Capítulo 28. Pluma de piasa
Harry no pudo respirar tranquilo hasta mucho rato después, cuando finalmente tuvo a Malfoy acostado en una cama cubierto con mantas cálidas, en un entorno seguro y bajo el cuidado de los curanderos de la tribu de los kikapú.
Después de que Harry consiguiera encontrar de nuevo a Mojag, a Teddy y a los demás en medio del bosque de los Arces Perdidos, había bajado hasta ellos para informarles que había encontrado a Malfoy y preguntarles a dónde podía llevarlo para recibir atención médica. No quiso ni escuchar hablar de desmontar del palo ni mucho menos de soltar a Malfoy, así que Mojag, al notar su determinación, le había indicado que se fuera directo a la reserva, que ellos los alcanzarían allá junto con Teddy, Enescu y su camioneta. Harry, quien ni siquiera le había dedicado ni un solo pensamiento a Enescu porque francamente le importaba un comino, asintió, le dirigió una sonrisa tranquilizadora a Teddy, le prometió que su tío se pondría bien, y se despidió de todos ellos.
Era una suerte que ya fuera de noche y el camino entre el bosque y la reserva fuera bastante solitario, pues, de ese modo, Harry pudo recorrerlo volando lo más aprisa que se atrevió sin que un solo muggle consiguiera verlo.
Al llegar a la reserva, una comitiva de varios curanderos lo estaba esperando: Mojag había conseguido comunicarse por teléfono móvil para ponerlos sobre aviso. Harry, con los brazos entumidos por el esfuerzo y la tensión, aterrizó suavemente en medio de aquellos magos y brujas nativos y permitió que le quitaran a Malfoy. Se lo llevaron levitando y Harry los siguió, tomando el palo con él. Aunque no comprendía palabra de lo que decían pues hablaban entre ellos usando su propia lengua, le dio la impresión de que no se veían muy preocupados por Malfoy, lo que lo tranquilizó.
De cualquier forma, Harry no se despegó de su lado ni un solo segundo. Fue testigo de cómo lo introducían en una de sus cabañas, lo acostaban en la única cama y comenzaban a revisarlo sin dejar de hablar entre ellos con la calma que caracterizaba a la gente de su raza. Notaron la herida recién cerrada en el costado de su cuerpo, intercambiaron algunas palabras y se giraron a ver a Harry. Algunos le sonrieron, pero nadie le dijo palabra.
Harry se quedó parado en el rincón más alejado posible para no estorbar los procedimientos, pero desde donde alcanzaba a ver lo que sucedía en la cama.
Un curandero abrió la chaqueta y la camisa de Malfoy y soltó una exclamación. Varios de ellos se sobresaltaron y Harry, preocupado, caminó a toda prisa hacia la cama con la varita en ristre.
—¿Qué pasa?
Malfoy, con el torso desnudo, tenía una serpiente negra enroscada encima. El reptil no parecía asustado y sólo sacaba la lengua y los miraba a todos con curiosidad. Harry le apuntó con su varita por acto reflejo, pero un curandero lo detuvo antes de que pudiera lanzar algún hechizo.
—No, no, no te asustes. Serpiente es inofensiva —dijo, con una sonrisa divertida—. Serpiente rey negra no es venenosa, sólo constrictora. Es el tótem de nuestro clan.
—¿Seguro? —Harry bajó la varita y se le quedó viendo al reptil, el cual no parecía estar a la defensiva. Era de un hermoso color negro brillante de punta a punta, sin una sola mota o línea de ningún otro color. Harry nunca había visto un animal igual. Pero, bonita o no, no le pareció adecuado que estuviese encima de un inconsciente Malfoy, así que estiró una mano hacia ella para tomarla y quitársela de ahí.
La serpiente abrió las fauces y le tiró una mordida feroz que Harry esquivó por los pelos. Soltó una maldición entre dientes y los curanderos estallaron en carcajadas.
—Yo dije que no era venenosa, mas no dije que no mordiera —le aclaró el curandero a Harry—. Las serpientes rey son conocidas por su mal carácter. Ellas son jefes en esta tierra. Dominan hasta a las serpientes de cascabel.
La serpiente negra elevó el cuello y le siseó a Harry con enojo. "¡No me gusta que me toquen sin permiso!", escuchó Harry con claridad que le dijo. Se quedó boquiabierto pero no dijo nada: estaba realmente asombrado de descubrir que todavía podía comprender la lengua pársel. La serpiente se desenroscó del torso de Malfoy y se deslizó hasta bajar de la cama, yéndose a esconder a algún rincón de la cabaña. Harry la miró irse, fascinado.
—Hay que dejarla tranquila —dijo el curandero, ya sin prestarle atención ni a Harry ni a la serpiente—. Ellas comen ratones y luego se van.
—¿Y por qué estaba entre las ropas de Malfoy? —preguntó Harry en tono medio histérico—. ¿Acaso estaba tratando de estrangularlo para comérselo? —Aunque, si lo pensabas bien, esa idea era un tanto ridícula, ¿no? La serpiente no era muy grande, quizá apenas pasaba del metro de largo.
Un par de curanderos sólo lo miraron con cara de paciencia infinita y no le respondieron nada. Continuaron con su labor y fue entonces que repararon en las horribles y largas cicatrices del pecho de Malfoy. Hablaron entre ellos, comentando algo que Harry no comprendió.
Harry dio un paso atrás, impactado y sintiéndose muy, muy culpable.
El espectáculo casi lo hace sollozar. Jamás había visto con sus propios ojos las cicatrices de su propia obra. Durante años, había tenido pesadillas con el tema y se había imaginado una y otra vez cómo habría sido para Malfoy y cómo habría quedado su piel, pero la realidad superaba su imaginación. Se cubrió la boca con una mano para no dejar escapar ningún ruido y, no obstante, se obligó a mirar. Sentía que era la expiación que debía pagar por lo que le había hecho a finales de su sexto año: si Malfoy había tenido que vivir todos aquellos años con esas cicatrices, mirándoselas día a día, lo menos que podía hacer Harry, el causante directo, era verlas, conocerlas y dejar de sentirse angustiado por su aspecto.
Pero era demasiado. Cerró los ojos y reculó hasta llegar al rincón donde se había refugiado antes. Se quedó ahí y respiró profundo. Por su mente desfilaron los recuerdos de la ocasión en que peleó con Malfoy en aquel baño, y el horror sin límite que sintió cuando lo vio tirado en el suelo, mojado, sangrante y derrotado, con el pecho partido, creyendo que lo había matado…
Y de pronto, recordó que exactamente así era como lo había encontrado hacía unos minutos en el bosque. Exactamente así.
Dejó escapar un sollozo y un par de curanderos lo miraron con compasión.
—No te preocupes por tu amigo —le dijo la curandera más joven—. Él va a ponerse bien. Las garras del piasa suelen contener una pequeña cantidad de veneno, pero le vamos a aplicar el antídoto. Quizá sólo presente un poco de fiebre, pero mañana ya se encontrará recuperado. Si tu amigo sobrevivió a esto —dijo ella, señalando las cicatrices del pecho—, estoy segura de que es fuerte y no se dejará vencer.
Harry asintió, incapaz de decir palabra.
La culpa le ardía debajo de la piel como carbones encendidos y, durante un largo rato, no miró a nadie a la cara.
