿Que estaba celoso? ¿Dolido? Pues lo estaba. ¿Que me moría por ella? Pues también. ¿Estáis satisfechos? —concluyó, clavando en ambos una mirada de profundo reproche.
Sus dos mejores amigos rieron, contentos, mientas Ginny lo miraba con ojos soñadores.
—Y yo pensando que lo habías dicho en serio, y que yo no tenía ninguna posibilidad de recuperarte… —se lamentó, con voz lastimera.
—Te lo dije ayer: nunca me perdiste —él rezongó, aún molesto.
—¡Ale! ¡Otra vez el empalago! ¡Parecéis aún estudiantes de Hogwarts! ¡Por Merlín, que creía que habríais crecido! —Ronse quejó, con fastidio.
—Tú tampoco has cambiado en absoluto —Hermione le reprochó, divertida —¿De qué te quejas?
Los tres rieron sin poder evitarlo, mientras el pelirrojo aguantaba la broma con fastidio.
Hermione y Ginny fueron las primeras en marchar, seguidas por Ron. Los tres llegaron a La Madriguera inmediatamente después. Pero no así Harry. Casi toda la familia estaba reunida ya para la cena. Y al saber que el joven debería haber llegado tras ellos, se agolparon en torno a la chimenea, preocupados.
—No entiendo qué ha podido pasar —Ron afirmó, extrañado—. Voy a volver al Ministerio de Magia en su busca. Esto no es normal en él.
—Tranquilo, hijo. Seguro que alguien de otro departamento lo ha visto dispuesto a usar la Red Flu y lo ha entretenido con algún asunto de última hora —su padre intentó tranquilizarlo—. Ya sabes cómo es la gente: no recuerda que necesita algo de uno, hasta que lo ve apunto de marcharse. Parece que lo haga adrede.
Ron asintió, poco convencido, no queriendo alarmar a los demás. Pasaron varios minutos, hasta que los ánimos de todos los allí reunidos comenzaron a alterarse. La argumentación del señor Weasley iba perdiendo peso a medida que la preocupación se iba adueñando de la situación.
—Voy a buscarlo —Ron repitió, decidido, caminando hacia la chimenea.
—Yo te acompaño —su padre lo apoyó, temiendo que algo grave hubiese sucedido.
Iban ya a tomar los polvos flu para hacerlos servir en la chimenea, cuando Harry se materializó a través de ella caminando como un tornado, totalmente furioso.
—¡Está loca! —gritó.
Los demás lo observaron llenos de estupor e inmediatamente fijaron sus ojos en su rostro, aún más preocupados.
—¡Loca! ¡Te juro que he sentido ganas de meterla en Azkabán!—aseguró a Ron, quien lo observaba fijamente, de un modo extraño—. ¿Qué os pasa? —preguntó, al darse cuenta de que todos lo observaban del mismo modo que Ron.
Ginny se acercó a él y posó su mano en una de sus mejillas, suavemente; en aquella que no sangraba. Un corte transversal surcaba completamente su otra mejilla, del que manaba sangre con profusión.
—Estás sangrando —sólo dijo, mirándolo asustada.
—¿Qué? —Harry se llevó la mano al rostro, perplejo—. ¡Maldita demente! ¡Me lo ha hecho con esa sortija monstruosa que lleva!
—Pero, ¿quién? —Ron quiso saber, comenzando a perder la paciencia.
—¿Qué ha sucedido, hijo? —Arthur le preguntó, haciéndose eco de las palabras que todos estaban deseando pronunciar.
Harry buscó las miradas de Ron y de Hermione, ya más sereno.
—Estaba en el Ministerio de Magia, apunto de marcharme por una de las chimeneas para seguiros, cuando Beatrice Blacksoul me ha detenido cogiéndome por un brazo. Ella ha comenzado a hablar sobre una supuesta relación conmigo y a despotricar sobre Ginny… ¡Por Merlín! —volvió a gritar, airado al recordarlo —He intentado ser amable y explicarle que entre ella y yo nunca ha habido nada. Pero la muy loca me ha dado un bofetón con el dorso de la mano. Es entonces, cuando debe haberme cortado con el pedrusco de su sortija.
—Te lo dije —Hermione le reprochó—. Esa chica está desequilibrada.
—Sin duda, lo está —él aceptó, pensativo—. Ante todos los que aguardaban para marcharse del Ministerio a través de la Red Flu, la he sometido a un Petrificus Totalus, con lo que no ha podido moverse; pero sí escucharme. Le he dejado bien claro que no voy a permitir ese tipo de actitud en el Ministerio. Y que la próxima vez que ella monte una escena de este tipo, sea a mí o a quien sea, irá de cabeza a la calle. Yo mismo la despediré. Después le he retirado el hechizo y me he marchado.