Un poco más tarde, Mojag y los demás llegaron a la reserva. Harry escuchó alboroto afuera (le pareció que Enescu gritaba algo) y entonces, Mojag y Teddy entraron a la cabaña. Teddy corrió a abrazar a su padrino con lágrimas en los ojos y Harry hizo su mejor esfuerzo para reconfortarlo. Mojag, después de intercambiar unas palabras con los curanderos, le dijo a Harry que Malfoy necesitaba quedarse ahí al menos hasta la mañana siguiente, y que él y Teddy podían acompañarlo, si era su deseo. Harry estaba bastante preocupado por Teddy y su bienestar, pero tampoco quería despegarse del lado de Malfoy. El niño tuvo que hablar mucho para convencerlo de que podía quedarse ahí con él a pasar la noche, que, de hecho, lo consideraba una aventura genial.
—Emil está acá afuera de la cabaña, padrino —le susurró Teddy con gesto de desagrado—. Quería entrar a ver a mi tío, pero nadie lo dejó. Cuando reclamó que por qué tú sí podías estar acá adentro, todos le respondieron que eras tú quien había rescatado a mi tío de un dragón, mientras él sólo había estado sacándose los mocos en la camioneta estacionada, así que tú tenías todo el derecho y él no… Este… Lo de los mocos lo dijo Langundo, no yo —añadió con gesto culpable.
Harry se rió y se sintió un poco revindicado. Se giró hacia Mojag.
—Creo que sería buena idea mandar a Enescu de regreso al rancho para que al menos les cuente a la madre y tía de Malfoy lo que ha sucedido. ¿Cree usted que alguno de sus hombres pueda llevarlo? El inútil no sabe conducir autos.
Mojag se rió, aceptó de buena gana y salió de la cabaña.
Harry se sintió feliz y tranquilo por primera vez en días. Tenía a las dos personas que más le importaban bien y a salvo: Malfoy, aunque todavía desmayado, estaba en proceso de recuperarse; y Teddy se encontraba perfectamente bien y hasta parecía contento por quedarse ahí. Y además, Harry se había quitado a Enescu de encima aunque fuera por aquella noche. Algo era algo.
No era como si todavía viera a Enescu como a un rival, pues en ese momento ya estaba convencido de que Malfoy no sentía nada especial por el rumano, pero de todas formas... Lo detestaba y no confiaba en él, así que entre más lejos pudiera tenerlo de todos ellos, mucho mejor.
Finalmente y después de haberles dado de cenar, los curanderos los dejaron solos para que pudieran descansar. Le informaron a Harry que habían hecho todo lo posible por Malfoy y que ahora sólo le quedaba dormir y dejar que la fiebre pasara mientras su cuerpo terminaba de eliminar las toxinas del veneno del dragón.
Les dejaron un agradable fuego encendido en la chimenea y Harry y Teddy se acomodaron en un sofá que estaba a unos metros de la cama, desde donde podían ver a Malfoy. Éste estaba plácidamente dormido, aunque a ratos la fiebre lo hacía balbucear incoherencias y sudar copiosamente. En esos casos, Harry se levantaba y le cambiaba el paño húmedo que le habían puesto en la frente, sin atreverse a tocar a Malfoy más allá de eso.
Se sentó junto a un dormido Teddy, acariciándole el cabello azul mientras observaba a Malfoy. Él mismo estaba comenzando a cabecear, cuando un movimiento llamó su atención. Miró hacia un rincón junto a un mueble y vio dos ojitos brillantes observándolo y una lengua bífida olfateando con curiosidad.
Y hablando de curiosidad… Harry sonrió y se concentró.
—Hola —consiguió decir en pársel, todavía medio incrédulo de poder seguir hablando en esa lengua… tenía toda la vida, desde que había muerto Voldemort, sin usarla.
La serpiente negra pareció sorprenderse bastante. Se escondió de nuevo en un rápido movimiento pero, al cabo de algunos minutos, volvió a emerger.
—¿Hola? —respondió el saludo de Harry. La serpiente sacó más la cabeza de su rincón y miró a Harry con atención—. ¿Cómo puedes hablarme? Nunca conocí ningún hombre o mujer que fuera capaz de eso, aun si eran mágicos.
Harry se encogió de hombros.
—Es un talento heredado que no se da mucho, supongo. No pude evitar notar que venías escondida debajo de las ropas de mi amigo, el mago que está ahí enfermo. ¿Por qué hiciste eso?
La serpiente terminó de salir lentamente de su escondite y se deslizó algunos metros por el suelo hasta llegar frente a Harry, pero sin quedar a su alcance. Elevó un poco la cabeza y sacó la lengua varias veces, sin decir nada. Llegó un punto donde Harry creyó que no iba a responderle.
Sin embargo, la serpiente finalmente volvió a hablar:
—Tu amigo es… interesante. Lo encontré herido en el bosque y quise darle un poco de calor. Yo, mejor que nadie, sé lo que es tener frío cuando no hay sol. Había espíritus cuidándolo y supe que era porque es un mago especial. Hace magia sin mehtekwi.
Harry abrió mucho los ojos y no pudo evitar mirar hacia Malfoy. Éste tenía el ceño un poco fruncido y apretaba los labios, luchando contra la fiebre. Harry sintió que el corazón se le constreñía en el pecho. Miró de nuevo hacia la serpiente.
—Te agradezco mucho lo que hiciste por él. Y sí, tienes razón. Él es especial. O al menos, lo es para mí… Y mucho. ¿A qué te refieres con que había espíritus cuidándolo?
La serpiente no le respondió. Se quedó en silencio durante algunos minutos, sólo mirando.
Harry, convencido de que la serpiente se marcharía ya, dejó de hacerle preguntas. Pero la serpiente no se fue. Lo que hizo fue acercarse más a él y a Teddy, quien roncaba suavemente a su lado.
—¿Tú eres Harry, cierto? —Harry asintió y la serpiente continuó—: Tu amigo te mencionó, allá en el bosque. Conjuró un espíritu protector con una forma como la mía, lo cual me asustó en el primer momento. Me escondí pero alcancé a escuchar que le llamaba "hijo" y le dijo que te buscara a ti, que buscara a "Harry".
Harry abrió la boca, atónito, intentando comprender lo que la serpiente estaba narrándole. Se refería al patronus de Malfoy, sin duda alguna; Harry mismo había visto que tenía forma de serpiente. Si era cierto lo que estaba contándole, Malfoy lo había conjurado sin varita y lo había mandado a buscarlo a él, detalle que lo conmovió profundamente. Pero… No entendía por qué Malfoy le llamaría "hijo" a su patronus…
—¿Cómo un hombre puede tener un hijo serpiente? —continuó preguntando aquel animal, el cual, Harry estaba descubriendo, era extremadamente chismoso. Harry negó con la cabeza.
—No… no podemos. Debe tratarse de algún error. Quizá… Quizá él deliraba por la fiebre.
—También le dijo que tú eras su otro padre. O sea, que no sólo ustedes tienen hijos serpientes, sino que, ¿lo hacen entre dos machos? —La serpiente emitió un silbido que, Harry estaba seguro, se trataba de una risa. Nunca antes había escuchado a una serpiente reírse—. Eso sería interesante de ver.
La serpiente pareció darse por satisfecha después de haber desembuchado todas esas tonterías y se deslizó por el suelo de madera hasta quedar debajo de la cama donde reposaba Malfoy. Harry la miró irse, sintiéndose confundido. No le encontraba ni pies ni cabeza a lo dicho por el animal. ¿Habría escuchado mal?
Malfoy comenzó a murmurar en sueños y sacó a Harry de sus cavilaciones. Éste se levantó de su asiento y caminó hacia la cama. Le molestaba mucho no poder hacer más por Malfoy; una o dos veces pensó si no sería mejor llevárselo a un hospital muggle, pero le habían explicado que su mal era mágico y que de todas formas allá no podrían hacer nada para ayudarlo.
Le colocó en la frente un paño recién sumergido en agua helada y se sorprendió porque, de pronto, Malfoy entreabrió los ojos y lo miró.
—Harry —susurró apenas audiblemente.
Harry no pudo evitar una sonrisa enorme. Harry, le había dicho Malfoy. No Potter. Harry. Apretó los labios, de nuevo sintiéndose conmovido.
—Hola, Malfoy —le dijo en voz baja, atreviéndose a ponerle una mano encima de su hombro cubierto por mantas—. Me da muchísimo gusto verte despierto. Nos sacaste un buen susto, ¿sabes?
Malfoy, con ojos vidriosos, miró a su alrededor. Continuaba sudando y Harry sabía que seguía estando bajo los efectos de la fiebre.
—¿En dónde estamos? —consiguió preguntar en un murmullo.
—En una cabaña de la reserva de los kikapú. Te sacamos del bosque después de que te atacara el dragón, ¿recuerdas? Tengo que admitirlo, Malfoy… eres un tremendo hijo de puta. Tú solo te libraste de las garras de un piasa, ni más ni menos. No cualquiera, ¿eh?
Malfoy, con gesto confundido, como si no comprendiera del todo lo que Harry estaba diciéndole, lo miró de nuevo y frunció el ceño. Sacó su mano derecha de debajo de las mantas y aferró la mano que Harry todavía tenía sobre su hombro.
—¿Y Teddy? —preguntó con apuro.
—Teddy está muy bien, no te preocupes. Bastante aliviado de que tú estés a salvo. Míralo, está dormido justo ahí. —Señaló con la mano libre hacia donde Ted estaba acostado sobre el sofá.
Malfoy estiró el cuello y levantó la cabeza para ver. Pareció satisfecho y de nuevo se recostó, suspirando con alivio.
—No puedo creer que los puse en semejante peligro, a ti y a él —murmuró, cerrando los ojos.
Continuaba sin soltar la mano de Harry y éste no hizo nada para zafarse.
—No digas eso, Malfoy, tú no tenías idea. Todo salió bien, afortunadamente. Ni siquiera el piasa recibió gran daño. Ya fueron a buscarlo unos…
—Harry… —lo interrumpió Malfoy, abriendo los ojos y girando su cara hacia él. Harry se silenció. Malfoy lo estaba mirando con un ardor que iba mucho más allá de la fiebre.
Harry pasó saliva, repentinamente nervioso.
—¿Dime, Malfoy…?
—Necesito preguntarte… Necesito… —Malfoy tenía la boca seca, y Harry le pasó un vaso de agua que había sobre una mesita. Malfoy tomó un trago, todo sin soltar a Harry, y de nuevo lo miró con intensidad—. Mientras estaba en el bosque, pensé en ti… y llegué a una conclusión asombrosa —le dijo en voz tan baja que Harry apenas sí alcanzaba a escuchar—. Necesito preguntarte. ¿Me…? ¿Tú estás…? Quiero decir, ¿hay alguna posibilidad de que estés interesado en mí?
Harry abrió mucho la boca, el corazón latiéndole a mil por hora. Malfoy lo estaba mirando con el alma desnuda, Harry se daba cuenta. Sus ojos eran sinceros, y su expresión, ansiosa. Harry soltó un suspiro entrecortado, se armó de valor y le respondió:
—Yo… yo estoy… por supuesto que sí estoy muy interesado en ti, Malfoy. Como jamás lo estuve por nadie. Demonios, eres la persona más fascinante que conozco, lo sabes, ¿no? ¿Cómo podría no interesarme en ti? Me… me gustas mucho.
Malfoy parecía herido.
—¿Sólo… sólo eso? ¿Sólo te gusto?
Harry no pudo evitar sonreír un poco. Agachó la cabeza, volvió a envalentonarse y, de pronto, recordó que Malfoy estaba ardiendo en fiebre. Seguramente no recordaría nada de esa conversación al otro día. Así que, Harry suspiró y le dijo, mirándolo a los ojos:
—Me gustas muchísimo, como ya te dije. Y no sólo eso. No puedo dejar de pensar en ti y, cada día que pasa, entre más te conozco, más me encanta tu personalidad y tu manera de ser. De hecho, estoy casi convencido de que… Merlín, Malfoy. Estoy casi seguro de que me estoy enamorando de ti.
Malfoy pasó saliva y apretó los labios. Observó a Harry con gesto incrédulo durante unos segundos, los suficientes para que Harry pudiera notar que los ojos se le humedecían. Harry estuvo a punto de preguntarle si es que acaso cabía la posibilidad de que pudiera corresponderle, cuando Malfoy, como si estuviera muy cansado, cerró los ojos y dejó caer la cabeza sobre la almohada.
—Oh, Harry, no tienes idea de lo que… Tú y yo… Y Eltanin… —balbuceó entonces. Harry no comprendió a qué se refería, pero no pudo preguntarle nada ni Malfoy pudo decir nada más, porque volvió a quedarse dormido.
Lentamente, la mano de Malfoy soltó la suya y Harry se la acomodó por debajo de las mantas, sin poder dejar de pensar en las cicatrices del sectumsempra que estaban ahí debajo, prueba imborrable de su estupidez. ¿Por qué Malfoy le preguntaría eso? ¿Por qué había parecido herido cuando había creído que Harry sólo se sentía atraído físicamente? ¿En verdad Malfoy quería… quería algo serio con él?
Pero, ¿podría perdonarle todo lo que había sucedido entre ellos dos?
Harry se quedó un largo rato ahí parado junto a Malfoy, mirándolo dormir y notando cómo, poco a poco, su rostro dejaba de estar sonrojado por la fiebre. En su mente, Harry repasó todos y cada uno de los momentos que había vivido con Malfoy desde la noche de su reencuentro en Navidad. No le costó mucho reconocer que, con cada minuto pasado a su lado, con cada acción de Malfoy y con cada palabra que dejaba sus labios, Harry se sentía más y más atraído hacia él.
Malfoy no sólo era un mago tan guapo que cortaba el aliento. No sólo era un aristócrata de modales exquisitos y todo un caballero inglés. No sólo era un empresario joven y exitoso y un mago tan poderoso que podía convocar patronus sin varita. Malfoy era muchísimo más: era justo, generoso, astuto y valiente a su manera, y, por si todo eso fuera poco, era evidente que sentía una pasión sin límite hacia su familia, cualidad que Harry, quizá por su orfandad, encontraba más entrañable que ninguna otra.
A Harry, sencillamente, Malfoy le encantaba y sabía que podría pasar el resto de su vida en su compañía y jamás se aburriría. Por lo tanto, no le quedó más remedio que aceptar que se había quedado corto con lo que le había respondido a Malfoy, porque no era que estuviera "comenzando a enamorarse" de él...
La verdad desnuda era que Harry estaba ya, en ese momento y quizá para siempre, completa, estúpida e irremediablemente, enamorado de Draco Malfoy.
La revelación, no tan inesperada pero sí impactante, lo dejó sin aliento durante unos momentos. Pasando saliva, se atrevió a llevar los dedos al cabello de Draco y se lo acarició durante un rato, sintiéndose terriblemente conmovido y anhelando poder quedarse para siempre a su lado cuidándolo.
El problema era: ¿Draco podría corresponderle?
Dejó a Draco en paz y regresó a su lugar en el sofá junto a Teddy mientras tomaba la determinación de descubrirlo.