—No será una trampa… —Ron especuló, aún más preocupado al escuchar su relato—. Esa piedra no estará impregnada de veneno... O vete a saber…
Ginny se abrazó a Harry, mientras él fulminaba a su mejor amigo con la mirada. Los señores Weasley observaron la escena sin dar crédito a sus ojos. Y George y Angelina se miraron el uno al otro, entendiéndose sin palabras.
—No ha sido nada —él aseguró, con voz suave—. Ni siquiera me he dado cuenta de que ella me ha cortado con esa cosa. Vamos, princesa. No es nada, te lo prometo.
—Vamos a San Mungo para asegurarnos —en cambio ella le pidió, inquieta.
—Mi amor... No voy a ir a San Mungo por esto —negó, sonriente—. Pensarán que yo estoy loco, también. Cúramelo tú, como hiciste el sábado —le pidió, abrazándola cariñoso.
—Yo estoy con ella, Harry —Ron apoyó a su hermana, con voz firme—. Deberías ir a San Mungo para que allí analicen ese corte. Siendo Beatrice hermana de quien es, sabe Merlín qué puede pasar por su cabeza.
—¿Qué significa eso? —George preguntó, suspicaz.
Pero Harry fingió no haberlo escuchado.
—Ron, déjalo ya. No voy a ir al hospital por esto, ni por mucho más. ¿Eres consciente del revuelo que se montaría, si lo hiciese?
—Lo soy. Pero hay que hacer lo que hay que hacer.
—No será necesario ir a San Mungo —Hermione interrumpió a ambos, con voz resuelta—. Yo prepararé una poción reveladora de veneno. Sólo irás al hospital de enfermedades mágicas en caso de que, efectivamente, ella te haya envenenado con esa sortija. George, acompáñame a la cocina —pidió—. Tú solías ser bueno en estas cosas.
Mientras hablaba, cogió su bolso y extrajo de él un pequeño libro de pociones que siempre llevaba con ella.
—Yo os acompaño —Angelina se ofreció inmediatamente—. Creo que sé qué poción pretendes preparar. Yo obtuve un Éxtasis en Pociones.
—Genial. Vamos, pues. Y Harry: no se te ocurra tocarte la herida de nuevo mientras tanto —le adviritió, con un dedo acusador.
Los tres desaparecieron tras la puerta de la cocina.
Ginny continuó abrazada a Harry con fuerza, mientras él le acariciaba el cabello, intentando tranquilizarla. Arthur y Molly aún no salían de su asombro.
—Con razón, he pasado el día recibiendo apretones de manos —Arthur murmuró para sí.
Su esposa lo miró, alucinada.
—Me da la sensación de que vosotros dos tenéis algo que confesar —la señora Weasley afirmó, sin despegar su mirada inquisidora de ambos.
Ginny no le prestó atención. Sólo podía pensar en Harry, en la posibilidad de que él hubiese sido envenenado y su vida corriese peligro. Pero el joven sonrió a sus suegros con candidez.
—Ginny y yo estamos viviendo juntos —confesó, decidido a no dar más rodeos con el tema—. Desde que ella y yo nos reencontramos hace más de una semana, todo ha sucedido de un modo muy… natural. Sé que al decir esto no me estoy explicando, pero… Nos queremos. ¿Qué más puedo decir?
—¿Sería mucho pedir que nos contéis cómo ha pasado? —ella refunfuñó.
—¿Qué más da, cómo ha pasado? Lo principal, ahora, es asegurarnos de que Harry no ha sido envenenado por esa chica —su marido razonó—. Hijo, ¿por qué Ron y tú teméis que ella puede haberte herido para envenenarte?
—Porque durante todo el día se ha estado comportando como una histérica —él respondió, omitiendo deliberadamente la parte de la verdad que le interesaba ocultar—. No le ha sentado nada bien que Ginny y yo volvamos a ser novios. Yo nunca alenté sus esperanzas, pero ella solita se bastó para hacerlo. Hoy, se notaba que se siente más que decepcionada: está ofendida.
El señor Weasley asintió, haciéndose cargo de la situación.
COMENTARIOS DE LA AUTORA
Este capítulo lo dedico a Nicole.182, para agradecerle que haya añadido el fic a sus favoritos y a sus alertas, y para asegurarle, en respuesta a su comentario, que no voy a abandonar este fic hasta haberlo terminado. Muchísimas gracias por seguir el fic y por tus comentarios. Un abrazo.
Quiero agradecer, también, sus comentarios a "Guest" (no he podido responderte por no estar registrado) y a mi querida Natesgo. Y también quiero agradecer a everard71 por haber añadido el fic a sus favoritos. Y a Bnja, por haberlo añadido a sus alertas.
Hasta pronto.
Rose.