Se prometió a él mismo que, si existía al menos una pequeña posibilidad de que Draco pudiera quererlo de vuelta, no cejaría hasta conseguirlo.
Draco despertó, sintiéndose descansado de la mente pero muy molido del cuerpo. Se quedó unos momentos intentando recordar por qué estaba en lo que parecía ser una cabaña y y por qué sentía que le dolía toda su hermosa humanidad. Poco a poco, los eventos de la noche anterior llegaron a él: un piasa había tratado de atacar a Harry y Draco se había interpuesto sólo para sacarlo del camino, pero el pájaro dragón lo había atrapado y llevado lejos.
Poco a poco, recordó cada cosa que le había sucedido, incluso unos encuentros con animales salvajes en el bosque mientras él esperaba por su rescate. Había perdido el conocimiento en algún punto y, después de eso, no podía recordar más.
Echó un vistazo a su alrededor: no había nadie con él y el lugar parecía ser el hogar de alguna persona indígena, así que a Draco no le cupo duda que seguía estando en territorio kikapú. Sonrió levemente cuando supo, casi con certeza, que, tal como él se lo había imaginado, Harry sí había conseguido encontrarlo en el bosque.
Suspiró y se dejó caer en la almohada, feliz de estar vivo.
Una persona entró a través de la cortina de cuentas que cubría el hueco abierto de la puerta.
—Buenos días —saludó una mujer kikapú de muy avanzada edad que se movía con agilidad. Traía una bandeja con alimentos y una jarra con jugo—. Su familia está desayunando afuera con los demás. Ellos no querían separarse de su lado, pero Mojag les insistió.
—¿Mi… familia?
La mujer puso la bandeja sobre la mesita de noche.
—Claro. Novio y sobrino. Son su familia, ¿no?
¿Novio?
Draco sonrió con cansancio, preguntándose por qué ella pensaba que Harry y él eran novios. Porque no le cupo duda alguna de que estaba hablando de Harry y no del idiota de Enescu. Draco esperaba que el imbécil redomado ya estuviera muy lejos de ahí.
La mujer, quien seguramente era bruja y curandera, le quitó las mantas de encima sin previo aviso y comenzó a revisarle la herida que, Draco recordaba, el piasa le había hecho en un costado. No se sorprendió al bajar la vista y ver que ya estaba curado.
—Totalmente bien —dijo ella, afirmando con la cabeza. Miró a Draco a los ojos y le sonrió. Su rostro se llenó de arrugas—. Fue novio quien cerró la herida, deteniendo sangrado. Escuché que voló en un palo mágico para buscarte y que estaba muy angustiado, y, no sé si tú sepas, pero esos palos no son fáciles de controlar. Se nota que te ama mucho. Estuvo toda la noche aquí, cuidando.
El calor que le subió por el pecho hasta el cuello y la cara, no tenía nada que ver con el ambiente. Lo que ella le dijo no hizo más que apoyar su teoría de que Harry sí estaba comenzando a desarrollar sentimientos más fuertes hacia él, mucho más que sólo atracción física.
No sabía qué decir al respecto. Decidió cambiar de tema, pues además tenía una duda que no lo dejaba en paz.
—Señora, disculpe —dijo con voz ronca—. Cuando estuve en el bosque, me pasó algo bastante peculiar y que no es… Bueno, que no es normal. —La bruja se le quedó viendo con interés, animándolo a continuar—. Sé que es un bosque sagrado y muy mágico, pero… Bueno, yendo al grano: hubo un momento en que una pareja de venados velaron por mí. Me cuidaron e incluso me defendieron de un león de montaña que iba a atacarme. ¿Es… es habitual que sucedan ese tipo de cosas por aquí?
Cuando Draco se había documentado acerca de la tribu kikapú allá en Inglaterra, había aprendido que ellos tenían una relación bastante importante con los venados. Los cazaban desde tiempos inmemoriales, eso era cierto, pero lo hacían a manera de ceremonia. Eran los animales más sagrados para ellos. Draco se preguntaba si eso tenía algo que ver…
La bruja volvió a cubrirlo con las mantas y lo miró sin decir nada durante un momento. Suspiró y respondió:
—Bueno… Lo que se sabe de nuestro bosque sagrado, es que es ahí a donde se van las almas de aquellos que se han adelantado a nuestro camino. Ellos reencarnan en alguna criatura inocente, quien puede buscar un modo de estar cerca de los que fueron sus seres queridos en vida. Especialmente si en alguna fecha reciente tú les brindaste algún homenaje o realizaste alguna ceremonia en su memoria… Es probable que esa haya sido su manera de darte las gracias. Ahora, come.
La señora le sonrió, Draco le dio una mirada incómoda y ella salió de la cabaña. Draco frunció el ceño, arrepintiéndose de haber preguntado. Estaba bastante seguro de que aquellos venados no eran ningún antepasado suyo. Dejando esa inquietud a un lado, se sentó y devoró todo lo que le habían llevado. En verdad estaba hambriento.
Mientras comía, pensaba en lo que había sucedido la tarde anterior: antes, durante y después del ataque del piasa. Había algo que no cuadraba en todo aquello y era el asunto de que se suponía que el piasa no atacaba a las personas. Además, el hecho de que hubiera ido directo a querer atrapar a Harry, no dejaba de inquietar a Draco. Sentía que en todo eso había algo importante que se le estaba escapando y le molestaba no saber lo que…
En ese momento, Harry y Teddy entraron a través de las cortinas. Venían muy silenciosos, pero cuando descubrieron que Draco estaba despierto, les cambió el semblante. Ambos sonrieron mucho y Teddy no perdió el tiempo: corrió hasta la cama y se le echó encima a Draco.
—¡Tío Draco! ¡Por fin despertaste! —gritó mientras lo abrazaba. Draco, enternecido, le revolvió el cabello azul—. ¡Qué gusto me da que estés bien! Tuve tanto miedo de que el dragón te fuera a comer…
—Lamento haberte asustado… —le dijo al niño en voz baja—. Supongo que tuve suerte porque… ¿dragón no come dragón? —intentó bromear.
Teddy soltó una risita.
—Ay, tío, qué tontuelo eres...
Harry se acercó hasta ellos. Estaba sonriendo mucho aunque se veía muy cansado. Traía ojeras muy marcadas y los ojos rojos y preocupados.
—Hola, Draco —saludó. Teddy estaba desprendiéndose de los brazos de Draco, y éste sólo atinó a mirar a Harry con azoro. Harry se ruborizó un poco pero no desvió la mirada—. ¿Puedo llamarte así? Después de todo, tú me llamaste Harry anoche... Aunque es probable que no te acuerdes de eso porque creo que delirabas por la fiebre.
Draco arqueó las cejas.
—¿Yo… te llamé Harry? ¿Anoche? —preguntó con un sofoco. ¿Qué más se le habría escapado si estaba delirando y no era consiente de sus palabras?
Teddy soltó un resoplido de fastidio y puso los ojos en blanco.
—¡Pero, por favor! ¡Qué tontos pueden ser los adultos a veces! Si ustedes son casi como parientes, o novios, o algo así, ¿cómo van a seguir llamándose por sus apellidos?
Draco se sonrojó levemente ante lo dicho por Teddy y miró a Harry de reojo. Éste sólo sonrió y se encogió de hombros.
—No-no… La verdad es que no recuerdo nada de lo que sucedió después de que me desmayé en el bosque —le dijo a Harry sin atreverse a verlo a los ojos.
—¡Oh tío, fue tan épico! Langundo le hizo un palo volador a mi padrino y él voló por todo el bosque para buscarte. Tú le habías echado una maldición de legañas al dragón y te soltó, y te hizo una herida muy fea, pero hiciste un patronus y mi padrino lo vio y fue así como te encontró. ¿Verdad que sí, padrino?
Draco abrió mucho los ojos.
—¿Viste a mi patronus?
Harry asintió, mirándolo fijamente con un intensidad que Draco no comprendió.
—Sí. Una serpiente. Ah, y hablando de eso… Conocí a una amiga tuya del bosque.
Diciendo eso, Harry se abrió el abrigo y, de un bolsillo interior de la prenda, se asomó la cabeza negra de la serpiente que Draco había visto en el bosque y que lo había inspirado para hacer su patronus.
—¿Qué… qué? ¿Es esta la misma serpiente que yo vi allá? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo llegó aquí y por qué demonios la traes ahí?
Teddy se rió mucho de su histeria. La serpiente dejó su escondite debajo del abrigo de Harry y se deslizó encima de él hasta quedar alrededor de su cuello. Parecía muy cariñosa con el moreno. Draco frunció el ceño.
—Ella venía contigo —respondió Harry—. No te preocupes, no es venenosa. Se llama Mahkate.
Draco arqueó las cejas, incrédulo.
—Oh, ¿ya es adopción oficial y todo? ¿Ya hasta le has puesto nombre?
—Yo no le puse nada. Se lo pregunté y ella me dijo que así la llamaban —respondió Harry en tono inocente.
Teddy soltó risitas, la serpiente siseó con interés y fue cuando Draco entendió.
—Ah, claro. Tu maldito don de lenguas reptiliano. Ya lo recuerdo —dijo sarcásticamente, porque la verdad era que siempre había estado muy envidioso de que Harry pudiera comprender lengua pársel y él no—. Y, supongo que ahora ella y tú son mejores amigos, ¿no?
—Bueno… —Harry se encogió de hombros y puso gesto culpable.
—¡Mahkate quiere quedarse a vivir con nosotros! —aclaró Teddy muy contento—. Dice que nos conviene el trato porque ella es muy buena cazando ratones.
Harry sonrió y la serpiente miró a Draco durante un momento y luego se giró hacia Harry. Le siseó algo y Harry sonrió.
—Mahkate dice que le agrada ver que ya estás mejor. Ella había pensado que morirías de frío allá en el bosque y estaba preocupada… —finalizó Harry, poniéndose serio y mirando a Draco con intensidad. Teddy también perdió la sonrisa.
Draco pasó saliva, sin saber qué decir. Él también, justo antes de desmayarse, había pensado que iba a morir. Los ojos se le humedecieron por más que trató de evitarlo. Porque, si era verdad lo que Harry estaba diciendo, él había conseguido encontrarlo gracias a su patronus. El cual Draco había convocado porque ese reptil le había dado la idea. Lo que quería decir que seguramente Draco estaba vivo gracias a que a esa pequeña serpiente negra se le había ocurrido enroscarse en su pierna y quien ahora parecía aferrada a convertirse en la mascota de Harry Potter de entre toda la gente.
—Pues entonces supongo que debo darle las gracias a… ¿cómo dicen que se llama?
—¡Mahkate! Significa "negra" en lengua indígena —exclamó Teddy. Draco rodó los ojos.
—Por Salazar, pero qué original. Jamás lo habría adivinado.
La serpiente siseó, rodeó el cuello de Harry y se zambulló de nuevo en las profundidades del interior de su abrigo.
—Creo que heriste sus sentimientos.
Draco le dio una larga mirada a Harry.
—¿En serio, Potter? Ni siquiera voy a dignarme a responder eso.
—¿Potter? ¿No habíamos acordado ya que ibas a llamarme Harry? —preguntó con una sonrisa coqueta.
—Yo… yo no acordé nada contigo —dijo con un hilo de voz, fingiendo molestia, aunque la verdad era que se sentía estúpidamente feliz y emocionado—. Pero… si tanto necesitas que te llame por tu primer nombre… puedo hacer el esfuerzo.
Harry le sonrió más y hubo una pausa medio incómoda donde ellos dos sólo se quedaron viéndose y Teddy, a su vez, los miraba primero a uno y luego al otro con una ceja arqueada. De pronto, Harry carraspeó, se puso serio y le dijo a Teddy:
—Ted, ¿puedes ir a buscar a Langundo y decirle que tu tío ya despertó?
—¡Ah, sí! Para que le dé lo que tú y yo ya sabemos qué! ¡Ahora mismo voy! —Muy alegremente, Teddy se bajó de la cama y corrió hacia el exterior.
Una vez a solas, Harry suspiró y se giró hacia Draco.
—Draco, necesito decirte algo pero no quería que Teddy escuchara.
Draco comenzó a acalorarse. Se acomodó en su sitio sobre la cama y, sin darse cuenta de lo que hacía, se pasó una mano por el cabello.
—A ver, dime…
Harry miró hacia la puerta.
—Se trata de Enescu. —Draco hizo todo un esfuerzo para no demostrar su desencanto y continuó mirando a Harry con interés. Éste, ajeno a sus pensamientos y expectativas, continuó hablando a toda velocidad pero en voz baja—: Verás, estuve hablando con Langundo, Mojag y los otros que nos acompañaron al bosque ayer. Estábamos tratando de analizar todo lo que pasó para averiguar por qué el piasa nos atacaría, ya que ellos insisten en que jamás se comporta así. Fue entonces que comenzamos a atar cabos y nos dimos cuenta de que Enescu resulta muy sospechoso en todo este asunto.
Draco, habiéndose olvidado ya que hacía un minuto había creído que Harry iba a declararle su amor, se sentó más derecho sobre la cama.
—¿Por qué creen eso?
—Porque Mojag me contó que, cuando regresaron a donde las camionetas estaban estacionadas, encontraron a Enescu medio sofocado, sonrojado y con los zapatos llenos de lodo. Justo estaba tratando de limpiarse muy discretamente con su varita, pero ellos alcanzaron a verlo muy bien. Yo les dije que Enescu era dragonologista y que tenía experiencia con esas bestias, así que…
Se silenció. Estaba muy serio, casi enojado, pero parecía estar esperando por la reacción de Draco. Éste comprendió al instante.
—Fue él —jadeó Draco, enfureciéndose todavía más que Harry porque, si eso era cierto, si Enescu había hechizado al dragón, lo había hecho para mandarlo a cazar a Harry… y eso, haber intentado asesinar al moreno, era algo que Draco jamás iba a perdonárselo. Incapaz de quedarse tranquilo, se quitó las mantas de encima y bajó los pies de la cama, olvidándose de que estaba casi desnudo, pues sólo traía puestos sus calzoncillos. El frío matutino le caló hasta los huesos, pero lo ignoró—. Oh mierda, te juro que voy a despellejarlo vivo en cuanto tenga una varita conmigo. Es más, olvídate de la varita, lo haré al modo muggle. ¡Maldito desgraciado!
Harry lo estaba observando con susto.
—Espera, Draco —le dijo, y dio un paso hacia él para contenerlo de que dejara la cama—. Realmente no tenemos pruebas de que haya sido él. Sólo son sospechas, Langundo dice que…
Draco negó con la cabeza.
—¡No me salgas con eso, Potter! Tú también lo escuchaste, ¿recuerdas? Cuando estábamos almorzando ayer, jodido presumido de mierda, nos dijo a todos que en Rumanía usaban un confundus especial para obligar a los dragones a tener ciertos comportamientos. Todo apunta a que fue él. ¡Y voy a hacer que se arrepienta de su ocurrencia, ya lo verás! El imbécil se ha metido con la familia equivocada. —Con la mirada, buscó por la cabaña por sus pertenencias. Encontró su ropa sucia y hecha jirones encima de una silla—. Mierda, ¡cómo necesito una varita pero ya! Vamos, Potter, no te quedes ahí parado, ¡arréglame mi ropa!
Harry, quien sólo había estado mirándolo con los ojos como platos y quien estaba levemente sonrojado ante la vista de su semidesnudez, pareció reaccionar.
—Sí, sí, claro. Enseguida.
—Ahora —comenzó a divagar Draco en voz alta mientras Harry le reparaba y limpiaba todas sus prendas—, me gustaría saber cuáles pudieron haber sido sus jodidos motivos para intentar asesinarte. Sé que eres insufrible y entiendo que haya gente que no te soporte, pero de eso a intentar borrarte del mapa...
Harry se sobresaltó. Con la ropa de Draco entre los brazos, se acercó a él y lo miró con confusión.
—¿Asesinarme? ¿A mí? ¡Pero si fue a ti a quien el piasa se llevó entre sus garras y casi mata! De hecho, es por eso que no quería creer que hubiese sido él. No podía entender cuál razón tendría para hacerte algo así, provocar a un dragón sólo por...
Draco puso los ojos en blanco y negó con la cabeza. Tomó a Harry de los hombros, lo sacudió un poco y lo obligó a verlo a los ojos.
—Harry… —le dijo, y haberle llamado así pareció obrar como magia. Harry se le quedó viendo con toda la atención—. El piasa iba directo hacia ti. Me cogió a mí por puro accidente, y quizá por esa razón fue que no me mató. Ese maldito pájaro estaba programado para asesinarte a ti. Enescu lo usó para eso. Y yo voy a matarlo a él por haberse atrevido, por habernos puesto a todos en peligro, especialmente a Teddy.
—¿En serio… en serio crees eso?
Draco escuchó a la serpiente negra sisear y la sintió moverse debajo del abrigo de Harry. Soltó al moreno antes de que al animal se le ocurriera salir a tratar de morderlo.
—Estoy convencido de que eso fue lo que pasó —le dijo, quitándole su ropa de las manos. Comenzó a vestirse.
Harry estaba impactado y, sin ponerle atención a Draco, murmuró:
—Entonces… entonces… ¿querría quitarme de en medio, tal vez? ¡Claro! Es que él quiere casarse contigo. ¡Tuvo miedo de que tú y yo…! Bueno…
Se silenció y miró a Draco con apuro. Draco, quien ya se había puesto los pantalones y estaba abrochándose la camisa, se le quedó viendo también.
—¿Tuvo miedo de que tú y yo… estuviéramos empezando una relación? —completó en voz baja. No pudo evitar esbozar una sonrisa coqueta al terminar de hablar.
Harry asintió.
—Eso parece, ¿no? Creo que la rabia que me tiene, sumada a su miedo de perder la oportunidad de casarse con un heredero millonario como tú… Digo, parece una locura, pero no se me ocurre entonces cuál otro motivo podría tener el imbécil para arriesgar tanto.
—¿Heredero millonario? —preguntó Draco, frunciendo el ceño. Ya estaba atándose los cordones de los zapatos. Harry titubeó y Draco insistió—: Potter, si hay algo que deba saber respecto a Enescu, creo que es ahora o nunca.
—Tienes razón —asintió Harry y lo miró a la cara—. El problema de Enescu, aparte de que es un idiota en grado premium, es su fijación por ser rico. Porque, por lo que pude averiguar de él gracias a lo que Charlie y él mismo me contaron, Enescu nació y creció en el seno de una familia del abolengo más rancio que con el tiempo fue empobreciéndose hasta quedarse casi sin nada. Y como tiene muchos hermanos, al dividirse la herencia les supo a poco y no les quedó más remedio que trabajar para sobrevivir. ¿Por qué crees que se dedica a la dragonología? Me confesó una vez que fue el trabajo menos denigrante que pudo encontrar y donde no pagaban tan mal, aunque estaba harto porque realmente no le tiene amor ni a los animales ni al oficio. Estoy seguro de que la fantasía con la que se masturba todas las noches, es la de dejar de trabajar para siempre.
Draco asintió lentamente, comprendiendo todo.
—Es un vil y vulgar cazafortunas —concluyó—. Intentó cazarte a ti y no pudo, y luego lo intentó conmigo. Y está bastante desesperado, por lo que veo.
Harry afirmó con la cabeza.
—Así exactamente es. Cuando nos conocimos en Rumanía, yo sólo… —se sonrojó un poco y desvió la mirada—, bueno, yo sólo estaba interesado en pasar un par de noches con él, pero Enescu fingió que estaba locamente enamorado de mí con el objetivo de que yo lo tomara en serio. Charlie y yo… —se rascó la nuca, aparentemente avergonzado—, bueno, Charlie y yo le jugamos una broma donde le hicimos creer que yo había perdido todo mi dinero de la noche a la mañana, y fue asombroso cómo se lo tragó todo. Terminó nuestra "relación" sin miramientos, insultándome de paso con el lenguaje más florido que alguna vez le escuché a alguien. Cuando descubrió que no era verdad que yo me había quedado en la calle, se enfureció todavía más y juró vengarse de mí.
Draco, a pesar de los celos que lo habían invadido al escuchar que Harry y Enescu habían tenido lo suyo, sonrió un poco.
—Bueno, no niego que me muero de curiosidad por conocer la historia completa, pero creo que este no es el momento. En mi caso, mi madre y yo tenemos un poco la culpa. Creo que le estuvimos mandando a Enescu las señales equivocadas, y mientras no considero ofensivo que él estuviese interesado en mí sólo por mi dinero, no voy a perdonarle que haya intentado matarte a ti. Debió reconocer su derrota y simplemente marcharse con la frente en alto. Ahora, en cambio...
—Draco…
Draco miró a Harry con enojo.
—¿Qué, Potter? —espetó—. ¿Realmente crees que voy a dejar que se largue así tan tranquilo después de lo que hizo?
—Bueno, no… ¡Yo también estoy furioso con él! ¡Después de todo, su plan podría haber sido matarme a mí, pero a quien casi mata, fue a ti, Draco! ¡Además, de ponernos en riesgo a todos, y a Teddy, como bien dices tú! En todo caso, creo que soy yo quien tiene que cobrarle unas cuantas cuentas, porque…
—Oh fenomenal, ¡se están peleando por ver quien ejecuta la venganza! —dijo Langundo de repente, entrando a la cabaña junto con Teddy—. ¡Esa voz me agrada! Ustedes dos, blanquitos, me caen cada vez mejor.
Draco y Harry, bastante acalorados los dos, se giraron hacia los recién llegados quienes venían muy contentos.
Draco aprovechó esa interrupción para serenarse. Tenía que moverse con cuidado, pues no había modo de demostrar con pruebas que Enescu estaba detrás de aquel intento de asesinato. En todo caso, a falta de un modo de recurrir a la ley, tendría que cobrárselas por su propia…
Interrumpió sus pensamientos porque Langundo caminó hasta él y se le quedó viendo fijamente.
—¿Sí? —preguntó Draco un poco incómodo.
—Draco Malfoy, he construido algo para ti. Tu novio —dijo Langundo y señaló a Harry con el pulgar—, nos mostró tu mehtekwi rota, resultado de tu heroica pelea contra el piasa de las tierras sagradas. Y ya que nosotros no tenemos modo de reparar mehtekwi de espino, Supremo Sacerdote ordenó que hiciera esto para ti. —Le mostró entonces un bulto que había estado ocultando en la espalda: por el tamaño largo y delgado, Draco supo que se trataba de una varita, la cual estaba envuelta en un paño de gamuza. Langundo se la ofreció con una gran sonrisa.
Draco miró a Langundo a la cara unos segundos y tomó aquel obsequio. Con manos un tanto inseguras por la emoción, desenvolvió el paño suave como la seda hecho de piel de venado y destapó una varita de arce palo de azúcar, mucho más pulida y recta que las que les había visto usar a los magos indígenas. Sonrió de lado, pensando que quizá Langundo se había esmerado en darle una apariencia similar a su vieja varita de espino.
Tocó la madera con los dedos y su magia de inmediato respondió a la varita: sintió escalofríos casi eléctricos recorrerle la piel. La empuñó, la agitó y un lumos poderoso y potente iluminó la cabaña.
—Wow… —murmuró.
Langundo se veía muy satisfecho de él mismo.
—Mehtekwi tiene núcleo de pluma de ala del piasa que casi te mata, Draco Malfoy —le informó—. En nuestra cultura, obtener una pluma de ave valerosa es trofeo ganado después de una gran hazaña. Por tanto, pluma de piasa es tu recompensa por haber salvado a tu novio de pájaro dragón y haber sobrevivido para contarlo.
Draco apretó los labios y bajó la mirada a la bonita varita, la cual guardaba en su interior el núcleo mágico del piasa. Le costaba creerlo. Aquella varita le respondía quizá todavía mejor que su vieja varita de espino. Y aunque por supuesto que iba a echarla de menos, no podía dejar de reconocer que esta nueva varita lo hacía sentir, tal como le había explicado Langundo, como si llevara un trofeo consigo. Sabía, por lo que había leído, que entre los nativos norteamericanos las plumas de ave eran símbolos de respeto y honor. Si los kikapú le estaban dando eso, era porque, de cierto modo, lo habían aceptado casi como a uno de ellos.
Se sintió realmente conmovido.
—Es… es muy hermosa, Langundo. Gracias.
El mago indígena sólo inclinó la cabeza. De reojo, Draco pudo notar que Harry y Teddy lo estaban observando con una gran sonrisa.
Draco, incapaz de decir nada más, optó por jurarse a él mismo que, mientras estuviese en sus manos, no volvería a permitir que ni Enescu ni nadie se atreviera a intentar hacerles daño.
Finalmente, casi al mediodía, Draco, Harry y Teddy pudieron regresar al rancho. Mojag en persona los llevó en su propia camioneta. Harry, más que nadie, iba radiante pues no sólo llevaba con él a su nueva mascota, sino que también los kikapú le habían permitido quedarse con el palo volador que Langundo le había hecho. Draco dudaba que Harry pudiera usarlo en partidos profesionales, pero seguramente ya estaba planeando divertirse con él al menos en los entrenamientos.
Se despidieron de Mojag después de haberse puesto de acuerdo para los procedimientos legales que los ayudarían a recuperar las tierras, y Mojag se marchó dejándolos en la puerta.
La camioneta alquilada de Draco estaba estacionada ahí, señal que Enescu habría tenido que volver durante un punto de la noche anterior. Harry y Draco habían acordado no hacer nada contra Enescu y fingir que no sospechaban de él, especialmente para no hacer un escándalo delante de Teddy, Andrómeda y Narcisa y evitar ponerlos en peligro, pero Draco no estaba muy seguro de poder cumplir su promesa.
Al entrar a la casa, su madre y su tía los recibieron con diferentes expresiones que iban desde el enojo, la preocupación, el alivio y el escándalo cuando se dieron cuenta de que Harry llevaba una serpiente con él. Tuvieron que pedir muchas disculpas y dar muchas explicaciones. Andrómeda no parecía nada feliz con la nueva mascota de Harry, así que Teddy, con carita triste, tuvo que prometerle que se mantendría alejado de la serpiente al menos hasta que su abuela reconociera que el animal era de fiar.
Finalmente, Narcisa dijo:
—No sabemos qué le pasó al señor Enescu. Anoche parecía muy alterado por lo sucedido. Se encerró en su cuarto sin querer hablar con nadie y, luego, en la mañana, había desaparecido.
—¿Qué? —preguntó Draco.
—Sí, se fue. Mandé a un elfo a buscarlo para que bajara a desayunar y me informó que el hombre no estaba y que se había llevado sus cosas. No tenemos idea de qué le pasó.
Harry y Draco intercambiaron una mirada. Quizá en el fondo Enescu no era tan estúpido y podía haber deducido que, al fallar su plan, Draco y Harry sospecharían de su obra.
Finalmente, Draco sonrió. Ya se encargaría él mismo de buscar a Enescu para aclarar cuentas. Por el momento, tenía a su familia a salvo y eso era lo único que importaba.
—Pues qué bueno que se fue —exclamó Teddy sin nada de filtro—. Es súper odioso y presumido. ¡Ni quién lo necesite aquí!
Harry se rió y le alborotó el pelo a su ahijado. Draco no podía estar más de acuerdo con lo dicho por el niño.
Más tarde, después de haberse dado una ducha y de haber almorzado, Draco le insistió a Harry que subiera a su cuarto a dormir una siesta pues se veía agotado después de haber pasado toda la noche cuidándolo. Teddy se quedó al cuidado de su abuela mientras Harry le hacía caso y se iba a descansar.
Draco aprovechó para ir a revisar el cuarto desocupado por Enescu a ver qué podía encontrar.
Tal como el elfo les había dicho, el sitio estaba vacío.
Draco echó una mirada alrededor y reparó en un papel arrugado dentro del cesto de basura. Sacó su varita nueva para limpiar y desarrugar el papel con magia. Lo invocó con un accio y se dio cuenta de que era una carta.
Leyó con interés, y más cuando descubrió que estaba dirigida a él. ¡Era la carta que Bill Weasley le había enviado y que había perdido! Eso… ¿eso quería decir que el muy caradura de Enescu se la había robado? ¡Pero qué grandísimo hijo de puta!
La carta decía:
"Mi muy estimado amigo,
Me tomé la libertad de escribirte estas líneas porque me ha sucedido algo curioso de lo cual quería hacerte partícipe porque me parece que es importante.
Antes de marcharse, Harry me pidió que hablara con mi hermano Charlie, y, haciéndole caso, lo invité a mi casa el día de hoy. Lo primero que hice fue preguntarle por su amigo Enescu, y Charlie, un tanto sorprendido, me contó que justamente Enescu había dejado La Madriguera (la casa donde viven mis padres y donde ellos dos estaban hospedándose) con todo y baúl y con intenciones de no volver, pues según le dijo Emil, de este momento en adelante va a hospedarse en la mansión Malfoy con tu madre.
Charlie estaba bastante desconcertado con esas noticias, por lo que tuve que contarle que fui yo mismo quien presentó a Emil con ustedes y que, según me pareció a mí, madam Malfoy había quedado muy prendada de él y no sólo eso, sino que tal vez lo veía como un fuerte candidato para casarlo contigo en un tipo de matrimonio arreglado.
(¿En serio todavía existen ese tipo de uniones en estos tiempos modernos? Pensé que tu madre bromeaba cuando me lo dijo, pero creo que no.)
Ante esa noticia, Charlie se quedó serio y luego me preguntó que opinión tenía yo de ti. Le dije que tenía mis razones muy personales para confiar plenamente en ti y que te tenía en gran estima, que incluso me sentía en deuda. Al terminar, me dijo Charlie: "Si de verdad estimas a este mago Draco Malfoy, más vale entonces que alejes a Emil Enescu de él". Le pedí explicaciones. En pocas palabras, esto fue lo que me contó Charlie:
Ellos dos se conocieron en Rumanía, claro está, trabajando juntos en la misma colonia de dragones. Al ser los únicos magos homosexuales de la comunidad, entablaron una amistad de la cual Charlie nunca se fío mucho, pues no compartía los valores más frívolos e interesados de Enescu. Me dijo que siempre le pareció un mago muy preocupado por el dinero y muy resentido porque, al haber tenido muchos hermanos, la escasa fortuna de su familia había quedado muy dispersa dejándolo a él empobrecido y con necesidad de trabajar.
Una vez, hace poco menos de un año, Harry tuvo que ir a Transilvania a jugar un partido con su equipo, luego, se tomó unos días libres para ir a conocer la colonia de dragones y visitar a Charlie. Obviamente, éste le presentó a Emil. De inmediato, Charlie notó a Emil interesado en Harry de un modo que no era normal y natural, y al ver que Harry sí respondía a sus coqueteos, Charlie lo puso sobre aviso. De manera franca, Charlie le dijo a Harry que Emil seguramente sólo quería atraparlo porque es de todos bien sabido que Harry tiene bastante pasta y, como estrella de quidditch, es cada día más rico. Harry se rió de la advertencia de Charlie pues, según le dijo, de todas formas no pensaba tomarlo en serio. Hasta donde sé, Harry le hizo un tipo de broma donde fingió que se quedaba sin un galeón para ver la reacción de Enescu y éste, obviamente, perdió todo interés y se alejó.
Yo le dije a Charlie que a mí Emil me había dicho que estaba enamorado de él, y resentido porque nunca le había correspondido. Charlie se rió mucho ante eso, diciéndome que Emil jamás se habría fijado en él porque sabe que nuestra familia no tiene un galeón en la bóveda del banco.
Finalmente, en cuanto Charlie dejó mi casa, me sentí turbado y con la obligación de contarte esto, no como una manera de propagar un rumor para que tú le tengas mala fe a Enescu, sino para que estés sobre aviso porque me siento responsable al ser yo quien los presentó. Si lo que Charlie me contó es cierto, y no dudo que así sea, seguramente Enescu ve en ti el mayor de los premios de lotería que podría haberse podido ganar, pues seguramente nunca más podría encontrar un mago tan rico y guapo como, no vamos a negarlo, lo eres tú.
Hay otra cosa que me gustaría contarte. ¿Recuerdas que te dije que había decidido presentarte a Enescu a raíz de una visita que me hizo Harry la mañana antes de su partida a América?
Bueno, no puedo narrarte con detalle porque le prometí a Harry que no le diría a nadie, pero lo que puedo decirte es que en esa visita descubrí que a nuestro amigo Harry tú no le eres nada indiferente. Pero como ni él ni tú iban a hacer nada al respecto, por eso decidí meter un poco de cizaña (en la manera de un tercero en discordia para ver si Harry despabilaba y se daba cuenta), pero parece que no me dio resultado. Lamento mucho eso. De verdad hubiese deseado que las cosas entre Harry y tú salieran bien porque los estimo mucho a los dos y sé… bueno, sé lo que hubiera nacido de una relación entre ustedes.
Pero, lo que sí puedo contarte, es que Harry, antes de irse a América, me pidió que velara por ti en medida de mis posibilidades. Espero que al saber eso, tú puedas leer entre líneas lo que Harry realmente siente por ti.
Queda a tus órdenes, siempre tu amigo:
Bill Weasley"
Terminando de leer, Draco suspiró y dobló el pergamino, entendiendo los motivos por los que Enescu se sintió inclinado a robarle aquella misiva: era obvio que había sospechado que Bill iba a ponerlo sobre aviso acerca de su fama de imbécil cazafortunas.
Bill no le decía nada que en ese momento Draco no supiera ya, pero éste se quedó un tanto triste pensando de qué manera las cosas habrían sido diferentes si él hubiese leído esa carta a tiempo… Llegó a la conclusión de que no habría dejado que Enescu fuera a Texas con ellos (lo que les habría ahorrado el drama con el piasa) y él habría emprendido el viaje sabiendo que "no le era indiferente" a Harry y que éste le había pedido a Bill que velara por su bienestar.
Conocer ese dato lo hacía sentirse extremadamente conmovido.
Se guardó la carta en el bolsillo, salió de ese cuarto y se quedó en el corredor durante unos momentos, pensando.
Se armó de valor y decidió que ya era suficiente. Durante toda esa mañana y tarde, Harry y él habían estado soltándose insinuaciones y tratándose con amabilidad y cariño, pero Draco, obviamente, necesitaba y anhelaba muchísimo más que sólo eso. ¿Sería buena idea ir al cuarto de Harry para… ? ¿Para hablar con él? ¿Para aclarar, de una vez por todas, aquella situación de estira y afloja que se había gestado entre ellos dos?
En eso estaba, cuando notó algo oscuro que se movía hacia él por el suelo. Asustado, sacó su varita y apuntó, pero se contuvo de lanzar un hechizo cuando descubrió que era la serpiente de Harry desplazándose a toda velocidad en su dirección. Parecía alterada.
Llegó hasta Draco y, ante el azoro de éste, se incorporó lo más que pudo y le siseó con desesperación, como… como si estuviera tratando de decirle algo. De inmediato, Draco supo que algo malo le estaba sucediendo a Harry.
Aterrorizado, no perdió ni un segundo más. Con la varita en la mano, corrió hacia el cuarto de Harry con la serpiente moviéndose junto a él.
nota:
Sólo por si tienen curiosidad, les voy a contar algunos datos verídicos que usé en estos últimos capítulos:
1. Casi todo lo dicho de los kikapú es cierto con excepción de que haya magos entre ellos (Bueno, al menos que lo tengan muy en secreto, jaja). Su tribu está dividida en varios clanes, aunque el clan de la serpiente no existe. Ese me lo inventé. Ellos cuentan con la nacionalidad mexicana también ya que, en tiempos de Benito Juárez, ayudaron a mantener la paz en la frontera y México les dio tierras en agradecimiento, por lo que tienen reservas tanto en territorio de Estados Unidos como en el de México.
2. El bosque de los Arces Perdidos (Lost Maples State Natural Area) también es real, aunque no es cierto que sea territorio kikapú. En realidad es un parque abierto a todo el público.
3. La serpiente es una rey negra mexicana (así se llama la raza, "mexicana", aunque no vive sólo en México). Es muy popular para tenerla como mascota porque no es venenosa, aunque tiene su carácter! Los kikapú tienen una leyenda donde cuentan que una vez todas las serpientes y cobras se enfrentaron para ver quién era la mejor, y la rey ganó. Por eso es la rey, precisamente. Es cierto el dato que son capaces de comerse serpientes de cascabel pues además parecen ser inmunes a su veneno. Son muy hermosas, búsquenlas para que las conozcan!
Y eso es todo, creo. Espero que el capítulo les haya gustado. Muchísimas gracias por sus lecturas y comentarios, y perdonen que no me doy tiempo de responder personalmente cada uno, es que escribir y traducir me roba todos mis ratos libres! Pero en verdad se los agradezco mucho. Nos leemos pronto. Gracias!
